*** AGOSTO 2021 ***

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Una carta al más allá

Querida mamá

Una casa en las afueras de la ciudad, rústica, en plenos años noventa. Una joven en pijama, deambulando. Una señora más grande, con ropa clásica, con los pelos anaranjadas que le cubren parte de su frente y dejan relucir su personalidad.

“Querida mamá o guiando la hiedra” (basada en textos de Hebe Uhart, escrita por Laura Yusem y dirigida por ésta última) es una obra de teatro que también invoca (al igual que Mariposa de pies descalzos, dirigida por Yusem) al mundo de los muertos y al más allá.

Una madre (Martha Rodríguez ) y su hija (Julieta Alfonso) se comunican, desde universos paralelos, como si el tiempo no las distanciara. Esta narración que pertenece a un realismo mágico, cobra un vuelo tangible que no deja de sorprender.

Se ve plasmado un excelente trabajo por parte de las dos actrices y una clara línea divisoria entre la vida y la muerte. Más allá de dicha división, es posible hallar dos encuentros entre ambas mujeres: uno que existe gracias a la imaginación y otro por una realidad ficticia que las une para que recuerden y sanen gratos momentos que desearían volver a tener muy cerca, dejando de lado las peleas de la convivencia cotidiana.

La música e iluminación consiguen ambientar cada escena en que las actrices interpretan sus sentires. Unos sentires que van desde la alegría, el anhelo, la desdicha, el abandono y el dolor.

Acostada sobre un mueble campestre, ella fuma y larga un humo, lentamente, para sentir la presencia de su mamá. Una mamá que es dulce y también rígida, que pretende tener todo ordenado y limpio; no asumiendo que su hija es un poco más rebelde y tiene otras costumbres.

Una carta es el hilo conductor, de principio a fin, que enlaza cada palabra y diálogo con el pasado y el presente representado en escena.

Esta es una bella y acertada elección para contar una historia, que siempre será sensible por su tema central. Todos hemos perdido a algún ser querido y deseamos reencontrarnos para sanar ciertas cuestiones o, simplemente, para seguir la vida más dulcemente.

No es todo una cuestión de espíritus ni de fantasmas. No es una locura sino el deseo de unir fantasía con realidad y sentir que no existe el dolor de una pérdida sino la forma exacta como para charlar, libremente, con esa persona que murió físicamente.

El título de esta obra se refiere al cariño de una hija hacia su madre pero, también, de una hiedra. Parecieran ser dos cuestiones totalmente diferentes, sin embargo, la hiedra representa de algún modo al curso de la vida. Sus bellas hojas, que crecen fácilmente, sin demasiados cuidados, merecen ser orientadas para tener alguna forma genérica, como para que su dibujo no sea subjetivo sino más certero.

La vida de esta joven que tuvo distintas experiencias, desde la partida de su madre, y que se las comunica como todo diálogo merecedor de espacio. Mientras la planta precisa embeberse de agua, ella anhela un receptor, un alguien que le de cariño, que la acompañe en sus momentos de verdadera soledad, en que el dinero no alcanza para nada y una tortilla es suficiente para colmar toda expectativa.

Si su madre supiera que el liberalismo económico no tiene nada que ver con el liberalismo en cuanto a expresión.

Si la hiedra hablara y esbozara sus sentimientos, posiblemente desearía reencontrar a estas dos almas que deambulan en buscas de momentos cálidos, de una palabra justa y de esos instantes fugaces.

ficha Querida mamá

Mariela Verónica Gagliardi

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Un dolor liberado

Mariposa de pies descalzos

Ingrid Pelicori interpreta a Inés, una acomodadora del Teatro Colón que tiene pasión y devoción por la ópera. Ella no es una empleada cualquiera, es una soñadora que, cada estreno, lo siente como propio. Esta historia, que forma parte de un ciclo de tres obras dirigidas por Laura Yusem, se titula “Mariposa de pies descalzos” y ganó el concurso de dramaturgia de Nuestro Teatro 2014.

Inés, con su trabajo se inmiscuye en la música clásica, en los escenarios, entre las butacas -de las que conoce, perfectamente, su distribución-; añorando ser cantante lírica. Ella no lo dice con palabras exactas, pero en su monólogo se presiente, se deja relucir.

Inés no tuvo una vida fácil, sino un pasado muy doloroso que aún no pudo superar. A partir, entonces, de un conflicto ocurrido hace mucho tiempo, ella transita intentando sobrevivir.

Pasado y presente se fusionan y su profundo padecimiento la convierte en una mariposa. Una mariposa sin alas que pretende volar sin fronteras, alcanzando la libertad absoluta, no sin antes cumplir su ansiado objetivo.

Ingrid desempeña un personaje totalmente expresivo en el que se visualiza su talento y profesionalismo. Su interpretación es realmente conmovedora y no existe posibilidad de no emocionarse durante la media hora que dura esta dramaturgia. Una historia breve que no tiene necesidad de ocupar más tiempo, porque todo lo transita.

Mientras Inés recorre las dos escaleras de Patio de Actores y todo el escenario, se produce un sinfín de sensaciones. Las mujeres, por el tema a tratar, nos conectaremos más con su dolor que los hombres, y mi expresión no es feminista sino real.

Con una luz que abarca la totalidad de la sala y se convierte en su propio lugar, el recreado por su recuerdo e imaginación; otorgándole detalles que no vemos pero sí vibramos junto a ella.

Vestida de negro, de pies a cabeza, su rostro solamente esboza otro color, aunque su corazón está tan herido como la oscuridad. Su mente confusa, le da a veces tregua, para recordar los estrenos en el teatro donde pudo encontrar un lugarcito para no ser tan infeliz. Sabiendo a la perfección cada acto, escena, diálogo y voz; podría ser mínimamente una figurante de la ópera.

Sin embargo, su destino fue otro.

Se dice que quien muere, no muere del todo. Así es como ella deambula, certeramente, por cada espacio escogido, sin zapatos, con aires de grandeza, liberándose de su decisión adolescente que la traumó para siempre.

ficha Mariposa de pies descalzos

Mariela Verónica Gagliardi

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