*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Una carta al más allá

Querida mamá

Una casa en las afueras de la ciudad, rústica, en plenos años noventa. Una joven en pijama, deambulando. Una señora más grande, con ropa clásica, con los pelos anaranjadas que le cubren parte de su frente y dejan relucir su personalidad.

«Querida mamá o guiando la hiedra» (basada en textos de Hebe Uhart, escrita por Laura Yusem y dirigida por ésta última) es una obra de teatro que también invoca (al igual que Mariposa de pies descalzos, dirigida por Yusem) al mundo de los muertos y al más allá.

Una madre (Martha Rodríguez ) y su hija (Julieta Alfonso) se comunican, desde universos paralelos, como si el tiempo no las distanciara. Esta narración que pertenece a un realismo mágico, cobra un vuelo tangible que no deja de sorprender.

Se ve plasmado un excelente trabajo por parte de las dos actrices y una clara línea divisoria entre la vida y la muerte. Más allá de dicha división, es posible hallar dos encuentros entre ambas mujeres: uno que existe gracias a la imaginación y otro por una realidad ficticia que las une para que recuerden y sanen gratos momentos que desearían volver a tener muy cerca, dejando de lado las peleas de la convivencia cotidiana.

La música e iluminación consiguen ambientar cada escena en que las actrices interpretan sus sentires. Unos sentires que van desde la alegría, el anhelo, la desdicha, el abandono y el dolor.

Acostada sobre un mueble campestre, ella fuma y larga un humo, lentamente, para sentir la presencia de su mamá. Una mamá que es dulce y también rígida, que pretende tener todo ordenado y limpio; no asumiendo que su hija es un poco más rebelde y tiene otras costumbres.

Una carta es el hilo conductor, de principio a fin, que enlaza cada palabra y diálogo con el pasado y el presente representado en escena.

Esta es una bella y acertada elección para contar una historia, que siempre será sensible por su tema central. Todos hemos perdido a algún ser querido y deseamos reencontrarnos para sanar ciertas cuestiones o, simplemente, para seguir la vida más dulcemente.

No es todo una cuestión de espíritus ni de fantasmas. No es una locura sino el deseo de unir fantasía con realidad y sentir que no existe el dolor de una pérdida sino la forma exacta como para charlar, libremente, con esa persona que murió físicamente.

El título de esta obra se refiere al cariño de una hija hacia su madre pero, también, de una hiedra. Parecieran ser dos cuestiones totalmente diferentes, sin embargo, la hiedra representa de algún modo al curso de la vida. Sus bellas hojas, que crecen fácilmente, sin demasiados cuidados, merecen ser orientadas para tener alguna forma genérica, como para que su dibujo no sea subjetivo sino más certero.

La vida de esta joven que tuvo distintas experiencias, desde la partida de su madre, y que se las comunica como todo diálogo merecedor de espacio. Mientras la planta precisa embeberse de agua, ella anhela un receptor, un alguien que le de cariño, que la acompañe en sus momentos de verdadera soledad, en que el dinero no alcanza para nada y una tortilla es suficiente para colmar toda expectativa.

Si su madre supiera que el liberalismo económico no tiene nada que ver con el liberalismo en cuanto a expresión.

Si la hiedra hablara y esbozara sus sentimientos, posiblemente desearía reencontrar a estas dos almas que deambulan en buscas de momentos cálidos, de una palabra justa y de esos instantes fugaces.

ficha Querida mamá

Mariela Verónica Gagliardi

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Un dolor liberado

Mariposa de pies descalzos

Ingrid Pelicori interpreta a Inés, una acomodadora del Teatro Colón que tiene pasión y devoción por la ópera. Ella no es una empleada cualquiera, es una soñadora que, cada estreno, lo siente como propio. Esta historia, que forma parte de un ciclo de tres obras dirigidas por Laura Yusem, se titula “Mariposa de pies descalzos” y ganó el concurso de dramaturgia de Nuestro Teatro 2014.

Inés, con su trabajo se inmiscuye en la música clásica, en los escenarios, entre las butacas -de las que conoce, perfectamente, su distribución-; añorando ser cantante lírica. Ella no lo dice con palabras exactas, pero en su monólogo se presiente, se deja relucir.

Inés no tuvo una vida fácil, sino un pasado muy doloroso que aún no pudo superar. A partir, entonces, de un conflicto ocurrido hace mucho tiempo, ella transita intentando sobrevivir.

Pasado y presente se fusionan y su profundo padecimiento la convierte en una mariposa. Una mariposa sin alas que pretende volar sin fronteras, alcanzando la libertad absoluta, no sin antes cumplir su ansiado objetivo.

Ingrid desempeña un personaje totalmente expresivo en el que se visualiza su talento y profesionalismo. Su interpretación es realmente conmovedora y no existe posibilidad de no emocionarse durante la media hora que dura esta dramaturgia. Una historia breve que no tiene necesidad de ocupar más tiempo, porque todo lo transita.

Mientras Inés recorre las dos escaleras de Patio de Actores y todo el escenario, se produce un sinfín de sensaciones. Las mujeres, por el tema a tratar, nos conectaremos más con su dolor que los hombres, y mi expresión no es feminista sino real.

Con una luz que abarca la totalidad de la sala y se convierte en su propio lugar, el recreado por su recuerdo e imaginación; otorgándole detalles que no vemos pero sí vibramos junto a ella.

Vestida de negro, de pies a cabeza, su rostro solamente esboza otro color, aunque su corazón está tan herido como la oscuridad. Su mente confusa, le da a veces tregua, para recordar los estrenos en el teatro donde pudo encontrar un lugarcito para no ser tan infeliz. Sabiendo a la perfección cada acto, escena, diálogo y voz; podría ser mínimamente una figurante de la ópera.

Sin embargo, su destino fue otro.

Se dice que quien muere, no muere del todo. Así es como ella deambula, certeramente, por cada espacio escogido, sin zapatos, con aires de grandeza, liberándose de su decisión adolescente que la traumó para siempre.

ficha Mariposa de pies descalzos

Mariela Verónica Gagliardi

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«Borratex», a partir del 6 de julio

Borratex

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Apasionadamente libre

 

La Traviata balletLa música clásica y el ballet no son consumidos masivamente en nuestra sociedad argentina. Sin embargo, no siempre se analizan los motivos de este fenómeno. Considero que quien no conoce sobre estos grandes músicos -de los cuales se valieron otros para continuar el linaje- puede sentirse ignorante o despreciado. No son melodías que puedan llevarse con el cuerpo al igual que otros estilos populares; aunque sí han surgido en sus países para el consumo de todos.

Quien tenga la posibilidad de acercarse, de oír, de cerrar los ojos y sentir; nunca más se alejará y jamás podrá igualar ese sinfín de emociones que produce el escuchar a una orquesta junto a un elenco de bailarines que con sus cuerpos expresan dicha música. Unas notas que componen melodías y que son representadas por instrumentos.

El cuerpo como instrumento de un bailarín, que pretende acercar su sentimiento sin decir palabra alguna.

Iñaki Urlezaga es uno de ellos, es uno de los elegidos, es un conjunto de expresiones artísticas que recorre el escenario de un extremo al otro y que, en esta ocasión, brinda la posibilidad de ofrecer ocho funciones totalmente gratuitas bajo el programa de Danza por la inclusión que fomenta junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

La Traviatta (término que en italino significa la extraviada) cuenta con la música de Giusseppe Verdi y es la obra escogida para que un grupo de talentosos bailarines representen en escena (con la coreografía del propio Urlezaga).

Dicha música, la creó Verdi en 1853 basándose en la novela de Alexandre Dumas (hijo) llamada La dama de las camelias. Dicho argumento está relacionado con la vida de este autor francés, quien mantuvo un romance con Marie Duplessis (la cual sufría de tisis, como Violeta) y quien se caracterizaba por derrochar dinero, organizar muchas fiestas, vivir la vida libremente y sin ataduras a un hombre. Más allá de estos datos, tanto Marie como Violeta optan, en un momento, por sentar cabeza.

Al tratarse de una adaptación que se realizó para la danza, su duración es menor a lo que sería la ópera tradicional. Aproximadamente una hora y media tuvimos al conmovedor Alfredo (interpretado por Iñaki) que enamoró a Violeta (Eliana Figueroa), haciéndonos suspirar, temer, llorar y estremecernos hasta el triste desenlace.

Luciendo un vestuario a cargo de la diseñadora Verónica De La Canal en que la época y su estilo reluce encantadoramente, permitiendo que hasta el último detalle sea importante en la trama teatral.

Antes de ver a los artistas en escena, el preludio nos introduce en la dramática historia que tendrá un gran despliegue, tanto a nivel musical (a cargo de la Orquesta Sinfónica de San Juan, dirigida por Gustavo Plis-Sternberg) como de baile.

Violeta Valery brinda una fiesta en su mansión de París y el amigo de un invitado es Alfredo Germont. Ellos se conocen y sus corazones se unen y separan varias veces.

Separada la dramaturgia en dos actos (de dos escenas cada uno), puede comprenderse toda la trama sin precisar de diálogos convencionales, dejando que las sensaciones se apoderen de nosotros.

Si bien Violeta está muy enferma, quiere seguir siendo libre, y ese deseo la caracteriza en todo momento, también anhela estar junto a su amor. Aunque el padre de Alfredo se hace presente en su casa para intentar separarlo, hostigándola hasta provocarle remordimiento y conseguir su cometido. De esto no se entera Alfredo a tiempo y solo puede leer una carta que ella le dejó explicándole que no seguirá junto a él.

Es así como la enfermedad de Violeta, junto a la separación de Alfredo, los secretos ocultados y la pena que siente por estar muriéndose; conmueven muchísimo en el segundo acto.

Cuando ella yace en su lecho, sin tener fuerzas para levantarse, él la sujeta y logra danzar. Ese baile es el que más estremece ya que se trata del anterior a su definitivo adiós.

Recordemos que la sociedad europea del 1800 era muy conservadora y no veía con buenos ojos a una mujer con las características de la protagonista de este ballet. Más allá de esto, es una de las tres piezas artísticas que le valió la fama y distinción a Giusseppe Verdi (junto a Rigoletto e Il Trovatore).

ficha La Traviata ballet

Mariela Verónica Gagliardi

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El arte en las venas

La comedia de los herrores

Nosotros queríamos hacer un espectáculo que pudiesen disfrutar todos, que no sea un espectáculo para chicos que tenga guiños para adultos, sino que la pasen bien todos juntos.

Estaría bueno generar siempre situaciones en que pueda compartir: a veces en el arte, en el cine, en el teatro. Son pocas las oportunidades que uno tiene de compartir con el chico la experiencia y disfrutarlo por igual.

Soy fanático del cine mudo, entonces quería buscar algo que tenga que ver con coquetear con el teatro clásico de Shakespeare, con el cine clásico de Chaplín y Buster Keaton y Harold Lloyd; y de una mezcla así como de una batidora salió la propuesta”.

Estas palabras fueron dichas por Emiliano Dionisi durante el Festival de la Palabra el 22 de marzo, el cual tuvo lugar en Tecnópolis.

Emiliano Dionisi es un talentoso director que no deja de sorprender con su amplia creatividad y puestas en escena.

Desde el año pasado está llevando a cabo “La comedia de los herrores” (basada en la Comedia de las equivocaciones de William Shakespeare) -habiendo recibido muchos premios y ganado el concurso propuesto por La Comedia de Buenos Aires- una de las obras más entretenidas del autor inglés, con más intrigas, ironías y en tono burlesco de principio a fin. Estas características la convierten en una pieza artística maravillosa que es para disfrutar en familia, orientada a todas las edades.

En marzo asistí por primera vez a una función y quise aguardar a una segunda para realizar algunas comparaciones. La primera fue en Tecnópolis, con entrada gratuita y a sala llena. De hecho, hubo gente que se tuvo que quedar afuera porque no cabía ni un alfiler más en la sala, que de por sí era grande.

Esta segunda vez, en un teatro como La Comedia, que oscila entre independiente y comercial, no tuvo el mismo resultado. Con entrada a un precio normal, no colmó la platea. Aquí está el primer rasgo: esta obra quiere ser vista por toda persona que se entere ya que cuenta con una propuesta innovadora que mezcla teatro con cine mudo, con un vestuario en blanco, gris y negro que guarda dicha coherencia con la época y un elenco de actores muy carismáticos, profesionales y que interpretan sus personajes deleitosamente.

Y, no es cierto que una función gratuita sea sinónimo de sala llena, ya que eso sería subestimar al espectador, que de por sí demuestra que tiene criterio para elegir qué ver.

La trama gira en torno a una familia que se separa por un naufragio. Dicha familia estaba compuesta por un matrimonio (Emilia y Egeón) y dos gemelos (llamados ambos Antífolo), a la vez que dos sirvientes también gemelos (y llamados Dromio). Al ocurrir este accidente, Egeón junto a uno de sus hijos y sirvientes, quedan juntos y, su mujer, unida a su otro hijo y sirviente.

Al ser los niños iguales a sus hermanos, este es uno de los factores que provoca a lo largo de toda la dramaturgia, muchísimas confusiones que despiertan el humor infrenable.

Valiendo de y apoyándose en la música, se disfruta de un espectáculo que entrelaza proyecciones visuales (con estilo de film) en que están los mismos personajes que en vivo, ingresando y saliendo de escena como si fuera un efecto en que la fusión del séptimo arte se fusiona con el arte dramático.

Es llamativamente interesante observar este paralelismo ya que tienen que realizarlo sincronizadamente, tanto a nivel de diálogos como de movimientos. Y, de hecho, los compases musicales, los pasos de baile y cada palabra tienen su firmeza y suspicacia para demostrar la excelencia de todo el grupo.

Las equivocaciones entonces, generan conflictos momentáneos, enamoramientos que parecen de antemano frustrados, regalos que no llegan a manos de la persona deseada e inclusive la prisión del erróneo.

Shakespeare delineó esta entramada historia a fines del Siglo XVI pero se publicó recién en 1623. Él se basó en relatos de diversos autores como Plauto, Geoffrey Chaucer y Philip Sidney, entre algunos de los más citados según fuentes históricas. De hecho, Plauto menciona a una pareja de gemelos y Shakespeare doblega la apuesta.

Siracusa estaba condenando a muerte a mercaderes de Éfeso que no contaban con dinero para pagar la fianza. Así es como Éfeso adopta una medida similar en cuanto a los mercaderes de Siracusa. La tirantez de la medida es otro de los motivos por los cuales se origina un conflicto ya que Egeón (antiguo mercader de Siracusa) se encuentra en esas tierras para hallar a su esposa y a su otro hijo.

De ahí en más, la serie de escenas, escándalos y situaciones graciosas consiguen una impronta súper agradable que serán aplaudidos por todos los presentes.

«La comedia de los herrores» es un reflejo sobre cómo de una palabra se puede conformar un universo tremendamente delirante, justificado en todos sus aspectos y utilizando el drama, la comedia, la farsa y todos los recursos necesarios para demostrar que, de un momento a otro, se puede esbozar una idea u otra, un reflejo de la sociedad o una contraposición a la misma. Para reír a carcajadas, que los niños aprendan, disfrutan y todos los adultos tengamos la excusa para revivir momentos únicos.

ficha La comedia de los herrores

Mariela Verónica Gagliardi

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Un hechizo que rompe con el amor

Prueba de amorUn romance, compuesto por Frida (Renata Marrone) y Guinter (Santiago Stieben), es el que tiene como principio esta obra de teatro llamada “Prueba de amor” (escrita por Roberto Arlt y dirigida por Rita Terranova). Dicha dramaturgia, en palabras del propio autor, es un boceto teatral irrepresentable ante personas honestas.

Ya teniendo en cuenta esto y contextualizando la época, se puede garantizar que se trata de una ironía y ridiculización hacia quienes “gobernaban” en ese entonces como conservadores y estaban a favor de ciertas prácticas tiranas y a quienes en vez, delibremente, se condenaban con un estado de sitio.

Frida quiere casarse con Guinter y todas las escenas que podrán verse girarán en torno a palabras que pretenderán convencerla de que solo continúe con ese deseo si realmente lo ama, al igual que que él continúe a su lado si obtiene alguna prueba determinada.

En un solo acto, integrado por tres escenas -las cuales transcurren en el living de la mansión de Guinter- los parafraseos serán recurrentes, uno querrá ser más vivo que el otro, inclusive utilizando mecanismos no imaginados.

Una mujer enamorada que desea tener total certeza de que él es el indicado. Un hombre que no confía demasiado en ella y pretende hacerle notar cómo lo único que le interesa de él es su fortuna. Él se cuestiona si Frida lo amaría sin ningún billete y ella, pretendiendo evadirlo, le contesta que lo conoció rico.

Esta obra es una pieza teatral perfecta por su texto, los dos actores y la dirección de la talentosa Rita Terranova. Acompañan este universo mágico, la iluminación y efectos sonoros -junto a la música reproducida, la cual marca suspenso- consiguiendo un resultado óptimo y notable.

Si pensamos cómo eran las señoritas de aquella época, que debían casarse vírgenes, contentar siempre al hombre en todas sus ocurrencias, no ser rebeldes sino sumisas; este personaje que vemos resulta una oposición, una manera de hacer notar que no siempre los hombres tenían razón y que todas las mujeres tenían derecho de negarse a hacer lo que no estaban a gusto.

Aunque los derechos fueron arrebatados por los inoperantes y violentos de siempre, aquellos que no saben escuchar sino aniquilando.

Frida es un ejemplo de feminismo, sin extremos, de una delicada mujer que sabe decir que no cuando lo precisa, que cuestiona lo necesario para no equivocarse gravemente y que el amor no la enloquece ni cega.

Guinter, es el reflejo de tantos hombres que incluso hoy siguen existiendo, que suponen que con una fortuna pueden manipular decisiones y futuros supuestos.

Es increíble la literatura de Arlt en cada uno de sus libros, en su pensamiento inagotable y en su intelecto que busca por lugares sorprendentes.

Por momentos sentí que estaba en el cine, donde no existen equivocaciones porque el material ya está editado y unido a la perfección. Donde las equivocaciones son a drede o involuntarias.

Los años 30´ fueron inolvidables: por el proceso militar como gran aspecto negativo, pero por su música, vestuarios, peinados y estilos del lenguaje insuperables.

Como un retrato en la mesita de luz, ahí queda él, con un objeto que su dinero compró. Sin nada más. Quizás solo con lo que se merecía por engañar, por intentar ser más que. Ella, de igual manera, siente la traición, y solo prestando verdadero atención podrá conocerse quién es más culpable si de culpas se trata.

Así, con un primer plano que cualquier mirada puede imaginar, mientras las luces se apagan tenuamente y los aplausos avivan la sala.

Domingos 19 hs. Andamio 90´.

Mariela Verónica Gagliardi

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Escribir la vida desde el Paraíso

Hoy El diario de Adán y Eva1

El cometa Halley, pasó cerca del Planeta Tierra el 30 de noviembre de 1835, día en que Samuel Langhorne Clemens nacía.

Más conocido como Mark Twain, es uno de mis autores favoritos desde pequeña, ya que logra acercar sus vivencias personales a las aventuras más sorprendentes y divertidas, en las que es posible ser feliz durante cada una de sus páginas.

Sin lugar a dudas, este genio creó uno de los libros más importantes de la literatura humana: El diario de Adán y Eva. Durante este breve relato, estos personajes bíblicos van autodescubriéndose y conociendo el mundo, sus palabras, sus significados y, asombrándose, con las diferencias entre ambos sexos.

Como un homenaje, en cierta forma, a su esposa Olivia -quien murió un año antes de la escritura del libro-, él entremezcla ficción y realidad, haciendo primar las diferencias y el humor por sobre todas las cosas.

Justamente, esta mujer y este hombre reflejan a tantos otros de su especie. Tanto animal como humana, claro que solo la humana podrá comprender el lenguaje que se utiliza durante la dramaturgia, a pesar de que Miguel Ángel Solá representa muy bien a las diferentes especies anteriores al hombre. Tal es así que Eva tarda en entender la evolución y darse cuenta que es un semejante.

Lo mismo ocurre cuando engendran vidas -la de Caín en primera instancia-, las cuales no logran asimilar como suyas, ni entender de qué razas son -confundiéndolas, incluso, con reptiles-.

Todo el lenguaje poético que se utiliza en esta obra, denominada “Hoy: El diario de Adán y Eva” (escrita por Solá, Oteyza y González Gil; dirigida por Manuel González Gil), goza de una suspicacia y sensibilidad enormes.

Miguel Ángel Sola y Paula Cancio, consiguen retratar a dichos personajes emblemáticos de la religión católica, enaltecerlos y ridiculizar sus conductas a partir de diálogos entretenidos, graciosos y llenos de romanticismo.

La música, a cargo de Martín Bianchedi, ameniza las escenas que transcurren entre pasado y presente. Un pasado en que una emisión radial desarrollaba un radioteateatro sobre este clásico de Twain, un clásico representado por Dalmacio y Eloísa (Adán y Eva). A partir de estas intervenciones en el micrófono, dentro de las que logran desarrollar dotes artísticos, se enamoran. Como era esperado.

Entonces, la pieza artística tiene varios aspectos a destacar: los orígenes de la especie humana a través del libro de este escritor y periodista del Siglo XIX, una historia de amor deleitosamente interpretada en la radio, en la vida ficcionada y la certeza de que todo ocurre, seguramente, en su vida privada.

Una historia, dentro de otra y ésta, dentro de otra… como quien abre una Mamushka y se encuentra con otra y sonríe por saber que existe una aún más pequeña e idéntica.

Así, como la reproducción humana, como las generaciones y como los días recorridos por el Diario que nos esboza otra sonrisa. No existe descubrimiento para nosotros, sin embargo, rememorar los orígenes, sin importar el credo, es una caricia al alma. Imaginar que dos seres, únicos, están solos y no les queda más alternativa que congraciar o ignorarse.

Como Adán cuando ya no soporta escuchar a Eva hablar sin parar, mientras Eva no entiende lo frío que se muestra su compañero.

Los fragmentos escogidos para representar están muy bien tomados y esta elección les permite intercalar lo fiel del teatro leído con la memoria que los caracteriza.

Y, con respecto al presente -que aparece, una y otra vez-, un programa radial, con mobiliario moderno, lo entrevista a Dalmacio. Un Dalmacio ya anciano, con problemas de salud que intenta disimular y con una ternura y terquedad como toda persona mayor. La entrevistadora (Adriana) es la pieza fundamental de toda la obra y quien irá conduciendo el programa para llevar a este personaje por diferentes momentos de su historia. Será de vital importancia el objetivo que ella persigue y el cual éste niega rotundamente con evasivas.

Mientras, los actores se cambian en visibles camarines -que se encuentran en ambos extremos del escenario-, la música no solo nos y los acompaña en esos breves instantes, sino que no dejan de narrar y esbozar sus identidades. Todo el vestuario es asombrosamente práctico y bello, lo que les permite a los intérpretes hacer los cambios en escena y que, desde el público, se pueda observar.

Casualmente, aunque no creo demasiado en las casualidades, el gran Mark Twain fallece el 21 de abril de 1910 -un día antes de que el cometa Halley volviera a pasar por la Tierra-.

ficha Hoy El diario de Adán y Eva

Mariela Verónica Gagliardi

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La verdadera esencia de los clásicos

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El público que consume clásicos literarios es un segmento cultural muy determinado. Están aquellas personas que se aburren de las copias exactas de los autores, quienes las admiran y quienes sienten que se trata de una falta de respeto cuando se adapta el lenguaje a nuestros tiempos. De cualquier manera, quien sea capaz, como artista, de crear una puesta en escena novedosa, jamás podrá hacerlo sin el conocimiento que los autores como Shakespeare, Godot, Lorca, Wilde, entre otre otros; impartieron en sus estudios y escritos.

Podrán existir, y de hecho existen, obras que rompen con las estructuras tradicionales de dichos autores pero, es indudable, que para hacerlo y bien se precisa de muchísima lectura, dedicación y profesionalismo.

El Festival de Teatro Clásico Universal que se desarrolló por segundo año en el Teatro Tinglado (Mario Bravo 948 – C.A.B.A.) es una posibilidad y oportunidad para que el público acuda a ver diferentes propuestas y de manera gratuita. Organizado por Natalia De Cicco y dirigido por Eduardo Lamoglia, puedo decretar que fue un verdadero éxito esta edición. Con funciones a la mañana y a la tarde, tanto alumnos de colegios como público externo pudo acudir día tras día a ver sus favoritos.

Desde el 8 hasta el 18 de junio, la cartelera del Tinglado vibró, abrió sus cálidas puertas y demostró cómo cuando se quiere se puede.

Durante siete días, pudimos disfrutar de autores clásicos con una gran envergadura, de siete propuestas diferentes y de una gran gama de artistas que, con el correr del festival, supieron mostrar sus expresiones en el escenario.

El lunes 8 de junio, tuvo lugar la primera obra llamada Sueño de una noche de verano, a cargo de la Compañía de Teatro Integrada. Si bien las demás propuestas tuvieron su encanto y distinción, completando un abanico para todos los gustos; sentí necesario referirme tanto a esta obra como a tres más que otorgaron un sello implacable. Me refiero a Shakespeare Inédito (de y dirigida por Ricardo Beherens), a Actrices (ideada y dirigida por Javier Demaría) y a Esperando a Godot (de Samuel Beckett, dirigida por Rubén Pires). A continuación las reflexiones sobre las mismas.

Sueño de una noche de verano

¿Qué sucede cuando un clásico es adaptado de tal manera que deja de ser un clásico para producir algo muy impactante?

¿Qué ocurre en el preciso instante en que un director decide convertir «Sueño de una noche de verano» (William Shakespeare) en una velada distinta, llena de canciones que fueron hits en los noventa?

El resultado es este: una adaptación en que se une la bondad con la suspicacia, el amor con la tragedia, la espontaneidad con la gracia y las diferencias con la humanidad.

Juan Ignacio Acosta es este joven director que se anima a mas, dándole a esta narración en prosa una impronta menos conservadora y tradicional, trayendo a actores de su Compañía Las Ilusiones, una compañía en que los artistas disfrutan, actúan e interpretan mas desde lo corporal -dejando a un segundo plano lo dialogado-.

El eje central de la historia se mantiene al igual que sus personajes, pero, la incorporación de melodías contemporáneas en fusión con la estética renacentista recrean el drama de forma encantadora.

Podemos ver el vestuario de cada intérprete bien épico, de variados colores, una iluminación que hace foco en las escenas más importantes y luce cálida en cuanto anochece.

Desde ya que el inquieto Puck es el hilo conductor del relato, quien mantiene fiel el discurso shakesperiano y quien, notablemente, tiene un papel mágico a lo largo de los actos. El es el encargado de unir a Demetrio con Hermia, aunque como ya se conoce, Puck vierte la poción mágica en las personas equivocadas y de allí en adelante las confusiones se apoderan de la trama, al igual que la picardía de sus personajes.

Oberón y Titania, reyes de las hadas, Hipólita, Teseo, Hermia, Lisandro, Demetrio, Helena, y varios duendes y hadas; recobraran el espíritu de Sueño de una noche de verano.

Mientras una coreografía de Macarena y diversos temas musicales, es montada en vivo, los conflictos en el bosque se suceden, hasta que la alegría se convierte en la protagonista que, junto a Ilarié de Xuxa, demuestra cómo es posible conservar la esencia de una dramaturgia para, luego, incorporar y quitar a piacere todo lo que se desee, como para que un clásico no tenga que ser fiel y exacto a las palabras de su autor, sino un abanico de posibilidades que eligen montar historias similares aunque no idénticas.

Existe un gran público para clásicos y otro gran público que se aburrió de ellos. Quizás, este tipo de propuestas sean necesarias para este segundo segmento que ya no disfruta de ver en escena lo mismo que leyó una y otra vez.

Estar en escena y dirigir es una ambición que no cualquiera puede llevar a cabo. Sin embargo, Juan Ignacio, consigue su objetivo y reluce esta pieza artística -aplaudida, constantemente, por todos-; pintando una tarde de lunes con colores tan relucientes como el amor que dejan en cada paso y mirada.

Capturando como una fotografía que luce bailes, movimientos, pasos, desplazamientos y una de las escenas más divertidas junto al hombre-asno que despierta hasta la sonrisa de quien se embelesa con su figura.

La fiesta dura una hora pero la sensación de satisfacción en ellos y en nosotros, será para siempre. Compañía de Teatro Integrada. Dirección: Juan Ignacio Acosta.

Shakespeare inédito

En cuanto le llegó el turno a la obra improvisada por Behrens, hubo discrepancias sobre si era una puesta ideada en el momento o pautada con anterioridad. Quien no conozca a este director puede hacer las suposiciones necesarias para tildar a su creatividad de guionada.

Al día siguiente de la función, hablé con varias personas que acudieron y esos fueron los comentarios: que les había gustado pero que estaba todo preparado. Yo les resumí que Ricardo Behrens se dedica a estudiar e impartir la técnica de improvisación desde los años noventa y que, justamente, por eso puede parecer todo preparado. De hecho, es imposible que no surja de manerta espontánea ya que desde la platea se facilitan nombres para la ciudad en que se desarrollará la acción y otras cuestiones que atañen a la dramaturgia -en vivo-. Esta es la diferencia entre percibir un mundo mágico y recreado con datos históricos y del público, a diferencia de un texto que se apropia para vociferar en una puesta en escena.

No significa con esto que una opción sea mejor que la otra sino que el espectador podrá escoger algo más novedoso o clásico -en el estricto sentido de su palabra-.

Al haber visto las interpretaciones de Ricardo más de una vez, puedo dar fe de su espontaneidad y sabiduría acerca del universo shakesperiano, el cual conserva ciertos objetos para que los actores logren interpretar a sus personajes -los cuales sí son siempre los mismos-, ubicándose en el siglo en que se desarrolla la historia, fusionando estilos, paisajes, conflictos y desenlaces muy ocurrentes. Idea y dirección: Ricardo Behrens.

Actrices

Cuando Actrices irrumpió en el escenario, se pudo comprender con el alma lo que es actuar e interpretar varios personajes de diferentes autores, destacando la esencia de cada uno, su vestuario, su corporalidad, su distinción y modo de hablar. Mariángeles Aduco y Viviana Taborda, desplegando su delicadeza y reconstrucción, trayendo escenas de A. Strindberg, Federico García Lorca, Friedrich Schiller, Antón Chejov, W. Shakespeare y Oscar Wilde. Dos actrices muy diferentes y que, juntas, se fusionan deleitosamente. Un espectáculo para ver una y otra vez, se haya estudiado o no -con anterioridad- a sus autores. Desde ya que la visión será muy diferente si el espectador leyó o no acerca de los mismos. Cada quien podrá hacer un proceso u otro. Quien haya investigado no podrá borrar su proceso, pero quien no lo haya hecho, seguramente, irá descubriendo un mundo nuevo. Idea y dirección: Javier Demaría.

Esperando a Godot

En este clásico hubieron varios climax logrados perfectamente que recrearon la esencia de Beckett en que la puesta en escena ornamental no es practicamente útil, sino simbólica. En que dos amigos, Gogó y Didi, esperan a un tal Godot. Desde ya que las actuaciones son excelentes y logran lucirse todos en escena. Lo sorprendente del relato es que no lo conocen pero asumen que el lugar de encuentro será donde están y, tienen la certeza interna, de que podrán ubicarlo. Durante las horas en que esperan su llegada, aparecen otros dos amigos que van sufriendo algunos cambios en sus cuerpos difíciles de entender. Sumado a la pérdida de memoria que tienen los dos primeros y las variaciones del tiempo que no se asumen lineales sino oscilantes, como si, de repente, no estuviera habitando este mundo sino otro. Tiempo y espacio, chocan, convergente, se aislan y vuelven a enfrentarse sin entendimiento.

Completaron la programación de este año: Relojero (de Armando Discépolo, dirigida por Nicolás Manasseri), Infortunios de invierno (de William Shakespeare, dirigida por Mónica Bruni junto a Claudia Fagaburu) y Los siete locos (de Roberto Arlt, dirigida por Daniel Godoy).

Sobre estas puestas en escena existen varios puntos a destacar, referidos a interpretaciones, vestuarios y elección de ciertos fragmentos de sus autores.

Los siete locos optó por no adaptar los textos sino utilizarlos idénticamente. Esta elección mostró un avance lento, que para el común de los espectadores no fue positivo. Pero, más allá de eso, su protagonista se lució completamente, al igual que algunos otros personajes secundarios. 

En Relojero puede apreciarse, sobre todo, la poética de Discépolo, quien narra a una sociedad de los años treinta que sigue vigente respecto a nuestros tiempos. Una realidad de antes que es contemporánea, un relojero que pretende continuar con su oficio en una cultura que ya no lo precisaba demasiado, aunque las agujas marcaran lo contrario. Una sociedad que, culturalmente, estaba en crisis -como en Los siete locos de Roberto Arlt-, en que la locura se apodera de los algunos humanos para rebelarse contra el sistema capitalista, para luchar por sus ideales y tener la oportunidad de decir lo piensan por más que no fueran tenidos en cuenta.

Con respecto a Infortunios de invierno, el timing fue más veloz ya que se trató de un conjunto de escenas adaptadas -entre la época narrada y la actualidad-, lo cual tuvo como resultado una agilidad que permitió resaltar a varios de sus actores, entre ellos a la talentosa y joven Thelma Fardín.

Staff del Festival

Dirección: Eduardo Lamoglia

Organización: Natalia De Cicco

Asesor ejecutivo: Alberto Teper

Asistente de coordinación: Martín Polo

Gestión Instituciones Educativas: Fernando Gonet y Laura Iglesias Liste

Coordinación de talleres: Luciano Cazaux

Realización audiovisual: Javier Demaría

Diseño gráfico: Nahuel Lamoglia

Curaduría artes visuales: Josefina Tajes

Montaje: Sabrina López

Técnico de luminación: Sebastián Crasso

Prensa: Simkin&Franco

Sueño de una noche de verano

Autor: W. Shakespeare. Actores: Antonella Ferrari, Juan Ignacio Acosta V., Celeste Condoleo, Pedro Molina, Alejandro Ovando, Marita Alves, Franco Ávalos, Juan Miguel Zibecchi, Carlos Dall’Olmo, Julieta Ledesma, Ana Paula Aiello, Ariel Merkier, Alejandro Thuay, Agustín Recalt, Anahí Cubecino, Anthony Jara Esciso, icolás Valentini, Marcos Ruiz, Macarena Battista, Ornella Fortunato, Camila Elissamburu. Dirección: Juan Ignacio Acosta

Esperando a Godot

Autor: Samuel Beckett. Actores: Gerardo Baamonde, Carlos Lipsich, Eduardo Lamoglia, Héctor Díaz, Sebastián Mouriño. Dirección: Rubén Pires

Shakespeare inédito

Autor: William Shakespeare. Actores: Ricardo Behrens, Gustavo Caletti, Montse Godia, Rubén Corbalan, Victoria Mammoliti y Luis Smal. Dirección: Ricardo Behrens

Relojero

Autor: Armando Discépolo. Actores: Sergio Cirigliano, Nicolás Manasseri, Julia Marcovich, Renzo Morelli, Laura Rossi, Martín Tecchi. Dirección: Nicolás Manasseri.

Actrices

Autores: A. Strindberg, Federico García Lorca, Friedrich Schiller, Antón Chejov, W. Shakespeare, Oscar Wilde. Actrices: Mariángeles Aduco y Viviana Taborda. Idea y dirección: Javier Demaría.

Infortunios de invierno

Autor: W. Shakespeare. Actores: Carla Petrillo, Thelma Fardin, Lila Forero, Rocío Plaza, Sofia Cuitiño Álvarez, Brenda Ch I, Juan Manuel Miguez, Ramiro Silveyra, Nicolás Zubiría, Jesús Dupaux, Nicolás Torcanowsky, Juan Pablo Mendive. Dirección: Mónica Bruni y Claudia Fagaburu.

Los siete locos

Autor: Roberto Arlt. Compañía. Teatral Quinto Piso. Actores: Marcelo Gril, Santiago Fonseca, Ernesto Ocampo, Marcelo Gamarra, Daniel Bermejo, Julia Gorostiza, Fabián Caló, Mariano Madrazo, Yamila Etchevarne, Martín Baldoni. Idea y dirección: Daniel Godoy.


Mariela Verónica Gagliardi

Por la memoria de mamá

Mamá decía1

La autora de esta obra no es solamente dramaturga sino música, guionista y letrista. Trabajó tanto en teatro como en televisión, tiene una trayectoria impresionante y su primera historia se titula “Ciudad en fuga” (centrada en el Siglo XIX durante la epidemia de fiebre amarilla), así como sus logros más recordados de la pantalla chica son: Todo empezó con Don Pedro, Flavia corazón de tiza y Alta comedia. Su forma de escribir y de expresar -desde acontecimientos históricos hasta comedias- la convierten en una experta artista que consigue resultados asombrosos con cada uno de sus trabajos artísticos.

Diego Pérez (Mauri) y Alejandro Müller (Chiqui) protagonizan a dos hermanos que acaban de perder a su madre hace poquito.

De este hecho preciso se parte para, luego, recorrer las vidas de estos dos hombres que vivieron casi siempre separados, que tienen diferentes experiencias y visiones sobre el mundo y accionar humano.

Así es como Chiqui -quien creció en el campo junto a su madre- y, Diego Pérez -en la ciudad junto a su padre- se dan cuenta de varias cosas al producirse esa unión por el luto en la casa del segundo.

Mamá decía” (escrita por Alicia Muñoz y dirigida por Guillermo Ghio) es una comedia en la que el drama está presente aunque de una manera relajada y con muchísimos momentos de risa. Esta conjunción es la que permite que todos los consejos de aquella madre que no tenemos el honor de conocer, se transporten a su hijo gauchesco, para demostrarle a su hermano cuál es la esencia de la vida, qué es lo más importante, a qué se le debe prestar atención como para no desesperar ante un mal negocio.

Y, justamente, Mauri, es quien recibió por parte de su padre -al parecer- solo malos consejos sobre cómo fracasar ante un proyecto económico.

Pero no se trata de que uno de ellos tenga razón sobre el otro, sino de la vida que ha tenido cada uno, de lo mucho que han sabido exprimirla -para bien o para mal- y de intentar no arrepentirse ante lo que escogieron.

Ante toda acotación de Mauri, Chiqui citará alguna frase de su mamá o algún aprendizaje, a su entender, sabio.

En el campo, las vacas, la leche, las miserias en cuanto a dinero, la pobreza; en contraposición a una ciudad que está llena de oportunidades y no siempre se saben aprovechar.

Quien es considerado más básico o bruto es el encargado de contener, de dar alivio ante un momento trágico, de sentirse en el momento oportuno para enamorarse y de soñar con su futuro ideal.

Quien, en cambio, tiene su vida más estructurada y sofisticada no encuentra un camino a seguir ni un hombro sobre el cual llorar.

No solo “Mamá decía” es una pieza artística entretenida sino llena de agradables escenas que dan cuenta de una realidad por la que todos los mortales debemos pasar: la muerte de un ser querido.

¿Padecer o seguir adelante? ¿Victimizarse o asumir que la vida continúa? ¿Criticar o hacer?

Como si se despertara de un sueño que duró décadas en consumarse, ellos de adultos se dan cuenta de todo lo que se perdieron por no haber estado juntos, de sus opuestas personalidades, de la belleza de cada uno de sus padres y del deseo por recuperar aquel tiempo perdido.

Entre llamadas cruzadas, chistes y desencuentros, ambos conviven antagónicamente como si tal convivencia fuera en verdad la de sus padres. Ellos ven a través de sus ojos, accionan de acuerdo a sus enseñanzas y son de acuerdo a lo asimilado.

Con una estética moderna, una dramaturgia que mantiene su ritmo -en todo momento-, una iluminación que marca los puntos álgidos de la obra y se oscurece al cambio de escena; la historia se enaltece para dar cuenta del carisma de estos grandes actores que brillan e interpretan muy carnalmente a estos hombres que sienten todo a flor de piel, quizás como aquellos niños que no permanecieron juntos.

ficha Mamá decía

Mariela Verónica Gagliardi

 

Minientrada

Esclavas blancas

La Varsovia1

A fines de 1930, la capital de Polonia se constituía como la ciudad más grande del país. Su grandeza abarcaba a 350.000 judíos que se caracterizaban por su despliegue cultural e inteligencia. Después de Nueva York, venía Varsovia, ocupando el segundo puesto en cuanto a demografía de dicha religión. Lamentablemente, tres años después la población se redujo a un tercio.

Llegando a la siguiente década, los nazis comenzarían una de las masacres más tenebrosas de la historia mundial: el ghetto. Cuando las tropas alemanas ingresaron a Varsovia, no solo terminó la cultura sino gran parte de esta sociedad judía que el único pecado que cometió fue ser judía según los ojos nazis.

Esta es una historia, de género dramático, que une a dos mujeres muy diferentes entre sí, que están viajando de Varsovia (Polonia) a Buenos Aires (Argentina). Durante el viaje surgirán demasiados conflictos que la serenidad de las aguas no podrán menguar.

La Varsovia” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Liliana Adi) une dos épocas tan distintas como similares.

Ambientada en los años 30’, todo lo que sucede no pierde vigencia.

Como tema más a flor de piel y polémico, se ubica el de la prostitución. Pero, en un comienzo parece tratarse de una simple rivalidad femenina, en que un hombre es el centro de disputa. Aunque en cuanto la obra sigue su curso y la música decora las escenas, Mignón (Silvana Rosón) y Hanna (Lena Simón) se cuentan las costillas. Una adulta y, la otra, muy joven, hablan de dicho hombre que no es ni más ni menos que un cliente.

¿Puede existir amor en una relación en que el cuerpo es tomado como objeto y por el cual se paga para obtener placer?

Esta es la historia que, de manera bidimensional, muestra a una Mignón rígida, fría y dura; que, simplemente, traslada a Hanna hacia los brazos de ese hombre.

Todos, desde el público, maldecimos las conductas y dichos de la primera que se regodea de la fragilidad de la segunda.

Y, por qué hablo de bidimensionalidad. Justamente, porque la dramaturgia no transcurre solo en la proa del barco sino que vivenciamos –gracias a la iluminación y melodías- momentos en que las damas bailan, en que se conocen con otras personas y en que las figuras se fusionan con sus sombras para justificar que, ambas, son seres tan oscuros y tenebrosos como manipulables.

Una excelente escenografía, súper artesanal –constituida por maderas superpuestas-, un vestuario blanco y delicado, un texto deleitoso y atrapante, al que se le une la dirección precisa y fina de su directora; permiten que “La Varsovia” sea una propuesta justiciera y artística de alto vuelo.

Varsovia, la ciudad más grande de Polonia, que comenzó con la trata de blanca (denominadas en Europa como esclavas blancas) incluso antes del Siglo XX y, antes de recibir esta denominación moderna. Es durante la primera oleada inmigratoria de Europa a Argentina que se encontrarían los primeros movimientos que involucrarían a tantas víctimas engañadas y cegadas, llevadas a América para un mejor porvenir.

Mignón, del mismo modo, seduce con palabras a Hanna –creyendo en su ingenuidad-; hasta que el discurso de Hanna deja en evidencia el poder con que se hilvanaban las peores desventuras.

Raquel Liberman, fue una valiente mujer que tuvo las agallas para denunciar en 1926 a la Sociedad de Socorros Mutuos (bajo la que se escondía la organización Zwi Migdal), insistiendo varias veces con información precisa como la que se refiere a dicha agrupación con el nombre de Varsovia.

Nuestra querida Ciudad Porteña, 5 de enero de 1875, sanciona la primera ley referida al ejercicio legal de la prostitución, bajo la que solo se controlaría médicamente la salud de estas mujeres.

Recién adentrada la década del 30´, década en que se desarrolla la presente obra, se decreta la ley 12.331, gracias a la cual se cerrarían los prostíbulos existentes en capital federal y prohibiría la actividad en todo el país.

Casi un siglo después, no se consigue, realmente terminar con este negocio tan macabro que día tras día sigue cobrándose las vidas de mujeres que, en su mayoría, son engañadas con palabras prometedoras. Estas mujeres de antes y de ahora, son mujeres y merecen ser consideradas como tales.

ficha La Varsovia

Mariela Verónica Gagliardi