*** Septiembre 2017 ***

 

La Traviata balletLa música clásica y el ballet no son consumidos masivamente en nuestra sociedad argentina. Sin embargo, no siempre se analizan los motivos de este fenómeno. Considero que quien no conoce sobre estos grandes músicos -de los cuales se valieron otros para continuar el linaje- puede sentirse ignorante o despreciado. No son melodías que puedan llevarse con el cuerpo al igual que otros estilos populares; aunque sí han surgido en sus países para el consumo de todos.

Quien tenga la posibilidad de acercarse, de oír, de cerrar los ojos y sentir; nunca más se alejará y jamás podrá igualar ese sinfín de emociones que produce el escuchar a una orquesta junto a un elenco de bailarines que con sus cuerpos expresan dicha música. Unas notas que componen melodías y que son representadas por instrumentos.

El cuerpo como instrumento de un bailarín, que pretende acercar su sentimiento sin decir palabra alguna.

Iñaki Urlezaga es uno de ellos, es uno de los elegidos, es un conjunto de expresiones artísticas que recorre el escenario de un extremo al otro y que, en esta ocasión, brinda la posibilidad de ofrecer ocho funciones totalmente gratuitas bajo el programa de Danza por la inclusión que fomenta junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

La Traviatta (término que en italino significa la extraviada) cuenta con la música de Giusseppe Verdi y es la obra escogida para que un grupo de talentosos bailarines representen en escena (con la coreografía del propio Urlezaga).

Dicha música, la creó Verdi en 1853 basándose en la novela de Alexandre Dumas (hijo) llamada La dama de las camelias. Dicho argumento está relacionado con la vida de este autor francés, quien mantuvo un romance con Marie Duplessis (la cual sufría de tisis, como Violeta) y quien se caracterizaba por derrochar dinero, organizar muchas fiestas, vivir la vida libremente y sin ataduras a un hombre. Más allá de estos datos, tanto Marie como Violeta optan, en un momento, por sentar cabeza.

Al tratarse de una adaptación que se realizó para la danza, su duración es menor a lo que sería la ópera tradicional. Aproximadamente una hora y media tuvimos al conmovedor Alfredo (interpretado por Iñaki) que enamoró a Violeta (Eliana Figueroa), haciéndonos suspirar, temer, llorar y estremecernos hasta el triste desenlace.

Luciendo un vestuario a cargo de la diseñadora Verónica De La Canal en que la época y su estilo reluce encantadoramente, permitiendo que hasta el último detalle sea importante en la trama teatral.

Antes de ver a los artistas en escena, el preludio nos introduce en la dramática historia que tendrá un gran despliegue, tanto a nivel musical (a cargo de la Orquesta Sinfónica de San Juan, dirigida por Gustavo Plis-Sternberg) como de baile.

Violeta Valery brinda una fiesta en su mansión de París y el amigo de un invitado es Alfredo Germont. Ellos se conocen y sus corazones se unen y separan varias veces.

Separada la dramaturgia en dos actos (de dos escenas cada uno), puede comprenderse toda la trama sin precisar de diálogos convencionales, dejando que las sensaciones se apoderen de nosotros.

Si bien Violeta está muy enferma, quiere seguir siendo libre, y ese deseo la caracteriza en todo momento, también anhela estar junto a su amor. Aunque el padre de Alfredo se hace presente en su casa para intentar separarlo, hostigándola hasta provocarle remordimiento y conseguir su cometido. De esto no se entera Alfredo a tiempo y solo puede leer una carta que ella le dejó explicándole que no seguirá junto a él.

Es así como la enfermedad de Violeta, junto a la separación de Alfredo, los secretos ocultados y la pena que siente por estar muriéndose; conmueven muchísimo en el segundo acto.

Cuando ella yace en su lecho, sin tener fuerzas para levantarse, él la sujeta y logra danzar. Ese baile es el que más estremece ya que se trata del anterior a su definitivo adiós.

Recordemos que la sociedad europea del 1800 era muy conservadora y no veía con buenos ojos a una mujer con las características de la protagonista de este ballet. Más allá de esto, es una de las tres piezas artísticas que le valió la fama y distinción a Giusseppe Verdi (junto a Rigoletto e Il Trovatore).

ficha La Traviata ballet

Mariela Verónica Gagliardi

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