*** MARZO 2021 ***

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El deseo de ser

Tu madre no sabe1

Ficha Tu madre no sabeTu madre no sabe, es una tragicomedia con muchos tintes de comedia negra (escrita y dirigida por Gastón Cerana). Al tratarse de este género humorístico se supone que el público reirá incansablemente de las desgracias sufridas por los personajes de la historia. Pero no es así. Existen muchísimos momentos para el goce y la risa, aunque el dramaturgo indaga por las profundidades más reveladoras en la vida de un ser humano. Aquello que se supone no es correcto, sino todo lo contrario.

Un elenco de lujo (Luis Contreras, Dalia Elnecavé, Anita Gutiérrez, Martín Lavini y Teresa Murías) compone esta obra y hace posible que talento y placer vayan unidos de la mano. Se trata de la segunda obra que presenta el teatro Border y continúa dejando boquiabiertos a los espectadores que se acercan a la sala sustentable para conocerla.

Imposible no destacar la excelencia de Anita Gutiérrez que irradia luz cada vez que interviene en la presente propuesta, demostrando su pasión por el teatro y la actuación.

Con respecto al argumento de la pieza artística, existen algunas cuestiones intrincadas que datan de la realidad real: el vínculo entre una niñera y su víctima. Una madre presente pero ausente que no consigue hacerse cargo de su propio hijo. Y es así es como una criatura es citada a través de sonidos de llantos y congoja para darle notoriedad en el relato. Un pequeño que no se ve en persona pero que, sin embargo, sirve de protagonista y es a través de él que gira la historia.

Chusmeríos de barrio, palabras puestas en boca de la persona “equivocada”, la información que viaja como a través de un teléfono no descompuesto y los hechos que se van reconstruyendo a medida que avanzan los diálogos.

A su vez, cabe destacar el gran dinamismo que se lleva a cabo durante toda la obra, el modo de narrar que permite conocer cada detalle de la acción y su correspondiente relato paralelo, un gran aporte cineasta que permite retroceder y avanzar activamente sin proyección de película fílmica y unos personajes que están perfectamente compuestos para que todo lo establecido corporalmente y con palabras sea realmente creíble y provoque el efecto deseado por su director.

Existe un gran trabajo de creación e interpretación que deja lucir a todos los actores en cada escena, dando lugar a varias sensaciones que permiten replantearnos por qué es tan común y notorio juzgar a quien se supone comete un error (sea este voluntario o no) sin realizar un mea culpa que muestre alguna señal de evolución personal y de sabiduría.

Lo conmovedor aparece en la presente historia y consigue significar más de lo que se supone a simple vista. Una hija que es deslucida públicamente y que puede plasmar incluso algo de sensibilidad por su madre a quien resguarda de toda crítica despectiva.

Más allá del grato momento que se siente durante la función, es posible analizar factores sociales que puestos de una manera u otra pueden convertir la dramaturgia en dos: por un lado puede vislumbrarse cómo los “defectos” son exaltados para conseguir fines humorísticos; pero, también, existe un relato simultáneo en el que se puede observar el significado de cada uno de esos “defectos”. Si bien no hay demasiado tiempo para evaluar instantáneamente y a lo largo de las escenas, sí quedan plasmadas en como fotografías todas aquellas acciones que Cerana quiso realzar por diversas cuestiones. Y, se vuelve todo mucho más interesante y llamativo cuando se descubre que cada personaje (por sí solo) también es una historia diferente en sí misma.

Entonces, un drogadicto puede ser gracioso por el puesto que ocupa y una mujer desequilibrada puede ser vista con ojos lacrimosos o victimaria de su propia vida. El desfile de interpretaciones cobra vigor de una u otra manera, según los ojos de cada espectador y de lo que quiera aportarse en la argumentación.

Tu madre no sabe es un pedido de justicia para los niños que, muchas veces, son tratados como objetos, a quienes no se comprende y a quienes se maltrata por diferentes motivos. A los secretos que se guardan en una familia, a quienes tienen el poder y la potestad de someter a los más indefensos y a burlarse de sus traumas en vez de ayudarlos.

Como una pieza que va íntimamente unida a la siguiente y se juntan entre sí por recursos originales (tanto escenográficos como lumínicos) para dar lugar lazos humanos que son manipulados por el más maniático.

Mariela Verónica Gagliardi

De paseo por el séptimo arte

Clac

“Clac!, una obra de película” (escrita por Martín Palladino, Virginia Kaufmann y Cecilia Miserere; dirigida por ésta última) es una propuesta infantil excelente que realiza un recorrido por los hitos más trascendentes del cine.

Apoyándose en el género absurdo y el mundo clown, esta dramaturgia tiene la particularidad de repetir una misma escena -a la cual se le van sumando situaciones y herramientas- a lo largo de la historia que compone deleitosamente.

Es así como se puede observar un rodaje, en vivo, durante el cual una pareja compuesta por Bette Davis (Anita Gutiérrez) y Fetiche (Giancarlo Scrocco) tiene su primera cita en una confitería parisina, a la vez que es apuntada por un dibujo de Animé (Martín Palladino) y dirigida por un singular hombre que responde al nombre de Oscar (Sebastián Códega). Éste se hace llamar óscar ya que suena más elitista, como el cine en sus inicios y como Europa desde antaño.

Lo interesante de esta pieza teatral es que en poco tiempo logra resumir aquellos acontecimientos más importantes del séptimo arte, demostrando cómo con ideales claras y concisas, se pueden ver grandiosos resultados.

Con una estética bien de época, con dos camarines decorados con lo necesario para que sus artistas estén cómodos, con un escenario móvil que se desplaza, fácilmente, a la vez que la ambientación que cambia de acuerdo a lo que acontece en el momento; se disfruta al máximo de una recreación cinematográfica.

Respecto del argumento, la cronología es la encargada de narrar los hechos que se desencadenan desde el cine mudo hasta el universo tridimensional -pasando por los doblajes, las escenas pintadas de colores y las canciones en vivo-.

Acompañan estos avances, los cambios de vestuarios y peinados que están íntimamente ligados a la dramaturgia, haciendo que ambas se fusionen como diálogos fortuitos.

Humorísticamente se puede notar la sorpresa de Fetiche al descubrir la tremenda voz de Bette Davis, a la que le gustaría taparle la boca, volviendo el tiempo atrás.

Clac es cine en el teatro, es una suma de talentos artísticos que, artesanalmente, crean esta maravilla para niños -y adultos que se suman en el público con pretextos de acompañar a los pequeños-, que no titubean en demostrar que el arte y la cultura son importantísimos para todos pero, sobre todo, para los infantes.

Sin lugar a dudas, lo que consumen los niños es por iniciativa de los adultos o por publicidades en todas sus formas. Jamás un niño podría tener la curiosidad por conocer algo que no sabe lo que es.

Este público que viene a ver Clac, es diferente. No viene a reírse o a llorar ni a comprar merchandising ni a ver a sus ídolos luego en la tele. Este público es un público en formación que absorbe contenidos y que, por suerte, tiene un entorno que le da el derecho a nutrirse de productos de calidad.

Coordinar doblajes nunca fue tan entretenido y repetir secuencias, en cámara lenta, tampoco.

Claquetista, sonidista, doblista y todo lo que surja para que pueda adquirir conocimientos.

Todos reímos con Animé, lo adoramos, lo apoyamos con todas sus iniciativas y, a través de él, soñamos y deseamos que consiga filmar su propia película en la que sea el protagonista. Mientras tanto tendrá que aprender, como un niño que, incansablemente, juega en el oficio de su vida.

ficha Clac

Mariela Verónica Gagliardi

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