*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Crónica sobre cómo romper con lo que se supone que es la danza

La wagner De Vir

Sin lugar a dudas, las obras más polémicas del 11° Festival de Teatro de Rafaela fueron: La Wagner (de Pablo Rotemberg) y De-Vir (de Fauller). Ambas obras, pertenecientes al género de la danza, expusieron diferentes temáticas pero con la coincidencia de hacer lucir al desnudo a sus artistas. Dicha elección provocó la ira de aquellos que son demasiado conservadores, hablando negativamente de las puestas en escena, y opacando dos trabajos, indiscutiblemente, novedosos y con una carga social y argumental fuertísimas.

Como sucede, actualmente, en el ámbito de la política, los comentarios verbales, escritos en diferentes medios y alcanzando las redes sociales; dejaron en evidencia que los cuerpos son capaces de convencer sobre cuestiones que la razón puede no llegar a comprender por diferentes motivos.

En definitiva, ¿qué es la danza?

Podríamos tomar una enciclopedia o diccionario y buscar las distintas acepciones al término, las cuales distan mucho unas de otras. De lo que sí podemos estar seguros es que suele ser tomado el término danza como sinónimo de baile. Se supone que para que exista la danza debería respetarse una secuencia de movimientos -bien llamada coreografía- con una música que acompañe. Ahora, ¿se puede ser tan literal como para no asumir que la danza fue evolucionando y modificándose según la sociedad, cultura y país de que se trate?

Recuerdo cuando años atrás leí un folleto que decía: clases de biodanza y fui a ver de qué se trataba. Por más que desglocé, anticipadamente, la palabra; no estaba relacionada dicha clase con lo que, tradicionalmente, se conoce como danza o baile. Un grupo de personas, con sonrisas pintadas, hablaban de cómo había sido su día, conformando una ronda en el piso; luego, todos los alumnos dejaban que la música les produzca un movimiento u otro. Pero yo seguía cuestionándome, en silencio, que eso no era baile. Transcurrida una hora de clase, opté por dejar mis prejuicios de lado y hacer que las melodías me hagan sentir algo. Lo que sea. Así fue como me convertí en una alumna más que le danzaba a la vida, que sonreía a mis compañeros, que cerraba los ojos para aflojar todo tipo de tensión… y eso era danza. No precisaba zapatillitas de baile en punta, ni elongación ni respiraciones de un tipo u otro. Cada uno tenía su propia gracia, no existía la competencia y la profesora no era más que nuestra guía en este camino.

La wagner

Al presenciar la función de La Wagner, no pude relajarme, sentí asfixia y ganas de irme. Sentí impotencia por querer abandonar mi butaca y me cuestioné durante días por qué esta obra me provocaba tantas sensaciones diferentes si no era más que una obra de danza. No me salían las palabras y la respiración entrecortada me recordaba a casi todas las secuencias de Rotemberg en que Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola; interpretaban a cuatro bailarinas que sufrían incesantemente. Fue recién ahí cuando pude quitar mi nudo de la garganta y lograr que mis palabras expresaran aquella angustia y que agradecí no haberme parado.

Pársifal y Tristán e Isolda son dos de las óperas que se hacen presentes en La Wagner, para oficiar de contexto. Richard Wagner (1813-1883) fue un compositor alemán, famoso por su antisemitismo -si bien no fue contemporáneo con Hitler (1889-1945)- al igual que por su talento musical; le otorgó a la puesta una manera de narrar una época que se fusiona y entremezcla con la vigente.

Estas mujeres aparecen, muy lentamente, acompañadas por el Preludio de Pársifal que hace sentir un vacío entremezclado con una fuerte presión en el pecho. Desgarradoramente parecen ingresar a un campo de concentración, en que se abusa de ellas, en que su condición femenina se ve desplazada y en que la simbología de Pársifal (ausente físicamente en escena) hace relucir que la “pureza” era vista en éste de la misma manera que el nazismo lo hacía con la raza aria.

Lo puro en contradicción a la pureza. Lo blanco como superior y la mujer como objeto despreciable.

La Wagner tiene nombre de mujer no por haber sido la intención de su compositor, sino porque Rotemberg pretende imprimir y luchar por los derechos nuestros, por reflejar el dolor que provoca una violación física y mental, llevando al extremo todo tipo de movimiento corporal para producir un efecto de violencia que desde ya no existiría al utilizar metáforas o versos bonitos.

A veces es necesario mostrar la violencia como tal, el maltrato como tal y el abuso como tal; así no quedan dudas de que existe y desea ser soslayado por ciertos sectores sociales, por intereses y por diferentes motivos imposibles de aceptar.

También aparecen otros fragmentos musicales tanto de Wagner (Tristán e Isolda) como de otros músicos que permiten que las bailarinas sean vistas como parte de una lucha eterna en que sus cuerpos sufren secuelas y sus corazones continúan para no perecer en el intento.

Cada una de las secuencias coreográficas es muy fuerte, colmada de ideología y con una pequeña-gran historia por transmitir, un fiel retrato de lo que ocurre y no siempre tiene solución inmediata.

Seguramente lo que más duela sea la espalda, la cual jamás es mostrada por parte de ellas.

De-Vir

Con respecto a De-Vir, si bien es otra puesta en escena de danza, no transmite ni provoca lo mismo.

Son cuerpos humanos que por momentos adquieren formas de objetos y de animales. Por más descripción que pueda leerse sobre la misma, cada quien entenderá y resignificará la pieza artística a su modo.

En mi caso, pude observar que desde la manera de apoyar las manos y hasta su caminar, se trataba de una especie animal esbelta, fina, delicada y precisa. Cuatro artistas-bailarines (Wilemara Barros, Henrique Castro, Marcelo Hortêncio y Fauller) conformaron diferentes cuadros, con una iluminación tenue y, separados, por la oscuridad absoluta.

Quizás, a ciertos espectadores les pueda chocar un desnudo o puedan no estar acostumbrados a verlo, pero debo admitir que en ambas obras está muy justificada la elección de que no utilicen un vestuario.

En esta segunda, si los personajes adoptaran un atuendo, quedarían disfrazados de algo determinado y, posiblemente, ridiculizarían sus interpretaciones. De este modo, sus pieles simulan ser pieles de otra especie, desnudos de pies a cabeza, valiéndose de una escenografía inexistente al igual que en la primera.

De-Vir es oriunda de Brasil, motivo por el cual mi mente imaginó la selva amazónica como uno de los escenarios posibles en que estas especies animales caminaban, se juntaban, separaban y fusionaban.

La imaginación deberá utilizarse en ambas obras, aunque más en esta segunda ya que el silencio musical se apodera de la historia para que el público escuche los sonidos naturales de la respiración.

Las dos propuestas son muy interesantes y con temáticas diferentes, intentando romper con estructuras tradicionales. La danza contemporánea contiene un sinfín de movimientos y expresiones que la danza clásica no. Una no es mejor que la otra ya que, una se nutre de la otra para crear lo propio. De lo que sí podemos estar seguros es que cada espectador podrá digerir lo que pueda y como pueda, podrá sentir incomodidad o placer pero, jamás, indiferencia.

Cada movimiento, por más pequeño que sea, es un modo de expresión y cuanto más grande se hace, más visible se vuelve. Como si se tratara de una caminata normal en que comenzamos a sentir cada extremidad como propia y otorgándole un movimiento diferente en que la música nos permite soltar sin ataduras. El cuerpo como instrumento que ejecuta un baile, una danza, como si se tratara de un desplazamiento sobre la partitura -una partitura que adopta la forma deseada, que sorprende y deja de lado todas las convenciones-.

Danzar la vida, desnudarse ante la vida, contando sin textos y hablando sin palabras.

Mariela Verónica Gagliardi

Cuando la vida sorprende

La sala roja

Siempre se escucha acerca de las famosas reuniones de padres, en colegios y jardines de infantes. En ellas se suelen hablar de cómo se portan los niños, entre otras cosas. Lo que no se menciona es por qué los pequeños son como son o por qué hacen tal o cual cosa.

Cada vez más son los padres que se cuestionan si mandar o no a sus hijos al colegio. Y por más que continúan siendo minoría, es una minoría que va en aumento.

¿Puede haber docentes que, además de enseñar contenidos académicos, puedan contener a sus alumnos? ¿Por qué el sistema de enseñanza oficial trata a todos los niños por igual si no lo son? ¿Por qué asume el sistema que a todos les interesa aprender lo mismo y hacer lo mismo si no son iguales? No son iguales.

La sala roja (escrita y dirigida por Victoria Hladilo) es una obra de teatro que, en formato de comedia, logra mostrar la tradicional reunión de padres, dejando en evidencia que si ellos no son iguales, sus niños tampoco.

Existe la obligación de tener que ponerse de acuerdo en diferentes actividades, en diseñar un muñeco, en tratar diversos temas y en decidir por estos seres que -por más chiquitos que sean- tienen voz y voto. O, al menos deberían tenerlos.

Victoria Hladilo, además de escribir y dirigir esta magnífica historia, interpreta a una madre con muchísimo carácter, que va manipulando cada cosa y situación a su antojo. Ella es la mujer modelo o la modelo de mujer que ejecuta y dirige la batuta, que arma y desarma… la líder nata.

Dentro de cada personaje existe una elaboración exhausta del tema educación, de sus posibilidades, de las limitaciones de una institución y de una directora que se hace esperar.

Cada falencia se siente, cada voluntad se debate con la del otro y cada quien pretenderá imponer su punto de vista. Mientras tanto, una de las maestras oficiará de puente entre los llamados reiterativos de dicha directora y los ansiosos padres (Manuel Vignau, Verónica Mc Loughlin, Carolina Marcovsky, Victoria Marroquín, Axel Joswig y Victoria Hladilo); hasta que las cartas estén tiradas sobre la mesa. Hasta ese entonces todo será expuesto, cada uno quedará al desnudo con su pensamiento y no podrán simular demasiado su egoísmo.

¿Se puede ser culpable o juzgado por no querer ser parte del sistema capitalista, por no querer vacunar a un hijo o por pretender que éste coma de manera más sana?

Existe una fuerte comparación entre niños y adultos, entre hijos y padres, entre alumnos y superiores. Los padres, docentes y directivos son mostrados como superiores, como los que tienen la verdad y los únicos capaces de determinar lo que los “inferiores” merecen o les hace mejor. Los niños-objetos, no están presentes ni tienen lugar en esta dramaturgia. No se los ve ni conoce sino a través de la mirada adulta e infantil de sus señores padres, quienes ni siquiera tienen el deseo de acudir a dicha reunión y a formar parte del intercambio de ideas.

Como una organización de mando vertical, todo está delineado así y ni siquiera la inclusión de un nuevo miebro, podrá cambiar la situación.

El diferente es discriminado, torturado, castigado y excluido. Esto es mostrado tanto en el mundo adulto como en el de los niños. El más tímido es considerado como alguien despreciable e indigno de juntarse con los más populares.

Un sistema obsoleto que se descascara por completo entre gritos y pinturitas, entre bricolaje y pasiones desenfrenadas. Como el color rojo que enciende todo sin límite.

Esta salita que une a personas distintas y que imponen, a partir de juegos, sus ideologías.

Entre risas del público y una función verdaderamente hermosa (que tuvo incluso un pequeño corte de luz); se disfrutó de una historia bien narrada, interpretada y dirigida en escena.

La pieza artística tiene un nivel excelente, la historia nos mantiene en suspenso durante todo el tiempo, los diálogos son verdaderamente exquisitos y todas las bajadas de línea que puedan existir son suspicaces y sin caer en la redundancia.

Con todos los detalles para recrear al jardín, con guardas en las paredes, cartulinas, tijeritas, sillas pequeñas, mesas y masitas -sin harina ni azúcar-; que le otorgaron a La sala roja su momento de esplendor, su muestra de talento y la necesidad de trascender el aula con una temática tan importante como lo es la educación en nuestro país.

¿Es más responsable quien manda a su hijo al colegio?

Mariela Verónica Gagliardi

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Radiante nunca será

Mi humo al sol

Cómo representar a una madre e hija que han sufrido más de lo imaginado y pensado.

De qué forma pueden dos actrices, reencarnarse en dos seres que precisan sincerarse, traer el pasado y continuar sus vidas después de la verdad.

Cada persona se dice que es un mundo aparte, pero si hay algo que en general nos caracteriza es la necesidad de saber acerca de algo. De ese algo que no nos deja avanzar de verdad hacia adelante, sin que giremos la cabeza para recordar aquel episodio o aquel hecho.

Esto es lo que ocurre en Mi humo al sol (escrita y dirigida por Manuel García Migani) una obra dramática que, de comienzo a fin, nos mantiene en vilo, en total suspenso y teniendo que prestar atención a cada detalle y diálogo para luego aunar todo y comprender de qué se trata.

En verdad, el alma comprende a la perfección que se basa en un encuentro entre dos mujeres que parecen no conocerse, aunque por datos que vamos teniendo a lo largo de la historia, se llega a dilucidar quiénes son dichas mujeres (Elena Schnell y Miranda Sauervein).

Lo interesante es cómo interactúan ambas, qué se dicen, a quiénes mencionan y por qué una tiene la necesidad de expresarse -aún sin el consentimiento de la otra-. Esta relación tan fría produce angustia, desolación y confusión, hasta que el teléfono actúa de puente entre lo que percibimos y lo que en realidad es.

Con respecto a las actuaciones, deslumbran y tienen en cuenta hasta el mínimo detalle corporal como para que sus personajes se luzcan y sean lo más reales posibles.

Mi humo al sol, es una ventana a la intimidad de una familia, como un retrato a lo más privado que precisa se contado para alivianar aquella mochila que presiona la espalda muy agotadoramente.

Una película oriental se visualiza al comenzar y, la protagonista, se asemeja mucho a la protagonista de esta historia, quien no menciona palabra sino que deja que su cuerpo se encargue de hablar, observando detenidamente a su visita, a esa extraña que conoce su niñez, su trenza cosida deshecha y su casco depositado por doquier.

Pareciera ser que cada objeto existe para decorar el living de esta casa y sucede todo lo contrario. La casa es un objeto inserto dentro de cada simbolismo que determina el accionar de esta joven que perdió el rumbo de su vida. No hay que creer que la charla le devuelva el timón, pero sí algunas certezas y la manera de afrontar cada paso para no volver a estrellarse sin andar en moto.

Humo que empaña las palabras más sinceras y escalofriantas que, por temor, no fueron pronunciadas. Grises opacando la visualización y lo que podría ser -pero no es ni será-. Un sol que no se ve y que parece querer asomar cuando se traslada el relato a tiempos memorables y felices en que todo era más simple.

Un aroma a gastado que pretende esfumarse para volver a circular.

Los ojos que se posan sobre la mirada ajena para estudiarla e intimidarla, como si lo más importante fuera desplazar en vez de aceptar y continuar.

Quizás el final no sea el más deseado, aunque sí lógico y coherente. En definitiva, dar es dar y no dar para recibir.

Cada cual seguirá como pueda, sin deseos o con ellos, sin esperanzas aunque con ellas. Caminando por un ambiente y teniendo la certeza de que las cosas son lo que son.

Un gran trabajo actoral, con un texto profundamente confesional, y una dirección permiten que Mi humo al sol sea el reflejo de la vida de tantos seres que se ocultan para no avergonzarse y que cuando logran cobrar fuerzas vuelven a acobardarse.

Seguramente la sociedad en nuestro país no colabore demasiado en esto y castigue en vez de reeducar, prive en vez de otorgar, exponga en vez de ayudar y juzgue en vez de perdonar.

Todos somos expertos en temas judiciales y de humanidad, pero nadie suele estar en la piel del otro para comprender que no todos tienen la oportunidad de defender sus valores de manera inteligente.

Esta obra se presentó el 16 de julio en el 11° Festival de Teatro de Rafaela.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una confesión como justicia social

Boy Scout

El psicólogo noruego, Dan Olweus, a principios de los años setenta, comenzó a investigar acerca del acoso y violencia en los colegios. Fue el primero en utilizar el término bullying, ya famoso en nuestros tiempos. El significado está relacionado con pasar por encima a una persona sin tratarla como tal, despojándola de todo tipo de derechos. Bull (toro en inglés) hace alusión a dicha conducta que afecta a un gran porcentaje de adolescentes dentro del ámbito escolar.

Dennis Smith, un talentoso artista, utiliza tres palabras escogidas específicamente: aceptación, concreción y rechazo; para definirlas individual y grupalmente. Así, se produce la apertura al mundo de los sueños y de la realidad cruda que estalla de golpe sin pedir permiso.

Una ambientación, realizada con sogas y nudos, nos traslada a un bosque en que este personaje podrá defender su postura, conocer lo supuestamente correcto y elegir lo que más desea sin que nada le importe. O al menos, intentando que no le importe demasiado.

«BoyScout» es el nombre de esta comedia musical que tiene varios aspectos dramáticos y cómicos en su relato. Es que, desde ya, no causa gracia lo que dice sino el cómo. Dejando demostrada su ductilidad para componer a quien desee, desde la escritura hasta la acción del personaje; este pobre joven oscilará entre la vida y la muerte de manera constante.

Valiéndose de dos fuertes discursos anacrónicos, en los que se conoce su pasado en dos momentos totalmente diferentes; es él quien debe tener la fortaleza para decidir si quiere aprender a armar el tradicional nudo de ahorque o si pretende usarlo para un fin determinado.

Como si se tratara de una clase, los conceptos teóricos acompañan las escenas, una y otra vez; pretendiendo contar con nuestro apoyo por más que ahora es un adulto y ya no lo necesite.

El diferente es aislado, adoctrinado, utilizado. Su alma es violada, por más que no se la toque físicamente. Así, la personalidad de un niño es enajenada, sintiéndose vacía, sin sentido.

«BoyScout» es un trabajo brillante en el que las canciones forman parte del argumento y cada letra oficia de hilo conductor entre sus pesares más antiguos y los más llevaderos.

Un joven que fue invitado a formar parte de lo que se veía como perfecto, aquel campamento en que muchos niños conviven en carpas, en comunidad, aprendiendo cosas “útiles” y siguiendo a un líder que los conduce y enseña.

Bajo ese panorama, él creció, sufrió y, cuando no pudo más, decidió. Porque no estaba acostumbrado a decidir, sino a aceptar lo que otros decidían y eso no significa que el que calla otorga. Él no hablaba por temor, por vergüenza, por no saber cómo hacerse escuchar ni para qué gritarle al mundo -o al menos a sus familiares- lo que sentía.

Este niño es el autor, actor y director. Este niño es cada uno de los incomprendidos, de los que sienten otra sexualidad o despertar, aquellos que no quieren tener la necesidad de justificar lo que desean porque un grupo es ignorante y morboso.

Un carisma envolvente que estruja mi corazón cuando siento su dolor, cuando siento que su relato es el de muchos más que no se animan, cuando tantos adormecidos son silenciados y abusados, cuando las palabras sobran y empiezan a vibrar las melodías.

Cuando el pensamiento queda en reposo para que corra, desesperado, a un lugar aislado del campamento y encuentre el modo de no sentir pudor por lo que le pasa, por no sufrir la miseria ajena.

Consiguiendo emocionar y estremecer a todo espectador, invitándonos a conocer una historia íntima, sencilla y atrapante, con muchos matices que permiten transitar los climas y ambientes descriptos, puntillosamente, por el siempre listo de vestimenta camuflada.

Ese camuflaje que le permitió esconderse y esconder cada uno de sus secretos que en verdad eran sus pesares. Dicho pesares que se convirtieron en conflictos por no ser aceptado. Y sí, creo que un adulto puede luchar, realmente, contra viento y marea; pero un chico precisa de apoyo.

Oscureciendo los momentos que son más privados y llenando de blancos los que merecen más exposición; es que transita esta pieza artística arbolada sin árboles, en que los simbolismos tienen un peso fundamental y en que cada detalle sirve para componer BoyScout. Esta historia es un ejemplo de cómo no hay que vivir o, mínimamente, qué cosas hay tener en cuenta para elegir con el corazón sin sentir que éste se equivoca.

Esta obra se presentó el miércoles 15 de julio, dentro del marco del 11° Festival de Teatro de Rafaela.

Mariela Verónica Gagliardi

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La cultura es un derecho y no un accesorio

Fanfarria Da Vinci16

En Buenos Aires no toleramos a aquellos políticos que destinan los fondos a satisfacciones personales o a egoísmos extremos o a circunstancias que los dejan en evidencia. Siempre, quienes nos dedicamos al ámbito cultural, deseamos que haya presupuesto para las diferentes ramas del arte, de la educación y, quién más quisiera, de las artes escénicas.

En Rafaela (Santa Fe), ocurre lo contrario. Muchos vecinos, critican negativamente al ámbito cultural por promover la cultura y por seguir avanzando año tras año. Por recuperar una construcción tan simbólica como la del Viejo Mercado y convertirla en Centro Cultural, por hacer que la ciudad cada día esté más bonita, artísticamente, y por lograr aquello que se dice y no siempre se siente: que la cultura sea un derecho, no algo para una élite.

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Así, quedó demostrado, en la Apertura del 11° Festival de Teatro de Rafaela -que comenzó hoy- cómo la sociedad rafaelina necesita del teatro, necesita de la cultura, cómo se la apropia ya no como accesorio sino como parte de su vida y cómo desde el desfile en el microcentro hasta la última función en La Máscara, colmó de vecinos felices cada butaca y cada espacio.

Y no existe pretexto para afirmar que la función gratuita tuvo más público que las pagas, porque todas tuvieron éxito.

La fiesta comenzó con Fanfarria Da Vinci (con la intervención del artista Víctor “Tomate”Ávalos, de Buenos Aires), un grupo de músicos cordobeses que desfilaron junto a un dragón enorme, armado con globos, de distintas formas y tonalidades: rosa, blanco y negro -que son los colores elegidos para la artística de este año por el Festival-.

De esta forma, a las 18 hs pudo disfrutarse de pura música, ejecutada por actores circenses que al ritmo de instrumentos de viento y percusión, consiguieron la adhesión del público a lo largo de las calles. Niños de diferentes edades, muchísimos adultos y varios perros que querían escuchar el espectáculo sin ser pisados.

Estamos en invierno y, sin embargo, se sintió verano, en medio de un corso en el que todos esperaban mirar al dragón, tocarlo y sacar cuantas fotos puedan.

Luego, una larga fila nos esperó en el Teatro Municipal Manuel Belgrano para escuchar tanto al Secretario de Cultura (Marcelo Allasino) como al Intendente de Rafaela (el Arquitecto Luis Castellano).

Secretario e Intendente Rafaela

A diferencia del año pasado, esta vez, sus discursos estuvieron más cargados por la emoción y la firmeza de que están por el camino indicado y lucharán contra todo tipo de boicot.

Fue, realmente, una inauguración conmovedora y caben resaltar algunas frases dichas por ambos íconos de la Cultura rafaelina.

«El bien común está en boca de todos (…) Hay quienes se resisten al cambio y hay quienes lo abrazan. Este Festival es una muestra contundente de ese cambio que estamos viviendo como comunidad, es un ejemplo de transformación. Para algunos, el arte sigue siendo un espacio de regocijo elitista, un lujo para pocos o un accesorio prescindible; para otros, una forma de abrir puertas, generar vínculos, un espacio para reconocernos, repensarnos, encontrarnos» (Marcelo Allasino).

También hizo hincapié en que el festival llega a quienes pueden y a quienes no, a los que están en el centro y en los barrios, a las localidades con salas y a los que no las tienen.

Luego, tuvo la palabra el intendente Luis Castellano: “El Festival es una fiesta popular en la Ciudad de Rafaela (…) La cultura y el teatro nos ayudan a encontrarnos.

Popular, encuentro, derechos, cultura y arte; fueron algunas de las palabras que circularon en ambos discursos y que desean quedarse impregnadas en el imaginario social. Como quien sopla el molinillo de viento con un aire de esperanza a que todo cambie a favor o a que, al menos, todo el esfuerzo de más de una década no sea en vano.

También, el Licenciado, se refirió a los inmigrantes -haciendo un breve recorrido por la historia- y recordándonos que fueron ellos quienes colocaron las primeras semillas cuando la tierra era tierra y quisieron crear cultura para ellos y para el futuro.

Ya llegada la noche, el grupo La Pipetuá (de Buenos Aires) hizo su aparición en escena con
La Pipetuá 13 añosun show increíble, aplaudido de pie por los espectadores y demostrando el talento que lo caracteriza desde siempre.

La edad del pavo es el nombre de su espectáculo (dirigido por Teresa Duggan y La Pipetuá), que con un sello se distingue de otros de su género. Mezclando y fusionando el clown, circo, música y destrezas físicas; consiguen un éxito arrollador que puede verse plasmado en cada uno de sus números -los cuales llaman la atención por su lenguaje cotidiano y de fácil llegada al público, por su feedback, por el carisma que tienen de principio a fin y por la excelencia y perfección de todo lo presentado en el show-.

Utilizando la música como principal soporte, a partir del que surgirán pruebas físicas y tradicionales del mundo circense, jugando entre ellos como verdaderos pavotes, realizando chistes sonsos y que, sin embargo, despiertan las carcajadas del público y recreando el universo infantil y para todo público en que justifican cada una de sus elecciones.

Burbujas pequeñas, medianas y gigantes que sirven como contenedoras de cuerpos. Saltos a través de diversos objetos, canciones diversos estilos que logran describir paisajes y sensaciones. Instrumentos de viento, de percusión y todo aquello que escojan para sacarle sonido; ocurrirá a lo largo de este evento.

Los cuatro artistas, cada uno en lo suyo y en lo que mejor sabe hacer, generarán distintas situaciones cómicas y dignas de ser admiradas. Cómo con lo simple y desde lo simple se puede crear algo enorme y de calidad. Fruto del tiempo que permanecen juntos, de su perfeccionismo y de la vocación que con solo mirarlos segundos podemos confirmar.

Caños móviles, que cobran formas, desplazamientos que inundarán de alegría esta función, consiguiendo identidad. Aquí, allá, y en cualquier lugar por el que pase La Pipetuá; es un fenómeno que garantiza pasar un fantástico momento, un delirio tras otro y esa esencia que nos traslada a esos momentos en que éramos chiquitos -como los niños que venían gateando en la oscuridad para verlos cada vez más de cerca-.

Al finalizar esta obra, comenzó en el Teatro Lasserre, Muñeca (de Armando Discépolo,
Muñecadirigida por Pompeyo Audivert y Andrés Mangone). Este drama exhibe al amor en todo su esplendor. Al capricho como sensación irreparable y a la fortuna como la explotación más deshonrosa.

¿Quién es muñeca? Una mujer hermosa que con sus palabras y calidez, se desplaza como si sus pies patinaran y su cuerpo no le pesara en absoluto. Como un objeto que es adquirido, expropiado y utilizado a merced de Anselmo -un hombre espantoso, millonario y con una personalidad ambigua-.

Salida de un placard, se une a la aventura de un grupo de amigos que se debaten entre carreras de caballo, drogas, alcohol y algo de música. Apoyados por un cellista que, además, les hace la ambientación sonora en vivo, estos hombres no recorren la vida sino que la atraviesan. Desean comprar escenas y evitar otras. Hallar a la muñeca que huyó y volver a plasmar la vida tal cual era. No importa quién es ella en verdad sino lo que significa para Anselmo y para su débil situación.

Entre disfraces, glamour y un desfile de bebidas; las noches pasan una tras otra sin interesar nada más. Intentando que el titiritero haga sus jugadas y cada uno de sus caprichos se satisfaga, haciendo aparecer la política (como en todo texto de Discépolo) y utilizando a Uriburu para demostrar que ni un militar ni un radical podrán cambiar la situación en que se vivía y vive. Que todos son parte de lo mismo y, quizás por eso, ellos se encierren en la mansión para disfrutar, de algún modo, aquellos “placeres” de la vida.

Muñeca es una figura, una imagen, un fantasma que se pierde y aparece cuando lo invocan y todo lo que desearían otorgarle.

Cuando no está, los amigos parecen estallar de ira, de dolor infundado y de delirios cada vez más grandes.

La traición es aquello irreparable que surge en esta dramaturgia y que no tendrá más remedio que la tragedia a flor de piel. Como aquel sol que no saldrá jamás y aquellas sábanas que no volverán a alojar a la deseada.

Con actuaciones realmente impecables y una dirección majestuosa, esta versión consiguió crear interrogantes en cada uno de nosotros.

Esta obra fue estrenada por primera vez en 1924 y transcurridos noventa años, hay cuestiones que siguen iguales, otras que se han podido modificar y algunas más que reinarán en todos los humanos.

Mientras tanto, la muñeca de porcelana, ese adornito insignificante para unos e importantes para otros podrá recorrer cada minuto de las vidas de estos patriotas sin patria y la alienación que los invade, hará que no puedan descubrir cuando están despiertos, dormidos, viviendo o muriendo.

Para cerrar la noche, una comedia dramática llamada Doberman (escrita y dirigida por Azul Lombardía), se encargó de materializar muchas risas como al principio de la tarde.

Doberman

Mónica Raiola y Maruja Bustamante, consiguieron formar una dupla exquisita en que demostraron sus dotes para interpretar a unas amigas, más bien conocidas, que tienen algunos asuntos que solucionar.

La primera, una mujer ama de casa, con una sencilla vida; y, la segunda, una madre de seis hijos y un esposo decadente; conformarán la escena de Doberman. Una única escena que se desarrollará en la cocina de una de ellas, mediando la palabra como principal argumento.

¿Qué buscan dialogar tanto?

Con un lenguaje burdo, grosero y súper real en nuestros tiempos; ambas se debaten entre la ironía y la violencia verbal. No cabe revelar el asunto de sus charlas ya que la dramaturgia llegaría a su fin pero sí mencionar los dos personajes tan bien conformados por Mónica y Maruja.

Mónica, luciendo como tímida, sencilla e introvertida; mientras Maruja se va convirtiendo en esa raza de perro tan temida por algunos.

La agilidad en la manera de hablar de una, y la lentitud en la forma de esbozar la palabra de la otra, van delineando la trama de Doberman -una pieza artística que no solo genera tensión y expectativa sino que convierte el drama en comedia y la comedia en drama de un momento a otro-.

Azul Lombardía consigue esta ambigüedad y moldea cada uno de los diálogos para que las actrices sientan comodidad y puedan generar la sorpresa en el público.

Sentadas alrededor de una mesa, durante casi toda la obra, no precisan moverse si lo que tienen para decir pasa por otro lado.

Una llamada en el contestador, una visita inesperada, una enfermedad utilizada para manipular y toda la ferocidad de una mujer que se siente despechada y minusválida. En cuanto esto sea creído y justificado, el peor ataque podría aparecer.

La composición del perro conmueve, permitiendo que veamos cada detalle -desde sus ojos, su expresión en el rostro, su manera firme y convincente al caminar, al moverse- y esa delicadeza en que se escoge qué decir y en qué momento. Como si un animal pudiera hablar, que de hecho lo hace pero con otro lenguaje. Quizás más expresivo como el que puede notarse sobre todo al llegar el final de esta gran puesta en escena.

Tres estilos de obras totalmente diferentes, con vestuarios bien caracterizados y ambientaciones que permiten delinear la historia en cada una de ellas; fueron las primeras en pasar por este Festival que, una vez más, está generando muchísimas expectativas en los vecinos y en público de provincias aledañas que se traslada, al igual que Sabor A Teatro; para observar de cerca este fenómeno.

Mariela Verónica Gagliardi

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Golpe a golpe, verso a verso

Las patas en las fuentes

El peronismo estaba proscripto. No podía mencionarse, siquiera pensarse. Corría el año 1965 y el poeta argentino, Leónidas Lamborghini, escribió un libro titulado El solicitante descolocado -en cuyas páginas se incluía Las patas en las fuentes-.

Una tarde muy calurosa de un 17 de octubre del año 45′, una manifestación espontánea se reunió en la Plaza de Mayo para pedir que Juan Domingo Perón sea presidente. Esto ni siquiera estaba en los planes del futuro líder carismático.

Haciendo alusión a los que aquella tarde se mojaron, desesperadamente, con agua de la fuente para refrescarse, es que Lamborghini realiza el poema que detalla la situación reinante en el país (Revolución Libertadora, 1955), el lugar que ocupaba el peronismo, entrelazando relatos relacionados con el fútbol, el tango, el trabajo y descripciones de situaciones cotidianas.

«Y yo estaba embarazada -dijo-, y me patearon el vientre y mi hijo, desde adentro, aparta furioso mis entrañas y los patea a ellos con furia».

Considero que el modo de escribir de este autor, al igual que su temática, no puede gustar o disgustar a medias. A su vez, el estilo en su escritura y su sinceridad, junto a la gran cuota de ironía, lo convirtieron en un referente del peronismo.

Es una verdadera delicia poder ver y escuchar a Osmar Nuñez (dirigido por Analía Fedra García) interpretando a El solicitante descolocado. Esta dupla es excelente, colmada de talento y amor por el teatro. Solo de esta forma es posible que nuestras lágrimas y congojas se expresen a lo largo de la función, seamos o no peronistas.

El solicitante era un hombre, que buscaba trabajo y no lo encontraba. Que cuando lo encontró no le agradaron las condiciones en que se trataba a los obreros, que encontró maneras muy ocurrentes para redactar pedidos de empleo o renuncias. Era común pero con cuestionamientos al sistema, a la sociedad y a cada persona que se cruzaba por su vida. Era como un filósofo sin serlo, pero pidiendo respuestas, constantemente. No entendía las injusticias y su mente recordaba cada una de ellas.

«Solicitud detállame, el que suscribe, práctico en desorganizar, está deseando ganarse un pan en tu establecimiento».

Quizás algunos poetas puedan refugiarse en sus palabras para decir con menos brutalidad lo que sienten y piensan, pero este no es el caso de Leónidas que no le temía a nada, que era un hombre con ideología y que no tenía grises en su mente.

Así y todo, logró encontrar la fórmula perfecta como para equilibrar tanto contenido político con vivencias propias y ajenas. Este unipersonal, basado en mayor medida en Las patas en las fuentes, halla su existencia en las calles, en lo popular, en lo más básico. Y conmueve, y lo hace sin pedir permiso. Escuchando conversaciones entre parejas que, luego, se vuelven discusiones. Observando a vendedores. Quejándose de partidos de fútbol, de sus jugadores o de sus jugadas por qué no. Citando a Tus noches, Atenas (vals interpretado por Carlos Gardel) para ilustrar la melancolía que siente por un amor que no pudo ser. Sin pedir permiso, entonces, traduce a texto todo lo que su ser se detiene a mirar y se adueña de esos diálogos que convierte en relatos ágiles y atrapantes.

Produce ruido, bronca y angustia que hayan utilizado el término de Revolución Libertadora para referirse a un grupo de militares asesinos que hacían lo que fuera para ocupar el puesto presidencial. ¿Liberarnos de qué? ¿De un mal? ¿De un presidente que había sido electo democráticamente?

El único libertador fue San Martín y si tuviera conocimiento alguno acera de esta época de la historia argentina, volvería a morir instantáneamente.

La función del 14 de junio formó parte del Festival de Poesía y Teatro en el C.C.C.

Mariela Verónica Gagliardi