*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para la Categoría "Eventos"

Minientrada

Hagamos de cuenta que no pasó nada

en-boca-cerrada1

ficha-en-boca-cerradaCuando el elenco de una obra es excelente, la historia (sea cual fuere) ya tiene el éxito asegurado. En esta oportunidad, Jorge Azurmendi (a quien sigo frecuentemente) decidió estrenar En boca cerrada (escrita por Juan Carlos Badillo), una dramaturgia realmente conmovedora que te atraviesa de pies a cabeza, sin exagerar. Con una puesta en escena impresionante, impactante, y que permite que se fusione con las acciones llevadas a cabo por los personajes de este drama.

Se sabe que la época de la dictadura militar está presente, que las desapariciones son frecuentes y que el silencio es moneda corriente. Sin embargo, está presente esa sensación de que todos los conflictos -recurrentes- son parte nuestra. Los dramas que giran en torno a problemáticas familiares tienen su razón de ser y, en este caso, En boca cerrada llega a ser eficiente con su mensaje que, tal vez, sea un despertar en las mentes que, por un motivo u otro, aún continúan adormecidas como con ese hormigueo que solo se va con un buen pisotón.

¿En qué se basa la obra?

Puntualmente, es la muerte del padre de una familia el origen de un cúmulo de traumas, olvidos, manipulaciones, angustias, dolores y ocultamientos que salen a la luz durante el llanto más desgarrador de quien acaba de enviudar.

Esto parece ser un argumento bastante conocido, aunque cabe resaltar que la historia se sitúa en el último año de gobierno de Isabel Perón, habiéndose estrenado la pieza artística en 1984. De hecho, fue muy emotivo escuchar -mientras esperaba para entrar al Teatro del Pueblo- a personas que habían visto la primera versión y que rogaban que la experiencia fuera igual de buena. Ese temor, se disolvió al salir de la sala principal. Un señor me dijo que la obra fue tan maravillosa como hace treinta años atrás, que no cambió nada. Realmente estaba conmovido, sobre todo porque su generación fue la que más padeció esa triste época en el país.

Nadie puede permanecer con los labios pegados durante mucho tiempo. Éstos se secan de tal forma que producen muchísima incomodidad, la respiración debe cambiar su curso y todo el organismo se inquieta en pos de acomodar las partes como se merecen. Todos estos detalles corporales, sinceramente, pueden verse manifestados en los actores -quienes asumen que, algo, debe cambiarse-.

Entonces, ¿qué es lo atrapante de esta obra?

Su recurso narrativo, el estilo de jugar con el pasado y presente… hasta sentir que está jugando con el público presente; como tantas veces los políticos hicieron y siguien haciendo. Cuando una madre se desgarra por no tener de quién hacerse cargo, cuando se quita esa máscara que la «protegía» y puede vislumbrarse su rostro sin maquillaje, puro, con años y décadas de soportar lo que, quizás, no tenía por qué.

La crisis política de Argentina se seguía agudizando, y al año siguiente se desataría la dictadura más sanguinaria y exterminante en el país. Si bien el contexto no se apoya en las desapariciones y asesinatos de víctimas por parte de Videla y sus secuaces, el olor a podrido puede impregnarse por completo. Quizás porque ya sabemos que en poco tiempo se desataría lo peor.

Todos los personajes tienen un cúmulo de características bien específicas que les permiten dejar una determinada huella en el presente o en el pasado. Transcurra el tiempo que transcurra, pareciera ser que los acontecimientos y las experiencias no los han cambiado en absoluto. Como si fuera el código familiar, morderse la lengua antes que decir lo que se supone será un error irreparable.

Mientras la sala de costura confecciona diferentes vestuarios, la novela es esperada como espacio que reconforte un poquito, y las mentiras irán saltando como un resorte infinito.

¿Cómo hubiera sido esta familia si decidía hablar en su momento y no guardarse nada?

Quizás nunca se sepa o quizás podría tratarse de la misión imposible de reconstruir el año anterior al Golpe del 76´ en que todo era tan incierto como las muertes, sin piedad, que se desataban.

Un lecho que no es de rosas sino todo lo contrario, un mueble que aloja a un matrimonio que no se quiere en absoluto. Acá radica el origen de la sucesión de problemas futuros que se fueron avecinando como lluvia con granizo.

El elenco es increíblemente poderoso, convincente y con la función precisa de no defraudar a los espectadores que ya conocen la pieza dirigida por Agustín Alezzo. Un doble desafío del que, al parecer, salen ilesos estos grandes artistas.

Después de ver En boca cerrada es posible que no tengas demasiado filtro. Es preferible expresar que callar. Porque se dice que: el que calla, otorga; y si de algo podemos estar seguro es que eso no siempre es tan así.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Desenmascarando lo peor del ser humano

viva-la-mentira1

Mi lengua se tuerce por no declarar”.

Aprendí a mentir, cualquier sentir, a destrozar la ilusión de un semejante”.

Viva la careta, la burla, el desparpajo y la impunidad, vivan las sonrisas falsas con dientes falsos”.

Voy a decir las primeras y las últimas verdades: ¡la mentira!”

Talento y más talento es lo que hace de ¡Viva la mentira! (dirigida por Aimé Percícula) una obra teatral muy buena, en la que los diferentes matices se complementan, se fusionan, se agrupan y disuelven. Todo es posible cuando la elección de texto es deleitosa, variada y sin producirse altibajos durante la función.

La ironía es el ingrediente principal y fundamental para que nos podamos reír (hasta el hartazgo) de la muerte, hacerle pito catalán, demostrarle que es una pavada temerle por anticipado así como tenerle lástima a los seres más desfavorecidos.

Viva la mentira refortalece una vez más la noción de hipocresía, dejando en evidencia al humano y su complacencia.

Desde los coloridos y específicos vestuarios que luce cada una de las actrices, hasta los objetos que utilizan (no solo para decorar sino más bien para componer sus personajes y remitirse a momentos determinantes) hacen relucir aún más sus dotes.

Cada sketch no es un abrir y cerrar de ojos sino una puerta que se abre lentamente para luego conectarse con la habitación de al lado y hacernos dar cuenta que, en verdad, no estamos observando desde afuera, sino desde el lugar en que se desarrollan tales atrocidades, sentires, gritos, súplicas y sufrimientos.

Resulta que no todo está en la cosmopolita ciudad de Bs.As, sino mucho o casi todo. Quizás sus grandes teatros, espacios artísticos y amplias avenidas cumplan la misión de distorsionar la realidad. Y con esto no quisiera hacer una escala de valores, sino poner en evidencia que en el Conurbano existe un semillero de actores que son súper talentosos, que reman a diario contra viento y marea, que inauguran espacios en diferentes sitios y pueden no solo darse el gusto sino vivir de su amada profesión.

Hace unos meses conocí Ubuntu -un pequeño y gran lugar que se dedica exclusivamente al teatro- en pleno centro de Ramos Mejía. Y lo que sucede con este barrio es que me remite a mi infancia, a mi adolescencia y ahora a mi adultez. Porque es un entorno precioso y en el que tuve la posibilidad de conocer al grupo Las Torcidas, un elenco que actualmente está girando con una obra genial, en la que cuatro actrices (Mara Nievas, Nadia Saade, Mercedes Fittipaldi y Lina Ferrari) interpretan monólogos de Alejandro Urdapilleta: La hija de la mucama, La mamanis, La llorona y Los caminos que conducen a los ataúdes.

Y sí, hay demasiado humor por todos lados, pero el bueno no abunda y, considero que interpretar al genio de Urdapilleta no es nada fácil. Fue así como cada una de las actrices compuso de pies a cabeza un personaje y ocurrió algo sensacional: como si se tratara de cuatro completas desconocidas, se pelearon, se disputaron, se cruzaron, se corrieron del medio y todo en pos de unos segundos más de fama.

No quisiera ponerme a juzgar quién estuvo mejor que quién porque cada una de las mujeres supo transgredir y traspasar la escena para conectarse con lo más profundo de su monólogo y situación. Entonces, en todo caso, sería una crítica injusta ya que por gusto personal podría escoger un relato que me agrade más y eso me derive en señalar a la mejor actriz.

¿Qué sucede cuando un cuerpo expresa desde la voz y lo gestual, completamente?

¿Qué pasa cuando vemos a una niña en el cuerpo de una mujer, a una viejita en el cuerpo de una joven, a una linyera arrastrando la vida y viéndola pasar?

Ahí está Urdapilleta pero un poco más moderado, no tan cruel. Podríamos decir que un tono más familiar, como para que alguien que jamás lo vio y/o escuchó, pueda no salir despavorido.

Sus extremidades se desplazan, se aferran al suelo o separan de él. De repente podemos imaginarnos estar en el sitio al que nos trasladan cada uno de sus recursos aplicados. Pareciera ser que la venganza se fue apoderando, con el tiempo, para no soltarlas jamás.

A su vez, el resentimiento es la gasolina perfecta para que estas locas de atar puedan sacar a flote sus planes macabros, hacernos descostillar de la risa y darnos la oportunidad de sentir al humorista ahí.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Un regreso inesperado

img_20160922_170607_489

El Ciclo Cervantes en el Cervantes, presentó este lunes un unipersonal en el que se recrea la esencia de la gran humorista y comediante: Niní Marshall. La interpretración estuvo a cargo de la actriz Magalí Meliá y debo confesar que lo que más me atrajo fue que no se trató de una copia sino, justamente, de una recreación en la que Magalí rescató los modismos, códigos y cadencias con que Niní nos deleitaba con cada uno de sus personajes.

Y… se nos fue redepente es la invitación al velorio del difunto Don Pascual y a esa atmósfera y sensación que se percibe al ingresar a la sala en que se despide a un ser querido. Claro que Niní aprovecha para jugar, como era su costumbre, con el humor negro e inmiscuirse con lo que podrían hacer los más pequeños en ese entorno.
Son los juegos de pelota y corridas (que podemos escuchar a lo lejos) quienes separan cada uno de los sketchs en que podemos deleitarnos con: Catita, Doña Pola, Niña Jovita, Mónica, Doña Caterina y Cándida.

Con un vestuario bien específico para cada situación y rol, es que Electra? (la viuda) será contenida, acompañada, y quién sabe si podrá salir del caos imperante que llega al final de la despedida de su marido. Una despedida, como tenía que ser, muy original y que trascenderá por doquier.

De eso se trata el universo de esta artista que fue prohibida durante varios años de dictadura y que, sin embargo, consiguió llegar con su léxico a muchísimos hogares que se fueron encariñando con su manera incorrecta de hablar, con su simpatía, con la impronta de cada situación y el timing en que conseguía pasar de un acto a otro irrisoriamente.

Cabe mencionar que al ingresar a la sala Orestes Caviglia y notar que la única escenografía es una corona de muertos, realmente impacta. Por más que se trate de un espectáculo cómico, la muerte es siempre angustiante en nuestra cultura. Pero, al transcurrir unos minutos pareciera ser que nos vamos acostumbrando a compartir dichas flores y aguardar la actuación de la actriz. Vale la pena conocer a Magalí Melía para quien no conozca de su trabajo, vale la pena saber que no precisa copiar para hallar lo más relevante de Niní y quienes percibimos ello pudimos aplaudirla muchísimo.

Su respeto se transforma en admiración, la misma que tenemos quienes amamos a Marshall, la misma que puede contagiarse al repetir frases, dichos, o, simplemente, palabras sueltas. Porque dialogar hablando incorrectamente es como un nuevo lenguaje que tarda en asimilarse y, en este caso, hablar bien podría ser un error y la pérdida de gracia total de cada una de las performance.

La presente actriz no se confunde, logra plantarse en el escenario y transmitir monólogos sin igual, provocándonos la carcajada inmediatamente, sin reparo.

Componiendo un personaje tras otro y luciendo diferente en cuestión de segundos, ella sorprende. Siendo joven, mucama, chusma, cogotuda, anciana y teniendo mucho para decir -como menciona sobre el final de la obra-.

Actriz: Magalí Meliá
Dirección: Ariel Leyra
Función: 19 de septiembre 2016
Teatro Nacional Cervantes

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

La amargura de existir

img_20160913_165514_459

Los textos de Patricia Suárez reflejan realidades, tan crudas y concretas, que resulta imposible escaparse de ellas, huyendo. En esta oportunidad, la dramaturgia El escorpión, demuestra cómo tres hermanos que fueron criados por los mismos padres y bajo las mismas reglas pueden convertirse en su adultez en seres tan diferentes e incluso imposibles de ser asociados como familiares de idéntica sangre.
Esta obra, dirigida por Claudio Aprile y protagonizada por tres actores (Maru Costas, Cynthia Mykietyn, Alejandro Curlane) que consiguen transmitir, principalmente, la esencia de quienes son; nos llevará a lo más íntimo de un clan perdido en La Pampa de los años 40. Estos artistas tienen sus momentos para lucirse y escenas en las que, por la tiranía del relato, vayan destacándose uno por sobre el resto. Resulta admirable el personaje compuesto por Maru Costas, quien logra un remate fiel a lo que venía elucubrando desde un comienzo, haciendo derretir su poca cordura y fundiéndola con la más temible locura e ira, sin poder distinguir entre la realidad real y un ilusionismo originado por su propio desequilibrio.
La locura, la obstinación, el desarraigo, y la terquedad se apoderan de los tres hermanos impidiéndoles ver con los ojos del amor y quitándoles la oportunidad de reivindicarse de algún modo.
Se sabe que las cuestiones de herencia son problemáticas, por lo general y el dinero puede arremeter contra toda dignidad.
Esta es una historia para sentir, para entornar los ojos y escuchar esas voces colmadas y rebalsadas de dolor, de un dolor tan pero tan profundo que resulta imposible de soslayar. Si ellos tuvieran las herramientas para pensar con claridad, para no dejarse llevar por dichos de terceros y actuaran como humanos; tal vez hallarían el valor para ubicar en cada lugar los sentimientos en carne viva que no pueden cicatrizar ni ahora ni después.
Con respecto a la puesta en escena, el director consigue utilizar la sala 3 del Teatro La Comedia a su antojo y lo digo de este modo porque podemos sentirnos como en casa, como en un living desde el que presenciamos una eterna pelea familiar que no se resuelve como debería. A la puesta la acompaña una iluminación tenue en sepia que tiñe oscuridad el ambiente, convirtiendo las acciones en una fotografía estática, reiterativa y que gira como un círculo vicioso, enturbiando el ya pesado aire.
Los escorpiones son reconocidos por su color negro y por clavar un aguijón. Esta es la síntesis de los arácnidos asociados con el horóscopo, con un estilo de personalidad y con el accionar de algunos seres humanos que utilizan la venganza y el delirio para construir su presente y futuro.
Solamente considero que existe algo a tener en cuenta en referencia al timing entre las escenas, para que el relato pueda entenderse al culminar cada una de éstas y no parezcan falsos finales.
Esta dramaturgia tiene dos visiones: una en la que deberíamos seguir el relato de la hermana mayor y otra en la que nuestro foco debería estar centrado en el hermano. Cada quien podrá escoger, argumentar y justificar. En lo que respecta a mi sentir, considero que el hermano es el único que ha cuidado de sus padres hasta el último momento y no existe manera de culparlo. Como él menciona en varias ocasiones, sus dos hermanas estuvieron ausentes y jamás ayudaron. ¿Por qué entonces tildarlo de ladrón y/o asesino?
Dinero, hectáreas, cuentas que no cierran y el deseo del peor final para quien se considera la oveja negra.
Mientras los vestuarios de luto deberían mostrar tristeza, la pelea final se cobrará una víctima.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

El amor y la soledad como problemáticas sociales

noches-blancas1

ficha-noches-blancasPodría introducir a la presente pieza artística mencionando que si te dicen que no debes hacer tal o cual cosa, lo más probable es que intentes todos los medios para rebelarte. Por lo tanto, si un hombre le dice a otro que no se enamore de él: dicho desenlace puede imaginarse de inmediato. La histeria entre humanos es tan añeja como podría suponerse y nadie estará en condiciones de arrojar la primera piedra.

Considero que las dramaturgias de Ariel Gurevich son un caso aislado, en el buen sentido de la palabra. Hay quienes nos fanatizamos y enamoramos de escritores que reflejan realidades añoradas, pretendidas y dentro de las que podríamos ser aún más felices que en las reinantes, deslizándonos en una cierta fantasía tan recreada como propia.

Noches blancas es su nueva obra y realmente brilla por donde se la mire, por donde se la sienta. Fiódor Dostoievski es su original autor y Ariel su nuevo discípulo argentino. Para quienes conocen el texto ruso podrán notar bastantes cambios pero, también, coincidirán en que la esencia se mantiene intacta. En que el personaje principal continúa tan solitario y encerrado en ambas versiones, soñando despierto con una realidad que no se anima a construir, observando como cual viejo a la gente, sus conductas y vidas, sin armarse una propia. Porque, lo que suele pasar es que resulta más sencillo decir sobre los otros que sobre uno mismo.

En la adaptación vigente, Gurevich decide colocar como escenario protagónico la casa del personaje principal, provocando aún más agobio y encierro que si se tratara de las calles de Petersburgo y aledaños -donde, al menos, podría respirarse un poco de aire fresco-. Al suceder todo entre cuatro paredes, la asfixia se potencia y la angustia crece de inmediato. A la vez que el mobiliario minimalista y blanco, ayudan a completar la ambientación precisa para ubicarnos en tiempo y espacio en que se irán desarrollando las acciones poéticas durante algunas extensas e inolvidables noches.

A la excelencia de Gurevich se suman los tres actores que se desenvuelven memorablemente, que atraen en todo momento y permiten que, en silencio, contemplemos tan bello trabajo artístico.

Dostoievski había centrado su historia en la vida de un hombre de 26 años que se comportaba como alguien muchísimo más grande, sin experiencia en el mundo y sin haber tenido algún tipo de roce con mujeres. Esto es un aspecto que lo hace relucir como un hombre ideal, un hombre que nunca cometerá excesos ni errores. Claro que, como se podrá notar, nada de eso pasará, ya que se enamorará de Nastenka, una adolescente que vive con su abuela ciega (atada, literalmente, a ella) y sin posibilidad aparente de tener vínculo con el afuera. Esta relación que surge espontáneamente en un muelle, no será exactamente igual a la que se origina en el relato teatral ya que son dos hombres (Nelson Rueda y Esteban Masturini) los que se sienten identificados y pasan sus veladas.

El rol de la mucama Matryona lo encarna Silvana Tomé, al igual que la caracterización de otros personajes femeninos con los que los espectadores podremos deleitarnos una y otra vez. Realmente, el ritmo del mambo, la salsa (y algunas otras melodías pegadizas) le otorgan un aire renovador, fresco y con una atmósfera en la que es posible relajar el cuerpo, moverlo hacia ambos lados y disfrutar el amor que en algún sitio podrá hallarse.

Una ficción, integrada por ficción, a la que se suman dos relatos atemporales. Un narrador que dice y desdice sus logros y fracasos, que se delinea de un modo a veces completamente distinto al que se puede ver.

Silvana Tomé con su gran excelencia vocal nos trae canciones que complementan las escenas y les da una bocanada de aire fresco, recordando que la pesadez no siempre tiene que ser semejante.

Como dice en un momento del libro, acerca del soñador: es «una criatura de género neutro». Entonces, la decisión de colocar a dos hombres que interpreten a la pareja (originalmente heterosexual) no modifica en absoluto la esencia, sino que los sigue conservando como utópicos.

«Era como si se hubieran olvidado de mí, como si fuera un extraño para todos». Y con este frase ya es posible sumergirse en la melancólica lectura en que los mortales se irán dando cuenta que la soledad es, tantas veces, una elección, mientras que existen varias modalidades de cambiar y no permitir que la soledad nos escoja.

Los objetos simbólicos (como una gorra, la estatuilla de un perro, una cadenita, un alfiler de gancho, entre otros) se encargan de ir delineando todo aquello que tendrá notoriedad en Noches blancas de Gurevich. Y, lo más interesante de todo es que la soledad es combatida con soledad, el amor con romanticismo y la elección justa cuando se pretenda. En cuanto al autor ruso, su rostro es proyectado, sus días en prisión (por contradecir a un zar) recordados y la angustia de aquella soledad tan desahuciada, sentida como si jamás se hubiera podido compensar.

En lo que se refiere al aspecto romántico y amoroso, a lo largo de toda la historia se pueden ver presentes. Un abrazo, una palabra, una frase alentadora y el deambular de aquellas almas solitarias que se creen perdidas y absortas pero que, aún, encontrarán la forma de encontrarse y encontrar -así y solo así- la esperanza de vivir más libremente, sin depender de un otro para ser feliz y conectándose con el mundo como se pretenda.

La fantasía es espejo de la sombra, se escucha decir en cierto momento de la obra y esta frase, al igual que tantas otras, quedarán flotando en el éter para que nos las apropiemos y podamos ponerlas en juego en el momento exacto.

En cuanto al ritmo del relato, existen momentos en que se verbalizan las acciones opuestas a las llevadas a cabo, y, por otros, el silencio se apodera de ellos, cautivándolos. Es la poesía que engalana e hila los conceptos de la historia en que el humano es desposeído de todo lo material para mirarse por dentro. La filosofía también se suma al relato y al lugar que ocupa cada ser en el mundo.

De repente el texto de Dostoievski se siente bien cercano, muy cercano, con nombres de acá, con sensaciones de acá y cuestionamientos de todas partes que casi siempre seguirán siendo los mismos. La soledad no es un problema, el problema es como se lleve.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Frustradas sí, pero con humor negro

img_20160922_194606_410

En una Francia de pos guerra, totalmente triste y abolida, Jean Anouilh escribe la obra de teatro Orquesta de señoritas, una historia que verdaderamente ilustra cómo eran sociedad de aquel entonces y el estereotipo de mujeres que existían -ocultadas tras el machismo dominante-.

Con un elenco formidable, súper talentoso y reconocido en el ambiente artístico-teatral; esta versión viene a resonar nuevamente los cumplidos de estas femeninas que pretenden tener un espacio no solo en el escenario sino en la vida. Al estilo de un café concert, no sabemos a ciencia cierta qué piensa el público ni qué opina, aunque sí podremos ponernos en su lugar (aunque sea por una noche) y transmitir nuestras sensaciones durante la función.

Osmar Nuñez es quien representa a la directora de orquesta, con una Hortensia muy mandona, que se lleva al mundo por delante y que no tiene escrúpulos para hacer lo que le plazca. Pareciera ser que los sentimientos se los ha olvidado en algún antiguo baúl y ya no encuentra buenos modos de transmitir las cosas.

Mientras este pintoresco personaje se luzca por encima de los demás (por cuestiones de la dramaturgia), las otras damas intentarán relajarse y aprovechar los intervalos para darse consejos de recetas de cocina, de tejidos y del amor en general. Como un grupo de amigas querrán prestarle el hombro a la que más sufra y secarle las lágrimas a la que no encuentre cómo sanar su corazón.

El único personaje masculino será el interpretado por un pianista que no se cansará de repartir su amor por doquier. Vale aclarar que todos tienen rasgos bastante ciclotímicos, algunos más neuróticos que otros y con una hiper sensibilidad por todo aquello que se diga opuesto a lo que se pretenga oír.

Si bien Orquesta de señoritas es una obra del género comedia, tiene algunos aspectos dramáticos que darán mucho para análisis. Las carcajadas ocultan el dolor de quienes más sufren, la sobreexageración tapa la sensibilidad propia del ser humano y el mundo artístico demostrará su frivolidad -aquella frialdad que permite que unos sean y otros mueran en el intento-.

Todos los personajes que componen esta magnífica puesta en escena se lucen y cautivan notoriamente, así como el género absurdo se apodera incluso de los instrumentos que no suenan más que en nuestra imaginación.

Una comedia picante que utiliza la burla e ironía para enseñar a no frustarse, a seguir adelante y a luchar por los propios sueños.

Hortensia demuestra que es menos hipócrita (en verdad la más auténtica) que el resto de las concertistas, diciendo que: Durante la guerra, en plena ocupación, me negué a tocar para los alemanes. Conozco a otras, que no tuvieron tantos escrúpulos.

Tirarse de la lengua -una a otra- pareciera ser uno de los recursos que más se utilizan en la historia, al igual que un negro en el vestuario para lucir el luto por la miseria que estaba atravesando el país así como por la tristeza irremediable. Sin embargo, estas señoritas pretenden ser músicas y entretener a los más «afortunados», dando un espectáculo realmente ridículo, con canciones de diversos ritmos y en las que ocurrirán distintas desgracias, así como una notoria desafinación.

Almas desesperadas, conflictuadas, unas más puras que otras, unas más nobles que otras, otras más despiadadas que el resto. Personajes atados a una moral muy fuerte, imposibilitados de vivir pasionalmente y sin importarles el qué dirán. Si, al menos, pudieran observar a Hortensia, copiar su desenfreno y pisar sin titubear, podrían aniquilar esa patética adulación hacia otros, que les hace sentir una autoestima más baja de la que deberían tener.

Autor: Jean Anouilh
Actúan: Norberto Gonzalo, Edgardo Nieva, Jorge Paccini, Carlos March, Miguel Jordán, Ernesto Larresse y Osmar Nuñez
Dirección Jorge Paccini
Funciones: lunes y martes 21 hs
Teatro La Comedia

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

El amor es el mejor cóctel contra la nostalgia

otono1

Escribir sobre determinadas temáticas que pueden no requerir investigar pero sí indagar en nuestro interior; es lo más difícil que puede existir. Porque vincularnos con un texto, con unos personajes adorables como los de Otoño (escrita y dirigida por Marcelo Ruiz, sobre un cuento de Julia Gambetti) y con una atmósfera cálida, angustiante y que, incluso, tiene un ritmo reiterativo -que no agobia ni cansa al espectador- requiere un mayor compromiso.

Así como durante el verano podemos disfrutar de los días infinitos de sol, en primavera continuarlos y en invierno descansar un poco de las altas temperaturas; es el otoño la estación más temida por sus lluvias, por sus paisajes secos y melancólicos en los que quizás lo que más se disfrute sea el pisar las hojas secas y escuchar el crujir sensacional. Fuera de eso, podríamos desear amanecer con rayos luminosos y no desesperarnos por las nubes incesantes.

Cuando el clima es fresco y dura largo tiempo, los problemas que se puedan tener se exacerban… por algo se habla de las fuentes de energía en las culturas incaicas.
Basándonos específicamente en el argumento de la presente dramaturgia es que vemos a una tía (Dora Sajevicas) que vive en un geriátrico y a su sobrina (Lorena Cammar) que la visita cada domingo. Nuevamente aquí, el autor precisó encontrar varias herramientas vinculadas con el estado de ánimo, con la depresión, con el miedo. Pero Otoño no es solo un conflicto o varios sino una historia muy tierna en la que se recurre a los vínculos humanos tantas veces olvidados.

Una tía que no representa a la tradicional ancianita sino a una mujer con un gran pasado, llena de anécdotas y vivencias amorosas con las que podría escribir varios libros y tener éxito. Quizás, el éxito que no tuvo en su vida real por no animarse a plantear lo que sentía.

Siempre pareciera salir a la superficie la famosa culpa, apuñalando de un solo golpe a aquel que se atreva a soñar sin piedad del qué dirán. Como si el valiente fuera tildado de todos los insultos habidos y por haber, dejando en escena solo a los «prudentes» y «leales». Como si el traicionar a los demás fuera peor que traicionarse a sí mismo.

Existen bailes, cantos, sonrisas, llantos, más risas y un sinfín de sentimientos que harán viajar al público hasta un lugar que no es sencillo llegar -sobre todo cuando no se tienen cuestiones resueltas-. No pretendo asustar ni estigmatizar a la obra con estos comentarios, sino todo lo contrario. Podría definir a Otoño como una pieza artística totalmente noble, bien narrada, en la que sus dos actrices se lucen y en la que es posible plantearse muchísimas cosas de la vida misma. Solo hay que estar abierto y sensible porque la energía que se vive durante la función pone la piel de gallina, ¡haciéndonos sentir vivos!

Creo que todos, absolutamente todos, nos planteamos en algún momento quién se hará cargo de nosotros en la vejez, cómo accionaremos cuando nuestros padres alcancen una determinada edad o simplemente qué es lo que se debe hacer ante determinadas circunstancias en que un cuerpo no responde como en la juventud «eterna». Los mal llamados gerontes, como si se los denominara similares a un trapo de piso, desprovistos de gracia y acomodados en el mueble que menos incomode. ¿Es mejor persona el que hace a su pesar o el que sigue el instinto de deseos, dejando atrás todo tipo de «obligaciones morales»?

Si no existiera la culpa, la sinceridad se apoderaría de cada rostro y la luminosidad haría olvidar a la estación más triste del año.

Una historia para reír y llorar, para conmoverse y para agradecer cada minuto de existencia en este mundo. Mientras el amor reine en nuestras vidas todo será posible y cada rinconcito olvidado podrá convertirse en suspiros de enamorados, en fragancias de flores y el más exquisito té de un domingo por la tarde.

Esta función se realizó en el Teatro El Errante (Av. Rosales 1345 – Palomar)

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

ESTRENO EN ARGENTINA: DESDE EL 7 DE SEPTIEMBRE Y POR 4 UNICAS SEMANAS EN EL MAIPO KABARET

IMG_20160902_195903_908

UN ESPECTÁCULO ÚNICO, DIVERTIDO E IRREVERENTE DONDE EL TANGO SE ENCUENTRA CON EL MIMO Y LA DANZA

LOS GUARDIOLA

A pesar de ser habitués desde su formación en 2003 de los más importantes festivales de Europa y Asia,  el dúo Los Guardiola compuesto por Marcelo Guardiola y Giorgia Marchiori nunca han actuado en Argentina con un show propio. Luego de sus últimas presentaciones a Italia y Francia, y antes de continuar con la gira que los llevará en octubre nuevamente a esos países y a Qatar, Los Guardiola presentarán su show en el Maipo Kabaret durante cuatro únicas funciones los días 7, 14, 21 y 28 de septiembre a las 21 hs.

Marcelo Guardiola es bailarín, actor, músico y director teatral y el creador de la investigación “Tango-Teatro” que desde 1999 tiene como objetivo la creación de un nuevo tipo de espectáculo que integre la música, la danza y la poesía del tango. Giorgia Marchiori es bailarina, actriz, coreógrafa y doctora en filosofía. Ambos han integrado en 2003 este dúo, cuya originalidad reside en contar una historia a través del mimo y la danza.

En 2004 recibieron en Buenos Aires, el diploma de honor «Milongueros-bailarines: Nueva Generación», y fueron declarados de Interés Cultural por la Secretaría de la Cultura de Presidencia de la Nación.

En el 2016 la Academia Nacional del Tango de la República Argentina les otorga el Auspicio Institucional como «Artistas de tango que difunden la cultura tanguera» algo que vienen realizando en Argentina, Brasil, Chile, Dinamarca, Eslovenia, España, Francia, Inglaterra, Italia, Qatar, Rusia y Suiza.

UNICAS FUNCIONES: 7, 14, 21 y 28 de septiembre a las 21hs.

MAIPO KABARET – Esmeralda 443

Localidades: $ 350 / $ 250 / $ 150.-

En boletería del teatro, o llamando a PlateaNet 5236-3000

VISA y VISA DÉBITO Tarjetas exclusivas.

MARCOS MUTUVERRIA
Prensa / Duche&Zárate

Minientrada

Sobrevivientes de la Shoa

IMG_20160827_135405_256Existen pocos primerísimos primeros planos y primeros planos, ya que al ver sus expresiones en planos generales es posible transmitir y captar una enorme e infinita tristeza.

Generaciones que podrían marcar distancia y que, sin embargo, se fusionan, se conocen, se integran y así sanan el gran dolor de la ignorancia de unos pocos que tuvieron el poder para aniquilar sin piedad a millones de judíos.

Resulta imposible, siendo judía, no sentir este documental que narra las verdades de un modo exigente, sagaz y profundizando algunas historias de vida en las que sus protagonistas cuenta todo el dolor sufrido por aquellos años de calvario.

Jamás lloré tanto a lo largo de un film. Y es que cuando se trata de un documental, son otras matices y sensaciones las que se ponen en juego. Conocer la inmensidad de cada protagonista, su relato, su modo de «sanar» y transmitir su historia es lo que hace de Monumento (de Fernando Díaz) un proceso histórico vigente que tiene que existir por siempre para no refugiarse en el perozoso olvido de quienes intenten acallar los llantos, el hambre, la tortura y la sangre derramada dentro y fuera de un campo de concentración.

Con respecto a eje del guión, podría afirmarse que existen dos: uno que se centra específicamente en un proyecto llamado Aprendiz, y, el otro, en el proceso que fueron atravesando los arquitectos-artistas hasta la creación del monumento en el barrio de Palermo. Cabe resaltar que en 1996, el Congreso Nacional sanciona la Ley 24.636 bajo la que se permite la construcción del «Monumento Nacional a las Víctimas del Holocausto judío». Recién en el año 2009, la Secretaría de Cultura de la Nación llama a un concurso público para presentar proyectos, siendo los ganadores Gustavo Nielsen y Sebastián Marsiglia (ambos arquitectos).

Por momentos parecieran ser dos relatos separados pero bajo ningún aspecto fragmentados. De hecho, seguir el procedimiento de construcción le permite al espectador relajarse un poquito, hasta que los sobrevivientes vuelvan a tener la palabra.

Diana Wang (Directora Generaciones de la Shoa) es quien ideó este Proyecto Aprendiz para el que un grupo de jóvenes tuvo la gran experiencia y oportunidad de conocer bien a fondo a algunos sobrevivientes de la Shoa. De allí, fueron rescatados algunos momentos realmente muy conmovedores y angustiantes, escogidos tan precisamente que cumplieron el efecto de dar escalofríos. Como la sensación que puede causar algo totalmente helado en un cuerpo indefenso. Cómo el relato de uno de estos sobrevivientes cuando le comenta a la joven: ¿Puede una persona dormir en la nieve? Y, de ahí en más, cuenta sus días en ese clima poco propicio para la supervivencia. Sin embargo, él (al igual que el resto de estos «afortunados») consiguió pelear contra todo y seguir en este mundo.

Un campo de concentración, varios campos, lugares que no deberían haber existido jamás y que sin embargo seres decrepitosos y sin alma pudieron llenar de víctimas a su antojo. El modo en que un artista plástico hizo un dibujo por cada 10 mil muertos provoca desesperación, que la vista se obnubile y tenga que tomarse la dimensión real de esta tragedia, de este exterminio hacia el pueblo judío que tuvo el único «defecto» de existir como tal.

Una de las mujeres narra su partecita, afirmando cómo vio a su papá por última vez, rememorando las dos colas que se hacían (por sexo). Quedarán por siempre, en el imaginario social, sus palabras -al igual que las de sus compañeros- al decir cómo fue salvada por una familia católica y cómo fue el momento de reencontrarse con sus padres biológicos, a los que jamás pudo volver a llamar de ese modo.

«Es un monumento a la vida». Dicho monumento presenta lo que se perdió y a los genocidas actuales.
Monumento es un documental que conjuga el sentimiento, el arte, la historia y la técnica deleitosa para armar con todas estas herramientas un producto fílmico.
Berlín (Auschwitz) al final es simplemente el desenlace, un encuentro entre los vivos y los muertos, una vela que se enciende para homenajear a los que ya no pueden hablar.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

El propio despertar

Princesas

PH: Claudio Araya Silva

Ficha Princesas«Sos una princesita», «ya va a llegar tu príncipe azul», «van a ser felices para siempre»…

Estas y más frases, solemos escuchar desde chiquitas, como si nuestras vidas en algún momento se fueran a asemejar a la de los cuentos y películas de Disney. Y, como si al conocer la verdad y origen de todas esas historias -repetidas de generación en generación- nos pudieran hacer mujeres felices, pero de verdad.

Cuatro actrices se sumergen en la piel y esencia de los cuentos de hadas más clásicos para, a partir de ellos, construir nuevos relatos. Así, la pieza teatral Princesas (escrita y dirigida por Claudia Eid Asbún) nos muestra y demuestra cómo es posible desmitificar lo superficialmente bello para dar como resultado un nuevo producto que no es producto sino humanidad.

La ironía estará presente a lo largo de toda la dramaturgia y al terminar se podrá sentir cuánta chatarra hemos consumido durante gran parte de nuestras vidas.

Hombres que salvan simplemente por ser bellos o tener poder o ser príncipes o tener reinados, oro y besos que hacen despertar a una dama de su letargo.

Esta obra es la que abre el 2° Festival Latinoamericano de Teatro y el Cervantes es quien hospedará a esta función y la de mañana viernes, así como un gran abanico de propuestas escénicas aquí y en el Ecunhi, realmente interesantes de presenciar.

Con un público, al menos en esta función, conformado por más mujeres que hombres fue posible sentir una cálida atmósfera y la brisa -que, de a poco- podrá seguir modificando el mundo con sus inútiles códigos machistas y colocarnos a las mujeres en el lugar (luchado hasta el final) que deseamos, no que los hombres añoran tantas veces.

Para esto, el teatro experimental y vincencial resulta ideal; permitiendo un recorrido súper interesante y cautivante en el que los espectadores no perdemos el interés jamás.

Las historias de Cenicienta, Blancanieves y los siete enanitos, Pocahontas y La sirenita se apoderarán del espacio escénico y tendrán verdadera voz como se merecen. Dejarán de ser esas adolescentes soñadoras que sueñan sueños de otros, para lograr ser tenidas en cuenta en el mundo contemporáneo -en el que casarse no es el único destino probable-.

Voces de niñas van reiterándose desde un comienzo para crear el clima apropiado y luego hacer estallar en adultas los caprichos de un sistema capitalista que se resquebraja de a poco, que ya no tiene sentido pero sí lógica.

Aroma a manzana, a una, a muchas, a su jugo que se esparce por cuerpos inocentes, que se pegotea y permite patinar por una superficie, jugando al juego escogido, tiñendo las tradicionales estructuras de explicaciones coherentes y profundas. ¿Todas las niñas son iguales y desean lo mismo? ¿El beso del príncipe azul salva de algo a aquellas mujeres crucificadas?

Pero, cabe aclarar que Princesas no es una obra feminista sino una apuesta elevada, que conjuga el teatro, la danza y diferentes performances; que está muy lejos de replicar los discursos feministas y machistas, sino que se ubica desde un sitio inteligente en el que muchísimas mujeres nos sentiremos identificadas.

La música se encarga de ir hilando los retazos en sepia y descoloridos de aquellos cuentos que cada vez tienen menos valor pero que, sin embargo, siguen cobrándose vidas. Es entonces cuando el pop se fusiona con la música clásica y la electrónica, entre algunos de los ritmos surgidos, para conformar una Latinoamérica en la cual vernos reflejadas, valoradas y vivenciadas.

El ser perfecta no tiene validez y, posiblemente, al terminar la función, se pueda comprender aún más que nunca existieron ciertos parámetros y que ni siquiera la matemática puede salirse con la suya.

Cuando los hombros se contraen, los abdómenes buscan formas nuevas, el silencio se subraya y el relato de un hombre dará aún más aciertos que preguntas.

Una niña tratada como sirvienta, una sirena a la que se le quita la voz, la hija de una reina que muerde una manzana envenenada y otra que vive en una tribu aborigen. Las cuatro tienen en común que desean salir del lugar en el que están y les han hecho creer que la llegada de un hombre (distinto a prototipo que conocen) las salvará de dicho hábitat, convirtiéndolas en criaturas completamente mágicas, súper felices y que sentirán la satisfacción plena de haber hallado el amor cuando ni siquiera saben lo que esto significa.

Uno de los puntos más interesantes de esta puesta se centra en la reflexión, pero no en un cuestionamiento desde afuera sino más amistoso: por ejemplo, las amigas se juntan y al momento de escuchar la vivencia de una, le preguntan los motivos que la hacen pensar o sentir de tal o cual modo. Así es como la figura recta y uniforme se cae de un soplido y deberá ser construida artesanalmente juntando los propios deseos.

Espejos que las muestran y hacen ver como son, dejando atrás ese pasado no escogido del todo, en el que sus vidas eran mercancías vendidas al mejor postor, con colores rosados y músicas al ritmo del vals, para inmiscuirse en los cerebros menos pretenciosos y despojados de sentido (¿común?).

Movimientos demasiado lentos (que podrían poner a ansiosos a espectadores masculinos no acostumbrados a este tipo de puesta) nos dan la oportunidad de oler la fragancia del amor, de vibrar junto a cada serie coreográfica que pretende ser solo lo que desde adentro sale como una pulsión necesaria para cambiar por necesidad. Quizás se pueda vislumbrar que no existe una perfección en cada paso, pisada o acción y es que de eso se trata Princesas, de ser a su modo, a su necesidad, a su tiempo, a su mirada, no a lo que una sociedad pretenda de ellas.

Desde ya que la dramaturgia, las interpretaciones de los cinco artistas y la puesta en escena es cautivante, de un vuelo supremo y que pone la piel de gallina completamente. Somos ellas, ellas somos nosotras, por eso es que podremos (juntas) seguir rompiendo cuanta manzana se nos cruce por el camino sin probar lo «prohibido» para morir y despertar en un mundo aún más podrido.

Entonces es cuando el público deberá responder a un estímulo provocado por los artistas y todo cambiará. Quizás algunos comprendan el significado y otros simplemente rían superficialmente. Lo importante es que quienes hallan comprendido el lenguaje y códigos de Princesas, transmitan a las niñas reales que el mundo de ficción es solo eso y que la realidad no es ni mejor ni peor, sino distinta.

Cuidate de los hombres, se escucha decir por allí. Y los cuerpos son limpiados, sanados y convertidos en sus cuerpos no los de ellos ni los de nadie. Ya no existe la apropiación sino el cuidado, el verdadero cuidado no solo la alerta o el miedo.

Mariela Verónica Gagliardi