*** Julio 2017 ***

noches-blancas1

ficha-noches-blancasPodría introducir a la presente pieza artística mencionando que si te dicen que no debes hacer tal o cual cosa, lo más probable es que intentes todos los medios para rebelarte. Por lo tanto, si un hombre le dice a otro que no se enamore de él: dicho desenlace puede imaginarse de inmediato. La histeria entre humanos es tan añeja como podría suponerse y nadie estará en condiciones de arrojar la primera piedra.

Considero que las dramaturgias de Ariel Gurevich son un caso aislado, en el buen sentido de la palabra. Hay quienes nos fanatizamos y enamoramos de escritores que reflejan realidades añoradas, pretendidas y dentro de las que podríamos ser aún más felices que en las reinantes, deslizándonos en una cierta fantasía tan recreada como propia.

Noches blancas es su nueva obra y realmente brilla por donde se la mire, por donde se la sienta. Fiódor Dostoievski es su original autor y Ariel su nuevo discípulo argentino. Para quienes conocen el texto ruso podrán notar bastantes cambios pero, también, coincidirán en que la esencia se mantiene intacta. En que el personaje principal continúa tan solitario y encerrado en ambas versiones, soñando despierto con una realidad que no se anima a construir, observando como cual viejo a la gente, sus conductas y vidas, sin armarse una propia. Porque, lo que suele pasar es que resulta más sencillo decir sobre los otros que sobre uno mismo.

En la adaptación vigente, Gurevich decide colocar como escenario protagónico la casa del personaje principal, provocando aún más agobio y encierro que si se tratara de las calles de Petersburgo y aledaños -donde, al menos, podría respirarse un poco de aire fresco-. Al suceder todo entre cuatro paredes, la asfixia se potencia y la angustia crece de inmediato. A la vez que el mobiliario minimalista y blanco, ayudan a completar la ambientación precisa para ubicarnos en tiempo y espacio en que se irán desarrollando las acciones poéticas durante algunas extensas e inolvidables noches.

A la excelencia de Gurevich se suman los tres actores que se desenvuelven memorablemente, que atraen en todo momento y permiten que, en silencio, contemplemos tan bello trabajo artístico.

Dostoievski había centrado su historia en la vida de un hombre de 26 años que se comportaba como alguien muchísimo más grande, sin experiencia en el mundo y sin haber tenido algún tipo de roce con mujeres. Esto es un aspecto que lo hace relucir como un hombre ideal, un hombre que nunca cometerá excesos ni errores. Claro que, como se podrá notar, nada de eso pasará, ya que se enamorará de Nastenka, una adolescente que vive con su abuela ciega (atada, literalmente, a ella) y sin posibilidad aparente de tener vínculo con el afuera. Esta relación que surge espontáneamente en un muelle, no será exactamente igual a la que se origina en el relato teatral ya que son dos hombres (Nelson Rueda y Esteban Masturini) los que se sienten identificados y pasan sus veladas.

El rol de la mucama Matryona lo encarna Silvana Tomé, al igual que la caracterización de otros personajes femeninos con los que los espectadores podremos deleitarnos una y otra vez. Realmente, el ritmo del mambo, la salsa (y algunas otras melodías pegadizas) le otorgan un aire renovador, fresco y con una atmósfera en la que es posible relajar el cuerpo, moverlo hacia ambos lados y disfrutar el amor que en algún sitio podrá hallarse.

Una ficción, integrada por ficción, a la que se suman dos relatos atemporales. Un narrador que dice y desdice sus logros y fracasos, que se delinea de un modo a veces completamente distinto al que se puede ver.

Silvana Tomé con su gran excelencia vocal nos trae canciones que complementan las escenas y les da una bocanada de aire fresco, recordando que la pesadez no siempre tiene que ser semejante.

Como dice en un momento del libro, acerca del soñador: es “una criatura de género neutro”. Entonces, la decisión de colocar a dos hombres que interpreten a la pareja (originalmente heterosexual) no modifica en absoluto la esencia, sino que los sigue conservando como utópicos.

“Era como si se hubieran olvidado de mí, como si fuera un extraño para todos”. Y con este frase ya es posible sumergirse en la melancólica lectura en que los mortales se irán dando cuenta que la soledad es, tantas veces, una elección, mientras que existen varias modalidades de cambiar y no permitir que la soledad nos escoja.

Los objetos simbólicos (como una gorra, la estatuilla de un perro, una cadenita, un alfiler de gancho, entre otros) se encargan de ir delineando todo aquello que tendrá notoriedad en Noches blancas de Gurevich. Y, lo más interesante de todo es que la soledad es combatida con soledad, el amor con romanticismo y la elección justa cuando se pretenda. En cuanto al autor ruso, su rostro es proyectado, sus días en prisión (por contradecir a un zar) recordados y la angustia de aquella soledad tan desahuciada, sentida como si jamás se hubiera podido compensar.

En lo que se refiere al aspecto romántico y amoroso, a lo largo de toda la historia se pueden ver presentes. Un abrazo, una palabra, una frase alentadora y el deambular de aquellas almas solitarias que se creen perdidas y absortas pero que, aún, encontrarán la forma de encontrarse y encontrar -así y solo así- la esperanza de vivir más libremente, sin depender de un otro para ser feliz y conectándose con el mundo como se pretenda.

La fantasía es espejo de la sombra, se escucha decir en cierto momento de la obra y esta frase, al igual que tantas otras, quedarán flotando en el éter para que nos las apropiemos y podamos ponerlas en juego en el momento exacto.

En cuanto al ritmo del relato, existen momentos en que se verbalizan las acciones opuestas a las llevadas a cabo, y, por otros, el silencio se apodera de ellos, cautivándolos. Es la poesía que engalana e hila los conceptos de la historia en que el humano es desposeído de todo lo material para mirarse por dentro. La filosofía también se suma al relato y al lugar que ocupa cada ser en el mundo.

De repente el texto de Dostoievski se siente bien cercano, muy cercano, con nombres de acá, con sensaciones de acá y cuestionamientos de todas partes que casi siempre seguirán siendo los mismos. La soledad no es un problema, el problema es como se lleve.

Mariela Verónica Gagliardi

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