*** Agosto 2017 ***

Princesas

PH: Claudio Araya Silva

Ficha Princesas“Sos una princesita”, “ya va a llegar tu príncipe azul”, “van a ser felices para siempre”…

Estas y más frases, solemos escuchar desde chiquitas, como si nuestras vidas en algún momento se fueran a asemejar a la de los cuentos y películas de Disney. Y, como si al conocer la verdad y origen de todas esas historias -repetidas de generación en generación- nos pudieran hacer mujeres felices, pero de verdad.

Cuatro actrices se sumergen en la piel y esencia de los cuentos de hadas más clásicos para, a partir de ellos, construir nuevos relatos. Así, la pieza teatral Princesas (escrita y dirigida por Claudia Eid Asbún) nos muestra y demuestra cómo es posible desmitificar lo superficialmente bello para dar como resultado un nuevo producto que no es producto sino humanidad.

La ironía estará presente a lo largo de toda la dramaturgia y al terminar se podrá sentir cuánta chatarra hemos consumido durante gran parte de nuestras vidas.

Hombres que salvan simplemente por ser bellos o tener poder o ser príncipes o tener reinados, oro y besos que hacen despertar a una dama de su letargo.

Esta obra es la que abre el 2° Festival Latinoamericano de Teatro y el Cervantes es quien hospedará a esta función y la de mañana viernes, así como un gran abanico de propuestas escénicas aquí y en el Ecunhi, realmente interesantes de presenciar.

Con un público, al menos en esta función, conformado por más mujeres que hombres fue posible sentir una cálida atmósfera y la brisa -que, de a poco- podrá seguir modificando el mundo con sus inútiles códigos machistas y colocarnos a las mujeres en el lugar (luchado hasta el final) que deseamos, no que los hombres añoran tantas veces.

Para esto, el teatro experimental y vincencial resulta ideal; permitiendo un recorrido súper interesante y cautivante en el que los espectadores no perdemos el interés jamás.

Las historias de Cenicienta, Blancanieves y los siete enanitos, Pocahontas y La sirenita se apoderarán del espacio escénico y tendrán verdadera voz como se merecen. Dejarán de ser esas adolescentes soñadoras que sueñan sueños de otros, para lograr ser tenidas en cuenta en el mundo contemporáneo -en el que casarse no es el único destino probable-.

Voces de niñas van reiterándose desde un comienzo para crear el clima apropiado y luego hacer estallar en adultas los caprichos de un sistema capitalista que se resquebraja de a poco, que ya no tiene sentido pero sí lógica.

Aroma a manzana, a una, a muchas, a su jugo que se esparce por cuerpos inocentes, que se pegotea y permite patinar por una superficie, jugando al juego escogido, tiñendo las tradicionales estructuras de explicaciones coherentes y profundas. ¿Todas las niñas son iguales y desean lo mismo? ¿El beso del príncipe azul salva de algo a aquellas mujeres crucificadas?

Pero, cabe aclarar que Princesas no es una obra feminista sino una apuesta elevada, que conjuga el teatro, la danza y diferentes performances; que está muy lejos de replicar los discursos feministas y machistas, sino que se ubica desde un sitio inteligente en el que muchísimas mujeres nos sentiremos identificadas.

La música se encarga de ir hilando los retazos en sepia y descoloridos de aquellos cuentos que cada vez tienen menos valor pero que, sin embargo, siguen cobrándose vidas. Es entonces cuando el pop se fusiona con la música clásica y la electrónica, entre algunos de los ritmos surgidos, para conformar una Latinoamérica en la cual vernos reflejadas, valoradas y vivenciadas.

El ser perfecta no tiene validez y, posiblemente, al terminar la función, se pueda comprender aún más que nunca existieron ciertos parámetros y que ni siquiera la matemática puede salirse con la suya.

Cuando los hombros se contraen, los abdómenes buscan formas nuevas, el silencio se subraya y el relato de un hombre dará aún más aciertos que preguntas.

Una niña tratada como sirvienta, una sirena a la que se le quita la voz, la hija de una reina que muerde una manzana envenenada y otra que vive en una tribu aborigen. Las cuatro tienen en común que desean salir del lugar en el que están y les han hecho creer que la llegada de un hombre (distinto a prototipo que conocen) las salvará de dicho hábitat, convirtiéndolas en criaturas completamente mágicas, súper felices y que sentirán la satisfacción plena de haber hallado el amor cuando ni siquiera saben lo que esto significa.

Uno de los puntos más interesantes de esta puesta se centra en la reflexión, pero no en un cuestionamiento desde afuera sino más amistoso: por ejemplo, las amigas se juntan y al momento de escuchar la vivencia de una, le preguntan los motivos que la hacen pensar o sentir de tal o cual modo. Así es como la figura recta y uniforme se cae de un soplido y deberá ser construida artesanalmente juntando los propios deseos.

Espejos que las muestran y hacen ver como son, dejando atrás ese pasado no escogido del todo, en el que sus vidas eran mercancías vendidas al mejor postor, con colores rosados y músicas al ritmo del vals, para inmiscuirse en los cerebros menos pretenciosos y despojados de sentido (¿común?).

Movimientos demasiado lentos (que podrían poner a ansiosos a espectadores masculinos no acostumbrados a este tipo de puesta) nos dan la oportunidad de oler la fragancia del amor, de vibrar junto a cada serie coreográfica que pretende ser solo lo que desde adentro sale como una pulsión necesaria para cambiar por necesidad. Quizás se pueda vislumbrar que no existe una perfección en cada paso, pisada o acción y es que de eso se trata Princesas, de ser a su modo, a su necesidad, a su tiempo, a su mirada, no a lo que una sociedad pretenda de ellas.

Desde ya que la dramaturgia, las interpretaciones de los cinco artistas y la puesta en escena es cautivante, de un vuelo supremo y que pone la piel de gallina completamente. Somos ellas, ellas somos nosotras, por eso es que podremos (juntas) seguir rompiendo cuanta manzana se nos cruce por el camino sin probar lo “prohibido” para morir y despertar en un mundo aún más podrido.

Entonces es cuando el público deberá responder a un estímulo provocado por los artistas y todo cambiará. Quizás algunos comprendan el significado y otros simplemente rían superficialmente. Lo importante es que quienes hallan comprendido el lenguaje y códigos de Princesas, transmitan a las niñas reales que el mundo de ficción es solo eso y que la realidad no es ni mejor ni peor, sino distinta.

Cuidate de los hombres, se escucha decir por allí. Y los cuerpos son limpiados, sanados y convertidos en sus cuerpos no los de ellos ni los de nadie. Ya no existe la apropiación sino el cuidado, el verdadero cuidado no solo la alerta o el miedo.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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