*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para la Categoría "Danza"

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Vivan las diferencias

Los fabulosos Buu

El mundo color de rosa y el mundo de la oscuridad, se enfrentan como fieles enemigos. Todo lo mágico, lo delicado y “perfecto” aparecen en uno de los personajes, mientras el resto se encuentra en las penumbras más tenebrosas.

Una familia, de apellido Buu, protagoniza esta entretenida historia que lleva el título de Los fabulosos Buu (con idea de Barby Ostrovsky, escrita por Gastón Marioni, dirigida por Rubén Viani y con música de Hernán Matorra), en que todo lo que se creía de una manera se da vuelta. Sí, como el mundo del revés.

Cada teoría esbozada se cuestiona para, luego, analizarla y cambiarla. No existe lo correcto o incorrecto, el bien o el mal. Solo los supuestos cobran protagonismo para replicar diferentes pareceres.

¿Quién no ha visto Los locos Adams sin sentir fascinación por los personajes, por su estilo de vida y, seguramente, creyó que la locura era otra cosa? Los Buu (Silvana Tomé, Alfredo Allende y Meme Mateo) son adorables, atípicos y convierten lo espantoso en divino.

Hoy me levanté con el pie derecho – menciona la madre de Mía al comenzar su día. Y todos los parámetros y supuestos se tiran a la papelera de reciclaje.

Mal día, se dice al hablar por teléfono, y las carcajadas surgen sin parar hasta el final.

Cada frase y cada estructura se convierten en lo opuesto, valiéndose de la originalidad y creatividad.

¿Cómo podría ser que un monstruo no asuste y una cara bonita sí?

Hay gustos para todos y elecciones para todos.

Los fabulosos Buu es una pieza artística que tiene el honor de contar con una dramaturgia excelente, que despierta a aquellas mentes cerradas y a los corazones estructurados, haciéndoles conocer que no solo existe un mundo posible sino al menos dos y que se puede ignorar uno pero no invalidarlo. Como herramienta fundamental de esta comedia se encuentra la música, a cargo de Hernán Matorra, que le otorga dinamismo y acción a la trama; al igual que la dirección impecable y precisa de Rubén Viani.

Esta familia, compuesta por un matrimonio y su hija, vive feliz hasta que ésta última descubre que existe otra realidad posible y con la que se quiere vincular. Así, comienzan los conflictos que irán, de a poco, solucionándose.

Ante lo desconocido es común que exista una especie de miedo o temor. Sería como conocer a una sociedad con costumbres y valores opuestos a los nuestros, o con diferentes concepciones sobre la vida o el universo.

Luna (Sofía Pachano) es la niña bien, delicada, vestida con colores femeninos y dotada de una gracia absoluta para lo artístico. Frente a ella, su nueva compañera de colegio, Mía (Meme Mateo), quien contrasta y es capaz de mostrar cómo ser una monstrua puede llegar a ser lo más lindo y actractivo en cuanto a belleza.

Villa Espanto vs. Bella Vista, dos ciudades con particularidades que se enfrentan y unen para nutrirse y aprehenderse.

Toda certeza es esparcida para crear, en conjunto, un nuevo lugar donde pueden convivir los lindos, los feos, los aceptados, los rechazados, los que afinan y los que desafinan. Hay pocas cosas que no se pueden cambiar y esta es una de las enseñanzas en las que se apoya la dramaturgia.

A Mía le atrae lo desconocido y, como toda niña, no tendrá temor en andar por el camino prohibido y descubrir, por sus propios medios, si su familia es un ejemplo a copiar o si prefiere otro distinto.

El encargado de resaltar los valores de ambas compañeras de curso será el profesor de arte (Sebastián Pajoni), un docente, también, no convencional, que logra maravillarse ante la vida y enseñando aquello que no está en los libros sino en lo cotidiano.

Como si fuera una poción mágica, este grupo de talentosos, viene a ocupar el escenario desde un lugar diferente en que lo normal asusta y lo anormal atrae.

Muchas veces pienso que tenemos una sociedad bastante dormida y que, si todos, hiciéramos arte, el mundo estaría pintado de colores, como un arco iris. Como eso no ocurre, el resultado es una sociedad que juzga al que se sale de los estereotipos de belleza, de moda, de normalidad…

Entre coreografías, cantos y diálogos, Los fabulosos Buu consigue lucirse y permitir que quienes no sean convencionales tengan su espacio para sentir comodidad y relajarse -al menos durante una hora-.

Qué lindo y cuán gratificante sería para nuestra cultura el poder dar sin esperar recibir, y el hacer sin pretender.

Como copias idénticas, todos y todas quieren parecerse -de pies a cabeza- y no ser señalados con el dedo. Quizás, el primer cambio para ser como los Buu se base en no esperar la aprobación ajena sino en tener confianza en cada paso que demos. Solo así se podría esperar una integración del resto, de esa masa que se cree intocable y que tiene mucho caminar por aprender de familias como esta. Un maquillaje asombroso, una careta o una pluma en la cabeza. ¿Qué importa lo que se luzca?

Casi todo puede adquirirse, solo es cuestión de soltar y soltarse.

Elenco: Sofia Pachano, Silvana Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende, Sebastian Pajoni. Música: Hernán Matorra. Idea y coreografía: Barby Ostrovsky . Dramaturgia: Gastón Marioni. Dirección general: Rubén Viani. Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444 – C.A.B.A.).. Funciones de martes a domingos, 16 hs y 18 hs.

Mariela Verónica Gagliardi

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Saltando más que nunca

Adriana7

Los niños no deberían conocer de problemas legales ni de cuestiones internas entre autores, intérpretes, etcétera. Pero, lo cierto es que hace varios años que la conductora infantil Adriana, no puede cantar la canción del Sapo Pepe. Sí, aquella que convirtió al anfibio verde en protagonista de fiestas, cumpleaños y celebraciones de los más chiquitos. Ese sapo que era un sapo y que la conductora, con su calidez y don de artista tocó con la varita mágica.

Por tal motivo, Adriana consiguió dotar a un nuevo animalito, que tiene las mismas características que el original, y bautizarlo como Poing Poing. De hecho, este nombre le da la característica de saltarín y, todos, realmente todos, relacionamos a ambos personajes con Pepe. Si bien Pepe fue privado de su libertad escénica -junto a la carismática Adriana-, su reemplazo no se nota entre niños y adultos.

Un Teatro Astral, lleno totalmente, hospeda a muchísimas familias que están felices de llevar a los chiquitos como excuso para presenciar este espectáculo. Es un show de colores, con muchos personajes atractivos y simpáticos que irán preparando el cumpleaños del Sapo Poing Poing. Timoteo, Lolo, Michu, Pimpón, Armando, Cholito, Lulú y Pepa serán los encargados de homenajear a su amigo y, hasta que llegue ese momento tan ansiado, nos irán divirtiendo con diversas canciones y coreografías.

Entre cumbias y diversos ritmos musicales, cada personaje tendrá su momento para darse a conocer, lo que permite aunar al público (consiguiendo nuevos seguidores y pintándoles sonrisas a los mismos de siempre).

¿Los adultos? Sí, realmente fascinados, moviéndose y cantando todos los estribillos. Participando en todo cuanto Adriana proponía. Es que cuando un show está bien hecho, con mucho amor y dedicación, sucede esto. Máxima felicidad de todos, y mientras estoy en el palco observo a una pareja de abuelitos que junto a su nieta, están contentos, admirando todo.

Lugar para el que miro, encuentro acción y clima festivo.

Entre tantas gamas de colores, formas, escenografías y estilos rítmicos, todo se desarrolla placenteramente.

Mientras tanto, envidias infundadas y mercenarias pretenden apropiarse del fruto de trabajo de esta educadora que no solo hace pasar un grato momento sino enseñar valores, tantas veces olvidados o perdidos en nuestra sociedad.

Las cartas documentos, los reclamos y todo daño a la imagen de Adriana, jamás podrán quitarle su lugar. Sabemos que la justicia no siempre es justa, pero quién más que los chicos para defender a la indiscutible madre de Pepe.

Mientras su papá, toca una canción en el teclado, ella lo acompaña cantándola y la celebración de Poing Poing no tarda en llegar.

Una verdadera fiesta que alegra a todos los corazones.

El sapo de los chicos salta en su lugar,

salta hacia delante,

salta para atrás.

Salta de costado,

para los dos lados,

este baile sí te va a gustar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Los ochenta del musical

Sr. Imaginación

Hay espectáculos para niños que, muchas veces, pretenden replicar ciertos programas televisivos o películas de Disney, montando obras de bajo presupuesto y, dejando relucir que no se puede aspirar a aquello que no se tiene con qué. Y haciendo hincapié en este cuestión, no me refiero solamente a un tema económico sino al despliegue y creatividad que debe tener una obra para lo más chiquitos, a quienes se sigue subestimando.

Estas vacaciones de invierno, las princesas volvieron a escena y, por suerte, varios productores y directores apostaron por explorar diferentes historias que despierten en los niños la curiosidad y las ganas por encontrarse a sí mismos en momentos de aburrimiento total.

Sr. Imaginación (escrita y dirigida por Pablo Gorlero) es una excelente propuesta para compartir en familia. Y, por qué digo esto. Porque es uno de los periodistas de teatro que más conoce de musicales y que consiguió armar su propio espectáculo rescatando las canciones que escuchábamos -nosotros los adultos- de pequeños.

Así, María Elena Walsh, Gabi, Fofó y Miliki, Pipo Pescador, Julieta Magaña, el Topo Gigio, Enrique y Ana, Flavia Palmiero, Cantaniño, entre algunos de los que suenan en escena; permitirán que la cultura no se ahogue en aguas turbias y comerciales.

Elis (Elis García), Magalí (Magalí Sánchez Alleno) y Florencia (Florencia Benítez) son hermanas y tienen dos problemas: uno es que se tienen que mudar y, la otra, que al crecer olvidar ciertas cosas importantes.

Los recuerdos no tardarán en llegar y cada juguete, objeto y canción las trasladarán a aquellos años en que la magia se apoderaba de sus risas. Para ello una voz del más allá (Sr. Imaginación) las guiará por un sendero de luz en el que deberán confiar en sí mismas para encontrar su corazoncito infantil, aquel que las hará saltar nuevamente a la soga, al elástico, encontrar un cassette, la pepona gigante y llegar a la conclusión de que en verdad la música es la única encargada de despertarles esa melancolía por el pasado en que fueron tan felices y puedan recuperar lo que creían olvidado.

Durante el recorrido por este mundo mágico y asombro también tendrán la oportunidad de conocer a un superhéroe que es más bien un antihéroe, aunque luce como el primero con su capa. Él es Pablo Graib, quien se unirá a las tres jóvenes para entonar los versos más bonitos de la infancia. Quizás, los niños de ahora no tengan la posibilidad de conocerlos en su totalidad (eso dependerá de sus padres y entorno), entonces esta obra cobra, aún, más importancia ya que les permite escuchar una música que en los 80´ y 90´ desfilaba por todos los hogares, siendo la protagonista de nuestros primeros pasos en la vida.

Canciones para dormir, para saltar, para conocerse, para ser feliz. Canciones para todo y todos. Canciones populares y creadas para artistas de verdad que buscaban quedar en el imaginario social y colectivo. Canciones que buscaban unirnos y enseñarnos dónde se encontraba la felicidad. Canciones sin insultos ni degradaciones, ni bajezas.

Toda la historia sigue su recorrido hacia el pasado, enamorándose, conociéndose, jugando y representando situaciones hasta que aparece Aberdinangus (Facundo Magrane), un peculiar y encantador personaje que les recuerda un aspecto importante de la vida: el de no discrminar al diferente.

Juntos, con un vestuario lleno de colores -estilo vintage-, con una puesta en escena también en diferentes tonalidades y una iluminación que, en conjunto, cumple un papel fundamental en la obra; se consigue un producto novedoso, atractivo y en el que los artistas incluyen a los niños, haciéndolos partícipes del espectáculo. ¡Y qué importante que es esto! Que bailen juntos, que se conozcan, que bajen del escenario para cortar, al menos por un momento, la distancia que los separa.

Los cinco actores del musical tienen realmente destreza para las tres disciplinas y esto tiene un valor agregado. Cantan en vivo, bailan en vivo y actúan en vivo. Así debe ser una comedia musical que pretende ser mencionada como tal.

Gorlero merece una felicitación por llevar al Teatro Astral este colectivo de melodías que todo adulto de al menos treinta años conoce y desea, al menos durante una tarde, revivir.

Mariela Verónica Gagliardi

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La ternura de crear

Cinco pal peso

Se dice que el que busca encuentra, y si hay algo que me caracteriza es la investigación e indagación acerca de un tema en particular.

A lo largo del 11° Festival de Teatro de Rafaela, acudí a todas las funciones en la carpa de circo que tuvieron lugar a las 15 horas. Realmente, todas las tardes fueron soleadas, los niños comían pochoclos, estaban felices y, los adultos, también.

Siempre, cuando asisto a espectáculos para pequeños voy abierta a conocer un nuevo mundo, creado especialmente para ellos. Como una puerta mágica, aparecen personajes que pueden ser payasos, malabaristas, trapecistas y acróbatas, entre otros. Pero, lo que muchas veces no existe es un lenguaje acorde a los niños, invadiendo su espacio con malas palabras, términos chabacanes y violencia verbal; quizás para congraciar con el público adulto.

De todas formas, mi búsqueda finalizó en el día de hoy y Cinco pal peso (de Circo El Conventillo) es la propuesta infantil más representativa de todo el festival siendo, además, la única que narra una historia -con principio, nudo y desenlace-, con personajes que viven en un conventillo de La Boca, que interactúan entre sí y que se lucen esplendidamente.

Este elenco tiene lo necesario como para brillar, sin encender antorchas que puedan peligrar a los espectadores, ni insultos o términos despectivos. Solo demostrando sus habilidades, su calidad como artistas y la ternura que les permitió pintar sonrisas durante la función que más espectadores tuvo en la carpa.

Cinco pal peso narra las vicisitudes entre varios inquilinos que apenas ganan dinero y que nunca llegan a pagar su alquiler. La dueña del conventillo es una anciana no demasiado antipática que intenta cobrarles en todo momento. Pero, ¿qué hacer cuando no se tiene con qué?

Esta historia es para grandes y chicos, una puesta en escena muy colorida en que los tangos desfilarán sonoramente, hasta que una pareja de bailarinas rompa con el esquema tradicional y alcancen la cima -trepando por unas telas que las exhibirán con muchísima gracia y técnica-.

También tendrá lugar un boxeador yanqui -que hará su performance en una hamaca-, y la participación que nos dejo boquiabiertos a todos de una bailarina que fusionará sus movimientos gitanos con la tela. Lo asombroso es que ella no solo trepa y cae, sino que se desplaza. Como si consiguiera -y de hecho lo hace- bailar sobre la altura y contagiando ese profesionalismo sobre todo en las niñas que no dejaban de admirarse con su presencia y de comentarles a sus mamás sobre este número.

Mirando a mi alrededor, pude notar que había más mujeres que hombres casualmente. Y no es de extrañarse ya que tuvo lugar el partido entre Atlético de Rafaela y River, dejando las calles totalmente desiertas.

La elegancia, suavidad y unión de este grupo de circo consigue transmitir un encanto diferente, la esperanza de que aún existen propuestas de calidad en este género y que puedan educar a los más pequeños sin tener que hacer alusiones a cosas grotescas o a menospreciar la sexualidad de una mujer para erigirse como hombres.

En un barrio bien arrabalero está Palmito, que vendría a ser el más carismático de todos, quien utiliza su sonrisa para salirse con la suya y hacer reír a cada rato. Un plomero que en realidad no lo es pero que debe convertirse en tal porque así lo quiso quien lo confundió, y una serie de enredos totalmente ocurrentes y divertidos como para pasar una tarde genial. Y una ama de casa que desfilará con sus tacos rojos, una y otra vez, hasta alcanzar la altura y hablar desde allí.

Como anecdótico, no pude dejar de mirar a un perro que se adueñó del escenario y precisaba compañía, moviendo la cola de alegría. Los perros en esta Ciudad tienen muchísima personalidad y considero que no se sienten para nada mascotas. Así lo demostró este can que se compró al público y que, tal vez, podría ser invitado a participar espontáneamente, sin caer en la humillación de algunos circos que aún los siguen viendo como seres inferiores.

Mariela Verónica Gagliardi

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No hay que juzgar antes de conocer

Shrek

Los cuentos de hadas, princesas, príncipes y demás personajes tradicionales para niños; no tienen el mismo lugar ni la misma enseñanza.

Aquellos pobres pequeños que se sienten muchas veces obligados a vestirse de una manera, con un color que se supone femenino o masculino, a frecuentar determinados lugares y a utilizar ciertas palabras por mandatos sociales; no tienen espacio en esta comedia musical que está basada en la película Shrek (la cual se origina gracias a la novela de William Steig).

En el año 2001 se lanza el film que tino de verde la historia del ogro, el prejuicio de lo que se consideraba como desagradable, poco estético, anti-heroico y feo. No es en “Shrek, el musical” (dirigida por Carla Calabrese) que un príncipe rescata a la princesa que se halla prisionera desde los siete anos.

Una puesta en escena con todo lo que tiene que tener un musical para brillar y destacarse, para entretener a chicos y grandes, para hacer revivir el film estadounidense, sus momentos más tensionantes y dignos de disfrutar en familia.

Los cuatro protagonistas: Shrek, Fiona, Burro y Lord Farquaad; son increíbles. Con un carisma sorprendente, con talento único y con esa gracia que se precisa para llevarse al público en el bolsillo enseguida.

Así es Shrek que cuenta su sufrimiento, como sus padres le dieron libertad y el sintió abandono; el Burro que tiene mucha suspicacia y necesidad de tener un amigo; Fiona que desea todos los días de su vida poder vivir como quiera, terminando con el hechizo que le hicieron de niña; y Lord que solo necesita una esposa para cumplir con su egoísmo y convertirse en Rey.

Pablo Sultani consigue plasmar y proyectar una voz impostada que realmente se asemeja al mundo animal. Sin siquiera hacer esfuerzo, así se percibe y desde sus manos gigantes hasta su brutalidad, le otorgan el poder para rescatar a la mujer que ningún caballero valiente consiguió.

Mela Lenoir, interpreta a una princesa muy suave, delicada y con una belleza que se plasma tanto en su rostro como en su gracia.

Esta dupla se fusiona deleitosamente y, juntos, logran cantar como humanos y ogros, venciendo todo tipo de fronteras y encontrando lo que buscan.

Sin lugar a dudas, quien se gana el corazón de todos es el simpático burro, quien con ternura, paciencia y humildad puede obrar de mediador y ganarse el lugarcito que tanto necesitaba. Talo Silveyra, con una sonrisa y desplazándose de un lugar a otro del pantano, demostrando que toda cobardía puede ser superada con amor y confianza tanto en sí mismo como en los demás.

Y, con respecto a Roberto Peloni, considero que lleva a cabo el personaje más difícil ya que no debe solamente hacer valer su propio cuerpo sino el de un títere, motivo por el cual los movimientos y acciones que se observan, pertenecen a otro ser, movido por sí mismo. Esto se torna muy atractivo ya que puede bailar coreografías, saltar, montar a caballo y sorprender con sus habilidades.

Es justo destacar a todo el elenco ya que, en conjunto, es como se consiguen tan buenos resultados. Pero, debo resaltar algunos momentos ya que sino la nota seria eterna.

Una de las escenas más lindas se produce cuando se encuentran los aldeanos con Shrek, se conocen, se odian y, pasadas ciertas circunstancias logran entenderse. Los aldeanos buscaban lo mismo que todos los integrantes de esta historia: ser libres y felices.

Son muchos los valores que están impregnados, fuertemente, a lo largo de la dramaturgia y en cada una de las canciones vocalizadas. Justamente, las letras de dichas canciones son las que llega al imaginario social y que quedan guardadas den el corazón. La animación llevada a escena, también, consigue su objetivo de conmover y dejar grabadas imágenes en cada uno de los espectadores.

Los personajes de cuentos clásicos ya no sirven, quedaron obsoletos y, sus dueños, se quieren deshacer de ellos. Pero, al igual que otras historias, Pinocho, la Bruja, el Hada madrina, entre algunos de los que aparecen: tienen voz y voto. Saben lo que quieren y no van a darse por vencidos. Como una rebelión en la granja, esta manifestación les surge desde lo más profundo.

En cuanto a otra escena importante y fabulosa, se encuentra la del trío conformado por tres Fionas: la niña, la adolescente y la adulta. Las tres mujeres son una misma y lucharan hasta poder salir de ese castillo en que se encuentran prisioneras. Sobre todo, la adulta, cantara con su ukelele y, añorando, cumplirle a la mas niña.

Son muchos los títeres de varillas que se ven en escena, durante breves momentos y muy bien confeccionados.

La dragona, tildada como un animal feroz, que tira fuego y rodea el gran castillo, también tiene su lado débil y frágil. Esta dragona, además, está interpretada a nivel físico por un animal enorme que es movido por tres artistas y, a nivel vocal, por Maia Contreras que con su canto cautiva enormemente.

El juzgado juzga y, esto, es más común ver de lo que se pueda creer. Es así como Fiona le dice a su nuevo amigo: «No está bien juzgar antes de conocer».

Shrek y Fiona se comportan infantilmente y Burro puede unirlos diciendo lo que piensa: “voy a buscar leña para avivar el fuego”.

Dos seres que son diferentes, que tuvieron vidas muy distintas pero que los une el sufrimiento y las ganas de estar bien. Que buscan y viven sin maldad. Dos infancias que se comparan bajo la canción “Lo mío fue peor” y gracias a las melodías tan sentidas se enamoran.

«Shrek, el musical» tiñe de verde los rosas y celestes, con gamas de todos los colores, con simpatía, talentosos artistas, una dirección impecable y el sello de Gaby Goldman.

De Broadway a Buenos Aires, para demostrar que el limite geográfico es simplemente eso y que el amor puede estar en el lugar menos pensado.

Mariela Verónica Gagliardi

ficha Shrek el musical

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Hoy tengo que creer

¿Eres mía todavía?
Necesito tu amor, yo…
necesito tu amor.
Dios me manda tu amor (lo acelera hacia mí)

Ghost foto

Probablemente al mencionar esta película, la primera imagen que se les venga a la mente sea la del cuenco que Molly estaba fabricando. Una imagen que sensibilizó a millones de espectadores.

En el año 1990 se estrena el film estadounidense: “Ghost, la sombra del amor” (con libro y letras de Bruce Joel Rubin, y música y letras de Dave Stewart y Glen Ballard). La misma, recorrió durante todos estos años, una y otra vez, las pantallas de los hogares -enamorando a más de una pareja-. El sueño del amor eterno pareció y parece llegar para quedarse, creyendo que quien muere solo lo hace físicamente pero que su alma deambula en busca de aquello que aún necesita.

Llamado fantasma para provocar miedo en aquellos que cometieron crímenes y compañía en Molly (Jennifer Schomberger) que amaba a su hombre (Matías Mayer), reprochándole palabras y cosas que, en definitiva, no servían demasiado.

Esta adaptación del guión original (a cargo de Marcelo Kotliar), dirigida por Marcelo Rosa, con Gerardo Gardelín en la dirección musical; no pretende ser una copia de la película sino rescatar los momentos más trascendentes, con dos protagonistas (Jennifer y Matías) que se lucen de principio a fin y que no se parecen ni a Patrick Swayze ni a Demi Moore.

Es un acierto. Toda copia, sobre todo tratándose de una del país del norte, con otro idioma, podría resultar un verdadero dilema al momento de la representación.

Durante la función pude observar al gran público adolescente que no comprendía bien el argumento. De por sí, supongo que la mayoría que se acercó a ver Ghost, sabe al menos la sinopsis, pero, comprender lo que siente Molly al perder a Sam, cómo cambia su vida, cómo se desespera sin entender por qué no fue ella la elegida, cómo puede hacer para creer en aquello que no ve; no puede ser asimilado por aquellos jóvenes que creen que sus vidas son infinitas.

Distinta fue la actitud de los adultos que se emocionaron, lloraron, sonrieron desde el alma, recordaron cada una de las escenas de la película y aplaudieron por la Whoopi Goldberg (interpretada por Natalia Cociuffo) que hacía de Oda Mae Brown -la vidente que operaba de puente entre los dos amados-. La figura de esta actriz, tan talentosa, trajo humor a la desgracia y su soltura a lo largo de la historia demostró que inclusive en los momentos más angustiantes es posible sentir esperanza.

Un Matías Mayer que sigue evolucionando en el género de comedia musical, dejando todo en las tablas, interpretando a Sam conmovedoramente, proyectando su voz a partir de las partituras en las que se apoyan los grandes músicos -los cuales hacen vibrar, aún más, la tensión de la dramaturgia-.

Resumiendo la parte argumental, esta comedia dramática se basa en una pareja que acaba de mudarse a un departamento, en pleno corazón de Brooklyn (Estados Unidos) y vive su amor como el primer día. Un día, como cualquier otro, un delincuente le quita la vida a Sam y, de ahí en más, la historia se divide en dos: por un lado en el amigo heredado de Sam, Carl que intenta conquistar a Moly; y, por otro lado, en el thriller que surge deleitosamente, convirtiendo las escenas en un policial.

Considero que es una apuesta muy jugada el adaptar una película al teatro y, sobre todo, convertirla en comedia musical. Sobre todo porque el canto podría quitarle cierto grado de drama -lo cual por momentos ocurre- y está bien que así sea ya que la propuesta pretende esbozar el amor que trasciende todo tipo de batallas y fronteras, enfrentándose a la cantidad de obstáculos necesarios como para conseguir que el sentimiento continúe lo más puro posible.

Existen personajes que son, más allá de los protagonistas, quienes ilustran y le dan el sello distintivo a la historia: el Fantasma del subte (Marcos Gorosito) y Oda Mae Brown (la cual mencioné anteriormente). Ellos dos consiguen mostrar que existe otra “vida” después de la muerte en la que se puede continuar lo que no se llegó a finalizar en esta vida.

Marcos Gorosito es el encargado de mover objetos y desplazarlos en el aire, al igual que enseñarle estas acciones a Sam para que logre atravesar aquella línea delgada y se haga “presente” de algún modo. Él no era visto, ni escuchado, ni sentido y es, a partir de este fenómeno, como comienza a hacerse oír, utilizando todo tipo de estrategia para realmente intervenir y evitar más daños a su amada.

Rodolfo Valss, vestido de blanco, es el antecesor del fantasma mencionado y con el que aprende algunos códigos. Códigos que tendrá que utilizar cuando precise para no meterse en problemas. En definitiva, el otro mundo, aquel que imaginamos a veces como oscuro y amorfo, nos enseña que es igual a este y que las personas malas y perversas solo caminan por otro sendero siendo lo mismo que eran.

Escenas de acción, de amor, de angustia, de peleas, descriptivas, analíticas; todas acompañadas por efectos visuales, música en vivo, canciones que dan cuenta lo que se está transitando y un escenario que se convierte en pantalla -recordándonos que el cine también puede verse en el teatro-.

ficha Ghost, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

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Apasionadamente libre

 

La Traviata balletLa música clásica y el ballet no son consumidos masivamente en nuestra sociedad argentina. Sin embargo, no siempre se analizan los motivos de este fenómeno. Considero que quien no conoce sobre estos grandes músicos -de los cuales se valieron otros para continuar el linaje- puede sentirse ignorante o despreciado. No son melodías que puedan llevarse con el cuerpo al igual que otros estilos populares; aunque sí han surgido en sus países para el consumo de todos.

Quien tenga la posibilidad de acercarse, de oír, de cerrar los ojos y sentir; nunca más se alejará y jamás podrá igualar ese sinfín de emociones que produce el escuchar a una orquesta junto a un elenco de bailarines que con sus cuerpos expresan dicha música. Unas notas que componen melodías y que son representadas por instrumentos.

El cuerpo como instrumento de un bailarín, que pretende acercar su sentimiento sin decir palabra alguna.

Iñaki Urlezaga es uno de ellos, es uno de los elegidos, es un conjunto de expresiones artísticas que recorre el escenario de un extremo al otro y que, en esta ocasión, brinda la posibilidad de ofrecer ocho funciones totalmente gratuitas bajo el programa de Danza por la inclusión que fomenta junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

La Traviatta (término que en italino significa la extraviada) cuenta con la música de Giusseppe Verdi y es la obra escogida para que un grupo de talentosos bailarines representen en escena (con la coreografía del propio Urlezaga).

Dicha música, la creó Verdi en 1853 basándose en la novela de Alexandre Dumas (hijo) llamada La dama de las camelias. Dicho argumento está relacionado con la vida de este autor francés, quien mantuvo un romance con Marie Duplessis (la cual sufría de tisis, como Violeta) y quien se caracterizaba por derrochar dinero, organizar muchas fiestas, vivir la vida libremente y sin ataduras a un hombre. Más allá de estos datos, tanto Marie como Violeta optan, en un momento, por sentar cabeza.

Al tratarse de una adaptación que se realizó para la danza, su duración es menor a lo que sería la ópera tradicional. Aproximadamente una hora y media tuvimos al conmovedor Alfredo (interpretado por Iñaki) que enamoró a Violeta (Eliana Figueroa), haciéndonos suspirar, temer, llorar y estremecernos hasta el triste desenlace.

Luciendo un vestuario a cargo de la diseñadora Verónica De La Canal en que la época y su estilo reluce encantadoramente, permitiendo que hasta el último detalle sea importante en la trama teatral.

Antes de ver a los artistas en escena, el preludio nos introduce en la dramática historia que tendrá un gran despliegue, tanto a nivel musical (a cargo de la Orquesta Sinfónica de San Juan, dirigida por Gustavo Plis-Sternberg) como de baile.

Violeta Valery brinda una fiesta en su mansión de París y el amigo de un invitado es Alfredo Germont. Ellos se conocen y sus corazones se unen y separan varias veces.

Separada la dramaturgia en dos actos (de dos escenas cada uno), puede comprenderse toda la trama sin precisar de diálogos convencionales, dejando que las sensaciones se apoderen de nosotros.

Si bien Violeta está muy enferma, quiere seguir siendo libre, y ese deseo la caracteriza en todo momento, también anhela estar junto a su amor. Aunque el padre de Alfredo se hace presente en su casa para intentar separarlo, hostigándola hasta provocarle remordimiento y conseguir su cometido. De esto no se entera Alfredo a tiempo y solo puede leer una carta que ella le dejó explicándole que no seguirá junto a él.

Es así como la enfermedad de Violeta, junto a la separación de Alfredo, los secretos ocultados y la pena que siente por estar muriéndose; conmueven muchísimo en el segundo acto.

Cuando ella yace en su lecho, sin tener fuerzas para levantarse, él la sujeta y logra danzar. Ese baile es el que más estremece ya que se trata del anterior a su definitivo adiós.

Recordemos que la sociedad europea del 1800 era muy conservadora y no veía con buenos ojos a una mujer con las características de la protagonista de este ballet. Más allá de esto, es una de las tres piezas artísticas que le valió la fama y distinción a Giusseppe Verdi (junto a Rigoletto e Il Trovatore).

ficha La Traviata ballet

Mariela Verónica Gagliardi

Imperio de artistas

Imperio1

De la Dinastía Julio-Claudia, se conocen a tres de los emperadores más conocidos de Roma: Tiberio, Calígula y Nerón. Ellos son los principales hilos conductores de esta obra de teatro denominada como “Imperio”. A su vez, son tres las mujeres que se relacionan, principalmente, con ellos: Agripina, Drusila y Julia. Agripina es la madre de Nerón, Drusila es la hermana de Calígula y Julia la esposa de Tiberio. Son varias las uniones -no sanguíneas- que se producen en esta enorme familia. Principalmente, Augusto adopta al hijo de Livia, Tiberio, a quien se lo obliga a adoptar a Germánico, quien contrae matrimonio -por conveniencia- con Agripina, la nieta preferida de Augusto. Al producirse esta unión, según documentos históricos, Germánico es envenenado en uno de sus viajes militares y sacado del medio por parte de Tiberio. Pero, Agripina, quien tenía un fuerte caracter y convicción, se enfrenta a Tiberio para averiguar qué ocurrió con su marido recientemente fallecido.

Respecto de la historia adaptada para esta pieza artística, aparecen en escena, entonces, seis personajes importantísimos del Imperio Romano.

Calígula (hermano de Drusila y Nerón), llamado así por las sandalias militares que usaba de chico (caligae) sucedió en el poder a su tío-abuelo Tiberio, desde el 37 al 41 D.C. Hijo de Germánico y Agripina, sin lugar a dudas, fue quien tuvo más carisma.

Calígula, que de pequeño sufría ataques de epilepsia, que no podía conciliar el sueño y que utilizaba las noches para realizar estrategias sanguinarias; fue asesinado.

Nerón (gobernó del 54 al 68 D.C.) y se lo acusaba de homosexual. Fue quien intentó esclarecer varias cuestiones en el Senado y sin poder conseguirlo, se terminó suicidando.

Tres emperadores que utilizaron la fuerza, la avaricia, las riquezas, y sus puestos para conseguir objetivos de una manera demagógica, tirana y absolutista. Tiberio (14 al 37 D.C.), Calígula (37 al 41 D.C.) y Nerón (54 al 68 D.C.); son ejemplos de cómo gobernar desde la no consideración y el linaje. Uno más carismático como Calígula, pero no por eso menos temido por el pueblo y sus propios hermanos.

«Imperio», es el nuevo espectáculo de la Compañía Codanz, que plantea un varios conflictos de antes y de ahora. Escrito por Rolo Sosiuk y dirigido por Juan Cruz Argento; toma como puntapié inicial a los tres emperadores romanos más sanguinarios: Tiberio, Nerón y Calígula.

Como dos obras de teatro, una de danza y la otra de actuación, se fusionan en ciertos momentos para complementarse y demostrar cómo lo secundario cobra vuelo y protagonismo en la historia principal.

Con tres emperadores que interpretan muy bien sus roles: Tiberio (Gustavo De Filpo), Calígula (Rolo Sosiuk) y Nerón (Julio Chiorazo); cada discurso estará embestido de violencia de género, posesión, poder y ambición.

Mientras sus mujeres, que no necesariamente son esposas, representan la belleza, la calidez y templanza, se desenvuelve una continuidad de escenas en las que se puede visualizar que ellas no valen más que lo que ellos quieren y que puede prescindir de sus compañías en cuanto den la orden.

El incesto es una de las prioridades de esta obra, que deja en evidencia la necesidad de contacto físico con una mujer sin importar de quien se trate. La lucha de poderes entre unos y otros, demuestra la vanidad de los poderosos por sobre las femeninas que intentan, por todos los medios, de convencerlos sobre decisiones a tomar.

La obra entrelaza textos con coreografías en que se puede disfrutar de un gran despliegue artístico, a la vez que de diálogos presididos por las diferentes alegorías que se refieren al descontrolado poder por sí mismo, por el deseo enardecido de controlar todo y a todos.

Entre tantos discursos cargados de sangre y despotismo, se erige uno que hace referencia a la actualidad de nuestro país y al gobierno vigente: la inseguridad es una sensación, se esboza de boca de uno de estos emperadores y, el silencio, se apodera de la historia.

Agripina (Jess Rolle), Drusila (Vanina Bercovich) y Julia (Laura Pagés), firmes en escena, se hacen notar y logran desenvolverse como verdaderas mujeres que saben lo que quieren. Corren riesgos, como cualquier mortal y, sobre todo, como toda persona que tiene convicciones fuertes y precisas.

Se resaltan las interpretaciones de los actores principales y de la joven bailarina Martina Loyato -quien danza con su cuerpo y alma, quien vuela en busca de nuevas experiencias en aquella Dinastía sanguinaria-.

Antes de Cristo, en el Siglo presente y, siempre, los ideales existirán y -como suele decirse- la historia será cíclica, repitiéndose. Solo modificando a sus actores y, conservando, los ejes centrales que ilustran aquella necesidad de tener todo as dentro de la manga para demostrar determinadas acciones.
ficha ImperioMariela Verónica Gagliardi

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Danzando hasta morir

Azucena en partes1

Y como si el mundo pudiera acabarse por completo o darle una sorpresa, ella (Gimena Gutiérrez) baila.

Azucena es su nombre, como la flor tan bella que perfuma hasta un ambiente frío de hospital. Ella, tiene la peculiaridad de desdoblarse en dos personas: la que sufre y la que sueña. O en dos personajes: el que encarna y el que recuerda.

Los tiempos van y vienen. Pasado y presente se fusionan como una misma historia, su historia. La historia de una mujer que sufre, que está devastada por la soledad, por no tener un hombro sobre el cual llorar, desahogarse, refugiarse. Ni siquiera un par de brazos que la contengan ante tremenda noticia.

Sus días no está contados, y esto es sumamente importante resaltar.

Azucena, todo lo expresa con su cuerpo. Con su gran altura, consigue representar corporalmente sus andanzas, sus tristezas y pesares, como si midiera un metro cincuenta.

Increíblemente, podemos observar -durante unos cuantos minutos- cómo su cuerpo se mimetiza con cada uno de sus sentires sin haber pronunciado palabra alguna. Y esta es la magia del teatro físico: el poder representar sin hablar. Pero, cuando lo requiera, poder decir, verbalmente, sin mover sus extremidades del espacio escénico.

Un gran trabajo en equipo demuestra que tanto la iluminación, como el vestuario, la dramaturgia y dirección; se complementan para tener una “Azucena en partes” (escrita y dirigida por Ana González Seligra) realmente grandiosa.

El drama está presente de principio a fin, no pudiendo ignorar el tema argumental presente. Una enfermedad que parece ser la muerte, por la falta de información, por la infelicidad, por dolor no cicatrizado, por los sueños abandonados.

Un público atento, quieto, que no esboza más que un dolor aguantado, una angustia difícil de soportar. Un público que, al terminar la función, espera para felicitar a los artistas. Yo, como parte del público, con un nudo y una nebulosa en mis ojos como si lograra vislumbrar un hálito de paz.

Finamente escogidos, aquellos detalles ornamentales que forman e integran las escenas de la obra unipersonal. Objetos que no solo son preciosos sino que cumplen varias funciones. Un ramo de flores rojas, un perchero, varios estilos de ropa, de zapatos y otras herramientas fundamentales que le permiten a la artista componer sus personajes -tan difíciles pero excelentemente resueltos-.

Su corazón hecho pedazos, sus partecitas que no logran unirse, su sonrisa desdibujada como cuando se tira al piso -hundida en llanto-. Una etapa que quisiera borrarla de su mente, de su espacio, de su vida y que, sin embargo, debe atravesarla para estar sana y más fuerte.

La parte descriptiva del relato es la que permite que nos imaginemos -como espectadores- toda la desdicha de esta pobre mujer. Pero Azucena no es frágil. Está sensibilizada, apabullada, fuera de sí. Mientras tanto, deja que su cuerpo hable, que sus pechos consigan formas diferentes, que el sentido de su vida sea el que añore y que, jamás, se de por vencida.

Esta pieza artística debe formar parte de todo festival y movida cultural relacionada con el universo femenino, con la lucha contra el cáncer, contra la violencia de género y con todo enlace que permita que nosotras -las mujeres- nos sintamos identificadas, valoradas y resignificadas.

No hace falta pasar por la enfermedad para tener humanidad por las que sí.

Las mamas, que tanto amor deberían tener, que tantas caricias poseer… están enfermas. Solo el amor puede curarlas.

ficha Azucena en partesMariela Verónica Gagliardi

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Un castigo que no vale la pena

Vivan las feas12

Un mundo de plástico, artificial, confeccionado para unas pocas y sobresalientes mujeres que nacieron con el don de la belleza, de una belleza que se supone y erige como tal o que tienen los medios como para lograrlo en la sala de operaciones.

La belleza seguida del éxito es lo que marca la tendencia de llevarse el mundo por delante. Mientras tanto, las no agraciadas deben ser simpáticas, cordiales y esforzarse más de la cuenta por caer bien al resto y por intentar demostrar que, también, tienen un don especial para compartir.

«Vivan las feas» (escrita y dirigida por Mariela Asensio), es una obra que pretende no serlo. Es un conjunto de testimonios que se gritan sin piedad ni miedos. “Vivan las feas”, tiene la particularidad de contar con Mariela en escena para coordinar todo desde allí. A la vez que pedalea durante toda la función, notamos como su cansancio no la extenúa y su palpitar no la abandona.

Son cinco artistas, de distintas generaciones, que esbozan monólogos y diálogos entre ellas. Parece desaparecer aquella división entre público y actrices. Todo se convierte en unidad, como si se tratara de una performance -no para admirar sino para concientizar-.

No hay cifras vigentes que determinen cuántas personas mueren como causa de la bulimia y anorexia, pero en los últimos años la ONU determinó que Argentina era el segundo país en este ranking, después de Brasil. Actualmente, nuestra sociedad sigue haciendo apología al consumismo, a los talles diminutos, a alcanzar liderazgos gracias a una imagen determinada o a triunfar por unas piernas esbeltas.

¿Quién determina que una mujer sea linda o fea?

Existen muchas leyes de talles grandes en el país pero, lo cierto, es que la minoría de los negocios de indumentaria cumplen con las reglamentaciones.

A su vez, vale considerar que el 85% de profesionales de la salud son mujeres. Sí, psicólogas y, este dato, no debe ser pasado por alto; como tampoco que muchas a los cuarenta deciden estar sin un hombre o no les queda otra alternativa.

Nuestra sociedad sigue fijándose qué mujer está sin un hombre, analizando los motivos y cuestionando por qué no quiere tener un hijo. Estos mandatos añejos, inciden en todas nosotras. Pero, de lo que podemos estar seguras es que las “feas” suelen estar casadas y con varios niños; mientras muchas de las “lindas” están desamparadas y sin procrear.

Es hora de que nos apoyemos, al menos, ente nosotras, que no naturalicemos la violencia contra nuestro género y que quienes tienen el “poder” lo usen para fijarse en lo profesional e intelectual en vez de ver cómo luce lo que no se puede cambiar sin operación.

La historia continúa con su trayecto, escuchando las vivencias y recuerdos de Ana María Castel y anhelando no tener que esperarlo con la comida recién salida del horno, con la ropa limpia y planchada, con la casa en orden. Puede ser que los hombres vean esto como una rebelión pero tuvimos tantas décadas de esclavitud que recobrar la libertad no solo nos une sino que nos reconforta.

Nadie sentiría antes, que prepararle la comida a diario era un acto de servidumbre. ¿Pero, por qué él no lo hacía? Claro, antes los hombres salían a trabajar y las mujeres quedaban al cuidado de los niños y de los quehaceres domésticos. Pero, esas mujeres de antes, ¿eligieron ese puesto?

Nadie les preguntó si preferían una u otra cosa. Los tiempos, por suerte, han cambiado y existen muchos hijos que, por diferentes circunstancias, viven con los padres.

El mundo se ha dado vuelta, sí. Y por suerte. Por un camino recorrido por muchas mujeres emblemáticas, cojonudas, inteligentes y capaces de enfrentarse a aquello que no les parecía.

Más que nunca, hoy y siempre, las mujeres debemos estar unidas, escucharnos, darle una mano a aquellas que se consumen con ejercicios físicos para gustarles a otros, a las que no pueden más por hacer una dieta que a nada las conduce.

A pesar de todo esto, los hombres se suicidan más y con cifras realmente escalofriantes, lo que indica que algo en el interior femenino indica que no quieren tirarse al vacío sino ser aceptadas.

La del cuerpo privilegiado habla, la ama de casa habla, la desafortunada habla, la que prepara los tragos (con frutas y sin alcohol para no engordar) habla y la que hace ejercicio calla.

ficha Vivan las feas

Mariela Verónica Gagliardi

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