*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Teatro La Mueca’

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Todos nos volveremos a ver

La vida y la muerte, dos momentos, dos etapas. Dos algo que bien se desconoce. A veces, podríamos pensar que estamos soñando o en otra dimensión. Que ya vivimos otras vidas o que esta es, simplemente, la primera.

Existen muchas teorías al respecto. Pero, de lo que podemos estar seguros es que para vivir y para morir hace falta valor.

En el musical “El dedo. ¿Podrá un vivo casarse con un muerto?” (con Libro y dirección de Diego Badaracco) se puede ser feliz durante más de una hora, acercarnos a la parca sin miedo, hacernos amiga, disfrutar y ver un universo de colores que no parece ser para nada malo.

Porque, en verdad, uno suele sentir miedo hacia lo desconocido y esto no es ningún descubrimiento de mi parte. A lo conocido lo podemos manipular, conversar, guardar, quitar y hacer lo que nos plazca. Pero, con aquello que tenemos más incertidumbres que certezas, ¿qué hacemos?

¿Cómo nos enfrentamos ante lo temido, lo inaccesible?

Muchas tonalidades e historias nos invitan a compartir una comedia musical llena de esperanza, de talento y de magia en el éter. Con coreografías súper atractivas, canciones e interpretaciones es que podremos sumergirnos en un matrimonio en vida y otro en muerte. Suena raro, ¿cierto?

Porque al dejar de existir de este lado, no implica que dejemos de existir del otro lado. Parece ficción y en este caso lo es. Aunque hay quienes prometen un Paraíso o un Cielo o un algo que puede ser que sea más deseo que justificación racional. Pero, ¿para qué adelantarnos?

Un joven, protagonista de esta historia, es quien andará de un lado a otro sin pedir permiso. Aventurándose a descubrir todo aquello que le intriga. Paseando como en busca de algo que quizás ni siquiera se imagina. Gracias a su deleite es que podremos sonreír y tener la esperanza de que en algún momento veremos a nuestros seres queridos que ya no nos acompañan físicamente.

Es un cúmulo de sensaciones encontradas que nos recorrerán por dentro y por fuera. Acariciándonos y dándonos un suspiro en medio de la angustia.

Pero, El dedo, no es un musical para llorar sino para conmovernos, para vivir a pleno, para bailar en las butacas e imaginar lo intangible como más allegado.

Como cuando éramos niños que inventábamos cuentos incoherentes porque tan solo se nos ocurrían. La imaginación está a flor de piel y vale la pena despojarnos de prejuicios para escuchar a quienes aman, a quienes tienen la oportunidad de cambiar sus vidas, a quienes se descubren solidarios y se corren a un costado, a quienes se disculpan por decidir por otro, a quienes se dan la posibilidad de querer cambiar el mundo impregnándolo de cosas bonitas y de reencuentros maravillosos.

Como si el tiempo se detuviera, un rostro es reconocido, un vestido se convierte en decorado y el capricho más absurdo en realidad.

Porque siempre se dirá que las cosas se valoran cuando se pierden. Y muchas veces es cierta la frase, aunque no siempre.

Por eso es que la ciencia ficción nos hará palpitar una escenografía que acercará el más allá al más acá. Que nos traerá lo más simple para que, de una vez por todas, sintamos que lo que no se hace ya mañana podría no ser igual.

Un vivo y una muerta pero no que imaginamos. Una muerta que enseña, que construye, que da y se retracta ante sus errores. Porque, evidentemente, en el cielo también se paga por ellos.

Ya habrá tiempo para uniones eternas, quizás.

Lo que hoy vale es el caminar por aquellas sendas añoradas y no impuestas. Por esos paraísos en vida y no los prometidos según la Biblia.

Un elenco maravilloso en el que cada artista tiene su momento para lucirse, para desplegar su talento, su caudal de voz, su delicadeza, su humor y picardía. Un boom que explota y se expande por toda la sala del teatro La Mueca. Adrenalina que recorre los pasillos, que nos contagia e impulsa a aplaudir sin parar. El libro y la dirección son óptimas y se trasluce el trabajo en equipo de modo integral.

La oscuridad aquí es arte, es color, es celebración. Y es una manera de aceptar que así como existe la muerte también existe lo negativo adentro de cada uno de nosotros. Aceptarlo es la única posibilidad que tenemos de construir y no destruir. Quien niegue esa parte estará negándose a sí mismo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Imperio de artistas

Imperio1

De la Dinastía Julio-Claudia, se conocen a tres de los emperadores más conocidos de Roma: Tiberio, Calígula y Nerón. Ellos son los principales hilos conductores de esta obra de teatro denominada como “Imperio”. A su vez, son tres las mujeres que se relacionan, principalmente, con ellos: Agripina, Drusila y Julia. Agripina es la madre de Nerón, Drusila es la hermana de Calígula y Julia la esposa de Tiberio. Son varias las uniones -no sanguíneas- que se producen en esta enorme familia. Principalmente, Augusto adopta al hijo de Livia, Tiberio, a quien se lo obliga a adoptar a Germánico, quien contrae matrimonio -por conveniencia- con Agripina, la nieta preferida de Augusto. Al producirse esta unión, según documentos históricos, Germánico es envenenado en uno de sus viajes militares y sacado del medio por parte de Tiberio. Pero, Agripina, quien tenía un fuerte caracter y convicción, se enfrenta a Tiberio para averiguar qué ocurrió con su marido recientemente fallecido.

Respecto de la historia adaptada para esta pieza artística, aparecen en escena, entonces, seis personajes importantísimos del Imperio Romano.

Calígula (hermano de Drusila y Nerón), llamado así por las sandalias militares que usaba de chico (caligae) sucedió en el poder a su tío-abuelo Tiberio, desde el 37 al 41 D.C. Hijo de Germánico y Agripina, sin lugar a dudas, fue quien tuvo más carisma.

Calígula, que de pequeño sufría ataques de epilepsia, que no podía conciliar el sueño y que utilizaba las noches para realizar estrategias sanguinarias; fue asesinado.

Nerón (gobernó del 54 al 68 D.C.) y se lo acusaba de homosexual. Fue quien intentó esclarecer varias cuestiones en el Senado y sin poder conseguirlo, se terminó suicidando.

Tres emperadores que utilizaron la fuerza, la avaricia, las riquezas, y sus puestos para conseguir objetivos de una manera demagógica, tirana y absolutista. Tiberio (14 al 37 D.C.), Calígula (37 al 41 D.C.) y Nerón (54 al 68 D.C.); son ejemplos de cómo gobernar desde la no consideración y el linaje. Uno más carismático como Calígula, pero no por eso menos temido por el pueblo y sus propios hermanos.

“Imperio”, es el nuevo espectáculo de la Compañía Codanz, que plantea un varios conflictos de antes y de ahora. Escrito por Rolo Sosiuk y dirigido por Juan Cruz Argento; toma como puntapié inicial a los tres emperadores romanos más sanguinarios: Tiberio, Nerón y Calígula.

Como dos obras de teatro, una de danza y la otra de actuación, se fusionan en ciertos momentos para complementarse y demostrar cómo lo secundario cobra vuelo y protagonismo en la historia principal.

Con tres emperadores que interpretan muy bien sus roles: Tiberio (Gustavo De Filpo), Calígula (Rolo Sosiuk) y Nerón (Julio Chiorazo); cada discurso estará embestido de violencia de género, posesión, poder y ambición.

Mientras sus mujeres, que no necesariamente son esposas, representan la belleza, la calidez y templanza, se desenvuelve una continuidad de escenas en las que se puede visualizar que ellas no valen más que lo que ellos quieren y que puede prescindir de sus compañías en cuanto den la orden.

El incesto es una de las prioridades de esta obra, que deja en evidencia la necesidad de contacto físico con una mujer sin importar de quien se trate. La lucha de poderes entre unos y otros, demuestra la vanidad de los poderosos por sobre las femeninas que intentan, por todos los medios, de convencerlos sobre decisiones a tomar.

La obra entrelaza textos con coreografías en que se puede disfrutar de un gran despliegue artístico, a la vez que de diálogos presididos por las diferentes alegorías que se refieren al descontrolado poder por sí mismo, por el deseo enardecido de controlar todo y a todos.

Entre tantos discursos cargados de sangre y despotismo, se erige uno que hace referencia a la actualidad de nuestro país y al gobierno vigente: la inseguridad es una sensación, se esboza de boca de uno de estos emperadores y, el silencio, se apodera de la historia.

Agripina (Jess Rolle), Drusila (Vanina Bercovich) y Julia (Laura Pagés), firmes en escena, se hacen notar y logran desenvolverse como verdaderas mujeres que saben lo que quieren. Corren riesgos, como cualquier mortal y, sobre todo, como toda persona que tiene convicciones fuertes y precisas.

Se resaltan las interpretaciones de los actores principales y de la joven bailarina Martina Loyato -quien danza con su cuerpo y alma, quien vuela en busca de nuevas experiencias en aquella Dinastía sanguinaria-.

Antes de Cristo, en el Siglo presente y, siempre, los ideales existirán y -como suele decirse- la historia será cíclica, repitiéndose. Solo modificando a sus actores y, conservando, los ejes centrales que ilustran aquella necesidad de tener todo as dentro de la manga para demostrar determinadas acciones.
ficha ImperioMariela Verónica Gagliardi

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Todas las voces, todas

En la búsqueda23

Cómo observar una obra que no es una obra, conceptualmente, sino un estilo de performance.

Qué decir sobre una historia que parece comenzar y terminar a pesar de que no tener un eje temático tradicional.

“En la búsqueda” (escrita y dirigida por Néstor Romero) se desarrolla durante una audición de teatro en que un importante director pretende escoger una trama para su nuevo proyecto. De ahí en más, todo lo que estos artistas imaginen e interpreten en escena será una especie de construcción en vivo.

El Teatro La Mueca, con su espacio oscuro, les permitirá crear todo lo que sus mentes les permitan, dando pie a una historia dramática, cómica, absurda, voraz y con todos los ingredientes necesarios como para que el público disfrute, se conmueva y ría durante la función.

Con toda la frescura de sus personajes, cada uno de ellos justificará sus elecciones y argumentos a partir de un escritor famoso del universo teatral. En cuanto a la escenografía, ésta no tendrá sentido de ser, motivo por el cual su ausencia determinará que los actores se apoderen de las tablas.

Causalmente, cada personaje tiene un sentir que se vincula con su misión en la vida, la misma que le permitirá perseguir su objetivo hasta hacerlo valer en lo más alto de la cumbre. Y el hacerlo valer no tiene que ver con un status económico sino con ser escuchado y validado, con tener un lugar en el que se tenga en cuenta su parecer.

Lo que parece ser un intercambio de ideas, se irrumpe con la llegada de un personaje ajeno a la futura obra de teatro. Este personaje hará titubear a todos los presentes con su discurso anecdótico, haciéndolos inclusive hasta temer por sus vidas. Las palabras de esta persona les demostrarán cuánto camino les falta por recorrer y cuán presos están de sus propias reglas.

Quien imparte las órdenes no tiene muy en claro hacia dónde se orienta su misión. Solo pretende encontrar material, indiscriminadamente, apropiándose de verdades ajenas. Su rol se va desdibujando a medida que los “alumnos” encuentran avanzar con los relatos y actuaciones. Estos relatos se van intercalando unos con otros, ágilmente, permitiendo que cada uno tenga su momento protagónico y, a su vez, permitiendo la identificación con los espectadores.

“En la búsqueda”, es una pieza teatral que no se puede criticar negativamente porque se constituye como proceso de creación continuo. Entonces, ¿cómo decir si un actor interpreta mejor un personaje que otro o que tal voz tiene más proyección que otra?

El amor, el deseo, la pasión, la muerte y la violencia son algunos de los temas abordados durante esta dramaturgia colectiva que parece haber sido escrita por todos y, sin embargo, lleva un solo autor. Y acá me detengo para resaltar la escritura de Néstor Romero, quien está dotado de una mente abierta -desde la que surgen voces con matices muy diferentes unas de otras-. La obra se disfruta de comienzo a fin y quienes estamos en las butacas podemos dar fe de ello. Nunca vi tantas cámaras de fotos y filmadoras pretendiendo capturar esos momentos e imágenes únicos.

Cada quien se verá allí arriba, se verá reflejado y querrá ver una y mil veces al actor que interpretó su pensamiento. La libertad parece estar y quedarse para que convivan seres tan diferentes, con estilos de vida, vestuarios, modos de expresión e ideologías antagónicos.

Pero, cuando todo parece acabar, el conflicto vuelve a instaurarse, a sacudir a quienes más aferrados estaban a sus monólogos y a abrirse -de verdad- para conectarse desde lo más profundo con sus compañeros. ¿Cómo interpretar desde la razón y sin el sentimiento? ¿Cómo pretender promover un razonamiento sin creerlo con anterioridad?

Una coordinación de movimientos es convertida en coreografía, hasta que la palabra se instaura para quedarse. Buscar, correr, sorprender, demostrar conocimientos, quedarse quieto, transmitir desde lo corporal, desde una simple mirada. Estas son algunas de las acciones que más se visualizan durante la performance. La propuesta queda abierta y no es rígida, permitiendo tener dos lecturas posibles.

¿Será Samanta una persona peligrosa o, desde su ingenuidad, pretenderá convertirse en estrella?

En la búsqueda ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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