*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Ciencia ficción en movimiento

Movimiento perpetuo10

Hay personas que disfrutan yendo de un lugar a otro, conociendo gente nueva, culturas diferentes, paisajes diversos. Existen otras, que no tienen esa necesidad pero, por algún motivo, tienen que hacerlo. Y están, las últimas, que quieren hacerlo pero se sienten afuera de ese universo.

“Movimiento perpetuo” es una obra unipersonal basada, exclusivamente, en la mudanza. Una puesta en escena que solo se compone de fotografías, cartas y música que inspiran a la actriz a contar sus vivencias en Argentina, lo que significó para ella, las vicisitudes que vivió su familia y las distintas clases de estar en un sitio sin querer formar parte del mismo.

Así es como artesanalmente, hasta con la mínima sutileza, una extraterrestre, pidió ayuda. Necesita relacionarse con gente de acá y, para eso, usa la excusa del unipersonal, donde ya de por sí habrá personas que la escuchen e interactúen con ella.

Sorprende la cantidad de veces que una persona, por diferentes razones, se cambia de locación a lo largo de su vida. Quienes aprenden, van dejando en el camino todo lo que les sobra, esa mochila llena de objetos que jamás utilizan y solo se quedan consigo mismos. Debe ser difícil lograrlo pero, pude notar, que solo el espectador que mencioné haber dejado lo innecesario, tuvo una sonrisa en su cara a lo largo de la función. Estaba liviano, no tenía que contratar fletes ni personas que lo ayuden. Era él, con su alma, deambulando por donde quisiera.

Por curiosidad, me interesó leer acepciones de la palabra mudanza y encontré dos, especialmente, que me llamaron la atención.

1) Cierto número de movimientos que se hacen a compás en los bailes y danzas.

2) Cambio convencional del nombre de las notas en el solfeo antiguo, para poder representar el si cuando aún no tenía nombre.

La primera definición estuvo vinculada al baile realizado por Paz Pardo, una joven estadounidense que se siente algo Argentina por ser su padre de acá, orgullosa de haberse trasladado aquí pero, comparando e intentando aprender, todos los códigos de la ciudad tan diferentes a los de su lugar natal.

Ella reconstruye su pasado, que tanto la marcó, en vivo, en una pequeña ronda, leyendo, haciéndonos leer, conformando un círculo íntimo. Claro que está presente la ficción en esta obra pero la profundidad de sus monólogos nos dan cuenta que se trata de la historia de su vida, donde coloca a una extraterrestre en primer plano para no sentir timidez al narrar.

Son tan pocas las propuestas de esta índole que hay que aprovecharlas. Al abrir la puerta, un pequeño cuarto de techo alto, me provocó el interrogante de cómo haría para actuar una persona y tener público. Lo sorprendente fue que al llenarse el lugar, me sucedió lo mismo que a las pupilas en la oscuridad. Vi grande la habitación y cada vez más cómoda. Nosotros como público, fuimos sus ayudantes, sus muebles, sus voces y la manera exacta de compartir con alguien que no es de acá pero ya se siente parte de la vorágine porteña.

Su canto tan suave, nos dejó atónitos y cada movimiento de su cuerpo se convirtió en la soledad de su alma. Ella buscaba y ya había encontrado. Estaba melancólica y ese es el mayor sentimiento de quien se encuentra solo en la ciudad de la furia.

Un jardín descripto como paraíso, ya no le pertenece más a su familia. Esa casa se vendió y su madre quedó angustiada sin su lugar en el mundo. Esas tierras que la hacían sentir cómoda, feliz, ya no están. Y al momento de narrar esa partecita, sus ojos se colman de tristeza. Dicha mudanza debe haber sido muy difícil y el desarraigo es un vacío inmenso.

La libertad, es otro de los puntos que se resaltan en “Movimiento perpetuo”, produciendo un quiebre en el relato, sorprendiendo con una historia real de su vida, que la marcó y definió como persona bondadosa. La prisión real y la prisión mental son obstrucciones y cadenas por romper.

El movimiento, la sensación de avanzar, de correr, de sentir, de respirar y sonreír; no hay que perderlas jamás.

Su acento yanqui está, pero se esfuerza en disimularlo y mostrar que quiere pertenecer a este lugar. Quizás por un tiempo… eso nunca se sabe con certeza.

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Mariela Verónica Gagliardi

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«El manto de hiel», una película de Gustavo Corrado

el manto de hielCuando todos los hombres dejen de necesitar, constantemente, objetos para vivir, cuando asuman que tan sólo respirar es ya de por sí un tesoro; podrán comprender el argumento de esta película. Una película que se desarrolla de forma lenta, como el caminar apaciguado, sin sorpresas al principio más que la soledad de un hombre de ciudad que debe permanecer en un lugar desértico durante un tiempo.

El manto de hiel (un film de Gustavo Corrado) no genera expectativas al principio. Centrándose en los planos detalles, toma una figura y, luego, pasa a un plano panorámico como es el paisaje alucinante de San Juan. La naturaleza invade, atrapa y la pequeña comunidad que habita la zona en una misma locación, tiene su rutina diaria sin sobresaltos.

Pero, qué puede ofrecer un sitio rodeado de bellos colores con personas estancadas, sin ganas de «progresar»?

Reflexionar. Hacer reflexionar al público-espectador, inmiscuyéndose en su inconsciente sin pedir permiso.

Existe la posibilidad de aburrirse, esperando ver acción como en una película yanqui o, participar activamente de esta propuesta, cosa poco habitual en el cine argentino. Corrado se centró en un lugar paradisíaco, sin precisar demasiados actores -ni de extras- para contar una historia, optando por lo pequeño y precioso de la vida.

A unos kilómetros se encuentra el Valle de la Luna, un mágico espacio, que vibra por sí solo y que el recorrerlo debe causar increíbles sensaciones, físicas y mentales. Saber que se puede ser testigo de la historia desde la era en que los dinosaurios luchaban por no extinguirse, que allí, sepultados, están sus restos óseos.

Después de millones de años, la humanidad se conformó como tal para no respetar el pasado, sino para «superarlo», sintiéndose más que cualquier otro ser viviente, sin importarle los medios para conseguir su fin.

Teniendo en cuenta esto, El manto de hiel, existe para recordarnos quiénes somos, dónde está nuestro origen y cable a tierra. Actualmente, la invasión y saturación de información, la tecnología, la poca conexión con uno mismo produce enfermedades. El odio por el prójimo es una de ellas, la bronca otra y la intolerancia verbal la más preocupante. Como resultado, los organismos de salud deben curar con medicinas aquello que en realidad se debe sanar con el propio perdón.

En medio de animales embalsamados, de la extirpación de bilis a éstos y a humanos, consiguen un pigmento tan rojo que les permite pintar cuadros precisos.

Estar en medio de la nada y sentirse alguien es una tarea muy difícil. Es lo que cada persona debería proponerse como meta para su vida. Puedo imaginar, por un instante, trasladar a uno de sus habitantes a la ciudad porteña y verlo sumergido en la tragedia del olvido.

Quisiera saber dónde se encuentra la felicidad para el común de la gente intentando separarla de lo material. Sería posible?

Por otro lado, cómo conseguir el desarraigo de un sitio tan inhóspito cuando lo real se conectó con el ser para siempre?

Mientras los temblores de la tierra aparecen y desaparecen, en breves segundos, un beso puede curar heridas y las alucinaciones fallecer en el intento.

Como un embudo, San Juan los capturó, los envolvió y nunca volverán a sus raíces. No sabemos si nacieron ahí o si tuvieron un accidente que los condujo. Lo único importante es que cada paso será una huella e indicio para otra generación que, seguramente, tendrá intenciones de investigar todo como lo hizo Iván (William Prosiuk).

Así será como individuos tan diferentes entre sí se complementarán y sentirán una familia, comportándose como tal y haciendo primar el egoísmo de uno por sobre el de los demás, celebrando, brindando, comiendo y tratando de exterminar al diferente para conservar el orden.

Las actuaciones están muy bien personificadas y es impecable el desarrollo de cada uno durante el film. Es como si hubieran sido escogidos con un telescopio, buscando hasta el detalle más ínfimo. Solo así puede lograrse un producto tan homogéneo y eficaz.

Todos los secretos no saldrán a la luz y el maletín negro albergará el misterio más grande. Algo que deberá imaginarse o interpretarse según el hilo de la historia. El pasado permanecerá oculto, querrá ser profanado y un aire diferente evadir la intriga.

Un temblor hará desaparecer y, al mismo tiempo, cuidar lo más noble. Solo la naturaleza combatirá sin que un arma deba intervenir.

El manto empieza y termina de la misma manera, cambiando su destino en los brazos del amor. Un amor que puede ser el que se ve o uno anterior. De lo que se puede estar seguro es que ignorando no se olvida ni progresa.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Que el Señor te ayude

El sepelio1

Una misa, a través de la radio, nos envuelve desde el comienzo. Causa gracia, atención y una invitación al mundo del Señor.

No acostumbro leer demasiado la sinopsis de una obra para no verme condicionada en la escritura. Creo, fervientemente, que quienes lo hacen pierden espontaneidad, sentimientos y creación en una propia conclusión.

Quise que «El sepelio» (escrita y dirigida por Heidi Steinhardt) me sorprenda por completo, y así lo hizo. Muy lejos de caer en la obviedad de la muerte, ella configuro unos diálogos fantásticos, llenos de comicidad, humor negro y alegría. Nadie, me incluyo, podía parar de reír y comentar con una palabra -a la persona que tenia al lado- lo que estaba viendo.

Todos, nos sentimos con ese placer único de ver en escena a grandes actores, acompañados por un dirección excelente. No siempre funciona que el creador de una pieza artística pueda dirigir tan bien su propia obra. En este caso Heidi logra el objetivo de mimetizar una historia profunda, sobre la que predomina el humor, pero también la tragedia.

Un escenario muy cargado, con detalles que fueron induciendo, de a poco, a lo fundamental del relato. Por un lado, una mesa que da cuenta de lo importante que es la religión para Zulema (Cristina Maresca). Al centro, una mesa con dulces para apaciguar la amargura de la vida. Hacia el otro lateral, un mueble que no se utilizará más que para sostén de otros objetos.

No hace falta, ni es necesario, que muera alguien para hablar sobre el tema. No hace falta enterrar a un difunto para que surjan determinadas conversaciones.

En esta oportunidad, una madre -ex maestra de colegio-, cita a sus tres hijos: Coyi (Diego Rinaldi), Pedro (Guido Silvestein) y Alfredo (Ariel Mele); para hablarles sobre una cuestión que la tiene preocupada. Pero, en torno a esto, ellos irán sacando de adentro suyo la bronca que tienen hacia ella, siendo que esta madre les dio todo a lo largo de la vida.

Tuve mucha bronca al sentir que no le valoraban nada a esta mujer tan luchadora, que tuvo que hacerse cargo, sola, de sus hijos pequeños. Ella es buena, al igual que sus hijos pero, a lo largo de los años han construido una relación sin respeto en la cual es válido decir lo que sea, aunque con esas palabras se lastime o hiera.

Producto de la necesidad o desesperación, y por comodidad; cada uno de ellos fomentó la dependencia sin evaluar, siquiera por un momento, cuánto los destruiría como familia. Ya son adultos y en vez de valorar a su mamá, la critican y no les interesa estar a su lado.

Ella, por otro lado, tampoco disfruta de sus hijos, a quienes considera fracasados por determinadas evocaciones que va haciendo a lo largo de la dramaturgia.

Este es el claro ejemplo de que se ríe para no llorar. Cuando me di cuenta de que estaba alegrándome, a carcajadas, tomé conciencia de la situación. Son cuatro personajes muy ciclotímicos, que están descriptos de forma exagerada y no tanto.

Un desayuno con una mesa llena de cosas ricas puede ser el plato principal a la angustia. Ninguno de los hombres se comportará como tal sino como niños que no han crecido ni madurado.

¿Puede ser el dinero lo único que los una? Ella no es rica, ni tiene demasiado pero la sola suposición de que es una persona grande, quizás, les dé la esperanza de quedarse con algo.

¿Existe la posibilidad de que sea ella la que trame un plan?

Durante el avance de la historia se oscilara entre estas dos cuestiones, lo que harán que la pieza teatral sea atrapante en todo momento.

Lo más evidente puede resultar menos real y viceversa.

Zulema es una mujer desesperada que antepondrá sus intereses ante todo. Tres hijos, supuestos herederos, que se confabularán en contra de su progenitora por no conseguir lo que desean.

¿Qué desean?

Sus rostros solo reflejan maldad, egoísmo, odio, pena y asco por los demás, resentimiento. Solo se unen para sentirse con más fuerzas y derribar al más débil. Lo que jamás se imaginan es que la persona más débil los necesita y que cualquier indicio que crean tener, los hará equivocarse.

Quizás nunca se enteren de la verdad pero, lo interesante, es ver el desenlace y ese teléfono que será el objeto fundamental para el mismo.

«El sepelio» los lleva de viaje a un territorio oscuro, gris, pesado y tenebroso, donde tendrán que enterrar el pasado para siempre o elegir con qué quedarse.

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Mariela Verónica Gagliardi

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«Dos vidas», un film de Georg Maas

dos vidasLa película “Dos vidas” (de Georg Mass) se desarrolla en Noruega y, permite conocer muchos detalles de un país degradado por la injusticia nazi, a la vez que combinarla con Agentes de  Inteligencia de Alemania Oriental que se inmiscuían en familias -haciéndose pasar por miembros reales-.

¿Cómo hace Katrine (Juliane Köhler) para transitar dos realidades tan diferentes?

Este film dramático está basado en la novela Eiszeiten de Hannelore Hippe. Podría tratarse de una familia problemática, sin embargo, los diálogos nos van dando, de a poco, indicios de lo que oculta la protagonista.

Cada paisaje de invierno, con nieve, lluvia, agua del mar que salpica los cuerpos de quienes se aproximan a las rocas a pensar; un paisaje que entristece y llena de melancolía a lo largo de toda la historia.

Ya de por sí una película post-bélica es fuerte y estigmatizante pero, el modo en que acontece cada escena sumado a los flashbacks -existentes en todo momento-. De este modo, presente y pasado se unen, se conocen, se reconocen, chocan, se aceptan o rechazan, se reiteran para convencer a Katrine, quien identifica a dos personajes fuertes al mismo tiempo -convenciendo sobre su ingenuidad-.

Al conocer la verdad, no soporté los primeros planos sin soltar lágrimas de dolor hacia una familia y un país que padeció tanto dolor -a la vez que tuvo gran parte de la culpa en formas de proceder y colaborar con Alemania en una de las peores masacres sufridas a nivel mundial-.

Considero que tiene dos grandes fuertes el hilo conductor: uno es la historia romántica desarrollada a nivel pareja y familia y, el otro, el contexto pos guerra, pos Muro de Berlín. Es excelente cómo, en el momento preciso, aparecen esas imágenes trágicas, tremendamente duras, sin compasión; para, luego, mostrar la otra versión, totalmente opuesta y triste.

Cada uno de los personajes principales está humanizado y lo que quiero decir con esto es que no exageran sus pasiones ni demencias. Tienen su lado oscuro como brillante y, realmente, cuesta no tener piedad teniendo conocimiento del profundo dolor por el que atravesaron algunos de ellos.

No es tan fácil odiar al culpable ni amarlo. Está ahí para ser condenado y lo cierto es que su castigo le llega de la manera más insólita. Teniendo en cuenta el desenlace de Dos vidas, se puede confirmar que no hace falta que exista una venganza planificada sino que el destino obra por sí solo.

Mientras los paneos recorren una parte indispensable de la historia, los rostros son capturados para ver cada detalle de sufrimiento. Solamente los paisajes grises consiguen ser tomados panorámicamente como una postal que marcará el dolor para siempre.

En general, las películas basadas en el nazismo, recurren a escenas violentas, a campos de concentración, a la sangre, a armas de fuego.

Georg Maas supo cómo lograr estremecer y sentir la violencia física y psicológica, de una manera menos vulgar. Se siente cada una de las palabras y versiones desarrolladas durante una hora y media de película, un tiempo que sirve para incluir lo más trascendente sin alargar situaciones para llenar espacios.

Por otro lado, el thriller psicológico se hace presente, interviniendo en nuestros cerebros y corazones, despellejándonos hasta dejarnos desnudos, sin defensas ni propósitos posibles de respirar.

Ninguno de los personajes es feliz. Ni siquiera un bebé alegra un hogar cuando todo está destruido por doquier.

Fue una época dura y conmovedora, para no olvidar y aprender.

Un orfanato que hospedó a bebés que tenían padres, un lugar que se adueñó sueños y esperanzas, las cuales se fueron, de a poco, derrumbando.

No existe lugar en el mundo donde el robo de bebés sea bien visto. No solo es ilegal sino atroz apropiarse de una vida, indefensa, ajena, imposibilitándoles a sus familias verlos crecer, cuidarlos, amarlos.

Tiene tanto esta historia de la Argentina y no porque hayan tomado un hecho histórico de nuestro país, sino porque pido permiso para tomar fragmentos que podrían transcurrir cuando nuestra sociedad decidía hablar y, a cambio de eso, era mutilada.

Maas realza cada sensación y le da la posibilidad al espectador de pensar, analizar y debatir. No durante el film sino a lo largo de la vida.

Cuando se encuentra lo que se quiere, puede ser demasiado tarde. La realidad no podrá ocultarse para siempre y perder será lo que posiblemente ocurra.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La oportunidad de vivir con la esperanza de morir

Tiernas criaturas16

“Tiernas criaturas” (de Gonzalo Senestrari, dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y Gonzalo Senestrari), es una obra de teatro del género comedia dramática, dentro de la que se pueden vivenciar distintas sensaciones y momentos para reflexionar. Un ex matrimonio convive en la misma casa, en determinado momento los hijos de ambos también y la pareja hombre del padre, también. Lo que parece complicado en estos términos, no lo es.

Ya forma parte de la vida contemporánea, la diversidad en los géneros, en las elecciones y en los gustos. Sucede que los conflictos no se centran en esto sino en el autoconocimiento, en la búsqueda interior y en el camino elegido para recorrer y transitar.

Todos los artistas brindan su potencial característico en escena y logran conmovernos. Por otro lado, el lugar en que se desarrolla toda la historia es una casa como cualquier otra y la única habitación que vemos es un dormitorio. Allí ocurrirá cada momento destacado de la dramaturgia, cada encuentro y desencuentro, cada alegría y tristeza.

Lo más interesante es el modo de narrar, el cual se va construyendo de a poco, sin atosigarnos con emociones. Por un lado, existen las sustancias “prohibidas”, mostradas -no para cancherear sino- para expresarse, alucinar, encontrar un cable a tierra, huir de momentos que no logran atravesar, sea por dolor o cobardía. De esta manera, cada vez que aparezca una escena de esta índole, los cuerpos comenzarán a desplegarse, a sentir, a reconocerse -como flotando en el aire, sin tenerle temor a nada ni nadie-. Un punto a resaltar es el de la música, al compás de los movimientos y viceversa, resultando muy agradable a la vista y audición, tal representación.

Por otro lado, existirán momentos súper agradables, amenos y cómicos; descontracturantes de la tensión que reinará en la morada. Cinco criaturas, adultas y jóvenes, en busca de algo especial que ni siquiera conocen. Ellos se observarán con un dejo de melancolía, sin dejar de lado los problemas familiares que no son, al fin y al cabo, tan graves.

Un abrazo a tiempo, una sonrisa como apoyo y las palabras precisas en el momento justo; conseguirán el milagro de darle una caricia a aquel que lo necesita.

¿Quién dijo que mentir, siempre está mal?

Si es para hacer feliz a alguien que está demasiado golpeado por su pasado, ¿es incorrecto?

No te mates de nuevo, no te mates otra vez – se escuchará durante la obra. Ese mecanismo que utiliza uno de los personajes para desaparecer cuando está en aprietos, llegará a su fin cuando otro muera. Sus dedos se juntarán para conformar un revólver y quedar tirado en la cama. Luego, alguien lo despertará o resucitará. Aunque, cuando se cansen de verlo reproducir siempre la misma secuencia, intervendrán para ayudarlo a sanar.

Claro que al encontrar lo que vino a buscar a la casa de su padre, se encontrará con que eso era una excusa. Al llegar al desenlace se podrá comprender que el amor es lo único importante y lo que los salva de cualquier tragedia, desazón y depresión a lo largo de los días.

Siempre, antes y después, cada uno elegirá su camino que podrá ser solo o acompañado -de acuerdo a la progresión que alcancen-.

Tiernas criaturas te enfrenta con el dolor de la muerte, pero también de la vida. Quien muere, quizás pretendía seguir vivo y quien vive, tal vez, pretendía fallecer. Las contradicciones del ser humano estarán presentes así como la oportunidad, única, de encontrar un motivo para existir.

Tarde o temprano, estos sensibles personajes, se irán; dejándonos solos, con nuestras almas y desprovistos de fórmulas para hallar lo que anhelamos.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Yo me bajo del barco antes que se hunda

Almas ardientes2

Santiago Loza convoca a nueve actrices para las cuales escribe, especialmente, sus relatos. Cada una de ellas se diferencia de la otra con respecto a la personalidad pero, las une, la soberbia, el glamour y la misma clase social.

Este dramaturgo no necesita demostrar que sus guiones son interesantes y atrapantes ya que cada historia narrada por él, se convierte en éxito. Estoy convencida de que su humildad como persona e inteligencia lo dotan de esa sensibilidad tan profunda como para que capte hasta el más mínimo detalle de un dedo lastimado, sangrando.

Sus relatos son sonoros, sin escuchar voces o palabras. Cautivan, estremecen y enloquecen a cualquier persona. Y no me refiero a la locura extremista que permite desvariar sino a la creatividad que nace de la mente y el corazón, logrando un paraíso en el que convergen sensaciones tan distintas unas de otras.

Los primeros datos de “Almas ardientes” son físicos. Se recurre al dolor, entendido y vinculado a lo que se siente según lo que se ve, a lo científico y pragmático. Luego, una vez que se entiende el concepto y metáfora, se transpola a lo que no se puede comprobar de ninguna manera. Un corazón llora sin lagrimas liquidas, aunque su mal funcionamiento es producto de malos estragos.

“Almas ardientes” es el resultado de dos talentosos como Loza y Alejandro Tantanian que deciden contar -a través de distintos recursos como: videos, música en vivo y teatro tradicional- la crisis del 2001 en Argentina. Habrá opiniones encontradas, diversas, similares, iguales y durante la historia podremos observar monólogos, diálogos cotidianos entre estas nueve amigas, conocer sus vidas superficiales y banales; hasta descubrir que todo lo que hacen y dicen es para no sufrir ni tener conciencia de la realidad.

A través del alma se puede ver quien es quien, conocer sus pasiones, tristezas y demás emociones. Cada personaje estará muy bien caracterizado y al tratarse de artistas conocidas, cada espectador tendrá la posibilidad de sentirse reflejado o encontrar alguna coincidencia con al menos una frase que emitan.

Pensar que el 2001 quedo tan atrás y tan cerca a la vez. Al recordar los sucesos puedo notar cómo se ven plasmados en esta obra, de una manera respetuosa y punzante a la vez. Me parece formidable el manejo de los tiempos, que de a poco, suman detalles, días, años de esa época pasada, que continua pisando el presente.

Al igual que en «Mau mau», la clase alta observa -por encima del hombro de los más pobres-, los acontecimientos, enfrentamientos, conflictos y tragos amargos. Es esta aristocracia berreta la que en los peores momentos sale a nadar, se anota en un curso de literatura para escribir su mirada “tan revolucionaria”, maneja la opinión pública y lleva el control de todo. Hasta que sucede el famoso corralito que tira por la borda cualquier pensamiento rígido y tradicional, permitiendo que la clase media común tome las riendas del descontrol.

Es posible dividir a la obra en dos: una primera parte en la que la comedia toma protagonismo, se torna todo cómico y risueño, disfrutando de la ficción; para luego ingresar de lleno en la segunda parte en la que el drama toma preponderancia.

Aun escucho los cacerolazos de diciembre, aunque durante esta historia no se le presta demasiada atención a las quejas sino a lo que significa la misma, ya que estas mujeres sienten incomodidad día tras día y les molesta esa sensación en el cuerpo. Las asfixia diría. No están acostumbradas a pasarla mal sino a tener problemas íntimos que saben contemplar de alguna forma. Esta dosis de realidad vino concentrada y el taller literario, liderado por una de ellas a la fuerza, no les serviría para distraerse sino todo lo contrario.

La Argentina, su país, su sociedad, todo lo que significa un Estado; les dará un mensaje que tendrán que comprender. Vulgarmente diría: nadie tiene la vaca atada. Dentro del contexto y la debacle no puedo pronunciar frases eruditas porque brota en mi la bronca y la desidia. ¿Cómo imaginar un futuro cuando todo se iba disgregando rápidamente? ¿Cómo pensar en siquiera un mañana, si nos estábamos hundiendo?

Hay que hablar en plural, sentirse parte -por más diferencias que existan entre una persona y otra-, entre una clase y otra.

Qué decir de Eugenia Alonso interpretando a una mina careta, incrédula y hasta de plástico. Ella corre, toma sol, seduce, ignora, actúa como sabe y convence con sus discursos a cualquier humano. Podría llegar a decir la ridiculez más grande que se la creeríamos. Y de Gaby Ferrero, intentando huir de sus angustias y citando al Asia como pedido de calma -a la vez que la música evoca esos sonidos tan tenues orientales-.

Y ya que menciono lo superficial, también debo remitirme a los pobres que casi siempre pagan las consecuencias de las malas decisiones tomadas por un gobierno. Para esto, Paula Kohan, canta en dos oportunidades de la dramaturgia: primero mencionando la cantidad de cosas que se podían adquirir, materialmente, en un negocio antes de la caída de De La Rúa y, luego, un paisaje descripto por los matices de su voz, provocando tanta melancolía como angustia. Una cumbia que refleja a la clase más baja y, después, un canto lírico que se corresponde con los más ricos.

Si bien, de a poco, cada una de ellas, retrata su vida y lo que rescatan de la misma; es María Onetto la que produce el quiebre del relato cuando rompe en llanto, sus lágrimas le recorren la cara y ya no existe un retorno a la risa. Ella que desde hacía rato venía pronunciando su descontento con el taller literario, con que no tenía sentido que formen parte del mismo y se negaba a continuar yendo a los encuentros.

Como símbolo de belleza, Santiago Gamardo, se luce como ángel, como masajista y en ningún momento esboza palabra alguna. No es alguien sino un objeto que da placer. Él es el primero en aparecer en escena, desplazar los fondos decorados y pinturas, ocupando el lugar que las damas pretenden. Lo irónico es que no saben su manera de pensar. Quizás si la supieran, perdería el lugar “privilegiado” que ocupa en la vida de cada una de ellas.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Uruguay y Argentina, juntos para crear

Alejandro Balbis40

La música uruguaya tiene un ingrediente de alegría, que le permite a todo nuestro cuerpo sentir adrenalina. Específicamente, la murga, le da la posibilidad a los cantores de transmitir con palabras aquellos versos que, por más que no rimen, son agradables de escuchar.

El objetivo no es una rítmica perfecta ni colocar la voz de una determinada manera, sino desahogarse. Seria algo así como que digan lo que les pasa, el momento en el que están y lo que pretenden, cantándolo.

Resulta imposible no tener ganas de bailar, de saltar y de mover el esqueleto. Pero, cuando Alejandro Balbis, junto a su banda, aparecen, el tiempo se detiene y todas las cámaras fotográficas se desesperan por captarlo. En no es un cantante egocéntrico ni fanfarrón. Balbis es un alma inspirada que ayuda y sana.

La Sala Siranush le abre las puertas para que presente su nueva discografía titulada «Sin remitente», junto al grupo Los caballeros de peluca; sin olvidarse de cómo surgió, de dónde vino y sonando -en todo momento- a murga. Balbis dirigió Acontramano y Falta y resto, participó en discos y recitales de las bandas: Vela Puerca y Bersuit Vergarabat, entre algunas de las más conocidas.

En cuanto a las canciones, tocaron varias del disco anterior (El gran pez, 2009) como: La correntada, Lo que espero de ti, El lugar, Quién, Fiera enjaulada, Gran pez y Nebulosamente. En cuanto al nuevo material (Sin remitente, 2013) sonaron: Por la ventana, Domingo, Boedo en mí, Claroscuro, Madrugué, Cantores callejeros, Sin remitente, entre otras. Existieron los bises, junto a las palmas y alegría contagiada entre todos.

Al finalizar el recital, una chica me comento que una vez fue a uno de sus shows y se sentía mal. ¿Saben que hizo él? Le acaricio el pelo un largo rato. Y no estoy mencionando que el músico haya estado de levante. Alejandro es humano en su integridad y nos valora como publico, nos da una terapia curativa donde los valores resultan ser los protagonistas.

Todos los discos nuevos se agotaron en el stand del hall central. Así, la felicidad del equipo se traducía en una sonrisa inmensa, colmada de agradecimiento. Su humildad no podía imaginar que a principio de mes la gente destinara su poco dinero en un disco. Pero, cuando hay amor hacia un artista, los ahorros existen y, también, la posibilidad de elegir tener canciones que curen a este mundo tan deteriorado en vez de gastarlo en objetos que perecerán en instantes.

Este concierto forma parte del Ciclo Agadu 2014 – Autores del Uruguay en Buenos Aires, el cual realiza un recorrido por los diferentes músicos de tal país y finaliza en el mes de octubre.

Hubiera querido que el escenario dejara de existir para darle lugar a la murga de la gente, que no paraba de danzar. Por los comentarios y efusividad, el público no era improvisado sino fiel conocedor del artista y cada una de sus canciones.

Argentina y Uruguay, unidos por la música y por ese amor mutuo.

La profundidad de las letras te hace viajar por distintos paisajes a los que no se puede llegar caminando ni en un medio de transporte, sino viviendo.

Las experiencias de Balbis están descriptas en cada pentagrama, siendo posibles gracias a los músicos que acompañan y demuestran su talento y vocación en la ejecución de sus instrumentos. Vamos a bailar – se escuchaba en la sala.

Hay que replantearse la existencia para salir conmovido y lleno de amor. Las letras nos ayudan, nos dan ese empujoncito para que nos animemos.

El ahí arriba, caminando de un extremo al otro, aliándose con sus compañeros de ruta y colmándonos de enseñanzas.

Sin remitente apunta a los mensajes anónimos, a los decires compartidos con todos. A esos coros de la ribera, que se escuchan al unísono, que tienen distintas voces pero se conforman como unidad, como propósito.

«Ahora puedo llorar, ahora puedo reír y aprender de la vida que uno marchita antes de morir» – se escucha como estribillo de una de las canciones y lo guardo en mi corazón para aplicarlo cada vez que sea necesario.

Alegría, satisfacción y pasión por la murga; demostrando que es posible hacer sin tener que demostrar. Eso es Alejandro Balbis y su grupo, conformado por músicos uruguayos y argentinos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Poder decir adiós, es crecer

La realidad3

¿Cómo se puede hacer para sentir y pensar como otra persona, simulando ser ella pero continuando siendo, al mismo tiempo, quien se es?

¿Existe manera de parar el tiempo o de retroceder o de considerar que la oscuridad es luz detenida?

De repente se escucha una música -que se repite durante unos minutos- de la India, la cual le permite a Andrómeda meditar. En una escalera caracol, ella espera el comienzo de la función de “La realidad” (escrita y dirigida por Denise Despeyroux), una obra muy profunda que llega hasta el alma.

Cuando se habla de realidad, se toma contacto con la tierra, con lo verdadero, con lo que es, y no con lo que debería ser.

Dos hermanas gemelas (Andrómeda y Luz) son totalmente opuestas en sus formas de ser, en sus estilos de vida y en la concepción de la misma. La primera en la Argentina y la segunda en la India, se comunican por internet, se ven por cámara y llegan a lo más inverosímil como puede ser que una suplante a la otra para siempre. Un día Luz le cuenta a su hermana que esta por morir y esa declaración produce que el tiempo deje de correr, que se detenga y todo se vuelva triste y tenebroso. Sin embargo, Andrómeda no puede entender como morirá si se ve y escucha tan bien.

Este tema se vuelve central para ambas y es realmente conmovedor y noble como una le muestra a la otra su parecer, su manera de pensar y analizan, juntas, cada frase, autor y singularidad que se les ocurra por sus mentes inteligentes.

Sucede que Luz siempre fue la más mimada por sus padres y se supone la preferida de ellos, entonces no quisiera provocarle un sufrimiento a su mama cuando ya no esté presente. Este planteo y proposición a su hermana se convierten en una propuesta difícil de desarrollar ya que Andrómeda no quiere ni puede concebir la muerte de su otra parte.

La mentalidad occidental se opone y enfrenta a la oriental y, juntas, convierten lo imposible en real.

A través de una pantalla gigante vemos a Luz, con una templanza pocas veces vista, serena, conforme y relatando su camino cotidiano, de ayuda al prójimo y el rito en el que tuvo que participar para descubrir su enfermedad. Aquí es donde nosotros, como espectadores, nos paralizamos al igual que Andrómeda, sin poder hallar una respuesta científica al tema.

Resultan muy interesantes los intercambios entre una psicóloga y su hermana, desafiándose, intentando encontrar respuestas en el planteo de la otra; hasta que logran comprender que cada persona tiene su manera de ser, de vivir y de sentirse plena.

Una le escribe cartas a los muertos mientras la otra se va despidiendo, de a poco, de la vida. Un pasado infantil es recordado a la vez que el presente les recuerda que es momento de decir adiós y respetar la decisión tomada.

Andrómeda es el nombre de una constelación, entonces, ¿cómo no pudo sentirse amada por su familia?

Luz es el todo, lo brillante, la palabra justa y precisa.

Ellas no compiten, solo rememoran, se enseñan e intentan ver con los ojos de la otra, sintiendo con el corazón de la otra. Como un juego, se conectan por el ciberespacio y toda la nostalgia junta las invadirá por completo, convirtiéndolas en personas firmes, decididas e idealistas.

¿Se está preparado para decir adiós? ¿No existe alguna oportunidad para revertir el presente y cambiarlo por lo que se quiera?

La más conformista seguirá en este mundo mientras la otra partirá, abandonando la tierra que tanto le enseñó. Quizás, por eso, ya sea momento de volar hacia otra realidad paralela.

Andrómeda querrá escapar y encontrar la salida a una situación que la angustia; pero la distancia geográfica e ideológica se lo impedirá.

Fernanda Orazi se desenvuelve tan plenamente en el escenario que logra convencernos de cada uno de sus relatos y diálogos. Es ella misma quien interpreta a dos personajes y sincroniza los tiempos entre uno y otro. Sabemos que es una, pero desdoblada en dos, con vestimenta distinta, con voz diferente y hasta un modo de hablar particular.

Salgo invadida de muchas sensaciones, de enseñanzas pocas veces vistas en el teatro y con un nudo en la garganta que me impide respirar bien. Estoy constelando quizás. ¿Quién dijo que la realidad ficcionada no sea realidad al fin?

La realidad ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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7 Cajas, un film de Maneglia-Schembori

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Víctor (Celso Franco) es un adolescente que intenta soñar. Por el año 2005, una feria -con distintos stands y rubros- será el principal escenario para que se desarrolle una historia dramática y policial a la vez. En ella ocurrirán diferentes situaciones y desgracias, llevando dos sentimientos a su máximo punto: la codicia y el egoísmo.

Cuando Víctor ve un celular con cámara, anhela tenerlo. Él es pobre como toda su familia y entorno pero siente que podrá cumplir su sueño de alguna manera.

Su trabajo, arduo, de carretillero le permite relacionarse con muchas personas, que ni siquiera conoce a qué se dedican. Él es joven, entusiasta, desvergonzado, inocente y sin miedo a vivir cualquier experiencia que se le presente.

Los planos americanos lo enfocan a Víctor en la feria, junto a su amiga Liz (Lali González). Este plano es utilizado bastante durante la película al igual que la cámara fija y los paneos (que muestran las peleas desatadas en la vía pública). También, aparece en pocas oportunidades el travelling, describiendo las persecuciones ocurridas durante la dramaturgia.

El detalle de cada toma es tan sutil que se puede disfrutar muchísimo el film, sin existir esos sobresaltos de cámara que ocurren en otras películas. Así es como la prolijidad nos permite prestarle atención a la historia que contiene sub-historias, las cuales -a medida que avanza la trama- se van relacionando entre sí.

Con respecto al argumento, Víctor, es contratado por un Gus -un carnicero que conoce a su hermana- para transportar una mercadería en su carretilla. Este es el puntapié inicial, del que partirán todas las tragedias y conflictos sucesivos. Siete cajas serán ambicionadas por distintas personas, que creerán que contienen dinero o algo de valor específico. Pero, este joven, solo sueña con comprarse un celular. Nada más.

Mientras tanto, Luis y Don Darío, quienes comandan la misión, irán tramando cuándo repartirse entre ellos tres y su cabecilla, el dinero. La ambición los supera y no les importa más que llevarse su parte.

A medida que los acontecimientos suceden, nos enteramos del contenido de las cajas, de una madre que está por dar a luz y que no tiene cómo costearse el hospital, de un bebé enfermo que precisa medicación y sus padres no encuentran el dinero para comprársela y diferentes conflictos angustiantes y severos.

De un mal entendido como fue el código establecido por estos socios para llevar a cabo la operación, es que ocurrirán muchas desgracias innecesarias. La lechuga era la señora y el tomate la plata. Pero, Luis entendió todo al revés y ya es tarde para volver atrás.

Otro de los escenarios en que transcurren las acciones es una carnicería en la que trabaja Luis y Gus -el hombre que hace el trato con Víctor-. Cabe aclarar que todo transcurre en una zona suburbana, pobre, llena de maleantes y delincuentes.

La música conmueve muchísimo y narra cada escena de la película, describiéndola y dando la posibilidad de comprender lo que ocurre sin necesidad de escuchar los diálogos.

En un momento, Víctor, ingresa a un negocio de electrónica y observa cada uno de los televisores expuestos. Esta situación es emocionante ya que se siente su pobreza, su desolación y la necesidad de ser niño. Así, cree haber encontrado una oportunidad de obtener dinero para comprarse el producto elegido.

Él siente que su suerte está echada y por más que los incidentes parecen cruzarle piedras en su camino, la fe que tiene es mayor. Hasta explota una garrafa en la feria y parece haber perdido la mercadería, pero logra recuperarla y continuar con su operación.

Por otro lado, la desesperación de Nelson, un hombre al que se le iba a encomendar la misión pero llegó tarde, lo hará conseguir una coartada para hallar las cajas con el supuesto dinero y, así, comprarle los remedios a su bebé enfermo.

Son muy ricos los diálogos de la historia y crean una atmósfera de suspenso de principio a fin. Uno de los momentos en que se demuestra la miseria humana es el que se establece en una conversación entre Luis y Darío, ambos desesperados:

Por tu culpa ya estoy arriesgando mi pellejo.

¿Por mi culpa o porque los dos somos angurrientos con la plata?

Este pequeño diálogo, también, pone en evidencia el poco valor que le otorgan a las vidas ajenas; sobre todo a la de Víctor, a quien en ningún momento informan sobre la procedencia, contenido y peligro de las cajas.

Todas las personas inocentes se ven envueltas en problemas graves y relacionadas con gente muy peligrosa. La corrupción surge y reina en todos los ámbitos, a la vez que los violines y piano provocan lágrimas. Estas melodías -muy al estilo francés de Yann Tiersen- nos sumergen en un suspenso realmente angustiante, sin escapatoria posible.

La salud de un pequeño, la sed de ganar dinero suciamente y el sueño de un adolescente parecen ser las tres situaciones que se conjugan y entrelazan a lo largo de la película.

¿Qué vale más?

¿Quién decide eso?

Víctor, por fin, es protagonista de su propia historia, apareciendo en aquellos televisores que tanto anheló. Su sonrisa lo demuestra, su ímpetu de ganador. No es consciente de la feroz batalla que tuvo que enfrentar sino de su objetivo.

Al finalizar «7 cajas», la letra de un reggaeton sintetiza el sueño americano de este adolescente paraguayo:

«Él quiere estar en la tv y ver cómo se ve».

7Cajas

 Mariela Verónica Gagliardi