*** Octubre 2017 ***

El sepelio1

Una misa, a través de la radio, nos envuelve desde el comienzo. Causa gracia, atención y una invitación al mundo del Señor.

No acostumbro leer demasiado la sinopsis de una obra para no verme condicionada en la escritura. Creo, fervientemente, que quienes lo hacen pierden espontaneidad, sentimientos y creación en una propia conclusión.

Quise que “El sepelio” (escrita y dirigida por Heidi Steinhardt) me sorprenda por completo, y así lo hizo. Muy lejos de caer en la obviedad de la muerte, ella configuro unos diálogos fantásticos, llenos de comicidad, humor negro y alegría. Nadie, me incluyo, podía parar de reír y comentar con una palabra -a la persona que tenia al lado- lo que estaba viendo.

Todos, nos sentimos con ese placer único de ver en escena a grandes actores, acompañados por un dirección excelente. No siempre funciona que el creador de una pieza artística pueda dirigir tan bien su propia obra. En este caso Heidi logra el objetivo de mimetizar una historia profunda, sobre la que predomina el humor, pero también la tragedia.

Un escenario muy cargado, con detalles que fueron induciendo, de a poco, a lo fundamental del relato. Por un lado, una mesa que da cuenta de lo importante que es la religión para Zulema (Cristina Maresca). Al centro, una mesa con dulces para apaciguar la amargura de la vida. Hacia el otro lateral, un mueble que no se utilizará más que para sostén de otros objetos.

No hace falta, ni es necesario, que muera alguien para hablar sobre el tema. No hace falta enterrar a un difunto para que surjan determinadas conversaciones.

En esta oportunidad, una madre -ex maestra de colegio-, cita a sus tres hijos: Coyi (Diego Rinaldi), Pedro (Guido Silvestein) y Alfredo (Ariel Mele); para hablarles sobre una cuestión que la tiene preocupada. Pero, en torno a esto, ellos irán sacando de adentro suyo la bronca que tienen hacia ella, siendo que esta madre les dio todo a lo largo de la vida.

Tuve mucha bronca al sentir que no le valoraban nada a esta mujer tan luchadora, que tuvo que hacerse cargo, sola, de sus hijos pequeños. Ella es buena, al igual que sus hijos pero, a lo largo de los años han construido una relación sin respeto en la cual es válido decir lo que sea, aunque con esas palabras se lastime o hiera.

Producto de la necesidad o desesperación, y por comodidad; cada uno de ellos fomentó la dependencia sin evaluar, siquiera por un momento, cuánto los destruiría como familia. Ya son adultos y en vez de valorar a su mamá, la critican y no les interesa estar a su lado.

Ella, por otro lado, tampoco disfruta de sus hijos, a quienes considera fracasados por determinadas evocaciones que va haciendo a lo largo de la dramaturgia.

Este es el claro ejemplo de que se ríe para no llorar. Cuando me di cuenta de que estaba alegrándome, a carcajadas, tomé conciencia de la situación. Son cuatro personajes muy ciclotímicos, que están descriptos de forma exagerada y no tanto.

Un desayuno con una mesa llena de cosas ricas puede ser el plato principal a la angustia. Ninguno de los hombres se comportará como tal sino como niños que no han crecido ni madurado.

¿Puede ser el dinero lo único que los una? Ella no es rica, ni tiene demasiado pero la sola suposición de que es una persona grande, quizás, les dé la esperanza de quedarse con algo.

¿Existe la posibilidad de que sea ella la que trame un plan?

Durante el avance de la historia se oscilara entre estas dos cuestiones, lo que harán que la pieza teatral sea atrapante en todo momento.

Lo más evidente puede resultar menos real y viceversa.

Zulema es una mujer desesperada que antepondrá sus intereses ante todo. Tres hijos, supuestos herederos, que se confabularán en contra de su progenitora por no conseguir lo que desean.

¿Qué desean?

Sus rostros solo reflejan maldad, egoísmo, odio, pena y asco por los demás, resentimiento. Solo se unen para sentirse con más fuerzas y derribar al más débil. Lo que jamás se imaginan es que la persona más débil los necesita y que cualquier indicio que crean tener, los hará equivocarse.

Quizás nunca se enteren de la verdad pero, lo interesante, es ver el desenlace y ese teléfono que será el objeto fundamental para el mismo.

“El sepelio” los lleva de viaje a un territorio oscuro, gris, pesado y tenebroso, donde tendrán que enterrar el pasado para siempre o elegir con qué quedarse.

El sepelio ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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