*** Octubre 2017 ***

La realidad3

¿Cómo se puede hacer para sentir y pensar como otra persona, simulando ser ella pero continuando siendo, al mismo tiempo, quien se es?

¿Existe manera de parar el tiempo o de retroceder o de considerar que la oscuridad es luz detenida?

De repente se escucha una música -que se repite durante unos minutos- de la India, la cual le permite a Andrómeda meditar. En una escalera caracol, ella espera el comienzo de la función de “La realidad” (escrita y dirigida por Denise Despeyroux), una obra muy profunda que llega hasta el alma.

Cuando se habla de realidad, se toma contacto con la tierra, con lo verdadero, con lo que es, y no con lo que debería ser.

Dos hermanas gemelas (Andrómeda y Luz) son totalmente opuestas en sus formas de ser, en sus estilos de vida y en la concepción de la misma. La primera en la Argentina y la segunda en la India, se comunican por internet, se ven por cámara y llegan a lo más inverosímil como puede ser que una suplante a la otra para siempre. Un día Luz le cuenta a su hermana que esta por morir y esa declaración produce que el tiempo deje de correr, que se detenga y todo se vuelva triste y tenebroso. Sin embargo, Andrómeda no puede entender como morirá si se ve y escucha tan bien.

Este tema se vuelve central para ambas y es realmente conmovedor y noble como una le muestra a la otra su parecer, su manera de pensar y analizan, juntas, cada frase, autor y singularidad que se les ocurra por sus mentes inteligentes.

Sucede que Luz siempre fue la más mimada por sus padres y se supone la preferida de ellos, entonces no quisiera provocarle un sufrimiento a su mama cuando ya no esté presente. Este planteo y proposición a su hermana se convierten en una propuesta difícil de desarrollar ya que Andrómeda no quiere ni puede concebir la muerte de su otra parte.

La mentalidad occidental se opone y enfrenta a la oriental y, juntas, convierten lo imposible en real.

A través de una pantalla gigante vemos a Luz, con una templanza pocas veces vista, serena, conforme y relatando su camino cotidiano, de ayuda al prójimo y el rito en el que tuvo que participar para descubrir su enfermedad. Aquí es donde nosotros, como espectadores, nos paralizamos al igual que Andrómeda, sin poder hallar una respuesta científica al tema.

Resultan muy interesantes los intercambios entre una psicóloga y su hermana, desafiándose, intentando encontrar respuestas en el planteo de la otra; hasta que logran comprender que cada persona tiene su manera de ser, de vivir y de sentirse plena.

Una le escribe cartas a los muertos mientras la otra se va despidiendo, de a poco, de la vida. Un pasado infantil es recordado a la vez que el presente les recuerda que es momento de decir adiós y respetar la decisión tomada.

Andrómeda es el nombre de una constelación, entonces, ¿cómo no pudo sentirse amada por su familia?

Luz es el todo, lo brillante, la palabra justa y precisa.

Ellas no compiten, solo rememoran, se enseñan e intentan ver con los ojos de la otra, sintiendo con el corazón de la otra. Como un juego, se conectan por el ciberespacio y toda la nostalgia junta las invadirá por completo, convirtiéndolas en personas firmes, decididas e idealistas.

¿Se está preparado para decir adiós? ¿No existe alguna oportunidad para revertir el presente y cambiarlo por lo que se quiera?

La más conformista seguirá en este mundo mientras la otra partirá, abandonando la tierra que tanto le enseñó. Quizás, por eso, ya sea momento de volar hacia otra realidad paralela.

Andrómeda querrá escapar y encontrar la salida a una situación que la angustia; pero la distancia geográfica e ideológica se lo impedirá.

Fernanda Orazi se desenvuelve tan plenamente en el escenario que logra convencernos de cada uno de sus relatos y diálogos. Es ella misma quien interpreta a dos personajes y sincroniza los tiempos entre uno y otro. Sabemos que es una, pero desdoblada en dos, con vestimenta distinta, con voz diferente y hasta un modo de hablar particular.

Salgo invadida de muchas sensaciones, de enseñanzas pocas veces vistas en el teatro y con un nudo en la garganta que me impide respirar bien. Estoy constelando quizás. ¿Quién dijo que la realidad ficcionada no sea realidad al fin?

La realidad ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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