*** Julio 2017 ***

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Víctor (Celso Franco) es un adolescente que intenta soñar. Por el año 2005, una feria -con distintos stands y rubros- será el principal escenario para que se desarrolle una historia dramática y policial a la vez. En ella ocurrirán diferentes situaciones y desgracias, llevando dos sentimientos a su máximo punto: la codicia y el egoísmo.

Cuando Víctor ve un celular con cámara, anhela tenerlo. Él es pobre como toda su familia y entorno pero siente que podrá cumplir su sueño de alguna manera.

Su trabajo, arduo, de carretillero le permite relacionarse con muchas personas, que ni siquiera conoce a qué se dedican. Él es joven, entusiasta, desvergonzado, inocente y sin miedo a vivir cualquier experiencia que se le presente.

Los planos americanos lo enfocan a Víctor en la feria, junto a su amiga Liz (Lali González). Este plano es utilizado bastante durante la película al igual que la cámara fija y los paneos (que muestran las peleas desatadas en la vía pública). También, aparece en pocas oportunidades el travelling, describiendo las persecuciones ocurridas durante la dramaturgia.

El detalle de cada toma es tan sutil que se puede disfrutar muchísimo el film, sin existir esos sobresaltos de cámara que ocurren en otras películas. Así es como la prolijidad nos permite prestarle atención a la historia que contiene sub-historias, las cuales -a medida que avanza la trama- se van relacionando entre sí.

Con respecto al argumento, Víctor, es contratado por un Gus -un carnicero que conoce a su hermana- para transportar una mercadería en su carretilla. Este es el puntapié inicial, del que partirán todas las tragedias y conflictos sucesivos. Siete cajas serán ambicionadas por distintas personas, que creerán que contienen dinero o algo de valor específico. Pero, este joven, solo sueña con comprarse un celular. Nada más.

Mientras tanto, Luis y Don Darío, quienes comandan la misión, irán tramando cuándo repartirse entre ellos tres y su cabecilla, el dinero. La ambición los supera y no les importa más que llevarse su parte.

A medida que los acontecimientos suceden, nos enteramos del contenido de las cajas, de una madre que está por dar a luz y que no tiene cómo costearse el hospital, de un bebé enfermo que precisa medicación y sus padres no encuentran el dinero para comprársela y diferentes conflictos angustiantes y severos.

De un mal entendido como fue el código establecido por estos socios para llevar a cabo la operación, es que ocurrirán muchas desgracias innecesarias. La lechuga era la señora y el tomate la plata. Pero, Luis entendió todo al revés y ya es tarde para volver atrás.

Otro de los escenarios en que transcurren las acciones es una carnicería en la que trabaja Luis y Gus -el hombre que hace el trato con Víctor-. Cabe aclarar que todo transcurre en una zona suburbana, pobre, llena de maleantes y delincuentes.

La música conmueve muchísimo y narra cada escena de la película, describiéndola y dando la posibilidad de comprender lo que ocurre sin necesidad de escuchar los diálogos.

En un momento, Víctor, ingresa a un negocio de electrónica y observa cada uno de los televisores expuestos. Esta situación es emocionante ya que se siente su pobreza, su desolación y la necesidad de ser niño. Así, cree haber encontrado una oportunidad de obtener dinero para comprarse el producto elegido.

Él siente que su suerte está echada y por más que los incidentes parecen cruzarle piedras en su camino, la fe que tiene es mayor. Hasta explota una garrafa en la feria y parece haber perdido la mercadería, pero logra recuperarla y continuar con su operación.

Por otro lado, la desesperación de Nelson, un hombre al que se le iba a encomendar la misión pero llegó tarde, lo hará conseguir una coartada para hallar las cajas con el supuesto dinero y, así, comprarle los remedios a su bebé enfermo.

Son muy ricos los diálogos de la historia y crean una atmósfera de suspenso de principio a fin. Uno de los momentos en que se demuestra la miseria humana es el que se establece en una conversación entre Luis y Darío, ambos desesperados:

Por tu culpa ya estoy arriesgando mi pellejo.

¿Por mi culpa o porque los dos somos angurrientos con la plata?

Este pequeño diálogo, también, pone en evidencia el poco valor que le otorgan a las vidas ajenas; sobre todo a la de Víctor, a quien en ningún momento informan sobre la procedencia, contenido y peligro de las cajas.

Todas las personas inocentes se ven envueltas en problemas graves y relacionadas con gente muy peligrosa. La corrupción surge y reina en todos los ámbitos, a la vez que los violines y piano provocan lágrimas. Estas melodías -muy al estilo francés de Yann Tiersen- nos sumergen en un suspenso realmente angustiante, sin escapatoria posible.

La salud de un pequeño, la sed de ganar dinero suciamente y el sueño de un adolescente parecen ser las tres situaciones que se conjugan y entrelazan a lo largo de la película.

¿Qué vale más?

¿Quién decide eso?

Víctor, por fin, es protagonista de su propia historia, apareciendo en aquellos televisores que tanto anheló. Su sonrisa lo demuestra, su ímpetu de ganador. No es consciente de la feroz batalla que tuvo que enfrentar sino de su objetivo.

Al finalizar “7 cajas”, la letra de un reggaeton sintetiza el sueño americano de este adolescente paraguayo:

“Él quiere estar en la tv y ver cómo se ve”.

7Cajas

 Mariela Verónica Gagliardi

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Comentarios en: "7 Cajas, un film de Maneglia-Schembori" (2)

  1. La peli es Excelente!!! Me encanto. La vi en el cine y ahora me compre el DVD en Yenny. Fue directo a mi videoteca!!! Definitivamente la película del año.

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