*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para la Categoría "Festivales"

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Presentación de “Como tu vida, como la mía”

Previa a la noche que tanto esperaban los actores que participan del seminario brindado por Gabriela Izcovich, durante una tarde preciosa se presentó en el Salón Cultural (sito al lado del Teatro Español) el libro que recopila historias escritas por los propios artistas.

De esta manera, Como tu vida como la mía, pretende ser la unión de narraciones verídicas o ficticias que cada actor volcó en palabras para transformar una realidad en arte. Así, los alumnos principiantes tuvieron la posibilidad de interpretar, en vivo, lo escrito mientras los avanzados prefirieron guardar el secreto para la función de la noche.

Las propuestas brindadas por Gabriela durante sus clases fueron transmitidas al público como consignas y, notablemente, se pudo percibir cómo cada alumno ideó un personaje e historia distinta.

Entre poemas, relatos breves, otros más profundos y conmovedores, pude observar a una actriz que construía su personaje desde lo corporal hasta la palabra de una manera excelente. Sin desmerecer al resto de los participantes, ella consiguió transmitir no solamente una historia en la que fue posible conectarse con su mirada entristecida, su dolor de música y la enfermedad que no menguaba:

(…) “Te preguntarás por qué te escribo. Volver no fue fácil. Mi enfermedad ha avanzado y ya no quiero seguir con los tratamientos. Sólo tengo un gran deseo: poder volver a tocar con vos. Si mis manos me lo permiten, aunque sea por última vez, desearía interpretar juntas esa música del alma que dio luz y sentido a mi vida. Tu eterna alumna. Verona”.

Carolina Fittipaldi es la autora de esta carta que conmueve de principio a fin, que hace sentir cómo un corazón se desgarra a cada momento y la tristeza que puede sentir una pianista al no contar con su propio instrumento para ejecutar el otro.

Testimonios sobre violencia de género, violación, traumas de la niñez, deseos de superación personal y recuerdos que hilan aquellos recuerdos con el presente para que todo actor observe quién es y hacia dónde va.

Mariela Verónica Gagliardi

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Al compás del tamboril y la chacarera

Candombe48

Una tarde de sonidos africanos, traídos a Azul, con músicos de diferentes lugares que fueron expandiendo su música y baile a lo largo de varias calles del centro. Esta actividad cargada de entusiasmo y amor estuvo organizada por Orún Aiye -una comparsa compuesta exclusivamente por mujeres de Azul-.

Acompañaron a estas talentosas los grupos: Kilumbo-aña (Tandil), Tambores del Callvú (Azul), Ashanti (Olavarría), Cuna de tamborileros (Bahía Blanca) y Umira Candombe (Bahía Blanca).

Si bien los días de primavera se hicieron desear, finalmente, aquí están. Rodeándonos de arte, de magia, de colores que caracterizan a una u otra comparsa, a banderas que flamean por la libertad y la inclusión, de niños y adultos que pisan fuerte en el asfalto y sonríen entre ellos miradas complacientes. Miradas que luego se esparcen hacia el público donde estamos absortos solo disfrutando de una maravillosa tarde de sol.

Caminamos todos como una procesión pero de fanatismo cultural, de percusión, de sonidos cargados de templanza, de precisión, de manos que se combinan para lograr melodías tradicionales y otras inventadas. De tacos femeninos que desfilan como si estuvieran en un verano deseado, de hombres que admiran, dirigen y se pasan la batuta con mujeres. De un sentimiento compartido que se renueva en cada número y continúa hacia la costanera.

Una vez que todo termina, los gritos de felicidad se escuchan, nuestros aplausos acompañan y el sol se mantiene brillante en el cielo.

Peteco y Anabella

Cuando pasan unas pocas horas, el show de Peteco Carabajal y Anabella Zoch comienza. Se hace esperar y desear, hasta que el telón de terciopelo bordó se despliega para dar pie a un recital bien nuestro, con tanta historia que viene bien de abajo, de unas raíces que cada vez se vuelven más profundas para recorrernos de principio a fin.

Estos dos músicos fueron acompañados por: Jorge Giuliano, Lucas Omer, Homero Carabajal, Silvana Albano, Martina Ulrich Cárpena Carabajal y una invitada especial que llegó al terminar la noche.

Como homenaje a Carabajal y a su música tan profunda y conmovedora opté por realizar un recorrido literario que conforme un mural integrado por pequeñas piezas (fragmentos de canciones). Todos ya conocen sus nombres, sus melodías, sus chacareras, escondidos, zambas y demás estilos.

Es así como su arte unido a una pluma conforman lo siguiente:

Qué sucederá en la hora crucial, que me hace sentir. Como Un tren que dice adiós.

Todo puede cambiar. Caminando hacia el sol, con los rostros en paz.

Los viajeros de la vida como estrellas fugaces. Como sueño de mi vida. Así es la luz de mirar.

Arde la vida a cada ser viviente una utopía.

Pareciera conformarse por sí solo un poema, escogiéndose algunos versos que impresionen más que otros, por gustos meramente personales. Como una elección caprichosa de mi parte para esbozar un parecer brillante como lo fue realmente en el Teatro Español.

Homero Carabajal, su hijo, ilustró con la percusión y su voz al igual que el resto de los artistas en escena.

Se trató de un recital que tuvo el motivo de presentar el disco de Anabella Zoch en homenaje a Carabajal y su trayectoria. De paso, nosotros disfrutamos de sus cantares, provistos de un recorrido único y audaz.

Peteco es un músico brillante, lleno de belleza, de amor por el arte, de sensibilidad a flor de piel, de humildad, de conexión al instante con el público, de placer por la palabra y amor a la vida. Él desde que ingresa al escenario en compañía de sus músicos, hasta cuando queda solo con su guitarra, violín y demás instrumentos, es él. Un ser impresionante que da fe y esperanza, que tiene una mirada de quietud que transmite calma, que otorga esas ganas por incursionar en la música sin siquiera saber lo que es una escala o un pentagrama.

No es ninguna novedad lo que describo pero sí la precisión de un show que quisimos que dure mil horas para seguir disfrutando cada vez más.

Entre anécdotas y frases, tanto Peteco como Anabella diagramaron una velada digna de ser destacada. A su vez, ella como una luz que brilla, con una sonrisa pintada y la felicidad que irradia, contagió su pasión también por el folklore argentino.

Horno de barro, pan de esperanza…

Crepúsculo de domingo. Rayito de luna..

Nadie se animó a danzar pero todos, absolutamente todos nos movimos en nuestras butacas con ganas de que alguien sea el precursor. Por timidez, seguramente, ninguno rompió el hielo. Una verdadera peña se podría haber armado y los asientos volar por los aires en busca de más espacio. Como la casa de los padres de Peteco, allá en Santiago del Estero que es tan grande que él mismo la considera un sitio para danzar chacareras y demás bailes.

Otro de los lujos que tuvo la noche fue el estreno de la canción Alas del sol, un tema dedicado a una mujer de La Boca que hace gorritos con los colores del cuadro de fútbol y los vende. Esta zamba fue realmente conmovedora y también un llamado al amor y al recorrido elegido en la canción de Espejo de amor (título que da nombre al álbum).

Tengo un espejo que me desnuda la soledad (con autoría de Homero Carabajal) y no quiero partir sin felicidad, al despertar (Mercedes Sosa).

Dónde estará la estrella, ya no podré con mi dolor. No quiero que el dolor se adueñe de tu mirada. Yo te ahuyentaré el dolor cantando la chacarera.

Voy de a poco por la vida sintiendo el amor. No quisiera despertarme de este sueño enamorado.

Conciencia de luz, cuerpo de vino y pan, es la canción que apela a una conexión con el ser y religión como un camino hacia la paz y unión.

Una lágrima he guardado, una gota de esperanza y esta es la frase que resume la sintonía del recital, esa necesidad que cada vez sentimos más los humanos por querer frenar la violencia, por conectarnos más entre nosotros y seguir andando entre paisajes bellísimos en los que anclar cuando lo precisemos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Recordar con el corazón

El Sr. Kaplan

El noveno Festival Cervantino de la Ciudad de Azul (Buenos Aires) es uno de los certámenes de arte más importantes del país y con más variedad en sus disciplinas. Este año, una vez más, con el apoyo de cada uno de sus organizadores y voluntarios pudo llevarse a cabo. La fuerza de esta movida cultural es contagiosa y se vuelve adictiva, con ganas de que no termine ninguna jornada, ansiando que cada espectáculo se convierta en una huella inolvidable para Azul y para cada uno de los que acudimos como espectadores.

La Criba ofrece una velada única con un unipersonal de Buenos Aires que no es una mera obra con un protagonista sino una clase magistral sobre narrativa, estilos literarios, discursivos, una fusión muy interesante con soportes tecnológicos (grabados y en vivo) y la actuación de un artista talentosísimo, dirigido por un talentoso.

En un mundo en el que solo él y sus recuerdos forman parte, convive su pasado con su triste realidad. O, al menos, la realidad que de alguna manera fue eligiendo a lo largo de la vida.

Sentado en una silla, en penumbras, con una bata y los pelos revueltos, como si ya nada le importara. Rodeado de equipos de música, televisores y una colección de videos que él mismo grabó en su hogar para que su memoria no le juegue una mala señal. Todo ordenado por fecha y número como para que cualquiera que deseara hacerse del material no tuviera inconveniente de encontrarlo.

Así es el Sr. Kaplan (Abian Vainstein y dirigida por Agustín León Pruzzo), un hombre mayor, de origen judío que desea compartir algunos momentos con nosotros muy peculiarmente.

No tiene familiares vivos ni amigos que vea, ni mujeres con quien desee pasar el rato. Sus recuerdos lo sumergieron en una soledad absoluta, angustiante, trágica pero, gracias a sus olvidos, con ciertos ingredientes de humor que le hacen sobrellevar tantas penas.

Existen varios aspectos a resaltar, sobre los que se apoya el relato de Kaplan: el recurso de la anécdota, del soporte fílmico y del monólogo que no se expone como tal ya que no se comunica de manera directa con el público sino que se combinan sus diálogos con Kaplan del pasado. De este modo, por momentos, parecieran ser dos hombres completamente diferentes (opuestos inclusive), aunque conservando todas las mañas y obsesiones que lo pintan como individuo.

La historia de Kaplan atrapa de principio a fin, emociona, recorre cualquier cuerpo humano con escalofríos por la pasión con que interpreta a sus personajes y el modo de transmitir su vida tan desgarradoramente, tan real y tan precisa.

Una vez finalizada la función, Gabriela Izcovich (curadora de artes escénicas en el Festival) tuvo la interesante idea de abrir los micrófonos para que sepamos detalles de la construcción de El Sr. Kaplan y todo su proceso de creación a lo largo de los meses.

Agustín León Pruzzo se refirió, en primera instancia, a los desafíos de esta dramaturgia diciendo que: El primer desafío, a nivel montaje, era que el mismo actor iba a tener que hacer dos personajes, con treinta años de diferencia y también estaba el desafío para trabajar para dos soportes distintos (…). Fue un proceso como de ida y vuelta en el trabajo audiovisual y debajo del escenario.

Hasta que tuvieron el video definitivo, fuimos haciendo nuestros propios videos, caseros (…) para fusionarlos con el personaje en vivo.

Otro punto a favor en el que observa una real solidez de la pieza artística, es la referida al modo que tuvieron actor y director en realizarla: la escribimos juntos (…) Nos fuimos convirtiendo en un motor de búsqueda con distintos referentes literarios que nos interesaban, agarramos por ejemplo la Carta al padre (de Kafka), como para alguien que recupera eso y, de ahí, evolucionó el vínculo de este personaje con su padre, aparecieron también referencias a una obra de Samuel Beckett con La última cinta de Krapp -un hombre que escucha su voz muchos años atrás-. En la obra no se metió tanto con lo anecdótico pero sí con el organismo de uno y cómo se escucha en la voz. También trabajamos con Paul Auster (que gracias a Gabriela yo pude hablar con él), que su invención de la soledad es como su versión de la Carta al Padre; y también poniéndonos con nuestras propias impresiones y algunas referencias autobiográficas (…).

Y, luego, Abian Vainstein, se explaya sobre otros detalles de la construcción de sus memorias (las cuales no imprescindiblemente fueron reales sino prestadas) y un sinfín de ideas creativas que le permitieron hacer de la soledad un ámbito realmente desolador en el cual ni siquiera es acompañado por un perro o gato sino por un simple pececito rojo. Claro que no es una elección azaharosa sino inteligente: un pez recuerda con la memoria del corazón – menciona Kaplan en cierto momento de la obra. En cambio, una persona lo hace con el cerebro. ¡Qué disputa ambivalente puede surgir de un debate semejante!

Un padre que murió hace décadas, del que se recuerdan cosas que posiblemente nunca ocurrieron pero que por necesidad se desea que así permanezcan en su interior; otorgándole esa caricia a su alma que solo él puede darse actualmente.

Aparte de crearse a partir de literatura universal, se empezó a entremezclar con situaciones personales, modificadas, para que sirvieran a la causa de armar (Abian).

Mariela Verónica Gagliardi

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Construyendo a quien adorar

El becerro de oro1

El becerro de oro es el nombre de una performance de danza que tiene el don de fusionar religión, historia, baile y teatro; consiguiendo un resultado digno de ser destacado tanto por sus intérpretes como por la propuesta en sí.

Así se puede notar cómo Amparo González y Pablo Lugones construyen su propio becerro, partiendo del original de la Biblia, solo que con algunas diferencias que lo vuelven mucho más contemporáneo.

Mientras Moisés estaba en el monte hacía tiempo, el pueblo israelí precisaba un dios a quien seguir y venerar; fue así como le pidió a Aarón (hermano suyo) que les diera esa posibilidad. Aceptando la propuesta, cada uno tuvo que dar sus pertenencias de oro, las cuales al quemarse formaron este animal dorado. Pero, ni bien se enteró Moisés de ello, le pareció un pecado tanto el resultado como la fiesta armada alrededor del becerro. Entonces, decidió hacerlo polvo y obligar al pueblo que lo tome. No quedando satisfecho con esto, aplicó la fuerza física, haciendo que se desate una oleada de muertes.

En esta puesta en escena, los artistas se valen de diferentes luces, de joyas y diferentes simbolismos que cargan dentro de sus ropas. Al comenzar a saltar, oscilantemente, sus bolsillos se rompen dejando caer todas sus pertenencias -las cuales quedarán esparcidas por el suelo-.

Es momento de que sus cuerpos se fusionen, sientan y oscilen entre humanos y animales. Consiguiendo sonidos de sus propias respiraciones -éstas conformarán la atmósfera en que se desenvolverá la historia-, demostrando sus excelentes estados físicos y la inventiva para narrar un ritual milenario.

Un becerro femenino, decorado con joyas y demás accesorios que decoran la magia que encierra esta dramaturgia en que es posible admirar y sentir diversas sensaciones en el organismo.

Había quienes en el público reían, mientras otros, obnubilados, quedaban absortos. Durante media hora, estos bailarines consiguieron conectarse entre ellos con mucha sensualidad y sexualidad; posando de diversas maneras -como si se tratara de un juego establecido espontáneamente por ellos en el que son los únicos que conocen las reglas para continuar, romper toda estructura conseguida o volver al inicio sin dar explicaciones-.

Amparo y Pablo consiguieron meterse en la piel de un animal y convirtiendo toda ilusión en realidad… de eso se trata esta puesta en escena: de justificar con expresiones y sonidos todo lo que la razón precisa saber, al mismo tiempo que las interacciones desafían la noción de gravedad.

El becerro de oro tiene la particularidad de situar un mito cual pieza de museo, pero una pieza que en cuanto es observada cobra movimiento -todo el que necesite para hacer vibrar al espectador, llevándolo a diferentes universos artísticos-.

Función del 13 de septiembre dentro de la Bienal de Arte Joven 2015. Centro Cultural Kónex.

Mariela Verónica Gagliardi

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Solo en mí podés confiar

Los Monstruos3

Toda propuesta teatral que está en El Picadero, es garantía de calidad y de eso no cabe ninguna duda. Es relajante que eso ocurra y así poder ir con los ojos cerrados a disfrutar y dejar que nuestras emociones broten sin que medie la razón.

La Bienal de Arte Joven de este año tuvo una oferta muy amplia en cuanto a espectáculos y, sin dudas, Los Monstruos fue una de las más solicitadas. Desde el primer día que se podían hacer reservas, al mediodía ya no había más entradas. Luego de estar unas horas antes, todos los que no tenían la suya pudieron obtener alguna gracias a la tarde lluviosa y fría.

Los Monstruos (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) es una comedia musical dramática que tiene como protagonistas a Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo, los cuales interpretan a dos padres que tienen vidas bastante similares en cuanto a cuestiones primordiales de dichos roles.

Cabe resaltar su excelencia vocal, escénica y actoral que ya vienen demostrando desde otros musicales (Chiesa en Casi Normales y Cociuffo en Ghost), en los cuales tuvieron su impronta y huella para seguir luciéndose.

Con una estética moderna, minimalista y con todo lo necesario para que los actores se luzcan, tienen inclusive el acompañamiento de músicos en vivo que le otorgan un plus a la pieza artística.

Al comenzar la obra se puede observar el relato de uno y luego el del otro, sin que éstos se conecten entre sí. Como si se tratara de dos dramaturgias distintas, separadas por una línea imaginaria. Esto fue lo que más atrapó mi atención y no pude dejar, de ahí en más, en inmiscuirme en la historia. Mejor dicho, en ambas historias tan bien armadas, profundizadas y con detalles tan reales y a la vez “invisibles” en ciertos momentos de la realidad real.

Casualmente él es padre de un varón y ella de una nena. Casualmente sus hijos tienen ciertas dificultades para relacionarse con niños de su edad y, a la vez, no son integrados por sus correspondientes grupos. Esta temática, en la actualidad, es moneda corriente. Y, como tal, es desvalorizada, naturalizada y tirada a la basura; afirmándose qué tipo de tratamientos deben mantener los chicos -sin tomar en cuenta la postura e idiosincrasia de sus padres o responsables-.

Los padres también fueron niños y no siempre felices. Pero, ¿cómo se resguarda o protege ante diferentes adversidades?

Un nene macabro y travieso, una nena tímida y callada. Ambos infantes receptores de culpas no resueltas por parte de quienes solo deberían darles amor y alegría. De quienes solo deberían esperar buenos gestos y orientación.

Quiero sentirme viva con vos – menciona la madre, refiriéndose a su intimidad, una intimidad que no siente estar encauzando por la sobreprotección que le otorga a su hija y los cuidados excesivos a los que la somete sin dejarla respirar y decir lo que en verdad le sucede… cuál es su pena.

Una de las escenas más emotivas ocurre de la mano de la dupla que, unida, le canta a sus pequeños: Ya deberías saber, que solo en mí podés confiar. Yo no soy de esos papás, que dan la espalda cuando la necesitás. Todos tus secretos, conmigo, seguros están.

No existe motivo para que se desconfié de ellos. Me refiero a los padres, ni para que se ponga, evidentemente, en tela de juicio sus procederes. Pero, a medida que los monólogos avanzan y los diálogos entre ellos y sus hijos (ausentes físicamente pero recreados espiritualmente) se suceden; es posible entender los dos focos principales de Los Monstruos.

Uno de ellos es la fragilidad que tienen estos adultos -al igual que todos-, debilidades no asumidas y, de ese modo, ocultadas. Y, la otra, se refiere a la ambivalencia que tiene todo mortal al pretender debatirse entre obligaciones y culpas.

Sobre estas dos cuestiones irá oscilando la dramaturgia, la cual provoca risas en el público, hasta centrarse en uno de los relatos más angustiantes -el cual desperterá la conciencia de todos los presentes- que le otorgarán una mirada diferente al musical.

Es posible conmover con el canto, con la palabra y con el silencio mismo. Así como es probable que Emiliano Dionisi esté tocado por la varita mágica, la cual lo acompaña por todas sus decisiones artísticas que realmente son grandiosas y merecen éxito en todos sus sentidos.

¿Puede considerarse monstruo aquel humano que tenga sentimientos feos y oscuros?

¿Dónde está el límite entre la bronca y la violencia?

Los niños que no tienen verdadero espacio en esta obra, más que el que sus padres le dan, hablando por ellos y siendo ellos, entrometiéndose en sus pieles y deseos; hasta invalidarlos por completo.

Dramaturgia: Emiliano Dionisi. Elenco: Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. Músicos: Gianluca Bonfati Mele, Matías Menarguez, Martín Tincho Rodríguez y Juan Pablo Schapira. Vestuario: Marisol Castañeda. Escenografía: Compañía Criolla. Diseño de luces: Claudio Del Bianco. Letras de canciones: Martín Tincho Rodríguez. Producción ejecutiva: Compañía Criolla, Sebastián Ezcurra. Asistentes de dirección: Juan José Barocelli, Julia Gárriz. Dirección: Emiliano Dionisi. Funciones: miércoles 20.30 hs. Teatro El Picadero.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Claudio Pansera

ClaudioPansera

Claudio Pansera es gestor cultural, promotor y productor de la narración oral en Argentina. En el 2002 creó el Festival Internacional Cuenta Cuentos “Te doy mi palabra” y, en el 2013 bajo el título “Palabras más, palabras menos”. Tiene editados varios libros: «Cuando el arte da respuestas» (2006), «El cuento como herramienta social» (2010), «Crónicas de la boca para adentro», «Crónicas de pájaros y amores»,

¿En qué fue variando el Festival Cuenta Cuentos a lo largo de los años?

La idea inicial fue hacer un festival de nuevas tendencias en el 2002, cuando me convocan del teatro de Morón. Y había elegido en ese momento uno que tenía que ver con trabajo corporal, mimo expresivo y danza contemporánea y, otro, que tenía que ver con la narración oral -una disciplina nueva que estaba empezando a hacerse más conocida-.

Y, si bien tiene muchas décadas de trabajo, siempre era como una herramienta de trabajo en el aula. A partir del Instituto Suma (uno de los primeros lugares en que se empezó a formar la gente con técnicas de narración oral) y, a partir de allí, empezaron a aparecer: Ana María Bovo, Ana Padovani, gente que venía del lado teatral. Entonces se estaba dando otra dimensión.

Entonces, en ese momento todo era muy incipiente, había muy pocos profesionales, había mucha gente que estaba haciendo un trabajo desde el deseo. Desde ese momento hasta entonces creció mucho la gente que está trabajando en narración oral.

Tenés un abanico muy amplio: desde la gente que hace un montón de giras internacionales por año, gente profesional que trabaja en el país, gente que está a medio camino entre profesional y no, docencia, otras labores afines (el teatro por ejemplo), tenemos un grupo de teatro que está trabajando de forma voluntaria agrupados en organizaciones que trabajan y promueven la narración oral y, también hay gente que está trabajando en forma individual. Y, de alguna forma, el Festival está intentando abarcar todas las modalidades.

¿Cómo se hace para, en esta sociedad, dejar de lado la palabra inclusión y empezar a hablar de pertenencia, de identidad?

Es una cuestión muy compleja porque hay que transformar una sociedad, concretamente, para que tenga otros parámetros en los que todos puedan estar incluidos. No es sencillo, es una transformación que lleva muchas décadas, muchos gobiernos, mucha participación de la sociedad, mucha formación de valores en la comunidad, porque es un tema muy amplio y profundo.

Por ahí uno puede trabajar, concretamente, en integrar a una persona que está en una casa muy encerrada o darle un estadio momentáneo de felicidad a una persona que está internada en un hospital desde la narración. Pero son todos hechos aislados y puntuales, que sirven a esa gente y está muy bien, pero son respuestas puntuales.

¿Sería como un sueño que en algún momento podría hacerse realidad?

Uno puede mirar transformaciones que se van dando a lo largo del tiempo -en reconocimiento de valores o de derechos y, es muy concreto que, las luchas van conquistando determinados rubros: desde no trabajar doce horas seguidas hasta tener derecho de recibir un subsidio para hacer teatro. Son todas conquistas que van logrando los colectivos sociales. Es concreto que se puede hacer. Hay que tener mucha persistencia porque hay luchas de intereses distintos, entonces eso implica que hay que estar, permanentemente, con la defensa de esos valores.

¿Cuál considerás que es la importancia de un cuento?

Principalmente que fomenta la creatividad, la imaginación. Es una herramienta de ficción que nos define, un poco, como personas, como seres sociables. Y, el hecho del cuento compartido -que es la narración- permite la interacción y el fomento de un narrador hacia un grupo de espectadores que son estimulados y vivencian ese hecho mágico que es la comunicación a través de un cuento.

¿Existirán culturas en las que niños no hayan podido escuchar ese famoso cuento antes de dormir?

No culturas. La nuestra.

Son hechos que ocurren cada vez más, lamentablemente.

Ayer escuchaba en una mesa redonda (en el Centro Cultural de España) sobre el cuento en espacios de encierro y, uno de los invitados (José Luis Gallego) que trabaja en cárceles (había dado un taller de narración oral), contaba que uno de los internos -se notaba- que nunca había escuchado un cuento y que, él a su vez, nunca había contado un cuento a su hijo.

Debe ser una tristeza enorme…

Y, es parte de la realidad.

Allí, al tomar noción de eso, él comenzó a ser narrador. Fue a un taller, aprendió y comenzó a desarrollar el arte.

¿Cuál crees que es el motivo por el cual se va acercando al Festival el nuevo público y el público de siempre? ¿Qué es lo que esperan encontrar o compartir de alguna manera?

Yo creo que el tema de público es todo un desafío. No se si está. Hay que generándolo, conquistándolo. Nosotros estamos haciendo una tarea muy importante de llevar el cuento a lugares donde todavía no llegó, o mostrarlo a gente que está acostumbrada a consumir experiencias culturales como el teatro, más afín. A grupos de teatro independiente, a público que asiste a salas de teatro independiente. En el Conurbano llevamos otro tipo de espectáculos. La idea es ir conquistando esos nuevos públicos para ir generando una masa de público mayor -específicamente interesado en la narración-.

El desafío es cómo hacer cualquier espectáculo de narración, como sucede con el teatro, pueda tener un público posible e interesado.

El viernes vamos a llevar escuelas a teatros. Necesitamos fomentar el hecho de que los chicos se empiecen a educar en esto de consumir, ver espectáculos, ir a una sala, pagar una entrada, reconocer el trabajo de un artista -de un profesional-, y en este caso de la narración. Entonces, tenemos muchas funciones programadas con ese sentido: ir formando público desde los colegios.

Mariela Verónica Gagliardi

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La ternura de crear

Cinco pal peso

Se dice que el que busca encuentra, y si hay algo que me caracteriza es la investigación e indagación acerca de un tema en particular.

A lo largo del 11° Festival de Teatro de Rafaela, acudí a todas las funciones en la carpa de circo que tuvieron lugar a las 15 horas. Realmente, todas las tardes fueron soleadas, los niños comían pochoclos, estaban felices y, los adultos, también.

Siempre, cuando asisto a espectáculos para pequeños voy abierta a conocer un nuevo mundo, creado especialmente para ellos. Como una puerta mágica, aparecen personajes que pueden ser payasos, malabaristas, trapecistas y acróbatas, entre otros. Pero, lo que muchas veces no existe es un lenguaje acorde a los niños, invadiendo su espacio con malas palabras, términos chabacanes y violencia verbal; quizás para congraciar con el público adulto.

De todas formas, mi búsqueda finalizó en el día de hoy y Cinco pal peso (de Circo El Conventillo) es la propuesta infantil más representativa de todo el festival siendo, además, la única que narra una historia -con principio, nudo y desenlace-, con personajes que viven en un conventillo de La Boca, que interactúan entre sí y que se lucen esplendidamente.

Este elenco tiene lo necesario como para brillar, sin encender antorchas que puedan peligrar a los espectadores, ni insultos o términos despectivos. Solo demostrando sus habilidades, su calidad como artistas y la ternura que les permitió pintar sonrisas durante la función que más espectadores tuvo en la carpa.

Cinco pal peso narra las vicisitudes entre varios inquilinos que apenas ganan dinero y que nunca llegan a pagar su alquiler. La dueña del conventillo es una anciana no demasiado antipática que intenta cobrarles en todo momento. Pero, ¿qué hacer cuando no se tiene con qué?

Esta historia es para grandes y chicos, una puesta en escena muy colorida en que los tangos desfilarán sonoramente, hasta que una pareja de bailarinas rompa con el esquema tradicional y alcancen la cima -trepando por unas telas que las exhibirán con muchísima gracia y técnica-.

También tendrá lugar un boxeador yanqui -que hará su performance en una hamaca-, y la participación que nos dejo boquiabiertos a todos de una bailarina que fusionará sus movimientos gitanos con la tela. Lo asombroso es que ella no solo trepa y cae, sino que se desplaza. Como si consiguiera -y de hecho lo hace- bailar sobre la altura y contagiando ese profesionalismo sobre todo en las niñas que no dejaban de admirarse con su presencia y de comentarles a sus mamás sobre este número.

Mirando a mi alrededor, pude notar que había más mujeres que hombres casualmente. Y no es de extrañarse ya que tuvo lugar el partido entre Atlético de Rafaela y River, dejando las calles totalmente desiertas.

La elegancia, suavidad y unión de este grupo de circo consigue transmitir un encanto diferente, la esperanza de que aún existen propuestas de calidad en este género y que puedan educar a los más pequeños sin tener que hacer alusiones a cosas grotescas o a menospreciar la sexualidad de una mujer para erigirse como hombres.

En un barrio bien arrabalero está Palmito, que vendría a ser el más carismático de todos, quien utiliza su sonrisa para salirse con la suya y hacer reír a cada rato. Un plomero que en realidad no lo es pero que debe convertirse en tal porque así lo quiso quien lo confundió, y una serie de enredos totalmente ocurrentes y divertidos como para pasar una tarde genial. Y una ama de casa que desfilará con sus tacos rojos, una y otra vez, hasta alcanzar la altura y hablar desde allí.

Como anecdótico, no pude dejar de mirar a un perro que se adueñó del escenario y precisaba compañía, moviendo la cola de alegría. Los perros en esta Ciudad tienen muchísima personalidad y considero que no se sienten para nada mascotas. Así lo demostró este can que se compró al público y que, tal vez, podría ser invitado a participar espontáneamente, sin caer en la humillación de algunos circos que aún los siguen viendo como seres inferiores.

Mariela Verónica Gagliardi

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La humillación no tiene vencimiento

1969

Dos épocas bastante diferentes y con puntos que convergen, antes y ahora. Situaciones que ocurren, que pasan, que se repiten y que se olvidan. Algo tan simple como observar el exterior desde la ventana de un dormitorio, debe dejarse de lado por miedo a que un bombardeo irrumpa precipitadamente.

«1969» (escrita por Manuel Santos Iñurrieta y dirigida por Claudio García) es una excelente obra de teatro que deslumbra mágicamente con su arte. Valiéndose de un dispositivo para proyectar luz, de algunos objetos que servirán para construir los espacios y momentos, y de la creatividad de este equipo (Agrupación del 69 teatro de investigación) es como surgirán muchísimas escenas que conformarán una película en vivo.

Todo el proceso en que perfectamente podría originarse un film, es de la manera en que está construida esta dramaturgia. Con la calidad que cada uno de sus artistas convierte en diamante lo que toca, con la precisión para iluminar al personaje que tendrá el turno de expresarse, para luego continuar con el siguiente.

Otra herramienta que también hace su aporte es la historieta de algún modo. Dibujos confeccionados en tiza, para ilustrar situaciones que están teniendo acción en ese momento por parte de los otros actores.

Sensaciones que se sienten en lo más profundo del alma, que duelen como aquello inexplicable y que torturan hasta encontrar la calma en medio de la noche.

La historia comienza cuando tres hermanos (Diana Cortajerena, Diego Ortenzio y Elian Abatemarco) acaban de perder a su padre. Vuelven del entierro y lamentan haber gastado en el cajón aquello que no tenían. Así, tendrán que sobrevivir con lo poquito de comida que consigan, durmiendo con mantas rotas y deseando estar en una casa que no se achique.

La simbología es uno de los factores que más predomina en “1969” y que permite dejar una huella importante a lo largo de la función.

Una casa que pierde su tamaño, como si se tratara de una persona que envejece y se encoge. Cómo imaginar que pueda ocurrir lo mismo con un mobiliario. De hecho, pasa, pero, metafóricamente hablando.

Estos jóvenes se sienten asfixiados por las paredes, por no poder salir a la calle, libremente, por no poder hacer lo que se les antoja sin pensar en la situación que reina en ese momento. Mejor dicho, las situaciones conflictivas que está atravesando el país: el Cordobazo en plena Dictadura de Onganía, por ejemplo.

Como si la casa cobrara forma de un cubo tridimensional, que se queda paralizado por la inoperancia de quienes están en el poder y no saben cómo solucionar aunque sea lo más sencillo de resolver.

Esta pieza artística se apoya en el género clownesco para componer sus personajes, los cuales están muy bien caracterizados, bien plantados en escena y con una energía que se conserva de principio a fin.

Dos hermanos y una media hermana -que pertenece a otra comunidad, con costumbres diferentes y valores opuestos- son el puntapié inicial sobre el que se erigirá 1969; un año en el que, además, se dice que el hombre pisó la Luna. Acontecimientos cronológicos que, comprobables o no, son los que contextualizan el argumento de la obra.

No es el fin narrar solamente lo que ocurría en aquel entonces sino el tomar conciencia que actualmente, y en democracia, hay cuestiones que siguen sin asumirse y sin encontrar su veta más idónea.

El tamaño de una pollera que se vincula con la prostitución, la eliminación de “ideas raras” con torturas, y todo tipo de contradicción con mecanismos obsoletos.

¡Eh, usted! – menciona la actriz en un momento de la historia. Como si se tratara de un llamado de atención, de una pausa. Como los telegramas que le enviaba su otra familia, aquella que tuvo que dejar y con la que, por el momento, no podrá volver. La pausa, para meditar, para analizar y para poder sacar nuevas conclusiones -no resultados de otros-.

Las secuencias son ágiles y se van conformando por cuadros que serían viñetas de historietas, a la vez que escenas de una película. Ambos artes se unen, sobre la plataforma del teatro, para demostrar que es posible investigar sobre una época, su estilo de vida, sus códigos, y trasladarla a nuestros tiempos en que todo parece estancarse o abolirse.

Como una paliza sin sentido, por el mero hecho de hacerse notar. Al igual que Onganía con un poder inexistente pero con balas en cuerpos inocentes.

Mientras los actores posan frente a cámara y configuran sus primeros planos -acercándose al lente del proyector- es así como logra desenvolverse 1969. Una película, historieta y obra que otorga una experiencia inolvidable.

Las gotitas de lluvia se deslizan sobre la ventana que deberá quedar cerrada, por precaución… como la vida de estos dos hermanos que no ven a su media hermana como tal. Qué término tan decadente es el de media hermana. Como si la otra mitad se tirara a la basura o fuera desvalorizada. Quizás por ese motivo, ella no sea vista como familiar sino como una minita a la que se la puede pasar por encima, manosear, invalidar, e indicar qué puede y debe hacer.

La Dictadura externa se traslada adentro de esta casa que se cae a pedazos como sus vidas, provocando escalofríos y el agobio de pensamientos quedados en el túnel del tiempo.

Mariela Verónica Gagliardi

Diferentes miradas acerca del trabajo

Dos obras sobre el trabajo

Una amplia variedad de géneros y estilos colmaron el Festival de Rafaela. Algunas obras más entretenidas que otras. Otras para un público de élite o selecto. Y, unas pocas para pensar y repensar la historia argentina, mundial y el lugar que ocupa una persona con respecto a su puesto de trabajo.

Para ello, decidí elegir a las dos propuestas que investigaron acerca de la temática y que se valieron de recursos tecnológicos similares al momento de la puesta en escena.

De esta forma, Por el dinero y Un trabajo representaron a tantos empleados absorbidos por el sistema capitalista en que quedan indefensos, alienados y sin deseos de buscar hacia otros rumbos.

Por el dinero

Por el dinero (escrita por Luciana Acuña y Alejo Moguillansky) realiza un recorrido, muy relajado, por el valor económico del dinero. Valiéndose del testimonio de un economista, la historia se abre para dar lugar al consumo estimativo que se tiene en un hogar. Comparando, luego, los gastos de dos familias es que se llega a la conclusión de que el vil metal no alcanza para nada. Después de atravesar diferentes estadísticas, años y fechas, como una nueva ventana al mundo; dos artistas (Luciana Acuña y Matthieu Perpoint) utilizan el teatro y la danza contemporánea para contar sus comienzos tanto a nivel académico como profesional -habiendo tenido que luchar, incansablemente, contra viento y marea-; sumándose a los relatos un cineasta independiente (Alejo Moguillansky) y un músico (Gabriel Chwojnik) que realiza cortes de difusión para publicidades comerciales.

Es entonces como tenemos la posibilidad de ver un producto artístico que atraviesa esas disciplinas, utilizando aquellos recursos más significativos y llegando a la conclusión de que se gasta más de lo que se tiene.

Por suerte, en la pantalla se van proyectando diferentes escenas que ilustran y sirven de soporte a la dramaturgia. En la misma, también, puede conocerse un libro llamado Las reglas de oro para bailar bien nuestras danzas, el cual enseña -no las posiciones del cuerpo y pies sino aquello que debe sentirse y ser-. Con humor, estas prácticas cobran vida en los cuerpos de los bailarines que le danzan a la vida, a los billetes que tardan en llegar y que se van más rápido de lo que vienen; y a cada momento deseado que en alguna ocasión se podrá alcanzar.

Mientras deben rebuscárselas para vivir de lo que aman, se dan cuenta y asumen que deben incorporar y transar con ciertas cuestiones del sistema, pero jamás bajar los brazos ni caer en lo bajo.

La ficción y la realidad se conforman en un mismo eje en que puede ser verdad o no lo que acontece. Para el caso, esta es una de las claves para que la obra sea interesante y el documental -en vivo- surta efecto. Al menos este material no precisará aprobación de ninguna institución ni esperar fondos de un país europeo ni ser menospreciado por tratarse del tercer mundo.

Un trabajo

Con respecto a Un trabajo, Elisa Carricajo y Lisandro Rodríguez, interpretan a dos empleados que realizan -a diario y durante muchas horas- un programa de televisión. Conductora y operador no se conocen en persona pero, de a poco, las distancias físicas comienzan a unirse a través de palabras, de anécdotas contadas, de las esperas entre un video y otro; y de todo surge un enfrentamiento y rivalidad entre mujer y hombre.

Por un lado, se plantea al trabajo como puesto rentable que otorga un dinero a fin de mes. Por otro lado, el deseo de un hombre por embarazarse y, por otro lado, las diferencias de géneros planteadas al extremo.

Son tres temas que se relacionan entre sí y que, al ser vox populi, quedan instantáneamente en el colectivo social: en este caso en el público espectador.

Una mujer que es seducida y que se siente realmente entre la espada y la pared. Que no encuentra la manera de huir porque estaría abandonando su trabajo, que se siente intimidada y envuelta con frases ya dichas, reproducidas y consideradas piropos por algunos y violencia por otros. Ya no existen demasiados payadores que puedan inventar palabras bonitas para damas sino personas de sexo masculino que, ante sus inseguridades viriles, se suben al mismo barco que la mayoría para demostrar-se su hombría.

El programa de televisión va grabado y el tema que tiene lugar en dicha emisión es el de un tratamiento que le podría permitir a los hombres optar por embarazarse al igual que las mujeres. Esto es el puntapié para que el operador comience a decir cosas, a sobrepasarse, a no darse cuenta que existen límites y que el acoso no es una caricia sino acoso.

Me parece excelente la manera en que se plantea la puesta en escena. Justamente, cada uno en un espacio físico diferente. A ella la vemos y a él no, motivo por el cual su interpretación tiene que ser (y lo es) muy convincente. Respecto de ella, vemos cada gesto, cada mirada, cada sensación y ocurrencia en vivo. Cuando le habla a una cámara, a dos, a tres. En cada plano reproducido. Tenemos la oportunidad de ver su rostro y cuerpo en acción, siempre en el mismo sitio, acorralada -al igual que ocurre con la dramaturgia, de parte de él hacia ella-; tanto en pantalla como sin ella.

Es tan real de la forma en que está conformada la obra que, por momentos, me daban ganas ingresar a la cabina para ponerle los puntos. Esto es lo que provoca, que uno se convierta en espectador activo. Que se sienta conmovido, que no sea un tema que pase como la brisa de verano sin dejar huella alguna. Esto ocurre y lo vemos, lo escuchamos, lo leemos, nos lo cuenta una vecina o un familiar o un amigo. No es un tema lejano sino parte de nuestro círculo más íntimo y de la sociedad claramente.

Existe la violencia, existe el abuso, así como existen leyes muy bien redactadas y no cumplidas. Existen mujeres denigradas y tratadas como prostitutas, al igual que mujeres violadas por lucir una minifalda.

La violencia de género existe y no es un título bonito ni de moda. El teatro, como reflejo de la sociedad y como portavoz; permite que concibamos la dura realidad de una manera más creativa. No por eso, la violencia es menor ni el abuso es menor.

Y, con respecto al tercer tema, ¿puede ser cierto que un hombre nunca haya pensado en la posibilidad de tener su propio hijo engendrado en su vientre? ¿Existirán en verdad hombres que no se pongan en nuestro lugar así como nosotros nos ponemos en el de ellos?

¿Por qué por lo general las obras de teatro que tratan sobre violencia de género y/o abuso no muestran a la mujer en un lugar desde el que puede vencer con su discurso y con la palabra en vez de tomar un arma siguiendo por el mismo camino que el agresor primario?

Un trabajo demuestra que la mujer que se sienta como tal y que tenga la inteligencia suficiente y sepa quién es, puede erigirse como una guerra sin pelear en el campo de batalla. Que puede y debe defenderse, intimidando a todo hombre que pretenda pasarla por encima.

Denigrar y minimizar es violencia. Menospreciar es violencia. No es cierto que todos los trabajos tengan que provocar la desdicha y bronca del empleado. Ella eligió ser conductora, le gusta y se siente capacitada para hacerlo. Quizás le faltó pasar por la capacitación en que le enseñen a tolerar a un ser despreciable e infeliz.

Dos trabajos diferentes pero que plantean la situación actual con mucha originalidad, las piedras en el camino, los abusos desde distintos ángulos y la postura de cada persona ante un conflicto en el mundo artístico, haciéndonos saber que la política es una forma de vida.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Rafaela en escena

Un lazo rojo y Las arcanas

Como Bonaerense, deseo ver producciones teatrales de otros lugares que no sean de sitios locales o aledaños. En esta ocasión el 11° Festival de Teatro de Rafaela, expuso dos obras con temáticas diferentes, bien interpretadas y que tuvieron su espacio para dejar bien parada a su ciudad.

Un lazo rojo (de Ramiro Rodríguez) y Las Arcanas, las noches no son eternas (de María Eugenia Meyer), son los nombres de estas dramaturgias que se caracterizaron por la obsesión y que, luego hicieron recorridos totalmente distintos.

Un lazo rojo1

En la primera, perteneciente al género dramático, se puede observar cómo un matrimonio de toda al vida se va de campamento a un lugar precioso. Toda la cuestión de paisajes es ambientada a partir de proyecciones visuales que transitan desde flores hasta árboles, con sonidos de pajaritos y diversas gamas de colores que se modifican según la acción que se esté desenvolviendo en ese momento.

Un lazo es una unión, genéricamente hablando, aunque en este caso se trata de algo más fuerte. De ese sentimiento o trastorno -mejor dicho- en que la obsesión se apodera de un cuerpo para obnubilarlo y hacer con él lo que se le antoje. Así le ocurre a Francis (Marcelo Gieco), un hombre que es machista, violento y que no sabe tratar a su mujer, Helena. Quizás porque la única mujer en su vida fue su madre, a quien extraña y rememora en todo momento. La pobre esposa (Marcela Bailetti), que bien podría separarse de él, lo apaña, lo justifica de algún modo -porque de otra forma no seguiría en ese círculo vicioso- y, si bien pide ayuda externa; no logra despegar del lugar en el que está.

Así, la violencia de género se hace presente y cobra el protagonismo de la obra, consiguiendo un silencio absoluto. Dicho silencio es la reflexión de todos y todas sobre un tema que hace tiempo nos viene preocupando y sobre el que las mujeres, más que nadie, debemos unirnos y ayudarnos.

Habrá algunas más débiles que otras pero nunca debemos permitir ser tratadas agresivamente ni maltratadas -en cualquiera de sus sus vertientes-.

El sonido del mar, con sus olas que están cercanas a la orilla, empieza la función. Una tras otra, durante minutos. Luego, este personaje masculino que está convencido de que con solo esbozar una orden todo será dispuesto a su merced. Así ocurre en esta historia y en muchísimos hogares con lo que se denomina violencia doméstica y, es tan burda esa titulación, que me referiré a ésta como violencia.

Esa sonrisa que él demuestra, a la vez que afila sus cuchillas para un asado o para sus últimos minutos de vida. Una vida que no soporta más así como el aire denso que respira sin encontrarle una salida a lo que él mismo creó.

Como un monstruo que lo exorciza, Francis le echa la culpa a todo menos a sí mismo. Los gritos y malos pensamientos son sus únicos aliados, así como todo lo que pertenezca a su entorno. Helena, de hecho, es otro de sus bienes que no tiene intención de abandonar ni pasada la delgada línea. Ella, perfecta, con un vestido y zapatos a composé, con un corazón noble y predispuesta a dar su vida a alguien cruel y dañino.

Ahora estoy en la etapa de la adolescencia – menciona, refiriéndose a su terapia psicológica. Y comienza a detallar los gratos momentos que pasaba junto a su marido -en ese momento novio-, cómo iban tomados de la mano, sintiendo… esa pequeña sonrisa se le dibuja hasta extinguirse por completo.

Cada uno, estancado y frenado en el momento que fue más feliz, no pudiendo comprender que la vida es movimiento. Comiendo, cocinando y temiendo sin darse el lugar para llorar de verdad.

Francis, citando a su madre, pretendiendo que Helena sea como ella, deseando que se parezcan -incluso cuando no lo hacen en absoluto- deja en evidencia su locura que aniquila todo sonido de la naturaleza para hacer sufrir esa sensación de escalofríos infinitos. Como cuando uno ingresa al mar una mañana de invierno para ver cómo está el agua.

Pero, en cuanto se comprueba su temperatura, ya el lazo hizo su nudo, uniendo a seres que merecían vivir libremente.

El mar es como la vida – repite Francis al comienzo y al final.

Las arcanas

Con respecto a la segunda obra, que es una comedia realmente muy entretenida; tiene a cuatro actrices geniales que se complementan muy bien entre sí: Mayra Armando (Corina), Marilú De la Riva (Marina), María Cecilia Tonón (Sonia) y Silvit Yori (Alicia).

Como si se tratara del Club de las divorciadas, estas amigas se juntan a comer cosas ricas, a compartir vivencias, a intercambiar consejos -aunque no los pidan- y a pasar el tiempo que se les hace eterno.

Muy feministas, convencidas de que están bien así y con propósitos vinculados al esoterismo; este clan dará que hablar.

El tarot repartirá sus cartas sobre la mesa, o sobre el piso. Unas piedras calientes servirán para relajar todo cuerpo agotado. La comida macrobiótica para mantenerlas supuestamente sanas y cada idea para superar un nuevo trauma.

Teniendo cada amiga su momento para darse a conocer -a partir de monólogos- y lograr empatía con el público; será el principio de enlace entre su intimidad y el grupo femenino.

Corina, la más chica de las cuatro, pasará por una situación sentimental muy conocida y por la que, seguramente más de una, ha tenido que pasar en su momento. Así es como es alertada por estas suspicaces mujeres que solo desean su bien.

Muchas veces, el bien es visto como envidia y así lo siente ella, hasta que -por sus propios medios- comprueba que tenían razón. Y es que está bien prestar atención a las opiniones pero vivir su camino.

Sonia es la anfitriona y en su casa decorada al extremo, con plantas y todo tipo de objetos ornamentales, desfilarán sahumerios, galletas de arroz y deseos de ver el más allá.

Vinculando el argumento con el título de la obra, cuando se menciona que las noches no son eternas está íntimamente ligado con todas las veladas compartidas y la necesidad de descubrir un mundo nuevo. De este ya están cansadas y aburridas. De hecho rememoran el pasado pero son mujeres activas y con una impronta muy avasallante.

Cada una vestida con un look diferente, con una peluca de distinto largo y color; podría decirse que tanto sus personalidades se ven plasmadas interior y exteriormente.

Con respecto a la dramaturgia, provoca la risa inmediata, la tensión en diversos momentos de la historia y la empatía con el público. Esto me parece fundamental al momento de hacer teatro.

Ver una obra y que no sea una mera exposición de recursos escénicos sino la necesidad de narrar algo con un fin determinado, y no la vanidad de demostrar cuán bien se hace algo para ser admirado.

Las arcanas es una comedia muy divertida, bien escrita y dirigida, con cuatro artistas encantadoras que componen sus personajes de pies a cabeza. Esta unión se trasluce en cada escena, en las voces del más allá, en el reiki y en tantas disciplinas vinculadas con las energías. Porque, en definitiva, todo gira alrededor de vibras que se pretenden entender como señales para hacer o no algo determinado.

Eso es lo que ellas precisan, aunque la música las evada y la memoria las traiga de vuelta a la realidad real. Una realidad que no desea ser vista por ninguna.

Mariela Verónica Gagliardi