*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El acompañamiento, de Carlos Gorostiza

El acompañamiento

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Uno, dos tres, cuatro, cinco y seis

Seis1

Su nombre es Mare (Marina Barbera). Ella es obsesiva, meticulosa, detallista y cuenta todo hasta “Seis”. Pasos, personas del público, objetos. No está muy contenta, aunque no se entiende el motivo.

Pero no solo observa sino que trabaja en su propio jardín y espera. Tiene una gran labor al aguardar, pacientemente, la llegada de un hombre. Nunca lo vemos, nunca lo conocemos pero sí podemos entender que es importante para ella.

En cierto momento dice “Es tardísimo” y sus movimientos torpes se suceden unos a otros: corre -con sus botas de plástico-, juega en una hamaca, se prepara un tecito, se acelera y nunca llega.

Al compás de una música norteña, linda y pegadiza, sus vientos le permiten conseguir movimientos corporales muy divertidos, al igual que desenvolver su actuación clownesca de manera espectacular.

“Hace tanto tiempo que hago esto que ni sé para que lo hago”. Nosotros como público tampoco podemos dilucidar el motivo de cada uno de sus comportamientos pero sí, con certeza, podemos confirmar que va hacia un camino sin salida aparente.

Mare, en un instante de la obra se pone  en el público y se replantea para que están puestos los elementos en el escenario y de esa manera. No tienen unidad, dice. Así es como logra más complicidad con los espectadores, quienes se encariñan con ella y su personaje.

Si bien el escenario es uno solo -físicamente hablando-, existen tres espacios, a partir de los cuales interactúa con los objetos que hay en cada lugar, contándonos una historia, una reflexión y un interrogante que debemos analizar con mucho detenimiento.Seis3

Pero sus sinsabores se expanden cada vez más, se exageran, se profundizan y su histeria se magnifica totalmente. Le molestan los sonidos de pájaros que -la llegan a perturbar-, cómo se viste la gente y esto se convierte en un disconformismo total.

“Seis” es una obra (dirigida por Cristina Martí) que si bien no es un musical, sí contiene varias canciones que la ayudan a delinear la historia de esta obra. En un momento entona las estrofas de un tema donde detalla que es la dueña de todo lo que vemos, que todo es de ella. Sin embargo, todo lo material que observamos es de su posesión, menos el cariño del hombre que no aparece ni da señales de vida. Evidentemente, la han dejado plantada.

No sabemos si esa persona le ha prometido algo, si ha soñado con ella, si sus vidas debían cruzarse en algún momento.

La dulzura de la puesta en escena, el estilo de la decoración y sus palabras, nos sumergen en un mundo de fantasía y por momentos de pura realidad.

Una cajita de música suena, sus pasos de baile se desplazan y asciende por una escalera. Luego baja y acomoda cada una de las ollas colgadas de una soga, observa un reloj, piensa y se mueve ansiosamente. Pero el tiempo pasa, la lluvia se avecina, sus recuerdos la perturban y su amado nunca ingresa en escena.

Sus repeticiones vuelven a apoderarse de ella. Su conteo hasta seis, vuelve… hasta que al finalizar la historia, llega al número siete. Llegó a destino, cumplió su meta. Pero, ¿cuál era ésta? ¿Romper con el esquema repetitivo que la estaba enloqueciendo o incluir en su corazón a una séptima persona? Su obsesión no nos deja definir esto. Su obsesión la ata a un universo paralelo con la vida real. ¿Es tardísimo para qué? ¿Es tardísimo para arrepentirse, para aceptarse o para tomar otro rumbo?

Seis2

“Seis” llega a su desenlace y se oye una canción que dice: “Pero no encuentro tu voz”…

¿Qué existe más allá de nuestro pensamiento, de nuestro amor hacia alguien que no está de ningún modo y de todo dolor?

Ella se anima a cruzar esa frontera. Asume, supera y vive. ¿Vos?

Mariela Verónica Gagliardi

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Tener un hijo, plantar un esposo… y escribir tu vida

No sé si quiero1

Ponerse de novia, casarse y tener hijos parece ser la regla a seguir por varias mujeres. Convertirse en ama de casa, cocinar, planchar, lavar y fregar; parece ser el segundo mandato social o a veces el primero fijado por el mundo machista.

¿Será feliz una mujer que hace lo mismo que las demás sin replanteárselo?

¿Cómo saber qué es lo mejor para una si no vivimos ambas cosas?

A partir de “No sé si quiero” (el unipersonal de Paula De La Cruz, dirigido por Luciana Wiederhold y Alejo Samban), podrás conocer una experiencia única. Con formato clownesco, de manera simpática y amena, conocerás las vivencias de una joven que intenta saber, justamente, qué es ser lo que el mandato social imprime en nuestra mente, desde el momento en que nacemos.

La alegría conjugada con el dolor, logran una impronta hermosa, al leer (por ejemplo) cartas de amor. También se da el lujo de construir su casa imaginaria con papeles de diarios. Esta casa que será su hogar, donde anidará sus sueños a punto de concretarse. Una casa que no tiene puertas, porque se olvidó de construírselas, quién sabe por qué. Quizás para mantener a resguardo de cualquier mal a sus huéspedes.

El relato, entretenido y con una carga emocional importante, va transcurriendo linealmente. Ella (Esmol) organiza, imaginariamente, todos los ambientes de su morada, decide dónde va a estar el dormitorio, el baño, la cocina y cada detalle –fundamental- para su vida.

No sé si quiero3

Es que ella está en la dulce espera, una espera también imaginaria e idealista. A su gusto. Por momentos parece estar súper convencida de la decisión de ser madre y esposa, burlándose de la soledad.

El ser la única protagonista y actriz de la obra le permite diseñar a cada persona como quiera y sentirla de una manera única.

Pero, ¿cómo es su hombre perfecto?

En ese instante toma los papeles, los abolla y los estira, hasta conseguir la forma adecuada para su amado. Así comienza una aventura con él. Claro que él no tiene voz ni voto. Él es su prisionero y hará todo lo que ella y su cerebro quieran.

Un delirio femenino se va apoderando de la pieza teatral hasta hacernos estallar de risa.

Mientras lo estruja le dice “no pierdas la cabeza por amor”. También, logra enfrentarse con el fantasma del casamiento y mantienen una charla. Pero entre medio de todas esas circunstancias, nace su bebé, su hijo. Para ese momento ya perdió un poco el interés en cuidarlo, en hacerse cargo. Se arrepiente, como era esperado. Aunque antes de hacerlo, arma un mundo ideal para él, un mundo lleno de sobreprotección -que seguramente no sea lo más sano para un niño-.

Aunque no todo está perdido para ella y decide emprender una aventura de alto vuelo. Sí. Un viaje en avión con varias peripecias que entretienen al espectador y al personaje. Pasando por distintas experiencias, crea un mundo ideal para ella y la creatividad escénica se destaca minuto a minuto.

No sé si quiero2

Esta parodia, te hace reír, emocionar y evaluar qué es lo que querés para tu vida. Quizás tu elección sea ser novia y madre… aunque, quizás optando por esto, te pierdas del mundo externo.

Mariela Verónica Gagliardi

¿Cómo se cura el dolor?

Código de silencio1

En toda familia o clan se suelen guardar secretos. Pero como se sabe: las mentiras tienen patas cortas. Y es que los secretos forman parte de lo mismo.

“Código de silencio” (Idea: Marisol Otero y Martín Repetto, Guión: Martín Repetto y Dirección: Mariano Caligaris) es una comedia musical que se centra en un neuropsiquiátrico. A partir de este sitio podremos conocer a cada uno de los internos, con un problema diferente.

Unas rejas irán danzando junto a sus intérpretes, la introducción de la historia. Una historia invadida de tragedias, muertes, ocultamientos, perversiones y abusos. Código de silencio4Una institución que en vez de sanar, trauma. Un lugar que tiene aroma a encierro y sofocamiento.

“Hay que limpiar”, dice en cierto momento, la primera canción de la puesta en escena. Limpiar, literal y metafóricamente hablando. Hay que quitar toda huella de aquella verdad tapada tiempo atrás.

El Dr. Abel Morris (Eliseo Barrionuevo) es médico psiquiatra y llega al Silencio -tal como se menciona a la clínica- para ocupar un puesto. Dicha vacante no es cualquiera, sino la que tiempo atrás presidía el dueño del lugar: el Dr. Baker. Y aquí comienzan a entrelazarse cada una de las piezas. La hija del dueño (desaparecido) es una simple enfermera, que intenta poner orden en un sitio que no es para ella. No tiene el Código de silencio2carácter ni la competencia como para lograrlo. Su única destreza, si se la puede denominar así, es el coqueteo que lleva a cabo -quizás no premeditado-. Quien sí tiene temperamento para dirigir a los internos es Bernarda (Mariela Passeri), la otra enfermera que mantenía un amorío con Dumont.

A medida que se sucede la obra, vamos encontrando los indicios necesarios como para saber cuál es el secreto. Las primeras palabras mencionadas por María Baker -la hija del dueño- (Magalí Sánchez Alleno), al nuevo médico, son: “Las cosas no son lo que parecen”. En dicho momento él no entiende, aunque le lleva poco tiempo decodificarlas.

Claro que la institución cuenta con otro médico: el Dr. Albert Dumont (Martín Repetto). Él es una persona seria, firme, rígido y dictador. Pretende tener de aliado a uno de los enfermos, para que su mandato se siga al pie de la letra. Él no tiene en mente sanar a los pacientes, sino callarlos… hasta el silencio. El maltrato es su principal arma y todo lo que sea una piedra en su camino, será liquidada.

Cada uno de las personas es despojada de sus afectos y quedan, así, atrapados en sus conflictos. Sin amor, sin una palabra de afecto, sin un abrazo; cómo podrán curarse? Si una píldora mágica no existe para curar la angustia y ésta es la que se apodera de cada uno de los cuerpos.

Código de silencio3

Como en una novela, hay atracciones, pasiones, amores, desamores y también, por supuesto, escenas violentas que son en parte necesarias para comprender la situación de el Silencio.

Pero quien parece ser la última sospechosa es la que, posiblemente, por temor no grite lo que ocurre en su ambiente de trabajo. Esta persona por miedo y por resguardarse a sí misma, descuida a los seres más frágiles.

Llega un punto en que no interesa demasiado quién tiene razón. Lo único que importa es la similitud con la realidad real. Un manicomio, como vulgarmente se lo conoce, es así y pasan cosas aún peores que las de la obra. Es interesante que exista una puesta en escena así como para reflexionar y concientizar a la sociedad.

¿Qué hacer cuando un humano sufre? ¿Encerrarlo y apartarlo es lo mejor? Código de silencio5¿No será más importante tenderle una mano de confianza? ¿Qué poder tenemos como para decidir quién tiene que ser sedado, quién es normal y quién no cumple con esos parámetros? ¿Tenemos tanto poder como para señalar del mismo modo a un asesino y a un enfermo? ¿Por qué si una persona tiene gripe no se la encierra y si tiene algún desequilibrio en la mente sí?

¿Con qué vara se mide la igualdad cuando ni siquiera solemos entenderla ni sentirla?

El único código que deberíamos utilizar es el de la aceptación.

A través de las canciones se hace menos dura la trama, la cual llega a doler, como las caídas de los pacientes y las muertes incesantes.

Mariela Verónica Gagliardi

Mis pensamientos se están muriendo

Sentir amares1

“Sentir amares”, escrita por Carolina Gómez (la actriz de la historia) y dirigida por Diego Jaraz, nos presenta a una mujer hipocondríaca, miedosa, solitaria (no por elección) y muy observadora; nos irá introduciendo en distintos aspectos de su vida privada de una manera interesantísima.

Cada frase esbozada por la artista nos dejaran boquiabiertos, exhaustos, son sensación de vértigo.

Su pie izquierdo se arruga más que el derecho, en el agua. Así empezará a sentir que su vida corre peligro. Se volverá cada vez más obsesiva y los detalles como en su pie la irán poniendo muy nerviosa. Pero ella no sabe estallar.

Con un vestuario delicado, bien de la década de los 60´, demostrará cuán femenina puede ser una persona dedicada exclusivamente a su hogar.

Si bien el escenario es uno solo, la escenografía es la encargada de dividirlo en distintos espacios a partir de los cuales se recrean distintos ambientes de su casa. La calidez que hay en la misma, nos sumerge rápidamente en su interior.

A partir de la retórica, diversos planteos aparecen y automáticamente su correspondiente respuesta. No es posible para ella dejar una pregunta en el aire. Necesita justificaciones para que su corazón siga latiendo, aunque sea rutinariamente.

En un primer momento vemos cómo está sentada en un sillón antiguo sumergiendo sus pies en una pecera con agua. Desde ese entonces sabemos que esta obra dará que hablar, al igual que su protagonista y única actriz.

Lo convencional es remojarnos en una palangana pero ella eligió este objeto porque la traslada al lugar que más ama en el mundo: el mar. Allí, tiene una amiga imaginaria, con la cual tiene largas y tendidas charlas. La arena es su espacio y cada granito será como la sal de su vida.

En cierto momento se cuestiona las diferencias entre escuchar y oírse. Sentir amares2Esto no hay que pasarlo por alto ya que constantemente se habla a sí misma -como casi única compañía- y, sin embargo, se miente descaradamente. Pero ella está casada y tiene una hija. Viven los tres juntos pero, a su vez, ellos tienen una vida aparte de la familiar, cosa que ella no. No logra desligarse de su rol de ama de casa -el cual desempeña a la perfección-, en el cual se disfraza y esconde.

Su vida es demasiado triste y patética. Su belleza como mujer no le permiten ver lo negativo de la gente. No consigue enojarse y de ese modo, todo a su parecer tu justificación.

“Sentir amares” es un fiel reflejo femenino, de aquel momento en que miramos tanto para afuera que nos olvidamos de quiénes somos. Ese instante en que la conversación de la vecina se vuelve más relevante que nuestra miserable rutina y nuestra soledad más asfixiante que una soga.

Cada metáfora escogida y utilizada nos demuestra cuán vulnerable es y, sus pensamientos (en alusión a sus flores), se secan día a día. Tuvimos el placer de escucharla cantar y allí pudimos descubrir una voz tan especial y dulce que nos conmovió hasta los huesos.

También, podemos observar el cuarto de planchado en el cual hace confesiones sobre su matrimonio, tan inverosímiles que su desgarro se potencia a flor de piel. Ella desea huir, pero por más que lo haga físicamente, no podrá escapar de sus propias garras.

El placer y la alegría no están incluidos en su libro de ama de casa. Ella tiene obligaciones como esposa y madre que la encerrarán cada vez más en su hogar.

Su único escape es el jardín que intenta cuidar, pero el cual está tan ligado a ella que no florece. Entre los dos irán tramando una historia muy jugosa, con tensión constante y con un goce pleno.

En esta obra no existen los altibajos, ni momentos mejores que otros. Toda la pieza artística es ideal y, para sorprendernos, hasta existen momentos de stand up durante los cuales reiremos y nos sentiremos seguramente identificados.

Sentir amares3

Podríamos decir que si durara más tiempo, no agotaría sus recursos ya que es original el modo de narrar y el cambio de escenas le da una agilidad al relato que nos deja con ganas de más durante todo el tiempo.

Queremos conocerla, queremos ayudarla, no queremos verla sufrir pero sabemos que -como toda mujer- posee la fortaleza para salir a flote y ser feliz.

¿Cómo ordenará sus pensamientos para que su espacio externo, que tanto ama, sea parte de verdad de su vida?

Mudar el mar a su casa no sería tarea fácil pero quizás a la inversa solucione parte de sus conflictos y sinsabores.

Dejar a un marido que no la tiene en cuenta no resolverá cada uno de sus interrogantes pero al menos le sacaría un gran peso de encima.

¿Cómo ordenará sus prioridades y cómo hará para ponerse ella en primer lugar sin sentir culpa?

Mariela Verónica Gagliardi

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El tiempo es el engaño en nuestras vidas

La sentencia del reloj de arena2

La vida y la muerte se enfrentan, se conocen, se tocan, se sonríen, se lloran y se reconocen.

Alfred y Jonas representan las dos caras de una misma moneda, respectivamente. Y el encargado de dirigir esta interesante y conmovedora obra es Claudio Martini.

Jonas (Loïc Lombard) trabaja en un ambiente cabaretero de París y lo artístico es lo que predomina en su ser. Vive para el teatro, para sus personajes y para el éxito que tanto le costó conseguir.

Por otro lado, Alfred (Marcos Gómez) -un muchacho de dieciocho años- con sed de conocimientos, muy bien instruído y con una angusta que desea superar (como es la muerte de su madre).

Como espejos: se ven por primera vez en el intervalo de una de las presentaciones de Jonas. Ellos son padre e hijo pero eso no es lo principal de esta obra, sino la búsqueda de valores. Es bastante subjetivo a qué denominamos “valores”, pero voy a centrarme en lo que culturalmente denominamos como correctos: reconocer a un hijo como propio y compartir momentos con este ser amado. La sentencia del reloj de arena1Cuando esto no ocurre -sea por el motivo que fuere- tropezamos con la tristeza y reprochamos cómo deberían ocurrir las cosas.

En cierto momento de la historia, Jonas esboza que “todos pasamos la mayor parte del tiempo esperando”. Esta frase hace alusión a sutilezas y a verdades en carne viva. Una de ellas es el pálpito que siempre tuvo de tener un hijo, sin tener certeza alguna. Tal vez, en algún lugarcito de su corazón, lo sentía. También, las palabras se refieren a Alfred quien nunca supo sobre su padre y quien después de fallecida su madre emprende la búsqueda -supuestamente certera- y careo con el mismo.

Jonas no es malo, no es perverso. Solo actúa tal. Por su pasado y presente, no puede sonreír de verdad; sino con la máscara que interpreta en cada rol sobre el escenario.

No se puede juzgar a un ser débil -con escudo- ni tildarlo de cínico y prepotente. En cambio, Alfred es joven -por dentro y por fuera- y solo quiere amor fraternal. Lo necesita, lo pide a gritos, se desgarra y renace suplicándole afecto cuando más lo requiere.

Por el lado del adolescente, nos sorprende con versos durante toda la narrativa. En cierto momento dice: “Debo cuidarme. Un corazón enfermo no sirve para nada”.

Pero uno de los momentos más desgarradores de la obra es cuando Jonas le dice a su hijo: “Soy un simple artesano del cabaret. Qué podés esperar de mí? Es increíble cómo, de forma constante, intenta desanimar a su pequeño para que no le queden ganas de estar junto a él.

Una verdad oculta y la dura realidad, serán las encargadas de darle fin a esta pieza teatral en la cual están presentes varios recursos de la poética, la narrativa, al igual que bellas canciones en francés y diálogos complejos en palabras pero sencillos de entender para el espectador.

La sentencia del reloj de arena3

Quizás sea como lo indica el título de la obra y las palabras dichas por el artista: “El tiempo nos engañó”. Y sí, será que cada momento que pasa nos acerca más al fin de nuestra vida.

La puesta en escena es perfecta. La ambientación es intrigante y el espectáculo de Jonas se desarrollo en un segundo espacio -el cual físicamente no vemos-.

Las intrigas se develan en el momento justo y las lágrimas son las encargadas de nublar el panorama para luego purificarlo.

En cuanto al desenlace, quizás no sea el elegido por nuestros corazón (a simple vista) pero luego, es el correcto para terminar de comprender los por qué.

Siempre necesitamos justificaciones y por ello somos humanos. Quizás, después de presenciar “La sentencia del reloj de arena”, entendamos que no todo se procesa con el cerebro sino con el alma.

Mariela Verónica Gagliardi

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El talento tiene aroma a humildad

Chamuyeros4

La risa es sanadora, la risa provoca más risas y los efectos son siempre saludables para el alma y el corazón.

Elegir qué ir a ver en Miramar un Día del Trabajador, es bastante complicado ya que no hay más que una obra en cartel. En ese caso uno puede preguntarse por qué los actores optan por dejar su merecido descanso y subirse al escenario también un feriado tan importante.

La sala del Teatro Municipal Abel Santa Cruz, casi completa, tuvo el placer de convocar de manera gratuita a un público muy agradecido. Muchas personas, seguramente, ya la habrían visto el año pasado y este verano 2013; pero, por algún motivo, regresaron. El motivo no parece ser la gratuidad de la localidad, sino un aroma a felicidad. Una fragancia que se respiró desde el momento de hacer la cola, pasando por diversos estadios durante la dramatización, hasta salir de la función.

Las luces se encienden y un ambiente de living moderno es la única escenografía. Chamuyeros2Este decorado es suficiente como para que los diálogos sean los protagonistas.

Diego Apesteguía, es el responsable de las sonrisas dibujadas en cada uno de los espectadores, en el equipo técnico y en ellos mismos.

“Chamuyeros”, nos narra la historia de dos amigos, muy diferentes y parecidos entre sí. Antonio (Diego Apesteguía), un hombre bondadoso, sencillo, infeliz con la vida que lleva -pero incapaz de hacer algo para cambiarla-. Lalo (Maximiliano Tedesco), en cambio, mostrando una figura de ganador y de rival. Éste intentará programar una cita con su amigo, para conocer a dos mujeres (Bibiana Vázquez y Daniela Ortega). Claro que Antonio no tiene experiencia en el terr eno amoroso y, eso será lo cómico durante toda la obra: el ver cómo aprende a mentir hasta el punto tal de reinventarse como persona… asemejándose a Lalo. Y, éste, quedando en desventaja hasta parecerse a Antonio. Ambos, de esta forma, entenderán -a la fuerza- cómo la amistad es lo más importante. Cómo las mentiras tienen patas cortas y cómo ocultar, muchas veces, termina siendo peligroso.

Podríamos decir que la obra se divide en sketchs, durante los cuales conocemos perfectamente cómo son los personajes, sus vidas, propósitos, ambiciones y situaciones.

Chamuyeros1En un principio notamos cómo los dos amigos traman su plan para seducir, luego, a las dos mujeres invitadas. Lo gracioso es la presentación que le hace Lalo a su compinche, intentando convencerlo de qué le conviene decir, que callar, qué destrezas adoptar, cuáles dejar de lado. Pero no todo lo planificado saldrá a la perfección, sino todo lo contrario.

Los actores, me hicieron acordar a Francella y Disi. Por la gesticulización, la manera de dirigirse a sus espectadores, la conexión entre los dos, las miradas. “Chamuyeros” me llevó a los años 90 y el aroma a felicidad se apoderó de mí. Intenté no reír con demasiado sonido, pero pasados los minutos me fue imposible lograrlo.Chamuyeros

Retomando la historia, después de elaboradas las estrategias de seducción, entran en escena las dos chicas, sorprendiendo (y asustando) a Antonio por completo. Nada fue lo prometido ni imaginado por Lalo, quien estaba al tanto de los detalles que no decidió revelarle a su amigo. Que no quiso comentárselos para no obtener un no como respuesta.

Esta puesta en escena, si bien apunta a una comedia cómica, plagada de gags y chistes; tiene una profundidad enorme. Podemos darnos cuenta cómo los valores que existen en uno de los amigos, al mimetizarse con el otro, se van perdiendo de a poco. También, vemos cómo existe una desvalorización hacia el género femenino que es rematado con una lección de vida.

“Chamuyeros”, está relacionado con la simpleza del ser humano y con sus sinsabores como especie. Con ese no se qué, que muchas veces se intenta conseguir suponiendo que es mejor. La obra tiene muchas lecturas que cada uno interpretará a su gusto.

Las actuaciones son muy buenas. El dominio de la palabra, la proyección de la voz, la firmeza en las tablas y las interpretaciones -por parte de cada uno de los actores- son excelentes. Las cuatro figuras dejan su impronta en el escenario, se divierten, se buscan, se convencen. Es como un juego llamado: a ver quién miente mejor.

Chamuyeros3

Como una cadena, el ganador obtendrá una recompensa. Tal vez dicho regalo no sea una enseñanza moral, pero sí una moraleja a quienes discriminan en la vida real.

Con el cuerpo en su totalidad desbordado de alegría y reflexiones, salí a respirar el aire puro de la costa. Me seguí asombrando de la espontaneidad de los artistas al hablar con quien se acercara, al tomarse fotos con cada uno que lo pidiese, al agradecernos a todos por estar allí sentados con nuestras risas y aplausos.

Nosotros también somos los agradecidos al haber pasado nuestro día junto a ellos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Peregrinación hacia uno mismo

Año 2013, siglo XXI,  Mar del Plata, Argentina. Un hombre solo, en la intimidad de su hogar.

Un hombre Solonauta3solo que tiene acceso a internet.  ¿Es esa conexión, conexión con el mundo exterior? ¿Es real ese encuentro con los otros seres ubicados frente a otras pantallas en los mismos exactos segundos? ¿Qué significa estar conectados?

Una escenografía atractiva. Una especie de caja que oficia de hogar con muebles que ofician de muebles para ubicar los elementos tecnológicos que rodean a este hombre solo, peinado con gel y vestido con bata de seda.

Y ahí está él, jugando con su extraña “wee”, conectándose a las fabulosas redes sociales, llamando por un poco conocido aparato celular y consultando el estado de la bolsa de Wall Street en su misteriosa tablet… pero no tiene mucha señal, tiene mucha plata, ¡pero mucha plata eh!

Solonauta2Solonauta, el navegante de sí mismo, es una obra de humor donde afloran las paradojas del mundo moderno. La compu, las relaciones cibernéticas, el celu, los mensajitos, las fotos en Facebook, los Me Gusta, los no me gusta y los millones de amigos que supuestamente tenemos. Ni un solo espectador permaneció inmutable durante la función. A todos y a cada uno de los que ocupábamos una silla en El Club del Teatro, de una forma u otra, nos tocó y fue manifestado a través de la risa.

Y aquí viene la parte filosófica de esta historia. El mundo virtual nos lleva a “escaparnos” del real.  ¿Qué hay en el real que nos haga querer huir? La tele que nos muestra un mundo inseguro donde es peligroso salir a la esquina a jugar, el amor que con sus avatares nos rompe el corazón, el trabajo que nos obliga a pensar y repensar,  la lucha por pertenecer, los diarios.. la vida misma, que causa demasiado dolor. Dolor que es subsanado con un clik de nuevo al mundo de la web.

Pero sobretodo, la obra tiende esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano. Sí, así como han leído, se preguntarán cómo se pasa de los aparatitos llenos de botoncitos y pantallitas que nos alejan y hacen de las personas, islas en sí mismas, a un humano más humano que el resto de los humanos.

Algo pasa en la vida de este hombre, un día de plenitud invade su vida un rayo de sol. Todo madura.. no sólo la uva se vuelve dorada…

Solonauta

Una obra escrita y muy bien representada por José Minuchin, dirigida y puesta en escena por María Rosa Frega.

La obra se realizó el sábado 27 de abril a las 21.30 hs, en el Club del Teatro, Mar del Plata.

 Melisa Morini

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Hoy te vi, en los sueños

Imágenes de una novelaII

Una de las acepciones, según la RAE, se refiere a “obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres”.

Ese significado de la palabra novela nos puede transportar diversos mundos: el de un libro, el de la televisión, el del teatro, el de la vida misma, entre algunos ejemplos.

Pero “Imágenes de una novela” es más que eso. Es un universo en el que se conjugan tres vidas con tres historias -por momentos similares- por momentos diferentes. Esta obra de teatro nos convida con fragmentos de varias historias escritas por Luis Cano y adaptadas por Pablo Iglesias, en la que las actrices logran complementarse de una forma tan amalgamada que nos sentimos inmersos en las narraciones.

Así como en un comienzo observamos una pileta pelopincho como principal escenografía, todo lo que sucede luego se va entrelazando con dicho objeto.Imágenes de una novelaI

Temas como la muerte, historias cotidianas y de entre casa, angustias, tristezas, alegrías; hasta desembocar de nuevo en la parca.

Pero esta parca no es la vestida de negra, con llantos desgarrantes, sino la despedida de un ser querido con el que guardamos los más bellos recuerdos y añoranzas.

La puesta en escena nos hace reflexionar hasta emocionarnos. Quien se suelte un poco logrará derramar tantas lágrimas que podrán llenar la pileta. Tal vez una de las metáforas sea que el agua cubra y purifique lo que físicamente ya no está.

Esta pieza de oro encaja de una manera ideal en cada una de sus partes. Cada fragmento se une con el siguiente sin dejar vacíos. Por otro lado, las poesías son las encargadas de relucir las historias. Claro que hay una protagonista (Clara Virasoro) -porque así la narración lo precisa-, pero las otras dos artistas (Valeria Actis y Camila Palacios) no son personajes secundarios sino sus manos, sus sentimientos, sus almas.

Las tres actrices consiguen ser una: con sus dialécticas, con sus modos de vivenciar cada rinconcito de sus vidas, de sus recuerdos, de sus infancias.

Imágenes de una novelaIII

Los aromas, fragancias, olores y sentires, se huelen y vibran. Lo relatado es vivido por el público, quien se estremece de alegría o dolor según suceda en el escenario.

Cada forma de contar, precisa de un accesorio diferente, lo cual hace que se destaque la inventiva de los autores.

Por último, cabe destacar que las sutilezas implementadas durante la obra nos permiten reconocer en nuestro imaginario, cada momento, cada palabra. Las fotos colgadas en cierto momento de la obra nos dan un descanso mental y observamos con los ojos lo que nuestro corazón hizo durante los 50 minutos de esta dulce e inteligente dramaturgia.

(…) Agua que baña con aguas frescas 
las costas que te acompañan.
Soy agua que fue y hoy está seca
para llover mañana.
Raíz profunda, no sabés del miedo 
estás siempre acompañada (…). 

Mariela Verónica Gagliardi

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Tres cantos a la realidad

Trilogía Argentina Amateur

El sábado 20 de abril pude deleitarme con tres obras de teatro, escritas por Andrés Binetti y Mariano Saba -en el marco de La Trilogía Argentina Amateur-. “La Patria fría” fue la primera y con ella comencé a entender los códigos establecidos por ambos autores e interpretados por los actores.

Durante un viernes santo (del año 1948), un circo intentará brindar su función, como siempre. Los artistas, a partir de diversas discusiones internas y externas (como la política), tendrán que poner lo mejor de sí para que el público disfrute. Para que sienta que su entrada “lo vale”.

En esta trama llegamos a conocer una historia de amor frustrada, una vida en camino, machismos incurables, un pueblo atrasado y estancado.

Lo peculiar de la puesta en escena es cómo se desarrollan varias temáticas al mismo tiempo y cómo no ocurre lo más evidente que sería ver una función de circo, con acróbatas y payasos. Ellos están del otro lado, o sea, a nuestra vista. Nosotros como espectadores somos los únicos que sabemos y estamos al tanto de los trapitos al sol que ellos van quitando uno a uno. Sin pudor, sin temor, sin vergüenzas.

Pero “La Patria fría”, tiene a un personaje central: el léon Fidel. No de casualidad se llama así. Su personalidad se fue forjando a través de martillazos y todo tipo de maltrato, de las manos de su domador. El león que tenía el deber de entretener a grandes y chicos, no fue tratado de ese modo. Fue enseñado de la peor manera. Hasta que un día su corazón decide pararse y el circo también.

Los bombos y demás instrumentos, tendrán que hacerse oír, para acallar a la voz del pueblo. Mediante este grotesco podremos dilucidar el mensaje de la obra.

Binetti y Saba hicieron una pieza muy bien lograda, llena de magia, de sabiduría, de esplendor, de valores y de incógnitas que cada uno tendrá que ir conectando con su propio ser. Todos fuimos chicos en algún momento y por ello estamos en condiciones de decir que la mayoría presenciamos el ámbito circense. Esta historia es la encargada de recordarnos qué cosas están bien y cuáles mal, por si lo olvidamos en algún momento de nuestras vidas. El circo, es en este caso el escenario. Pero puede ser perfectamente cualquier espacio diferente.

Luego de unos breves minutos continuó “Al servicio de la comunidad” y aquí me pude convencer, aún más, del acierto de los guionistas en cuanto al enfoque que quisieron darle a las piezas.

Dicha obra se desarrolla en un prostíbulo (del año 1910), mediante el cual conocemos a las chicas que trabajan en él. Las trabajadoras, de día y noche, intentarán cobrar, pero se irán topando con campechanos y también con señores bien de la zona. También el grotesco está presente en esta historia.

Notamos cómo el centenario argentino cobra vida a partir del patriotismo. Lo disparatado es la huelga que llevan a cabo dos mendigos que pedían limosnas en el Teatro Colón y un cráneo de vaca que trae un señor, del cementerio. La sucesión de hechos que van transcurriendo, rompen con las estructuras convencionales, haciendo que el espectador tenga que participar activamente (pensando y sacando conclusiones).

Acompaña toda esta aventura disparatada pero con mucha lógica política -no solo por mencionar a lo que se conoce comúnmente con esta palabra sino a los usos y costumbres cotidianos-, un payador y un guitarrista, que le da vida a las entonaciones.

En cierto momento se escucha decir, de boca de un señor distinguido, que “los mendigos son los verdaderos poetas de la patria sublevada”. Y cuánta razón tiene. La poesía -estrictamente como se la suele leer o escuchar-, nunca sería vinculada con los sectores más bajos de una sociedad. Aquí, se puede percibir la participación de todos los sectores de la comunidad y lo bello es ver cómo se tratan, cómo conviven, cómo interactúan, cómo resuelven conflictos y cómo la figura política de la mano de Isabelita, está tan desvinculada de su labor como administradora de un estado, que nada entiende, nada quiere entender y ve lo que le gustaría ver.

Mientras todo toma un camino, éste se desventura y va hacia otro rumbo. Y para resolver tanta dicotomía, aparece una gitana para leer las manos de la gente. Pero para ese entonces una prostituta intentaba fugarse con su compañero, la madama le apuntaba con un arma para impedirlo y la calavera seguía en el mismo sitio. La calavera de vaca tiene una connotación sumamente interesante. Significa lo que ya no existe, lo que ya no es.

Pero la peor tragedia ocurre cuando una de las mujeres muere de tuberculosis y ese fallecimiento es tomado por la mandataria como el mejor teatro que vio en su vida. Los diálogos deben hilarse unos con otros y ser tenidos en cuenta, todos, como importantes. Todo se va justificando y entendiendo, al igual que la pieza de Hamlet interpretada y durante la cual ocurre la muerte de una manera esperada pero llena de dolor.

La vida y la muerte penden de un hilo. Las predicciones, develan misterios no sincerados, los actores interpretan una verdad existente hasta en nuestros tiempos: cómo una familia (sin su significado estricto) se rompe, se lastima y cómo cada ser es tan egoísta como para no aceptar la felicidad del otro.

Y la Trilogía Argentina Amateur, cerró con “Después del aire” (cita en 1933).

Durante una audición radial, repetitiva, con piezas de radioteatro y noticias vigentes; conocemos a los personajes que van conformando este sainete. Con estilo gaucho, más la figura de un payador y efectos realizados en vivo y con elementos comunes; se provoca la risa del público.

Los temas que más son tratados durante el radioteatro hacen referencia al campo, a la pampa, a la seducción entre el gaucho y la paisana, a las ovejas y a los cantos desde el sector más pobre -encarnados por una chica-.

Esta chica que es tratada como la peor resaca de la sociedad y que, sin embargo, es precisada por su voz, por su canto lírico y por terminar siendo la única fiel en el programa -que lo único que pedía era un pedazo de pan-.

Tambén, la política, está presente en esta obra pero lo más relevante es lo que pasa entre los actores y locutores mientras no están al micrófono.

Las peripecias que transcurren, inesperadamente, como la rotura de la antena de radio, un corte de luz, los amoríos y hasta la muerte de Yrigoyen; nos preparan para un contenido que jamás resultará denso (específicamente hablando).

“Después del aire” es lo que queda, lo que pasa, lo que ocurre y transcurre. El progreso, dicho por el propio conductor, y que además realiza los efectos sonoros, es que los trabajadores puedan comer. Algo tan simple y palpable como el pan en la mesa. Como tener algo que nos de energías para continuar el día, para que el día no sea una sucesión de horas en el tic tac de un reloj.

Las tres obras de teatro son dignas de ver. Quizás lo ideal sea hacerlo de forma continua y el efecto provocado será una apertura de ideas.

Las escenografías, la iluminación, la proyección de las voces, los vestuarios y cada una de las interpretaciones; hacen que la trilogía sea un tesoro. Una conjunción de estilos, siempre basados en el grotesco, en lo autóctono, en lo criollo y gaucho.

Mariela Verónica Gagliardi