*** Junio 2017 ***

Trilogía Argentina Amateur

El sábado 20 de abril pude deleitarme con tres obras de teatro, escritas por Andrés Binetti y Mariano Saba -en el marco de La Trilogía Argentina Amateur-. “La Patria fría” fue la primera y con ella comencé a entender los códigos establecidos por ambos autores e interpretados por los actores.

Durante un viernes santo (del año 1948), un circo intentará brindar su función, como siempre. Los artistas, a partir de diversas discusiones internas y externas (como la política), tendrán que poner lo mejor de sí para que el público disfrute. Para que sienta que su entrada “lo vale”.

En esta trama llegamos a conocer una historia de amor frustrada, una vida en camino, machismos incurables, un pueblo atrasado y estancado.

Lo peculiar de la puesta en escena es cómo se desarrollan varias temáticas al mismo tiempo y cómo no ocurre lo más evidente que sería ver una función de circo, con acróbatas y payasos. Ellos están del otro lado, o sea, a nuestra vista. Nosotros como espectadores somos los únicos que sabemos y estamos al tanto de los trapitos al sol que ellos van quitando uno a uno. Sin pudor, sin temor, sin vergüenzas.

Pero “La Patria fría”, tiene a un personaje central: el léon Fidel. No de casualidad se llama así. Su personalidad se fue forjando a través de martillazos y todo tipo de maltrato, de las manos de su domador. El león que tenía el deber de entretener a grandes y chicos, no fue tratado de ese modo. Fue enseñado de la peor manera. Hasta que un día su corazón decide pararse y el circo también.

Los bombos y demás instrumentos, tendrán que hacerse oír, para acallar a la voz del pueblo. Mediante este grotesco podremos dilucidar el mensaje de la obra.

Binetti y Saba hicieron una pieza muy bien lograda, llena de magia, de sabiduría, de esplendor, de valores y de incógnitas que cada uno tendrá que ir conectando con su propio ser. Todos fuimos chicos en algún momento y por ello estamos en condiciones de decir que la mayoría presenciamos el ámbito circense. Esta historia es la encargada de recordarnos qué cosas están bien y cuáles mal, por si lo olvidamos en algún momento de nuestras vidas. El circo, es en este caso el escenario. Pero puede ser perfectamente cualquier espacio diferente.

Luego de unos breves minutos continuó “Al servicio de la comunidad” y aquí me pude convencer, aún más, del acierto de los guionistas en cuanto al enfoque que quisieron darle a las piezas.

Dicha obra se desarrolla en un prostíbulo (del año 1910), mediante el cual conocemos a las chicas que trabajan en él. Las trabajadoras, de día y noche, intentarán cobrar, pero se irán topando con campechanos y también con señores bien de la zona. También el grotesco está presente en esta historia.

Notamos cómo el centenario argentino cobra vida a partir del patriotismo. Lo disparatado es la huelga que llevan a cabo dos mendigos que pedían limosnas en el Teatro Colón y un cráneo de vaca que trae un señor, del cementerio. La sucesión de hechos que van transcurriendo, rompen con las estructuras convencionales, haciendo que el espectador tenga que participar activamente (pensando y sacando conclusiones).

Acompaña toda esta aventura disparatada pero con mucha lógica política -no solo por mencionar a lo que se conoce comúnmente con esta palabra sino a los usos y costumbres cotidianos-, un payador y un guitarrista, que le da vida a las entonaciones.

En cierto momento se escucha decir, de boca de un señor distinguido, que “los mendigos son los verdaderos poetas de la patria sublevada”. Y cuánta razón tiene. La poesía -estrictamente como se la suele leer o escuchar-, nunca sería vinculada con los sectores más bajos de una sociedad. Aquí, se puede percibir la participación de todos los sectores de la comunidad y lo bello es ver cómo se tratan, cómo conviven, cómo interactúan, cómo resuelven conflictos y cómo la figura política de la mano de Isabelita, está tan desvinculada de su labor como administradora de un estado, que nada entiende, nada quiere entender y ve lo que le gustaría ver.

Mientras todo toma un camino, éste se desventura y va hacia otro rumbo. Y para resolver tanta dicotomía, aparece una gitana para leer las manos de la gente. Pero para ese entonces una prostituta intentaba fugarse con su compañero, la madama le apuntaba con un arma para impedirlo y la calavera seguía en el mismo sitio. La calavera de vaca tiene una connotación sumamente interesante. Significa lo que ya no existe, lo que ya no es.

Pero la peor tragedia ocurre cuando una de las mujeres muere de tuberculosis y ese fallecimiento es tomado por la mandataria como el mejor teatro que vio en su vida. Los diálogos deben hilarse unos con otros y ser tenidos en cuenta, todos, como importantes. Todo se va justificando y entendiendo, al igual que la pieza de Hamlet interpretada y durante la cual ocurre la muerte de una manera esperada pero llena de dolor.

La vida y la muerte penden de un hilo. Las predicciones, develan misterios no sincerados, los actores interpretan una verdad existente hasta en nuestros tiempos: cómo una familia (sin su significado estricto) se rompe, se lastima y cómo cada ser es tan egoísta como para no aceptar la felicidad del otro.

Y la Trilogía Argentina Amateur, cerró con “Después del aire” (cita en 1933).

Durante una audición radial, repetitiva, con piezas de radioteatro y noticias vigentes; conocemos a los personajes que van conformando este sainete. Con estilo gaucho, más la figura de un payador y efectos realizados en vivo y con elementos comunes; se provoca la risa del público.

Los temas que más son tratados durante el radioteatro hacen referencia al campo, a la pampa, a la seducción entre el gaucho y la paisana, a las ovejas y a los cantos desde el sector más pobre -encarnados por una chica-.

Esta chica que es tratada como la peor resaca de la sociedad y que, sin embargo, es precisada por su voz, por su canto lírico y por terminar siendo la única fiel en el programa -que lo único que pedía era un pedazo de pan-.

Tambén, la política, está presente en esta obra pero lo más relevante es lo que pasa entre los actores y locutores mientras no están al micrófono.

Las peripecias que transcurren, inesperadamente, como la rotura de la antena de radio, un corte de luz, los amoríos y hasta la muerte de Yrigoyen; nos preparan para un contenido que jamás resultará denso (específicamente hablando).

“Después del aire” es lo que queda, lo que pasa, lo que ocurre y transcurre. El progreso, dicho por el propio conductor, y que además realiza los efectos sonoros, es que los trabajadores puedan comer. Algo tan simple y palpable como el pan en la mesa. Como tener algo que nos de energías para continuar el día, para que el día no sea una sucesión de horas en el tic tac de un reloj.

Las tres obras de teatro son dignas de ver. Quizás lo ideal sea hacerlo de forma continua y el efecto provocado será una apertura de ideas.

Las escenografías, la iluminación, la proyección de las voces, los vestuarios y cada una de las interpretaciones; hacen que la trilogía sea un tesoro. Una conjunción de estilos, siempre basados en el grotesco, en lo autóctono, en lo criollo y gaucho.

Mariela Verónica Gagliardi

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