*** Junio 2017 ***

Sentir amares1

“Sentir amares”, escrita por Carolina Gómez (la actriz de la historia) y dirigida por Diego Jaraz, nos presenta a una mujer hipocondríaca, miedosa, solitaria (no por elección) y muy observadora; nos irá introduciendo en distintos aspectos de su vida privada de una manera interesantísima.

Cada frase esbozada por la artista nos dejaran boquiabiertos, exhaustos, son sensación de vértigo.

Su pie izquierdo se arruga más que el derecho, en el agua. Así empezará a sentir que su vida corre peligro. Se volverá cada vez más obsesiva y los detalles como en su pie la irán poniendo muy nerviosa. Pero ella no sabe estallar.

Con un vestuario delicado, bien de la década de los 60´, demostrará cuán femenina puede ser una persona dedicada exclusivamente a su hogar.

Si bien el escenario es uno solo, la escenografía es la encargada de dividirlo en distintos espacios a partir de los cuales se recrean distintos ambientes de su casa. La calidez que hay en la misma, nos sumerge rápidamente en su interior.

A partir de la retórica, diversos planteos aparecen y automáticamente su correspondiente respuesta. No es posible para ella dejar una pregunta en el aire. Necesita justificaciones para que su corazón siga latiendo, aunque sea rutinariamente.

En un primer momento vemos cómo está sentada en un sillón antiguo sumergiendo sus pies en una pecera con agua. Desde ese entonces sabemos que esta obra dará que hablar, al igual que su protagonista y única actriz.

Lo convencional es remojarnos en una palangana pero ella eligió este objeto porque la traslada al lugar que más ama en el mundo: el mar. Allí, tiene una amiga imaginaria, con la cual tiene largas y tendidas charlas. La arena es su espacio y cada granito será como la sal de su vida.

En cierto momento se cuestiona las diferencias entre escuchar y oírse. Sentir amares2Esto no hay que pasarlo por alto ya que constantemente se habla a sí misma -como casi única compañía- y, sin embargo, se miente descaradamente. Pero ella está casada y tiene una hija. Viven los tres juntos pero, a su vez, ellos tienen una vida aparte de la familiar, cosa que ella no. No logra desligarse de su rol de ama de casa -el cual desempeña a la perfección-, en el cual se disfraza y esconde.

Su vida es demasiado triste y patética. Su belleza como mujer no le permiten ver lo negativo de la gente. No consigue enojarse y de ese modo, todo a su parecer tu justificación.

“Sentir amares” es un fiel reflejo femenino, de aquel momento en que miramos tanto para afuera que nos olvidamos de quiénes somos. Ese instante en que la conversación de la vecina se vuelve más relevante que nuestra miserable rutina y nuestra soledad más asfixiante que una soga.

Cada metáfora escogida y utilizada nos demuestra cuán vulnerable es y, sus pensamientos (en alusión a sus flores), se secan día a día. Tuvimos el placer de escucharla cantar y allí pudimos descubrir una voz tan especial y dulce que nos conmovió hasta los huesos.

También, podemos observar el cuarto de planchado en el cual hace confesiones sobre su matrimonio, tan inverosímiles que su desgarro se potencia a flor de piel. Ella desea huir, pero por más que lo haga físicamente, no podrá escapar de sus propias garras.

El placer y la alegría no están incluidos en su libro de ama de casa. Ella tiene obligaciones como esposa y madre que la encerrarán cada vez más en su hogar.

Su único escape es el jardín que intenta cuidar, pero el cual está tan ligado a ella que no florece. Entre los dos irán tramando una historia muy jugosa, con tensión constante y con un goce pleno.

En esta obra no existen los altibajos, ni momentos mejores que otros. Toda la pieza artística es ideal y, para sorprendernos, hasta existen momentos de stand up durante los cuales reiremos y nos sentiremos seguramente identificados.

Sentir amares3

Podríamos decir que si durara más tiempo, no agotaría sus recursos ya que es original el modo de narrar y el cambio de escenas le da una agilidad al relato que nos deja con ganas de más durante todo el tiempo.

Queremos conocerla, queremos ayudarla, no queremos verla sufrir pero sabemos que -como toda mujer- posee la fortaleza para salir a flote y ser feliz.

¿Cómo ordenará sus pensamientos para que su espacio externo, que tanto ama, sea parte de verdad de su vida?

Mudar el mar a su casa no sería tarea fácil pero quizás a la inversa solucione parte de sus conflictos y sinsabores.

Dejar a un marido que no la tiene en cuenta no resolverá cada uno de sus interrogantes pero al menos le sacaría un gran peso de encima.

¿Cómo ordenará sus prioridades y cómo hará para ponerse ella en primer lugar sin sentir culpa?

Mariela Verónica Gagliardi

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