*** Noviembre 2017 ***

Código de silencio1

En toda familia o clan se suelen guardar secretos. Pero como se sabe: las mentiras tienen patas cortas. Y es que los secretos forman parte de lo mismo.

“Código de silencio” (Idea: Marisol Otero y Martín Repetto, Guión: Martín Repetto y Dirección: Mariano Caligaris) es una comedia musical que se centra en un neuropsiquiátrico. A partir de este sitio podremos conocer a cada uno de los internos, con un problema diferente.

Unas rejas irán danzando junto a sus intérpretes, la introducción de la historia. Una historia invadida de tragedias, muertes, ocultamientos, perversiones y abusos. Código de silencio4Una institución que en vez de sanar, trauma. Un lugar que tiene aroma a encierro y sofocamiento.

“Hay que limpiar”, dice en cierto momento, la primera canción de la puesta en escena. Limpiar, literal y metafóricamente hablando. Hay que quitar toda huella de aquella verdad tapada tiempo atrás.

El Dr. Abel Morris (Eliseo Barrionuevo) es médico psiquiatra y llega al Silencio -tal como se menciona a la clínica- para ocupar un puesto. Dicha vacante no es cualquiera, sino la que tiempo atrás presidía el dueño del lugar: el Dr. Baker. Y aquí comienzan a entrelazarse cada una de las piezas. La hija del dueño (desaparecido) es una simple enfermera, que intenta poner orden en un sitio que no es para ella. No tiene el Código de silencio2carácter ni la competencia como para lograrlo. Su única destreza, si se la puede denominar así, es el coqueteo que lleva a cabo -quizás no premeditado-. Quien sí tiene temperamento para dirigir a los internos es Bernarda (Mariela Passeri), la otra enfermera que mantenía un amorío con Dumont.

A medida que se sucede la obra, vamos encontrando los indicios necesarios como para saber cuál es el secreto. Las primeras palabras mencionadas por María Baker -la hija del dueño- (Magalí Sánchez Alleno), al nuevo médico, son: “Las cosas no son lo que parecen”. En dicho momento él no entiende, aunque le lleva poco tiempo decodificarlas.

Claro que la institución cuenta con otro médico: el Dr. Albert Dumont (Martín Repetto). Él es una persona seria, firme, rígido y dictador. Pretende tener de aliado a uno de los enfermos, para que su mandato se siga al pie de la letra. Él no tiene en mente sanar a los pacientes, sino callarlos… hasta el silencio. El maltrato es su principal arma y todo lo que sea una piedra en su camino, será liquidada.

Cada uno de las personas es despojada de sus afectos y quedan, así, atrapados en sus conflictos. Sin amor, sin una palabra de afecto, sin un abrazo; cómo podrán curarse? Si una píldora mágica no existe para curar la angustia y ésta es la que se apodera de cada uno de los cuerpos.

Código de silencio3

Como en una novela, hay atracciones, pasiones, amores, desamores y también, por supuesto, escenas violentas que son en parte necesarias para comprender la situación de el Silencio.

Pero quien parece ser la última sospechosa es la que, posiblemente, por temor no grite lo que ocurre en su ambiente de trabajo. Esta persona por miedo y por resguardarse a sí misma, descuida a los seres más frágiles.

Llega un punto en que no interesa demasiado quién tiene razón. Lo único que importa es la similitud con la realidad real. Un manicomio, como vulgarmente se lo conoce, es así y pasan cosas aún peores que las de la obra. Es interesante que exista una puesta en escena así como para reflexionar y concientizar a la sociedad.

¿Qué hacer cuando un humano sufre? ¿Encerrarlo y apartarlo es lo mejor? Código de silencio5¿No será más importante tenderle una mano de confianza? ¿Qué poder tenemos como para decidir quién tiene que ser sedado, quién es normal y quién no cumple con esos parámetros? ¿Tenemos tanto poder como para señalar del mismo modo a un asesino y a un enfermo? ¿Por qué si una persona tiene gripe no se la encierra y si tiene algún desequilibrio en la mente sí?

¿Con qué vara se mide la igualdad cuando ni siquiera solemos entenderla ni sentirla?

El único código que deberíamos utilizar es el de la aceptación.

A través de las canciones se hace menos dura la trama, la cual llega a doler, como las caídas de los pacientes y las muertes incesantes.

Mariela Verónica Gagliardi

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