*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Me río de Janeiro

Juliana Yaconis, Alejandro Curlane y Natalia Álvarez, conforman un trío. Pero no es cualquier trío, sino uno con códigos y valores muy distantes del amor.

Ellas son amigas pero circunstancialmente. Si la vida las hubiera cruzado antes, seguramente habría sentido rechazo una por la otra. Pero en esta historia de Eduardo Grilli (dirigida por Pablo Rodríguez Albi), les toca unirse para luchar por un mismo propósito. Ese objetivo no es este galán, sino lo que éste representa para sus egos.

Lu y Ro fueron estafadas, emocinalmente, con un viaje a «Río» de Janeiro. La ida a Brasil tampoco es el quid de la cuestión. Ellas no son demasiado rebuscadas ni vengativas. Solo quieren que se las respete y por eso harán pasar al pobre hombre por una serie de pruebas escalofriantes.

Pero, ¿qué sería de él sin ellas y de ellas sin él?

Los enriedos y escándalos están presentes sin disimular absolutamente nada. Lo que en un momento se supone como verdad, al rato se modifica; dejándonos atónitos hasta el último minuto.

Existen varios recursos utilizados en la obra pero el que más resalta, sin lugar a dudas, es el del juego de palabras. A partir de río, se va y viene en el tiempo, se define otra palabra por asociación y se logra descontracturar tremenda tensión en la casa -en que se desarrolla toda la narración-.

No sorprende la naturalidad con que Juliana interpreta su papel, pero también caben destacarse las otras dos actuaciones -quienes, naturalmente logran transmitir mucho vigor y simpatía-.

Esta pieza teatral es una excelente propuesta para reír, distender y sentirnos identificados -por qué no-, con algún fragmento o personaje de la historia.

La ironía y el humor negro hacen su aparición en gran parte del relato. Y es que de eso se trata: de burlarnos de nosotros mismo cuando estamos frente a un hecho «trágico».

En cuanto está por empezar la función, vemos a Curlane maniatado con unas hermosas sogas en tonos flúo. A partir, de este sutil detalle, se nota en torno a qué girará todo.

Es posible que un hombre ame a dos mujeres, tan singulares y diferentes entre sí? Debe ser considerado como traidor o puede llegar a afirmarse que tiene un corazón demasiado grande?

Igualmente, él deberá pagar por cada uno de sus pecados, hasta que le toque su turno para hablar. Cuando eso ocurra, notaremos la ductilidad y gracia de Curlane para desarrollar un monólogo. Una forma de escape para su actualidad, a través del cual demostrará que la monogamia es ridícula cuando el corazón expresa otra cosa.

«Río» es una vuelta de tuerca a las estructuras y convenciones sociales, al autodescubrimiento… a la magia de una relación.

¿Hasta dónde es capaz de llegar una mujer -y en este caso, dos mujeres-, con tal de salirse con la suya? ¿Cómo logrará dormirlo para abusarse de su confianza?

Con respecto a la estética y a la puesta en escena, contienen todo lo necesario para ambientarnos y adentrarnos en el relato. Yaconis pasa de un vestuario a otro, identificándose como femme fatal y, también, como relegada a «la segunda».

Los diálogos de los tres actores confluyen en el momento en que se sinceran uno con el otro. Ahí se resuelve la incógnita y, una vez más, lo que triunfa es la coherencia.

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Tres miradas sobre la sociedad argentina

Eduardo Rovner es el autor de tres cuentos que conforman la puesta en escena de «Fotografías de un concierto de ilusiones», una obra que engloba un sentido del humor muy inteligente e irónico.

3xRovner1A lo largo de una hora y media pudimos presenciar tres historias, diferentes entre sí, escritas en distintas décadas pero con factores en común.

Durante ¿»Una foto?», conocimos los conflictos de un matrimonio ante la imposibilidad de lograr que su bebé salga con un gesto bien marcado ante el click de la cámara. Para conseguir la sonrisa harán todo lo que se les cruce por sus cabezas, pero algo insólito les impedirá lograrlo.

Las peripecias y ocurrencias que plasman en sus diálogos y, corporalmente, demuestran la cruda realidad real de una familia tradicional: el deber ser, las metas por cumplir, los logros que debe alcanzar y la máscara que tiene que ponerse frente a situaciones desagradables.

Si bien uno de los fines es la risa en el público, no hay que dejar a un lado el análisis (y sobre todo teniendo en cuenta el año en que fue escrito el cuento original).

Luego, al instante, se sucede «Viejas ilusiones». 3xRovner2Esta dramaturgia es la que esboza en el escenario la mayor carga emocional, acompañada por el cuerpo -como un todo orgánico-. En ella logramos angustiarnos con la relación, enfermiza, entre madre e hija. Ambas son viejitas pero siguen viviendo gracias a la retroalimentación que existe entre ellas. Sabemos que este vínculo, de por sí, no es sano pero muchas veces viéndolo representado es que logramos concientizarnos.

Las dos se «usan». Una por ser cobarde y la otra por egoísta. Una combinación tan graciosa como explosiva, en la cual se notará quién tiene el poder y cómo lo ejerce.

Por último, «Concierto de aniversario», nos hizo disfrutar de la música clásica -entendida como rígida, estructurada e insensible-. A lo largo de esta narración, descubrimos los secretos más íntimos de los concertistas y cómo sus ensayos los terminan abstrayendo de lo que más deberían conservar: su sensibilidad.

3xRovner3

Las tres piezas conforman mosaicos de nuestra identidad social y cultural. Cada actor, interpreta los textos de Rovner, hasta asimilarlos como parte suya, logrando tomar la esencia.

Con respecto a la iluminación, no ilumina; sino que resalta los momentos en que debemos sí o sí observar detenidamente.

En cuanto a la escenografía, sencilla pero eficazmente, cumplió su cometido: el de ambientar cada situación, centrándose en la teatralización. Podría resumir esto diciéndoles, inclusive, que si ésta no hubiera existido, habríamos comprendido todas las tramas. Ver a tan buenos actores, emociona, reconforta y entusiasma a la hora de tomar el papel y el lápiz.

Más allá del prestigioso dramaturgo que estamos analizando, las actuaciones acompañan las ideas y propósitos de los textos, permitiéndonos reflexionar acerca de los mismos y sacando las conjeturas que consideremos pertinentes.

El humor negro es un estilo que en varias ocasiones le gusta al espectador argentino, pero es difícil de conseguir. En este caso, me agradó mucho el camino que abordaron y los elementos que usaron para transmitirlo oportunamente.

Un matrimonio frustrado, un vínculo desgastado y una esposa moribunda en medio de los ensayos; son los escenarios que se van recorriendo. Cada cuento empieza y termina. No se entrelazan ni los guiones ni los personajes. Pero, quienes logren prestar mucha atención, notarán cómo el factor conflicto va en aumento, cómo la paciencia cumple su ciclo y cómo el amor logra disolverse hasta la llegada de la muerte.

Sin lugar a dudas, el factor sorpresa es lo que provoca risas y un click, en este caso no de un flash, sino de un cambio de rumbo. Un giro rotundo que nos permita respetar y amar lo diferente, contemplar lo bello pero, también, lo desagradable.

Teniendo en cuenta la existencia del bien y del mal, ¿a dónde conduce el poder desmedido del hombre? El arrepentimiento, ¿llega en algún momento o siempre un daño fue y es irreparable?

No podemos dejar de lado al contexto político en tres momentos claves de la historia nacional. Contar y representar suele ser, estéticamente más bello y pacífico que combatir con armas y fuego.

«Fotografías de un concierto de ilusiones» nos identifica culturalmente. No a todos sino a los sucesos llevados a cabo por diferentes oligarquías. ¿Qué otro mensaje podríamos pedir que la justicia social? El arte es la mejor bandera y símbolo para sentirnos orgullosos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Menos mal que hay una sola

¿Qué representa una «Suegra», quién es tu suegra, por qué son tan difamadas, existirá alguna nuera contenta de tener una, por qué un yerno no pasa por lo mismo?
Pablo Ángeli, sin ningún tipo de pudor se anima a poner en su cuerpo y voz a este ser tan abominable, narrándonos desde distintos personajes, alternativas y padecimientos tan crudos como reales.
Rodete para llevar peso sobre la cabeza es una de las acepciones que figuran en el diccionario de la RAE (Real Academia Española), una definición que contiene la palabra clave: peso.

Desde los antepasados, siempre escuchamos historias referidas a las suegras, de toda índole. Están quienes gozan de una buena relación hasta que se casan y la cuestión cambia.
Pablo logra identificar esas particularidades de las suegras -que llevándolas a su máxima expresión- nos hacen estallar de la risna.

En un principio conocemos la vida de una nuera que desde su embarazo tendrá que soportar a su «segunda mamá». Pero esta pobre joven al igual que tantas suele verse indefensa ante la desaparición en vida de su marido. O sea, el hijo de dicho espécimen.
Pero entonces el unipersonal nos muestra a la madre de esta chica hasta centrarnos en su consuegra, la malvada y entrometida mujer que siempre será odiada por todas.
Sin lugar a dudas, uno de los mejores momentos de la obra es cuando la suegra se viste de muerte e intenta elegir a una víctima -claramente femenina-.

Les puedo confirmar que nunca escuché a un hombre hablar mal de la madre de su novia, lo cual nos hace quedar como quisquillosas -por no decir otra cosa-. ¿Seremos tan «jodidas» como para no poder darnos cuenta de que ellas siempre quieren colaborar, que son las únicas que conocen a sus hijos y que tienen derecho de entrar y salir como más les plazca?
Me sorprendió la cantidad de hombres presentes. ¿Será que fueron en defensa de sus progenitoras?

En cierto momento del relato el actor esboza un fragmento sobre la tradición dominguera de comer las pastas caseras, esos ravioles que le revientan mínimamente el hígado y su lenta recuperación -durante la semana- para poder disfrutar, otra vez, de esa saludable comida.
La dialéctica que utiliza Pablo, su timming en escena y ese don llamado carisma; permiten que la sala permanezca totalmente llena y que los espectadores no paren de reír.

Y si no es con humor, ¿de qué modo se podrían tolerar aquellas circunstancias tan tensas y, a la vez, ridículas? Cuando nos burlamos de nosotros mismos es cuando podemos contagiar esa alegría. De la misma forma, teatralizando segmentos de nuestras vidas podremos sobrellevar esos pesos que mencionaba al principio de la nota.

Es un acierto que un tema tan femenino sea interpretado por un hombre. Él realiza cambios de vestuarios, usa peluca, accesorios, anima su propio show, nos divierte y deja un mensaje importante: que no hay que temerle a ningún monstruo.


Mariela Verónica Gagliardi

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Sobreviviendo a la vida conyugal

Arnaldo André (Mariano) y Marta González (Roberta) interpretan a un matrimonio adulto, en la obra «Intimidad indecente» (escrita por Leilah Assumpçáo y dirigida por el mismo actor protagonista).

Esta pareja, compuesta por dos personas tan diferentes entre sí, -de unos cuarenta años de edad- llegó a un punto en que el deseo se murió pero ellos se tienen tanto amor que no se animan a expresarlo. Lo gracioso y contradictorio son los modismos y estructuras sociales que utilizan -burda e irónicamente- para decirle a su media naranja a quién miran, en quién se fijan o con quién están.

Todo lo que podría ser un martirio y sufrimiento, en esta atrapante puesta en escena, se convierte en un estilo de vida y estos simpáticos personajes nos robarán varias sonrisas y carcajadas. Y es que como el yin y yang, todo lo malo tiene algo bueno y a la inversa.

De todo error se aprende o desaprende. Del mismo modo que todo lo triste logra felicidad.

Como tantas personas, ellos quieren indagar por nuevas aventuras y experiencias que los harán valorarse aún más.

El contenido de la pieza teatral no es ningún descubrimiento, sino todo lo contrario; por eso es que lo que resaltan mucho son las actuaciones y lo cursi -que desea mostrarse desde un ángulo sentimental y totalmente melancólico-.

Tenemos la oportunidad de conocer una historia con diálogos picantes, amorosos y melancólicos, separados por sketchs -encargados de marcar el paso de los años- y monólogos que nos permiten profundizar en la personalidad de cada uno y en ciertos aspectos de la intimidad que no le son revelados al otro.

Es sabido que los adultos mayores suelen mirar más el pasado que el presente. Y es que sienten que su vida se acorta cada vez más.

Si bien «Intimidad indecente» es una comedia muy graciosa, con gags y un lenguaje bastante televisivo -el cual también vale destacarse por el timing que utiliza-, las lágrimas se asoman en los espectadores hasta hacernos recordar nuestro tesoro más preciado.

El recorrido, la evolución de este matrimonio y el modo de narrar producen un alivio en el público, quien ni bien abandona su butaca entiende que la vida es una sola, con principio y fin. Que el fin no es un final, sino un conjunto de decisiones tomadas a lo largo del camino.

En cuanto a la escenografía, es acogedora y nos hace sentir como en casa -con un cómodo sillón, una mesa y sillas haciendo juego-. Los vestuarios también son los apropiados y precisos para cada momento transitado.

Haciendo hincapié en los nombres de los protagonistas, se nota la coherencia que encierra el guión. De por sí el nombre Roberta tiene mas peso que el de el, a pesar de que en un principio es Mariano quien parece llevar las riendas del vínculo.

Por el lado de la cuestión de géneros aquí se produce un quiebre, el cual deja en evidencia la igualdad y los derechos.

Sin lugar a dudas, para poder llevar a cabo este camino -el cual sigue siendo vertiginoso-, se recurre al lenguaje vulgar, grotesco y utilizando a menudo ciertos modismos juveniles como para empatizar con diverso tipo de personas.

A André lo he seguido desde mis primeros años de vida así que puedo afirmar que sigue conservando esa frescura, calidez y talento que tanto lo distinguen. Muchas veces es recordado como el que le pegaba las famosas cachetadas a L.Kuliok. Si compáraramos a ese actor con éste, diríamos que no es tan perverso.

Un matrimonio deber estar unido en las buenas y en las malas. Hasta que la muerte lo separe. Y si ésta no llega pronto, qué sucede? Roberta y Mariano intentarán superar traumas, seguir adelante y recordar la ternura que los unió desde el primer día.

Como todo… una vez que estalla, cambia el rumbo por completo. De eso se trata esta obra: de enaltecer ciertos valores y desmitificar otros.

¿Qué sos capaz de hacer para no quedarte solo?

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Tarde o temprano, la Justicia llega

Granos de uva en el paladar4

“España dividida en dos”, al igual que muchas personas, situaciones, circunstancias.
«En España no hay hambruna sino misericordia», dicen irónicamente.

Una sociedad conservadora, tradicional, donde el divorcio y tantas otras cosas son mal vistas; nos presentan una pieza teatral con dramaturgia, canciones y baile. Una obra que te hace reflexionar, por más que vayas con otra idea en la cabeza.

Granos de uva en el paladar3De repente los cantos a capela se apoderan de nuestros sentidos y las letras -muy pegadizas- convierten las lágrimas desgarradoras en una verdad fácil de aceptar pero difícil de digerir.

Los alimentos son comparados con vivencias y con la dictadura, al igual que los colores.
“Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero” (entonan las presidiaras en la cárcel, como para entretenerse y que el tiempo no sea, también, una tortura).

Ellas van desdoblándose en distintos personajes, a medida que se sucede el relato y -lo interesante e impactante- es qué tipo de armas utilizan para combatir el mal. Ellas no tienen ametralladoras sino telas que las representan y balas que impactan con efectos sonoros. Esa es una de las distinciones que se plasman en el escenario y que conforman al equipo en una unidad orgánica.
«Un hombre tiene que ser fuerte o no es nada», le dice la madre a Miguel (Zaida Rico). Este niño que no comprende el mal en ninguna de sus vertientes.
Los tiempos van y vienen. Las historias se entrelazan, las actrices utilizan determinadas vestimentas para diferenciarse de una u otra persona, para que nada se preste a confusión.

Granos de uva en el paladar5

Francisco Lagos de la Fuente (interpretado por Susana Hornos, personifica a Francisco Franco), uno de los represores más emblemáticos de la historia. Él hace prevalecer su poder ante cualquier adversidad, él gobierna si se lo puede denominar de ese modo, él muestra su personalidad sin ningún tipo de vergüenza ni arrepentimiento.
Mientras tanto, la búsqueda de familiares fusilados, se convierte en la protagonista de toda la trama. La desesperación, la angustia y el dolor; se apoderan de nuestra atención.

Chusa, Adelina y La uva en el paladar; son tres cuentos escritos por Susana Hornos, adaptados para esta obra titulada “Un grano de uva en el paladar”; de una manera muy inteligente y efusiva.
Tres historias con una carga emocional muy fuerte, que llegan al corazón. Tres historias que no son solamente para recordar sino para accionar.

Estas narraciones son contadas por cinco actrices españolas, las cuales interpretan: vivencias, tragedias, vicisitudes, amores, Granos de uva en el paladar1alegrías y -por sobre todas las cosas-, memoria a lo que fue y que, aún, es.
La dictadura, el statu-quo, el estancamiento, la involución, el dolor y la pena; se hacen notar en esta obra. Cada personaje encarna a un ser capaz de transmitir sensaciones únicas.

Una mujer enamorada (Maday Méndez), se casa con un hombre (Susana Hornos) que, luego, la descarta por otra. La Iglesia en contra de la realidad y un adolescente que no logra entender la guerra ni el olvido.

¿Cómo asimilar que el mal existe sin tener consuelo por ello?
¿Cómo aceptar que solo es posible cambiar el futuro pero haciendo valer los propios ideales?
Existen muchos puntos fuertes y estratégicos en «Un grano de uva en el paladar», como ser: el desarrollo a partir del título. Un título que describe una sensación llamada placer. Dicho gusto y sabor están prohibidos en una sociedad conservadora y, al bajar los brazos, la muerte en vida se apodera de dicho cuerpo -el cual no logra manifestarse-.

Las cinco actrices se inmiscuyen en problemáticas políticas y sociales, las cuales datan de décadas pasadas y de un futuro que no puede, todavía, modificarse.
Granos de uva en el paladar6No debe ser tarea fácil cambiar un modo de vida, las costumbres, las tradiciones y el «deber ser», pero cuando dichas cuestiones coartan la libertad y ejecutan el poder a costa de cualquier objetivo; todo se vuelve muy confuso y tenebroso.
Somos humanos con derechos y obligaciones, pero de ningún modo y en ningún sitio del universo debería privarse a una persona de ser quien es. El límite de dicha manifestación lo encontramos al trazar una línea divisoria con los derechos del compañero.

Ahora, ¿cuán lejos se está (en este caso en España), de unirse realmente como para modificar la constitución y las aberraciones llevadas a cabo por el gobierno de facto de Franco? ¿Cuán miserable puede ser un hombre como para decidir, equivocadamente, por sobre los ciudadanos? ¿Una vida solo vale según a qué persona pertenezca?

“Granos de uva en el paladar”, narra y transmite desde los cimientos, desde el origen; apoderándose de la mirada y concentración por parte de los espectadores, quienes se conmueven y emocionan al ver y oír tanto talento, al saber que la juventud y los mayores pueden unirse y pelear por una causa justa. Pelear, como se debe: sin armas, sino con lógica, con leyes escritas, con la palabra justa y necesaria como para revertir tanto daño causado porque quienes ignoraban que la justicia -tarde o temprano-, se iba a hacer presente.

Granos de uva en el paladar2

Esta función fue muy especial ya que estuvo dedicada al público español, quien viajó desde Europa para poder declarar en Argentina, todo lo sufrido en aquel entonces. Los Tribunales abrieron sus puertas, los abogados querellantes acompañaron y la sociedad española (que tuvo en el siglo XV a un monstruo que arrasó con nuestra población, eliminándola casi por completo), luego se vio invadida por el mismo monstruo, con diferente cara, pero el mismo.

“El mal empezó en 1492”, relata una de las artistas. Un mal que es posible revertirlo.
Los ideales son los principales a la hora de conseguir cambios. Como se dice: «la unión hace la fuerza» y en este caso, por suerte, empieza a demostrarse.

 

Mariela Verónica Gagliardi

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Yo sé que volverás

«Un día de verano» es el título de la obra de Jon Fosse -dirigida por Alfredo Staffolani-, la cual desde una historia sencilla (pero bien contada), logra crearnos un espacio para varios cuestionamientos.

A dónde va un hombre cuando deja este mundo? Qué es lo que busca un humano cuando siente que su camino no es el que recorre a menudo?

Todo transcurre en una tarde fría y lluviosa. Los sonidos de mar y pájaros son los encargados de ambientarnos en esta curiosa narración.

Una pareja (María Duplaá y Fabián Carrasco) consigue la casa de sus sueños a orillas del mar. Una vez logrado esto, sus vidas parecen estancarse, abandonarse y las desgracias se avecinarán.

El marido no quiere estar en la casa con ella sino en el mar al lado de un fiordo, como cuando era pequeño. Su niñez se apodera de él, sus reacciones también. Él no está cómodo con su relación ni con su presente. No llegamos a saber si tiene otra mujer o si, simplemente, no la ama lo suficiente. Su matrimonio es una pantalla y ni siquiera les sirve actuar frente a los demás ya que éstos no existen.

Él se va siempre. Su ansiedad, su desapego con la casa y para con ella, avanzan a pasos agigantados. Hasta que un día decide irse. No sabemos a dónde, no sabemos cómo. Solo desaparece.

Ella (una vez que él se va) recibe a una amiga. La típica amiga envidiosa que disfruta con la angustia de su par, aprovechando todo lo malo que le pasa para aguantar -de cierto modo- la miserable vida que vive, ella también, junto a su esposo.

La envidia es uno de los factores más predominantes en la obra. A partir de ella, se forjan cada una de las apariencias de los personajes. Estos personajes que simulan tener un propósito, cuando en verdad están muertos en vida. Cuando de lo único que gozan es de la crítica hacia el otro y la bronca por no conseguir lo que dicho semejante consiguió.

La historia es un espejo a la realidad de todos los tiempos, a aquellos sentimientos que juntan polvo, encerrados en un baúl repleto de recuerdos. Pero no son esos recuerdos que ayudan, sino aquellos que estancan la evolución, la superación y el hallazgo interior.

Como toda persona que desaparece físicamente, se suele acudir a la justicia. Para ello, su mujer y amigos se encargan de hacer la denuncia en la policía, aunque no lo pueden encontrar. Quizás porque nunca estuvo. Tal vez porque jamás existió en esta tierra.

Mientras pasaban los minutos, se representó en mi menté la canción de Maná «El muelle de San Blas». Me pareció casi un ritual la comparación y por más que intenté no hallar semejanzas entre ambos, se me hizo imposible.

Vi, como un espejismo, a aquella señora mayor (María Ibarreta), esperando a su amado. Siempre con el mismo atuendo como para que él la reconozca.

Ella entra en estado de shock y todos los días hace la misma rutina: habla de él, se queda parada frente a la ventana. Se pregunta por qué la dejó, que fue de él. No entiende su ausencia ni tampoco si siquiera está vivo.

Lo único que encuentran es su bote de madera -mar adentro-, pero el cuerpo no lo localizan.

Esta historia es contada a partir de los recuerdos de ella -ya de anciana-, y desde el presente. Como quien rememora lo que fue y ya no volverá.

Cada uno tiene su momento de monólogo y reflexión. De esta manera conocemos detalles contados desde su propio ser y cada situación importante e íntima.

«¿Es así como es la vida, es así como debemos vivir, es así como la vida es?», menciona la mujer desde su sabiduría.

Así culmina la obra, con más interrogantes que certezas.

Como una puerta abierta, nos permite auto descubrirnos, auto evaluarnos y aceptar cada uno de los aciertos y errores que cometamos.

Somos humanos. Ellos también. Staffolani no pretende darnos una mesa llena de respuestas, ni una enseñanza o moraleja. Sólo exhibir una pieza artística que cuente con un escenario en tonos blancos (como símbolo de pureza), y un vestuario al tono, que convierten a la obra más relajada a nivel visual. Las actuaciones son muy buenas y es, a raíz de ellas, que logramos identificar en nuestros corazones cada momento trágico y saber que este extracto de una familia es la mirada de un universo que -muchas veces- no deja lugar a la espontaneidad, a lo que es, a lo que no se puede modificar porque ya pasó.

Mariela Verónica Gagliardi

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Adiestrar para matar

Perro1

“Perro un cuento rural”, comienza con el famoso: había una vez…

Esas palabras que tanto nos recuerdan a la infancia, a los cuentos de hadas y princesas, de castillos y batallas; se dejan a un lado en este apasionante relato de Hernán Grinstein (personificada y dirigida por él mismo).

Él interpreta a un perro, el tan conocido amigo del hombre, pero con unas modificaciones realmente angustiantes y sorprendentes.

Este animal, domesticado y entrenado por su amo Tony (José María Marcos), nos muestra la triste realidad vivida en una humilde casa de campo, en un pueblo perdido del interior. El perro sufre, ama, entrena, se cansa, agoniza en vida y retoma su rutina para no volver a ser aislado de su “familia” adoptiva.

La historia nos acerca un doble relato, en el cual se puede tomar el cuento lineal y entender que se trata de un animal maltratado y adiestrado para competir contra otros animales salvajes; o la Perroidea metafórica sobre un joven que con tal de ser aceptado por otros seres, agacha la cabeza y obedece de cualquier modo.

Pero la supervivencia de nuestro personaje principal no se da porque sí, sino gracias a la dulzura de Leyla (Maday Méndez), quien le hace mimos y trata de brindarle toda la contención posible para que éste no decaiga ni muera.

El motivo fundamental de la narración (para los cinco actores) es la próxima pelea que tendrá lugar en unos pocos días y que, Tony, considerará la última, la salvadora. Aquella que les proporcionará el dinero suficiente para huir de ese pueblo.

Si bien la tortura es uno de los aspectos más notables durante la trágica y dramática historia, cada personaje la realza de una manera diferente: física y/o psicológicamente.

Verde (Francisco Franco) y Tuerto (Tulio Gómez Alzaga), dueños de un bar y encargados de la parte organizativa de los combates; la ejercen de ambos modos, aprovechándose de la pobreza económica de Tony y de los pocos recursos intelectuales del perro. A su vez, Leyla, será –en muchas oportunidades- quien se encargue de pagar con sexo, las deudas de su jefe.

“Perro un cuento rural”, no es nada más ni nada menos que la realidad de cualquier familia o clan. La tristeza de ser sobornado y no poder revertir dicha situación por miedo o falta de temperamento.

Perro2

“Perro un cuento rural”, considero que se titula de ese modo para no herir susceptibilidades sociales, pero podría ser perfectamente el reflejo de nuestra sociedad. Una sociedad egoísta que solo piensa en sus propios intereses sin considerar que no siempre el dinero compra la felicidad ni nos hace libres.

Y, justamente, la obra nos lleva por un recorrido donde vemos los dos extremos: la esclavitud y la libertad. Perro estará oscilando entre ambos, guiado por sus instintos, por su dulzura y por los propios golpes de la vida.

El guión es muy interesante y nos mantiene concentrados durante toda la función. Un aspecto a resaltar es el de las sensaciones olfativas desde el primer momento en que ingresamos a la sala del Teatro Polonia (Fitz Roy 1477 – C.A.B.A.). Esos olores a campo, a faena, a espacio abierto, Perro3poco habitado, nos permiten que recreemos en nuestras mentes todo lo que va sucediendo en escena. Como si filmáramos una película en vivo y en directo, acompañados del director de la misma.

Otro factor a destacar, más allá de las actuaciones que son impecables y convincentes, es el modo de narrar. Desde un comienzo, notamos cómo las charlas entre Verde y Tuerto, dan pie al discurso y escena siguiente. Pero lo original es la inventiva que tienen de lograr que la solución de cada palabra cruzada sea el tema a tratar sucesivamente en la obra.

Ellos son los narradores omniscientes, pero luego forman parte de toda la historia, a medida que cada fragmento se une con los demás, conformando un todo integrado y perfecto.

Mientras Perro y su amiga, juegan, inventan historias y se intentan divertir, el dolor se hace presente. A la vez que intentan retomar sus rituales infantiles para crear un mundo más alegre al que les toca soportar.

El resultado de la pelea a punto de disputarse no es tema menor pero tampoco conforma la enseñanza del cuento. Un cuento que según con qué óptica se lo mire puede ser positivo o negativo. Alegre o triste.

Este Perro, es fiel a sus propósitos, a la necesidad de tener amor de un padre sin importar quién sea este. Sus mordidas no son por furia sino por defensa propia. Su aprendizaje hace tiempo que es la subsistencia, la imposibilidad de convertirse en un hombre de verdad y ser amado por alguien como él: tan noble.

¿Con qué ojos se puede mirar a la muerte cuando está tan cerca? ¿Cómo defenderse de lo inevitable cuando no se cuenta con recursos para hacerle frente?

“Antes o después la muerte espera siempre”, afirma Verde.

Perro un cuento rural

Mariela Verónica Gagliardi

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Risas desbordantes en los pastizales

Delirio gaucho4

Las luces se apagan y unos sonidos de perros ladrando, se apoderan del espectáculo.

Luego, unas vacas mugiendo, terminan introduciéndonos en el ambiente rural -sobre el cual se desea narrar la obra-.

Sabemos que en ese espacio, con pastizales, animales de campo y recuerdos, se basaran los relatos.

Tres guitarristas muy entusiastas y talentosos (Nacho Cabello, Juan Pablo Esmok Lew, Esteban Tibi Ruiz); tocan sus instrumentos durante toda la historia Delirio gaucho3representada en las tablas. Su acompañamiento es totalmente participativo y el enlace establecido con Alejandra Radano, es espléndido.

Este sainete reúne todo los detalles como para que la pieza sea muy original, completa y graciosa, a la vez.

Las canciones representadas por la artista y su gaucho-bailarín (Ramón Salina, en esta función) provocan risas tan grandes que se contagian entre todos los espectadores.

“Matemos al mundo con maíz”, evoca en un momento Radano, dentro de una de las canciones y esta frase colmada de surrealismo nos invita a un viaje campestre -realmente gracioso y donde cada una de las escenas se amalgama con la siguiente de manera grotesca y sutil, improvisando un producto único-.

Si bien estamos acostumbrados a escuchar música de décadas atrás, es muy valorable y significativo para los argentinos, tener la posibilidad de poder asistir a un show de esta dimensión -durante el cual se conjugan melodías “pasadas de moda”, en algunos casos, con otras más oídas por nosotros.

A veces, según la edad que tengamos o el círculo en el que nos Delirio gaucho2movamos, será la música de la cual nos nutramos. Pero, lo sorprendente, es que en esta obra musical te podes sentir parte.

El recorrido de años que se transita es muy extenso. Desde la década del 20 hasta la actualidad. Cabe resaltar la inteligencia de la artista y el director (Fabián Luca) para conformar una historia, durante la cual las canciones no desentonan unas con otras, sino todo lo contrario. Se integran de tal forma que, si no conocieran sus procedencias, podrían hasta creer que fueron escritas por ellos mismos, especialmente.

El listado se compone por: La casita (The little home) (1924) Cancion surreal Mexicana (Llonia) / Palomita blanca (1929) Vals aereo (A.Aieta), Envenenando pichones en el parque (1969) Balada baladi (T.Leher), Ay mi suegra! (1935) Chacarera familiar (M.Arcuri / V.Marino), Cuento viejo (1934) Estilo Delirio (G.Alcazar Saperas), La oncena (1956) Chacarera trunca (E.Lagos / J.Goñi), Las voces de los pájaros de Hiroshima (1970) Cancion Dadá (H.Guarany / E. Jebeleanu / M. Serrano Perez), Andate con la otra (1928) Cancion femenina de protesta (C.V.G Flores / E. Dizeo), Neurastenia fatal (1931) Cancion inexplicable (F.Reñé / Alady), Verde luna (1941) Habanera extraterrestre (Pinchi / Gomez), La guinda (1948) Bavarois Venusino (E. Delfin / P. Mata) Tropical storm (tormenta tropical) Cuestiones naturales (1987), de la opera de Nixon in China (J. Adams), Rosa reseca (1932) Tango antique (G. Matos Rodriguez / J. Pelay), Y que mas? (1937) Tango de exterior (Charlo / E. Cadicamo) Dizzyland rose (2012) Cada fugaz (d. Vila), Eche veinte centavos en la ranura (R. Tuñon / D. Vila) Rapsodia circense.

“Delirio gaucho” es un viaje por las costumbres, las tradiciones, los aromas frescos, las sutilezas, la ingenuidad y el romanticismo.

Delirio gaucho1

Uno de los recursos que se utiliza es el de narrar al estilo stand up. De esa manera, varios chistes machistas van teniendo el timing de ese género cómico.

Aunque lo más explosivo es lo logrado durante las interpretaciones sonoras y las historias compartidas. Por eso es que cada sketch desarrollado, tiene un hilo conductor con el resto, pero también podría prescindir de ellos perfectamente.

Temas como: el casamiento, el divorcio, la suegra, son algunos de los contados a lo largo de casi una hora de espectáculo. Las canciones acompañan y nutren cada fragmento. “Los ojos son la parte visible del cerebro”, comenta Alejandra Radano. Tal afirmación es tan real como inverosímil.

Lo cómico tiene tres etapas: ridículo, exageración y suegra, nos cuenta la actriz. Y al escuchar los versos del tema Ay mi suegra!, nos damos cuenta de ello.

Música de folcklore, tango, vals y ranchera, es alguna de la establecida como estructura del show.

La voz de ella tiene un caudal muy grande y, además, tuvo la inventiva de grabar los coros con otra tonalidad, motivo por el cual al escucharlos, se mimetizan con su voz en vivo, logrando un efecto mucho más potente.

“Delirio gaucho” es esto. Una dosis enorme de alegría concentrada y repartida. Una manera Delirio gaucho5de transmitir amor y alegría, sin insultar ni agredir… como en otras épocas.

El vestuario de los actores es el indicado para la historia. Los actores se sienten cómodos y gracias a eso pueden exprimir sus dotes artísticos sin barreras.

Una caja, contiene a otra más chica y esta otra aún más pequeña. Ella las separa como si fueran muñecas rusas. Pero dentro de éstas no se ve absolutamente nada. Su imaginación cree observar cosas que al menos nosotros no tenemos la oportunidad de visualizar.

En cierto momento de la obra, una doble hace su aparición y es ahí cuando se entiende el remate de la historia. Ella es diferente a la otra mujer, aunque muy similar. Ambas no se unen ni intercambian palabras. Solo están breves momentos juntas hasta demostrarnos de que es capaz una y la otra.

También hace su aparición un astronauta que no se llega a entender bien su propósito. Y es que no tiene sentido intentar analizar cada segmento de la obra porque el delirio es justamente exageración y un encuadre no del todo “normal”.

Solo se trata de ponerse alas y volar junto a ella y su equipo.

Ella dice: “alegre quiero verte, así, después de vos”, y después de juegos de seducción, sonrisas y broncas; logran entenderse.

ficha artístico-técnica delirio gaucho

Mariela Verónica Gagliardi

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Nunca es tarde para aprender

Ningún tren llega a las trece3

Una estación de tren y un contingente que está por arribar al Expreso Oriente. Los vagones al estilo inglés, alojarán a estos pasajeros, dispuestos a compartir historias y vivencias -sumamente nostálgicas y profundas-.

El eje central será marcado por Ricardo (Max Acuña) -un hombre que sube a la formación raudamente y que tendrá la atención de los demás pasajeros a lo largo de las horas-. Su vida guarda un recuerdo presente en una mujer soltera (Juliana Yaconis) y un resentimiento hacia Beatriz (Gabriela Logiudice). Dos mujeres, de esta forma, harán que se martirice, sin encontrar una solución inteligente. Mientras tanto, una pareja de recién casados deberá sortear varios obstáculos para descubrir lo verdaderamente importante.

Ningún tren llega a las trece5A su vez, dos niños (Lautaro Farías Aloy y Sofía Gelber) se unirán en diversas aventuras, al mismo tiempo que un matrimonio continuará con sus pleitos y diferencias; encontrándonos con una señora mayor que les demostrará qué conviene tener en cuenta para ser feliz.

También tendremos la oportunidad de conocer al guarda (Hermes Molaro), quien dejará la simpleza de su trabajo para convertirse en consejero y mediador -logrando amenizar lo más posible hasta llegar a destino-.

“Ningún tren llega a las trece” es una obra de teatro escrita por Juan Pérez Carmona, en los años 60. Esta es la primera vez que se lleva a las tablas pero modificando cierta estética en cuanto a la época en que quiere ser narrada. En este caso el director Nacho Steinberg, escogió los años 30, para cautivar a los espectadores con los atuendos y peinados de tal momento.

“Ningún tren llega a las trece” nos hace descubrir que el paso del tiempo no debería utilizar nuestras vidas ni marcar el fin de una etapa. El tiempo es un indicador del cual tenemos que hacernos amigos -como los niños de la obra, con total ingenuidad y alegría-.

Ningún tren llega a las trece2

Esta dramaturgia demuestra que cuando no existe un rumbo, se puede desbarrancar fácilmente.

Pero, el mensaje de la obra, es alentador, iluminando las vidas de cada uno de los personajes -al igual que su interpretación-.

Juliana Yaconis es la actriz que logra, una vez más, lucirse durante toda la historia. No solo su personaje es atractivo sino sus dotes como intérprete y esa magia que tiene en su mirar. Todo su cuerpo y rostro, al igual que sus gestos, le permiten ser una artista talentosa y que convence en el escenario.

Ella, junto al guarda, quien en un principio parece ser un personaje secundario, termina convirtiéndose en el aliado de quien lo precisara. Su interpretación es, también, muy buena, logrando una dupla interesantísima. En ciertos momentos pareciera estar en los años treinta y, por otros, en la actualidad. Ningún tren llega a las trece6Hay cuestiones, valores y sentimientos que con el correr del tiempo no se modifican…

Entre los pasajeros, se encuentra una señora mayor (Silvia Castellano) que tiene la alegría de vivir en su rostro y la sabiduría de los años -que no siempre se condice con la madurez biológica- y será quien aconseje con breves frases a los padres de Sofía, a los niños mismos y, además; encontrará su rumbo que no era simplemente la estación de destino sino éste el comienzo -quizás- de otro aprendizaje.

Por otra parte, cabe destacar la labor de los pequeños que tuvieron bastante letra para aprender y, la dulzura con que actuaron, emocionó al público. Ellos estuvieron jugando, creando y siendo ellos mismos, sin olvidar que nosotros estábamos allí, observándolos.

Ningún tren llega a las trece8

“Ningún tren llega a las trece”, demuestra cómo juzgar sin pruebas, solo conduce a una miseria humana tan inmensa que lo único que provoca es vacío y tristeza.

ficha artístico-técnica Ningún tren

Mariela Verónica Gagliardi

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El rock popular convertido en tango

Mariano Montes4

Mariano Montes es un artista que merece -por su dimensión- estar en el espacio que elija, mostrando lo que mejor sabe hacer: cantar tangos. Esas melodías de tiempos remotos que, gracias a intérpretes como él, se pueden mantener vivas.

A su espectáculo Tango Dosis -en esta oportunidad- le agregó un plus: canciones de Charly García y Fito Páez.

Realmente fue una grata sorpresa, y muy bien recibida por el público tan diverso.

La sala, casi toda completa, vibró cada tema, cada coreografía bailada por la Compañía Dni Tango, cada video proyectado y cada palabra dicha por nuestro artista.

Mariano Montes2

Da orgullo afirmar que Montes es tan nuestro como el tango. El abanico de canciones que componen Tango Dosis ya es conocido, aunque sus recitales son todos diferentes. Los ingredientes que se modifican son los aportados por los espectadores. Un show sin personas sería estático, amorfo, sin espíritu.

Pero él tiene la oportunidad de contar con seguidores fieles que intentan mantener en sus vidas a este género musical -el cual debería ser parte de las raíces de todos los argentinos.

Las letras ya de por sí mencionan las vivencias en los suburbios de las clases populares, solo que en la edad contemporánea eso se deja de lado Mariano Montes3para incluir al resto de las clases -quienes en muchos casos desconocen la historia y surgimiento de tan bellas melodías-.

Historias de amor, tragedias, añoranzas, recuerdos, tristezas, dolores, esperanzas, enamoramientos, romances, despertares, revoluciones y todos aquellos sentimientos que una persona se anime a contar, están presentes en las letras interpretadas en el escenario. Un conjunto de situaciones -a veces contradictorias y otras gratas-, como el mismo humano.

Entre los temas tocados durante la noche, escuchamos: “Cuando tallan los recuerdos” (Enrique Cadícamo – Rafael Rossi, 1943), “La canción de Buenos Aires” (Manuel Romero – Orestes Cúfaro y Azucena Maizani, 1933), “El último café” (Cátulo Castillo – Héctor Stamponi, 1963), “Íntimas” (Ricardo Luis Brignolo – Alfonso Lacueva, 1926), “Alma de loca” (Jacinto Font – Guillermo Cavazza, 1927), “Tinta roja” (Cátulo Castillo – Sebastián Piana, 1941), “Perfume de mujer” (Armando Tagini – Juan José Guichandut, 1927),  “Lejana tierra mía” (Alfredo Le Pera – Carlos Gardel, 1932), “Berretín” (Enrique Cadícamo – Pedro Laurenz, 1928), “Bien criolla y bien porteña” (Homero Expósito – Armando Pontier, 1945), Mariano Montes1“Habláme de tu risa Buenos Aires” (Norberto Aroldi – Lucio Demare, 1974), “Cadáver exquisito” (Fito Páez, 1996), “Mi loco bandoneón” (Horacio Ferrer – Astor Piazzolla, 1981), “Bien de abajo” (Héctor Negro – Arturo Penón, 1967), “No soy un extraño” (Charly García, 1983), “Cerca de la revolución” (Charly García, 1984), “Rezo por vos” (Charly García, 1985) y “Ciudad de pobres corazones” (Fito Páez, 1996).

De este modo, el abanico de canciones fue realmente variado y podríamos preguntarle a los rockeros y estarían dispuestos a sumarse a los recitales de Montes, los cuales parecieran abrirse un poco más al público.

Melodías tangueras y rockeras, adaptadas al estilo de Mariano Montes, con su voz firme y conmovedora. Video clips, acompañando a las letras y melodías, y divirtiendo más a sus seguidores. Una noche única, como siempre resulta.

En una hora disfrutamos, aplaudimos, cantamos junto a él, pedimos más y más; hasta que los telones se cerraron hasta la próxima velada.

Mariela Verónica Gagliardi