*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La aventura de crear

Un jardín en el desierto15

Hace un año vi la obra “Un jardín en el desierto” (escrita por Lucía Lloydi y Victoria Baldomir, dirigida por Gabriel Páez). Hoy, nuevamente, quise estar presente para observar las reformas hechas para este infantil tan encantador.

Durante las vacaciones, todas las propuestas tratan de captar a los niños y provocarles entusiasmo. Lamentablemente, es tan amplio el abanico que no es posible que los pequeños presencien todo.

¿Qué decir de estas dos actrices que no haya mencionado en la nota anterior?

Ellas saben actuar, interpretar, tienen talento y esa magia en sus cuerpos que les permiten conocer las intrigas infantiles.

Lucía Lloydi y Victoria Baldomir conforman un dúo picaresco y sagaz. Juntas, emprenden un viaje al desierto pero olvidan llevar algo muy importante: agua. Sin ésta creen morir de sed, pero, aún no tienen necesidad de tomar líquido porque su gran aventura las distraerá hasta lograr su objetivo.

Juntas, estas hermanas, conocerán paisajes diferentes, intentarán sembrar y ver crecer un magnífico jardín. Para ello Un jardín en el desierto12deberán pasar frío, acampar y soñar despiertas.

De repente una niña de alrededor de cinco años le dijo a su mamá: en el desierto no hace frío.

La inocencia de la edad, las preguntas sin maldad y las acotaciones; conforman un mágico universo.

Eran las 15 hs y la sala llena convirtió el jardín deseado en una realidad imperante.

La nueva versión incluye proyecciones audiovisuales, efectos sonoros en vivo y cambios más coloridos en la escenografía. El conjunto de estos cambios produce un mayor dinamismo del relato y que los niños presten más atención. El año pasado también me gustó mucho pero quizás no estaba dirigida a los más pequeños.

Vale aclarar que, anteriormente, trabajaban sin director y actualmente incorporaron a uno, motivo por el cual pueden focalizarse en sus roles relajadamente.

Qué importante es poder delegar tareas en otro artista. Ahora ellas caminan holgadas, concentrándose en lo suyo sin por eso desvalorizar el trabajo anterior que a mí me encantó. Fueron dos ópticas prácticamente iguales en cuanto al guión e idea original, en dos espacios completamente diferentes. El público también fue diverso ya que, en esta ocasión, los infantes fueron mucho más pequeños.

Un jardín en el desierto1

Cada tanto miraba hacia atrás, sin distraer, para mirar a la chica (Stella Birchmeyer) que, sutilmente, tomaba un objeto u otro para sonorizar. No se le escapó ninguna escena y su cara de entusiasmo le permitió sentirse un personaje más en el desierto. Ella es como la acompañante que no debe fallar pero lejos está de tensionarse. Las tres componen una historia preciosa, reflexionando sobre diversas situaciones y personas. Cumpliendo uno de los trabajos más felices y placenteros en la vida del hombre: sembrar y ver, luego, el resultado.

Este dúo dinámico pedirá al cielo que llueva cuanto antes para que todo florezca. Tanto rogar, no será en vano.

Los adultos fuimos al desierto con ellos y me encantaría ver la segunda parte de esta obra que considero un clásico infantil.

Y para toda la familia. Para soñar, para saber que es posible narrar sin insultos, logrando empatía y difundiendo el mensaje de amor para crecer sanamente.

Mariela Verónica Gagliardi

ficha artístico-técnica Un jardín en el desierto

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Un mundo según Midón

Te lo cuento al revés15

En un jardín de infantes, unos niños revoltosos deberán ser entretenidos -cosa difícil si la habrá-. Un mundo a los cuentos infantiles más famosos que se irán intercalando a lo largo de «Te lo cuento al revés».

El título ya de por sí es poco frecuente ya que por un lado sabemos que existirán narraciones pero, por el otro, la historia no lineal atrapa a los pequeños hasta el desenlace. Es difícil el camino escogido ya que una historia principal incluye a los clásicos infantiles, con lo cual no existe solamente un final para cada cuento sino también uno general para toda la obra.

Este aspecto positivo llega a los corazones y no sólo de los más chiquitos, sino de sus acompañantes. Pero, al contener como punto fuerte la música (de Carlos Gianni y Hugo Midón), es menester contar con intérpretes talentosos al igual que con un despliegue vocal importante. Acá es donde falla la puesta en escena, no en su totalidad pero sí en gran parte.

Gabriel Rossini (pianista y director musical) deleita enormemente con sus melodías, en la introducción y en cada instante de la historia -teniendo que acompañar, en vivo, a la pieza teatral-, permitiéndonos gozar de canciones infantiles muy bien interpretadas.

La cuestión es montar una obra donde el canto ocupa un lugar muy importante, escogiendo a artistas que no están preparados para ello. Cantar en una comedia musical es una tarea complicada, ya que hay que conjugar la actuación con la voz y esto requiere de un entrenamiento muy específico.

No pretendo herir susceptibilidades pero el hecho de que sea un espectáculo para niños no significa que se los pueda conformar con nimiedades.

Con esto no quiero decir que no haya talentos en la obra pero están en proceso de formación y exponerlos de este modo considero que no los favorece.

Respecto de las actuaciones y vestuarios, se caracterizan bien con cada cuento y noté que al momento de tener más protagonismo -cada uno de los chicos- se podía lucir mejor que en su conjunto. Como si fueran capullos que de a poco se abren con el sol, eso es lo que vivencié en cada oportunidad, por el acento que pongo en el tiempo de evolución como crítica constructiva y no destructiva.

Campanita, Cenicienta, Pepa Luciérnaga -la novia de Pepe Grillo-, Caperucita (convertida en fan Lobo Feroz) y la abuelita de ésta, merecen un aplauso destacado ya que sus performances en estos personajes y todos los que tuvieron que desarrollar, pudieron brillar en interpretaciones y cantos. Sin micrófonos sonaron dulces, y al unísono se complementaron con los coros que iban rotando de un momento a otro.

Pero el gran acierto es tomar la esencia de cada personaje para recrearlo de otra manera. Así que la aventura, llena de adrenalina, nos sorprende y permite jugar con todos los sentidos.

El gran misterio es el mensaje profundo que encarna el musical, un mensaje para los adultos que sería como ajustar ciertos valores, sentimientos y solidaridad.

De repente una bandera argentina enorme flamea por sobre nosotros, demostrándonos que la unidad e integración son inmediatas. Que el mismo suelo nos hace parte de un símbolo llamado amor.

Carolina Mazzaccaro, una artista completa con un caudal de voz impresionante que logra desenvolver un rol bien marcado y, al rato, otro completamente diferente. Desplazándose por el espacio escénico con total soltura, adueñándose de cada espectador y llevándoselo en el bolsillo, por su humildad, seguro sin proponérselo.

Arte, música y clásicos, para niños y grandes pequeños.

Te lo cuento al revés ficha

 Mariela Verónica Gagliardi

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La belle Oz

La bella durmiente7

Sebastián Zaus (Directo de Maquetas compañía de teatro), nos trae dos cuentos clásicos para estas vacaciones de invierno que, función tras función, agotan localidades. Incluso, al llegar me informaron: no hay más lugar! Suerte que tenía mis reservas porque la pequeña sala del Teatro Polonia, cito en Palermo, no dio a basto con la gran cantidad de niños, adultos y bebés que se hospedaron durante «La bella durmiente» y, luego, «El mago de Oz».

«La bella durmiente» es una historia que escuchamos desde que tenemos uso de razón. Desde que nacemos -princesas, La bella durmiente17brujas y hadas- invaden nuestra niñez; aunque, más adelante, sabremos que solo existen en los cuentos y en Disney.

En esta oportunidad, Zaus, recrea este clásico, sumándole cuadros coreográficos y canciones (en play black). Es sumamente difícil montar una comedia musical, incluyendo las tres disciplinas de manera profesional. Pero, el director de esta puesta en escena  me dice, luego de la función, que él utiliza lo que tiene. Esta cualidad habla bien de él ya que se vale de la realidad y no, como suele ocurrir, de presentar una obra donde no se tiene en cuenta a los artistas presentes.

Pero, centrándonos, en la historia, la bella durmiente: feliz, alegre, sensible y humilde (a nivel sentimental); aparece con su rostro que se sorprende de cada acontecimiento en la vida. Ella nace en una cuna de oro pero, su personalidad, se va La bella durmiente20forjando a medida que crece, conmoviendo y despertando esa magia que -minuto a minuto- le transmitió su tía (el hada madrina que la crió).

Mientras, Maléfica (la bruja malvada y desplazada de toda celebración), será una talentosa actriz que mostrará sus dotes manipuladores pero, finalmente, de buena persona con un tierno corazón.

En cuanto al príncipe, es un simpático joven muy escurridizo, ágil y comprador; que sorprenderá a todos durante la obra. Es que debuta, justamente, hoy en este rol y, sinceramente, no lo parece.

La sala colmada de felicidad, con niños y adultos -usándolos como pretexto para volver La bella durmiente11a la infancia por un momento-
aplaudieron a personajes buenos y malos. Una de las cosas más lindas de la función fue cada una de las acotaciones de los niños, participando en la reconstrucción del relato oído por todos, con amor y placer.

Al finalizar esta preciosa obra, tuve una hora para prepararme para lo que vendría que, sabría, sería otra linda función.

El mago de oz2

Sin corazón no se puede sentir y, con él, se puede sentir demasiado.

¿Recuerdan el tornado que trasladó a Dorita hasta el camino Esmeralda?

La niña aventurera, recorrió ese sendero sin saber, realmente, a dónde la conduciría. Confió en un hada que le contó sobre El Mago de Oz y supo que no tendría otra oportunidad para poder regresar a su hogar.

Esa travesía le permitió conocer a dos futuros amigos: Espantapájaros y Hojalata. Ellos, también, pensaron sus deseos y, entre los tres, vivieron momentos inolvidables.

El mago de oz11Esta hermosa historia tuvo como espectadores a niño aún más pequeños que los de La bella durmiente, claro que, también, a grandulones felices de viajar a Oz.

Otra comedia musical, súper entretenida y llena de melancolía, con baile y mucha armonía.

Cecilia Dellatorre, interpreta a Hojalata, adoptando movimientos robóticos, duros e inclusive incluyéndolos en sus coreografías. Este personaje pide un corazón para saber qué es sentir. Hasta ese momento su única preocupación había sido aceitar sus partes y no oxidarse.

Claro que no amar puede oxidar hasta las venas, pero él no tiene…

Toda la dramaturgia se desenvolverá en un espacio escénico que permitirá, tanto en esta obra como en la anterior, cambiar de un sitio a otro mediante prácticas y vistosas decoraciones. En breves segundos, se pasará de la casa de Dorita al bosque y viceversa.

El mago de oz1

La alegría será transmitida y en cuanto los personajes cumplan sus sueños, nosotros los acompañaremos con nuestros
latidos y aplausos.

Sus vidas ya no serán las mismas y la amistad florecerá como la mayor virtud en cada uno de ellos. Ésta será la recompensa a cada acto bondadoso, aportado durante ese gran día.

ficha artístico-técnica bella durmiente y mago de oz

Mariela Verónica Gagliardi

Fotos La bella durmiente

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Fotos El mago de Oz

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Ser, permanecer y trascender

Nosotros, el musical14

“Estamos nosotros, estamos nosotros”

Con un estilo a lo Cris Morena de los años 90´, Sol Madrigal y Martín Della Nina; escriben una historia referida a un grupo de jóvenes en busca de aventuras estivales.

Como siempre ocurre, resaltando rivalidades entre dos bandos, amistades nuevas y todo tipo de conflictos comunes en la adolescencia.

Ami (Sol Madrigal) es una chica muy desenvuelta, pero de perfil bajo, que se enamora del joven más misterioso del colegio. Ella cautivará con su voz a cada uno de nosotros y su frescura en cada movimiento coreográfico, también lo harán.

Pero no todo será color de rosas, sino que una casa abandonada podrá alojar a los chicos y permitirles conocerse bien, a la vez que entender hasta a las personas más odiosas. Los personajes está muy bien caracterizados, lo cual permite que cada uno pueda empatizar con un espectador determinado u otro.

La televisión, como semillero de artistas nuevos y otros ya conocidos, hizo que la garúa y frío de la noche fueran dejados de lado.

Cada secreto guardado en lo más recóndito, surgió para expresarse, y cada impresión sobre el otro demostró que las Nosotros, el musical3apariencias engañan.

“Nosotros, el musical”, te lleva de la mano por un asombroso mundo de melodías. Nosotros y ustedes. Ustedes y nosotros. Siempre habrá contención entre amigos, que ante una lágrima pinten una sonrisa en nuestros rostros.

Una comedia musical fresca, llena de colores, un vestuario muy cool y moderno, al igual que las canciones pegadizas, convierten a la obra en un éxito. No porque lo afirme con estas palabras sino porque los aplausos del público lo aprobaron y demostraron que así es y será.

No existe una historia diferente a las vistas en una tira diaria de la televisión, sino que nos sentimos dentro de ésta. Eso es lo acertado. El armar un producto artístico con un estilo determinado y no un mero capricho que conduce a los actores a mostrar sus gracias.

Estos actores pisaron fuerte. Crearon ilusiones y nos pintaron aquella sonrisa. Yo, me sentí una adolescente más, como Nosotros, el musical10cuando iba al teatro siguiendo a los artistas de la tele. Esto mismo vivencié durante los minutos previos a que comience “Nosotros”. Es imposible no sentirse parte de lo que está ocurriendo en la trama, sea porque nos pasó o nos pasa. Quizás no sea exactamente la misma situación, pero una similar seguro.

Qué importante debe ser para Sol, escribir pero no querer figurar siendo la protagonista. Ella lo es, pero las otras chicas

también lo son. Cada una tiene su momento para lucirse, no giran en torno a la autora y, de esa manera, se convierten en un engranaje perfecto que produce felicidad y amor.

Brillar, cantar, bailar… todas acciones que en conjunto conforman este musical, atravesando sentimentalmente a los personajes. Gracias a la banda en vivo se puede disfrutar toda la obra con mucho power.

Nosotros, el musical21

Finalmente, la sensatez y la calidez humana es lo que prima. Ese aroma a alegría que permite entender hasta lo más incomprensible.

Como si fuera poco, Sol le da un espacio al refugio de perros -«Pichichos al rescate»-, para quien desee adoptar un animalito sin importar su raza, color de ojos o de pelaje. Estas acciones de bien no son tan habituales y merece ser reconocida por su sensibilidad.

ficha artístico-técnica Nosotros, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

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La grandeza de dar

Barbro Lindgren es la autora de esta bella y conmovedora historia -adaptada a obra de teatro-, llamada «Historia de un pequeño hombrecito» (Sagan om den lilla farbrorn) que ya está llegando al final de sus funciones en esta nueva temporada de invierno.

Llegamos, descendimos las escaleras y ahí estaba él, tan ansioso como adulto, tan alegre como idílico, tan pequeño como enorme.

Fernando Álvarez es el portador de un esbelto cuerpo que nos abraza y traslada a la niñez -presentando situaciones totalmente reales por las que todos hemos pasado-. Aquel nene que solo, sufre por no tener con quien pasar las tardes, con quien jugar, con quien reír.

Pero, este niño no es malvado ni perverso, sino que no ha tenido la oportunidad de conocer a otros y darles todo el amor que lleva en su corazón. Su humildad y ternura atraerán a un perro, con quien muy pronto se entenderá. Aunque, necesitará a alguien de su especie para comunicarse completamente. Para ello, aparecerá una niña que en un primer momento acaparará la atención del animal, sin darse cuenta de esto.

La particularidad del hombrecito es que duerme sobre un baúl, al parecer en la calle, sufriendo frío -además de tristeza y desamparo-. Es un alma abandonada que, por suerte, encuentra y conserva fielmente como un perro, el cariño que se le va presentando.

Él es capaz de cubrir con su amor todas las necedades del mundo y de dar sin esperar algo a cambio.

Los días, las noches, transcurrirán velozmente y el pequeño entenderá que para conseguir algo que desea, debe pedírselo a la vida, al cielo, al universo. Pero para eso tiene un pizarrón y cada anhelo será escrito allí, para reforzar su convicción.

Su simpatía lo mostrará trasladándose de un lugar a otro -nadando con diferentes estilos- como quien juega sin cesar, respirando como si se tratara de la última partículas de aire.

Esto es lo que se entiende de Historia de un pequeño hombrecito, la valoración del tiempo y, por ende, de la vida.

Claro que el niño no puede descubrir determinadas cuestiones profundas porque su corta edad aún no le ha enseñado. Pero se trata de un pequeño hombrecito que se luce alto y grande. Un pequeño en busca de compañía de cualquier índole. Solo le falta dialogar con las plantas como para que se sienta el vacío que lo invade.

Un hombre no siempre tiene el valor de transmitir lo que siente… un chico sí. La sinceridad entre uno y otro es abismal. Lo que el mundo de los adultos suele resaltar es la transparencia que caracteriza a los infantes, aunque -contradictoriamente- no estén preparados para recibir crudas verdades.

El compañerismo, la solidaridad y el amor son mostrados como nobles; otorgándole a la historia aquellos valores de antaño. Y, a decir verdad, Lindgren escribe este cuento en 1979, año en que ocurre un hito histórico: Suecia deja de considerar una enfermedad a la homosexualidad.

En dicha obra no existe vínculo con la homofobia o inclinaciones sexuales pero, sí, con lo liviana que se siente una persona al mostrarse como es -sin tener que ocultar sus miedos o vergüenzas, detrás de una careta-.

Cada melodía pinta una escena diferente y que conlleva a lo mismo: la amistad y unión entre dispares, de los que se puede aprender, copiar, imitar y enseñar.

Enseñar sin restringir. Aprender sin juzgar. Imitar sin burlar. Copiar, admirando.

Mariela Verónica Gagliardi

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La luz es para otros

En la ciudad Oscurópolis, Bruno (Galileo Bodoc), intenta ser aquella persona que nunca se animó a ser. Tendrá un día para exprimirlo al máximo y darse la oportunidad de ser realmente feliz.

Él es deshollinador y la suciedad de tal oficio provoca que la mujer que le gusta no piense siquiera en hablarle. Aunque, en cierto momento ella le promete que se acercará si él se baña y emprolija un poco.

Esta historia para niños y adultos es realmente fabulosa, porque está bien narrada, los efectos sonoros se sincronizan a la perfección y las actuaciones se comprometen hasta el final.

Son tres los artistas pero, Federico Costa, interpreta a varios personajes tanto hombres como mujeres.

Esto lo convierte en un actor completo y muy profesional. En segundos su vestuario se modifica rotundamente y la voz adopta el rol elegido.

Con respecto al fundamento y argumento de «Un cuento negro -y no tanto-» (de y dirigida por Liliana Bodoc), desde ya que apunta al humor negro pero también a la obviedad de dicho color, el cual se encuentra en la escenografía, vestuario y diálogos. Aunque, los actores aclaran que no es del todo oscuro.

El trabajo es puramente social y con una ideología que se hace presente en breves momentos de la obra de teatro musical.

Pude recordar esta tarde esos libros que venían acompañados de un cassette y que nos daba la posibilidad de leer o escuchar el audio. En este caso la excelencia se manifiesta y la sala vecinal no sólo aplaude sino ríe, presta atención y se para al final para demostrar su agradecimiento.

Las calles alojan a personas débiles, desposeídas y entre ellas se encuentra un ciego que pide una moneda. Su necesidad es real y, la bajada de línea, que puede incomodar a varios, también lo es.

Mientras un narrador (Juan Manuel Gabarra) colabora con el desarrollo del cuento, Bruno se desespera por no morir hasta que descubre que lo verdaderamente importante es vivir eligiendo lo que quiere.

Ser deshollinador de chimeneas en un monasterio no debe ser lo que más disfrute pero, buscándole, el lado positivo todo puede revertirse.

Por otro lado, la suciedad puede vincularse con lo que queda para la clase más baja, el limpiar lo que los más ricos no se preocuparon por cuidar, sabiendo que aquellos que más discriminan- sin tener opción- arreglarán .

Lo negro como sinónimo de negativo, de falta de luz, de lo que se les deja a ellos: a los pobres. Pero, por qué ellos no pueden ver el sol, sentir cómo brilla y se posa en una parte determinada sus cuerpos desgastados?

La parca lo vino a buscar a Bruno y su momento, lamentablemente, le llegó; trayendo consigo al cuervo -asociado al cuento de Edgar Allan Poe-. No es grato mencionar a la muerte y saber que no podrá seguir aquí. Pero el destino lo puso a prueba para que valore hasta el minuto más ínfimo. Su vocación, la música, lo ayudará a, quizás, tener la oportunidad de ser feliz en otro lugar.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Liliana Bodoc. Por Grupo Compañía Teatral Tres Gatos Locos.
Ciudad: Buenos Aires
Autoría y dramaturgia: Liliana Bodoc
Elenco: Juan Manuel Gabarra, Galileo Bodoc, Federico Costa
Sonido y musicalización: Fernando Cerra
Iluminación: Fernando Raíces
Diseño de imagen: Laura Ávila
Vestuario: Aravinda Juárez.
Prensa y comunicación: Josefina Lamarre.
Dirección: Galileo Bodoc
Género: Comedia
Duración: 60 minutos
Dirigida: toda la familia

Mariela Verónica Gagliardi

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Trazando el plano de tu vida

Un espacio amplio, de color blanco, con plásticos en los pisos, conforman una puesta en escena fría, distante y que crea el interrogante de a dónde apuntará la obra.

Posiblemente, todos alguna vez, hayan asistido a un museo por motus propio o por una excursión organizada en el colegio. Esas paredes rígidas son portadoras y sostenes de algo que desea ser exhibido. El blanco es un color que provoca más amplitud y, a la vez, descansa la vista para poner en primer plano al objeto deseado.

«Museo» (escrita y dirigida por Piel de lava y Laura Fernández por Grupo Piel de lava) recurre al lenguaje estricto para poder desarrollar cuestiones de arte y sensaciones personas e íntimas.

Un grupo de cuatro amigas: Francisca (Elisa Carricajo), Flavia (Valeria Correa), Elena (Pilar Gamboa) y Rita (Laura Paredes); emprenden el proyecto de abrir, justamente, un museo de arte contemporáneo. Ponen manos a la obra y, una vez que el lugar está terminado, surgen los conflictos que hasta el momento habían sido silenciados.

En una noche que el alcohol hace de protagonista, las botellas deambulan de mano en mano para introducir el efecto de desenmascarar a cada una de ellas frente a las otras.

La hipocresía las mantuvo unidas mientras les sirvió pero ya no pueden silenciarse más.

Esta obra podría dividirse en dos partes: una vinculada al museo, a la distribución del espacio y a todo lo relacionado a ello y, una segunda, vinculada a lo puramente emocional.

Como si fueran una cebolla, se van limpiando las culpas, expresándose y, quitando, capa por capa.

Como las máscaras que portan en cierto momento de la historia o, el intercambio que realizan entre ellas para expresarse mejor sin ataduras.

Mezclando un léxico de artes visuales, arquitectura y teatro; realizan un recorrido por estas tres disciplinas durante gran parte de la obra. Pero, se puede respirar un aire de discordia y es ahí donde queremos -como espectadores- detenernos: en la intimidad de estas cuatro mujeres -tan dispares como diferentes, tan opuestas como parecidas-.

Confieso que me quedé con ganas de más, de conocer sus detalles cotidianos y no quedarme con la mera impresión de la reunión que nos muestran. También, tomar la decisión de la duración de un relato o escena producen un efecto u otro.

En determinado momento de «Museo», las actrices, se ponen unas caretas con sus propios rostros.

Más allá de las risas surgidas en ellas y en nosotros, la angustia y conmoción se hacen presentes para, justamente, citar al drama.

Es sensacional que una pueda representar la vida de la otra en ausencia de ésta. Quizás la cobardía las invade tanto como para fingir una amistad que solamente les sirvió para llevar a cabo un proyecto profesional.

De cualquier modo, la dramaturgia es efectiva ya que nos permite participar, intelectualmente, buscando muy adentro nuestro parámetros y estructuras rígidas que nos impide ser quienes somos.

Lo conservador es puesto como rival de la libertad. Este es el principal fundamento de «Museo». Un espejo gigante que muestra un solo rostro femenino. Una unión tan fuerte que logra amalgamar a las amigas para convertirlas en una sola, para que los cuatro pensamientos sean uno; olvidando que en algún momento la verdad y realidad iban y tenían que salir a la luz.

Cuando todo lo oculto se devela, las miserias humanas son dichas de las peores maneras y las perspectivas son citadas nuevamente -para escoger la arista y posición más favorable-.

Una oficina, una silla, un espacio geográfico, físico.

Qué lugar ocupas en tu propia vida? Qué lugar ocupa el resto, qué condicionamientos o cadenas te pones para protegerte sin darte cuenta que te alejás de tu propósito?

Ficha artístico-técnica:
Autor: Piel de lava y Laura Fernández por Grupo Piel de lava
Ciudad: Buenos Aires
Elenco Piel de Lava: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa Y Laura Paredes. Plano: Santiago Pérez Leloutre «El almuerzo del obrero» Mondongo «Un cuerpo solo» y fotografía: Sebastian Arpesella
Realización de maqueta y asistencia escenográfica: José Escobar
Investigación teórica y colaboración artística: Fernanda Alarcón
Gráfica: MINOco Identidad visual.
Vestuario: Flora Caligiuri / Carolina Sosa Loyola
Diseño Sonoro y Composición Musical: Gabriel Chwojnik
Luz: Matías Sendón
Espacio: Alicia Leloutre
Producción General: Mariana Mitre
Asistencia de Dirección: Camila Palacios
Dramaturgia y Dirección: Piel de Lava y Laura Fernández
Género: Comedia dramática
Duración: 75 mimnutos
Dirigida: público adulto

Mariela Verónica Gagliardi

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Rodando talento

«4 x 4, circo todo terreno», es una propuesta que desborda alegría. Este espectáculo -que forma parte de la Compañía Circo Alboroto- produce exactamente eso: descontrol, esa energía salvada y recuperada de la infancia, trasladada a un espacio que les calza a la perfección.

Estos artistas e intérpretes utilizan diferentes estilos de música como jazz, rap, rumba y cumbia; para fusionar pruebas de acrobacia, las tradicionales de circo, malabares y, por supuesto, el humor en varias de sus vertientes.

Denominarse «todo terreno» suena un poco fanfarrón pero, al conocerlos, podemos confirmar que están en lo cierto. Ellos son verdaderos artistas que se involucran con el público y que, además, lo hacen participar en el escenario. Eso, muchas veces se extraña. Todos queremos ser protagonistas y no meros espectadores pasivos.

Si lo que vemos es de nuestro agrado, necesitamos decir una palabra, hacer alguna expresión o movimiento y, por qué no, pedir pasar a las tablas para darles un abrazo.

Considero que las obras o puestas con demasiado texto -y rígido-, no permiten esa fluidez con el público y se pierden de la devolución y afecto del momento.

En general, es como cuando una persona va al terapeuta y el famoso escritorio la separa del profesional. Dicho corte, fragmenta. Hay que evaluar el dejar de lado al elitismo y protagonismo para, a veces, cederlo.

Las dos actrices y los dos actores entienden su propósito, se nutren de él y su guión se convierte en goma. Lo estiran como una masa y fabrican lo que sienten en el momento. Justamente, esa frescura que tienen los convierte en grandes y los aplausos que reciben son de un total agradecimiento.

Entre ellos, surge en determinado momento, la competencia, pero desde una arista inocente y sin maldad. También, están presentes los juegos de roles, los antagonismos entre el bueno y el malo, entre el exitoso y el fracasado; pero, todo se diluye cuando se van conociendo bien entre sí y descubren que pueden ser grandes amigos, luciéndose cada uno en el momento indicado.

Como una pirámide humana, se van montando hasta llegar a la cúspide -ese lugar desde el que se puede observar la inmensidad-. Un cuerpo sobre otro, no pesa, se sostiene. Cada uno es pilar del otro y, entre todos, se mantienen estables y felices.

Ellos quieren quilombo, ruido, palmas, gritos… nos quieren enloquecer con su energía desbordante.

Lo logran en absoluto y, desde luego que, el momento más gracioso es el de la participación de una mujer del público. Ella, sonriente, se presta a disfrazarse, bailar y convertirse en diva por unos minutos.

A la vez que los cantos rapeados son entonados en vivo, las representaciones se lucen y la música sigue su curso.

Como si se tratara de una rueda, giran y giran sin parar. Sus cuerpos parecen adecuarse, estilísticamente, a cada prueba y destreza física convirtiéndose en la figura que deseen representar.

Celebro que existan espectáculos familiares de este estilo y que convoquen tanto público. Sus sonrisas, indefectiblemente, nos pintan una en el rostro y los más agradecidos son los pequeños que hacen lo posible para estar cada vez más cerca sin que sus padres se den cuenta.

Una niña, de aproximadamente un año, se acerca a mí, observa mi cámara y se detiene al darse cuenta que la secuencia puede mirarla por la pantalla de la misma. Se queda quieta y me habla en su idioma. La entiendo perfectamente.

Luego, se acerca otro niño que parece ser su hermano y repite lo mismo que ella…

Esto es Circo, desborde de alegría y pasión. Cada uno continúa con su destreza, sorprendiendo y, cuando creemos que finaliza el show, retoman más pruebas acrobáticas. Las palmas los alientan a seguir pero, en algún momento, el alboroto debe esfumarse.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Compañía Circo Alboroto
Ciudad: Buenos Aires
Idea y Dirección: Compañía Circo Alboroto
Intérpretes: Florencia Schrott, Ismael Agüero Sandillu, Federico Fernández y Alejandra Ceciaga
Vestuario: Avatar
Escenografía: Compañía Circo Alboroto, El artesano de la Magia
Fotos: Paula Schrott
Género: Circo
Duración: 50 minutos
Dirigida: Toda la familia

Mariela Verónica Gagliardi

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Replantearse el amor

Los clásicos de William Shakespeare no aburren ni cansan ni pasan de moda. En todo el mundo se representan y, sin lugar a dudas, Romeo y Julieta es el más querido.

El amor antes y ahora, en el renacimiento y en la contemporaneidad continúa siendo tema de suspiros, angustias y dolencias.

Qué sería de los enamorados sin la pasión?

Julia Gárriz y Emiliano Dionisi llevan a la práctica una versión excelente y súper entretenida de Romeo y Julieta que la suponen de bolsillo. Estos talentosos actores pertenecen a la Compañía Criolla y logran lo que ningún otro elenco en lo que va del festival ha conseguido: que el público se enganche con los códigos establecidos por ellos, conformando un feedback constante.

Esta función fue muy especial y agradable ya que se realizó en el Barrio Guillermo Lehmann, permitiéndoles a los vecinos sumarse a la movida cultural a tan sólo unos pasos de sus casas. Claro que quienes quisieron, también, ingresaron a la sala para disfrutar.

He aquí el agradecimiento de un barrio humilde que goza de la cultura. Y no los subestimo en absoluto. Simplemente lo resalto porque llenaron el espacio con su alegría y todas las sillas y piso dejaron de existir para convertirse en comunidad.

Mientras Julia interpretó a una Julieta femenina pero a la vez grosera, simpática pero también odiosa; demostró la humanidad en un cuerpo de mujer y que -de cierto modo- se puede hablar con un léxico actual el cual, en definitiva, consigue un mayor acercamiento con los niños que el distinguido usted.

El escenario dotado de una simple escenografía, la cual incluye un pizarrón y telas negras que simulan paredes, determinan y justifican que desde lo más simple y creativo se puede construir. Que no hace falta ni es necesario un gran despliegue para conmover al público. Y que, Emiliano Dionisi al adaptar y dirigir, además de actuar, cuenta con una inteligencia privilegiada.

Su sensibilidad arrasa, su porte lo convierte en el Romeo de fines del 1500 escrito por Shakespeare pero, desde luego, en un ejemplo de masculinidad, de caballerosidad y de humildad ante su amada.

Todos conocemos la historia que enfrenta a los Montesco y los Capuleto. El terrible desenlace en que se envenena esta pareja cuando su amor es impedido. Las muertes que suceden a sus alrededores y la impotencia que provoca el final infeliz.

Lo acertado es mostrarle al espectador cada segmento trágico, burlándose de él y dándole una alternativa más suspicaz, graciosa y relajante. En definitiva, Dionisi, rompe el paradigma del amor trágico para reemplazarlo por un amor feliz. Deja de centrarse en el qué dirán para trazar su propio camino.

Asombra cómo ambos traen a escena a los personajes de la narración sin precisar de más elenco. Son dos, pero son ellos dos.

Esta historia es la que cualquier niño y adulto quisiera leer y presenciar siempre. Esta versión deliciosa que llega al corazón y nos hace aplaudirlos de pie, rozando una mano con la otra, al unísono.

Es la primera obra del Festival de Rafaela que emociona por completo y no quedan dudas de ello. La evidencia es este hermoso barrio que ingresó con una sonrisa pintada en el rostro y compuso una canción de carcajadas que se escuchó a lo largo de la cuadra. De hecho, al salir, un hombre me hizo hincapié en las risas y solicitó información de la próxima función.

Qué opinar o decir de una dramaturgia tan perfecta a la que ni le falta ni sobra nada.

Se preguntarán para qué existe el pizarrón. Simplemente para dibujar a ciertos personajes o situaciones, explicar escenas y, así, conseguir más complicidad con nosotros.

El baile, las canciones y la actuación la convierten a la obra en una comedia musical. Sus vestuarios la dotan de magia y cada palabra pronunciada deja su huella en las tablas, unas tablas que la recordarán por siempre.

La risa cura, sana. Esta obra también.

Una versión de bolsillo no me agrada porque sería sinónimo de pequeñez.

La gratitud y enseñanza la convierten en una obra dramática, social, vigente y espectacular.

La risa, la cultura y el amor: sanan, nos reúnen y convierten en unidad.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Emiliano Dionisi. Por Grupo Compañía Criolla.
Ciudad: Buenos Aires.
Actúan: Julia Garriz y Emiliano Dionisi
Vestuario y Escenografía: Marisol Castañeda
Asesor Técnico: Darío Diaco
Producción y Asesoramiento artístico: Sebastián Ezcurra
Prensa: Simkin&Franco
Director Asistente: Juan José Barocelli
Dirección General: Emiliano Dionisi
Género: Comedia
Duración: 60 minutos
Dirigida: toda la familia

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Caída libre

«Yo te vi caer» (de Santiago Loza y dirigida por Maricel Álvarez) es la obra más impactante que he visto hasta ahora en el Festival de Rafaela.

Siempre existe un género o estilo con el que empatizo más y este es el caso. Es como si una dramaturgia fuese escrita especialmente para mí, dedicada a mí así como cuando pedimos con euforia un autógrafo a nuestro artista favorito.

La sala del teatro La Máscara, por suerte, estaba llenísima y tuve que ir al piso. Digo por suerte porque me pone feliz que una obra sea presenciada por tanta gente y, además, porque tuve el privilegio de estar a pasos de ella (Diana Szeinblum) y él (Santiago Loza).

Como si el cuerpo le pesara, esta hermosa mujer busca salidas, movimientos que la liberen y hagan sentir bien. Para esto, recorrerá y adoptará diversas formas y figuras en su propia anatomía. «Aquí no hay opción», esboza una vez que cae, que siente el golpe -aquel golpe que lastima, que hiere, que nos deja atónitos, sin reflejos, con la mirada en un punto o en la nada misma-.

Cuando explica el modo en que tiene el accidente, mi garganta parece retorcerse, anudarse, llegar a su máxima intolerancia. Igualmente, disfruto de los textos de este gran dramaturgo e intento no indagar demasiado en mi propia historia, la cual, evidentemente, me remite a mi niñez.

Entre unas proyecciones, el cuerpo danzante de Diana Szeinblum y dos pantallas repitiendo la misma secuencia en blanco y negro -desde el comienzo de la obra hasta su final-, componen una historia excelente y colmada de vértigo. Y no me refiero al vértigo de mareo o de miedo a caer físicamente, sino a la situación de inestabilidad emocional que puede atravesar nuestra alma.

Y, de repente, esta dolida mujer dice: «No cierres los ojos, no hagas silencio. Todo pasa».

Esta frase no es una mera expresión referida al dolor de su cuerpo que se desvaneció, sin querer, por torpeza; sino que apunta a la soledad y a la necesidad de contar con un ser amado en ese momento.

Ella, lo llama en silencio, ya que su boca no puede expresar palabras y, él, aparece, la acompaña y la rodea como precisa.

Lo interesante es que no vemos ninguna de estas situaciones sino que, indefectiblemente, las graficamos en nuestra mente -al mismo tiempo que contamos con la oratoria de los dos actores-, quienes se encargan de ejemplificar caídas, soledades y vacíos.

Seguramente, el espectador, pierda en algún momento el hilo conductor de la historia, lo cual me parece lógico. Pero hay que aprender a separar las situaciones, los momentos y unir solo cuando es necesario.

«Yo te vi caer» es una exposición e indagación a nuestro interior. Ella fue quien tuvo el golpe y él quien estuvo allí, en ese momento; pero esta no es la única situación presente en la obra. Ese momento es una suerte de desenlace.

Lo que verdaderamente importa es el sentido que los artistas le quisieron dar -junto a su directora- y en torno a quién gira la pieza teatral.

Según palabras de Maricel Álvarez, la obra esta dedicada al artista Bas Jan Ader (1942- 1975 desaparecido en el mar) y una celebración a su trayectoria. Para «Yo te vi caer», toman la esencia de su material teatral y lo interpretan en escena.

Cuando uno cae no hay opción alguna, puede esbozarse. No existe la posibilidad de remontar lo ocurrido, sino esperar a que el tiempo cure la herida. Y, con respecto a esto, actualmente también se deduce que hay dolor cuando este se ve, cuando la piel demuestra cicatrices. Pero, el otro dolor, el dolor del corazón de las ausencias, de los desarraigos?

Mientras la vida le da otra oportunidad, ella deja golpear su cuerpo contra el piso de la manera más real posible. Lo logra, lo consigue. El dominio de cada una de sus partecitas, es total. Considero que hasta su pelo debe poder mover a su antojo.

«Estoy, no estoy, dejo de estar». Acaso no es así la vida? Acaso cuando dormimos no estamos de alguna manera muertos, con los estímulos necesarios para sobrevivir pero no para pensar estratégicamente?

Loza describe pequeñas historias y retoma la principal para darle la posibilidad de intercalar sus representaciones físicas con, también, la lectura de textos relacionados a la temática.

En cuanto los truenos suenan, su cuerpo se desvanece nuevamente. Ella no ha caído mil veces, sino las necesarias para experimentar cual fue la correcta y de qué modo convenía colocarse para salir menos dañada.

Una niña aparece en el último video del teatro, moviéndose armoniosamente, sanamente, felizmente.

Ella probablemente, aún, no ha tenido que atravesar el camino del dolor, de ese dolor que te derrama lágrimas, quemándote por completo, hasta conseguir secarte para luego mojarte incansablemente.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Santiago Loza. Por Grupo Acido Carmín
Ciudad: Buenos Aires
Un proyecto de Maricel Álvarez, Santiago Loza y Diana Szeinblum
Texto: Santiago Loza
Puesta en escena y dirección: Maricel Álvarez
Interpretación: Diana Szeinblum y Santiago Loza.
Música y dispositivo sonoro: Marcelo Martínez
Video y Fotografías: Nora Lezano
Coreografía: Diana Szeinblum
Luces: Lautaro Graciosi
Edición de video: Vasko Films
Diseño gráfico: Leandro Ibarra
Diseño de mobiliario escénico: Analía Espiga
Responsable de montaje escenográfico: Martín Gross
Operación de video y Asistente de dirección: Amalia Tercelan
Asistente de dirección: Felicitas Luna
Puesta en escena y dirección: Maricel Álvarez.
Se proyectan fragmentos de las siguientes obras de Bas Jan Ader: Fall I, Fall II, Broken Fall (organic) y Broken Fall (geometric).
Género: Performance
Duración: 50 minutos
Dirigida: público adulto

Mariela Verónica Gagliardi