*** Septiembre 2017 ***

“Yo te vi caer” (de Santiago Loza y dirigida por Maricel Álvarez) es la obra más impactante que he visto hasta ahora en el Festival de Rafaela.

Siempre existe un género o estilo con el que empatizo más y este es el caso. Es como si una dramaturgia fuese escrita especialmente para mí, dedicada a mí así como cuando pedimos con euforia un autógrafo a nuestro artista favorito.

La sala del teatro La Máscara, por suerte, estaba llenísima y tuve que ir al piso. Digo por suerte porque me pone feliz que una obra sea presenciada por tanta gente y, además, porque tuve el privilegio de estar a pasos de ella (Diana Szeinblum) y él (Santiago Loza).

Como si el cuerpo le pesara, esta hermosa mujer busca salidas, movimientos que la liberen y hagan sentir bien. Para esto, recorrerá y adoptará diversas formas y figuras en su propia anatomía. “Aquí no hay opción”, esboza una vez que cae, que siente el golpe -aquel golpe que lastima, que hiere, que nos deja atónitos, sin reflejos, con la mirada en un punto o en la nada misma-.

Cuando explica el modo en que tiene el accidente, mi garganta parece retorcerse, anudarse, llegar a su máxima intolerancia. Igualmente, disfruto de los textos de este gran dramaturgo e intento no indagar demasiado en mi propia historia, la cual, evidentemente, me remite a mi niñez.

Entre unas proyecciones, el cuerpo danzante de Diana Szeinblum y dos pantallas repitiendo la misma secuencia en blanco y negro -desde el comienzo de la obra hasta su final-, componen una historia excelente y colmada de vértigo. Y no me refiero al vértigo de mareo o de miedo a caer físicamente, sino a la situación de inestabilidad emocional que puede atravesar nuestra alma.

Y, de repente, esta dolida mujer dice: “No cierres los ojos, no hagas silencio. Todo pasa”.

Esta frase no es una mera expresión referida al dolor de su cuerpo que se desvaneció, sin querer, por torpeza; sino que apunta a la soledad y a la necesidad de contar con un ser amado en ese momento.

Ella, lo llama en silencio, ya que su boca no puede expresar palabras y, él, aparece, la acompaña y la rodea como precisa.

Lo interesante es que no vemos ninguna de estas situaciones sino que, indefectiblemente, las graficamos en nuestra mente -al mismo tiempo que contamos con la oratoria de los dos actores-, quienes se encargan de ejemplificar caídas, soledades y vacíos.

Seguramente, el espectador, pierda en algún momento el hilo conductor de la historia, lo cual me parece lógico. Pero hay que aprender a separar las situaciones, los momentos y unir solo cuando es necesario.

“Yo te vi caer” es una exposición e indagación a nuestro interior. Ella fue quien tuvo el golpe y él quien estuvo allí, en ese momento; pero esta no es la única situación presente en la obra. Ese momento es una suerte de desenlace.

Lo que verdaderamente importa es el sentido que los artistas le quisieron dar -junto a su directora- y en torno a quién gira la pieza teatral.

Según palabras de Maricel Álvarez, la obra esta dedicada al artista Bas Jan Ader (1942- 1975 desaparecido en el mar) y una celebración a su trayectoria. Para “Yo te vi caer”, toman la esencia de su material teatral y lo interpretan en escena.

Cuando uno cae no hay opción alguna, puede esbozarse. No existe la posibilidad de remontar lo ocurrido, sino esperar a que el tiempo cure la herida. Y, con respecto a esto, actualmente también se deduce que hay dolor cuando este se ve, cuando la piel demuestra cicatrices. Pero, el otro dolor, el dolor del corazón de las ausencias, de los desarraigos?

Mientras la vida le da otra oportunidad, ella deja golpear su cuerpo contra el piso de la manera más real posible. Lo logra, lo consigue. El dominio de cada una de sus partecitas, es total. Considero que hasta su pelo debe poder mover a su antojo.

“Estoy, no estoy, dejo de estar”. Acaso no es así la vida? Acaso cuando dormimos no estamos de alguna manera muertos, con los estímulos necesarios para sobrevivir pero no para pensar estratégicamente?

Loza describe pequeñas historias y retoma la principal para darle la posibilidad de intercalar sus representaciones físicas con, también, la lectura de textos relacionados a la temática.

En cuanto los truenos suenan, su cuerpo se desvanece nuevamente. Ella no ha caído mil veces, sino las necesarias para experimentar cual fue la correcta y de qué modo convenía colocarse para salir menos dañada.

Una niña aparece en el último video del teatro, moviéndose armoniosamente, sanamente, felizmente.

Ella probablemente, aún, no ha tenido que atravesar el camino del dolor, de ese dolor que te derrama lágrimas, quemándote por completo, hasta conseguir secarte para luego mojarte incansablemente.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Santiago Loza. Por Grupo Acido Carmín
Ciudad: Buenos Aires
Un proyecto de Maricel Álvarez, Santiago Loza y Diana Szeinblum
Texto: Santiago Loza
Puesta en escena y dirección: Maricel Álvarez
Interpretación: Diana Szeinblum y Santiago Loza.
Música y dispositivo sonoro: Marcelo Martínez
Video y Fotografías: Nora Lezano
Coreografía: Diana Szeinblum
Luces: Lautaro Graciosi
Edición de video: Vasko Films
Diseño gráfico: Leandro Ibarra
Diseño de mobiliario escénico: Analía Espiga
Responsable de montaje escenográfico: Martín Gross
Operación de video y Asistente de dirección: Amalia Tercelan
Asistente de dirección: Felicitas Luna
Puesta en escena y dirección: Maricel Álvarez.
Se proyectan fragmentos de las siguientes obras de Bas Jan Ader: Fall I, Fall II, Broken Fall (organic) y Broken Fall (geometric).
Género: Performance
Duración: 50 minutos
Dirigida: público adulto

Mariela Verónica Gagliardi

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