*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Despreciable vida

La gaviota13

“Yo siento atracción por este lugar, por este lago, como una gaviota…” (Nina Mijailovna Zariéchnaia).

Qué sería del amor sin los enamorados y de la pasión sin el deseo. Qué sería de las almas -que deambulan buscando algo que las haga sentir llenas y colmadas de esperanzas- sin el encanto de quienes miran, observan y pretenden poseer.

La libertad es la enemiga del egoísmo, ese sentimiento tan absurdo y dañino, que tantas veces se relaciona con el amor puro.

Esta versión de “La gaviota” (Ánton Chéjov), expone a una familia, con sus defectos más que virtudes, tomando las partes más relevantes de la historia al igual que de sus personajes. Los clásicos, a veces, suelen ser reiterativos, sin embargo, Pyr Zenergam consigue resaltar la esencia de cada relato haciendo de esta gaviota un ave dulce, tierna y fiel a sus pensamientos.

Ser la protagonista, desplegando las alas de ingenuidad a lo largo de diálogos existencialistas, no es sencillo. Demostrar ambición sin vanidad, tampoco lo es. Por eso, Paula Rivas, consigue emocionar con su sonrisa nerviosa, con sus pequeños movimientos y cada uno de sus interrogantes hacia el escritor Boris Alexeievich Trigorin -a quien considera ha alcanzado la fama gracias a sus libros-. “¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo? He abandonado la universidad en el tercer curso por circunstancias, como suele decirse, ajenas a la redacción; soy un hombre sin talento y sin un centavo”.

Casi todos los personajes originales están presentes en esta adaptación tan bella. Los cuatros actos son separados por la atenuación de las luces y esa fusión con negro que logra descansar la vista unos instantes hasta retomar la dramaturgia.

En cuanto a la escenografía, los bancos de jardín tan tradicionales y una suerte de escenario donde se desarrolla el libreto de Konstantín Gavrilóvich Trepliov para que su bella dama interprete. Dicha interpretación producirá la ira de Irina Nikolaievna Arkádina, la madre de Trepliov, quien es actriz y no permite que otro sobresalga con su labor.

Los temas que se abordan en mayor medida son: el egoísmo y el poder. Ambos van de la mano ya que, causalmente, quien se muestra poco solidario es quien tiene lo segundo. Resulta extraordinaria la interacción entre los personajes y el manto de piedad resultante de ésta.

Sin precisar de una gran decoración, los pensamientos son esbozados en voz alta, los deseos y la oportunidad de mostrarse tan cual es, también. Mientras la violencia verbal llega a la cima, el desapego emocional pretende mostrarse como fuerza bruta y la traición traspasar fronteras inimaginables.

Ninguno es feliz con su pareja pero ninguno es capaz de dejar el agua correr para que la beba otro. El capricho se desarrolla como disfrazado de amor y éste no existe, verdaderamente, en las vidas de estas personas. No por conformismo continúan por el camino sino por cobardía y temor.

La gaviota, encerrada en su casa y custodiada por su padre y madrastra, intenta recobrar el aire del cielo para volar hacia donde su corazón se lo indique. Una frase que resume la vida de Nina es la dicha por Trepliov: “A ella le es tan difícil salir de su casa como salir de la cárcel”. Paradójicamente se siente lo que no es capaz de ser, por diversos motivos y factores. Por la vida que le tocó vivir y de la que aún no es capaz de alejarse.

Además de los temas existencialistas desarrollados durante la obra, el teatro ocupa un espacio importantísimo como canalizador de energías. Trepliov, intentando convertirse en un escritor, sin recibir el apoyo de alguien aunque sea, se atreve a afrontar teorías novedosas para la época. Él considera que al teatro le “hacen falta nuevas formas y si no se encuentran, mejor es nada”. Claro que lo que se refiere el joven es a algo revelador y que como todo proyecto nuevo, provoca oposición de parte de los conservadores. En este caso, de su madre. Pero, quien demuestra interés por el tema desarrollado es el Doctor Dorn al decir: “Es posible que me haya vuelto loco, pero la obra me ha gustado. Tiene un algo. Cuando esa muchacha hablaba de la soledad y luego, cuando han aparecido los ojos rojos del diablo, me temblaban las manos de emoción”. Tal vez, el hecho de la medicina como ciencia dura, haga que lo singular y sensible despierten su atención.

La desvalorización llega a su punto cúlmine y la degradación verbal de uno hacia otro, también. Así, Chéjov, demuestra cómo los lazos humanos son tan complejos como incoherentes. Cómo una madre es capaz de hacer primar sus ideales, destrozando el corazón de su hijo, anulándole sus sueños y poniéndoselo en contra cada vez más.

Arte y placer, en un momento, son comparados, asemejados y distinguidos por parte de Nina -quien le habla al escritor Trigorin-: “yo me figuro que para quien ha experimentado el placer de la creación artística, los demás placeres ya no cuentan”.

Así como los personajes no se sienten amados de verdad, tampoco se ven como los describen de afuera. Trigorin, por ser un escritor ruso, despierta la atención de los dos jóvenes en escena, aunque él, disfruta más de la pesca que de dedicarse a la literatura.

A la vez que las estructuras mentales son liberadas, lo real hace su aparición sin necesidad de escudos o máscaras. Quien convence de a poco a todos sobre cómo vivir es Piotr Nikolaievich Sorin, el hermano de Irina, quien interpreta sabiamente al bien, componiendo un personaje encantador.

Cada prenda y accesorio utilizado, permiten recrear este clásico y disfrutar de dos horas de reflexiones.

“Si alguna vez necesitas de mi vida, ven y tómala” (Nina).

Mariela Verónica Gagliardi

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Cada cual atiende su juego

Casa adentro3

Cada familia es un mundo, se suele decir.

De las puertas para adentro, nunca se sabe lo que pasa.

Los códigos y estilos de vida, varían tanto como la tonalidad de un vestuario.

“Casa adentro” (de María Colaneri y dirigida por Paola Luttini), es una desafiante historia que intenta develar aquellos misterios tan íntimos como vulnerables.

Antes de que comenzara la obra, el mayordomo de la familia cantaba She (de Charles Aznavour), ese tema de amor tan trágico. Sorprendentemente, la trama no tenía absolutamente nada que ver con dichos versos, lo cual logró desconcertar. Mientras un guitarrista acompañaba, las luces disminuían su claridad para dar paso a la dramaturgia.

Es simple hacer foco en la historia, ya que se trata de un padre (Mariano Singer) que vive con sus hijos (Josefina Pittelli y Mathías Muñoz Percat) y un mayordomo (Guillermo Jáuregui). Hasta acá nada revelador, hasta que una “enfermera” (Romina Moretto) aparece en la morada. Punto y aparte.

Desde su llegada, la casa cobra vida, se plaga de colores e intenta romper barreras. Angustia, realmente, todo. Un chico autista, en silla de ruedas. Su hermana, un tanto retrasada, débil. Y un padre autoritario, violento y ausente como tal.

Las acciones que transcurren son reiterativas, estructuradas y marcadas por el reloj del mayordomo. No existen otras secuencias que llamen la atención, hasta que la enfermera pretende llenar de vitalidad las cuatro paredes asfixiantes.

Una familia que no ve la luz, que no conoce el exterior y que se recluta por miedo a sufrir y no ser parte de la sociedad. En un momento, el padre apela a la lástima, diciendo que el diferente se queda afuera. Él es distinto al estereotipo ya que su maldad lo absorbe, lo hace cometer actos de los que no se arrepiente, llegando a su punto más álgido, desesperándose e intentando mantener una cordura inexistente.

El señorito, con la mirada desorbitada, mirando a la nada misma, aplaudiendo, riendo, actuando e interpelando a la confianza del público. La señorita, deambulando y haciendo la rutina básica de comer, dormir y dejar pasar el tiempo. Ese tiempo marcado por un reloj de bolsillo. Una casa que se rige por los minutos y segundos, sin necesidad de hacerlo. Tres individuos, incapaces de ver la luz del sol, de hacer su propia vida y de ser buenas personas.

Como una sentencia, ellos están presos, no tienen sueños, deseos ni forma de hacer el bien. La manera que encuentran de transgredir, es siendo crueles y enfermos mentalmente. Asombra cómo ocurre el desenlace y son simplemente unos pocos momentos hacia el final los que ayudan a tener dos historias posibles. Los más melancólicos se quedarán analizando la primera y los amantes del suspenso y terror psicológico, la segunda.

Increíble el aroma a verduras recién cortadas para la cena o familiar, pudiendo ingresar en un universo de códigos diferentes donde el olfato ocupa un lugar importante.

Esto puede notarse en la cocina, en el pañal del niño, en la putrefacción del lugar que imaginamos gracias a los diálogos y la posibilidad de ser parte de una historia íntima, bien de cerca, teniendo a los artistas entre nosotros, sin el escenario que los mantiene alejados e imposibles de observar.

“Casa adentro” es un ejemplo de tantas otras casas, de tantas otras familias o clanes. Quizás sorprenda o impacte la crueldad, el morbo y la desesperanza. Pero, seguramente, conozcamos más de un caso similar o con algunos tintes de esta obra.

Durante una hora, un sinfín de situaciones similares se desarrollaron y no hubo modo de acallarlas. La realidad ficticia protagonizó una pieza teatral diferente, con buenas actuaciones, donde cada intérprete tiene la posibilidad de desarrollar su papel y el factor sorpresa como regalo.

Que un final cambie todo, no es fácil de conseguir. «Casa adentro», lo logra gracias a la buena complementación entre directora y dramaturga. Dicha unión no consigue más que lo que buscan todas las obras de teatro: dejar una huella diferente, un mensaje concreto, la posibilidad de hacer pensar al espectador y de convertirse en una historia con introducción, nudo y desenlace.

Detrás de las paredes existe un mundo diferente al que vemos afuera. La escenografía no pretende impresionarnos sino conformar los actos determinados, utilizando aquel objeto preciso que ya describa el contexto.

Mientras las bellas voces quedan flameando en al aire, las canciones se repiten, los individuos enloquecen y los actores llegan a su fin.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Luces que iluminan el alma

Idénticos II

Hace 14 años que existe el ciclo Teatro x la identidad, una propuesta que incluye al arte como motor de búsqueda. Milagrosamente, los nietos siguen apareciendo, de a poco, con mucha fuerza, trabajo por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo y de diferentes organizaciones sin fines de lucro que desean, fervientemente, reconstruir la Argentina, sin vestigios de sangre y tortura.

Creo, realmente, que siempre que exista un Estado comprometido, todo resultará más noble y esperanzador. En esta oportunidad, desde el 17 y hasta el 28 del corriente mes se pudieron disfrutar de diversas obras de teatro, vinculadas de alguna manera con la desaparición, la tortura, el dolor y la nostalgia.

Hoy, a un día de finalizar TXI, la pieza teatral “Idénticos II”, demostró cómo trece voces diferentes, pueden esbozar preocupaciones, tristezas, alegrías y convicciones. Estas últimas son las principales para recorrer un camino. No importa cuál sea, pero sí que el deseo y compromiso existan como tales.

Algo idéntico se relaciona con lo parecido, con lo similar, con algo exactamente igual. Sin embargo, la identidad (a pesar de relacionarse con dicho término), no es la misma para una u otra persona. Varía, somos diferentes unos a otros pero, a la vez, semejantes.

A veces pienso qué podrá sentir un hijo adoptado, cómo logrará escribir su pasado e historia sin datos reales, concisos. Sin conocer, en muchas ocasiones, a sus progenitores. Qué necesario resulta saber de dónde venimos, para conocer nuestro destino. No siempre es posible pero se debe hacer… debemos hacer hasta lo imposible para acercarnos a la verdad y ayudar al resto a que lo hagan.

Un hijo profanado, utilizado, escondido, ganado, robado; no suele tener la oportunidad de saber quien es.

Idénticos II, hace un recorrido por la vida misma, permitiendo que cada voz sea un monólogo, acompañado de la música a cargo del pianista Martín Pavlovsky, quien denotará un aire melancólico durante cada melodía.

Realmente, los artistas mostraron un compromiso increíble, teniendo un espacio para hacer lo que aman y siendo, a la vez, solidarios con los olvidados.

Las exposiciones fueron muy diferentes en estilos y guiones, conformando un espectáculo bien amplio, tan amplio y diverso como las personalidades, los rasgos y temperamentos. Claro que, siempre, sentiremos afinidad o conexión con alguno en particular por una razón en especial.

La sala Martín Coronado del Teatro San Martín, se convirtió en el lugar para predicar por los que no tienen posibilidad de hacerlo, para pedir por favor unión a pesar de las diferencias.

Tener la oportunidad de ver, gratis, a actores de la talla de: Gonzalo Urtizberea, Manuel Vicente, Lidia Catalano, Virginia Innocenti, entre algunos de los presentes; no se da a diario y es importante valorarla.

Monólogos para reír como el de un hombre sosteniendo su propio hígado, incómodamente; situaciones como la del nadador intentando hacer lo que teme, una mujer de la alta sociedad sintiendo repugnancia por los de menor condición que ella; un joven dando un discurso reiterativo y eficaz; y todo tipo de verdad puesta en escena para que seamos partícipes activos.

La búsqueda del pasado continúa, se realza y el texto de Pablo Iglesias “Todos los ojos en el mar”, cobra vida, se somete a las miradas y calla. Lidia Catalano es su intérprete y, debo asumir, que fue la performance más relacionada con la temática del Festival. Una madre que busca, camina, recorre y se desespera, nos alumbra con su linterna, alumbra las aguas, el mar. Desespera el tan solo saber que estuvo sola, sin apoyo, con desgracias, penurias y todo el frío desolador que puede atravesar una persona al perder a su hijo.

En cierta ocasión, se pregunta y le pregunta a los responsables si ella sola se tiene que encargar de encontrarlo. No son demasiadas las reflexiones verbales que emite. Basta con su presencia, su rostro hundido en el dolor y esa luz blanca que pretende hallar una huella, algún dato de su hijo.

Catalano e Iglesias supieron aliarse para buscar, solos o acompañados, a los que ya no están. Tuvieron la valentía de ser claros y concisos, clavando una el interrogante de cómo continuar avanzando. Cada quien es cada cual y cada quien ocupa un lugar determinado.

Como monólogo totalmente opuesto en cuanto a la forma, estuvo el de Villanueva Cosse. Un científico que se replantea la constitución de la materia y los átomos, llegando a la conclusión de que el humano es una parte ínfima en el universo. Su clase de física logró plasmar términos intangibles con la propia desesperación del hombre.

Mientras Mauricio Kartún, Lucas Lagré, Pablo Iglesias, Mariano Saba, Patricio Abadi y el resto de los autores continúen escribiendo con su pluma estas obras, la realidad se volverá más palpable y visible. Ya las cataratas sanarán al igual que las heridas del olvido.

TXI ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Los elegidos por su padre

Ciertas Petunias6

“Ciertas petunias” es un grupo musical, compuesto por cinco actrices que se atreven a decir todo lo que piensan -utilizando las canciones como trampolín-. En esta oportunidad, presentan “1, 2, 3 ¡Probando! ¿Qué?”, es un espectáculo que permite recorrer una historia bien construida y sostenida en la música; además de adelantarnos el material para el próximo año.

Son cinco colores bien diferenciados, que se ríen y conmueven con cada momento atravesado en sus vidas.

Así como existen diferentes clases de esta flor, cada una de las hermanas Petunias, muestra su personalidad y modo de ver el mundo, haciendo sus propios arreglos musicales y versionando un universo posible.

Al verlas, recordé a Les Luthiers, por la manera en que componen la música, la fusión que hacen con distintos ritmos y los coros que lucen matices de voces, las que a su vez interpretan y caracterizan escenas bien definidas.

La ironía está presente como una de las herramientas más destacadas de la dramaturgia, demostrando que es posible reír de una realidad ficcionada pero que existe en el mundo real. “Y termino cantando con ustedes”, es una de las frases que cantan al comienzo de su recital, haciendo alusión a que siendo tan grandes como son, les toca estar con un grupo “así”. El descarte es la meta no elegida para ellas, pero la única, al fin, posible.

En cuanto a los instrumentos, cada uno permite hacer sonar un ritmo y ejecutar una letra que burle a su contenido tradicional. Un bombo es el encargado de hacerle la entrada al folklore, sonando en el escenario. Luego unos picaflores hacen su aparición, deambulando en varios sentidos y siendo tema central de la melodía y uniendo a estas artistas que con pentagramas, invaden el espacio de una energía muy positiva y renovadora.

Pero, en cierto momento de la obra, una carta del padre, les pide cancelar el concierto, para darle lugar a su petición que será casarlas con hombres ya elegidos por él. Es a partir de entonces cuando la originalidad aparece para no fugarse en ningún momento.

Cada una de las chicas tendrá su propio cuadro musical, donde podrá contarnos en canción lo que siente frente  a la decisión de su progenitor y qué hará entonces.

Respecto a los ritmos que mencionaba anteriormente, se pueden escuchar boleros, tangos, reggaetón, melódico, entre otros. Aunque, lo encantador es que éstos se fusionan, consiguiendo sus propias versiones.

Uno de los sketchs más cómicos es uno referido al telemarketer del que se enamoró una de ellas, ambientando sonoramente, todos los detalles de un típico llamado telefónico y la exageración en cuanto a esto.

El nombre Adalberto ya nos remite a una telenovela de Centroamérica, aunque es su prometido y lo dejará cuantas veces sea necesario, para luego volver y abandonarlo.

Un tango que termina siendo bolero nos da la pauta de que es posible que construyan lo que quieran y precisen para apoyar su gran historia, con un hilo conductor y ventanas que se van abriendo para que conozcamos a sus personajes, los cuales se encargan de guiarnos por un sendero colmado de luz y colores.

“Metiste un tipo en mi casa, y me mentiste”, se escucha decir en uno de los monólogos, respecto a su marido. La evidencia acerca de la exageración y el absurdo están presentes, en todo momento, y son estas características, más el humor, las que le dan un alto vuelo a Ciertas petunias.

Sin lugar a dudas, el cuadro más aplaudido fue el del esposo chino, llamado Chow fan, donde pueden observarse la delicada coreografía -con paraguas orientales, haciendo juego con el vestuario de cada una- y la sincronización en cada movimiento; luciendo su esplendor. Un lenguaje construido e inventado, sostenido gracias al acento chino, produce tantas carcajadas como incomprensión al intentar descifrarlo.

La sala del teatro La Carpintería, se llenó y la gente decidió solidarizarse con la valijita que paseaba una de las actrices entre las butacas, para permitir que este gran show pueda continuar su recorrido por otros lugares.

Un espectáculo femenino sin caer en el feminismo, es novedoso hallarlo. Hoy en día se cree que por el solo hecho de ser mujer hay que combatir al hombre, demostrar que tenemos los mismos derechos y, después, pretender que nos traten como una raza aparte.

Estas actrices y cantantes se plantan en el escenario, construyen un mundo abstracto, plasmado en la realidad, contagian alegría y sueñan con un mundo mejor. No hace falta que lo digan, se aspira en el aire y en cada uno de sus compases.

Ciertas petunias elenco

Mariela Verónica Gagliardi

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Mejor reír que llorar

Cronicas de un mundo absurdo2

¡¡Una comedia musical en la que se pide, a gritos: conciencia!! Una puesta en escena con escaleras de madera, instrumentos colgando y un techo de tela -color piel- simulando ser telaraña y barrera de crecimiento.

El nuevo trabajo de Lautaro Metral, titulado «22:22 Crónicas de un mundo absurdo», es una fuerte denuncia social. Ya no se trata de un político, especialmente, sino de una idea concebida y reforzada a través del tiempo que sólo debilita al ser humano: el egoísmo gracias al poder obtenido.

En este caso, la historia toma al protagonista, el mago Benito Juárez, y se centra en su ilusión de poder lograr un determinado truco de magia -el tradicional de hacer aparecer una paloma-. Para ello, se une a un grupo de personas que lo ayudan en tan desesperada misión, además de la de elaborar un producto, el cual, simbólicamente, significará el desenlace de la obra.

Produce una alegría inmensa el saber que no somos minoría los que tenemos la misma ideología de Metral y que, su valentía, es real, depositada en artistas muy talentosos y completos, que esbozan durante toda la dramaturgia sus pareceres.

Entre melodías y canciones en vivo, se produce la rotación de los instrumentos, la posibilidad de contar una historia y, paralelamente otra, para más tarde fusionarlas.

Con respecto a las actuaciones, emociona verlos interpretar a personajes tan diversos que ponen en juego sus talentos y vocación en escena. Buscan, caminan, corren, se agitan y sienten agobio hasta que la esperanza surge como una luz gigante que los enceguece. Así, la claridad produce lo mismo que la oscuridad absoluta, intentando conseguir un equilibrio. En todo momento, se ponen en juego los extremos hasta encontrar el punto deseado. Las voces se oyen, las oímos, las letras nos empapan de verdades y se puede disfrutar de esta banda de músicos que conmueven realizando tantas acciones al mismo tiempo. Si ellos pueden, ¿por qué otros no? ¿Por qué unos son capaces es y otros reposan en el más cómodo sillón? Si existe movimiento, ¿por qué frenarlo?

La ironía y humor agrio están presentes como aportes fundamentales. En cuanto al guión, permite hilvanar palabras y diálogos de forma poética y firme, a la vez.

«22:22» es interesante y atrapa al público por su belleza y argumento, tan en contacto con nuestra realidad como olvidado por muchos que creen que dormir es la solución.

Benito, así, compra un poco de humo hasta que decide comprar todo el humo. Las metáforas como parte de la dialéctica están presentes sin ocultar su intencionalidad. Es triste pensar que ya ni un ilusionista puede creer en la palabra, en las promesas, en una sociedad que avance y no perezca en el intento. Por suerte la risa nos rescata a nosotros y a ellos de la angustiante amnesia política.

Cabe resaltar la original manera de narrar las escenas, consiguiendo desplazarse por todo el lugar, ascendiendo peldaños para cantar e interpretar momentos claves y, descendiendo a la realidad donde deben enfrentarse con las metas aún no conseguidas y el dolor de perder, siempre perder.

La unión les permite iluminarse e iluminar el entorno en busca de lo pretendido por el mago, utilizando la descripción para esto y provocando la carcajada de los espectadores. Sus rostros parecen de plastilina y adoptan la máscara pretendida muy al estilo clown. Si bien sus narices rojas no están puestas, ellos son los payasos de sus propias vidas que intentan sonreír -aun cuando el contexto no sea el más alentador-.

Pasados los minutos, se podrá comprender que existe una historia de amor -desde la que se parte- y desde la que se construye un universo integrado por: conflictos de parejas, situaciones no asumidas, tragedias no evitadas y accidentes que no son tales. Teniendo en cuenta esto, la reiteración de las escenas ayudan a comprender el rumbo de la obra «22:22 Crónicas de un mundo absurdo».

La hora se detiene para permitirnos comprender que la locura puede ser simple, doble y capicúa. Que no es tan improbable la duplicación de un número como tampoco lo es la secuencia infinita de errores evitables, que se reiteran a diario en nuestra sociedad.

Y lo absurdo es el mundo en el sentido de la poca importancia que se le otorga. Como si fuera una basura, se lo contamina en todas las vertientes posibles sin dar espacio, en general, a las buenas acciones.

Si lo malo predomina, ¿cómo se avanza, cómo se cura lo herido, cómo se evita lo posible?

Ya no comen vidrios, no les agrada ni sienten que les sirva hacerlo. El humor lo dejan también a un lado y vuelven a creer en la magia, como Benito Juárez.

La paloma de la libertad es más probable que aparezca antes que los gobiernos y personas entiendan que haciendo el bien se construye un mundo mejor y que, si la violencia y desamparo continúan, el derrumbe será masivo.

Una jauría se escucha a lo lejos, de más cerca, cada vez más, hasta que el jadeo de cada perro simboliza los discursos adornados, sin contenido profundos, relleno de palabritas. Como un perro que se muerde su propia cola, un texto es esbozado por el mejor equilibrista que intenta asombrar a los ciegos.

Este mundo solo está dormido y la música, puede despertarlo en cualquier momento.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Ciencia ficción en movimiento

Movimiento perpetuo10

Hay personas que disfrutan yendo de un lugar a otro, conociendo gente nueva, culturas diferentes, paisajes diversos. Existen otras, que no tienen esa necesidad pero, por algún motivo, tienen que hacerlo. Y están, las últimas, que quieren hacerlo pero se sienten afuera de ese universo.

“Movimiento perpetuo” es una obra unipersonal basada, exclusivamente, en la mudanza. Una puesta en escena que solo se compone de fotografías, cartas y música que inspiran a la actriz a contar sus vivencias en Argentina, lo que significó para ella, las vicisitudes que vivió su familia y las distintas clases de estar en un sitio sin querer formar parte del mismo.

Así es como artesanalmente, hasta con la mínima sutileza, una extraterrestre, pidió ayuda. Necesita relacionarse con gente de acá y, para eso, usa la excusa del unipersonal, donde ya de por sí habrá personas que la escuchen e interactúen con ella.

Sorprende la cantidad de veces que una persona, por diferentes razones, se cambia de locación a lo largo de su vida. Quienes aprenden, van dejando en el camino todo lo que les sobra, esa mochila llena de objetos que jamás utilizan y solo se quedan consigo mismos. Debe ser difícil lograrlo pero, pude notar, que solo el espectador que mencioné haber dejado lo innecesario, tuvo una sonrisa en su cara a lo largo de la función. Estaba liviano, no tenía que contratar fletes ni personas que lo ayuden. Era él, con su alma, deambulando por donde quisiera.

Por curiosidad, me interesó leer acepciones de la palabra mudanza y encontré dos, especialmente, que me llamaron la atención.

1) Cierto número de movimientos que se hacen a compás en los bailes y danzas.

2) Cambio convencional del nombre de las notas en el solfeo antiguo, para poder representar el si cuando aún no tenía nombre.

La primera definición estuvo vinculada al baile realizado por Paz Pardo, una joven estadounidense que se siente algo Argentina por ser su padre de acá, orgullosa de haberse trasladado aquí pero, comparando e intentando aprender, todos los códigos de la ciudad tan diferentes a los de su lugar natal.

Ella reconstruye su pasado, que tanto la marcó, en vivo, en una pequeña ronda, leyendo, haciéndonos leer, conformando un círculo íntimo. Claro que está presente la ficción en esta obra pero la profundidad de sus monólogos nos dan cuenta que se trata de la historia de su vida, donde coloca a una extraterrestre en primer plano para no sentir timidez al narrar.

Son tan pocas las propuestas de esta índole que hay que aprovecharlas. Al abrir la puerta, un pequeño cuarto de techo alto, me provocó el interrogante de cómo haría para actuar una persona y tener público. Lo sorprendente fue que al llenarse el lugar, me sucedió lo mismo que a las pupilas en la oscuridad. Vi grande la habitación y cada vez más cómoda. Nosotros como público, fuimos sus ayudantes, sus muebles, sus voces y la manera exacta de compartir con alguien que no es de acá pero ya se siente parte de la vorágine porteña.

Su canto tan suave, nos dejó atónitos y cada movimiento de su cuerpo se convirtió en la soledad de su alma. Ella buscaba y ya había encontrado. Estaba melancólica y ese es el mayor sentimiento de quien se encuentra solo en la ciudad de la furia.

Un jardín descripto como paraíso, ya no le pertenece más a su familia. Esa casa se vendió y su madre quedó angustiada sin su lugar en el mundo. Esas tierras que la hacían sentir cómoda, feliz, ya no están. Y al momento de narrar esa partecita, sus ojos se colman de tristeza. Dicha mudanza debe haber sido muy difícil y el desarraigo es un vacío inmenso.

La libertad, es otro de los puntos que se resaltan en “Movimiento perpetuo”, produciendo un quiebre en el relato, sorprendiendo con una historia real de su vida, que la marcó y definió como persona bondadosa. La prisión real y la prisión mental son obstrucciones y cadenas por romper.

El movimiento, la sensación de avanzar, de correr, de sentir, de respirar y sonreír; no hay que perderlas jamás.

Su acento yanqui está, pero se esfuerza en disimularlo y mostrar que quiere pertenecer a este lugar. Quizás por un tiempo… eso nunca se sabe con certeza.

Movimiento perpetuo ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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El pecado de amar

El corazon del incauto2

En una zona rural, un matrimonio disfuncional, vive o intenta -al menos- hacerlo. Por el modo en que se tratan, se puede suponer que se trata de un hombre terrateniente y su criada. Corre el año 1900, sin certeza de si comienzos o fines, y la igualdad social no existía, por lo que esta apreciación era una triste realidad.

De repente, el frío comenzó a surgir en la sala como una ráfaga, constante y precisa, de viento. Fue en ese instante que me trasladé a la casa de esta familia. Allí, una mesita con una virgen a la que María (Georgina Rey) le reza a diario para quedar embarazada. Y, en sus cajoncitos, pequeños retazos de telas y puntillas. Este último detalle será el hilo conductor a lo largo de la dramaturgia “El corazón del incauto” (escrita por Sandra Franzen y Patricia Suárez, dirigida por Alejandro Ullúa).

Un melodrama que es drama de por sí, no pudiendo encontrar solución real al conflicto central más que sangre derramada, con tres artistas en escena que podrían prescindir de escenografía por sus convincentes interpretaciones.

Si nos basamos en el amor, explícitamente, podemos decir que no todas las parejas son felices pero que, al menos, lo intentan cuando se acuerdan. Nadie puede, durante mucho tiempo, sostener una mentira o farsa, para sobrevivir y no sufrir.

Como si se tuviera que elegir entre ambas cosas, sin piedad. Pero, ¿qué regla se debe seguir o cuál es la correcta?

Se supone que, en aquella época, había que casarse y la función de la mujer era servir de aparato reproductor lo desee o no. Creo que no se detenían a pensar si la llegada de un hijo se iba a dar en las condiciones adecuadas o si, por el contrario, ese nuevo ser iba a desequilibrar, aún más, el caos familiar.

De a poco, esta desolada mujer que actúa por inercia y fidelidad, se va dando cuenta de quién es su marido Honorio (Mariano Mazzei). Entre ellos solo hay afecto como podría existir entre dos conocidos o personas cercanas. Es increíble el desenvolvimiento de Mazzei, quien oscila entre dos personajes tan opuestos entre sí pero, conectados a la vez. Sin verlo se podría creer que se trata de seres de diferentes mundos.

Hasta la mínima acción de nerviosismo está presente en María, sacudiendo unas mantas, doblándolas, yéndose de la casa, volviendo; desesperándose por lo que no puede modificar en los demás y no pudiendo entender que es ella quien debe cambiar.

Con respecto al vestuario, éste caracteriza a una época rígida, incómoda, asfixiante, sin poder de decisión individual. Cada una de las telas que María cose y cada uno de los vestidos confeccionados para su marido, la entretienen y ponen un velo total en sus ojos. Ella está convencida de que tener un bebé les va a cambiar la vida, pero no le importa su Honorio la ama o le tiene lástima.

Sigo viendo a un amo con su sirvienta, no logro ver a dos amantes anhelando tener un hijo. Sí observo, la desesperación de él por sentir algo, aunque sea parecido a la pasión, ya que su mujer no parece tener ganas de cambiar las cosas entre ellos.

Honorio vive preso de una mujer sin alma. Tan dura como el tronco de un árbol y tan poco conformista como puede serlo un animal.

En este contexto, aparece José (Martín Urbaneja) -uno de los peones del campo- y el único que se mostrará como humano, con debilidades y fortalezas. Él le hará notar a su patrón que el amor es necesario sin importar la condición sexual. Me sigue sorprendiendo su modo de interpretar, cargado de la emoción que va a transitar, sin exagerar, naturalmente, con sus ojos a puntos de explotar por la ira y dolor. Aquí surge la polémica entre lo que se es y lo que se debería ser, como si el sentir algo tuviera forma de cambiarse tan fácilmente.

Asumir sería un camino aunque no está previsto que María lo tome en cuenta. Le interesa más conservar su egoísmo que la felicidad de su compañero, quien ni siquiera cree que tener un hijo sea la salvación de algo.

Un juego incoherente entre este matrimonio será lo único que los mantenga unidos. Esa unión forzosa, incapaz de dar algo bueno y capaz de destruir lo poco que hay.

¿Cuál es el corazón del incauto, o el corazón de por sí es incauto?

Ninguno de los tres personajes usa la razón en su vida y la única mujer presente es cauta por conveniencia y no por convicción.

Tres almas desoladas en medio de La Pampa, queriendo encontrar algo que los motive.

Honorio no tiene relación alguna con el honor así como María con la Virgen. Ninguno de los dos podría encontrar salvación en un Dios ya que su peor pecado es el engaño -a sí mismos y a los demás-.

Mariela Verónica Gagliardi

El corazon incauto ficha

 

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Que el Señor te ayude

El sepelio1

Una misa, a través de la radio, nos envuelve desde el comienzo. Causa gracia, atención y una invitación al mundo del Señor.

No acostumbro leer demasiado la sinopsis de una obra para no verme condicionada en la escritura. Creo, fervientemente, que quienes lo hacen pierden espontaneidad, sentimientos y creación en una propia conclusión.

Quise que «El sepelio» (escrita y dirigida por Heidi Steinhardt) me sorprenda por completo, y así lo hizo. Muy lejos de caer en la obviedad de la muerte, ella configuro unos diálogos fantásticos, llenos de comicidad, humor negro y alegría. Nadie, me incluyo, podía parar de reír y comentar con una palabra -a la persona que tenia al lado- lo que estaba viendo.

Todos, nos sentimos con ese placer único de ver en escena a grandes actores, acompañados por un dirección excelente. No siempre funciona que el creador de una pieza artística pueda dirigir tan bien su propia obra. En este caso Heidi logra el objetivo de mimetizar una historia profunda, sobre la que predomina el humor, pero también la tragedia.

Un escenario muy cargado, con detalles que fueron induciendo, de a poco, a lo fundamental del relato. Por un lado, una mesa que da cuenta de lo importante que es la religión para Zulema (Cristina Maresca). Al centro, una mesa con dulces para apaciguar la amargura de la vida. Hacia el otro lateral, un mueble que no se utilizará más que para sostén de otros objetos.

No hace falta, ni es necesario, que muera alguien para hablar sobre el tema. No hace falta enterrar a un difunto para que surjan determinadas conversaciones.

En esta oportunidad, una madre -ex maestra de colegio-, cita a sus tres hijos: Coyi (Diego Rinaldi), Pedro (Guido Silvestein) y Alfredo (Ariel Mele); para hablarles sobre una cuestión que la tiene preocupada. Pero, en torno a esto, ellos irán sacando de adentro suyo la bronca que tienen hacia ella, siendo que esta madre les dio todo a lo largo de la vida.

Tuve mucha bronca al sentir que no le valoraban nada a esta mujer tan luchadora, que tuvo que hacerse cargo, sola, de sus hijos pequeños. Ella es buena, al igual que sus hijos pero, a lo largo de los años han construido una relación sin respeto en la cual es válido decir lo que sea, aunque con esas palabras se lastime o hiera.

Producto de la necesidad o desesperación, y por comodidad; cada uno de ellos fomentó la dependencia sin evaluar, siquiera por un momento, cuánto los destruiría como familia. Ya son adultos y en vez de valorar a su mamá, la critican y no les interesa estar a su lado.

Ella, por otro lado, tampoco disfruta de sus hijos, a quienes considera fracasados por determinadas evocaciones que va haciendo a lo largo de la dramaturgia.

Este es el claro ejemplo de que se ríe para no llorar. Cuando me di cuenta de que estaba alegrándome, a carcajadas, tomé conciencia de la situación. Son cuatro personajes muy ciclotímicos, que están descriptos de forma exagerada y no tanto.

Un desayuno con una mesa llena de cosas ricas puede ser el plato principal a la angustia. Ninguno de los hombres se comportará como tal sino como niños que no han crecido ni madurado.

¿Puede ser el dinero lo único que los una? Ella no es rica, ni tiene demasiado pero la sola suposición de que es una persona grande, quizás, les dé la esperanza de quedarse con algo.

¿Existe la posibilidad de que sea ella la que trame un plan?

Durante el avance de la historia se oscilara entre estas dos cuestiones, lo que harán que la pieza teatral sea atrapante en todo momento.

Lo más evidente puede resultar menos real y viceversa.

Zulema es una mujer desesperada que antepondrá sus intereses ante todo. Tres hijos, supuestos herederos, que se confabularán en contra de su progenitora por no conseguir lo que desean.

¿Qué desean?

Sus rostros solo reflejan maldad, egoísmo, odio, pena y asco por los demás, resentimiento. Solo se unen para sentirse con más fuerzas y derribar al más débil. Lo que jamás se imaginan es que la persona más débil los necesita y que cualquier indicio que crean tener, los hará equivocarse.

Quizás nunca se enteren de la verdad pero, lo interesante, es ver el desenlace y ese teléfono que será el objeto fundamental para el mismo.

«El sepelio» los lleva de viaje a un territorio oscuro, gris, pesado y tenebroso, donde tendrán que enterrar el pasado para siempre o elegir con qué quedarse.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Danzas combinadas y sensibilidad extrema

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El tango en todo su esplendor, de la ribera rioplatense, nuestro y de quien se lo quiera apropiar, de quien se sienta orgulloso de este estilo de música tan terrestre, melancólico y portador de tantas sensaciones únicas, al mismo tiempo. Nuestro tango le da la oportunidad, al Ballet contemporáneo del Teatro San Martin -a través de «Las cuatro estaciones porteñas»-, de mostrar otra vertiente de una de las danzas que más nos identifica como sociedad.

Si Vivaldi hizo posible que los bailarines protagonicen sus partituras, Astor Piazzola,  también. La gran y notable diferencia es que Las cuatro estaciones de Vivaldi fueron escritas en conjunto, mientras las de Piazzolla, no. Si bien las últimas se tomaron su tiempo para salir a la luz en forma completa, el autor no solía tocar las cuatro canciones juntas, sino de manera separada.

Mauricio Wainrot (actual director del ballet), vuelve a estrenar dos pequeñas puestas en escena, las cuales nos remontan a diferentes países, momentos y siglos pero que tienen en común la violencia vigente de aquel entonces.

En plena dictadura militar, el gran compositor argentino, escribe esta música tan desgarradora, pegadiza e imposible de no recordar. Pero, Wainrot recién en el año 97 monta por primera vez la pieza teatral. Hoy, regresa a la cartelera porteña Estaciones porteñas y, durante media hora, se podrá ver cómo un grupo de bailarines logran crear escenas diferentes, grupales, de a pares, de hombres por un lado y mujeres por el otro; destacando a ciertas figuras por sobre las demás, esbozando sonrisas de alegría por semejante oportunidad.

En lo particular, considero a Piazzolla un músico bastante reiterativo, sin desmerecer sus melodías. Lo cierto es que al oír un fragmento de alguna de sus canciones y ese tradicional bandoneón, ya sabemos que se trata de él y si bien es algo positivo poder reconocer a un autor, también se tornan reincidentes los acordes conseguidos. Por ello, me parece muy valioso poder disfrutar de la combinación de su música con un ballet profesional, recopilando nuevas vibraciones en el cuerpo.

Al mencionar que Piazzolla es el anti-tango podría ganarme cientos de enemigos pero, la verdad es que quien disfrute de bailar en una milonga, no podrá hacerlo demasiado de sus canciones. Danzar tango y ver tango, en este caso no van de la mano.

Los 30 minutos son suficientes para comprender el camino recorrido por estos intérpretes que se esmeran en transmitir su alegría y movimientos. Me resulta difícil sentir que un ballet se mueve al compás del 2×4, aunque Ástor Piazzolla les calza perfecto para girar, moverse lentamente, parar,  mirarse y enlazar lo clásico con lo contemporáneo.

Al finalizar esta primera parte del programa, comenzó una dramatización de teatro-danza titulada Anne Frank (la misma fue anne frank1estrenada en 1982). Ya con solo observar el vestuario, la escenografía y música; logré emocionarme y angustiarme tanto, que disfruté completamente de la velada.

Una Ana Frank, tan virtuosa, delicada, única; reproduciendo una de las peores tragedias contra los judíos. Una niña que anotaba cada situación, mal momento y pequeña felicidad en su cuaderno. Ese cuaderno que se convirtió, con el paso del tiempo, en un documento histórico, tan valioso, sentimental y agradable a los ojos. Esos ojos que se llenan de sangre al comprender cada una de las persecuciones que sufrió una de las tantas familias, solo porque un insano, demente y perverso hombre así lo quiso.

En este caso, los 45 minutos transcurrieron tan rápido como sus vidas en esta tierra.

Cabe mencionar que esta obra se estrenó en 1984, ya recuperada la Democracia en Argentina el año anterior pero, aun padeciendo, los infortunios y muertes inocentes.

Me parece excelente la puesta en escena así como cada sonido reproducido para marcar una pisada militar, un bastonazo, un cuerpo muerto desvaneciéndose, el atosigamiento de los nazis y el poder impuesto, marchando en busca de más víctimas.

Sentí muy espontáneo cada cuadro de baile surgido en la historia, sin producir una imposición forzada entre una y otra disciplina.

Es, realmente, una combinación exquisita, la conseguida por Wainrot, dentro de la que puede verse a un elenco de gran nivel, actuando -sin exageraciones- la persecución nazi.

Siempre se trata de una ideología que intenta predominar por sobre otras, de fuerzas que abaten a otros humanos que no son iguales, de los más débiles mentales que aniquilan a los más fuertes en pensamiento.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La oportunidad de vivir con la esperanza de morir

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“Tiernas criaturas” (de Gonzalo Senestrari, dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y Gonzalo Senestrari), es una obra de teatro del género comedia dramática, dentro de la que se pueden vivenciar distintas sensaciones y momentos para reflexionar. Un ex matrimonio convive en la misma casa, en determinado momento los hijos de ambos también y la pareja hombre del padre, también. Lo que parece complicado en estos términos, no lo es.

Ya forma parte de la vida contemporánea, la diversidad en los géneros, en las elecciones y en los gustos. Sucede que los conflictos no se centran en esto sino en el autoconocimiento, en la búsqueda interior y en el camino elegido para recorrer y transitar.

Todos los artistas brindan su potencial característico en escena y logran conmovernos. Por otro lado, el lugar en que se desarrolla toda la historia es una casa como cualquier otra y la única habitación que vemos es un dormitorio. Allí ocurrirá cada momento destacado de la dramaturgia, cada encuentro y desencuentro, cada alegría y tristeza.

Lo más interesante es el modo de narrar, el cual se va construyendo de a poco, sin atosigarnos con emociones. Por un lado, existen las sustancias “prohibidas”, mostradas -no para cancherear sino- para expresarse, alucinar, encontrar un cable a tierra, huir de momentos que no logran atravesar, sea por dolor o cobardía. De esta manera, cada vez que aparezca una escena de esta índole, los cuerpos comenzarán a desplegarse, a sentir, a reconocerse -como flotando en el aire, sin tenerle temor a nada ni nadie-. Un punto a resaltar es el de la música, al compás de los movimientos y viceversa, resultando muy agradable a la vista y audición, tal representación.

Por otro lado, existirán momentos súper agradables, amenos y cómicos; descontracturantes de la tensión que reinará en la morada. Cinco criaturas, adultas y jóvenes, en busca de algo especial que ni siquiera conocen. Ellos se observarán con un dejo de melancolía, sin dejar de lado los problemas familiares que no son, al fin y al cabo, tan graves.

Un abrazo a tiempo, una sonrisa como apoyo y las palabras precisas en el momento justo; conseguirán el milagro de darle una caricia a aquel que lo necesita.

¿Quién dijo que mentir, siempre está mal?

Si es para hacer feliz a alguien que está demasiado golpeado por su pasado, ¿es incorrecto?

No te mates de nuevo, no te mates otra vez – se escuchará durante la obra. Ese mecanismo que utiliza uno de los personajes para desaparecer cuando está en aprietos, llegará a su fin cuando otro muera. Sus dedos se juntarán para conformar un revólver y quedar tirado en la cama. Luego, alguien lo despertará o resucitará. Aunque, cuando se cansen de verlo reproducir siempre la misma secuencia, intervendrán para ayudarlo a sanar.

Claro que al encontrar lo que vino a buscar a la casa de su padre, se encontrará con que eso era una excusa. Al llegar al desenlace se podrá comprender que el amor es lo único importante y lo que los salva de cualquier tragedia, desazón y depresión a lo largo de los días.

Siempre, antes y después, cada uno elegirá su camino que podrá ser solo o acompañado -de acuerdo a la progresión que alcancen-.

Tiernas criaturas te enfrenta con el dolor de la muerte, pero también de la vida. Quien muere, quizás pretendía seguir vivo y quien vive, tal vez, pretendía fallecer. Las contradicciones del ser humano estarán presentes así como la oportunidad, única, de encontrar un motivo para existir.

Tarde o temprano, estos sensibles personajes, se irán; dejándonos solos, con nuestras almas y desprovistos de fórmulas para hallar lo que anhelamos.

Tiernas criaturas ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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