*** Julio 2017 ***

Idénticos II

Hace 14 años que existe el ciclo Teatro x la identidad, una propuesta que incluye al arte como motor de búsqueda. Milagrosamente, los nietos siguen apareciendo, de a poco, con mucha fuerza, trabajo por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo y de diferentes organizaciones sin fines de lucro que desean, fervientemente, reconstruir la Argentina, sin vestigios de sangre y tortura.

Creo, realmente, que siempre que exista un Estado comprometido, todo resultará más noble y esperanzador. En esta oportunidad, desde el 17 y hasta el 28 del corriente mes se pudieron disfrutar de diversas obras de teatro, vinculadas de alguna manera con la desaparición, la tortura, el dolor y la nostalgia.

Hoy, a un día de finalizar TXI, la pieza teatral “Idénticos II”, demostró cómo trece voces diferentes, pueden esbozar preocupaciones, tristezas, alegrías y convicciones. Estas últimas son las principales para recorrer un camino. No importa cuál sea, pero sí que el deseo y compromiso existan como tales.

Algo idéntico se relaciona con lo parecido, con lo similar, con algo exactamente igual. Sin embargo, la identidad (a pesar de relacionarse con dicho término), no es la misma para una u otra persona. Varía, somos diferentes unos a otros pero, a la vez, semejantes.

A veces pienso qué podrá sentir un hijo adoptado, cómo logrará escribir su pasado e historia sin datos reales, concisos. Sin conocer, en muchas ocasiones, a sus progenitores. Qué necesario resulta saber de dónde venimos, para conocer nuestro destino. No siempre es posible pero se debe hacer… debemos hacer hasta lo imposible para acercarnos a la verdad y ayudar al resto a que lo hagan.

Un hijo profanado, utilizado, escondido, ganado, robado; no suele tener la oportunidad de saber quien es.

Idénticos II, hace un recorrido por la vida misma, permitiendo que cada voz sea un monólogo, acompañado de la música a cargo del pianista Martín Pavlovsky, quien denotará un aire melancólico durante cada melodía.

Realmente, los artistas mostraron un compromiso increíble, teniendo un espacio para hacer lo que aman y siendo, a la vez, solidarios con los olvidados.

Las exposiciones fueron muy diferentes en estilos y guiones, conformando un espectáculo bien amplio, tan amplio y diverso como las personalidades, los rasgos y temperamentos. Claro que, siempre, sentiremos afinidad o conexión con alguno en particular por una razón en especial.

La sala Martín Coronado del Teatro San Martín, se convirtió en el lugar para predicar por los que no tienen posibilidad de hacerlo, para pedir por favor unión a pesar de las diferencias.

Tener la oportunidad de ver, gratis, a actores de la talla de: Gonzalo Urtizberea, Manuel Vicente, Lidia Catalano, Virginia Innocenti, entre algunos de los presentes; no se da a diario y es importante valorarla.

Monólogos para reír como el de un hombre sosteniendo su propio hígado, incómodamente; situaciones como la del nadador intentando hacer lo que teme, una mujer de la alta sociedad sintiendo repugnancia por los de menor condición que ella; un joven dando un discurso reiterativo y eficaz; y todo tipo de verdad puesta en escena para que seamos partícipes activos.

La búsqueda del pasado continúa, se realza y el texto de Pablo Iglesias “Todos los ojos en el mar”, cobra vida, se somete a las miradas y calla. Lidia Catalano es su intérprete y, debo asumir, que fue la performance más relacionada con la temática del Festival. Una madre que busca, camina, recorre y se desespera, nos alumbra con su linterna, alumbra las aguas, el mar. Desespera el tan solo saber que estuvo sola, sin apoyo, con desgracias, penurias y todo el frío desolador que puede atravesar una persona al perder a su hijo.

En cierta ocasión, se pregunta y le pregunta a los responsables si ella sola se tiene que encargar de encontrarlo. No son demasiadas las reflexiones verbales que emite. Basta con su presencia, su rostro hundido en el dolor y esa luz blanca que pretende hallar una huella, algún dato de su hijo.

Catalano e Iglesias supieron aliarse para buscar, solos o acompañados, a los que ya no están. Tuvieron la valentía de ser claros y concisos, clavando una el interrogante de cómo continuar avanzando. Cada quien es cada cual y cada quien ocupa un lugar determinado.

Como monólogo totalmente opuesto en cuanto a la forma, estuvo el de Villanueva Cosse. Un científico que se replantea la constitución de la materia y los átomos, llegando a la conclusión de que el humano es una parte ínfima en el universo. Su clase de física logró plasmar términos intangibles con la propia desesperación del hombre.

Mientras Mauricio Kartún, Lucas Lagré, Pablo Iglesias, Mariano Saba, Patricio Abadi y el resto de los autores continúen escribiendo con su pluma estas obras, la realidad se volverá más palpable y visible. Ya las cataratas sanarán al igual que las heridas del olvido.

TXI ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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