*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para 2015

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Existe un mundo sin wifi

Desenchufados

Es cierto que los tiempos cambian, pero, no necesariamente el pasado fue mejor. Los años hacen que, a la distancia, lo de antes se convierta en un ilusionismo en que lo malo desaparece y le da lugar a lo bueno. Como si el paso del tiempo se esfumara y disolviera aquellos pesares o disgustos.

Quienes nacimos antes podremos hacer un balance, en cuanto a entretenimientos, que las generaciones de ahora no podrán.

Recuerdo que en mi niñez si me nombran el juego de la payana, me sonaba a retrógrado y aburrido. Al igual que a un chico contemporáneo si se le menciona cuán divertido puede resultar jugar a la pelota en la vereda irá corriendo con su videojuego último modelo.

Lo que en su momento fue furor (recuerdo la mascota tamagochi a la que había que atender como si fuera un bebé) ya no lo es. Las comunicaciones se enfriaron en líneas generales, hablar por teléfono fijo casi no se estila y verse, es a través de una pantalla de videocámara.

Esta era en que la tecnología ha hecho sus avances, la especie humana dejó de comportarse como tal, para asemejarse más a un aparato.

¿Cuántos niños, hoy en día, redactan cartas y las envían por correo?

No soy tan antigua y, sin embargo, la Times New Roman es conocida y adoptada por todos, sin existir diferencias en cuanto a caligrafía. ¿Cartas de amor?

Si hasta las escuelas incorporaron, de a poco, la computación para no dejar a nadie al margen, permitiendo escribir en computadoras portátiles.

Todo en su justa medida. Una cosa es incluir y otra diferente provocar adicción o trastornos de dependencia.

Wifi Fest, La fiesta desenchufada (de la Compañía Desenchufados) es una suerte de cable a tierra, una mirada introspectiva y un tirón de orejas para los adultos presentes que -muchas veces- prefieren darles una tablet a sus hijos para sacárselos de encima.

A partir de un corte de luz, un grupo de amigos tiene que rebuscárselas para divertirse, prescindiendo de internet. Recordando que existen los libros de papel, se leen unos a otros diferentes historias, inventan personajes y convierten una tarde en pura música.

Además de ser una obra muy entretenida y llena de color, los artistas apoyan sus destrezas en la percusión -utilizando objetos reciclables como tachos de residuos, bidones de agua, ollas y coladores, entre algunos de los que aparecen en escena-.

Valiéndose de la imaginación, un ruido lo convierten en sonido y, de a poco, los juegos se van desarrollando hasta llamar la atención de todos los espectadores.

El único aspecto que quisiera subrayar es que no se canta en vivo, lo cual es notorio porque sí hablan durante las escenas y existe una gran diferencia vocal entre sonidos grabados e interpretados en el momento. Existen, de hecho, varios elencos que, por diversas razones, eligen hacer playback.

Dejando de lado esto, considero que es una propuesta que le enseña a toda la familia cómo entretenerse ante situaciones inesperadas, permitiendo disfrutar sin depender de la tecnología.

Agradables melodías acompañan el desarrollo de esta dramaturgia que hace participar al público en un momento determinado, siguiendo las instrucciones del grupo.

Marta Mediavilla es quien más sobresale en esta fiesta con una sonrisa contagiosa. Su carisma es inigualable y su arte se evidencia hasta en el modo de tomar los palillos de percusión.

El estallido final se da con la aparición de las boleadoras que se lucen con algunas figuras sencillas pero que provocan impacto visual.

Wifi Fest es una alternativa al zonambulismo cibernético y un aprendizaje musical económico. Ahora muchos niños irán corriendo a agarrar las ollas de la cocina o el cesto de basura sin pedir permiso. Todo en su justo equilibrio y, ¡las Essen no las toquen!

Guión y dirección artística: Ariadna Faerstein, Flor Yadid. Composición musical: Lucas Fridman. Elenco: Gastón Urbano, Marta Mediavilla, Martin Goldber, Brico Spoliansky, Melina Peregal, Tini Santamaria, Nacho Zabala.

Mariela Verónica Gagliardi

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Saltando más que nunca

Adriana7

Los niños no deberían conocer de problemas legales ni de cuestiones internas entre autores, intérpretes, etcétera. Pero, lo cierto es que hace varios años que la conductora infantil Adriana, no puede cantar la canción del Sapo Pepe. Sí, aquella que convirtió al anfibio verde en protagonista de fiestas, cumpleaños y celebraciones de los más chiquitos. Ese sapo que era un sapo y que la conductora, con su calidez y don de artista tocó con la varita mágica.

Por tal motivo, Adriana consiguió dotar a un nuevo animalito, que tiene las mismas características que el original, y bautizarlo como Poing Poing. De hecho, este nombre le da la característica de saltarín y, todos, realmente todos, relacionamos a ambos personajes con Pepe. Si bien Pepe fue privado de su libertad escénica -junto a la carismática Adriana-, su reemplazo no se nota entre niños y adultos.

Un Teatro Astral, lleno totalmente, hospeda a muchísimas familias que están felices de llevar a los chiquitos como excuso para presenciar este espectáculo. Es un show de colores, con muchos personajes atractivos y simpáticos que irán preparando el cumpleaños del Sapo Poing Poing. Timoteo, Lolo, Michu, Pimpón, Armando, Cholito, Lulú y Pepa serán los encargados de homenajear a su amigo y, hasta que llegue ese momento tan ansiado, nos irán divirtiendo con diversas canciones y coreografías.

Entre cumbias y diversos ritmos musicales, cada personaje tendrá su momento para darse a conocer, lo que permite aunar al público (consiguiendo nuevos seguidores y pintándoles sonrisas a los mismos de siempre).

¿Los adultos? Sí, realmente fascinados, moviéndose y cantando todos los estribillos. Participando en todo cuanto Adriana proponía. Es que cuando un show está bien hecho, con mucho amor y dedicación, sucede esto. Máxima felicidad de todos, y mientras estoy en el palco observo a una pareja de abuelitos que junto a su nieta, están contentos, admirando todo.

Lugar para el que miro, encuentro acción y clima festivo.

Entre tantas gamas de colores, formas, escenografías y estilos rítmicos, todo se desarrolla placenteramente.

Mientras tanto, envidias infundadas y mercenarias pretenden apropiarse del fruto de trabajo de esta educadora que no solo hace pasar un grato momento sino enseñar valores, tantas veces olvidados o perdidos en nuestra sociedad.

Las cartas documentos, los reclamos y todo daño a la imagen de Adriana, jamás podrán quitarle su lugar. Sabemos que la justicia no siempre es justa, pero quién más que los chicos para defender a la indiscutible madre de Pepe.

Mientras su papá, toca una canción en el teclado, ella lo acompaña cantándola y la celebración de Poing Poing no tarda en llegar.

Una verdadera fiesta que alegra a todos los corazones.

El sapo de los chicos salta en su lugar,

salta hacia delante,

salta para atrás.

Salta de costado,

para los dos lados,

este baile sí te va a gustar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Latina hasta en el alma

Como tu vida, también la mía

Una actriz llamada Frida León Beraud nos invita a pasar a la sala del Teatro Moscú, como si fuera su casa. Con una sonrisa, nos pregunta si tuvimos que viajar mucho para llegar, qué transporte utilizamos, etcétera.

Como tu vida, también la mía (escrita y protagonizada Frida León Beraud, y dirigida por Francisco Lumerman) es un recorrido por la vida de ella, un unipersonal que necesita serlo para mostrar y dar a conocer quién es Frida, cómo fue su transición hasta convertirse en actriz y cómo encontró su lugar en el mundo de alguna manera.

Su vida intenta ser un reflejo de la nuestro, invitándonos -como al inicio de la obra- a un espacio en el que tiene todo para que nos sintamos identificados.

Ella no habla solamente sino que utiliza música, títeres, videos y dibujos para que entendamos su vida, su universo personal y, la necesidad que tiene por atravesar diferentes lugares llevando su historia.

Un árbol genealógico es representado, imaginariamente, y cada uno de los miembros familiares descriptos. ¿Por qué interesa tanto una vida ajena?

Es el modo en que se representa cada partecita, cada momento importante, cada meta cumplida y cada recuerdo de la niñez guardado en el corazón. Este conjunto de vivencias todos las tenemos. Quizás similares, quizás opuestas, quizás diferentes… pero existen en cada humano y es ello lo que permite que querramos presenciar esta puesta en escena que tiene en su piso un mapa con un trazado, con líneas que envuelven a Frida en su propio mundo -el cual ya no precisa de divisiones geográficas-.

Con sus rulos despeinados, atados, prolijos o desprolijos; está parada, está en movimiento, está. Su presencia alegra y conmueve. No se puede explicar la sonrisa que, a todos, nos surge espontáneamente sin pensarla siquiera.

Un libro en movimiento, me recuerda a mi infancia. Me quedo en las anécdotas y siento que soy egoísta por pensar en mí en vez de en ella. Luego, me doy cuenta de que eso es Como tu vida, también la mía: identificación, proyección, enlaces.

De repente, la tía Doris se hace presente en un títere de mano muy bien confeccionado e interpretado. Los diálogos entre ella y su sobrina van atravesando diferentes momentos cotidianos y sus aventuras, las voces nos ubican en tiempo y espacio, no siendo indispensable nada más.

Frida, como directora de su propia obra, decide en qué momento subir la música, cuando silenciar el espacio, cómo hacer que quede todo improvisado sin ser demasiado así. Esta puesta es responsabilidad de Lumerman que hace que su figura no quede en el centro de acción, que la actriz se luzca, que todo parezca fabricado en el momento y la emoción aflore de nuestros poros. Es que cuando algo es real o lo parece, no existe el pensar cómo recibirá el público la propuesta. La propuesta abraza las butacas, con un manto de arte en el que todo se vuelve sentimiento-.

Suiza y Argentina parecen estar unidas por las diferencias. La prolijidad y la estructura parecen “enfrentarse” a nuestro país que por momentos debería tener un horizonte más fijo. Sin embargo, allá y acá el teatro es un puente por el que atravesar la vida, un modo de comunicación, una aventura, excusa y propósito para contar la niñez, para sonreír por cosas que ya no causan gracia y para intentar recuperar la alegría por lo más pequeño.

Eso es esta dramaturgia: una aventura por la vida, por espacios tapados por el polvo de los años, un intento por recuperar el tiempo perdido y la calidez de una mujer que da ese aliento en que se siente que nada está perdido. Que siempre hay fuerzas para seguir, proyectos por los que soñar y causas por las que luchar.

Como tu vida, también la mía tuvo que adaptarse a todo tipo de público para presentarse en el festival Theatre Shpektakel de Zurich y así quedó este formato adorado por grandes y chicos, por diferentes clases sociales que buscan su lugar en el mundo. En aquel mundo que gira, que Mafalda observa con tanto detenimiento y que todos los que ya fuimos pequeños anhelamos sea parte de nuestro diario de vida.

Ficha artístico-técnica
Idea, actuación y textos: Frida León Beraud. Dalang Puppencompany (Suiza), Dirección: Francisco Lumerman. Dramaturgia y traducción al alemán: Trix Bühler – Música: Simon Hostettler. Vídeo: Pablo Rodríguez Pandolfi – Folioscópio y dibujos: Basil Vogt – Diseño de luces: Ricardo Sica. Producción en Buenos Aires: Felicitas Luna. Asistencia técnica y de dirección: Ignacio Gracia. Vestuario: Fabiana Berghole. Producción en Suiza: Cristina Achermann

Mariela Verónica Gagliardi

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Los ochenta del musical

Sr. Imaginación

Hay espectáculos para niños que, muchas veces, pretenden replicar ciertos programas televisivos o películas de Disney, montando obras de bajo presupuesto y, dejando relucir que no se puede aspirar a aquello que no se tiene con qué. Y haciendo hincapié en este cuestión, no me refiero solamente a un tema económico sino al despliegue y creatividad que debe tener una obra para lo más chiquitos, a quienes se sigue subestimando.

Estas vacaciones de invierno, las princesas volvieron a escena y, por suerte, varios productores y directores apostaron por explorar diferentes historias que despierten en los niños la curiosidad y las ganas por encontrarse a sí mismos en momentos de aburrimiento total.

Sr. Imaginación (escrita y dirigida por Pablo Gorlero) es una excelente propuesta para compartir en familia. Y, por qué digo esto. Porque es uno de los periodistas de teatro que más conoce de musicales y que consiguió armar su propio espectáculo rescatando las canciones que escuchábamos -nosotros los adultos- de pequeños.

Así, María Elena Walsh, Gabi, Fofó y Miliki, Pipo Pescador, Julieta Magaña, el Topo Gigio, Enrique y Ana, Flavia Palmiero, Cantaniño, entre algunos de los que suenan en escena; permitirán que la cultura no se ahogue en aguas turbias y comerciales.

Elis (Elis García), Magalí (Magalí Sánchez Alleno) y Florencia (Florencia Benítez) son hermanas y tienen dos problemas: uno es que se tienen que mudar y, la otra, que al crecer olvidar ciertas cosas importantes.

Los recuerdos no tardarán en llegar y cada juguete, objeto y canción las trasladarán a aquellos años en que la magia se apoderaba de sus risas. Para ello una voz del más allá (Sr. Imaginación) las guiará por un sendero de luz en el que deberán confiar en sí mismas para encontrar su corazoncito infantil, aquel que las hará saltar nuevamente a la soga, al elástico, encontrar un cassette, la pepona gigante y llegar a la conclusión de que en verdad la música es la única encargada de despertarles esa melancolía por el pasado en que fueron tan felices y puedan recuperar lo que creían olvidado.

Durante el recorrido por este mundo mágico y asombro también tendrán la oportunidad de conocer a un superhéroe que es más bien un antihéroe, aunque luce como el primero con su capa. Él es Pablo Graib, quien se unirá a las tres jóvenes para entonar los versos más bonitos de la infancia. Quizás, los niños de ahora no tengan la posibilidad de conocerlos en su totalidad (eso dependerá de sus padres y entorno), entonces esta obra cobra, aún, más importancia ya que les permite escuchar una música que en los 80´ y 90´ desfilaba por todos los hogares, siendo la protagonista de nuestros primeros pasos en la vida.

Canciones para dormir, para saltar, para conocerse, para ser feliz. Canciones para todo y todos. Canciones populares y creadas para artistas de verdad que buscaban quedar en el imaginario social y colectivo. Canciones que buscaban unirnos y enseñarnos dónde se encontraba la felicidad. Canciones sin insultos ni degradaciones, ni bajezas.

Toda la historia sigue su recorrido hacia el pasado, enamorándose, conociéndose, jugando y representando situaciones hasta que aparece Aberdinangus (Facundo Magrane), un peculiar y encantador personaje que les recuerda un aspecto importante de la vida: el de no discrminar al diferente.

Juntos, con un vestuario lleno de colores -estilo vintage-, con una puesta en escena también en diferentes tonalidades y una iluminación que, en conjunto, cumple un papel fundamental en la obra; se consigue un producto novedoso, atractivo y en el que los artistas incluyen a los niños, haciéndolos partícipes del espectáculo. ¡Y qué importante que es esto! Que bailen juntos, que se conozcan, que bajen del escenario para cortar, al menos por un momento, la distancia que los separa.

Los cinco actores del musical tienen realmente destreza para las tres disciplinas y esto tiene un valor agregado. Cantan en vivo, bailan en vivo y actúan en vivo. Así debe ser una comedia musical que pretende ser mencionada como tal.

Gorlero merece una felicitación por llevar al Teatro Astral este colectivo de melodías que todo adulto de al menos treinta años conoce y desea, al menos durante una tarde, revivir.

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo que no se dice no existe

La dificultad

El estilo de escritura de Patricia Suárez tiene algo especial. Es su manera de describir situaciones y lugares de tal forma que el suspenso se apodera de la trama, dándole rienda suelta.

En este caso, el desafío es doblemente interesante ya que Gustavo Pardi se suma como director de la obra La dificultad.

Tal como su nombre lo indica, la historia está referida a dificultades, a obstáculos, a silencios y a secretos de una familia. La dramaturgia de Patricia Suárez está basada en la familia Sassia y, a partir de ésta, se va gestando un universo ficcionado.

Se puede ver a tres hermanos (interpretados por Guillermo Tassara, Josefina Vitón y Hernán Vázquez) que se juntan para hablar del pasado y presente. Estos actores consiguen encarnar a tres individuos muy bien caracterizados, sólidos y con detalles que conservan durante toda la historia dramática.

Una ambientación de los años cincuenta, da lugar al desarrollo de diversos acontecimientos que irán ocurriendo y entrelazándose entre sí, hasta hacernos comprender que todo, absolutamente todo en sus vidas, es una dificultad.

Los pajaritos enjaulados representan al encierro de esta familia acomodada -que vive en una zona campestre- y que se expresa con un lenguaje de la época.

Cada hermano tiene un rasgo particular, un modo de expresarse, de vestir; aunque la oscuridad y el dolor los une completamente. Ellos están ahí, hablando, mientras el tiempo pasa, mientras sus padres están -aunque en ningún momento los vemos-, y mientras los obstáculos no dejan fluir las energías.

Todo el aire que se respira es denso, pesado y dificulta el desarrollo de sus personalidades, las cuales están estancadas hace tiempo. Como si fueran niños en cuerpos de adultos, imposibilitados de ver la realidad y lo que sucede. Existe un secreto que se nos cuenta solo en parte y, eso, es lo que más atrapa, además del modo en que dialogan.

Una madre enferma, atada en su propio cuarto. Su marido anciano, al igual que ella, pero que no sufre de nada. Un matrimonio que desearíamos ver y que diga algo, al menos una palabra. Pero esto no ocurrirá ya que la familia Sassia no se daba a conocer, por lo tanto, esta historia es solo un fragmento de lo oculto.

La tartamudez los une a dos de ellos, como si se tratara de un mal diabólico sin cura alguna. Una risa, desenfrenada, caracteriza al otro, y, así, los tres son mostrados como discapacitados sociales.

Costumbres muy conservadores, fuera de las cuales todo es mal visto, tildado de rebeldía y considerado como mal hábito. Un pasado que trae a colación todo lo incorrecto, lo triste y la dependencia.

Una casa que absorbe a sus integrantes sin dejarlos libres para que busquen su camino. Una bruma pesada que los obliga a quedar paralizados, esperando el peor desenlace que ni siquiera saben cómo será.

“La dificultad” permite que nuestra imaginación vuele del mismo modo que al leer un libro. Podrían haber develado el misterio o armado la trama de tal forma que no tengamos que suponer lo que no se ve o no se narra. Sin embargo, tanto la autora como el director, mantienen el suspenso y así consiguen asombrarnos.

Una madre muda, por no poder expresarse seguramente como quisiera, y privada de su libertad. Un pueblo situado en la provincia de Santa Fe que aloja a estos personajes que, por momentos, parecieran enloquecer o perder la cordura. Como si ya todo estuviera perdido y no supieran qué hacer para traer un viento de cambio favorable.

Con respecto a la puesta en escena, Pardi consigue un ritmo lento y preciso, como la historia en sí; que junto a la iluminación le otorgan tensión e intriga, constantemente. A su vez, la sala 3 del Teatro La Comedia es el lugar ideal para ambientar la morada de esta familia, con sus puertas antiguas y cada detalle que pareciera ideado especialmente para esta dramaturgia.

Cuando termina la función, me acerco al director y lo felicito por todo. Él, humildemente como siempre, me dice: con actores así es fácil. Y, agrego: esta historia sin un buen director se cae.

Esta es la dificultad de la presente pieza artística: su redundancia, sus matices, su modo de explicar y de argumentar. La rutina de los personajes, de cómo le hablan a quien sabe no responderá por diversos factores, y la necesidad de proyectar sus disgustos o miserias en un otro. Inclusive hasta en un pajarito.

La libertad puede llegar, podría. Solo es cuestión de tiempo y de valentía.

Funciones: jueves 21 hs. Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

El silencio como trama sonora

Humanidad

Principios del Siglo XIX y principios del Siglo XXI, son épocas realmente distantes y, sin embargo, con varios aspectos en común.

Por un lado, Charles Chaplin, por el 1910 comenzó a filmar su personaje de vagabundo en el cine mudo. Dicho vagabundo no era un personaje de la ficción sino un hombre que precisaba describir la realidad en que vivía, resaltando conflictos de la sociedad tanto inglesa como estadounidense. Llegada la Primera Guerra Mundial, el mundo sigue resquebrajándose y, si bien actualmente no podemos decir que estemos en guerra propiamente dicha; sí existen muchísimos temas que enfrentan a la sociedad. La intolerancia ha llegado a su punto cúlmine.

Por otro lado, tenemos a Jorge Costa quien interpreta desde el año 2009 a este personaje de Chaplin, manteniendo los aspectos más trascendentes de su estilo y obra.

Humanidad (escrita, protagonizada y dirigida por Jorge Costa) es el título de esta dramaturgia que se revuelca en las miserias más gigantes del hombre citadino. Para ello se vale de una escenografía compuesta por productos de consumo masivo (y de primeras marcas), bolsas de residuos, ciertos objetos que servirán para describir situaciones de tensión y un vestuario sumamente coherente con lo que se pretende narrar.

Existen muchas cuestiones a resaltar en esta obra y comenzaré por su nombre. Humanidad se divide en dos, al igual que nuestra sociedad argentina. De un lado están los humanos, con valores, códigos y que sienten amor por un semejante -pertenezca este a su familia o no-; y, del otro lado, se encuentran los desposeídos de corazón y sentimientos, aquellos que pretenden discriminar a quien no es exactamente igual.

Humanidad es un grito al cielo y a la vida, que pide por los que menos tienen, por aquellas almas que comen las sobras de quienes tienen y derrochan. Es un pedido, no de caridad, sino de conciencia, de entender que mientras uno consume de más, hay otro que ni siquiera tendrá un pedazo de pan duro.

El lenguaje corporal tanto de Jorge Costa como de Julia Muzio, es sensible, perfecto, conmovedor y profundo. Con o sin máscaras, ellos interpretan a dos personajes que viven en la calle y que tienen búsquedas diferentes. Ella, busca a su hijo y, él, busca respuestas, busca trabajo, busca algo. Ambas búsquedas se unen y confluyen, espontáneamente, haciendo coincidir sus sentimientos.

Una música muy amena, que le otorga agilidad a la pieza artística en todo momento, irá cambiando sus melodías, haciendo pausas y continuando por el sendero escogido por este Chaplin que tiene que poner orden en el mundo capitalista para que las cosas sean un poquito más justas.

En el universo de este personaje, tan encantador, la justicia se compone de humildad y buenos sentimientos. Y, en el universo de las marcas, todo es poder, todo es tener sin saber para qué.

Así, se enfrentan, nuevamente, dos paradigmas que confunden a sus habitantes. Por un lado, la sociedad de consumo que expone en sus góndolas lo que se tiene que adquirir (sin cuestionarse por qué ni para qué) y, por el otro, los residuos que dejan aquellos que pueden comprar todo lo que se les muestra.

Pareciera ser que siempre será así: comer la basura de los ricos, nutrirse de tóxicos que éstos dejan. Y, ¿por qué? La limosna adquirida no es la deseada. Este no es el camino. Una enfermedad que aqueja y precisa dinero para ser curada. ¿Y los hospitales públicos? Al extremo, se muestra cómo cierran sus puertas a los pobres y las mantienen abiertas para los ostentosos. La alfombra roja es puesta a éstos últimos, sin importar que una anciana fallezca o deba sufrir a más no poder.

El poder está en la figura de un policía, en el tapado de piel de una mujer de la alta sociedad, en el cariño de un abrazo contenedor y en la posibilidad de cambiar.

Humanidad atociga con imágenes, con videos en blanco y negro, con el cuerpo de una vedette que seduce y corrompe; y con todo lo que se conoce y no se consigue desplazar.

¿Ser humano es sinónimo de humanidad?

De repente, un globo gigante, color celeste intenso, aparece en escena. Es una esfera, es nuestro mundo en manos de este vagabundo desplazado, marginado y que, sin embargo, logra poseerlo, introducirse en él y caminarlo a su gusto.

Las funciones son los domingos 19 hs en Pan y Arte.

Mariela Verónica Gagliardi

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La ternura de crear

Cinco pal peso

Se dice que el que busca encuentra, y si hay algo que me caracteriza es la investigación e indagación acerca de un tema en particular.

A lo largo del 11° Festival de Teatro de Rafaela, acudí a todas las funciones en la carpa de circo que tuvieron lugar a las 15 horas. Realmente, todas las tardes fueron soleadas, los niños comían pochoclos, estaban felices y, los adultos, también.

Siempre, cuando asisto a espectáculos para pequeños voy abierta a conocer un nuevo mundo, creado especialmente para ellos. Como una puerta mágica, aparecen personajes que pueden ser payasos, malabaristas, trapecistas y acróbatas, entre otros. Pero, lo que muchas veces no existe es un lenguaje acorde a los niños, invadiendo su espacio con malas palabras, términos chabacanes y violencia verbal; quizás para congraciar con el público adulto.

De todas formas, mi búsqueda finalizó en el día de hoy y Cinco pal peso (de Circo El Conventillo) es la propuesta infantil más representativa de todo el festival siendo, además, la única que narra una historia -con principio, nudo y desenlace-, con personajes que viven en un conventillo de La Boca, que interactúan entre sí y que se lucen esplendidamente.

Este elenco tiene lo necesario como para brillar, sin encender antorchas que puedan peligrar a los espectadores, ni insultos o términos despectivos. Solo demostrando sus habilidades, su calidad como artistas y la ternura que les permitió pintar sonrisas durante la función que más espectadores tuvo en la carpa.

Cinco pal peso narra las vicisitudes entre varios inquilinos que apenas ganan dinero y que nunca llegan a pagar su alquiler. La dueña del conventillo es una anciana no demasiado antipática que intenta cobrarles en todo momento. Pero, ¿qué hacer cuando no se tiene con qué?

Esta historia es para grandes y chicos, una puesta en escena muy colorida en que los tangos desfilarán sonoramente, hasta que una pareja de bailarinas rompa con el esquema tradicional y alcancen la cima -trepando por unas telas que las exhibirán con muchísima gracia y técnica-.

También tendrá lugar un boxeador yanqui -que hará su performance en una hamaca-, y la participación que nos dejo boquiabiertos a todos de una bailarina que fusionará sus movimientos gitanos con la tela. Lo asombroso es que ella no solo trepa y cae, sino que se desplaza. Como si consiguiera -y de hecho lo hace- bailar sobre la altura y contagiando ese profesionalismo sobre todo en las niñas que no dejaban de admirarse con su presencia y de comentarles a sus mamás sobre este número.

Mirando a mi alrededor, pude notar que había más mujeres que hombres casualmente. Y no es de extrañarse ya que tuvo lugar el partido entre Atlético de Rafaela y River, dejando las calles totalmente desiertas.

La elegancia, suavidad y unión de este grupo de circo consigue transmitir un encanto diferente, la esperanza de que aún existen propuestas de calidad en este género y que puedan educar a los más pequeños sin tener que hacer alusiones a cosas grotescas o a menospreciar la sexualidad de una mujer para erigirse como hombres.

En un barrio bien arrabalero está Palmito, que vendría a ser el más carismático de todos, quien utiliza su sonrisa para salirse con la suya y hacer reír a cada rato. Un plomero que en realidad no lo es pero que debe convertirse en tal porque así lo quiso quien lo confundió, y una serie de enredos totalmente ocurrentes y divertidos como para pasar una tarde genial. Y una ama de casa que desfilará con sus tacos rojos, una y otra vez, hasta alcanzar la altura y hablar desde allí.

Como anecdótico, no pude dejar de mirar a un perro que se adueñó del escenario y precisaba compañía, moviendo la cola de alegría. Los perros en esta Ciudad tienen muchísima personalidad y considero que no se sienten para nada mascotas. Así lo demostró este can que se compró al público y que, tal vez, podría ser invitado a participar espontáneamente, sin caer en la humillación de algunos circos que aún los siguen viendo como seres inferiores.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a María Eugenia Meyer

m eugenia meyer

María Eugenia Meyer,  es actriz y secretaria del Centro Cultural La Máscara (Rafaela – Santa Fe), Profesora de lengua, literatura y comunicación social, Licenciada en enseñanza de la lengua y la literatura y Magister en didácticas específicas. También realizó el Posgrado en Lectura, Escritura y Educación; y la Especialización en Ciencias Sociales con orientación en Lectura y Escritura.

Después de ver Las arcanas, localicé a esta talentosa directora para conocer un poco más acerca de esta obra, de su creación y de los detalles esotéricos.

¿Crees que el destino pueda modificarse si se conoce?

No lo sé. El tarot me encanta por las imágenes, los simbolismos que guarda y cómo las interpretaciones muchas veces te hacen ver mejor lo que sucede. No creo que te dictamine el destino. Pienso en el tarot como en una pintura que hay que interpretar.

¿Por qué fue la decisión de elegir a cuatro amigas?

Cuatro amigas porque quería mostrar cuatro mundos diferentes, disímiles y en algunos casos irreconciliables. Justamente, a veces estos mundos diferentes se encuentran y se necesitan, como es el caso de las amigas.

¿Te gustaría adaptar Las arcanas a una versión masculina?

Tal vez. Tal vez sí me gustaría explorar en el mundo masculino cuando está solo. Creo que también se debería desmitificar esa idea del hombre solo libre, descomprometido. Puede ser.

¿Cómo surgió la idea de contar esta historia utilizando estas disciplinas?

Es lo que percibo en la realidad. Hoy hay mucha gente que encuentra en esas disciplinas, respuestas, formas de expresarse y también ve en ellas un proceso de mejoramiento personal, espiritual.

¿Existen personas no supersticiosas?

Sí, creo que sí, creo que hay gente que puede desprenderse de los discursos y los mitos que nos rodean

¿La incertidumbre se apacigua con una tirada de cartas?

Sí, se apacigua con una tirada de carta, con lo que te dice un amigo, se aliviana.

¿Estas cuatro amigas existen en la vida real?

No tan así. Existen, estas cuatro amigas que me contienen. Existen, pero no con esas características. Puedo decir que he construido en las cuatro arcanas características de todas mis amigas, mezcladas, fundidas.

¿Cómo es hacer funciones durante el año, fuera del Festival?

Rafaela es una ciudad pequeña y hacer tantas funciones para nosotros es maravilloso. No hay tantas ofertas culturales y tampoco hay una variada oferta teatral. Para nosotros, para nuestro grupo, la producción propia siempre ha sido muy enriquecedora, multiplicadora, provechosa.

¿Cuáles fueron los primeros comentarios que te hicieron sobre Las arcanas?

Los primeros comentarios y los últimos también hablan acerca de la gran identificación que se da. Es esto de verse reflejados más allá de lo disímiles de las propuestas. la identificación. Se ven a sí mismos

¿Qué significa que las noches no sean eternas?

Las noches de estas amigas son eternas, interminables, repetitivas, rutinarias y en muchas ocasiones, vacías. La sentencia de las noches no son eternas creo yo que tiene que ver con los cambios, las transformaciones, lo nuevo que va apareciendo en la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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La humillación no tiene vencimiento

1969

Dos épocas bastante diferentes y con puntos que convergen, antes y ahora. Situaciones que ocurren, que pasan, que se repiten y que se olvidan. Algo tan simple como observar el exterior desde la ventana de un dormitorio, debe dejarse de lado por miedo a que un bombardeo irrumpa precipitadamente.

«1969» (escrita por Manuel Santos Iñurrieta y dirigida por Claudio García) es una excelente obra de teatro que deslumbra mágicamente con su arte. Valiéndose de un dispositivo para proyectar luz, de algunos objetos que servirán para construir los espacios y momentos, y de la creatividad de este equipo (Agrupación del 69 teatro de investigación) es como surgirán muchísimas escenas que conformarán una película en vivo.

Todo el proceso en que perfectamente podría originarse un film, es de la manera en que está construida esta dramaturgia. Con la calidad que cada uno de sus artistas convierte en diamante lo que toca, con la precisión para iluminar al personaje que tendrá el turno de expresarse, para luego continuar con el siguiente.

Otra herramienta que también hace su aporte es la historieta de algún modo. Dibujos confeccionados en tiza, para ilustrar situaciones que están teniendo acción en ese momento por parte de los otros actores.

Sensaciones que se sienten en lo más profundo del alma, que duelen como aquello inexplicable y que torturan hasta encontrar la calma en medio de la noche.

La historia comienza cuando tres hermanos (Diana Cortajerena, Diego Ortenzio y Elian Abatemarco) acaban de perder a su padre. Vuelven del entierro y lamentan haber gastado en el cajón aquello que no tenían. Así, tendrán que sobrevivir con lo poquito de comida que consigan, durmiendo con mantas rotas y deseando estar en una casa que no se achique.

La simbología es uno de los factores que más predomina en “1969” y que permite dejar una huella importante a lo largo de la función.

Una casa que pierde su tamaño, como si se tratara de una persona que envejece y se encoge. Cómo imaginar que pueda ocurrir lo mismo con un mobiliario. De hecho, pasa, pero, metafóricamente hablando.

Estos jóvenes se sienten asfixiados por las paredes, por no poder salir a la calle, libremente, por no poder hacer lo que se les antoja sin pensar en la situación que reina en ese momento. Mejor dicho, las situaciones conflictivas que está atravesando el país: el Cordobazo en plena Dictadura de Onganía, por ejemplo.

Como si la casa cobrara forma de un cubo tridimensional, que se queda paralizado por la inoperancia de quienes están en el poder y no saben cómo solucionar aunque sea lo más sencillo de resolver.

Esta pieza artística se apoya en el género clownesco para componer sus personajes, los cuales están muy bien caracterizados, bien plantados en escena y con una energía que se conserva de principio a fin.

Dos hermanos y una media hermana -que pertenece a otra comunidad, con costumbres diferentes y valores opuestos- son el puntapié inicial sobre el que se erigirá 1969; un año en el que, además, se dice que el hombre pisó la Luna. Acontecimientos cronológicos que, comprobables o no, son los que contextualizan el argumento de la obra.

No es el fin narrar solamente lo que ocurría en aquel entonces sino el tomar conciencia que actualmente, y en democracia, hay cuestiones que siguen sin asumirse y sin encontrar su veta más idónea.

El tamaño de una pollera que se vincula con la prostitución, la eliminación de “ideas raras” con torturas, y todo tipo de contradicción con mecanismos obsoletos.

¡Eh, usted! – menciona la actriz en un momento de la historia. Como si se tratara de un llamado de atención, de una pausa. Como los telegramas que le enviaba su otra familia, aquella que tuvo que dejar y con la que, por el momento, no podrá volver. La pausa, para meditar, para analizar y para poder sacar nuevas conclusiones -no resultados de otros-.

Las secuencias son ágiles y se van conformando por cuadros que serían viñetas de historietas, a la vez que escenas de una película. Ambos artes se unen, sobre la plataforma del teatro, para demostrar que es posible investigar sobre una época, su estilo de vida, sus códigos, y trasladarla a nuestros tiempos en que todo parece estancarse o abolirse.

Como una paliza sin sentido, por el mero hecho de hacerse notar. Al igual que Onganía con un poder inexistente pero con balas en cuerpos inocentes.

Mientras los actores posan frente a cámara y configuran sus primeros planos -acercándose al lente del proyector- es así como logra desenvolverse 1969. Una película, historieta y obra que otorga una experiencia inolvidable.

Las gotitas de lluvia se deslizan sobre la ventana que deberá quedar cerrada, por precaución… como la vida de estos dos hermanos que no ven a su media hermana como tal. Qué término tan decadente es el de media hermana. Como si la otra mitad se tirara a la basura o fuera desvalorizada. Quizás por ese motivo, ella no sea vista como familiar sino como una minita a la que se la puede pasar por encima, manosear, invalidar, e indicar qué puede y debe hacer.

La Dictadura externa se traslada adentro de esta casa que se cae a pedazos como sus vidas, provocando escalofríos y el agobio de pensamientos quedados en el túnel del tiempo.

Mariela Verónica Gagliardi

Diferentes miradas acerca del trabajo

Dos obras sobre el trabajo

Una amplia variedad de géneros y estilos colmaron el Festival de Rafaela. Algunas obras más entretenidas que otras. Otras para un público de élite o selecto. Y, unas pocas para pensar y repensar la historia argentina, mundial y el lugar que ocupa una persona con respecto a su puesto de trabajo.

Para ello, decidí elegir a las dos propuestas que investigaron acerca de la temática y que se valieron de recursos tecnológicos similares al momento de la puesta en escena.

De esta forma, Por el dinero y Un trabajo representaron a tantos empleados absorbidos por el sistema capitalista en que quedan indefensos, alienados y sin deseos de buscar hacia otros rumbos.

Por el dinero

Por el dinero (escrita por Luciana Acuña y Alejo Moguillansky) realiza un recorrido, muy relajado, por el valor económico del dinero. Valiéndose del testimonio de un economista, la historia se abre para dar lugar al consumo estimativo que se tiene en un hogar. Comparando, luego, los gastos de dos familias es que se llega a la conclusión de que el vil metal no alcanza para nada. Después de atravesar diferentes estadísticas, años y fechas, como una nueva ventana al mundo; dos artistas (Luciana Acuña y Matthieu Perpoint) utilizan el teatro y la danza contemporánea para contar sus comienzos tanto a nivel académico como profesional -habiendo tenido que luchar, incansablemente, contra viento y marea-; sumándose a los relatos un cineasta independiente (Alejo Moguillansky) y un músico (Gabriel Chwojnik) que realiza cortes de difusión para publicidades comerciales.

Es entonces como tenemos la posibilidad de ver un producto artístico que atraviesa esas disciplinas, utilizando aquellos recursos más significativos y llegando a la conclusión de que se gasta más de lo que se tiene.

Por suerte, en la pantalla se van proyectando diferentes escenas que ilustran y sirven de soporte a la dramaturgia. En la misma, también, puede conocerse un libro llamado Las reglas de oro para bailar bien nuestras danzas, el cual enseña -no las posiciones del cuerpo y pies sino aquello que debe sentirse y ser-. Con humor, estas prácticas cobran vida en los cuerpos de los bailarines que le danzan a la vida, a los billetes que tardan en llegar y que se van más rápido de lo que vienen; y a cada momento deseado que en alguna ocasión se podrá alcanzar.

Mientras deben rebuscárselas para vivir de lo que aman, se dan cuenta y asumen que deben incorporar y transar con ciertas cuestiones del sistema, pero jamás bajar los brazos ni caer en lo bajo.

La ficción y la realidad se conforman en un mismo eje en que puede ser verdad o no lo que acontece. Para el caso, esta es una de las claves para que la obra sea interesante y el documental -en vivo- surta efecto. Al menos este material no precisará aprobación de ninguna institución ni esperar fondos de un país europeo ni ser menospreciado por tratarse del tercer mundo.

Un trabajo

Con respecto a Un trabajo, Elisa Carricajo y Lisandro Rodríguez, interpretan a dos empleados que realizan -a diario y durante muchas horas- un programa de televisión. Conductora y operador no se conocen en persona pero, de a poco, las distancias físicas comienzan a unirse a través de palabras, de anécdotas contadas, de las esperas entre un video y otro; y de todo surge un enfrentamiento y rivalidad entre mujer y hombre.

Por un lado, se plantea al trabajo como puesto rentable que otorga un dinero a fin de mes. Por otro lado, el deseo de un hombre por embarazarse y, por otro lado, las diferencias de géneros planteadas al extremo.

Son tres temas que se relacionan entre sí y que, al ser vox populi, quedan instantáneamente en el colectivo social: en este caso en el público espectador.

Una mujer que es seducida y que se siente realmente entre la espada y la pared. Que no encuentra la manera de huir porque estaría abandonando su trabajo, que se siente intimidada y envuelta con frases ya dichas, reproducidas y consideradas piropos por algunos y violencia por otros. Ya no existen demasiados payadores que puedan inventar palabras bonitas para damas sino personas de sexo masculino que, ante sus inseguridades viriles, se suben al mismo barco que la mayoría para demostrar-se su hombría.

El programa de televisión va grabado y el tema que tiene lugar en dicha emisión es el de un tratamiento que le podría permitir a los hombres optar por embarazarse al igual que las mujeres. Esto es el puntapié para que el operador comience a decir cosas, a sobrepasarse, a no darse cuenta que existen límites y que el acoso no es una caricia sino acoso.

Me parece excelente la manera en que se plantea la puesta en escena. Justamente, cada uno en un espacio físico diferente. A ella la vemos y a él no, motivo por el cual su interpretación tiene que ser (y lo es) muy convincente. Respecto de ella, vemos cada gesto, cada mirada, cada sensación y ocurrencia en vivo. Cuando le habla a una cámara, a dos, a tres. En cada plano reproducido. Tenemos la oportunidad de ver su rostro y cuerpo en acción, siempre en el mismo sitio, acorralada -al igual que ocurre con la dramaturgia, de parte de él hacia ella-; tanto en pantalla como sin ella.

Es tan real de la forma en que está conformada la obra que, por momentos, me daban ganas ingresar a la cabina para ponerle los puntos. Esto es lo que provoca, que uno se convierta en espectador activo. Que se sienta conmovido, que no sea un tema que pase como la brisa de verano sin dejar huella alguna. Esto ocurre y lo vemos, lo escuchamos, lo leemos, nos lo cuenta una vecina o un familiar o un amigo. No es un tema lejano sino parte de nuestro círculo más íntimo y de la sociedad claramente.

Existe la violencia, existe el abuso, así como existen leyes muy bien redactadas y no cumplidas. Existen mujeres denigradas y tratadas como prostitutas, al igual que mujeres violadas por lucir una minifalda.

La violencia de género existe y no es un título bonito ni de moda. El teatro, como reflejo de la sociedad y como portavoz; permite que concibamos la dura realidad de una manera más creativa. No por eso, la violencia es menor ni el abuso es menor.

Y, con respecto al tercer tema, ¿puede ser cierto que un hombre nunca haya pensado en la posibilidad de tener su propio hijo engendrado en su vientre? ¿Existirán en verdad hombres que no se pongan en nuestro lugar así como nosotros nos ponemos en el de ellos?

¿Por qué por lo general las obras de teatro que tratan sobre violencia de género y/o abuso no muestran a la mujer en un lugar desde el que puede vencer con su discurso y con la palabra en vez de tomar un arma siguiendo por el mismo camino que el agresor primario?

Un trabajo demuestra que la mujer que se sienta como tal y que tenga la inteligencia suficiente y sepa quién es, puede erigirse como una guerra sin pelear en el campo de batalla. Que puede y debe defenderse, intimidando a todo hombre que pretenda pasarla por encima.

Denigrar y minimizar es violencia. Menospreciar es violencia. No es cierto que todos los trabajos tengan que provocar la desdicha y bronca del empleado. Ella eligió ser conductora, le gusta y se siente capacitada para hacerlo. Quizás le faltó pasar por la capacitación en que le enseñen a tolerar a un ser despreciable e infeliz.

Dos trabajos diferentes pero que plantean la situación actual con mucha originalidad, las piedras en el camino, los abusos desde distintos ángulos y la postura de cada persona ante un conflicto en el mundo artístico, haciéndonos saber que la política es una forma de vida.

Mariela Verónica Gagliardi