*** Junio 2017 ***

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Una cena frente al mar

Mar del Plata, noche lluviosa, con viento pero sin frío. La costa, las playas de La Perla y las luces que tiñen el paisaje de un suave anaranjado. El ruido del mar, fuerte, está picado y suena su furia. Nueve y veinticinco, entro al Hostel Alta Esperanza y pregunto por el altillo. Cordialmente me asignan un lugar, en la mesa, al lado de la recepción y me avisan que en breve subimos todos juntos.

Me seco la cara, me saco la campera y me siento. Ya hay otros espectadores en la misma que yo. Enseguida viene una actriz y nos lleva para arriba, subimos las escaleras, saludamos a algún turista y nos invitan a pasar. Adentro, dos mesas en cruz, sillas alrededor, botellas, vasos, platitos con la picada servida.

Los actores y las actrices abren las botellas, nos sirven, y empieza la función. Todo transcurre en la normalidad de una cena entre gente que no se conoce. Bajo una luz marina es un acontecimiento teatral, es lo más alejado a una obra tradicional, que al menos yo, he visto. ¿Me alcanzas un pancito? Gracias.

Una cena frente al mar

Inspirada en cuentos y poemas de Raymond Craver, escritor contemporáneo, sus textos, de carácter fragmentario, causan una fuerte impresión en los lectores y una endeble conmoción, imagínense en los espectadores de una función.

Los textos son narrados y actuados de a uno, de a dos, incluso hasta de a tres personajes, que se levantan de sus sillas, se cambian de lugar, hasta representan a más de un personaje en cuestión de minutos. Todo depende de lo que cuente el guión. Los afortunados que asistimos (no porque seamos pocos sino porque la capacidad es limitada) disfrutamos de la comida, del vino y entre nosotros, también se da una suerte de relación.

Mientras una de las actrices nos lee una carta, el espectador que está sentado al lado mío, pincha un quesito y lo saborea. La actriz no se inmuta, sigue, el de enfrente se sirve más vino, le acerco mi vaso, me sirve. Una cena frente al mar2De repente, podemos encontrarnos con que alguno o alguna del público presente, intervenga entre los actores. Se presta a que suceda, estamos totalmente interpelados por este grupo de siete locos.

En el desarrollo de la obra, con textos poéticos, preciosas reflexiones la mayoría, nos encontraremos además con pasajes risueños, historias de amor, de despecho, también hay subidas de tono, hay desenlaces inesperados. Alcohólicos en recuperación, madres e hijos.

Una obra anclada en la aparente cotidianeidad de una cena. Difícil saber con que va uno a encontrarse, y esto va para ambos lados, para los actores y para el público. Salud y buen provecho.

Esta obra volverá a repetirse durante el verano pero aún no están definidas las fechas ni los espacios, ya que es una obra con características particulares, y es que puede ser cómodamente transportable. Para más información sobre fechas, entrar en la fan page de Facebook: Bajo una luz marina.

Actrices: Claudia Mosso, Claudia Gonzáles, Paola Belfiore, Rosie Albarez.

Actores: Maxi Mena, Fabio Herrera, Gabriel Celaya.

Director: Adrián Canale

Melisa Morini

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Anoche yo tuve un sueño y en el aparecías

En el marco del Festival Iberoamericano de Teatro octava edición, anoche en la Sala Melany de Mar del Plata, se presentó la obra “Desarraigos, cuerpos fragmentados”. Esta puesta en escena es una producción Colombo Argentina que  nació y se estrenó por primera vez en Mendoza (Argentina), el año pasado.desarraigos

Aborda la temática del cuerpo de la mujer, encarado por las dos actrices que protagonizan esta obra, desde las problemáticas que atraviesa el país, Colombia, con los conflictos armados. Estas mujeres cuentan con sus cuerpos poéticos, los martirios físicos y los trastornos sentimentales de mujeres que viven en la guerra, cuando sus familiares son asesinados, desaparecidos o cuando en carne propia, les toca vivir el dolor y la violencia.

La escenografía consta de un paisaje onírico, donde nos da la sensación de estar situados en un bosque. Hay ramas secas que cuelgan del techo y hojas otoñales enmarcando el cuadrado del piso escénico. Estos recursos naturales, junto con el sonido del agua que cae por momentos, nos transportan a los viajes de recuerdos y de memorias del pasado, que simbolizan Jehymy Vasco y Lina Beltrán, las actrices.

Otro recurso interesante que utiliza esta producción, es la idea de la danza y la música en escena, prácticamente todo el tiempo. Sus voces y los toc toc que tocan en determinados momentos, nos envuelven en una aureola de mística y trance. Y en otro momento, nos llevan al pasado, con sólo un verso de una canción, dejándonos apreciar la infancia de estas mujeres.

Es, justamente, a través de la música y del baile, que las dos protagonistas de la historia, se salvan, podríamos decir, de lo que fue la búsqueda y el añoro de un pasado que fue mejor, donde sus seres queridos no eran hojas secas, no eran cuerpos flotando en el río, eran quienes las acompañaban y no las dejaban solas.

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La obra está estructurada en seis cuadros escénicos, cada uno de ellos enlazados a través de la sinergia de estos dos cuerpos (que también son muchos más, son los de todos los muertos). En cada cuadro se ven representados diferentes momentos en la vida de los personajes, pensando el pasado a través de los olores, los recuerdos, situaciones especificas, palabras dichas por madres, por abuelos, una casa familiar que hoy es nada, es viento.

Una obra prolija, una puesta en escena soñada, un criterio musical acertado y acorde y dos mujeres que son actrices, son músicas y son bailarinas.

Autor: Jehymy Vasco, Any Correa

Intérpretes: Jehymy Vasco, Lina Beltrán

Dirección General: Fabián Castellani

Melisa Morini

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Una batalla interna contra el paso del tiempo en el cuerpo de una mujer

Comienza la función, una rubia mujer organiza el espacio, su espacio, en donde se desarrollará toda la obra. “Exorcismo de mujer” es un unipersonal que intenta, como la palabra “exorcismo”  significa, abandonar las mentiras y acceder plenamente a los beneficios y libertades de la vida.

Exorcismo de mujer

El planteo argumental de la obra es justamente el de enfrentar los conflictos existenciales de una mujer, que a determinada edad, recorre su pasado lejano y no tan lejano, para entender de la forma más cabal posible, sus propios actos, sus logros, sus desaciertos, los amores, desamores, familia e hijos.

La actriz, Ángeles Marcet, logra componer un personaje multifacético, sensible, reflexivo, por momentos cómico y sobre todo sensible. Sensible a ese mundo exterior que atravesó y que  la marcó tajantemente en muchos aspectos de su camino recorrido.

El guión, a cargo de Nora Fernández, autora y directora de esta obra, es al entender de esta cronista -tal vez trivial-, pasea por lo ya conocido, como por ejemplo, la vida “sufrida” de la mujer, que se banca a un marido que no era el que quería, que tiene hijos para hacer sus propias personas y que quiere triunfar en el trabajo y en el boliche, hasta que se le vienen los años y se encuentra sirviendo para nada.

De todas formas, la protagonista consigue capturar la atención del público, de manera inteligente,  llevándose buenas críticas y la ovación de muchas mujeres maduras que sienten una identificación con lo que esta actriz atraviesa.

Exorcismo de mujer2

El juego de luces y la escenografía, que no es mucha pero esta bien repartida por el espacio, cumplen la función de darle a la actriz la chance de componer su personaje, fuerte, con convicción y carácter, y mantenerlo hasta el final. Pasando por partes coreográficas, por las diferentes edades que tuvo esta mujer, por sus horas de terapia y sus conversaciones con seres imaginarios, para averiguar si tienen en la cabeza lo mismo que nosotras.

Esta función entró en el marco del 8vo Festival Iberoamericano de Teatro, el día sábado 1 de diciembre a las 21.30 hs, en el Centro Cultural Osvaldo Soriano (25 de Mayo 3108 esquina Catamarca) y volverá a repetirse durante la temporada de verano en la ciudad de Mar del Plata.

 Melisa Morini

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¿Qué quieren las mujeres?

Cuando salí de la función, la noche estaba linda y me invitó a caminar un poco, me propuse prestarle precisa atención a quienes anduvieran de a dos, en situación de “cita” o en una salida de alguna pareja, para reconocer en la realidad lo que me dejó la obra ¿Qué quieren las mujeres?, para ver cómo son las relaciones hoy en día.                                               Increíblemente, los primeros dos que me cruzo, estaban sentados en un banquito en una plaza, tomando un helado. El pelado le decía a la morocha “y porque la mina es así el chabón se comportó de esa manera”. Bien, me llevo la frase, queda rebotando en mi cabeza. La segunda pareja, ya entrada en edad, pareja de hace años. La señora lo tenía agarrado del brazo y hablaba sin parar, él, callado, miraba fijo el camino. Bien, cotidianeidad aburrida, maldita rutina, me quedo con esa imagen. La tercera, hombre perro guardián, preocupado por la estética, camina en musculosa dejando ver sus tubos trabajados, literalmente llevando a su hembra por la cintura, y en vez de mirar a la hermosa mujer que tiene al lado, mira preocupado que nadie se la mire. Está bien, me quedo con estos tres ejemplos donde no vi felicidad, y reflexiono:  ¿porqué no podemos ponernos de acuerdo hombres y mujeres?

Estas mismas preguntas se hace el actor, José Minuchin, durante la obra, cayendo siempre de nuevo en la no respuesta, en el interrogante eterno, en el sabor insípido que tiene la lechuga cuando la comemos solos. Esta pregunta sin respuesta que ya se hizo Sigmund Freud y que se la preguntó el resto de la humanidad, de ambos sexos, es el disparador hacia una interpretación, un esbozo de posibles réplicas, un desencadenante de historias y ejemplos de momentos claves entre hombres y mujeres, que le pasaron a los amigos del actor, que se reduce en todos los hombres, en el hombre.

¿Por qué siempre nos piden otra cosa?, se pregunta este hombre que -de traje en el escenario- va de un costado al otro y al medio, representando distintos tipos de hombre y, dándonos a los espectadores, sobrados ejemplos que nos hacen caer en la risa, en la identificación y en la reflexión. ¿Por qué nos piden que seamos distintos a lo que somos? A hombres, a mujeres, que cambiemos, que así no seamos, que no hagamos esto o aquello, que no nos pongamos esa ropa, que no elijamos, que mejor elijo yo, vos nada, que por qué sos así, y cómo voy a ser, soy como soy, y así se supone que me quisiste una vez, ¿por qué lo que ayer era futuro hoy ya no sirve?

Una obra que principalmente es comedia, que el público se ríe, sintiendo afinidad con lo que el personaje representa, porque seguramente le pasó algo parecido o  ya ha escuchado comentarios similares, porque el teatro, al fin y al cabo, es eso. Es un espejo exagerado y burlón de lo que somos. Pero también podemos encontrar en la obra, poesía y mucha reflexión, incluso las mujeres pensar en qué no quieren los hombres de nosotras, y es, al mismo tiempo, una tragedia, porque ese personaje que vemos, sufre, sufre porque no puede dar con ese amor real.

La función del sábado 17 de noviembre en El Club del Teatro (Mar del Plata), fue la última presentación de ¿Qué quieren las mujeres? Esta que pasó fue la sexta temporada de este trabajo, con textos y actuación de José Minuchin y dirección de Mariano Moro, también dio una gira internacional y salió premiada al Mejor espectáculo de Humor en el IV Festival Iberoamericano de Teatro 2008. Actualmente José trabaja en otra obra, que se presentará en febrero del año que viene.

Melisa Morini

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Transformación Malvinas

Transformación Malvinas es un espectáculo teatral que nace desde la necesidad de rendir tributo por siempre a los Héroes de Malvinas y de cultivar la memoria para no olvidar jamás. Tiene la particularidad de ser una pieza en donde se mezclan distintas artes. Por un lado la danza, la actuación, como dos profesiones sobre tablas, y, por el otro, lo audiovisual y lo poético, como ramas que tienen que ver  más con el papel y la edición.

Los textos son narrados, como decía antes, en forma puramente poética, la interacción entre los personajes se da desde esta sensación de pregunta – respuesta,  pero sobre todo desde el monólogo que cuenta cada uno de estos dos personajes. Se destaca así, el juego y la potencia de la voz del actor de la obra, que encarna de forma muy real la poesía del diálogo.

Para representar a los soldados que dieron la vida por nuestra patria, se utilizan imágenes que son escenografía, durante la mayor parte de la función. Imágenes duras que permiten la comprensión profunda de la guerra, aunque todos sepan qué pasó, es necesario recordarlo para que no ocurra nuevamente nada parecido. Y es que la guerra, no se hace por amor a la patria, no se hace en nombre de Dios. La guerra es un acto de ambición de poder, sin pensar en los individuos, en la humanidad.

La danza juega un papel predominante en este caso, la actriz es además bailarina y se logra una suerte con diferentes objetos, cascos, telas, muñecos que son ellos: los soldados – semillas, que pudieron ser otro destino. “Semillas de jóvenes soldados que sembraron camposanto cuyo fruto será nuestra respuesta y no el olvido”.

En ningún momento el espectador deja de emocionarse y recordar. Es el objetivo, sí. Pero, también, es así como lo siente el director, Daniel Lambertini, a quien la historia le pega de cerca, ya que su hermano, José María Lambertini, es un sobreviviente de tan triste episodio en nuestra historia como argentinos. El director, ya ha hecho varias obras con este tinte, en la ciudad, y tanto él como su hermano, son activos militantes en esta causa.

La Guerra de Malvinas dejó un saldo de 649 muertos y más de 400 soldados que se quitaron la vida una vez finalizada la misma, porque no pudieron desprenderse de los recuerdos. A 30 años de aquel 2 de abril, no a la guerra, no al olvido.

La obra de teatro se realizó el domingo 28 a las 20 hs, en la Sala A del Centro Cultural Osvaldo Soriano (25 de Mayo 3108 – Mar del Plata).

Melisa Morini

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¿Quién se atrevió a decir sexo débil?

Enaguas es una obra que atrae desde su nombre. Más aún cuando uno se entera en dónde se realiza la función: en el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, una casona típica de principios del 1900, característica de aquella época, donde la aristocracia porteña se alojaba cuando vacacionaba en la ciudad de Mar del Plata.

Seis mujeres, vestidas de blanco, representan, cada una, a una mujer real, que ha formado parte de nuestra historia. Elegidas con rigurosidad, cada una de ellas tiene la particularidad de haber transformado al país, de una u otra manera.

Es así que nos encontramos con una Mariquita Sánchez de Thompson, que enfrentó a su familia y al propio Virrey porque en ese momento se estilaba entregar a las mujeres a un marido, aunque así no lo quisieran, y ella tuvo la valentía de luchar por su verdadero amor, además de haber peleado por la libertad previa a la Revolución de Mayo, cuando prestaba su casa para reuniones y tertulias.

Siguiendo el recorrido de la historia, y de la casa, nos dirigimos hacia la cocina, donde encontramos a una Juana Azurduy, con sus trenzas y su bravura, que decide ir al rescate de su Manuel, a quien acompañó en las batallas por la emancipación del Virreinato del Río de la Plata, guerrera nata, de raíces Quechuas y Aimaras.

Pasan por los salones de la antigua mansión, personajes del pasado, mujeres valientes y atrevidas, como Macacha Güemes, independentista, hermana del General Güemes, fiel servidora de la patria.

Subiendo las crujientes escaleras de la villa, bajo la simulación de la lluvia, nos recibe Lola Mora entre sus cuadros, entre sus artes, contando una porción de su vida. También lo hace la dueña de la casa, Victoria Ocampo, amante de las artes poéticas, de la literatura, una mujer de vanguardia, como se hacía llamar.

Y continúan personificándose distintas mujeres que formaron parte de nuestra cultura, de las artes de la guerra, de los saberes deportivos y del sentimiento ligado al pueblo. No voy a nombrarlas a todas, voy a dejar que la curiosidad juegue su partida. Pero sí quisiera transmitir el mensaje que deja la obra.

Estas actrices con sus cuerpos en escena, alejadas de lo clásico, del teatro convencional, utilizan esta casa cultural para teatralizar un recorrido que atraviesa la línea del tiempo. Son mujeres, que al igual que aquellas a quienes representan, tienen sueños y ganas de hacerlos realidad. Se atreven a enfrentar las reglas de lo establecido y, a romper con lo cotidiano, que hay hasta en el arte.

Rescatan los valores que acarrea el sexo femenino, a lo que pueden enfrentarse, dejan en claro que tanto hoy como ayer, la mujer es mucho más que la compañera del hombre, que tenemos los mismos derechos y posibilidades, porque aunque parezca estar todo dicho, a alguno se le puede olvidar. Pues no lo hagan, ya nos lo dijo la historia y nos lo repitieron estas mujeres.

La obra vuelve a repetirse el 10 de noviembre en Villa Victoria Ocampo (Matheu 1851 – Mar del Plata).

Actúan: Marisa Rodríguez, Silvia Torti, Walter Martínez, Mónica Pari, Emanuel Contreras, Natalia Castaño, Malena Bustos, Lara Colella, Mariela Barraza, Mirta Santana.

Dirección: Mónica Pari.

Melisa Morini

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Amar desesperadamente la vida

Frágil es una historia real. Frágil, envuelta en cintas de embalar. Frágil porque ya se ha quebrado, porque se ha hecho añicos contra la vida, frágiles las muñecas de porcelana, frágil por amor, por locura y por exilio.

El exilio, justamente, es de lo que trata esta obra. El exilio como elemento poco investigado en lo que tiene que ver con nuestra historia. Con nuestro pasado de represión, sangre y dolor. El exilio como aquello a los que tantos argentinos tuvieron que someterse, obligados, empujados, echados de su patria, de su ciudad, de su barrio, de su casa.

Estefanía Saez, con sus poderosos veinte años, nos atrapa y nos pasea por la intensa vida de Gabriela Cirelli, quien hace la asistencia en la dirección y la musicalización de la función. Gabriela es hija de militantes montoneros. Es hija de una etapa dura, es víctima del Proceso. Su familia debe irse del país, debe llevarse nada e irse ya, lo antes posible. Esta chiquita y sus hermanos, pierden automáticamente la infancia. Los fuertes les robaron la inocencia.

La actriz que brilla en este unipersonal, logra conmover al público, que está sentado en sillas ubicadas sobre el escenario de la Sala A de la Biblioteca Osvaldo Soriano, detalles en los que piensa el director, Félix Bello, para generar un clima cálido, cercano, logrando lo que la cercanía y un gran trabajo corporal y emotivo consigue: sentir en carne de la actriz, la vida que está narrando.

En España, esta mujer conoce el amor, la pasión, pero también el rechazo, la indiferencia y la discriminación. Pero hay algo que va a conocer que va a cambiarle por completo la vida. La pequeña Gabi, ya adolescente, va a conocer la heroína. Se va a convertir en adicta, va a sentirse en lo más alto del climax y se va a caer tan fuerte que no se reconocerá frente a ningún espejo. Y las caídas duelen, pero nos enseñan.

Vuelve. La protagonista de esta historia retorna a su amada Mar del Plata. Vuelve para sentir el olor del mar, de su mar. Vuelve ella y también su familia. Vuelven porque uno debe morir en la tierra que los parió. Porque a pesar de las adversidades de la vida, hay que levantarse y luchar, hay que pelear. Es necesario embanderarse una vez más, para que Nunca Más. Hay que tener memoria, ser frágil como una hoja de árbol, y permitirse amar poderosamente la vida.

La obra vuelve a cartelera el 2 de noviembre en la Sala B de la Biblioteca Osvaldo Soriano. Llevar pañuelitos descartables y el corazón bien despierto.

Actuación: Estefanía Saez

Dramaturgia y Dirección: Félix Bello

Asistencia de dirección y Musicalización: Gabriela Cirelli

 Melisa Morini

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¡Córdoba se vistió de paz y respeto!

El fin de semana largo se nos mostró cargadísimo de lluvias. Pero dicen que la lluvia lava y purifica ¿no es así? Como para afirmar el famoso dicho popular, en la ciudad de Córdoba capital, mas específicamente en Villa Warcalde, se festejó durante los días 6 y 7 de octubre, el Festival para la conciencia.

La idea principal del evento fue la de difundir diferentes formas de contribuir a la evolución del planeta, ya sea desde el hecho de recibir nuevos conocimientos con respecto a nuestro propio bienestar, como la adquisición de innovadores métodos para cuidar el medio ambiente o desde el compartir y admirar distintas expresiones artísticas.  De este modo, se logró generar un intercambio constante de saberes y experiencias, siempre fomentando el mutuo respeto, la integración y la alegría.

Los dos días que duró el festival, se vieron cargados de colores y actividades. Hubieron stands permanentes de feria de ropa y sahumerios, venta de comida vegetariana, área para acampar y muchas buenas vibras en todo el espacio. Además, se dieron charlas y talleres, como lecturas del aura, yoga integral, cocina medicinal y medicina aborigen, charlas sobre Comunidades Ticas, Culturas Originarias y Saberes Ancestrales, Derecho de la familia y el niño (recordando que se festejaba el Día de la Diversidad Cultural) y más.

Stands para destacar, el de Imos Amos Emos, que constaba en una muestra de equipamientos y espacios con materiales reciclados, el de Econo (Mar del Plata) una solución sustentable a un problema existente. Una creativa forma de llevarse consigo las colillas de cigarrillo y no dejarlas en espacios como la playa o las plazas y parques. También hubieron talleres artísticos para niños y niñas y se construyó una Aldea de paz tanti y un octógono, además de un domo geodésico que representaba la tierra.

La música también se hizo presente. A partir de las seis de la tarde, despidieron al sol un grupo de danzas populares que bailó en el medio del verde, durante un buen rato. Enseguida subió a escena Mariano Cocimano de Córdoba, tocando solista música experimental. Le siguieron, Morenilla y Casimiro, también de Córdoba, una pareja encantadora cantando mezcla de rap y reggae, podríamos decir. Cerraron la noche del festival dos bandas marplatenses: Los Jato y Jeites, que ya adentro y acústico, porque la lluvia no los dejó seguir, hicieron bailar, saltar y cantar, a todos los participantes del evento.

Los organizadores fueron: Fundación Conciencia Circular, Vmas Energía Positiva, Imos Amos Emos, Casa Hola Mundo, Arte y Comunicación Gráfica. La entrada era libre y gratuita, se aconsejaba un bono contribución de $20 para solventar gastos pero no era excluyente.

¡Hasta pronto Ciudad de Córdoba!

Melisa Morini

 

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Un rinconcito de arena y sal en el mundo

Una pequeña playa privada, propia, individual, un pedacito de arena en este caos. De escenografía, un armario mágico. Cuando las puertas se abren, podemos observar que cuelgan unos cuantos trajes, vestidos multicolores, tapados de piel, pañuelos, tules, anteojos, fotos y hasta una botella de alcohol.

Despacito, va despertando entre los trajes y queriendo salir del ropero, La dueña del mar. Un cuerpo anónimo que se refugia en su espacio salado, de viento, lluvia y mareas. Un cuerpo anónimo que tiene la particularidad de ocuparse del mundo, como si fuera cosa sencilla. Observar el mar, a cualquier hora, a todas las horas, a las seis de la mañana, cuando todavía no hay nadie, cuando por la costa solo vemos un perro flaco, ella se tiñe de olas, se transforma en mar por dentro y al fin sabe lo que quiere.

La obra remarca una estética puramente marplatense. En las puertas del armario se puede ver un collage de fotos antiguas de Mar del Plata, clásicas, de familias disfrutando las vacaciones en “La feliz”. Barcos en el puerto, algunas más modernas, de surf y castillitos de arena.

La dueña del mar se saca el vestido, se queda en traje de baño turquesa enterizo, se mimetiza con la playa, se pone las antiparras y bucea. Agarra la reposera y el sombrero y se sienta con los pies en el agua a mirar el cielo. Pide ayuda, nadie responde. Ella tendrá que poder sola.

Cuando se hace de noche, la dueña del mar se acuesta en su colchón de arena y se tapa con sus prendas. Se baña con la lluvia y se ilumina con la luz intermitente del faro en miniatura que guarda en el ropero. Recoge sus zapatos que son algas, sus ropas que son restos de botes abandonados, pescados muertos en la orilla, y dice chau, le pide a un “él”, habla con el pasado, con caracoles, con el amor, andate, andate y no vuelvas. Ella ya eligió lo que quería.

Idea y dramaturgia: Adrián Canale y Paola Belfiore

Actúa: Paola Belfiore

Asistente de dirección y producción: Claudia González

Vestuario: Mónica Arrech

Escenografía: Mariano Rafael Campero

Diseño de luces: Adrián Canale

Operación de luces y sonido: Marina García y Mariano Marrama

Dirección: Adrián Canale

La obra se presentó el domingo a las 20 hs.

El Club del Teatro (Rivadavia 3422 – Mar del Plata).

 Melisa Morini

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Un hombre, todos los hombres, ningún hombre, él hombre.

“Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas están abiertas día y noche a los hombres.” J.L Borges, La casa de Asterión.
Un tipo en calzones a rayas y camiseta blanca corre por el cuadrado de cerámicos que delimita el escenario. Nos encontramos frente al típico psicótico – paranoico – aterrado – encerrado – hombre moderno. Hoquenops no puede salir. Está claro, pero no sólo del espacio físico que habita, sino de la cárcel mental que lo domina.
Discutiendo consigo mismo, este hombre que sale, que no, que sí, que se olvida de algo, que no puede… manipulado por el sistema que le vende enfermedades y él compra, compra el lacerado del HIV, compra el amarillo de la hepatitis, compra la gangrena y  también la toxoplasmosis.


De repente, sacando la cabeza de adentro de una caja, nos encontramos con una nena macabra que narra un drama familiar con la ingenuidad perspicaz de la infancia. Mamá linda, rubia, cuida el planeta, es vegetariana y hace yoga. Y papá un desocupado que fuma y mira televisión. Esta nena/monstruo absorbe ese mundo “sano y natural” que paradójicamente la transforma en un vómito del sistema.

De la casita en la pradera, de las flores y las muñecas pasamos al gorrito y los golpes. Changuito es un muchachito de clase popular del norte de nuestro país, a quien el Pulpito (que nunca vemos, que sólo conocemos por lo que Changuito nos cuenta) encuentra y apaña para que entrene y luche, para que sea boxeador. Él no quería ser boxeador, no quería pelear, pero “pasa que el pulpito é muy bueno é”.
Con una excelente fluidez y capacidad de caracterización inmediata, Eugenio Geraci se transforma ahora en un taxista renegado, aporteñado, quejoso y charlatán. “Sss, yo no voy a saber, sss, yo, seré lo que seré, pero eso, no soy”. El monólogo del tachero está cargado de negatividad, de odio y resentimiento contra todo en lo que el mundo se ha covertido. Pasa que él la tiene clara, viste, cosa de muchos años en la calle, de pasar por todos lados.
Y otra vez sin traje, volvemos al hombre inicial, al tipo que no puede salir, al que quería ser botánico, a ese que quería plantar plantitas. A ese que es todos, que piensa que tal vez pueda salir volando, a ese que hace el esfuerzo por calzarse los zapatos, que revisa el gas una y otra vez. A ese que envuelve a todos, que se para frente a la puerta y hace fuerza, que intenta reinventarse una vez más.

¡Y es que hay tantos Hoquenops en el mundo!

La obra se presentó el sábado 15/09 en El Club del Teatro (Av. Rivadavia 3422, a las 21.30 hs – Mar del Plata).

Melisa Morini

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