*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un melodrama argentino

Deshonrada

Deshonrada (escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Alfredo Arias) se reestrenó en el Teatro Cultural San Martín y fue una función a sala llena en que el mal clima no nos privó de ver esta excelente pieza artística.

Las dos tonalidades que aparecen durante toda la historia son el blanco y negro. Como antítesis, como opuestos, como posibles enemigos y como oportunidad de exhibir el cine expresionista a través de un escenario, dotado de toda la magia que encarnan sus protagonistas. Es deslumbrante el movimiento que se va creando a partir de la puesta en que lo estático cobra vigor y se desplaza sin siquiera hacerlo. A su vez, los actores llevan adelante una interesante coreografía (no en sentido de bailarines) en que sus cuerpos aparecen de un extremo u otro provocando un ilusionismo increíble.

En los años veinte nace la actriz Fanny Navarro, una artista muy aplaudida por algunos y vapuleada por otros tantos.

Como la escena en que Guido Samsa despierta siendo alguien completamente diferente a quien era, así está ella. Desconcertada, sin comprender por qué la vida le responde de esa manera.

Durante el segundo gobierno de Perón, Fanny fue detestada hasta por éste. Ella ya famosa y reconocida en el ambiente no tenía la simpatía de las principales figuras políticas. Pero, la propia Evita la defendía constantemente. Al fin de cuentas era su cuñada, mujer de su hermano Juan (conocido como Juancito o Pebete). Su principal apodo era Jabón Lux haciendo alusión a que lo usaban nueve de cada diez estrellas.

Si bien algunos la tildaban de trepadora, cuando ella conoció a Juancito ya era reconocida, motivo por el cual se comprende la necesidad que tenían de ensuciar su nombre.

En la década del 30′ integró una opera en el teatro colon (encabezada por Claudia Muzzio), protagonizó la película Ambición (de Adelqui Millar) e inclusive fue tapa de la revista Antena en 1941.

Alejandra Radano se viste de ella e interpreta a una Fanny bien caracterizada de pies a cabeza, que logra hasta su modo de hablar, de vocalizar y de ser.

Ella duerme hasta que un oficial conocido como Gandhi(Marcos Montes) la saca de su casa repentinamente. Luego, aparece en una sala donde debe no sólo declarar sino responder a cuestiones que ni siquiera ella sabe.

Pero lejos de convertirse en una obra dramática exclusivamente, esta pieza teatral tiene muchos tintes de comedia, con lo cual se trata de una comedia dramática exquisita -sin dejar de lado al melodrama- en que los años cincuenta están muy bien retratados.

El discurso de ambos fluye como el agua y existen momentos en que las pausas les permiten mostrarse como son, darle lugar a Radano para que cante y detalle quién fue en aquel entonces y conformar una historia deleitosa.

La puesta en escena en que ambos cuerpos se separan, caminan a la par y se confluyen como energías diferentes y simbióticas a la vez, da garantía de la profesionalidad tanto de los actores como del resto del elenco. Esos pasos que marcan distancia y encuentro, que son necesarios para presentar el código de la danza que prescinde de la palabra. Aquella palabra que, en este caso, solo trae más discordia y malos entendidos.

Además de las cuestiones de historia argentina y de la vida de esta artista, existe un juego muy interesante a nivel escénico en el que el mundo del teatro hace su aparición y los dos actores le sacan provecho a la situación.

Dicha fusión entre ficción y realidad se vuelve completamente importante, atrapante y el suspenso va creando las atmósferas necesarias como para que lo trágico y lo subrealista aparezcan y desaparezcan junto a los juegos de iluminación, de modo tan suave como los vestigios que dejan los pasos de estos transeúntes de la vida.

Existen varias escenas fuertes y que provocan desconcierto, quizás, de quienes no conozcan los entretelones de la vida privada de Fanny Navarro. Y para quienes sí saben de qué se trata, las sensaciones son aún más escalofriantes. Por qué tuvo que aguantar ser maltratada de diferentes formas porque a un grupo de militares y de dementes se les ocurrió que ella era culpable de ciertos asuntos de corrupción o de los caprichos eogístas de personas inoperantes.

Un día como cualquier otro se convirtió en penumbras imposibles de borrar de la mente y el corazón de Fanny. Su amado, quien había muerto (los militares aliado de Aramburu reiteraban que fue asesinado), no tuvo un descanso en paz. El Capitán Gandhi (César Fernández Albariño) hizo traer la cabeza del difunto y se la presentó, envuelta en papel de diario. De ahí en más la actriz comenzó a hundirse a ir de mal en peor. Su situación económica fue decreciente al igual que su salud.

Deshonrada permite sonreír, emocionar y llorar por la impotencia que siente Fanny Navarro -una mujer que tuvo el “pecado” de querer ser libre durante la dictadura-. Mientras sus vestuarios negros y su pelo la muestran cuasi desapercibida, su voz evoca el pasado, sus mejores momentos y el dolor de no poder defenderse de un impostor… mejor dicho, de un mecanismo torturador que disfrutaba de la desgracia ajena.

Un gran homenaje a la artista que ni siquiera fue querida por Daniel Tinayre (el director de la película Deshonra, protagonizada por ella misma).

Demasiado para un solo cuerpo, para un solo corazón y para una trayectoria artística que fue cuestionada por muchos.

El daño se concretó y jamás volvió a ser la misma joven llena energía y entusiasmo.

Dramaturgia: Gonzalo Demaría. Elenco: Alejandra Radano, Marcos Montes. Director: Alfredo Arias. Funciones: de miércoles a domingo, 20.30 hs. El Cultural San Martín.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una canción en un mundo de sordos

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¿El mundo es un lugar justo? (pregunta Sonia)

¿Qué pensamientos se pueden plasmar por escrito cuando un artista consigue rescatar la esencia y atmósfera necesaria para que una obra de teatro rusa se luzca en nuestra actualidad?

Francisco Lumermann es un creativo con su rol de actor, con sus dramaturgias y con la dirección impecable que lo caracteriza.

El primer acierto que tiene El amor es un bien es justamente la posibilidad de adaptar Tío Vania (de Anton Chéjov) a un público no necesariamente conocedor de literatura rusa, y, al mismo tiempo, darnos la oportunidad a quienes somos fieles seguidores de la misma a contemplar una excelente puesta en escena totalmente contemporánea.

Chejov escribió este obra dramática en cuatro actos en 1899 (en Rusia). Al año siguiente, la compañía del Teatro del Arte de Moscú (dirigida por Stanislavski) estrena una versión de esta historia.

Existen varios aspectos para analizar en esta adaptación realizada por Lumermann respecto de Tío Vania.

El lugar en que se ubican son diferentes: la versión original está situada en territorio ruso, en una hacienda aristocrática que pertenece a Serebriakov -padre de familia- y, en esta otra, ubicada en la ciudad de Carmen de Patagones (ciudad situada al Sur de Buenos Aires, a orillas del Río Negro el cual la separa de Viedma), en un hostel de barrio. Ambas viviendas están muy venidas a menos y van a ser parte protagónica de las tramas.

Por otro lado, la llegada de un médico también desatará enfrentamientos pero no por que se trate de una mala persona sino porque él sería totalmente diferente a estos personajes. Sabe lo que quiere, tiene convicciones -por más que los demás se burlen de éstas-, es visto como antagónico y, sin embargo, a todos atrae su personalidad.

Desde ya que no están todos los integrantes de la dramaturgia real pero sí quienes son más importantes: Tío Vania, llamado como Iván, su sobrina Sonia (hija de la hermana de Iván), Alejandro (el padre), su mujer Elena y Pablo, un médico y único huésped del hostel.

Se pueden mencionar algunos temas que surgen y desarrollan: el talento, la muerte, el amor, la soledad y las injusticias. No todo aparece mencionado explícitamente pero sí su simbología y vinculación con sus propias vidas.

Durante un primer acto podemos escuchar la voz de la joven Sonia que grita cantando sus sentires, acompañado por su tío. Tapados por un telón blanco, medio transparente, tras el que se encuentran ensayando para una fiesta muy importante a nivel local. Dicha celebración no es cualquier celebración sino la que se refiere a la Soberanía del pueblo de Carmen de Patagones que entre 1825 y 1828 tuvo que enfrentarse a Brasil ya que dicho país pretendía anexar a sus tierras a la actual Uruguay. Después de habérsele negado a Patagones refuerzos a nivel nacional, resiste la invasión consiguiendo que los propios vecinos salgan armados a defenderse, junto a un grupo de corsarios en el Cerro de la Caballada. Así, cada 7 de marzo, se lleva a cabo una fiesta que dura diez días y en la que se puede disfrutar de desfiles criollos, comidas, artesanías y varios números artísticos.

En esta obra, no es considerada más que una posibilidad para mostrar lo que se desea. Patagones, es utilizada para canalizar la oscuridad en la que se encuentran inmersos sus protagonistas. No hay forma de que sean felices porque, de existir manera, la depresión los seguiría hundiendo en el alcohol, los cigarrillos y las pastillas. Todos estos mecanismos son necesarios para que puedan evadirse de la realidad y seguir subsistiendo de algún modo.

Me parece muy acertada la escenografía de la que se vale la obra. Unas simples gradas que se unen o separan de acuerdo al momento que se esté llevando a cabo. Como si se tratara de una fotografía que quedó en el tiempo para ser recordada y nada más. Así están ellos, cada uno de ellos. De espaldas, de perfil, de frente, hablándonos a la cara, susurrando sus tristezas, angustias y penas.

Dos mujeres que se hablan con el corazón abierto, que intercambian sus ropas para sentirse diferentes y que, sin embargo, sus dolores son más profundos que cualquier comodidad o incomodid de vestuario.

El tío es la principal figura del drama. Él está abandonado, anhela compañía y cuando se enamora su amor no es correspondido. Sus días se vacilan entre las moscas reinantes y el deber que siente por priorizar a su sobrina. Esta es la única relación verdadera y sin secretos. Ambos seres son realmente encantadores para con el otro y su fidelidad les permite atravesar cualquier tipo de vicisitud.

Pero, existe otro problema que tiene que ver con la locación. El hostel no tiene más que a un inquilino y si bien las intenciones de Iván y Sonia no son malas, sus conflictos personales no les permiten afrontar la dura realidad en que se encuentra este negocio familiar.

El amor es un bien apunta, entre otras cosas, al poder económico y a aquellos miembros que se erigen como superiores por tener más que otros. En este caso, el padre de Sonia que juega de ingenuo hasta hacer estallar en palabras el motivo de su visita. Una visita que jamás será olvidada por quienes viven ahí y que, tal vez, con el tiempo haga que todo siga igual.

El amor es un bien tiene a cinco actores excelentes que interactúan entre sí tan espontáneamente que parecieran en verdad una familia.

José Escobar, un Tío más joven que el original, está abolido, no da más. No puede ni con su alma pero, de algún lado consigue fuerzas para no dejar desamparada a su querida sobrina. Una sobrina que podría progresar pero que la inacción del pueblo se transporta a sus venas para dejarla flotando en un brumoso aire. Aquellas partículas de nitrógeno y oxígeno que se contaminaron con el caso Junior, hundiendo a esta ciudad en el error de un alumno asesino.

Carmen de Patagones existe hace más de once años…

Elenco: Manuela Amosa, José Escobar, Diego Faturos, José María Marcos, Rosario Varela. Dramaturgia y dirección: Francisco Lumermann. Funciones: sábados 23 hs y domingos 17.30 hs. Moscú Teatro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Retratos imposibles de borrar

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Un galpón con sus recuerdos de antaño es el escenario que se exhibirá para ser contemplado con cada uno de sus detalles que conforman a esta sensible y profunda historia. Como si todo hubiera quedado quieto e inmutable, allí permanece. Para ser contemplado, utilizado y rememorado. Como una puerta que, una vez que se abre, es imposible volver a entornar.

En su vida tuvo alrededor de cincuenta caballos, detalle no menor para empezar el recorrido por esta familia irlandesa que dejó su gran huella en el pueblo.

Lisandro Penelas toma diversos textos de Tess Gallagher y los adapta, muy emotivamente, a esta puesta en escena. Si bien casi todo el argumento original se respeta fielmente, existen algunos detalles que son modificados para que, seguramente, la actriz consiga una cercanía más próxima con los miembros familiares que debe mencionar.

Es así como la figura central de El amante de los caballos que se refiere a su bisabuelo, en esta oportunidad se relaciona estrictamente con su abuelo. Éste tomaba mucho alcohol, era jugador de cartas y su enfermedad le ocasionó que sintiera aún menos culpa a la hora de apostar todo lo que tenía con tal de pasarla bien un rato, un día o varios días.

Mientras ella habla en voz alta y recuerda a su abuelo, sus sonidos vocales van disminuyendo hasta fusionarse con el silencio mismo. Resulta ser que este gran hombre pertenecía a una casta de gitanos de Irlanda a los que se denominaba susurradores. Esos susurros tenían un peso tal por sobre los caballos que éstos obedecían a la perfección.

Tanto el abuelo como su propio padre, tenían firmes convicciones y ni siquiera cuando éste conoció a su mujer ella se pudo resistir a sus encantos. Todos se quejaban de los aspectos negativos del bisabuelo y, sin embargo mi madre le preguntó cómo se ganaba la vida. Mi padre señaló la baraja que llevaba en el bolsillo de la camisa y dijo: –Juego a las cartas. Pero el amor es como es y aunque mi madre era una mujer totalmente práctica, por lo visto no pudo enamorarse de ningún otro hombre.

El amante de los caballos (basada en textos de Tess Gallagher y dirigida por Lisandro Penelas) es un unipersonal excelente (protagonizado por Ana Scannapieco) que rescata aquellos valores esenciales de un hombre que amó a sus animales y que vivió la vida como quiso sin sentir la necesidad de fingir una postura ante alguien o de dar explicaciones sobre su accionar. Una verdadera joyita del teatro que indaga sobre lo moralmente correcto o incorrecto, sobre la etapa de duelo de esta hija que no logra entender a su progenitor pero que lo intenta por todos los medios posibles.

Su papá era un hombre original que si bien estaba absorbido por el juego, nunca pasó hambre. Desde el día que se le ocurrió apostar -no con dinero- sino con vales, siempre llevó adelante su estrategia. Cuando su hija recuerda esto, se emociona y sonríe, como cada frase que esboza.

Su cuerpo consigue formas delicadas para moverse, para convertirse en esa niña que con tan solo cinco años había mostrado un entusiasmo sospechoso por un poni. Y es cierto que sentí que había perdido un amigo muy querido cuando mi madre consiguió que los propietarios del poni lo llevaran a pastar a otra parte.

Ella es pequeña y grande a la vez. Hija y nieta. Feliz y sufrida. Libre como el pelo de un caballo que recorre el aire al trotar por campo abierto. No existe un caballo en escena pero sí nos podemos hacer la idea de su tamaño y ternura con tan solo observar el recorrido que hace su brazo y mano al acariciarlo, al cepillarlo, al admirarlo.

Sus susurros de niña la acompañaron durante muchos años, hasta que -nos cuenta- su madre terminó con ellos abruptamente.

Entre relatos encantadores, una espléndida actuación y una dirección precisa e inteligente, esta pieza teatral nos recuerda que la recompensa más grande que podemos tener cuando un ser querido ya no está es ese cúmulo de vivencias que nos hicieron reír, llorar y copiar a diario.

Una musiquita bien tradicional la hace desplazar, ir de un extremo al otro, mover sus manos y convertir su cuerpo en alegría. Ella baila una versión de mazurca (danza polaca) que nos encandila de a poco hasta provocarnos el llanto. Esas lágrimas cargadas de nostalgia por un pasado que solo volverá a través de una mente que decida invocarlo.

Dramaturgia: basada en el libro El amante de los caballos de Tess Gallagher. Actriz: Ana Scannapieco. Dirigida por: Lisandro Penelas. Funciones: sábados 20:30 hs. Moscú Teatro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Liberarse en el momento justo

Las Mutaciones

El I Ching, a diferencia de prácticas como el Tarot y derivados, no es de temer por sus respuestas. Un libro oriental y milenario que no es de conocimiento masivo, aunque en los últimos tiempos, ha llegado a conocimiento de más personas que se interesan en saber de qué se trata.

Considero que el humano de por sí no puede vivir en la incertidumbre. Necesita una rutina, un orden establecido, una estructura diaria y solo sentir adrenalina cuando lo desea.

Llamado El Libro de las Mutaciones (o de los Cambios), fue y es considerado una fuente de conocimiento para distintas religiones y filosofías orientales, precisamente porque constituye una clave que procura una relativa estabilidad y certidumbre, y al mismo tiempo ayuda a la comprensión del relativo remanente de inseguridad y por lo tanto trata de conducir a un sereno y despreocupado equilibrio (D.J.Vogelmann).

Se le debe la autoría original a cuatro santos: Fu Hi, el rey Wen, el duque de Chou y Kung Tse (Confucio). Al comenzar la lectura pueden verse sesenta y cuatro signos diferentes que provienen del rey Wen, el antepasado prócer de la dinastía Chou, quien la proveyó de sentencias o juicios, los dictámenes , durante los años en que Chou Sin lo tuvo preso en la cárcel. El texto dedicado a los trazos individuales proviene del duque de Chou (su hijo). Dichos escritos fueron usados durante todo el periodo en que los Chou estuvieron al poder, con el nombre de Las Mutaciones de Chou (Chou I).

Richard Wilhelm fue uno de los autores que escribió dos libros sobre el I Ching, y considerado mejores versiones en lo que al tema respecta. No es sencillo leer una publicación de este estilo, interpretar al mundo bajo las herramientas que brinda (sobre todo en Occidente, continente no muy acostumbrado a este tipo de prácticas ni a la búsqueda profunda en sabidurías milenarias).

Por otro lado, si bien Richard murió, su hijo Hellmut continuó su trayectoria en cuanto a escribir sobre mutaciones.

¿Pueden imaginar una obra de teatro que aborde estas cuestiones de una manera atractiva y sin sobrecargar de información a los espectadores?

Las Mutaciones (escrita por Valeria Correa y dirigida por Lorena Ballestrero) es la respuesta. Con una excelente puesta en escena que se vale de una estructura cuadrada de la que se pueden abrir puertas para cualquier lado (giran sobre un mismo eje), continuando con el relato dispuesto y permitiendo que la historia fluya.

Existen varios detalles que conforman a la dramaturgia y totalidad de la pieza artística y a los cuales conviene prestar atención. Uno de ellos es la imagen del programa de mano que consta de un hexagrama (líneas partidas y enteras como pueden verse).

HsiehHsieh / La Liberación

arriba Chen, Lo Suscitativo, el trueno

abajo K´an, Lo Abismal, el agua

Aquí, el movimiento se abre paso y sale del peligro. El impedimento quedó eliminado, las dificultades están en vías de solución. La liberación no se ha cumplido todavía, sino que precisamente ahora se inicia, y sus diversos estadios encuentran expresión en este signo. (Richard Wilhelm).

Por qué hago la introducción. Justamente porque no todos los que se acerquen a ver dicha propuesta están íntimamente relacionados con esta sagrada escritura y, tal vez, ni siquiera sepan en qué consiste su lectura.

Lorena Vega y Leonardo Murúa interpretan deleitosamente a una pareja que está atravesando, hace tiempo, varios conflictos propios de cualquier relación. Separados, juntos, pensándose, recordándose, dándose un beso, una caricia, un abrazo y sin poder cortar el vínculo cuando aún ya no son felices.

Así como el cambio está latente aún no se asume demasiado por parte de ninguno de los dos. Ellos se necesitan de algún modo, se buscan. Rememoran el pasado y utilizan el voseo y la tercera persona, durante toda la dramaturgia, para hablar sobre y con su pareja. Muy interesante este modo de narrar que otorga dinamismo y vuelve atractivo todo lo que acontece.

Mientras unas melodías tangueras surgen, se esfuman y cobran protagonismo; ellos danzan algunos pasos, aprovechan para fusionar sus cuerpos e indagar sobre lo que pretenden.

Ella sabe que si no se va ahora, no se va a ir nunca. Sin embargo, el tiempo se dilata, los pretextos se acumulan y las distancias se aploman.

La posesión, la felicidad y la fluidez parecen hallarse en ciertos momentos, para luego contraerse.

Una obra que dura casi una hora y que, sin embargo, alcanza para comprender su dimensión y su búsqueda -que seguramente será la de tantos y tantas-.

Las Mutaciones sorprende, emociona y colma de ternura, aquella ternura que esta pareja se tiene y que no desea terminar. Ella y él, como dos extraños que se conocen mucho y de tanto que se conocen, absurdamente, se desconocen. Que no consiguen afrontar sus caminos hasta que asumen lo que les toca.

Dramaturgia: Valeria Correa. Elenco: Lorena Vega y Leonardo Murúa. Dirección: Lorena Ballestrero. Jueves 21 hs. Teatro del Abasto.

Mariela Verónica Gagliardi

«http://www.safecreative.org/work/1509255234004-las-mutaciones-de-lorena-vega-critica-a-la-obra-de-teatro-en-el-teatro-del-abasto»

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Llenarse con otros placeres

la inapetencia

La inapetencia (escrita por Rafael Spregelburd y dirigida por Luciana Martínez Bayón) es una obra de teatro que utiliza al género de comedia para transitar por dos caminos casi diríase opuestos: la búsqueda de la familia perfecta y la imposibilidad de satisfacer los deseos sexuales dentro de la misma.

Durante cinco escenas -inspiradas en los años cincuenta pero con temáticas de los noventa-, muy diferentes entre sí, se podrá conocer a la Sra. Perrotta (Delfina Danelotti) y a su marido (Gustavo Pelato), dos seres agotados, que con voz impostada y sonrisa pintada pretenderán ser una familia de película. Como aquellas que se pueden ver en las fotos, esas fotos retocadas con pincel para que queden aún más ficticias.

Así son los Klein. Así son estos actores de los que se destacan sus protagonistas, consiguiendo una vocalización irritante para la audición y una prolijidad corporal que los va sumergiendo en lo que va aconteciendo.

En el año 1995, Bosnia y Herzegovina firman un Acuerdo para promover la paz y lograr la estabilidad entre ambos territorios, dentro de Yugoslavia. Al año siguiente, Spregelburd, escribe la presente dramaturgia y, si bien, el argumento no es histórico, me parece que es correcto destacar la presencia de varios aspectos y detalles que hacen mención a Bosnia y a la Ex Yugoslavia. La disolución de este país tuvo lugar entre 1991 y 2006, y como resultado (además de los conflictos armados, enfrentamientos culturales y religiosos a nivel local e internacional) se obtuvieron seis nuevas repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia.

Quien haya visto la obra podrá creer que brindo más detalles de los que da el propio texto y es que una posible lectura se orienta, perfectamente, a una guerra real en Europa como simbolismo a la guerra desatada en esta familia que intenta, por todos los medios, ser perfecta y dar el ejemplo cuando ni siquiera es feliz.

Cuántas cosas se suponen son normales cuando en verdad no son meras estructuras arraigadas en una sociedad.

El más débil es devorado por el más fuerte y esto puede notarse a nivel territorial. ¿Qué límite existe entre la Señora y el Señor Klein? ¿Mientras él hace “su vida” ella tiene que hacer la vista gorda? ¿Qué lugar ocupa la sexualidad en sus vidas y por qué la práctica sadomasoquista es vista como algo feroz?

Quizás ellos pretendan convertirse en animales que hacen lo que sienten sin tener que fingir adoptar determinadas posturas ante los demás. Como si esos demás les pidieran explicaciones.

Imagino a estos individuos en Inglaterra, un país súper prolijo y del que sus ciudadanos no son más que modelos de un país frío y rígido.

Durante seis escenas se podrá disfrutar de una comedia en la que irán apareciendo más personajes y quedará en evidencia cómo es necesario tener valores para poder representarlos.

Así, puede notarse cómo en un comiendo se ve una mesa tradicional en la que el matrimonio está cenando y surgen algunos temas controversiales como por ejemplo la adopción de un hijo. La liviandad con que se menciona el procedimiento legal y afectivo es sorprendente.

En una segunda escena, la Sra. se acerca a una emrpesa para reclamar por una factura y aparece, como de la nada, la temática del sadomasoquismo. Es aquí cuando puede vislumbrarse lo que siente esta mujer que vive prisionera de sus propios tabúes.

Al llegar a la mitad de la obra, se produce una situación vinculada con la primera escena que tiene lugar en una plaza. En este lugar, un gitano desnuda su desconocimiento sobre la lectura de cartas y el absurdo estalla por completo. Como recompensa por la mentira, él recibe un regalo que no es un simple objeto.

Mientras ella intenta seguir los pasos de su marido para conocer un nuevo mundo lleno de placer, va tropezando y describiendo todo lo que ve y anhela. Sus amigas no son muy diferentes y así se entienden y pasan momentos juntas. El apetito no parece hallar un sitio correcto y el desfile de comidas de principio a fin, evidentemente, no tendrá lugar en esta historia.

Como un nudo en la garganta, ellos se llenan de otras cosas y rebalsan de incoherencias. Como si se tratara de un empacho que debe ser sanado con prácticas sexuales, con decisiones impensadas y dolores paralizantes.

A la vez que uno de los personajes (que se contrapone a los del matrimonio en todo sentido), Leila, termina mencionando cuál será su próximo destino, todo parece desvanecerse adentro y afuera: si la damos por acabada, es la ex. Si en cambio unimos las fuerzas de miles de jóvenes y salimos a sembrar esas rosas que aplastan los tanques, es la gran Yugoslavia, la patria, el jardín donde quiero que retocen mis hijos.

La Inapetencia tiene múltiples lecturas y es un desafío para quien la observe, el poder descubrirlas. Cada quien con su experiencia, sabiduría, intriga, conocimiento o simple curiosidad podrá ir juntando los retazos de este tapiz que se expande por el suelo como tierras desmembradas que buscan nuevos desafíos.

Dramaturgía: Rafael Spregelburd. Elenco: Delfina Danelotti, Gustavo Pelato, Micaela Pino, Luciana Martínez Bayón, Lucas Amarilla, Dolores Cano. Dirección y puesta en escena: Luciana Martínez Bayón. Miércoles 21 hs. Teatro La Lunares.

Mariela Verónica Gagliardi

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Compartiendo, todo se vuelve menos duro

Melodías de diván1

Bárbara y Verónica: ¿quién soy yo?

Elena: qué curiosidades tiene la vida, ¿no?

Verónica: a veces hacemos cosas imperdonables para seguir viviendo…

Elena: yo hice algo imperdonable.

Quién no habrá pasado por el consultorio de un psicoanalista para entender o ser ayudado durante algún proceso difícil de la vida o por el simple placer de saber cómo seguir en pie en este conflictivo mundo moderno.

Melodías de diván (escrita y dirigida por Gastón Marioni) sube a la cartelera porteña haciéndole frente a Rolón quien se encuentra a tan solo unas cuadras. Pero, esta historia interpretada solo por mujeres es pura ficción y no precisa exponer la intimidad de ningún paciente. Entre canciones románticas, melancólicas y nostálgicas es como los boletos más reconocidos vox populi llegan a un espacio colmado de una atmósfera cálida y con aroma a fresa.

La dulzura de cinco artistas que muestran el interior de cinco personajes encantadores que, si bien están estancadas, logran descubrirse unas a otras hasta hallar una verdad que las modificará para siempre.

Melodías de diván es, sin lugar a dudas, la privacidad sin velo que se erige como provocación a quienes no se animan a sentir.

Cada una tiene un trauma o algo que resolver y, evocando fragmentos de canciones es la manera que encuentran para canalizar sus angustias.

Lejos de ser un musical frívolo y que pretenda sorprender y envolver en pura adrenalina, Gastón Marioni deslumbra con los diálogos creados junto a su compañero, el talentoso Hernán Matorra en el piano -ubicándose en un espacio también íntimo-.

Con Arráncame la vida (interpretada por Graciela Pal) se abre esta velada realmente sutil, que tiene una estética y vestuario preciosos, una iluminación que intimida a quien tiene la palabra y evita a quien debe silenciarse. Así, los temas surgen como un volcán en erupción hasta que la lava corre más rápido que la luz.

Nada, Quizás, quizás, quizás y A mi manera; son algunas de las canciones que entre bolero y tango se turnan para llenar el espacio de sus propios sentires, aquellos que se identificarán, seguramente, con nosotros y nos veremos reflejados en autores tan reconocidos por el ambiente musical.

Pero, ¿qué es lo innovador y suspicaz de esta propuesta artística?

El modo de construir historias independientes y, luego, unirlas de tal forma que nunca parecieran haber sido muchas sino una sola. Como Woody Allen con sus guiones, Marioni tiene esa misma destreza para presentar a un personaje como por ejemplo el de la periodista Raquel Antolínez, (Ana Padilla), al instante a las divas Elena Da Ruggiero (Graciela Pal) y Sara Fingerman (Roxana Randón); y el de dos profesionales de la salud mental: Verónica Schultz (Julia Zenko) y Bárbara Urquiza (Magalí Sánchez Alleno), sin que podamos comprender qué vínculo o relación las une, qué es lo que las hace tan particulares o esenciales en esta dramaturgia. Pero, en breves momentos, se entiende el hilo conductor y la finura con que se van contextualizando los discursos de cada una.

Existen muchísimas obras, vigentes, que encaran la temática de psicólogo-paciente o de terapia grupal sin profesional -por diferentes motivos-. Lo cautivante aquí es que la figura del licenciado no es la de un mero erudito perfecto que tiene que dar cátedra de sus conocimientos académicos sino la de una psicóloga que, además, es persona y como tal sufre, ama, odia y se desespera cuando no puede resolver aquello que tanto la aqueja.

El universo de Melodías de diván es claro y confuso, como cualquier vida que ingresa a un sitio para salir modificada. Como las palabras dichas en voz alta para lograr cambios en los demás y no un mero descargo. Así, una ex diva sufre y deambula, literalmente hablando, otra cantante sin voz no quiere asumir que hace play back, la periodista toma nota de todo -encauzando lo que tanto la aqueja- y dos contenedoras sociales rebalsan cuando asumen lo que les toca.

Cinco vidas únicas que se conocen, que comparten un día de terapia grupal y, a partir de allí, salen siendo otras. Intentando ayudarse unas a otras y sintiendo pena de lo que le toca vivir a cada una.

Mientras un show es preparado, los ensayos de La Gaviota se suceden en el aire y todo lo proyectado se posterga por el presente, aquel presente que determina un antes y un después en el camino de estas valientes que triunfan en la mejor empresa: la personal.

Si no se quién sos, ¿cómo voy a saber quién soy yo?

Elenco: Magalí Sánchez Alleno, Roxana Randón, Graciela Pal, Ana Padilla, Julia Zenko. Libro: Gastón Marioni. Arreglos musicales: Hernán Matorra. Dirección musical: Hernán Matorra. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni. Las funciones son los martes 20.45 hs. Teatro Picadilly.

Mariela Verónica Gagliardi

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Amor en tiempos de Guerra

Felice5

20 de septiembre de 1912

Señorita: Ante el caso muy probable de que no pudiera usted acordarse de mí lo más mínimo, me presento de nuevo: me llamo Franz Kafka, y soy el que la saludó a usted por primera vez una tarde en casa del señor director Brod, en Praga, luego le estuvo pasando por encima de la mesa, una tras otra, fotografías de un viaje al país de Talía, y cuya mano, que en estos momentos está pulsando las teclas, acabó por coger la suya. (Franz Kafka)

La Primera Guerra Mundial, comenzada el 28 de julio de 1914 y finalizada el 11 de noviembre de 1918; comprende practicamente los mismos años que duró la relación conflictiva y amorosa entre Franz Kafka y Felice Bauer. Salvando las diferencias entre ambos sucesos, puede respirarse ese aire turbio, brumoso y desesperanzador.

Andrea Marina Villamayor, interpreta el unipersonal en el que Felice (escrita por Araceli Mariel Arreche y dirigida por Hugo A. Ramos) vuelve a la vida para rememorar las cartas que le llegaban de su prometido.

En 1912, Kafka conoce a Felice en la casa de la familia de Max Brod, momento en el que ella estaba de visita en Praga ya que seguiría viaje hacia Budapest para asistir al casamiento de su hermana Elsa.

Ingresar en el código establecido por la autora de esta obra es pedir permiso para conocer los detalles íntimos de una pareja que tuvo muchísimas idas y venidas, distancias prolongadas y pocos encuentros físicos, pensando en la únión del matrimonio y no consiguiendo establecerlo.

Me provoca diferentes sensaciones el ver la dramatización de Felice, quien sin necesidad de exagerar sus angustias, dolores, romance y pulsión; recuerda de memoria cada una de las más de quinientas cartas. Que toma una de la valija gigante para recorrer en un viaje imaginario, quiénes eran, qué eran, por qué no se dio y por qué del sufrimiento tan profundo.

Praga y Berlín, entonces, se unen durante una hora para darnos a conocer esta historia de amor que no fue bendecida con el color rosa sino con la oscuridad y claridad que tiene todo vínculo afectivo, dejando en evidencia el realismo que tenía la escritura de Kafka, tantos en sus obras literarias como en esta relación más epistolar que verdadera. Sin ánimos de juzgar, los encuentros que tuvo la pareja fueron alrededor de veinte en cinco años y durante dichas jornadas vivía intensamente cada momento.

Franz, oriundo de Praga. Felice, oriunda de Berlín. Una catástrofe mundial que, igualmente, permitía mantener este romance en pie. La ilusión de un mañana juntos, de un despertar mágico y de dos personalidades tan distintas como complementarias.

El escritor, con cambios abruptos en su conducta, con deseos insatisfechos en su vida, la tenebrosidad de sus infortunios y fantasmas creados en un momento en que era bastante difícil hallar la paz y serenidad. Mientras, ella tipeaba en su máquina de escribir, incansablemente, rompiendo una y otra vez los relatos, los sinsabores. A su vez, el trabajo que tenía en Carl Lindström como responsable de la venta y distribución del parlógrafo, también tenía a dos taquimecanógrafas a su cargo.

La vida de Felice no era la convencional de una joven de familia bien posicionada. Ella en vez de quedarse bordando en su casa, se empleaba, buscaba su independencia. Aquella libertad que no pudo hallar en el amor, que la ató durante tantos miles de días en un profundo y doloroso amor. Fue como una condena. Al menos eso percibo de sus cartas, de las cartas de ambos. Las promesas que él le hacía, las palabras esbozadas y una fidelidad que cambiaba de acuerdo al sentido del viento.

Kafka tenía una tormentosa vida, la misma que pude deducirse de diferentes textos escritos por él a lo largo de su bibliografía publicada.

Su amor fue sincero por momentos, pero el de ella aún más puro y noble.

Desde la puesta en escena, el fonógrafo, la máquina de escribir antigua, el mobiliario en tonos celeste verdosos, el vestuario que va luciendo la actriz a lo largo de la historia, su peinado épico y su aire distinguido y tierno; convierten a Felice en una mujer real.

Quizás, a veces, uno espera una actuación más exagerada, pero en cuanto se comprende que es otra vida (y real) la que se intenta transmitir, la sutileza de movimientos y expresiones por parte de Andrea, resultan más que suficientes. Existe un quiebre que se da a medida que va in crescendo el paso del tiempo, su entereza que se derrumba y el llanto que la viste aún más hermosa.

Los cambios abruptos por parte de Kafka, de otro modo, convertirían a la actriz en una bipolar que se extenuaría al tener que transitar tantas sensaciones opuestas y diferentes.

En 1917 se vieron por última vez los enamorados. Él ya muy enfermo de tuberculosis, aunque recién muere en 1924. Ella, se casa en 1919 con un banquero (quince años mayor que ella) llamado Moritz Marasse e intenta rehacer su vida. Quizás, de no haber existido dicha enfermedad, los amantes hayan continuado atados sin lograr resolver sus caminos por separados.

30 de septiembre de 1917

Que en mi interior hay dos seres que combaten, es cosa que ya sabes. Que el mejor de ambos combatientes te pertenece, es algo que en estos últimos días he dudado menos que nunca. Sobre las vicisitudes de la lucha has sido informada a lo largo de cinco años mediante la palabra y el silencio y mediante sus entremezcladuras, por lo general para tu tormento. Caso de que me preguntes si ha habido siempre veracidad, solo te puedo decir que jamás hacia ninguna otra persona me he abstenido tan enérgicamnte de decir mentiras conscientes, o para ser aún más exacto, más enérgicamente, que hacia tí. Disimulos ha habido algunos, mentiras muy pocas, suponiendo que, de por sí, sea posible eso de que haya ‘muy pocas’ mentiras. Soy un ser mentiroso, de otra manera no sé conservar el equilibrio, mi barca es muy frágil. Franz Kafka.

Dramaturgia: Araceli Mariel Arreche. Elenco: Andrea Marina Villamayor. Dirección y puesta en escena: Hugo A. Ramos. Viernes 20:30 hs. Teatro El Crisol.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un espectáculo a la francesa

Vaudeville

Un espectáculo se compone de la función, de la previa y, también, del final en que los artistas son saludados por todos. No siempre sucede lo mismo ni se siente lo mismo, lógicamente.

Si utilizara un término, éste sería: alegría. Durante los minutos anteriores a que abrieran las puertas de la Sala 1 del Teatro La Comedia se podían ver sonrisas. Para un lado y para el otro, felicidad, unos hablando con otros y ansiando que comience la obra.

Así, el clamor se hizo presente, deseamos que nunca terminara la noche para seguir teniendo presente a este elenco, realmente, impecable de Zapping Vaudeville.

Muchísimas figuras del mundo artístico estuvieron, ovacionaron y fue una verdadera fiesta en que todo adulto mantuvo vivo su corazón.

¿Por qué se produce este fenómeno tan bestial?

Se trata de un elenco, conformado por siete artistas, que demuestran su talento en escena, su vocación, su gracia y su empatía con el espectador.

Qué importante resulta que, por momentos, la línea que divide al escenario de la plata se esfume para dar lugar a esa fusión en que todos somos uno, en que la alegría se apodera para hacerla estallar una y otra vez.

Cómo un género que no siempre es valorizado, puede volverse un estallido mágico de atracciones imposibles de ignorar.

Vaudeville es una palabra de origen francés, a su vez un lugar geográfico en Francia llamado Vau de Vire (Valle de Vire) que es un valle situado en la frontera de Normandía. A raíz del surgimiento de canciones populares en dicho sitio es que se las conoce como Voix de Vire (voz de Vire).

Tanto en este país europeo como en Estados Unidos, existió el teatro de variedad, solo que de diferente modo.

En lo que respecta a este espectáculo, puede considerarse de la rama surgida en Francia ya que se hace mención al idioma, canto y demás sutilezas a lo largo de los números presentados. En el Siglo XVIII se hace conocido este gran fenómeno, con varias coincidencias respecto al circo y a su estilo de vida. Un género en el que se pueden observar segmentos de música, danza, teatro cómico y una vestimenta que acompaña, perfectamente, lo acontecido.

Dos excéntricos presentadores y artistas, Carlos Guedes y Christian Barbieri (autores de esta magnífica obra) deslumbran, constantemente, a lo largo del espectáculo en que los números serán para todo público. Para un público sagaz y con ganas de pasar gratos momentos en que la realidad será mostrada de modo absurdo, irónico y con códigos de humor negro.

Así, desfilarán por el escenario hasta aquel personaje nefasto y repudiado de la historia mundial, un títere de mano que dirá lo que otros no se animen, una bailarina que, grotescamente, pretenderá llamar la atención, otra que se disfrazará de oso para defender sus derechos; y un sinfín de cuadros realmente asombrosos y dignos de ser vistos y aplaudidos.

El slogan de la obra es: 50 artistas en escena, en la gira murieron 43 y los que quedan tienen que reemplazarlos. Desde aquí parten y, así, es como termina resultando efectiva la propuesta y el fortato de comedia que se le pretende dar al vaudeville. Cómo reemplazar a tantos, siendo tan pocos, no pareciéndose físicamente a quienes ya no están ni teniendo las destrezas que los otros tenían. Acá reside el trampolín para recorrer ese camino lleno de aventuras en que la ridiculización, ajena y propia, se convierte en un verdadero paraíso de risas.

Los mariachis mexicanos hacen también su paso, caracterizados con todo el vestuario tradicional y con unos bigotes realmente gigantes que tapan la mitad de sus caras. Música, en vivo, con instrumentos tradicionales y reciclados -los cuales otorgan melodías distintas-. Plumas decorando a la femme fatal y ensalzándola como si se tratara de una diva. Humor por doquier y una plata que deja de existir y nos traslada a un ambiente al aire libre en el que todos estamos al mismo nivel, en el que no existen las diferencias y en el que podemos ovacionar por la calidad que brindan en cada sketch, fabricado tan artesanalmente como con amor.

Como si se tratara de una formación, cada uno de ellos es un vagón y, juntos, desfilan por todos lados, ansiando no parar nunca y llevando alegría cantada a toda persona que se atreva a sumarse a este tren que siempre viaja con butacas libres.

Idea y libro: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Elenco: Carlos Guedes, Christian Barbieri, Giuliana Nieto, Lula Rosenthal, Clara Quarneti, Zulma Zucca, Melina Saavedra. Orquestaciones originales: Joseph Chaparro. Letras canciones originales: Matías Canony. Coreografía y dirección general: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Funciones: lunes 21 hs. Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

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El silencio es de oro

Casi Tennessee

Habiendo transcurrido cuarenta años de la depresión económica, en 1973 se estrena en Estados Unidos una película que se basa en el dinero pero desde una arista diferente. The Sting, traducida como El golpe (escrita por David S. Ward, con música de Scott Joplin, dirigida por George Roy Hill y con las destacadas actuaciones de Paul Newman, Robert Redford y Robert Shaw). El argumento gira entorno a tres amigos estafadores que preparan un gran plan. Ellos creen tenerlo todo encaminado hasta que uno de ellos es asesinado y los otros dos deberán salir adelante intentando vengar la muerte del fallecido.

The entertainer (1902) suena en Casi Tennessee, en el departamento lujoso donde sucederán los fragmentos de tres obras que Edgardo Dib ha escogido para homenajear, detallar y narrar quién era este autor. Su esencia, su inventiva, su creatividad, en manos del santafesino que todo lo que toca lo exalta y dota de magia. De una suspicacia distintiva, de esos detalles que no son meros objetos sino la simbología y dialéctica de la que se valía Tennessee Williams al escribir cada uno de sus textos.

Mientras suena entonces esa melodía de Joplin, las amigas se preparan para ir al cine. Ellas están entusiasmadas por ver a sus ídolos: a Paul y a Robert. Muy firmemente se refieren a ellos, como si se tratara de conocidos o amigos. Sus deseos se ven mezclados con la pasión, con esa ambientación romántica que prepara al espectador a sumergirse en un universo perfecto y relajado, para luego crear la tensión del estadounidense y de Dib.

Tanto Ana Padilla como Mónica Buscaglia desarrollan e interpretan sus personajes inspiradas y con todo el compromiso que las caracteriza. Desde los cambios de vestuario hasta sus composiciones corporales las hacen actuar de la artista que corresponda en cuestión de segundos.

Lo que no se dice esboza la relación entre Cornelia Scott y su secretaria Grace Lancaster, quien trabaja para su ama hace diez años (según el texto original, quince). Como símbolo de reconocimiento, Cornelia decora la casa con una docena de rosas (nueve se ven colgando del cielo raso y una en un florero para que Grace la vea pronto). La riqueza de Cornelia no le sirve para ser feliz, sino todo lo contrario. Ella está obsesionada con conseguir la presidencia de Las hijas de la confederación, una asociación donde todas sus afiliadas son mujeres grandes y, según palabras de la propia Grace, las más jóvenes son dos (una de ellas su ama de sesenta años). Todos los diálogos se desenvuelven con idas y venidas sobre dicha temática, a la vez que un teléfono interrumpe constantemente. La reiteración de esta situación, en diferentes escenas, vuelve más atractiva la dramaturgia y dan ganas de conocer más sobre estas mujeres, sobre sus vidas y qué hay detrás de tantas palabras.

Blanche y Stella (hermanas en Un tranvía llamado deseo) aparecen, también, en esta obra para exaltar su vínculo, el embarazo perdido de Stella, el padecimiento que sufre hace tiempo, el secreto de Blanche, el misterio que se huele en el aire sin dejar continuar la vida. Esa vida que solo parece continuar al escuchar el sonido del tranvía, el cual pasa por sobre el techo de la vivienda, para recordarles que hay un exterior que sigue mientras el sufrimiento las aqueja.

Por último, El zoo de cristal, otro de los grandes éxitos de Tennessee, está presente en algunas escenas de la historia que se fragmenta en estos tres clásicos para, luego, unirse como si no existieran las diferencias.

Mientras Amanda Wingfield sigue interrumpiendo las vidas ajenas, Casi Tennessee consigue trasladarnos a diferentes relatos, que en esta ocasión son representados por Ana y Mónica, dos actrices completas, con una vastaexperiencia en las artes escénicas y que llegan para dar todo lo mejor de sí.

Mujeres sufridas, melancólicas, con trabas emocionales, físicas y con esa delicadeza que implantó en sus trabajos Williams y que Dib se encargó de respetar.

Casi Tennessee es una obra que no se puede catalogar ni en el género de comedia ni de drama. Es ambas y, como se solía decir, perteneciente al género gótico sureño (basado en elementos sobrenaturales y extraños que sirven para la argumentación). De no existir los cambios de vestuarios e iluminación, podría sentirse que es una única dramaturgia que modifica a sus personajes de tal modo, hasta convertirlos en lo mejor o en lo peor de sí mismos.

El detalle final: la muerte de Paul Newman en el 2008, motivo por el cual se cita a esta fecha y no como un hito histórico sino como modo de insertad lo contemporáneo en lo moderno. La vida de dos mujeres solas que debatían sobre él como si se tratara de un pariente cercano. El deseo infinito por ser parte de su vida, y el desenlace que cobra vital importancia.

Dramaturgia y dirección: Edgardo Dib. Elenco: Ana Padilla, Mónica Buscaglia. Las funciones son los domingos 18 hs. Teatro El Kafka.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una explosión de sinceridad

Noche de paz

Existen familias que ansían la llegada de las fiestas católicas y, otras tantas (cada vez más) que esperan pasarlas por alto de una vez por todas. Casi siempre generando conflictos o, tal vez, acercando las diferencias es que el 24 de diciembre podría eliminarse del calendario y que la armonía se apodere de cada uno.

Pareciera ser que el arbolito, sus regalos y cada tradición alrededor de esta celebración, es considerada una ridiculez junto a su comida pesada y calórica de norteamérica -trasladada a nuestras tierras en que las temperaturas van en aumento-.

Noche de paz (escrita por Juan Ignacio Bruzzo, con música original de Damián Mahler y dirigida por Damián Iglesias) es un reflejo de este sentimiento que se expresa en obra de teatro musical, generando la pronta identificación con los espectadores.

¿Qué sucede con los miembros de la familia que no se invitan para el festejo, los secretos que se ocultan, las rispideces que pretenden ser disimuladas y la poca o nada de tolerancia que se suceden horas antes al brindis por un nuevo día?

Esta comedia tienen tintes de humor negro, que permiten acercar al absurdo en su máxima potencia. De hecho, a lo largo de la dramaturgia, se hace constante hincapié en éste, explicando -de manera explícita- qué es absurdo y qué es ironía. Como para que no queden dudas del significado que quiere darse a entender.

Ni noche de paz ni noche de amor. Nada de eso ocurrirá. La comedia estará dividida en dos escenarios: el montado con mobiliario y decoración en que la Noche Buena se esperará y, el otro, generado simplemente al cerrar el cortinado del teatro para que la brecha entre una sensación y otra sea marcada y logra tenazmente.

En la casa de Santino, quien querrá presentar a su nueva novia Paloma, ocurrirán todas las discusiones típicas de una cena de esa especie. La paz se verá abruptamente interrumpida por un acontecimiento que dará espacio a lo que se quiere contar en esta historia. Serán dos los personajes que más resalten en la obra, por sus antítesis y talentos: Diego Bros y Ana Victoria De Vincentiis. Sin desmerecer el trabajo del resto del elenco, quien se encarga de contextualizar cada escena e intervenir oportunamente, son estos dos artistas los que cobran un vuelo diferente. Un Diego Bros que interpreta a tres personajes y que el más homenajeado es el de la madre de familia; despertando las carcajadas, constantes, y la originalidad de cada uno de sus movimientos. Por momentos recordé a Mrs. Doubtfire (film interpretado por Robin Williams), donde el protagonista consigue manipular los lazos familiares para conseguir sus objetivos. En la película una de sus metas era recuperar la relación con sus hijos que, a raíz de su separación, se vio afectada. Si bien en Noche de paz no es la misma situación, sí existe una estrecha semejanza en que los vínculos se ven afectados por malos entendidos y personalidades que chocan.

Con respecto al personaje encarnado por De Vincentiis, no es sorpresa que canta y vocaliza de una manera emocionante, lo cual es difícil de hallar en comedias musicales; pero considero que es necesario hacerlo en cada nota referida a su participación.

Noche de paz es una propuesta para pasarla bien, escuchar buena música y letras totalmente entretenidas para descontracturarse un jueves. En cuanto a la duración de la pieza artística, es de un poco más de una hora, tiempo exacto como para que la historia no sea redundante y todos tengan su momento de esplendor. Entre diálogos picantes, una trama redonda y mucho carisma actoral, Noche de paz llega a su desenlace en que sorprende con el toque final. Como una percusión que se fusiona con villancicos y campañitas para demostrar la ironía de toda hipocresía navideña.

La mesa está servida y que pase lo que tenga que pasar.

Dramaturgia: Juan Ignacio Bruzzo. Música original: Damián Mahler. Elenco: Ana Acosta, Sebastián Holz, Diego Bros, Patricio Witis, Ana Victoria De Vincentiis, Martín Repetto, Joan Ramis, Federico Aquilano, Florencia Spinelli. Dirección: Damián Iglesias. Funciones: jueves 21 hs. Teatro Del Globo.

Mariela Verónica Gagliardi