*** Octubre 2017 ***

Casi Tennessee

Habiendo transcurrido cuarenta años de la depresión económica, en 1973 se estrena en Estados Unidos una película que se basa en el dinero pero desde una arista diferente. The Sting, traducida como El golpe (escrita por David S. Ward, con música de Scott Joplin, dirigida por George Roy Hill y con las destacadas actuaciones de Paul Newman, Robert Redford y Robert Shaw). El argumento gira entorno a tres amigos estafadores que preparan un gran plan. Ellos creen tenerlo todo encaminado hasta que uno de ellos es asesinado y los otros dos deberán salir adelante intentando vengar la muerte del fallecido.

The entertainer (1902) suena en Casi Tennessee, en el departamento lujoso donde sucederán los fragmentos de tres obras que Edgardo Dib ha escogido para homenajear, detallar y narrar quién era este autor. Su esencia, su inventiva, su creatividad, en manos del santafesino que todo lo que toca lo exalta y dota de magia. De una suspicacia distintiva, de esos detalles que no son meros objetos sino la simbología y dialéctica de la que se valía Tennessee Williams al escribir cada uno de sus textos.

Mientras suena entonces esa melodía de Joplin, las amigas se preparan para ir al cine. Ellas están entusiasmadas por ver a sus ídolos: a Paul y a Robert. Muy firmemente se refieren a ellos, como si se tratara de conocidos o amigos. Sus deseos se ven mezclados con la pasión, con esa ambientación romántica que prepara al espectador a sumergirse en un universo perfecto y relajado, para luego crear la tensión del estadounidense y de Dib.

Tanto Ana Padilla como Mónica Buscaglia desarrollan e interpretan sus personajes inspiradas y con todo el compromiso que las caracteriza. Desde los cambios de vestuario hasta sus composiciones corporales las hacen actuar de la artista que corresponda en cuestión de segundos.

Lo que no se dice esboza la relación entre Cornelia Scott y su secretaria Grace Lancaster, quien trabaja para su ama hace diez años (según el texto original, quince). Como símbolo de reconocimiento, Cornelia decora la casa con una docena de rosas (nueve se ven colgando del cielo raso y una en un florero para que Grace la vea pronto). La riqueza de Cornelia no le sirve para ser feliz, sino todo lo contrario. Ella está obsesionada con conseguir la presidencia de Las hijas de la confederación, una asociación donde todas sus afiliadas son mujeres grandes y, según palabras de la propia Grace, las más jóvenes son dos (una de ellas su ama de sesenta años). Todos los diálogos se desenvuelven con idas y venidas sobre dicha temática, a la vez que un teléfono interrumpe constantemente. La reiteración de esta situación, en diferentes escenas, vuelve más atractiva la dramaturgia y dan ganas de conocer más sobre estas mujeres, sobre sus vidas y qué hay detrás de tantas palabras.

Blanche y Stella (hermanas en Un tranvía llamado deseo) aparecen, también, en esta obra para exaltar su vínculo, el embarazo perdido de Stella, el padecimiento que sufre hace tiempo, el secreto de Blanche, el misterio que se huele en el aire sin dejar continuar la vida. Esa vida que solo parece continuar al escuchar el sonido del tranvía, el cual pasa por sobre el techo de la vivienda, para recordarles que hay un exterior que sigue mientras el sufrimiento las aqueja.

Por último, El zoo de cristal, otro de los grandes éxitos de Tennessee, está presente en algunas escenas de la historia que se fragmenta en estos tres clásicos para, luego, unirse como si no existieran las diferencias.

Mientras Amanda Wingfield sigue interrumpiendo las vidas ajenas, Casi Tennessee consigue trasladarnos a diferentes relatos, que en esta ocasión son representados por Ana y Mónica, dos actrices completas, con una vastaexperiencia en las artes escénicas y que llegan para dar todo lo mejor de sí.

Mujeres sufridas, melancólicas, con trabas emocionales, físicas y con esa delicadeza que implantó en sus trabajos Williams y que Dib se encargó de respetar.

Casi Tennessee es una obra que no se puede catalogar ni en el género de comedia ni de drama. Es ambas y, como se solía decir, perteneciente al género gótico sureño (basado en elementos sobrenaturales y extraños que sirven para la argumentación). De no existir los cambios de vestuarios e iluminación, podría sentirse que es una única dramaturgia que modifica a sus personajes de tal modo, hasta convertirlos en lo mejor o en lo peor de sí mismos.

El detalle final: la muerte de Paul Newman en el 2008, motivo por el cual se cita a esta fecha y no como un hito histórico sino como modo de insertad lo contemporáneo en lo moderno. La vida de dos mujeres solas que debatían sobre él como si se tratara de un pariente cercano. El deseo infinito por ser parte de su vida, y el desenlace que cobra vital importancia.

Dramaturgia y dirección: Edgardo Dib. Elenco: Ana Padilla, Mónica Buscaglia. Las funciones son los domingos 18 hs. Teatro El Kafka.

Mariela Verónica Gagliardi

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