*** Agosto 2017 ***

Felice5

20 de septiembre de 1912

Señorita: Ante el caso muy probable de que no pudiera usted acordarse de mí lo más mínimo, me presento de nuevo: me llamo Franz Kafka, y soy el que la saludó a usted por primera vez una tarde en casa del señor director Brod, en Praga, luego le estuvo pasando por encima de la mesa, una tras otra, fotografías de un viaje al país de Talía, y cuya mano, que en estos momentos está pulsando las teclas, acabó por coger la suya. (Franz Kafka)

La Primera Guerra Mundial, comenzada el 28 de julio de 1914 y finalizada el 11 de noviembre de 1918; comprende practicamente los mismos años que duró la relación conflictiva y amorosa entre Franz Kafka y Felice Bauer. Salvando las diferencias entre ambos sucesos, puede respirarse ese aire turbio, brumoso y desesperanzador.

Andrea Marina Villamayor, interpreta el unipersonal en el que Felice (escrita por Araceli Mariel Arreche y dirigida por Hugo A. Ramos) vuelve a la vida para rememorar las cartas que le llegaban de su prometido.

En 1912, Kafka conoce a Felice en la casa de la familia de Max Brod, momento en el que ella estaba de visita en Praga ya que seguiría viaje hacia Budapest para asistir al casamiento de su hermana Elsa.

Ingresar en el código establecido por la autora de esta obra es pedir permiso para conocer los detalles íntimos de una pareja que tuvo muchísimas idas y venidas, distancias prolongadas y pocos encuentros físicos, pensando en la únión del matrimonio y no consiguiendo establecerlo.

Me provoca diferentes sensaciones el ver la dramatización de Felice, quien sin necesidad de exagerar sus angustias, dolores, romance y pulsión; recuerda de memoria cada una de las más de quinientas cartas. Que toma una de la valija gigante para recorrer en un viaje imaginario, quiénes eran, qué eran, por qué no se dio y por qué del sufrimiento tan profundo.

Praga y Berlín, entonces, se unen durante una hora para darnos a conocer esta historia de amor que no fue bendecida con el color rosa sino con la oscuridad y claridad que tiene todo vínculo afectivo, dejando en evidencia el realismo que tenía la escritura de Kafka, tantos en sus obras literarias como en esta relación más epistolar que verdadera. Sin ánimos de juzgar, los encuentros que tuvo la pareja fueron alrededor de veinte en cinco años y durante dichas jornadas vivía intensamente cada momento.

Franz, oriundo de Praga. Felice, oriunda de Berlín. Una catástrofe mundial que, igualmente, permitía mantener este romance en pie. La ilusión de un mañana juntos, de un despertar mágico y de dos personalidades tan distintas como complementarias.

El escritor, con cambios abruptos en su conducta, con deseos insatisfechos en su vida, la tenebrosidad de sus infortunios y fantasmas creados en un momento en que era bastante difícil hallar la paz y serenidad. Mientras, ella tipeaba en su máquina de escribir, incansablemente, rompiendo una y otra vez los relatos, los sinsabores. A su vez, el trabajo que tenía en Carl Lindström como responsable de la venta y distribución del parlógrafo, también tenía a dos taquimecanógrafas a su cargo.

La vida de Felice no era la convencional de una joven de familia bien posicionada. Ella en vez de quedarse bordando en su casa, se empleaba, buscaba su independencia. Aquella libertad que no pudo hallar en el amor, que la ató durante tantos miles de días en un profundo y doloroso amor. Fue como una condena. Al menos eso percibo de sus cartas, de las cartas de ambos. Las promesas que él le hacía, las palabras esbozadas y una fidelidad que cambiaba de acuerdo al sentido del viento.

Kafka tenía una tormentosa vida, la misma que pude deducirse de diferentes textos escritos por él a lo largo de su bibliografía publicada.

Su amor fue sincero por momentos, pero el de ella aún más puro y noble.

Desde la puesta en escena, el fonógrafo, la máquina de escribir antigua, el mobiliario en tonos celeste verdosos, el vestuario que va luciendo la actriz a lo largo de la historia, su peinado épico y su aire distinguido y tierno; convierten a Felice en una mujer real.

Quizás, a veces, uno espera una actuación más exagerada, pero en cuanto se comprende que es otra vida (y real) la que se intenta transmitir, la sutileza de movimientos y expresiones por parte de Andrea, resultan más que suficientes. Existe un quiebre que se da a medida que va in crescendo el paso del tiempo, su entereza que se derrumba y el llanto que la viste aún más hermosa.

Los cambios abruptos por parte de Kafka, de otro modo, convertirían a la actriz en una bipolar que se extenuaría al tener que transitar tantas sensaciones opuestas y diferentes.

En 1917 se vieron por última vez los enamorados. Él ya muy enfermo de tuberculosis, aunque recién muere en 1924. Ella, se casa en 1919 con un banquero (quince años mayor que ella) llamado Moritz Marasse e intenta rehacer su vida. Quizás, de no haber existido dicha enfermedad, los amantes hayan continuado atados sin lograr resolver sus caminos por separados.

30 de septiembre de 1917

Que en mi interior hay dos seres que combaten, es cosa que ya sabes. Que el mejor de ambos combatientes te pertenece, es algo que en estos últimos días he dudado menos que nunca. Sobre las vicisitudes de la lucha has sido informada a lo largo de cinco años mediante la palabra y el silencio y mediante sus entremezcladuras, por lo general para tu tormento. Caso de que me preguntes si ha habido siempre veracidad, solo te puedo decir que jamás hacia ninguna otra persona me he abstenido tan enérgicamnte de decir mentiras conscientes, o para ser aún más exacto, más enérgicamente, que hacia tí. Disimulos ha habido algunos, mentiras muy pocas, suponiendo que, de por sí, sea posible eso de que haya ‘muy pocas’ mentiras. Soy un ser mentiroso, de otra manera no sé conservar el equilibrio, mi barca es muy frágil. Franz Kafka.

Dramaturgia: Araceli Mariel Arreche. Elenco: Andrea Marina Villamayor. Dirección y puesta en escena: Hugo A. Ramos. Viernes 20:30 hs. Teatro El Crisol.

Mariela Verónica Gagliardi

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