*** Julio 2017 ***

El-amante-de-los-caballos-2

Un galpón con sus recuerdos de antaño es el escenario que se exhibirá para ser contemplado con cada uno de sus detalles que conforman a esta sensible y profunda historia. Como si todo hubiera quedado quieto e inmutable, allí permanece. Para ser contemplado, utilizado y rememorado. Como una puerta que, una vez que se abre, es imposible volver a entornar.

En su vida tuvo alrededor de cincuenta caballos, detalle no menor para empezar el recorrido por esta familia irlandesa que dejó su gran huella en el pueblo.

Lisandro Penelas toma diversos textos de Tess Gallagher y los adapta, muy emotivamente, a esta puesta en escena. Si bien casi todo el argumento original se respeta fielmente, existen algunos detalles que son modificados para que, seguramente, la actriz consiga una cercanía más próxima con los miembros familiares que debe mencionar.

Es así como la figura central de El amante de los caballos que se refiere a su bisabuelo, en esta oportunidad se relaciona estrictamente con su abuelo. Éste tomaba mucho alcohol, era jugador de cartas y su enfermedad le ocasionó que sintiera aún menos culpa a la hora de apostar todo lo que tenía con tal de pasarla bien un rato, un día o varios días.

Mientras ella habla en voz alta y recuerda a su abuelo, sus sonidos vocales van disminuyendo hasta fusionarse con el silencio mismo. Resulta ser que este gran hombre pertenecía a una casta de gitanos de Irlanda a los que se denominaba susurradores. Esos susurros tenían un peso tal por sobre los caballos que éstos obedecían a la perfección.

Tanto el abuelo como su propio padre, tenían firmes convicciones y ni siquiera cuando éste conoció a su mujer ella se pudo resistir a sus encantos. Todos se quejaban de los aspectos negativos del bisabuelo y, sin embargo mi madre le preguntó cómo se ganaba la vida. Mi padre señaló la baraja que llevaba en el bolsillo de la camisa y dijo: –Juego a las cartas. Pero el amor es como es y aunque mi madre era una mujer totalmente práctica, por lo visto no pudo enamorarse de ningún otro hombre.

El amante de los caballos (basada en textos de Tess Gallagher y dirigida por Lisandro Penelas) es un unipersonal excelente (protagonizado por Ana Scannapieco) que rescata aquellos valores esenciales de un hombre que amó a sus animales y que vivió la vida como quiso sin sentir la necesidad de fingir una postura ante alguien o de dar explicaciones sobre su accionar. Una verdadera joyita del teatro que indaga sobre lo moralmente correcto o incorrecto, sobre la etapa de duelo de esta hija que no logra entender a su progenitor pero que lo intenta por todos los medios posibles.

Su papá era un hombre original que si bien estaba absorbido por el juego, nunca pasó hambre. Desde el día que se le ocurrió apostar -no con dinero- sino con vales, siempre llevó adelante su estrategia. Cuando su hija recuerda esto, se emociona y sonríe, como cada frase que esboza.

Su cuerpo consigue formas delicadas para moverse, para convertirse en esa niña que con tan solo cinco años había mostrado un entusiasmo sospechoso por un poni. Y es cierto que sentí que había perdido un amigo muy querido cuando mi madre consiguió que los propietarios del poni lo llevaran a pastar a otra parte.

Ella es pequeña y grande a la vez. Hija y nieta. Feliz y sufrida. Libre como el pelo de un caballo que recorre el aire al trotar por campo abierto. No existe un caballo en escena pero sí nos podemos hacer la idea de su tamaño y ternura con tan solo observar el recorrido que hace su brazo y mano al acariciarlo, al cepillarlo, al admirarlo.

Sus susurros de niña la acompañaron durante muchos años, hasta que -nos cuenta- su madre terminó con ellos abruptamente.

Entre relatos encantadores, una espléndida actuación y una dirección precisa e inteligente, esta pieza teatral nos recuerda que la recompensa más grande que podemos tener cuando un ser querido ya no está es ese cúmulo de vivencias que nos hicieron reír, llorar y copiar a diario.

Una musiquita bien tradicional la hace desplazar, ir de un extremo al otro, mover sus manos y convertir su cuerpo en alegría. Ella baila una versión de mazurca (danza polaca) que nos encandila de a poco hasta provocarnos el llanto. Esas lágrimas cargadas de nostalgia por un pasado que solo volverá a través de una mente que decida invocarlo.

Dramaturgia: basada en el libro El amante de los caballos de Tess Gallagher. Actriz: Ana Scannapieco. Dirigida por: Lisandro Penelas. Funciones: sábados 20:30 hs. Moscú Teatro.

Mariela Verónica Gagliardi

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: