*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Doble Riesgo lanzó su primer videoclip

DOBLE RIESGO

El dúo de pop conformado por Milton Pucci, en teclados, y Pablo Mendez, en guitarra; cumplió el primer paso: lanzar su primer video clip que corresponde a la canción Nunca debió seguir. Dicho tema tiene mucha energía, power y hace bailar hasta al más duro.
Nunca debió seguir tiene varias interpretaciones, cada quien escogerá aquella que le produzca más identificación con su persona.
Una pareja que se acaba y un hombre convencido de que eso tendría que haber pasado hace tiempo.
Nada de pálidas, DOBLE RIESGO, invita a que recorran unos minutos de su música que fusiona en esta oportunidad el techno con el pop. Una verdadera oportunidad para que todo fanático de la música electrónica disfrute a pleno de la mano de estos talentosos músicos.

Nunca debió seguir – Videoclip

# Otro amor en la ciudad

# Nunca debió seguir

La banda surge hace cuatro años y se da gracias a la unión de Milton Pucci (Teclado) y Pablo Mendez (Guitarra), quienes ya se conocían pero las redes sociales los volvieron a juntar. Como dos músicos que quieren innovar, juntaron sus producciones de diferentes años y comenzaron a rodar por diferentes estudios. De cada reunión y ensayo, lo ochentoso y contemporáneo se fusionaron para que tanto el pop melódico, reggae, rock y pop tradicional dieran sus frutos.

DOBLE RIESGO2

Palabras del compositor y músico Milton Pucci: abordamos el pop desde la sintonía personal de sus integrantes. Alimentados de las delicias de los 80´, los 90´ y los 00´, utilizamos esta experiencia para engranar cada tema en su punto justo. Sin ataduras ni obligaciones. Con el corazón en la mano,DOBLE RIESGO aborda el camino del deseo propio y ajeno, llevando el instante a despojarse de todo lo que no sea esencia.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Yo amo la verdad?

Pabellón VIP

Tal como el nombre de la obra lo indica, se trata de un sector de la cárcel con demasiados privilegios, tantos como se podría tener en la propia casa o, mejor aún, siendo político de alto rango.

Como si se tratara de una burla al sistema vigente en nuestro país, la lectura de un fragmento de la Constitución Nacional sirve de apertura al Pabellón VIP (escrita y dirigida por Luis Agustoni). Allí, dos hombres esperan hasta que surjan las respectivas sentencias o, quizás, nunca se los llegue a procesar. Todo puede pasar en este penal y en un sistema caduco que no consigue desprenderse de los intereses económicos. Porque, en definitiva, de eso se trata: del dinero y lo que se puede lograr con éste. Del poder como sangre en las venas que son imprescindibles, en estos hombres, para sus acciones vitales.

Entonces, un presentador es el que guiará los términos formales de esta dramaturgia, basándose en la Constitución como documento supremo en Argentina. Un documento que pareciera ser papel desechable.

Roberto y Delfor son los homenajeados, irónicamente, en esta obra de teatro que pretende utilizar al espacio como canal de expresión y descontento hacia leyes que no se respetan ni en lo más mínimo. Las condenas, los encarcelamientos, las penas… todo, absolutamente todo pareciera ser un rito que puede o no cumplirse.

¿Se puede comprar la libertad?

Este derecho es el más preciado por todo ser vivo y claro que por todo hombre.

Mientras Roberto le habla al público, su familia lo visita de vez en cuando para saber la verdad, una verdad silenciada por su hija y creída por su esposa. Un secreto que podría derribar a cualquier alma sensible y que, nuevamente por intereses, es mejor callar.

¿Quién calla es cómplice?

No hace falta analizar demasiado para darse cuenta que sí, que quien  pretende pasar desapercibido es quien tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas.

“Un proceso no es una condena, es una averiguación”, dice Roberto. Y con esta frase no solo nos atragantamos de ira sino que comprendemos como público espectador la veracidad de esta dramaturgia que no es ni más ni menos que la triste realidad. Que este hombre podrá hacer valer sus contactos para pagar fianzas mientras quienes están desprovistos de lo material continuarán tras las rejas de por vida, quizás sin haber cometido mayor delito que él, o directamente no habiéndolo cometido.

Un recurso muy bien utilizado en Pabellón VIP es aquel que le permite a cada personaje tener su momento de diálogo con el público. En forma de monólogo breve, cada uno se explaya y mira buscando complicidad, aquellas miradas que quizás se alíen un poco con la causa más noble.

La esposa de Roberto no tiene toda la información sobre el día en que ocurrió un accidente, aquél que llevó a su marido al lugar en que está. Ella intentará reconstruir con su memoria todo lo vivido hasta que llegue la pieza fundamental que complete su rompecabezas. Cuando ello ocurra no habrá marcha atrás.

En cuanto a Delfor, él también recibe una visita: la de su novia. Una triste mujer que se compadece de la situación por la que tiene que pasar su compañero.

Es interesante observar el comportamiento de los policías en el pabellón, las coimas que cobran para desplazarse como espacio conocido, las reglas evadidas por ellos y el asco que provocan ante cualquiera a favor de la justicia verdadera. Esta “fuerza de seguridad” que pulula por ahí, uniformada, burlándose de la desdicha atravesada por los inocentes y la felicidad vivida por los sospechosos de siempre.

Inclusive un juez, Adolfo, aguarda su propio desenlace tratando de hacer malabares que ya le quedaron caducos y no teniendo más opción que el juzgamiento social.

Todo se descubre, nada queda en el aire y la escenografía provista de pocos elementos y rejas, le otorgan al drama toda la libertad para que sus artistas puedan interpretar sin condicionamientos.

¿Existirá en un futuro un espacio, físico o no, en el que quepan solo los que transgreden las normas? Ah, cierto que los para ello tendría que modificarse todo el sistema penitenciario, de mandos verticalistas, y, quizás, los “delincuentes” juzgar a los propios jueces. ¿Sería eso posible?

La corrupción en el país se burla de todos nosotros. De a poco, la justicia por mano propia (no ideal) se va haciendo cargo, a su manera.

ficha Pabellón VIP

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo que importa es lo que vende

Por la patria mi general

En abril del 2012, un autor olavarriense llamado Juan Pablo Goñi Capurro, estrena una obra realmente deliciosa. Y con este adjetivo me refiero a ella, habiéndola conocido casi tres años después en el Espacio Colette del Paseo La Plaza -un lugar en el que, por lo general, acuden otro tipo de propuestas teatrales-.

¿Qué ocurriría si la historia pasada pudiera corregirse para evitar y subsanar determinadas tragedias, conflictos y situaciones que aún en la actualidad siguen pasando factura?

¿Las malas decisiones podrían remendarse con una nueva oportunidad?

Un hombre instruido por Billiken, el Dr. Furtado (Alfonso Renna) decide viajar del futuro (presente) al pasado y enfrentarse a Don José de San Martín, quien aún no cruzó Los Andes. Así será como el lenguaje vulgar de nuestros tiempos colisionará contra el protocolar de este prócer.

El humor es la herramienta fundamental en la dramaturgia y que permite descontracturar al público un viernes a la noche en que las propuestas para reír desbordan pero las inteligentes escasean.

Por la patria mi general (escrita por Juan Pablo Goñi Capurro y dirigida por Lara Sedeño) es un reto al destino, una manera de justificar los actos y un modo de analizar cada objetivo -teniendo en cuenta lo ocurrido en cada uno de ellos a posteriori-. Esta obra, además, tiene la dirección impecable de Lara Sedeño que escoge hasta el mínimo detalle en que se apoyan las escenas, los decorados y los diálogos establecidos.

Durante la primera escena se puede disfrutar de una Remedios de Escalada (Stefanía Mosto) completamente diferente, una joven que se planta frente al mundo para discutirla posición humillante que cumple en el mismo.

Bordando la bandera, teniendo una bufanda, esperando que su marido -mucho más grande que ella- decida conseguir la independencia. Y ella se pregunta por qué elige cruzar por la cordillera y por qué él y no otro.

Respecto a los personajes éstos están caracterizados como muñecos, como las figuritas que se usaban para pegar en el cuaderno de clase. Estáticos, sin expresiones, como congelados en el tiempo.

Las Heras (Alfredo Deri) junto a San Martín (José Fernández); ilustrando los vaivenes de la historia anterior al Cruce. Ayudándole al hombre del futuro a corregir el discurso del Libertador para que se adecúe mejor a la actualidad.

Son muchos los adelantos que dicho precursor le menciona a los próceres y hay uno que resalta como notoriedad: se trata de la pastillita que le da felicidad a muchos hombres y él quiere la suya.

¿Por qué no cruzar por el océano?

Claro que la preocupación no será el barco en sí ni el viaje sino la contradicción que pudiera surgir entre el retrato con montañas y antes con los mares.

Serás lo que debas ser o no serás nada – se escucha decir en un momento de la obra histórica. Esta obra que viaja en el tiempo, que enfrenta ciertos hitos políticos con ironía y esa gracia que hacen foco en lo ridículo que puede resultar llevar adelante una batalla que está perdida de ante mano, o conformarse con una plaza que lleve su nombre (como el caso de Las Heras), o estrellarse ante la realidad vigente.

¿Todo por la patria o a pesar de ella?

Hoy en día a un hombre adulto le dirían pedófilo si se casara con una chica menor de edad. Pero claro, en esa época no exista dicha denominación y era frecuente que ocurrieran enlaces de este estilo.

También era común considerar que porque se trataba de la cordillera, hacía muchísimo frío. Este dato era totalmente falso ya que en el campamento del Plumerillo sufrieron muchísimo las altas temperaturas.

¿Todo por la patria? ¿Por qué tipo de patria, por una que nos represente o una que se copie?

Mientras tanto el General Las Heras está feliz porque descubrió su nueva sexualidad sin tener que fingir ser lo que no es.

¿No es tiempo de quitar las máscaras que ya quedaron como piezas de museos?

ficha Por la patria mi general

Mariela Verónica Gagliardi

 

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El legado de Bolívar

Robinson en la casa de Asterión1

Robinson en la casa de Asterión (escrita y dirigida por Carlos Arroyo) es una obra de teatro venezolana que tuvimos el lujo de presenciar en el teatro Andamio 90´. Esta puesta en escena al igual que muchas más, fueron incluidas en lo que se pasó a llamar el 1° Corredor Latinoamericano de Artes Escénicas (organizado por el Centro Cultural Kirchner y aprovechando a nuclear a diferentes festivales y movidas teatrales que se desarrollarán en el presente mes de octubre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en diferentes zonas del Gran Bs.As).

Así es como esta bellísima y dramática obra muestra a un hombre que soñaba con la libertad, con empapelar la ciudad y los pueblos con libros, con educación, con la necesidad imperiosa por implantar la semilla de la bondad y erradicar todo mal sentimiento. Este hombre es el escritor Tomás Jurado Zabala, quien visita a Asterión (el Minotauro) y consiguen establecer unos jugosos diálogos en que transitan por diferentes tipos de emociones.

Mientras unos sonidos devientos ilustran el principio de esta historia, la quietud no consiga primar los actos.

Simón Rodríguez (Aníbal Grunn), un educador muy famoso de Venezuela, nacido en el año 1769, es a quien encarna el escritor de la presente obra. Él nos habla de la soledad, de la necesidad que existan libros para liberar a América de la ignorancia, entre algunos de sus principios más conmovedores. Simón Rodríguez, durante su exilio recibió el apodo de Robinson (nombre que se utiliza para la presente dramaturgia).

A su vez, Asterión (Wilfredo Peraza), nacido en el mismo año pero antes de Cristo, en la Isla de Creta; sufrió mucho la soledad, fue un hombre de lealtad y su estilo de vida de aquel entonces lo hacía alimentarse de carne (sin importarle su procedencia).

Al tiempo que avanza la historia, los hombres no tienen más opción que aferrarse a quienes en verdad son, a tolerar lo intolerable y a seguir adelante con el propósito que más los caracteriza. Simón Rodríguez nos habla del poder que se vale de gente ignorante, de cómo los poderosos se aprovechan de los menos provistos de intelecto.

Pero el discurso del educador continúa clamando por la enseñanza, por la necesidad de que se le otorguen conocimientos a todos los hombres por igual, porque al menos tengan un oficio del cual valerse a diario. De los oficios de albañil, carpintero, herrero que son necesarios en una sociedad. También nos introduce en una temática muy interesante referida al rol de la mujer. Él no habla de nosotras como merecedoras de un lugar menor sino de la oportunidad que también deberíamos tener como para valernos de nosotras mismas sin que recaigamos en meras esposas.

Y los niños, claro que tendrán que ir aprendiendo pero siempre desde la razón. Para ello tenía el deseo de crear una República, una escuela republicana donde hospedar a estos chicos que serían el futuro.

La iluminación cumple un papel muy relevante ya que se encarga de acentuar las escenas más importantes y de crear suspenso mediante sus oscilaciones. Del vestuario qué podría decirse más que es ideal, vistiendo al personaje griego con un majestuoso traje y accesorios, y al educador de blanco como su pureza y convicciones.

Una verdadera historia que recorre el mundo con sus giras, enseñando, aprendiendo y con una humildad que es la encargada de dotar a estos artistas en verdaderos cautivadores de público.

De repente mis ojos no pueden disimular más y se ponen rojos, cargados de lágrimas. Asterión me comenta esto después de la función. Y es que ambos actores no solo están sobre su escena montada sino en la piel de cada ser que los observa detenidamente.

Cuando todo termina, el pasillo no queda vacío sino que dotado de magia, de revolución, de ganas de saber más sobre este elenco y, así, Wilfredo Peraza nos comenta una experiencia que vivieron con otra de sus obras meses atrás: El año pasado estuvimos en Grecia, nos invitó la Embajada de Venezuela en Grecia, (…) porque ellos hacen un encuentro cultural venezolano: llevan músicos, bailarines, pintores, entonces muestran el arte de Venezuela allá en Grecia (…) Ellos nos ayudaron a cambiar ciertas cosas para hacerlo más local para ellos. De esa manera los chistes que realizaban causaban mucha gracia en los espectadores.

ficha Robinson

Mariela Verónica Gagliardi

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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La muerte en serio es el olvido

Honorio1

Cuando una persona muere, por lo general, se la llora incansablemente, se la recuerda, se la piensa, se tienen sueños, se pide verla, tocarla… que todo vuelva a ser como antes del fallecimiento. Eso en nuestra cultura occidental, claro está.

Considero que a pocos se les ocurriría festejarle el cumpleaños, llevarle una torta y soplar las velitas junto a su tumba. Dicen que una persona muerta ya no cumple más. Pero, ¿quién lo dice? ¡Qué acostumbrados estamos a obedecer y seguir tradiciones que, tantas veces, no nos satisfacen en lo más mínimo sino todo lo contrario!

Una escenografía excelente y descriptiva consigue ubicarnos -aún antes de comenzada la historia-, en el universo que se desea detallar a continuación.

Honorio (obra de teatro escrita por Carolina André y Mario Sala) es interpretado por Mario Sala, murió hace veinte años y hoy cumpliría 60. Sus hijos, sobre todo su hija Julia (Victoria Raposo), organizan celebrárselo a la noche, en el cementerio. Una sola linterna llevaron y lo que podría ser un juego de niños se convierte en la búsqueda de sus rumbos.

¿Hay que respetar al muerto en el sentido de honrarlo sin tener en cuenta el tipo de persona que fue?

Julia lo recuerda como un padre ejemplar mientras sus hermanos no dicen lo mismo. Uno no lo conoció prácticamente -Manuel (Jonás Elfen)- y el más grande, Aldo (Carlos Cerletti) considera que está mejor bajo tierra.

Veinte años no es mucho como para que te hayan olvidado – menciona en el mundo del más allá un amigo de Honorio (Bruno Campos).

Porque la obra dramática tiene una puesta realmente notable y específica en la que es posible observar un espacio donde conviven los vivos, otro espacio en que los muertos también tienen voz y un tercer lugar en que se unen ambos mundos para dar cuenta de desenlaces impensados.

Aldo dice que lo lindo no te lo muestran y eso es injusto. Lo tétrico que puede resultar un cementerio, sus tumbas y la energía que se genera en torno a esto no trae lo bello de una persona. Eso hay que indagarlo. Eso es lo que él no consigue encontrar en su interior.

No quiero vivir más sola – afirma Julia y sus hermanos creen que se refiere a la soledad en cuanto física. Ella se pausó hace dos décadas y se olvidó de vivir, de salir adelante. Creyó que rendirle homenaje a su padre era lo que la iba a salvar pero lo único que consiguió fue mentirse a sí misma, decorando cada día con flores de colores bellísimos.

El humor y la nostalgia son los dos aspectos que más veces aparecen en la dramaturgia, los cuales conviven perfectamente para que la tensión esté presente sin esfumarse pero, también, la comicidad de ciertas cuestiones importantes de la historia y de estos familiares.

Se producen dos encuentros emotivos que marcarán un quiebre fundamental en la historia. A partir de aquí las cenizas absorberán al más vulnerable y dejará en evidencia quiénes siguen en pie para darse la oportunidad de vivir.

Reproches y más reproches vuelan por los aires: sos lo mismo pero muerto – le dice Julia a su padre muerto. Y sí, él es lo que ella recuerda solo que para no sufrir más lo ocultaba en un sitio recóndito que pensaba no abrir jamás.

Dios no fue justo con nosotros. Nos quedamos solos – menciona uno de los hermanos y ella agrega: estoy cansada, ya nada me alcanza.

Una obra realmente exquisita para concebir la muerte desde otro ángulo, para cuestionar el duelo, la forma de llevarlo adelante y todo ese universo negro que puede volverse de colores si lo deseamos.

¿Por qué deben recordarlo como una buena persona cuando ni siquiera los tenía en cuenta? ¿Por qué seguir mintiéndose cuando tienen la posibilidad de transitar los días sin esa bruma innecesaria?

Él ya no está y se preguntan por qué se fue tan joven. Si quizás la cobardía que lo caracterizaba le ocasionó una enfermedad irreversible como para no enfrentarse con la realidad que se le venía encima.

Honorio no tiene por qué hacerle honor a su nombre ni convertirse en el héroe que ni siquiera pudo ser en vida. ¿Por qué defender su persona cuando él no supo hacerlo?

Dramaturgia y dirección: Carolina André y Mario Sala. Elenco: Mario Sala, Carlos Cerletti, Victoria Raposo, Jonás Elfen, Bruno Campos. Funciones: lunes 21 hs. Teatro El Método Kairós.

Mariela Verónica Gagliardi

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El magnetismo de la vida

Dínamo

Dínamo (escrita y por Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti) es una obra de teatro en la que lo relevante no es el discurso sino la intencionalidad y actitud. Donde la acción vale más que la palabra y el pesado pesa más que el presente pero no que el futuro.

Sin haber leído absolutamente ninguna reseña sobre la dramaturgia y teniendo solo el conocimiento de la foto promocional que grafica una casa rodante; dejé que el factor sorpresa realmente cumpla con su magia. Así fue, así quise que sea y lo cierto es que tres mujeres que describen generaciones distintas y mundos opuestos, pueden plasmar cuan importante se vuelve la vida en materia de solidaridad.

Dínamo evoca sensaciones, nostalgias, olvidos, penas, corazones rotos y un aire pesado que consigue tomar un rumbo más fresco.

Al comenzar la historia se vino a mi mente la película Little Miss Sunshine (de Jonathan Dayton y Valerie Faris) en que una familia atraviesa momentos y situaciones lindas, conflictivas, angustiantes y cotidianas viajando en un motorhome. Si bien existen muchas diferencias entre la obra y el film, el lugar en que transcurren las acciones permite que los personajes deban afrontar todo de una u otra manera. La convivencia hace que los roces afloren aún más, que el conocimiento sea más real y que la vida sea vista de otro modo. Una casa rodante que sigue un recorrido y, en este caso, una casa rodante que está anclada en un sitio del que no se conocen sus alrededores.

La muerte está presente en ambas historias pero de distinta manera, para que los presentes puedan tomar conciencia de quiénes son, qué pretenden y a dónde van en verdad.

Comunicarse hablando el mismo idioma aunque sin entenderse por no querer esforzarse en lo más mínimo por ponerse en el lugar del otro. Cuántos vínculos se rompen por no hablar a tiempo o por no comunicar realmente lo que se siente y pretende.

En la presente pieza artística lo más conmovedor es que existe una convergencia de lenguas en que el sentido cobra un valor imprescindible y la gesticulización resulta ser el hilo conductor entre estas tres mujeres que tan poco tienen en común y, sin embargo, pueden comprender que pueden identificarse a través de la soledad y la falta de propósitos.

Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg -junto al músico guitarrista Joaquín Segade-; transitan unos días inolvidables. Podrían ser meses o años pero, al menos nosotros como espectadores, vemos que las jornadas empiezan y terminan como un cuento real y palpable.

Lo que una necesita a la otra le sobra, lo que una no comprende a la otra se le hace sencillo, lo que una no acepta la otra lo asimila a la perfección. Una le sirve de inspiración a la otra y este engranaje podría poner en marcha el vehículo a través de una canción rockera o una transmisión por internet.

Según el diccionario de la Real Academia Española, el término dínamo se refiere a una máquina destinada a transformar la energía mecánica en energía eléctrica, por inducción electromagnética, debida a la rotación de cuerpos conductores en un cuerpo magnético.

Una tía muy particular, que fue una pop star y pretende no olvidar su esencia, recibe a una sobrina también atípica que tiene unos cuantos problemas pasados por resolver. A su vez, una mujer de otro continente y que habla otro idioma incomprensible para ellas, se integra a su modo. Como si se tratara de una hoguera en la que deben ser quemados los conflictos no resueltos, ellas los encienden cada vez más, los reviven y en un momento deben decidir si avanzar hacia un futuro diferente y más agradable o regocijarse en el dolor y la pérdida.

El guitarrista toca melodías sinsentido hasta hallar aquella que contextualizará la trama de Dínamo. De un ruido, consigue componer la banda sonora para estas mujeres sufridas aunque no entregadas al abismo. Realmente la fusión entre música e historia le da un plus a la obra al igual que la adrenalina representada en los cuerpos que se mueven al compás de los sonidos. No existe coreografía en sentido de baile pero sí una performance como la interpretada por Ransenberg en el vehículo, a través del mobiliario y mientras juega a aparecer por donde se le antoje para no ser percibida.

La alucinación se torna realidad y lo no tenido en cuenta, propósito. ¿Ver vivos a los muertos o confundir la vida con la muerte?

Una de ellas precisa saber la verdad de lo ocurrido cuando era niña. La no certeza de un hecho no le permite ser ni respirar su propio aire. Su nueva familia encontrada, le dirá algo determinado y -sin importar su veracidad- ella se siente plena. Otra de ellas añorará lo que no pudo tener y la otra vivirá como adolescente en medio del caos y la incertidumbre.

La tía se pregunta: «¿Y ahora qué? ¿Estoy, no estoy?« Parece no ser tan trascendente su cuestionamiento. Al fin de cuentas importa más qué quieren que sus cuestionamientos filosóficos.

Nutrirse del grupo que formar de casualidad o tal vez con la causa de sentirse parte de un mundo que las dejó al margen.

Dramaturgia y dirección: Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti. Elenco: Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg. Guitarrista: Joaquín Segade. Teatro Timbre 4. Funciones: viernes y sábados 21 y 23 hs.Fotografía crédito: Sebastián Arpesella.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Fraude o defraude? Síganme hermanas y hermanos

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

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Viviendo al límite: un drama montado como teatro

Foto Victoria

Lo que comienza como una comedia risueña se convierte en drama y luego en policial. A lo largo de dos extensas horas, se podrá ser testigo de un film que experimenta con el talento, con la posibilidad de demostrar cómo la cámara captura diferentes situaciones, sensaciones y escenas con un rodaje en tiempo real.

Durante la primera parte del film Victoria (dirigido por Sebastian Schipper) puede verse a la protagonista madrilense en un boliche, sola, pretendiendo ser parte de un lugar tan ajeno a ella: Berlín. Allí vive hace tres meses y aún no tiene amigos ni conocidos, pero su simpatía le permite hablar en inglés y darse a entender, cautivando a varios jóvenes que la siguen en manada.

Muchos diálogos, palabras comunes en Alemania del Este, códigos, aventuras. De hecho, el cumpleaños de Fuss, un muchacho que aparece junto a sus amigos (Boxer, Sonne y Blinker) en la vía pública, será otro de los focos de atención en esta introducción al código lingüístico establecido por Schipper, dentro del cual podrá disfrutarse de la verdadera acción sin descanso ni tregua.

Luego, la música narra las acciones, silenciando a la palabra que tan presente estuvo durante casi media hora de película.

Al quedarse a solas, Victoria (Laia Costa) y uno de los chicos del grupo, comienza a producirse un nuevo rumbo en la historia. Los matices, la seducción en cada mirada, sin que pase absolutamente algo entre ellos. Ella no puede creer que sea alemán pero Sonne hace la salvedad de que los berlineses son multiculturales.

Una película que no pretende resaltar maquillajes impostados ni paisajes atractivos sino una sociedad con estilos de vida diferentes a los de España. Con una joven que desde su interior pretende comunicarse en inglés con cuanta persona se cruza sin interesarle impactar bien sino con la frescura que la caracteriza.

Las interpretaciones artísticas son excelentes permitiendo que el espectador disfrute de un cine de muy alto nivel donde no solo los primeros planos muestran detalles preciosos sino que éstos cautivan desde la naturalidad de una mirada, desde el desgaste de un cuerpo a lo largo de una noche sin pegar un ojo, desde la palidez del rostro bebiendo alcohol y recorriendo la ciudad en bicicleta como niños.

Uno de los momentos más emotivos se produce cuando Victoria toca el piano. Los valses de Mefisto (Franz Liszt) suenan y sus manos recorren los pentagramas en su memoria, sorprendiendo con una sonrisa a su nuevo amigo. Después de gracias y bromas para romper el hielo entre ambos y acercarse aún más, él menciona que sabe tocar dicho instrumento pero lo que jamás imaginó fue que ella en verdad lo sabe interpretar y muy profesionalmente.

Ella no juzga, no reprocha. Es un alma libre de prejuicios.

Pero el guión nos va llevando hacia el género policial donde lo cursi queda congelado por completo para darle espacio al mundo gangster, a la delincuencia y a los asaltos a mano armada.

En cuanto a los paneos, éstos están presentes en todo momento ya que las situaciones se dan por lo general en lugares específicos y es ahí cuando la cámara captura la acción desarrollada. Y, con respecto, los travelling acompañan los pasos, corridas y desplazamientos de los jóvenes por los diferentes lugares que recorren (escaleras, calles, veredas) al igual que los que se llevan a cabo sobre autos.

Los primerísimos primeros planos justifican la adrenalina recorrida en los cuerpos de estos personajes quienes, además, conmueven con sus movimientos precisos y cada una de las acciones desarrolladas de principio a fin.

Sebastián Schipper despliega su magia para dirigir y consigue emocionar plenamente. Mientras tanto, este grupo consolidado rueda como la cinta. Es momento de comprender que la música cumple un papel protagónico al igual que la trama. La sonorización no acompaña ni ilustra ni decora: aparece en el momento adecuado, narra cuando la voz no alcanza o cuando ésta se apaga. Angustia, desespera y nos permite conocer la vida de esta chica que se convierte en la heroína perfecta.

La vida y la muerte parecen enfrentarse y el único antídoto para sobrevivir será tomar rápidas decisiones que no siempre serán las correctas o bondadosas. Un puñal al corazón cuando de niños se trata y el ocupar aquel lugar que jamás se hubiera imaginado son algunas cuestiones que surgen, haciendo sentir que incluso el más vulnerable puede convertirse en jefe de la pandilla para ser temido por el resto.

Victoria es un canto a la vida, a la justicia por mano propia y a la devolución de favores que a veces es preferible olvidar.

Una neblina estampada en la gorra de Victoria es uno de los finales a esta gran historia que mantiene atónito a cualquier mortal. Haze. Como forma de sintetizar la cuasi total oscuridad en que giró este film que merece todo tipo de destaque, además de los premios que obtuvo y, seguramente, seguirá obteniendo.

Ficha Artística

Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab

Ficha Técnica

Director: Sebastian Schipper
Guionista: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Productores: Catherine Baikousis, Christiane Dressler, Jan Dressler, Anatol Nitschke, Sebastian Schipper
Música: Nils Frahm
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Montaje: Olivia Neergaard-Holm

Datos Técnicos

Drama – Crimen
Alemania
Año: 2015

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Que no decaiga

Partir de hoy1

Hay dos cosas que me atrevo a afirmar: los payasos suelen ser melancólicos y siempre existe algo que se quiera decir y no se sepa cómo.

Con una escenografía circense en tonalidades grises y rojas, con los tradicionales banderines colgando y varios objetos significativos para utilizar en la narración; él nos recibe. Nos abre sus puertas para que descubramos lo que siente y lo que calla.

Pablo Bontá es su nombre y recuerda su debut como actor, inmerso en nervios y olvidos de palabras, sin saber cómo recobrar la memoria y la tranquilidad para dar un buen espectáculo. Pero su sonrisa todo lo salva, los famosos trucos de animador caminando por la cuerda floja hasta saber que su vida interior también importa.

Una sombra marca el comienzo de Partir de hoy (escrita por Walter Rosenzwit y Pablo Bonta; dirigida por Walter Rosenzwit) hasta que el silencio se apodera de los espectadores: la inspiración tarda en llegar. Y la valentía también, agrego. Puede tardar una vida entera pero es necesaria para seguir adelante y quitarse esa mochila tan pero tan pesada que dificulta el caminar.

La música y los efectos especiales están coordinados con las acciones del clown, el cual va llevando su relato intimista a un lugar precioso en que rememora ciertos lugares, en que evoca lo más importante de su niñez.

Estoy más abandonado que Iglesia sin cura – decía su padre, a quien recuerda y cita durante varios momentos de su monólogo que no pretende ser un sinfín de palabras sino un modo de compartir con nosotros la nostalgia.

Las décadas del 60´ y 70´ desfilan por el escenario pero no para hablar de política sino de un cumpleaños en 1975, de vacaciones familiares y del olvido. Unas diapositivas ilustran este recorrido en que el artista se vuelve espectador de sí misma, se emociona, sonríe y acota.

Perdido o temiendo perderse, temiendo ser olvidado o guardado en la caja de recuerdos. Y a esto se suma el factor tiempo. Se dice que el tiempo es tirano que no alcanza para nada y Pablo menciona que antes era diferente, que antes de pequeño viajaba una hora con su mamá a la Plaza del Congreso para darle de comer a las palomas durante horas. Este es uno de los tantos ejemplos que recorta de su pasado y pega en su recorrido. Quizás, actualmente, no sea como antaño pero, seguramente, deben existir padres que lleven a sus hijos a lugares lejanos para darles el gusto. No todo lo pasado es mejor que lo presente, aunque en la voz de él sí lo es y sí es verdad que inmerso en dictaduras militares todo acto de dulzura era contado con las manos.

Con máscara el personaje y sin máscara el hombre que se despoja de todo lo tangible para que solo sus expresiones narren. Aunque un hecho en especial es el que marca su dolor, aquel que nunca pudo revelarle a su hijo y que ya es tiempo que sepa.

Todo deja en el espacio escénico: su vergüeza, sus ilusiones, sus miedos, sus recuerdos, sus debilidades, sus sueños, su amor. Nadie lo juzgará, solo tendrá nuestro abrazo alrededor de su cuerpo abatido. Un cuerpo que cae y se reanima como el ave fenix. Que pasa del llanto a la risa pretendiendo hacernos pasar un grato momento de felicidad.

Para reír es necesario también sufrir. Sino cómo se siente una sonrisa. Cómo se puede valorar lo bello cuando no se supo sobre fealdad.

Pablo Bontá o Pablo Bont, como quiera ser llamado es un artista completo, que nos enseña cómo montar un espectáculo teniendo en cuenta varias herramientas y estilos de discursos que permitirán el aplauso real. Porque él está vivo al igual que su corazón que no se queja sino que sigue soñando con un mundo mejor.

Dramaturgia: Walter Rosenzwit con la colaboración de Pablo Bontá. Intérprete: Pablo Bontá. Direccion: Walter Rosenzwit. Funciones: jueves 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi