*** Agosto 2017 ***

Pabellón VIP

Tal como el nombre de la obra lo indica, se trata de un sector de la cárcel con demasiados privilegios, tantos como se podría tener en la propia casa o, mejor aún, siendo político de alto rango.

Como si se tratara de una burla al sistema vigente en nuestro país, la lectura de un fragmento de la Constitución Nacional sirve de apertura al Pabellón VIP (escrita y dirigida por Luis Agustoni). Allí, dos hombres esperan hasta que surjan las respectivas sentencias o, quizás, nunca se los llegue a procesar. Todo puede pasar en este penal y en un sistema caduco que no consigue desprenderse de los intereses económicos. Porque, en definitiva, de eso se trata: del dinero y lo que se puede lograr con éste. Del poder como sangre en las venas que son imprescindibles, en estos hombres, para sus acciones vitales.

Entonces, un presentador es el que guiará los términos formales de esta dramaturgia, basándose en la Constitución como documento supremo en Argentina. Un documento que pareciera ser papel desechable.

Roberto y Delfor son los homenajeados, irónicamente, en esta obra de teatro que pretende utilizar al espacio como canal de expresión y descontento hacia leyes que no se respetan ni en lo más mínimo. Las condenas, los encarcelamientos, las penas… todo, absolutamente todo pareciera ser un rito que puede o no cumplirse.

¿Se puede comprar la libertad?

Este derecho es el más preciado por todo ser vivo y claro que por todo hombre.

Mientras Roberto le habla al público, su familia lo visita de vez en cuando para saber la verdad, una verdad silenciada por su hija y creída por su esposa. Un secreto que podría derribar a cualquier alma sensible y que, nuevamente por intereses, es mejor callar.

¿Quién calla es cómplice?

No hace falta analizar demasiado para darse cuenta que sí, que quien  pretende pasar desapercibido es quien tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas.

“Un proceso no es una condena, es una averiguación”, dice Roberto. Y con esta frase no solo nos atragantamos de ira sino que comprendemos como público espectador la veracidad de esta dramaturgia que no es ni más ni menos que la triste realidad. Que este hombre podrá hacer valer sus contactos para pagar fianzas mientras quienes están desprovistos de lo material continuarán tras las rejas de por vida, quizás sin haber cometido mayor delito que él, o directamente no habiéndolo cometido.

Un recurso muy bien utilizado en Pabellón VIP es aquel que le permite a cada personaje tener su momento de diálogo con el público. En forma de monólogo breve, cada uno se explaya y mira buscando complicidad, aquellas miradas que quizás se alíen un poco con la causa más noble.

La esposa de Roberto no tiene toda la información sobre el día en que ocurrió un accidente, aquél que llevó a su marido al lugar en que está. Ella intentará reconstruir con su memoria todo lo vivido hasta que llegue la pieza fundamental que complete su rompecabezas. Cuando ello ocurra no habrá marcha atrás.

En cuanto a Delfor, él también recibe una visita: la de su novia. Una triste mujer que se compadece de la situación por la que tiene que pasar su compañero.

Es interesante observar el comportamiento de los policías en el pabellón, las coimas que cobran para desplazarse como espacio conocido, las reglas evadidas por ellos y el asco que provocan ante cualquiera a favor de la justicia verdadera. Esta “fuerza de seguridad” que pulula por ahí, uniformada, burlándose de la desdicha atravesada por los inocentes y la felicidad vivida por los sospechosos de siempre.

Inclusive un juez, Adolfo, aguarda su propio desenlace tratando de hacer malabares que ya le quedaron caducos y no teniendo más opción que el juzgamiento social.

Todo se descubre, nada queda en el aire y la escenografía provista de pocos elementos y rejas, le otorgan al drama toda la libertad para que sus artistas puedan interpretar sin condicionamientos.

¿Existirá en un futuro un espacio, físico o no, en el que quepan solo los que transgreden las normas? Ah, cierto que los para ello tendría que modificarse todo el sistema penitenciario, de mandos verticalistas, y, quizás, los “delincuentes” juzgar a los propios jueces. ¿Sería eso posible?

La corrupción en el país se burla de todos nosotros. De a poco, la justicia por mano propia (no ideal) se va haciendo cargo, a su manera.

ficha Pabellón VIP

Mariela Verónica Gagliardi

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