*** Octubre 2017 ***

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Entrevista a Meri Hernández de “Quién retiene a quién”

Ella es una de las actrices de “Quién retiene a quién” (Hereafter, de Vinnie Favale y Frankie Keane), la obra que acaba de estrenarse,  y, a su vez, es quien consiguió los derechos de este musical que es oriundo de Broadway y que tuvo la suerte de ser llevado a la pantalla grande años atrás.

Meri Hernández nos cuenta varios detalles del proceso creativo y del mundo de los muertos, de las despedidas, de ese duelo que tan difícil resulta y que, muchas veces, no sabemos cómo procesar.

Desde que nacemos, tenemos la certeza que algún día moriremos. ¿Cómo surge la idea de llevar adelante este musical con una de las temáticas que más preocupan al ser humano?

La verdad es que el musical Quién retiene a quién, me encontró de casualidad. Esas casualidades que por algo suceden. Buscaba material para Espacio Lemos , donde dicto clases, y me enamoré de la canción “Waiting”. Y como no encontraba la partitura para enseñar el arreglo, Melu (hoy parte de la producción) escribió a los autores y ellos mandaron todo el material. Leí la obra entera y escuche el resto de las canciones ¡y fue amor a primera vista! Por otra parte , pienso que es un tema sensible del cual todos tenemos algo por decir. La muerte de los seres vivos es inevitable y las preguntas que esto genera son sinfín. De todas maneras, la obra tiene mucho humor, no recae solamente en lo solemne acerca de la muerte. Creo que el musical aborda la muerte de una manera muy humana y natural. De manera que te podés identificar con el material.

¿Cómo se logra el duelo perfecto?

Creo que no hay duelo perfecto. Las personas tienen tiempos y maneras distintas de encarar la muerte y el duelo es algo muy personal. ¿Tener un duelo perfecto es creer que no hay más que bellos recuerdos de la persona que ya no esta viva? ¿Es no tener pendientes? No lo sé. En la obra hay un personaje que está esperando reencontrarse con su hijo después de 30 años. ¿Serían 30 años de duelo? ¿Tiene las heridas abiertas aún 30 años después? ¿Es mucho? ¿Es poco?. Creo que no hay un tiempo limite para el dolor, tiene que ver con las personas que lo sufren. Por eso creo que no hay duelo perfecto. Hay emociones varias, para cerrar una historia o recordar a una persona que hoy ya no está en este plano. Creo que la pregunta me trae más preguntas. 

¿Cómo fue el proceso actoral desde el primer contacto con el texto? ¿Existió un momento en que el espíritu de la muerte ya se había apoderado de estos personajes?

El proceso con el texto  fue muy natural. Juan Álvarez Pardo (nuestro director) trabajó con nosotros para no caer en lo obvio con respecto a la muerte y sacarnos del lugar solemne y llorón que por ahí a veces el tema “muerte” pide.  La verdad que fuimos dejando que los personajes aparecieran, que los lazos y vínculos se formaran. Las tres historias que se cuentan son sobre madres e hijas/os que necesitan volver a verse para poder cerrar su historia en paz. Lo mismo pasa con el personaje del médium ( Fabian Vena), quien también tiene una historia personal por resolver. En la obra, los espíritus son quienes finalmente tienen que decidir si hacen contacto o no con sus seres vivos ya que en la trama se plantea que, una vez hecho el contacto, pasarán al más allá. Tratamos de trabajar el texto desde la verdad de estos 8 personajes. 

¿”Quién retiene a quién” podría decirse que es una jugada doble como para concientizar sobre el más allá en caso de que exista?

La muerte es una incertidumbre. ¿Qué nos pasa después? Nadie sabe… y ahí es interesante poder pensar que pasa lo que cada uno crea que tiene que pasar. Hay gente que es feliz pensando que se va a reencontrar con sus seres queridos. Hay gente que piensa que se revive en otra vida para aprender aquello que hicimos mal en la anterior. Hay gente que cree que se apaga la luz y no pasa nada más, eso es muy personal . Yo creo que la obra te deja preguntas, o te deja reflexionando. Pero no entrega respuestas. 

¿A dónde van esas almas que no supieron exprimir sus vidas?

En la obra las almas no están ahí retenidas  como castigo por no haber aprovechado sus vidas, sino que acompañan a sus seres queridos mientras viven. Van a un lugar… pasan a otro plano, pero no dicen a dónde… supongo que depende de cada persona dónde el alma termina.

¿Es más fácil digerir la angustia con canciones y música?

Yo creo que la música es de gran ayuda. Genera momentos y climas hermosos, en el piano Hernán Matorra nos guía con calidez por cada canción. Claro, también, con las palabras que Marcelo Kotliar supo encontrar para cada una. Creo que la música acompaña, pero no aliviana. Hay veces que la música eleva lo dicho, refuerza. Es redondo el intercambio entre la palabra y la canción. Y entre las voces nuestras guiadas por Florencia Carchak. Pero no sé si es más fácil, la angustia es angustia. 

¿Se puede estar muerto en vida?  

No lo sé. Yo soy una entusiasta de la vida, del hacer, no me imagino siendo una persona apática a la que las cosas le sucedan sin capacidad de reacción o disfrute. Nunca digo nunca, pero no me pasó. En la obra se toca un poco este tema, uno de los personajes dice que puede esperar toda la vida hasta hacer contacto con su ser querido. Y el personaje con más experiencia en el tema del duelo, le dice que tiene que tener cuidado… y prestar atención a los que quedan vivos, al aquí ahora. Porque sino va a perder mucho mas que un ser querido. Supongo que tiene que ver con esto de estar muerto en vida. 

Los vivos podemos reflexionar. ¿Y los muertos, qué queda para ellos?

En la obra todos reflexionan. Los vivos tratando de cerrar cuentas pendientes, empatizando con las pérdidas de los demás personajes. Y los muertos tienen esperanza -me parece o así me gusta pensarlo a mí-, que en la obra ellos se van adonde cada uno soñó. Y también reflexionan sobre lo que vivieron, sea mucho, poco o el cómo lo vivieron. 

Nuestra cultura no es muy amiga de mantener una conversación con alguien que ya no está físicamente. ¿Después de ver esta propuesta cambiarán de idea?

Yo creo que la muerte es un tema que genera mucha intriga. Genera algo de miedo, mezclado con ganas de saber. Vértigo a lo desconocido. ¿Quién no conoce a alguien que fue a una bruja, a una astróloga , a una armonizadora? El futuro es un misterio y a la gente lo desconocido le da miedo y a la vez ansiedad. Lo que está fuera de mi control, me puede asustar. Pero todos fantasean con poder saber. Por ahí no lo llevan a cabo, pero seguro se les cruzó por la cabeza. ¿Quién no jugó al juego de la copa de chico ? Uno imagina que será como en las películas. La verdad no sé si va a cambiar por ver la obra, pero supongo que algunos del público lo pensarán.

¿Por qué habría que ir a ver este musical?

Tienen que venir a ver Quién retiene a quién, porque es una obra que te deja pensando. Que te invita a transitar por diferentes emociones. Pasás de reír a carcajadas, a llorar, a emocionarte. Y cuando uno genera algo en el otro haciendo teatro es una sensación maravillosa. Ver la reacción inmediata del público es hermoso. Como público también es hermoso estar sentado en una butaca y meterse en una historia que me provoque millones de sentimientos.

La música es increíblemente bella y, por sobre todo, es una historia que habla sobre las relaciones humanas, las cosas no dichas y el hacer las paces con uno mismo. Porque tenemos un elenco que la rompe y un equipo de trabajo que lo deja todo en el escenario.

 

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Los Nixis y el bosque prohibido

Desde el 16 hasta el 31 de julio

de martes a domigos, a las 18 hs

Centro Cultural San Martín

(Sarmiento 1551 – C.A.B.A.)

Localidades: $110

Ficha artístico-técnica

Idea: Juan Horacio Cavoti Caterbona, Paloma Sirvén, Manuela Vieites, Tomás Wicz
Dramaturgia: Alejandra Rubio
Actúan: Juan Cavoti, Manuela Vieites, Juan Pablo Burgos, Nicolás Di Pace, Paloma Sirvén, Florencia Ortega.
Covers y Ensamble:
Camila Munari, Agustín García, Luca Calcaterra, Julia Etchenique.
Dirección vocal: Milagros Andaluz
Diseño de luces: Alejandra Rubio, Cleria Zangari
Diseño sonoro: Miguel Ramírez
Audiovisuales: Gabriel Fuchs, Valeria Pérez Delgado
Música original: Hernán Matorra
Letras de canciones: Alejandra Rubio, Manuela Vieites, Tomás Wicz
Fotografía: Gabriel Fuchs
Diseño gráfico: Maxi Burgos, Jimena Ortíz
Asesoramiento de maquillaje: Sofía Nuñez
Asesoramiento de vestuario: Alejandra Robotti
Asistencia de dirección: Florencia Pittaluga
Arreglos musicales: Hernán Matorra
Producción ejecutiva: Carolina Sánchez
Coreografías: Cleria Zangari
Dirección musical: Hernán Matorra
Dirección: Alejandra Rubio
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Compartiendo, todo se vuelve menos duro

Melodías de diván1

Bárbara y Verónica: ¿quién soy yo?

Elena: qué curiosidades tiene la vida, ¿no?

Verónica: a veces hacemos cosas imperdonables para seguir viviendo…

Elena: yo hice algo imperdonable.

Quién no habrá pasado por el consultorio de un psicoanalista para entender o ser ayudado durante algún proceso difícil de la vida o por el simple placer de saber cómo seguir en pie en este conflictivo mundo moderno.

Melodías de diván (escrita y dirigida por Gastón Marioni) sube a la cartelera porteña haciéndole frente a Rolón quien se encuentra a tan solo unas cuadras. Pero, esta historia interpretada solo por mujeres es pura ficción y no precisa exponer la intimidad de ningún paciente. Entre canciones románticas, melancólicas y nostálgicas es como los boletos más reconocidos vox populi llegan a un espacio colmado de una atmósfera cálida y con aroma a fresa.

La dulzura de cinco artistas que muestran el interior de cinco personajes encantadores que, si bien están estancadas, logran descubrirse unas a otras hasta hallar una verdad que las modificará para siempre.

Melodías de diván es, sin lugar a dudas, la privacidad sin velo que se erige como provocación a quienes no se animan a sentir.

Cada una tiene un trauma o algo que resolver y, evocando fragmentos de canciones es la manera que encuentran para canalizar sus angustias.

Lejos de ser un musical frívolo y que pretenda sorprender y envolver en pura adrenalina, Gastón Marioni deslumbra con los diálogos creados junto a su compañero, el talentoso Hernán Matorra en el piano -ubicándose en un espacio también íntimo-.

Con Arráncame la vida (interpretada por Graciela Pal) se abre esta velada realmente sutil, que tiene una estética y vestuario preciosos, una iluminación que intimida a quien tiene la palabra y evita a quien debe silenciarse. Así, los temas surgen como un volcán en erupción hasta que la lava corre más rápido que la luz.

Nada, Quizás, quizás, quizás y A mi manera; son algunas de las canciones que entre bolero y tango se turnan para llenar el espacio de sus propios sentires, aquellos que se identificarán, seguramente, con nosotros y nos veremos reflejados en autores tan reconocidos por el ambiente musical.

Pero, ¿qué es lo innovador y suspicaz de esta propuesta artística?

El modo de construir historias independientes y, luego, unirlas de tal forma que nunca parecieran haber sido muchas sino una sola. Como Woody Allen con sus guiones, Marioni tiene esa misma destreza para presentar a un personaje como por ejemplo el de la periodista Raquel Antolínez, (Ana Padilla), al instante a las divas Elena Da Ruggiero (Graciela Pal) y Sara Fingerman (Roxana Randón); y el de dos profesionales de la salud mental: Verónica Schultz (Julia Zenko) y Bárbara Urquiza (Magalí Sánchez Alleno), sin que podamos comprender qué vínculo o relación las une, qué es lo que las hace tan particulares o esenciales en esta dramaturgia. Pero, en breves momentos, se entiende el hilo conductor y la finura con que se van contextualizando los discursos de cada una.

Existen muchísimas obras, vigentes, que encaran la temática de psicólogo-paciente o de terapia grupal sin profesional -por diferentes motivos-. Lo cautivante aquí es que la figura del licenciado no es la de un mero erudito perfecto que tiene que dar cátedra de sus conocimientos académicos sino la de una psicóloga que, además, es persona y como tal sufre, ama, odia y se desespera cuando no puede resolver aquello que tanto la aqueja.

El universo de Melodías de diván es claro y confuso, como cualquier vida que ingresa a un sitio para salir modificada. Como las palabras dichas en voz alta para lograr cambios en los demás y no un mero descargo. Así, una ex diva sufre y deambula, literalmente hablando, otra cantante sin voz no quiere asumir que hace play back, la periodista toma nota de todo -encauzando lo que tanto la aqueja- y dos contenedoras sociales rebalsan cuando asumen lo que les toca.

Cinco vidas únicas que se conocen, que comparten un día de terapia grupal y, a partir de allí, salen siendo otras. Intentando ayudarse unas a otras y sintiendo pena de lo que le toca vivir a cada una.

Mientras un show es preparado, los ensayos de La Gaviota se suceden en el aire y todo lo proyectado se posterga por el presente, aquel presente que determina un antes y un después en el camino de estas valientes que triunfan en la mejor empresa: la personal.

Si no se quién sos, ¿cómo voy a saber quién soy yo?

Elenco: Magalí Sánchez Alleno, Roxana Randón, Graciela Pal, Ana Padilla, Julia Zenko. Libro: Gastón Marioni. Arreglos musicales: Hernán Matorra. Dirección musical: Hernán Matorra. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni. Las funciones son los martes 20.45 hs. Teatro Picadilly.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vivan las diferencias

Los fabulosos Buu

El mundo color de rosa y el mundo de la oscuridad, se enfrentan como fieles enemigos. Todo lo mágico, lo delicado y “perfecto” aparecen en uno de los personajes, mientras el resto se encuentra en las penumbras más tenebrosas.

Una familia, de apellido Buu, protagoniza esta entretenida historia que lleva el título de Los fabulosos Buu (con idea de Barby Ostrovsky, escrita por Gastón Marioni, dirigida por Rubén Viani y con música de Hernán Matorra), en que todo lo que se creía de una manera se da vuelta. Sí, como el mundo del revés.

Cada teoría esbozada se cuestiona para, luego, analizarla y cambiarla. No existe lo correcto o incorrecto, el bien o el mal. Solo los supuestos cobran protagonismo para replicar diferentes pareceres.

¿Quién no ha visto Los locos Adams sin sentir fascinación por los personajes, por su estilo de vida y, seguramente, creyó que la locura era otra cosa? Los Buu (Silvana Tomé, Alfredo Allende y Meme Mateo) son adorables, atípicos y convierten lo espantoso en divino.

Hoy me levanté con el pie derecho – menciona la madre de Mía al comenzar su día. Y todos los parámetros y supuestos se tiran a la papelera de reciclaje.

Mal día, se dice al hablar por teléfono, y las carcajadas surgen sin parar hasta el final.

Cada frase y cada estructura se convierten en lo opuesto, valiéndose de la originalidad y creatividad.

¿Cómo podría ser que un monstruo no asuste y una cara bonita sí?

Hay gustos para todos y elecciones para todos.

Los fabulosos Buu es una pieza artística que tiene el honor de contar con una dramaturgia excelente, que despierta a aquellas mentes cerradas y a los corazones estructurados, haciéndoles conocer que no solo existe un mundo posible sino al menos dos y que se puede ignorar uno pero no invalidarlo. Como herramienta fundamental de esta comedia se encuentra la música, a cargo de Hernán Matorra, que le otorga dinamismo y acción a la trama; al igual que la dirección impecable y precisa de Rubén Viani.

Esta familia, compuesta por un matrimonio y su hija, vive feliz hasta que ésta última descubre que existe otra realidad posible y con la que se quiere vincular. Así, comienzan los conflictos que irán, de a poco, solucionándose.

Ante lo desconocido es común que exista una especie de miedo o temor. Sería como conocer a una sociedad con costumbres y valores opuestos a los nuestros, o con diferentes concepciones sobre la vida o el universo.

Luna (Sofía Pachano) es la niña bien, delicada, vestida con colores femeninos y dotada de una gracia absoluta para lo artístico. Frente a ella, su nueva compañera de colegio, Mía (Meme Mateo), quien contrasta y es capaz de mostrar cómo ser una monstrua puede llegar a ser lo más lindo y actractivo en cuanto a belleza.

Villa Espanto vs. Bella Vista, dos ciudades con particularidades que se enfrentan y unen para nutrirse y aprehenderse.

Toda certeza es esparcida para crear, en conjunto, un nuevo lugar donde pueden convivir los lindos, los feos, los aceptados, los rechazados, los que afinan y los que desafinan. Hay pocas cosas que no se pueden cambiar y esta es una de las enseñanzas en las que se apoya la dramaturgia.

A Mía le atrae lo desconocido y, como toda niña, no tendrá temor en andar por el camino prohibido y descubrir, por sus propios medios, si su familia es un ejemplo a copiar o si prefiere otro distinto.

El encargado de resaltar los valores de ambas compañeras de curso será el profesor de arte (Sebastián Pajoni), un docente, también, no convencional, que logra maravillarse ante la vida y enseñando aquello que no está en los libros sino en lo cotidiano.

Como si fuera una poción mágica, este grupo de talentosos, viene a ocupar el escenario desde un lugar diferente en que lo normal asusta y lo anormal atrae.

Muchas veces pienso que tenemos una sociedad bastante dormida y que, si todos, hiciéramos arte, el mundo estaría pintado de colores, como un arco iris. Como eso no ocurre, el resultado es una sociedad que juzga al que se sale de los estereotipos de belleza, de moda, de normalidad…

Entre coreografías, cantos y diálogos, Los fabulosos Buu consigue lucirse y permitir que quienes no sean convencionales tengan su espacio para sentir comodidad y relajarse -al menos durante una hora-.

Qué lindo y cuán gratificante sería para nuestra cultura el poder dar sin esperar recibir, y el hacer sin pretender.

Como copias idénticas, todos y todas quieren parecerse -de pies a cabeza- y no ser señalados con el dedo. Quizás, el primer cambio para ser como los Buu se base en no esperar la aprobación ajena sino en tener confianza en cada paso que demos. Solo así se podría esperar una integración del resto, de esa masa que se cree intocable y que tiene mucho caminar por aprender de familias como esta. Un maquillaje asombroso, una careta o una pluma en la cabeza. ¿Qué importa lo que se luzca?

Casi todo puede adquirirse, solo es cuestión de soltar y soltarse.

Elenco: Sofia Pachano, Silvana Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende, Sebastian Pajoni. Música: Hernán Matorra. Idea y coreografía: Barby Ostrovsky . Dramaturgia: Gastón Marioni. Dirección general: Rubén Viani. Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444 – C.A.B.A.).. Funciones de martes a domingos, 16 hs y 18 hs.

Mariela Verónica Gagliardi

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Que dure lo que tenga que durar

Los últimos cinco años1

Existe una afirmación que gira en torno a que el amor dura para siempre, pero dicha frase es una de las utopías más grandes del universo. Así se trate de semanas, meses o años; nadie podría asegurar cuándo dos corazones dejarán de latir al unísono.

James Robert Brown utilizó su propio divorcio para crear un musical romántico, y dramático a la vez, llamado “The last new years”. Esta puesta en escena muy sencilla, tiene su gran apoyo en una orquesta en vivo (dirigida por Hernán Matorra), mientras dos cantantes se lucen en la historia. Tanto en teatros como próximamente en el cine, el desenlace amoroso es uno de los temas más recurrentes a la hora de escribir dramaturgias.

Como si se tratara de una sola gran canción, “Los últimos cinco años” (dirigida por Juan Álvarez Prado) integra anécdotas, momentos lindos, otros tristes y todo aquello por lo que atraviesa un matrimonio a lo largo de una relación.

El Teatro Metropolitan oficia de loft para que Jamie Wellerstein (Germán Tripel), un novelista en ascenso, y Cathy Hiatt (Luna Pérez Lenning), se deshaoguen como mejor les parezca.

Formamos parte de una cultura que consume muchísimos productos norteamericanos y, si bien, tiene varios puntos a favor; las traducciones, el estilo y la fidelidad en cuanto a todo el argumento no les permite a los actores relajarse del todo para componer a estos personajes con un tinte más argentino. Y al referirme a esto no estoy haciendo hincapié en que sea un error respetar fielmente un guión, sino de utilizar ciertas palabras que lograrían un mayor acercamiento entre elenco y público.

Habiendo leído o no sobre el musical, se puede observar a Cathy y Jamie en extremos opuestos del escenario. Dicho espacio es su propia casa y, por otros momentos, se convierte en lugar de trabajo, living, oficina, carretera, entre algunos de los originados.

Si dejáramos de lado, por un instante, la trama del musical, estaríamos en presencia de dos historias paralelas que no se cruzan sino hasta avanzada la dramaturgia. Se puede comprender este romance gracias a determinada información, bien específica, sin la cual no se entendería.

Pero, más adentrado el relato puede justificarse por qué tal desconexión es así: ella narra momentos de su carrera como actriz, las frustraciones que no le permitían triunfar y, puede vislumbrarse, que dicha mala suerte por llamarla de algún modo fue uno los motivos por los cuales su relación no prosperó.

Por el lado de él, la sonrisa y felicidad lo impulsaron a la fama y a encontrar el amor en otras cosas y personas.

No es de sorprender que ante desequilibrios o problemas personales, se afecte a la persona que está a nuestro lado. Esta es mi teoría y lo que mis sentidos pudieron observar.

Las canciones van y vienen, mezclando pasado y presente constantemente. Juntos o separados, ellos resumen sus momentos más importantes (positivos y negativos), intentando continuar de la mejor manera posible.

No quieren relegar su deseo de sentir esa sensación en el organismo que solo puede producirla el hecho de que alguien les guste. Estar enamorado se vuelve el tema más trascendente de “Los últimos cinco años” y las consecuencias de no estarlo produce lo que algunos podrían interpretar como lo más relevante: la ruptura.

Reminiscencias de algo que duró lo que tuvo que durar y una mirada profunda sobre lo que significa ser feliz sin sentirse fracasado.

Los últimos cinco años ficha

Mariela Verónica Gagliardi

Los últimos cinco años

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