*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Sobre cómo convertir la oscuridad en luz

Negras inquietudes

“Negras inquietudes” (de la Compañía Negras inquietudes y dirigida por Marta Lantermo) es una obra de títeres y sombras que reúne a varios géneros y estilos. Por segunda vez me lanzo a la aventura de viajar por la ciencia ficción, el suspenso e inclusive por momentos de terror.

Sin tratarse del terror tradicional, lo psicológico juega un papel fundamental en la historia, una historia que tiene múltiples lecturas. Por un lado, se puede apreciar el arte creado por los intérpretes y su directora, sin analizar nada, simplemente captando sensaciones. Por otro lado, el conocimiento de cada espectador será el que oficie de hilo conductor entre la dramaturgia y el observador.

Teniendo en cuenta esta información, la dimensión que cobra “Negras inquietudes” es difícil de transmitir con palabras. Por suerte, éstas no son necesarias -por la cantidad de herramientas con las que se cuenta a la hora de narrar las diferentes secuencias de lo que, al menos para mí, es una película en vivo-.

Como decía anteriormente, es mi segunda experiencia delante de esta obra y las conclusiones a las que llego son diferentes en algunos puntos. Por ejemplo, la vez anterior pude estar inmersa en la historia ya que la llevaron a cabo como performance en una sala que permitía el desplazamiento del público. En cambio, en esta ocasión, el estilo romano fue el escogido por la disposición de la sala del Celcit.

Seguramente habrá gustos para una u otra opción aunque, lo bello, es que ambas dejan impregnadas sensaciones agradables en el corazón. Hoy se presentó dentro del marco del Festival de títeres para adultos y, por los comentarios que se escuchaban al finalizar la función, la aceptación fue globalizada, al igual que la gran convocatoria reflejada en las butacas totalmente ocupadas.

Una inquietud, un interrogante, un pensamiento esbozado en voz alta es lo que permite llevar adelante una puesta en escena tan completa, compleja y estética. Todo parte de una muñeca, que simboliza a su dueña y, a partir de allí, el mundo fantástico se apodera de nosotros. Dos historias complementarias se unen: la del mundo real y la del mundo ficticio. En una se podrá apreciar a la muñeca, títeres e historietas cobrando vida para contar cada acontecimiento, formando parte del mismo. Pero, en la otra, los humanos son los que continúan la trama de la historia. De esta manera, cada quien escogerá si unir ambos desarrollos o no.

Gracias a la falta de escenario tradicional, se podían ver los trucos, armado y desplazamientos de estos talentosos artistas que sorprenden de una manera tan grata, hasta brotar lágrimas de agradecimiento por tanto.

Son tantas las obras y espectáculos que existen en la cartelera de Buenos Aires que, difícilmente, se pueda decir qué es lo mejor. En esta oportunidad, la experiencia es imperdible.

Negras inquietudes1

Por tratarse de un espacio escénico más pequeño que el anterior, el suspenso fue más estremecedor y el montaje de cada secuencia pude sentirlo más fugaz.

La belleza de la muñeca transformada en mujer, las sombras que no muestran solo oscuridad sino complementos de la luz, los pasos que marcan el tiempo, la nostalgia representada en los ojos de Gabriela, el miedo que se intenta apoderar del más desprotegido que pretende provocar terror por las persecuciones, por los sonidos por todo lo que surge y desaparece -como si se tratara de lo blanco fundido en lo negro-.

La magia de este elenco es lo que le hace falta a esta vida que oscila entre la rutina y la desesperanza. Lo novedoso transitando cada espacio vacío, impregnando arte donde solo existe un huequito, utilizando la inteligencia y el cómo para transmitir, para dar la oportunidad de volar, de mirar, de apreciar lo artesanal de este trabajo que proyecta sombras en un vestido de papel y en telas blancas; demostrando que lo negro no es malo sino necesario para resaltar lo claro.

Negras inquietudes es un tesoro para archivar en el alma, no en un baúl de recuerdos. Negras inquietudes permite deleitarnos con Tim Burton, quizás sin que se lo hayan propuesto en el guión. Negras inquietudes es un proceso llevado a cabo por titiriteros que tienen muy en claro sus objetivos. Como espectadora aplaudo, lloro y mantengo una sonrisa de dicha. Mientras haya interrogantes habrá evolución así que celebro la valentía de este gran desafío hecho realidad.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Un mismo cielo para compartir

In tenebris lumen

“In tenebris lumen” -traducida como «Una luz en las tinieblas»-, es una obra de teatro, unipersonal, escrita e interpretada por Adrien Vanneuville y dirigida por Ricardo Di Giovanni.

Esta pieza artística utiliza herramientas del género clownesco y un objeto convertido en niño. De esta manera, ambos, irán transitando un escenario en que la risa salvará y sanará cualquier herida bélica.

La escenografía es simplemente una placa -repleta de noticias de guerras- que Adrien irá rotando y moviendo de acuerdo a la acción que acontezca. A su vez, la iluminación cumple un rol primordial ya que hará énfasis en una escena u otra, en un momento u otro.

Al mejor estilo Roberto Benigni (en su creación de La vitta é bella), se utilizará a la risa para apaciguar cualquier tormenta, bombardeo y persecusión. Sin centrarse en un país o continente determinado, la dramaturgia pretende crear conciencia, uniéndonos como semejantes para solidarizarnos con quien más padece.

Cuando todo está en penumbras, se escuchan los peores ruidos, esos que te estremecen la piel -erizándotela por completo- y, la presencia de la dictadura o de cualquier guerra, hace su aparición.

En un momento, este hombre abre su maleta y encuentra a su futuro amigo. Él puede ser perfectamente su amigo o hijo o niño abandonado. Lo certero es que está en su valija como pertenencia. Muy lindos momentos pasarán juntos, evadiendo la triste realidad y pretendiendo crear una atmósfera más feliz. Entre ellos lograrán un lazo muy estrecho pero ni siquiera sus narices rojas evitarán el dolor y la sangre derramada por los destructores de la paz.

A diferencia de Benigni, Adrien no solo entretendrá a su pequeño sino que encarnará un personaje que le dará alegría a sí mismo.

El llanto no aparecerá en la historia ya que estará ocupado por cosas más importantes que el lamentarse precipitadamente. Y, con respecto, al lenguaje utilizado para narrar, el artista dialogará con uno inventado donde no se podrá comprender su significado sino la intencionalidad del mismo. Esta elección le otorgará a “In tenebris lumen” una atmósfera más dramática y conmovedora.

Si hubiera escogido hablar, como tantas veces se hace, no habría una instancia de interrogantes sino información y más información para asimilar y guardar.

Lo destacable es lo poco que precisa Vanneuville para lucirse en escena, para enternecernos y para dejar su semilla que, seguramente, abrió más de un corazón dormido.

Sin ir al extremo de lo que es una guerra, se puede pensar en cualquier situación cotidiana donde no haya armonía, donde los niños sean víctimas y tengan que crecer rodeados de violencia y maldad. A veces, observando lo que pasa afuera o en un conflicto internacional, nos olvidamos de mirar lo que sucede al lado. La proximidad es lo que dificulta la evolución humana ya que siempre encontraremos algo peor a lo que vivimos.

In tenebris lumen3Este llamado a la reflexión por parte de actor y director, crean un espacio para pensar y hacer. Lo que ocurre, muy a menudo en estos tiempos, es que la oratoria se convierte en la mejor amiga de los cobardes, de aquellos que eligen hablar en vez de accionar, que prefieren quejarse y criticar en lugar de dar el ejemplo.

Cuando todo parece perdido, esa luz que tanto anhelaba, se enciende; permitiendo que ocurra un milagro no sin antes hacernos sufrir y elucubrar teorías al respecto.

El suspenso estará presente en momentos específicos de la obra, siendo la comedia lo más sobresaliente. Cada mirada entre estos personajes nos elevarán, nos darán esperanzas, amor y un vínculo estrecho con quienes amamos.

Mientras los efectos sonoros ambientan determinadas escenas, el actor se luce con sonidos propios que recrean cada juego y situación.

¿Qué sentirá un hombre al perder a su hijo? ¿Los padres cuidan a sus hijos como se lo merecen? ¿Cuál es la responsabilidad que deben tener unos sobre otros? ¿Cualquiera puede ser padre?

Niños muertos, abandonados, desnutridos, desahuciados, tristes, tirados, olvidados…

Los pequeños merecen amor y adultos responsables. Los pequeños merecen.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Si no puedes con tu enemigo

Manifonías

Mariano Cossa interpreta a un músico concertista que intentará tocar unas piezas clásicas, las cuales serán, recurrentemente, interrumpidas por unos simpáticos títeres de varilla.

Este espectáculo infantil se presentó dentro del Festival de títeres para adultos y, el público, se apasionó con las melodías en tempo di allegro.

Mientras los pelos revoltosos del músico se despeinaban, más de la cuenta, por el momento tenso que atravesaba, sus nuevos amiguitos lo invitaban a formar parte de una entretenida misión.

Realmente, es interesante “Manifonías” (de la Compañía Buenos Aires Títeres, dirigida por Néstor Caniglia) para melómanos y para personas que no tienen demasiado vínculo con la música clásica, convirtiéndose durante una hora en fieles conocedores de la temática.

Si bien ya había visto la obra en el verano, noté algunas diferencias entre ambas funciones. Notablemente, la primera vez los niños eran mayoría y, en esta ocasión, los adultos invadieron -lógicamente- la sala del Celcit.

Con respecto al intérprete humano, es muy gracioso, motivador y empático su personaje; logrando interesar a los espectadores y elaborando diferentes expresiones en su rostro y cuerpo que provocaban risas constantes.

Por el lado de los títeres, tanto Sandra Antman como Mario Luis Marino, desarrollaron una estupenda performance con dichos objetos que se paseaban por delante y detrás del pobre músico.

Una vez que lograron enloquecerlo y sacarlo de las casillas, se unieron y lanzaron a la aventura. De ahí en más, ambas partes se necesitaron para resolver la misión que no tendría sentido develar.

Manifonías1

El escenario -recreado bien al estilo de teatro tradicional con telones- tendrá al artista que, entre partitura y partitura, le irán ocurriendo diferentes peripecias -como ver convertidas éstas en un barco de papel-. Todos las secuencias tendrán su encanto e intervención por parte de los adorables títeres, los que simbolizarán a las almas infantes.

Un muñequito amarillo se desplazará, en primera instancia, por lo bajo, intentando pasar algo desapercibido, para luego irrumpir durante el concierto.

Llevará consigo una pequeña escalera. Aparecerá y desaparecerá tantas veces que nos descostillará de la risa por cada movimiento.

Algo a tener en cuenta y resaltar es que la obra no se vale de la palabra, utilizando gestos, sonidos y la música en vivo tocada con una guitarra acústica.

Nunca fue tan divertido pescar ya que no se trataba de peces sino de objetos impensados por el público, un público que por una noche se dio el gusto de reír como criatura y disfrutar.

Esta obra demuestra cómo es mucho más lindo nutrirse del “otro” antes que dejarlo de lado o pelear por destruirlo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La verdad tras el velo

Secuencias de un anonimato

“Secuencias de un anonimato” (de y dirigida por Carmen Kohan) fue la obra elegida para abrir el Festival de títeres para adultos, el cual se presenta por noveno año consecutivo. Esta pieza teatral de máscaras y objetos se representó en la sala del Teatro Celcit.

El título, ya de por sí muy llamativo, nos remite a temas profundos -imposibles de no vincular con política e ideología-.

La identidad es tan importante como la existencia misma. Saber quiénes somos y vincularnos con los demás como tales, sin que nos inventen un personaje a seguir según el antojo del creador.

De esto se trata esta pieza teatral que, sutilmente, nos va llevando por sitios no convencionales, a modo de escenas, transmitiendo dolor, angustia y pesar. No existe demasiado lugar para reírse ya que no se trata de humor sino de replantearse la propia esencia, buscando y buscando hasta llegar a la raíz.

Llama la atención el escenario, del que cuelgan muchas telas coloridas. Pero, esos colores son la antítesis de los diálogos que vendrán a continuación. Dos mujeres son privadas de su libertad y llevadas a la esclavitud. Ellas no pueden mostrar su rostro y deben utilizar unas máscaras blancas sin expresiones. La rigidez representada en el plástico no es lo sienten sus corazones, los cuales lloran sin mostrar lágrimas.

Cada secuencia va increscendo, alcanzando el sentimiento más desgarrador y teniendo esa delicadeza al afrontar ciertas temáticas como para no incomodar a nadie.

Como si se tratara de seres totalmente reemplazables, van cumpliendo una rutina que siempre es la misma. Basada en sembrar en determinado tiempo unas semillas para luego darle de comer a su jefa. Esta persona no solo no tiene bondad sino que su inescrupulosidad la lleva a cometer cualquier tipo de delito o acción con tal de lograr su objetivo.

Las prisioneras, llamadas por letras del alfabeto griego, están ahí, sentadas, paradas o acostadas -según se les ordene-. Ellas no tienen poder de decisión al parecer y cualquier tipo de revelación tendrá sus tristes consecuencias.

Durante la historia se podrá disfrutar de una función artesanal, con proyecciones de guías positivas que fusionan texturas diversas con las representaciones en el escenario. Así se va conformando una especie de film en vivo en el que, inclusive, se plasman sombras de los espectadores. La música, las interpretaciones de estas maravillosas actrices, el canto de una de ellas y el tic tac, constante; permiten que el mensaje de esta dramaturgia sea una mezcla entre ferozmente real.

Entre los agujeritos de las máscaras se podía llegar a vislumbrar la tristeza de sus ojos, las lágrimas secadas con paños festivos, los objetos represores con extremidades cada vez más largas que abrazaban hasta ahorcar a sus víctimas. Una habitación en penumbras que las alojaba. Ese lugar que lejos de darles descanso, las asfixiaba.

Torturadoras y torturadas, poder sobre debilidad, autoridad por sobre necesidad.

Secuencias de un anonimato1

“Secuencias de un anonimato” demuestra cómo la rigidez no tiene sentido y cómo la pobreza convive con la humanidad, reuniéndose hasta en la muerte, compartiendo rituales, amor y todo tipo de sentimiento agradable para sobrevivir hasta en la próxima vida.

Las sin identidad, la tienen. Las sin nombre real, lo tienen. Las enmascaradas tienen rostros de mujeres aunque deben ser desprovistas de éstos para que la manipulación de las otras sea más sencilla y eficaz.

Luego de saciar su apetito, de comerse hasta la identidad de sus “sirvientas”, sienten poder. Pero es un poder vacío, irreal, desprovisto de virtud.

Por detrás de una tela color piel, transcurre toda la locura y voracidad de estas fieras que desean deglutir todo. Una vez conseguido esto, no tendrá más sentido nada.

Obedecer o castigar. Decir basta y pagar las consecuencias. Obedecer y permanecer, sin saber por qué ni para qué. Respirar y seguir. Escapar y arriesgar-se.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Vulgarmente rica

Lady Dómina13

Leo Veterale, «La Barby» interpreta a una marquesa del siglo XVIII que se encuentra en la ruina -sin siquiera saberlo o sospecharlo-. Su mayordomo, Sigfrido (Juan Palacios) intentará fingir que el pasado millonario sigue existiendo en la mansión épica.

Lo entretenido y cautivante de Lady Dómina (de y dirigida por Paul Caballero) es la manera de entrelazar relatos antiguos con contemporáneos. De utilizar recursos televisivos y códigos conocidos por todos para contar una historia tradicional de familia adinerada, mezclada con tintes de humor y sátira que logran divertir a los espectadores durante toda la obra.

Podrán preguntarse qué distingue a esta dramaturgia de otras y es que no existe un factor dominante sino el poder conjugar estilos que permiten burlarse de una sociedad estancada en el tiempo, cegada y ausente de los problemas cotidianos externos.

Es tanto lo que Dómina pretende que ni siquiera se da cuenta de la mala alimentación que tiene a diario. Ella, simplemente, luce esos vestidos de raso y puntillas, llegando a ser el ejemplo de esplendor de lo que fue y nunca más será.

Los cuatro personajes en escena son muy diferentes entre sí lo que permite que cada quien logre una identificación o empatía con alguno de ellos. Para cortar cada uno de los relatos que se suponen profundos y trágicos, se le pedirá al violinista (Hernán Felipe) que toque unas breves melodías. Esto logrará crear un clímax muy agradable, rompiendo con los diálogos existentes.

Quizás, al ser Leo Veterale el famoso, la mayoría del público acuda a verlo a él pero -al llegar al Teatro Porteño- se dará cuenta de un talentoso actor e intérprete: Juan Palacios. A veces los personajes secundarios se recuestan sobre los protagonistas y, otras tantas, ocurre al revés. Sigfrido, tan bien caracterizado y lookeado produce una enorme cantidad de sensaciones: desde asco hasta ternura y compasión. Él tuvo que permanecer al lado de esta tirana mujer, en las buenas y en las malas; siendo objeto de burla, rechazo y descalificación.

Llama la atención el nombre Lady Dómina, el cual es una paradoja: Señorita señora. Ella es las dos cosas, dos personalidades que chocan en su interior. Una mujer con deseos carnales y una perversa que usa la riqueza para corromper almas inocentes.

Tener un nombre que refleje lo que es, su modo de proceder, de mostrarse ante los más pobres y conseguir ser el centro de atención a cambio de dinero. Aunque, una vez que el secreto de su pobreza sale a la luz, su vida toma otro camino. Tiene que rebajarse, volver a recordar un amor pasado y convencer al hijo de éste, Francis III (José María Bourdillón), de llevar a cabo un entrenamiento que dará que hablar. Una vez que se plantea un nuevo escenario, el fracaso no se aproxima y el desenlace llena de alegría cada retazo de esta pieza teatral (que se está llevando a cabo en el Teatro Porteño).

Paul Caballero juega un juego difícil que solo es posible llevar adelante contando con artistas que dejen todo en el escenario. Lo grandioso de la historia es que no solo existe un guión al que están sujetos, sino la improvisación que brota de sus venas, dotando a Lady Dómina de realismo, de sensaciones y de una adrenalina arrasadora.

El grotesco une lo vulgar, lo delicado y refinado, lo bruto y desaliñado; con un eje central que está vinculado a la irrealidad de la alta sociedad. Al egoísmo de ésta y a lo escalofriante que puede resultar el manipular a alguien que, realmente, necesita ayuda económica.

Reír y tomar conciencia se unen como fórmula química, como un proceso sensible y posible, entrelazando esta vez a seres diferentes, opuestos y semejantes ya por su sola condición de humanos.

Lady Dómina ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Una fiesta titiritera

logo2014

Después de una tarde agobiante de calor en que cuesta caminar de la pesadez y de la típica humedad que caracteriza a nuestra hermosa Buenos Aires, fui a hacer la fila para ingresar a la apertura del noveno Festival de títeres para adultos. La cita fue en Pan y Arte, un lugar muy cálido y acogedor, ideal para un evento de este estilo.

Luego de aguardar un ratito en la calle, ingresamos a la sala más grande del lugar y se pudo disfrutar de breves fragmentos sobre algunas obras ya conocidas por todos. Ellas fueron: Efímero cine (de la compañía La poderosa máquina), Música maestro (del Grupo Kukla) y Síndrome de Eureka. Cabe aclarar que entre una y otra puesta en escena, Ana Carolina realizó unas intervenciones de stand up para amenizar la espera.

Con respecto a las tres exposiciones, la más extensa fue la de Efímero cine así que me centraré en ella para contarles algunos detalles que hacen a la cuestión. Estas talentosas artistas utilizaron un juego de parque jurásico con todos los dinosaurios, cámaras digitales, diferentes elementos como agua y fuego, y una pantalla para proyectar -al mejor estilo cinematográfico- cada escena en que transcurría la historia de amor oriental. Si bien en tan pocos minutos no es posibles conocer la total dimensión de la puesta en escena, me pareció muy interesante la síntesis que hicieron para transmitir una obra extensa en pocos minutos.

Mientras una de las intérpretes sostenía a su bebé en un fular rojo, otra narraba el contexto de la dramaturgia y, la tercera, ponía manos a la obra para expresar con distintos recursos el amor de esta pareja que convierte su romance en una futura familia.

Cada detalle da una precisión tan exacta como real sobre lo que se siente al amar tanto a otro. Una carta que se prende fuego, que se consume de a poco, una lluvia incesante con pequeñas gotas que se impregnan en el papel y la música que acompaña cada acercamiento y alejamiento tan normal entre dos personas.

Para el cierre, tuvimos el agrado de escuchar al músico y cantautor uruguayo, Martín Buscaglia, quien no solo interpretó varias canciones sino que ofició de relator de su propia vida, contó anécdotas y convirtió al acto inaugural en una verdadera fiesta en que muchas de las chicas no paraban de deleitarse y tomarle fotografías, a la vez que cantar junto a él cada una de sus letras.

Su proximidad y buena onda convirtieron la noche en una comunión donde la guitarra fue su fiel compañera. Siempre habrá letras más pegadizas que otras o que nos conecten con algún recuerdo o vivencia. En este caso, tres canciones me impactaron por su filosofía y profundidad: Hay tanta música, toda una vida para aprender (Mil cosas), Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni hacia dónde voy (Vagabundo), Es que todos somos raros. Todos somos todos, todo por un rato (Todos somos raros).

Resultó ser una experiencia totalmente renovadora y el calor se convirtió en un frescor, el sudor caliente en frío y nos convertimos en su coro cuando Buscaglia lo precisó.

Altas horas, El sol, fragmentos de canciones de bossanova y Kamasutra; fueron otras de las interpretadas por este músico que con sus ojos color cielo nos demostró que la vida es nuestra, que debemos hacerla de goma y a nuestro antojo.

Para “El candombe de Marte”, dejó su instrumento de lado y tomó su botellita de plástico de agua. Con ella, como percusión, continuó las estrofas que decían: sé que voy a amarte, amarte tanto que voy a marte, que si te vas lejos yo voy a encontrarte.

Mariela Verónica Gagliardi

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La existencia es agobiante

Un gesto común8

No existe persona en este mundo que sea totalmente diferente a las demás ni que pueda distinguirse en algo por sobre el resto, de manera objetiva. Salvo que tenga la oportunidad de expresar su conocimiento o sabiduría para dotar a los demás de algo único. Inclusive, quien habla con tanta tenacidad de algo es porque, indefectiblemente, se siente parte del tema.

«Un gesto común» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Maruja Bustamante), se sitúa en un lugar desde el cual provoca incomodidad. ¿Quién podría estar tranquilo al tener enfrente a un criminal (Diego Martín Benedetto) que ni siquiera muestra arrepentimiento?

Si la noticia saliera por los medios de comunicación cada uno podría sentirse libre de juzgar, de señalar, de decir lo que hubiera hecho en el lugar de este joven desesperanzado y solitario…

Pero, Loza, sabe cómo implantar una temática de esta estirpe para conseguir un efecto en los espectadores. De hecho, durante la función, hice unos imperceptibles paneos con mi mirada y me sorprendí al notar las expresiones de cada uno. Estaban paralizados, sin llorar, sin sonreír. Inclusive, sentí una cierta pesadez por parte del público como si quisiera que terminara de una vez la historia.

Y es que no es sencillo escucharlo decir cómo llegó a asesinar, a sangre fría, a una señora que lo acosaba. Aunque, muy probablemente, este dato haya sido pasado por alto por la mayoría.

Estamos acostumbrados a oír casos sobre mujeres golpeadas, maltratadas y víctimas de todo tipo de violencia como para que un hombre pretenda llamar la atención. Este hombre me produjo escalofríos y no por haber matado sino por la desprotección que demostró haber tenido durante toda su vida. Incluso hasta su cuerpo parece ser peso para él. No sabe amar, abrazar, besar y lo que le pudiese dar algo de felicidad lo desprecia por no saber cómo manejarse.

Esta sensación no me abandonó hasta que la luz se apagó en la sala -del Abasto Social Club-, una sala recreada como lugar húmedo, desesperanzador, un sótano abandonado con lo necesario para subsistir. Una cama similar a la que vemos en una cárcel, una canilla y un caballete pequeño. En esos escasos metros, él respira sin poder sentir libertad y come aunque sus tripas no se lo permitan del todo.

La iluminación, también, es importante en esta pieza teatral en que los tubos de luces fluorescentes titilan, el foquito intenta encenderse y la penumbra está sujeta al hilo conductor de la historia.

Por otro lado se encuentran: su amigo (José Escobar) y su amiga (Iride Mockert). Ambos tienen en común a él. Ambos están enamorados de él y parece hasta ridículo que puedan sentir lo que sienten por alguien que tiene estar características tan frías y rígidas. Podría hasta afirmar que la distancia que pone, causa todo el rechazo posible.

Tres relatos que se van enfrentando, entrelazando y provocando algo en la otra persona. Como si se tratara de monólogos, éstos son dichos libremente hasta que se escuchan a sí mismos como voz reveladora. Podría decirse que es Dios, intentando iluminarlos o, simplemente, el interior de cada personaje que los sacude un poco para hacerlos reaccionar y vivir.

Durante un invierno, la palabra sangre los recorrerá en reiteradas ocasiones pero ninguno de los tres sentirá miedo o sorpresa. Ellos están en el lugar que están, son diferentes pero similares y no tienen intención de cambiar o abrirse.

Los cantos con acompañamiento de guitarra -por parte de Iride- representan la ironía y lo burdo que todo, inclusive hasta lo más escalofriante, puede resultar.

Un gesto común puede ser la debilidad que tienen por enfrentar aquello que los marcó tanto, en su pasado, como para convertirlos en seres desposeídos de bondad -que solo actúan de acuerdo al motor del egoísmo y de aquello que les hace bien- dejando de lado quién es la otra persona.

Los diálogos son cortados, fragmentados y solo se fusionan casi en el desenlace de la dramaturgia; uniéndolos artificialmente sin espontaneidad y desprovistos de alma.

Nuevamente Santiago Loza esboza en su guión lo reveladora que puede resultar la religión y cómo suele apoderarse de las personas que no tienen un camino por seguir, una meta por alcanzar y un deseo por el cual luchar.

Un gesto común fichaMariela Verónica Gagliardi

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La mirada del espectador

Calabazín32

El espíritu de esta obra es que no tenga diálogos para que pueda ser compartida por personas que no estén al alcance de la palabra.

Calabazín (escrita y protagonizada por Ivo Siffredi) es una obra de teatro de objetos encantadora. No solo por la ternura con que el artista manipula a sus más de 42 títeres, sino por las historias encadenadas a lo largo de la puesta en escena.

Además de ser una pieza artística para toda la familia, permite que los bebés, niños, jóvenes y adultos puedan absorber y analizar la dramaturgia desde una óptica diferente -llegando a conclusiones similares, diferentes o inclusive opuestas-. Así, la magia se apodera de los espectadores, brindándole al público la varita para convertir cada calabaza en el personaje que más le guste.

En esta oportunidad, Calabazín, se presentó en la sala de La Usina Cultura Chascomús y si bien la tarde fue muy calurosa, ese motivo no impidió que las sonrisas se unieran al unísono.

No son muchas las obras de este género que permiten situarse como espectadores al estilo de escenario a la romana o detrás de bambalinas. Esta es una de ellas en que uno puede optar por ver lo que el titiritero muestra o aquello que está por detrás, esos trucos y todo lo oculto que tanto intriga a los más curiosos.

Durante esta función se dio una situación bastante frecuente: los niños se pasearon de un lugar a otro, mientras que los adultos fueron los que menos se animaron a trasladarse por miedo a perderse cosas -según dijeron al terminar la obra-.

Es increíble cómo la sociedad está acostumbrada a obedecer los mandatos más rígidos, perdiendo de a poco esa libertad tan linda de la niñez.

En cuanto al guión, Ivo mencionó que éste fue variando con el correr de los años hasta convertirse en el actual. Lo mismo ocurrió con los títeres. El espectáculo se trabajó durante más de seis años, buscando las acciones más contundentes, para buscar las escenas de cada acto (nos cuenta Ivo Siffredi). En un comienzo eran los tradicionales de manga con vestuarios determinados, hasta llegar a la elección de estas calabazas, como símbolo natural, terrestre y simple.

Resulta muy interesante el poder ser partícipe de las escenas creadas especialmente para plasmar etapas de la vida tan diferentes como son: los bebés dejando el chupete, los animales jugando entre ellos, los adultos magnificando hasta lo más irrelevante, entre algunas de las más representativas.

Cabe aclarar que cada escena está acompañada por música salida de consola, además de ser el propio artista quien expresa los propios sonidos para cada personaje de las narraciones.

La poesía visual -tal como la denomina el actor- se apodera de todo, haciéndose valer de la expresión y el drama, para demostrar que la palabra no es fundamental. Cada cual puede recortar, construir, armar el relato que le gusta.

Decido involucrarme como niña y como adulta, intentando conseguir dos resultados posibles al análisis.

Como niña, sin lugar a dudas, me hubieran llamado mucho la atención los perros calabaza, tan juguetones, traviesos y simpáticos. Aunque, como adulta, supera cualquier rito imaginativo, el matar moscas. Esa secuencia que se repite y remata al final, es una metáfora al daño, constante y progresivo, por el que la humanidad transita.

Todo lo molesto es quitado del camino, sin evaluar su importancia sino tan solo el egoísmo personal.

El poder en esta obra lo tiene cada espectador que se hace responsable de la lectura e interpretación que realice, lo que dará la pauta sobre quién es.

 Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a José Bendersky

Hace 8 años que la Ciudad de Azul viene llevando a cabo un Festival. El mismo, incluye a diferentes disciplinas artísticas y, el despliegue, pinta de alegría cervantina a todos los vecinos presentes.

Para adentrarnos un poco más en los detalles del Festival Cervantino de Azul, estuve conversando con su Coordinador, José Bendersky, quien detalló varios puntos importantes a tener en cuenta y conocer.

Azul tiene el orgullo de ser considerada ciudad cervantina en Buenos Aires. ¿Qué sentís al formar parte?

Desde luego que es altamente gratificante formar parte de un proyecto en el cual gran parte de la sociedad está involucrada. Más allá de las distinciones que la ciudad o el proyecto cervantino en particular pudieran obtener, creo que lo más importante es su capacidad para aunar voluntades en torno a un proyecto común, cosa nada habitual en nuestros días.

Pocos festivales duran tantos días. ¿Cómo fueron uniéndose hasta organizarse?

Ningún festival con las características del nuestro puede sostenerse sin la participación activa de los vecinos, instituciones y colectivos culturales de la ciudad. La cobertura de las más de 100 actividades que propone el evento hace imprescindible el compromiso de todos y ese es otro de los puntos fuertes que tenemos, ya que la gente se apropia del festival, se siente parte y eso permite que podamos brindar un buen soporte desde la organización, aunque esto no implica, desde luego, que en algunos casos puntuales se produzcan errores que debemos corregir.

¿La diversidad de disciplinas que integran al Festival Cervantino, permiten captar un mayor caudal de público?

En realidad el festival se pensó primero desde la inclusión de los vecinos y no tanto desde la captación de público. Es decir, proponemos tantas disciplinas como una forma de que todos puedan participar como protagonistas. Con el tiempo vamos viendo que esa propuesta también se va traduciendo en una mayor afluencia de público a los distintos eventos, por lo que la ecuación tiende a cerrar de la mejor manera.

¿Cuántos meses les lleva preparar cada edición?

La planificación es anual. Ya en enero empezamos a pensar en el lema para el siguiente festival, la identidad visual, a convocar a los distintos curadores… También es momento de analizar las críticas que recibió la edición anterior y a planificar la mejor manera de mejorar en esos aspectos.

¿Cuáles considerás que son los valores fundamentales que colaboran a que el festival siga existiendo después de tantos años?

Creo que se resume en el lema del festival: Soy Quijote. Me parece que es una frase muy potente que invita a involucrarse, a ser parte de algo colectivo, y que desafía nuestras propias limitaciones, además de apelar a los valores quijotescos que todos de alguna manera u otra tenemos en gran consideración.

¿Existen voluntarios o colaboradores durante cada festival?

Hay que considerar que de las más de 100 propuestas que se presentaron en esta edición, aproximadamente 70 correspondieron a instituciones o artistas locales. Esto implica que cerca de 1000 vecinos de la ciudad estuvieron trabajando en torno del festival durante todo el año de manera desinteresada y apasionada.

Además de esta cifra impresionante de colaboradores, cada año el festival convoca a un grupo de voluntarios para colaborar en la asistencia de los espectadores, oficiar de guías, repartir programas o información turística. Este año contamos con un grupo de 20 entusiastas que realizaron una labor estupenda durante todo el evento.

¿Piensan agregar algo novedoso a la próxima edición?

Tenemos pensado realizar alguna acción fuerte en Buenos Aires a modo de promoción y seguir investigando las posibilidades de intervenciones urbanas en la ciudad.

¿Cada año se fijan objetivos diferentes? ¿Cuáles fueron los de esta vez?

Este año trabajamos en pos de una mayor difusión regional y de la integración con grupos y artistas de la región. También apuntamos a lograr un mayor protagonismo de los adolescentes de nuestra ciudad, que participan activamente como espectadores pero queremos que también se animen a estar del otro lado.

Teniendo en cuenta el lugar que ocupa el teatro dentro del Festival Cervantino, ¿considerás oportuno que participen más obras de lugares aledaños a Azul?

Por supuesto. En cada convocatoria abierta que hacemos intentamos integrar lo más posible a la región. Algunas veces los distintos curadores eligen propuestas de otras latitudes, pero la intención siempre está presente.

Mariela Verónica Gagliardi

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Esta patria chica engendra traidores

San Martín vuelve34

Una obra sobre un prócer puede resultar muy aburrida o muy entretenida. En este caso, los hermanos rosarinos (Juan Manuel Arana y Maximiliano Arana), interpretan una odisea establecida entre el retorno de San Martín y lo poco que se sabe y recuerda respecto a éste.

Quien no sea amante de la historia, posiblemente vincule a este gran hombre de la patria con su caballo blanco, el cruce de los Andes y el 17 de agosto.

Esta dramaturgia (escrita por Pablo Felitti) intenta plasmar quién fue San Martín, además de construir diferentes historias que lo utilizan como figura principal en cada una de ellas.

Lo más tradicional es el acto escolar en que se cita la muerte de él, haciendo una especie de cronología sobre las batallas en que intervino, sobre su vida personal y su fundamental aporte a la independencia del país.

Un día igual a tantos otros, un chico despierta y lo ve en su dormitorio. Como caído del cielo, el propio José le ayudará a preparar un trabajo especial para la escuela. Utilizando la ironía, en esta escena y todas las que aparecerán a lo largo de la obra, se irá transmitiendo la esencia del héroe junto a su rol en la sociedad argentina.

Pareciera como si los próceres que figuran en los libros de historia, fuesen personas congeladas y devenidas en estatuas y esculturas, puestas en parques, plazas y museos; solamente para ver -junto a un cartel que indique año en que nació y murió, junto a características que se supone son fundamentales-.

Cuántas veces uno puede soñar con mantener una charla interesante junto a su ídolo. Claro que los tiempos cambiaron, demasiado, y ahora cada persona elige, por temas de libertad, a quién admirar. Da escalofríos saber que hay fanáticos hasta de grupos de cumbia. Ya no es posible comparar los siglos pasados con éste. ¿Qué han dejado los hombres actuales, qué podrá decirse de los mortales contemporáneos?

Entre las diferentes personificaciones, se encuentra una en especial que provocó la risa de todo el público presente. Se trata de una maestra, muy bien estereotipada, con rasgos que demostraban la rigidez de los discursos, el statu-quo y la censura aplicada a los alumnos, a quienes se sigue considerando como pasivos.

Queremos decir, también que, desde el departamento de matemáticas, estamos muy contentos de cargar este año con la responsabilidad de llevar adelante este acto. Ya que x tal que x no quedaba otra. Y sabemos muy bien que nos consideran a las de matemática algo -como decirlo- exactas, calculadoras, frías, casi inhumanas. Carentes de toda sensibilidad (…) Y, a continuación, los alumnos van a bailar algo muy loco. Sería como una coreo del cruce de los andes pero que está inspirado en una canción de Lazy Town (…).

Como era imposible que falte, (…) Un padre nos va a deleitar con la canción de Un caballito blanco (…). Puede ser simpática esta poesía pero muy lejos está de relacionarse con la vida de San José de San Martín.

Las batallas también se vieron representadas, junto a un gran cañón que producía explosiones con humo artificial y todo. Un trabajo impecable, reluciente, extraordinario, dentro del que se podrían mencionar un sinfín de adjetivos encantadores.

Estremece y cautiva el modo en que el director eligió retratar a este héroe y lo bien que se comprenden las secuencias, tal como si se tratara de una película documental -durante la que se suma el humor- y convierte a la historia en un tesoro para recordar y transmitir.

Dos actores que dejan absolutamente todo en “San Martín vuelve”, un director que los conduce por un camino exitoso y, un entrenamiento que seguramente habrán tenido que seguir minuciosamente como para coordinar los cambios de vestuarios constantes, las historias representadas en escena, la música en vivo que acompaña ciertos momentos de la obra y esos personajes tan bien lookeados, difíciles de no recordar.

Esta obra fue la última del Festival de Pirologías y se sintió esa adrenalina de cierre.

Escrita por: Pablo Felitti.

Actores: Juan Manuel Arana y Maximiliano Arana.

Dirección: Los Hermanos Arana.

Mariela Verónica Gagliardi

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