*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Hay cosas que no se pueden sepultar

Ciudad en fuga1

«Ciudad en fuga» (de Alicia Muñoz y dirigida por Pino Siano) es una historia de humor negro, dramática a la vez, que oscila entre escenas cómicas del mundo de los muertos, y las típicas situaciones económicas que se avecinan a raíz de un testamento. Como si fuera poco, el contexto general que acompaña es el de la fiebre amarilla -una epidemia que arrasó con gran parte de la población-.

Las luces, dan comienzo a la obra en que dos sepultureros, borrachos, se encuentran con un cadáver. Este cuerpo será motivo y objeto de risas, brindándoles -a los pobres hombres-, un espacio para que sus mentes divaguen y deliren al compás del alcohol.
A la vez que Melinda y Nicanor (su cafisho), mantienen una discusión y todos los trapitos al sol se dan a conocer, la deteriorada señora sufre por haberse quedado sin objetos materiales ni pertenencias ya que su “compañero” la dio por muerta y vendió todo, absolutamente todo, para salvarse.
Las escenas se suceden y parecen integrar una varieté, con la particularidad de mantener un hilo conductor a lo largo de la dramaturgia.
En cuanto a los conflictos familiares, también, se hacen presentes; invadiendo la casa de miserias, de secretos y de hipocresías difíciles de digerir.
Uno de los momentos más celebrados por el público se produce cuando dos primas-herederas discuten, hasta agarrarse de las mechas, rodando por el piso, sin poder quedarse siquiera con las joyas de su tía.
Esta obra, por una cuestión de duración, no se presentó de forma completa, pero, eso no impidió su genial desarrollo.

Plena epidemia sufrida en el año 1871, en Buenos Aires, debiendo abandonar sus hogares -por orden del gobierno- quienes habitaban en la ciudad, teniendo que migrar hacia el interior hasta que el brote de fiebre amarilla se erradicó. De esta forma, un escenario paralelo, el de la Chacarita; tuvo una fuerte convocatoria y voz propia.
Ricos y pobres terminaban allí, demostrando -una vez más- que el dinero no compra lo más importante. Luchas de intereses, chocan y explotan; haciendo notar que seres insesibles hubo y habrá siempre.
Los valores están presentes y, la falta de éstos, más los principios, también.
Pino Siano, conjuga la tragedia con la desolación, el oportunismo con la pasión y la obviedad con la sorpresa.
Mientras, el vestuario caracteriza al Siglo XIX, diferenciando a las dos clases sociales más enfrentadas en aquel entonces, haciendo prevalecer el orgullo antes que la razón, y la mentira antes que la debilidad.
Como disparador: un muerto, en torno al que surgirán variadas teorías, exposiciones y venganzas.
Una ciudad en fuga que, de a poco, se extingue. Solo sobreviven algunos que no, necesariamente, son los más aptos.

¿Qué hacer cuando todo parece estar perdido?
¿Existe la oportunidad de salvarse solo?
¿Qué decisión conviene tomar?

El rojo ambienta los discursos de los hombres de cementerio que, deambulan, en busca de algún aliciente, uniendo una escena con otra, hasta que el negro se apodera de todo y las peores canalladas sobresalen.
Un muerto que ya no puede defenderse ni pedir derecho a réplica. Un acto de cobardía por parte de quienes pretenden erigirse como protagonistas y héroes. Otra muerte, más fallecimientos inocentes, voraces monstruos que intentan acabar con una epidemia mayor que la de esta enfermedad: la del egoísmo.

Elenco: Flavia Alonso, Flavia Sosa, Noelia Bertola, Romina Magallanes Lisboa, Jorge Gómez,
Andrés Caamaño, Leonardo Leiderman, Héctor Safdie, Sebastián Wulff. Asistente: Alfredo Awad.
Dirección general: Pino Siano.
Comedia Municipal de Teatro de 3 de Febrero.

Mariela Verónica Gagliardi

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El tesoro femenino

Mujeres tenian que ser8

La historia puede resultar aburrida, entretenida, interesante o apasionante. Quien esté en el colegio, quizás la considere una tortura, un enlace de fechas y acontecimientos, guerras, muertes y más fechas para recordar sin sentido alguno. Quien elija estudiarla, aprehenderla y darle un lugar en su vida, seguramente, halle un tesoro.

«Mujeres tenían que ser» (basada en el libro de Felipe Pigna, con dramaturgia y dirección de Érika Halvorsen), expone a cuatro actrices de renombre (Alicia Berdazagar, Julia Calvo, Fabiana García Lago y Julieta Cayetina), quienes se encargan de reconstruir más de dos siglos de la historia argentina, imponiéndose en el escenario y haciendo valer a las heroínas que en varias ocasiones, se intentaron olvidar por diversos motivos.

Contar con las anécdotas del escritor, finamente escogidas por Érika, conforman una pieza teatral muy interesante. Por un lado, las intérpretes leen su guión, nos miran, intentan convencernos. Cada una es una mujer diferente, que cambia al instante por otra. Batallas, guerras, anécdotas, romances, datos precisos y cronológicos, desfilan sin cesar durante la obra. A la vez que una artista visual (Luz Peuscovich), desenvuelve su talento, proyectando: recortes de diarios, titulares que resuman etapas importantes de la historia, detalles femeninos, fondos de colores, diferentes texturas y un universo que además de ambientar, le otorgan a la pieza teatral una impronta distinguida.

Durante las Invasiones Inglesas, surge un episodio referido a Manuela Pedraza (llamada La Tucumana), quien estaba casada con un cabo y mató a un inglés, quitándole su fusil e interviniendo en la lucha. De esa manera, esta mujer fue nombrada Subteniente de Infantería.

Julieta Lanteri, fue la primera en votar en el año 1911 y, también, se postuló como candidata a diputada recibiendo 1363 votos (una gran cantidad, teniendo en cuenta que solo los hombres tenían, hasta el momento, derecho de emitir sufragio). Años más tarde, la precursora tuvo un “accidente automovilístico” por el que perdió su vida.

Son muchas las fechas, los sucesos y las personalidades femeninas olvidadas, tapadas, ocultadas e inclusive ultrajadas. El paso del tiempo, en este caso, demuestra que las mujeres no ocupamos el lugar que los hombres débiles pretendían, sino el que soñamos, el que anhelamos y somos capaces de sentir pasión por cada paso que damos en pos de lograr un triunfo. Y el triunfo no siempre va de la mano de ser reconocidas con estatuillas, nombres de calles y estatuas en fuentes de agua; sino en conseguir que los años no sean acumulación de días sino la oportunidad de cambiar lo que no está bien, de embellecer lo que está feo y de pintar de colores un país que sufrió y, aún, sigue sufriendo.

La dramaturgia llega a varias conclusiones y el remate final concientiza, quedando en el imaginario social el rostro y nombre de quien hace treinta años sigue adelante, con el mismo propósito que el inicial: conseguir que quienes no tienen completa su identidad, puedan llenar ese vacío con información real y verdadera. Sin ser engañados una vez más. Tal vez no todos corran la misma suerte pero con inquietudes de este nivel, todo se vuelve más esperanzador.

Ninguna dictadura voraz podrá quitarnos la esperanza, por más oscuro que se vuelva el panorama.

¿Quién hubiera imaginado que la presidencia sería ocupada por una mujer?

Y no pretendo hablar de ideologías políticas sino de la posibilidad de demostrar que el género o sexo no tienen absolutamente nada que ver con la inteligencia y la valentía de llevar adelante diferentes proyectos.

Quizás sea la era en que todo lo escondido salga a la luz y con esa iluminación se vayan despertando los dormidos, aquellos que prefieren la mentira para no sufrir. Aquellos que prefieren no enfrentarse a la verdad para seguir siendo ignorantes y cobardes.

«Mujeres tenían que ser” es otra de las obras que Érika Halvorsen consigue lucir. Una vez más, con la sutileza que la caracteriza, narra con detalles una historia escrita y acontecida. Narra lo que prefiere que no quede solo en páginas sino transmitido, en vivo, a través de unas geniales actrices.

Mujeres tenian que ser ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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