*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para la Categoría "Teatro"

El odio es ignorancia

Heidi, el musical1

Ficha HeidiComo a los 3 años miraba, todas las tardes, a Heidi por la televisión. Esta niña de pelo negro y piel blanca como la nieve, llenaba de alegría mis meriendas. Hasta que un día su banda sonora llegó a casa y la cinta se escuchó una, otra vez y otra vez. Hasta gastarla considerablemente.

Esta niña de los Alpes, no era una más. Era aquella que venía a dar enseñanzas y convertir los dibujos animados en aventuras nobles y plagadas de amor.

Por eso es que verla en el Teatro Coliseo, junto a su fiel amigo Pedro, a la perra Niebla y a su amado Abuelito; fue emotivo. Un estreno a sala más que llena, convirtió la tarde fría y lluviosa en el escenario perfecto para que los pequeños pudieran disfrutar y sentirse inmersos en el clima real.

Utilizando varios recursos fieles a las animaciones, los personajes de Heidi utilizaron máscaras en sus cabezas que eran muy similares a los dibujos famosos de la pantalla chica. De esta manera, con proyecciones constantes, entre una escena y otra, los niños pudieron comprender la historia y sentir que sus amigos no eran humanos sino personajes.

Y aquí podría abrirse un debate que se centraría, básicamente, en considerar si hubiera sido mejor verle la cara a los actores o no, si les quitaba naturalidad a sus movimientos corporales o no. Y, realmente, poniendo en una balanza unas y otras cuestiones; posiblemente los más chiquitos no podrían juzgar determinados aspectos pero sí sentir una mayor cercanía con cada una de las interpretaciones. Eso, al fin de cuentas es lo que más importa.

Así, se pudo ver una representación (con libro y dirección de Rubén Roberts), en tono de comedia musical, muy fresca, con un Abuelito que danzaba junto a los pequeños, que corría y luego recordaba su avanzada edad, que pretendía hacer entrar en razones a estos traviesos y juguetones niños. Porque en cuanto la maldad apareció, no tardó en esfumarse, para recordarnos a todos que lo importante es perdonar los errores y jugar sin barreras.

Los rivales no existen más que para aprender a no tener enemigos y todas las suposiciones podrían ser quitadas del medio para celebrar la vida en todo momento.

Ver la cara de los espectadores (que oscilaban entre un año a cinco, sin contar a los grandulones que se infiltraron para no perderse la magia) al interactuar con estos personajes grandiosos, al perseguirlos con las miradas cuando bajaban del escenario, es lo que vale la pena en este tipo de espectáculos. La interacción es fundamental y la constante interacción con el público se vuelve el eje principal para que una tarde tan pero tan congelada pueda hacer crecer los jardines más coloridos en instantes.

Entonces, cada una de las canciones supieron captar la esencia de la encantadora Heidi, formular una historia entretenida y dejar la moraleja. Esta enseñanza que parece tan obvia, sinceramente no lo es. Porque, a diario, podemos notar cómo nuestra sociedad prejuzga, juzga y bloquea al diferente, al que piensa distinto, al que tiene otra ideología. Y no titubea al eliminar a aquel que no es igual. ¿En qué clase de secta se está convirtiendo nuestro país? Se puede ser intolerante, pero ¿hasta qué punto? Se puede decidir no unirse o juntarse con tal o cual, ¿pero hasta cuándo?

¿Cómo inculcarle valores y códigos a los más chiquitos cuando la hipocresía muchas veces se apodera de nosotros?

Es momento de escuchar/nos, de hablar/nos y de tolerar las diferencias para construir un país y mundo mejores. El resto es pura habladuría y las palabras con el tiempo son solo eso: vocablos que se olvidan y mezclan.

Heidi es como un libro que se abre desde la primera infancia para aprender a vivir, para aprender a soñar e imaginar que la nobleza no es una utopía: que es posible. Que no se es tonto por no odiar. Se es adulto cuando se superan los propios límites y evoluciona con bondad.

Heidi, el musical es una lección de vida con notas musicales, coreografías y colores; donde la vejez no es vista como algo negativo sino como una invitación a la reflexión, a cuidar de nuestros mayores y a convertir lo oscuro en esperanza.

Los efectos especiales, visuales y sonoros son los que hacen de este musical una verdadera ilusión. Para hoy y para el mañana.

Mariela Verónica Gagliardi

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Militantes del futuro

25 millones de argentinos

Lo que casi la mitad del país quisiera gritar en este momento sería que una década de sufrimiento no vuelva a repetirse. Que las palabras ¡Nunca más! no sean solo un esbozo reiterado sino un sentimiento tan profundo y necesario como el aire que debería respirarse para mantenerse vivo.

Propuestas artísticas como 25 millones de argentinos, siempre tienen que existir, y aún ahora más. Porque muchos podrán aburrirse al escuchar sobre temáticas vinculadas a la dictadura militar pero para crear conciencia es imprescindible invocar el pasado para que las huellas de sufrimiento no sirvan para que los mismos grupos de siempre continúen con el proceso sanguinario.

Lisandro Fiks centra su historia en el romance trágico entre un montonero y su novia Ana. Y, ¿por qué subrayo trágico? Porque esta joven era hija de un militar y esto es el hilo conductor de toda la dramaturgia. Qué interesante que resulta ser esta relación, el modo en que se va desenvolviendo, las piezas que tienen que ir moviendo para que su amor perdure y la ideología que se arraiga a pesar de todo.

En un primer momento la escuchamos a el, en la actualidad, después de esos años de lucha. Ha cambiado el país y ha cambiado ella esencialmente. Sentada en un bar, narrando su pasado, sintiéndose superada y no sufriendo por todo lo que tuvo que atravesar para salir airosa y con vida. Una representación realmente impecable aunque aún no del todo profunda. Para saber lo que padeció habrá que adentrarse en los diálogos establecidos con su madre, con sus amigos y con el único representante del «orden» que aparece en escena. Recién ahí las lágrimas de la protagonista empañarán nuestras pupilas y su angustia se reflejará en cada uno de nosotros como espectadores.

25 millones de argentinos está provisto de una investigación detallista y en la que la ficción ocupa un segundo lugar. Porque el complemento de proyecciones audiovisuales sustentan cada segmento de la obra y le dan el apoyo necesario y fundamental para que se entienda la seriedad con la que debe ser tratado dicho sistema de tortura.

Resulta muy clara la división de ideas que se marcan tanto con las palabras como con el vestuario lucido por cada uno de los actores. De hecho lo más triste es notar la soledad de esta joven que lucha sola (aunque no lo está). La vemos en escena sola, contra todo su círculo. Sola y valiente, sola y fiel a cada uno de sus pasos. Si pudiéramos ver a su amor o a su padre, ya la historia narrada no sería la misma ni tendría el peso que tiene en nuestro imaginario social.

Con respecto al estilo de interpretaciones, cabe resaltar que quizás uno espera un poco más de acción, de cuerpos gastados y desgastados, del dolor provisto por la tortura física y psicológica, pero esto no se vislumbra. Es una decisión probablemente vinculada con el hecho de dejar que el monólogo de la actriz protagónica y los diálogos que se van desencadenando luego, se apoyen en las palabras y no en sus proyecciones.

Somos espectadores de un pasado que no se puede cambiar, muchos fueron espectadores del inolvidable mundial del 78´, otros ahora le aclamarán a Messi que continúe en la selección y siempre existirá un evento deportivo que obnubile la realidad real y atroz que se posa sobre nuestros rostros. Esta obra viene a recordarnos que la cultura es fundamental, que lo dicho por artistas siempre va a ser más soportable que un discurso político y que mientras se niegue lo ocurrido -intentando separar cultura de política- el dolor se volverá a apoderar de cada uno de nosotros.
Somos una sociedad dormida, que cada tanto se despierta -como el televisor que capta momentos únicos-, y pretenden destruir con engaños berretas.

Elenco: Romina Fernandes, Patricia Rozas, Brenda Bonotto, Manuel Novoa, Lisandro Fiks
Dirección y dramaturgia: Lisandro Fiks
Funciones: martes 21 hs
Teatro Ópalo

Mariela Verónica Gagliardi

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Dos estrenos teatrales durante el 1° Festival Sábato

portada

Cuando escucho la palabra Festival, todos mis sentidos se preparan para vivir una experiencia única y vinculada con celebrar. Porque de eso se trata el ánimo festivo que se siente durante las jornadas que dura dicho evento.

En esta oportunidad, un fin de semana en que se decidió homenajear al escritor Ernesto Sábato, pudo vestir las calles del histórico barrio de Santos Lugares con un aire realmente renovador. En la grilla de ambos días hubo una variedad de actividades bastante amplia y Sabor A Teatro optó por cubrir las dos obras que se brindaron durante el domingo. Así fue como tuvimos un mediodía con una puesta en escena infantil, llamada La tempestad (de William Shakespeare, con versión y dirección de Aranzazu Larrinaga) con una propuesta realmente innovadora, sagaz, que conjugó diversos ritmos musicales y pintó sonrisas en grandes y chicos. Manteniendo vivo el espíritu shakesperiano, varios acordes de reggaetón, entremezclados con tango; se apoderan de la atención de los más pequeños para narrarles las aventuras y desventuras de los enamorados. De las grandes travesías que deben superar para terminar felices para siempre. Un escenario a puro color, valiéndose de diversas herramientas como títeres de varilla para contar más activamente los diálogos entre un monstruo, el mago Próspero y un sinfín de personajes tradicionales que irán surgiendo luego de la gran tempestad que los hará desembocar en una isla encantada. Un gran despliegue que, al compás de las canciones, convidarán con su alegría a todas las familias presentes. Quizás puedan preguntarse por qué un clásico inglés en un festival homenaje a Sábato… eso será parte de otro capítulo pero sí se puede confirmar que tragedia y drama siempre habrá en la pluma ambos escritores.

Luego, horas más tarde, la impronta de Pino Siano con Informe sobre ciegos (inspirada en el libro Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato) produjo un fenómeno no muy visto en estos tiempos. La cancha de basquet del club Defensores de Santos Lugares recibió a miles de espectadores que no quisieron perderse el estreno de esta atrapante historia.

En cuanto giré hacia atrás, observé unos segundos la gran cantidad de público y mi emoción se apoderó de mí. Esta fue la introducción al cuasi monólogo en que su actor se lució, demostró su talento y evidenció el acierto de Pino al adaptar este segmeno del libro de Sábato para las tablas.

Quienes hayan leído el texto original podrán notar que se asemeja bastante pero que existen algunos pasajes cambiados que le otorgan más ritmo al relato e interpretación de César André.

El mundo de la oscuridad es tan atrapante e incierto como la muerte y su desenlace. Hay quienes deseamos saber y nuestra intriga aumenta y convierte en adrenalina cuando encontramos algunos datos interesantes. Esto es lo que produce Informe sobre ciegos: un viaje hacia lo tenebroso y desconocido, hacia un pantano en que todo lo investigado se descubre. Qué importante se vuelve la obsesión en el relato, en cada una de sus reflexiones acerca del mundo ciego. Un mundo en el que se plantea un universo colmado de interrogantes y suspicacias dentro de las que es posible saber -absolutamente todo- lo temido.

Cuanto más oscuro es lo que se teme, más desgracias ocurren; y esto es lo que le sucede a este hombre que busca. Que en verdad su vida es una continua búsqueda, en la que jamás se pierde, y cuando llega a su cometido, el fin lo espera con más acertijos e imprecisiones que al comienzo.

Murciélagos que lo vaticinan todo, como si se tratara de cuervos en una historia de terror anticipando la muerte. Aunque ésta no es tal, de alguna manera lo es su desenlace -un espacio en el que es posible imaginar que hubiera pasado si tal investigación no se habría hecho presente-.

Realmente merece un destaque esta obra y cada uno de los detalles de la puesta en escena que permiten hacer brillar aún más a su director. Entre jaulas vacías y un escritorio con muchos libros acomodados, este ser pretende hallar su lugar, y lo encuentra. Se dice que cuando uno cumplió con su misión ya está en condiciones de pasar a la historia.

Ficha obras 1° Festival Sábato

Mariela Verónica Gagliardi

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La sonrisa más macabra

La herencia de Eszter2

Ficha La herencia de EszterNo hace falta mencionar que los temas de bienes siempre crearán conflictos, de una parte o de otra. Más cuando se trata de una persona que ha fallecido y que no tiene voz presente para decir: ¡basta!, cuando todo esté a punto de descontrolarse por completo.

La herencia de Eszter (novela escrita por Sándor Márai, adaptada por María de las Mercedes Hernando, con la eximia dirección de Oscar Barney Finn) vuelve a confirmar cómo lo más inesperado puede apoderarse del más débil y cómo la ambición puede volverse más enfermiza que cualquier tipo de dolor real y verdadero. Una novela que se escribió en el año 1939 (comienzos de la Segunda Guerra Mundial) y con muchas luchas de clases, conflictos e intereses que harán convertir la quietud en un acto belicoso, hasta reposar en el más confortable «paraíso».

Un texto en el que será posible reposar en la más exquisita y apacible paz llevada adelante por el personaje de Eszter (Thelma Biral), quien le otorgará a la dramaturgia ese brillo especial que tiene una actriz de esta trayectoria y nivel como ella. Así será posible recorrer su casa y jardines de una manera relajada, pudiendo prestar atención a los extensos diálogos de Márai. Claro que una protagonista necesita de un elenco encantador como el que le tocó para hacer posible todo este éxito ya en su debut.

Pero, ¿por qué la presencia de Lajos (Víctor Laplace) hará sucumbir con su visita?

Pasaron dos décadas desde la última vez que se miraron a los ojos y jamás se comunicaron a lo largo de los años. Aunque parece que el tiempo podría ser tan relativo como un amor que no ha culminado o que jamás ha surgido como se merecía.

Aquí es entonces cuando surgen algunos interrogantes y conceptos. Por ejemplo: la valentía. ¿Podría haberse modificado el destino si Eszter recibía la supuesta carta que le envió Lajos? ¿Realmente esas palabras volcadas en un papel fueron robadas por su hermana para impedir el romance? ¿O Lajos pretende salirse con su cometido poniendo todas las cartas sobre la mesa sin tener algo de bondad en su accionar?

Este drama es realmente exquisito y si bien el ritmo de los relatos es bastante lento, dichas pausas permiten que el disfrute sea aún más profundo. En tiempos en que todo «debe» resolverse con un chasquido de dedos, es importante que existan piezas artísticas puestas en escena con estas características y que la ambientación signifique parte del argumento y la fusión con el mismo.

Quienes conozcan la novela sabrán que el hilo conductor está puesto sobre Eszter y Lajos, pero en el pasado. Es cierto que la historia se narra en presente pero es un presente gastado y con aroma a viejo, como huelen aquellas cosas no resueltas. Así, esta pobre mujer transcurre sus días en calma pero sin ningún sobresalto, junto a una amiga de siempre. Posiblemente, ninguna de las dos imaginó cómo terminarían ni por qué.

Aunque Eszter no es una persona que tenga en mente combatir a su ex amor ni mucho menos contradecirlo. Su nobleza la convierte en un ser apacible y con una sonrisa tan inmensa como el jardín que disfruta, contemplando cada una de sus flores y árboles. Por momentos pareciéramos estar en El jardín de los cerezos (Chéjov), en que la naturaleza y su gran casa entran en disputa familiar. Es cierto que resulta, a veces, hasta absurdo pensar por qué sus huéspedes debieran «abandonar» el lugar en el que viven porque otro así lo dictamina.

Colores verdes, la vegetación inundando las lágrimas de las soñadoras y encrudeciendo a los más astutos y mordaces. Con unas interpretaciones que completan la fascinante trama, puede vislumbrarse cómo los personajes secundarios no son más que eslabones fundamentales para ir armando, a medida que avanza la obra, un perfecto tapiz.

La perfección que puede notarse en el vocabulario, en los modismos, en el lenguaje protocolar, en el vestuario épico y conservador, en un escenario estático como el lento avance de la historia política en que fue escrita la novela de Sándor Márai. Un contexto que vale la pena conocer y explayarse. El dramaturgo también fue poeta y vivió en lo que actualmente se conoce como Eslovaquia (anteriormente, Hungría). Su vida no fue fácil y su manera combativa de defender sus ideales lo expuso de pies a cabeza. Así lo deseó y así lo llevó adelante. Pero eran tiempos del nazismo y su entereza para expresarse al líder de este movimiento lo hizo enfermar de tal manera hasta terminar con su propia vida. Huyendo de su país hacia 1948 (ya que el ejército soviético había invadido su tierra natal), estuvo viviendo en Italia y Estados Unidos (entre algunos de los lugares por los que transitó). Él se consideraba burgués, pero no como se lo suele entender vulgarmente, sino como un estilo de vida, como un modo de hacerle frente a la misma y de pelear por propósitos.

Lo irónico de todo esto fue que una vez fallecido, cayó el Muro de Berlín y, posiblemente, su historia hubiera sido muy distinta de haberlo podido vaticinar.

Entonces es como al ver la figura de Lajos, un hombre completamente carismático, también podemos ver a Hitler. Y no quiero decir con esto que se trate del movimiento nazi, sino de una actitud hacia la sociedad (que es, de algún modo, la propia familia o lo que queda de ésta). Un líder que es apoyado por una mayoría, una mayoría que ignora -quizás- cómo la confianza puede ser utilizada y convertida en la peor pesadilla.

Mariela Verónica Gagliardi

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Tiempos para compartir

La denuncia20

Ficha La denunciaUna perfecta iluminación, espacios escénicos muy bien recreados con los precisos detalles y la elección de utilizar a la actuación como principal aspecto hacen que una pintura de Molina Ocampo se acerque a nuestros tiempos.

Quienes adoramos el género de Comedia dell´ arte, seguramente, sintamos que esta obra es deliciosa por donde se la mire y sienta. Más aún cuando se combina con el lenguaje criollo, nutriéndose del lunfardo -ideal para que cuatro actores excelentes puedan lucirse de principio a fin-.

La denuncia (escrita por Rafael Bruza y dirigida por Claudio Martínez Bel) es una historia que puede darse el lujo de basarse en distintos tiempos y jugar con el pasado y presente espontáneamente. De esta forma, una mujer -que no tuvo ni tiene demasiada suerte en el amor-, decide presentarse ante dos oficiales y llevar adelante un íntimo reclamo que hará ventilar la historia de su familia.

Lo interesante de esta dramaturgia es que utiliza a la sátira para narrar los complejos vínculos entre cuatro integrantes realmente pasionales. Si no existiera la ridiculización de cada uno de ellos, estaríamos en presencia de una pieza totalmente dramática y tensionante, permitiendo que pudieran compararse los diálogos con noticias desde épocas de antaño.

¡Cuántas historias reales podrían verse reflejadas en esta ficción teatral que se basa en un hecho real del año 1909! Y, cuántos familiares estarían sintiéndose identificados por más que no se hicieran cargo de ello públicamente.

Sin lugar a dudas que cabe resaltar la impecable interpretación de los actores en escena, demostrando su ductilidad y perfección para encarnarse en la piel de un hombre o de una mujer; teniendo en cuenta los ademanes característicos de cada género, al mismo tiempo que su modo de caminar, de desplazarse y de contemplar su universo más cercano.

Habría que pensar y repensar, una y otra vez, qué pretende denunciar una persona cuando se acerca a una comisaría, qué desea exponer y cómo busca sentir una determinada tranquilidad al abandonar la dependencia. Aquí se hallan maneras, muy sutiles y picarescas, de tener cierta paz y tranquilidad en el interior, valiéndose de atributos no esperados por nuestra sociedad actual. Claro que se trata de una historia montada como sainete, bien autóctono, muy rural y con los ingredientes necesarios para hacer estallar en risas a los espectadores, constantemente.

Las máscaras y pelucas le permitirán a sus creadores e intérpretes el poder jugar y, al mismo tiempo, montar varios relatos que se unirán de un modo irrisorio, poco convencional y muy ágil.

Posiblemente, la estructura escénica es la que permite que el éxito sea rotundo durante toda la función. El visualizar el pasado, conjugado con el presente, en simultáneo le otorgan a la denuncia un valor agregado y una sed de querer más brebaje artístico para nuestra alma. Qué importante resulta el unir un texto de estas características que cobra vuelo gracias a su director y a la performance llevada adelante por sus actores. Estaría en condiciones de afirmar que el público querrá asistir a esta obra varias veces, porque es el efecto que queda subrayado por los aplausos y las carcajadas emotivas.

Mientras el galán de la historia desfila por los rieles del tren en busca de su salvación, el amor lo esperará más cerca de lo imaginado hasta que todo vuelva a empezar -casi de manera idéntica aunque sin dar a lugar a la especulación por parte de los espectadores-.

Mariela Verónica Gagliardi

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Otras maneras de vincularse

Independencia

PH: Fuentes2fernández

En el país del nunca jamás esta familia podría ser ubicada, colgada como un cuadro en sepia y desvinculada de todo contacto con el exterior. Así es como ocurre todo y toda “rebeldía” podría ser combatida con el peor odio imaginado. El terror podría avecinarse de un momento a otro, solo hay que saber esperar la oportunidad para vislumbrarlo si es que eso se desea.

No siempre una familia convive y se relaciona de una manera saludable y normal. A veces, y tantas realmente, lo que trata un clan es de moverse de forma funcional sin prestar real atención a su felicidad.

Este es el caso de la historia Independencia escrita por el dramaturgo contemporáneo norteamericano, Lee Blessing (traducida por Cecilia Chiarandini y dirección de Jorge Azurmendi) que invoca aquellas reminiscencias llenas de polvo. Un polvo de antaño, que huele a podredumbre y enviciamiento cuajado.

El lugar en que se desarrolla dicha trama es en un pueblo de Iowa (Estados Unidos), donde casualmente estudió Blessing la carrera de dramaturgia.

Tres hijas, de edades muy diferentes, se reúnen junto a su madre para rememorar ciertas cuestiones no resueltas. En verdad, más que reunión es una preocupación por la jefa de esta casa que utiliza determinados artilugios para manipular las vidas ajenas -por no haber logrado, quizás, tener una propia-. Y considero el “quizás” porque cada quien elige cómo vivir e incluso el que transita por este mundo sin tomar supuestas decisiones, aún está eligiendo desde el silencio.

Independencia, entonces, no se basa solamente en una lucha llevada adelante por cuatros familares íntimos, sino en el descubrimiento bien profundo acerca del rumbo que desean trazar en el futuro cercano, cuasi inmediato.

Las tres hijas necesitan liberarse de su pasado y presente. Es tal el agobio que sienten que piensan en escaparse de esas cuatro paredes. Claro que no viven juntas, pero la culpa las engaña y envuelve de tal modo que logra confundirlas y regresar a aquel momento en que sí lo hacían.

Esta dramaturgia, activa mecanismos de pulsión constantes, no dejando un instante para reflexionar en el momento. Los silencios no existen, los espacios vacíos tampoco. Es tal el control que quieren tener estos personajes -sobre sí mismos y sobre los demás- que Azurmendi consigue plasmar dichas esencias en cada acción y reacción. Es entonces cuando los engranajes funcionan a la perfección, dotando a la pieza artística de completa ira, pasión, deseo, odio, amor y demás sentimientos que surgirán durante toda la disputa familiar.

Con respecto a las interpretaciones, quisiera resaltar a Cristina Dramisino y a Anahí Gadda -las cuales consiguen una unión no solo como madre e hija ni por sus textos en escena, sino por la fusión que se precisa como para que una obra dirigida por Jorge Azurmendi cobre el vuelo necesario y se tiña de luz-. Es este dúo el que debe seguirse a lo largo de las líneas de la historia y diálogos para saber el dolor tan profundo que aún no cicatriza, el aroma a niñez que no madura y las caricias no siempre presentes que todo lo perdonan.

Por el lado de la escenografía, el espacio físico les permite jugar con cada lugarcito del teatro, utilizando absolutamente todo como para recrear sensaciones y sonidos lo más reales posibles.

Tal vez lo que produzca un alejamiento entre el escenario y el espectador sea el haber conservado los nombres en inglés de sus personajes y lugares. Si esto se modificara, sin lugar a dudas, la identificación sería excelente y no habría que imaginar dónde está situada, geográficamente, cada ciudad.

Independencia es una obra de teatro fresca, ágil y con mucho por analizar en el plano psicológico, social y dramático. Cada persona podrá hacer su propio viaje e ir quitándose aquellas mochilas tan pesadas que se creía cargarían para siempre.

Mariela Verónica Gagliardi

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Amor: antes y ahora

Cosas de la lluvia1

Ficha Cosas de la lluviaUna historia romántica es lo que mantiene en vilo a los espectadores que conocen a estos encantadores personajes de Cosas de la lluvia (escrita y dirigida por Julián Bertero, con música de Joaquín Bertero).

Así es como dos desconocidos, se encuentran abrigados por un acogedor paraguas que les permite una mágica unión. Como en las novelas, pero en su realidad y bajo sus reglas.

Esta comedia musical brinda la posibilidad de viajar a través de diferentes melodías, dentro de las que se van describiendo ella y él para, luego, conformar un ellos.

Canciones que otorgan detalles de la historia y que le dan mayor dinamismo a la trama, bajo la que es posible soñar, anhelar y lagrimear junto a los desencuentros ocurridos en algunas de sus escenas.

Son varias las temáticas que se abordan en Cosas de la lluvia y, sin lugar a dudas que una de ellas es la felicidad. Dante la menciona con el adjetivo sincero de: embole. Quizás por ello se permita sufrir más de la cuenta o no defender un poco más su romance con Mariana.

Lo interesante de la dramaturgia es que no sigue un orden cronológico y, así, es posible sentir un poco más de adrenalina y suspenso. Un actor que tiene la necesidad de contarle al público cómo fue su ruptura de pareja y cada uno de los pormenores que rodearon esos momentos. Él junto a su novia, actriz también, que es sin ocultar, que brinda lo mejor de sí y que está en condiciones de prosperar gracias a su generosa personalidad.

Otro de los atributos de esta pieza artística es que entre los dos actores se van retroalimentando durante los monólogos que interpretan durante la historia de amor. De este modo, la comedia se apodera de la narración y las risas abundarán durante la mayor parte de la función.

Al igual que todo joven y persona, ellos se posicionarán sobre los ejes fundamentales de su pasado, los cuales hicieron de ellos quienes son ahora.

En ensamble de músicos, en vivo, convierte a la lluvia en la escenografía ideal para que los amantes se fundan en un beso de amor eterno -aquel que los salvará del más profundo dolor-.

La convivencia, la incertidumbre, las personalidades opuestas, el deseo, la pasión, una misma vocación, el trabajo y demás temas irán convergiendo como sucede en toda relación íntima. De a poco, cada cosa irá ubicándose en su lugar y lo que se creía finalizado podría continuar.

Nosotros, mientras tanto, podríamos jugar a determinar si ella debería perdonarlo o él ser menos intrigante. Pero, lo verdadero y puro reinará al llegar el final y los ubicará en el sitio que tanto deseaban ocupar. No como trofeo sino como necesidad imperiosa del corazón.

Mientras tanto, cada una de las canciones será representada por una escenografía diferente y sencilla de cambiar -de un momento a otro- para que se vaya ilustrando cada situación.

Cabe resaltar el impecable y gran trabajo de Belén Ucar, quien tiene -como siempre- la facilidad de demostrar su brillo y talento para la actuación y el canto, los cuales permiten que la historia se desenvuelva muchísimo mejor. Utilizando el lenguaje clownesco para ridicular ciertas cuestiones y hacer más llevaderas aquellas más trágicas. Así, su figura muestra presencia y ductilidad que se demuestran en cada uno de los personajes que encarna.

¡Cosas de la lluvia es realmente una obra encantadora que merece ser vista por toda aquella persona que sienta maripositas en la panza!

Mariela Verónica Gagliardi

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Víctima del altar

I Capuleti e I Montecchi7

Ficha I Capuleti e I MontescchiLas historias románticas tienen su encanto y atractivo. Pero, si a éstas les sumamos el contenido dramático y bélico, la sensación de tensión produce aún más motivación en el público espectador. Qué mejor que aguardar la llegada de ese momento en que los amantes se reunirán en un beso eterno.
En esta versión, con reminiscencias de la tradicional Romeo y Julieta, el libretista Felice Romani escribe un argumento que se basa en historias de diversos autores y, principalmente, en la leyenda inglesa titulada La trágica historia de Romeo y Julieta. Dicha versión se estrenó, por primera vez, en Verona en el año 1830.
La acción se sitúa y desarrolla en el Siglo XIII, en Verona (Italia) y tanto la estética como puesta en escena permiten que lo que más resalte sea la vocalización y música presentes. Y este es uno de los principales puntos a destacar: el bel canto que imperó en esta época y continuó hasta el Siglo XVIII en el país mediterráneo.
Resulta, probablemente, imposible no hacer comparaciones con la versión de Shakespeare -que tan arraigada está en nuestra cultura- y es entonces cuando el raciocinio falla por completo.
Para contemplar y disfrutar al máximo la presente ópera I Capuleti e I Montecchi (con libro de Felice Romani y música de Vincenzo Bellini) es necesario despojarse de toda crítica no constructiva y del machismo en que se tendría que considerar a Romeo encarnado por un hombre. Nada de eso ocurre ya que la talentosísima Cecilia Pastawski es quien interpreta al enamorado en lucha, constante, de su Giulietta (Rocío Giordano), la víctima, en sí, de toda la trama que logra conmover desde un extremo al otro del cuerpo de todo ser humano presente en la sala. Este es uno de los puntos más incisivos que pueden notarse a lo largo de la función lírica y que podrá dividir al público considerablemente. Incluso, fue el propio autor quien dictaminó que el papel de Romeo sea ejecutado por un mezzosoprano y he aquí la elección (que se llevó a cabo en las diversas interpretaciones por diferentes países) de que sea una voz femenina la que cante los pesares, los mayores logros y el deseo por dar todo hasta las últimas consecuencias.
Esta ópera consta de dos actos y la totalidad de la misma es de aproximadamente 3 horas. Durante este tiempo puede sentirse cómo las partituras cobran vida bajo la dirección de Jorge Parodi quien le otorga a las melodías un vuelo enorme, permitiendo que cada uno de los presentes podamos inmiscuirnos en la obra musical desde el preludio.
Nada más gratificante para oír que una orquesta demostrando su excelencia, en cada uno de los conciertos brindados en el Teatro Avenida, otorgándole la precisión, la firmeza y la pasión con que puede tocarse un instrumento para recrear una era tan pasada, un momento en que dos familias se enfrentarán y en que la culpa será de quien menos se lo espere.
El libreto de Romani se basa más en la batalla desatada entre ambos clanes y no tanto en el romance. Es entonces cuando se notará cómo un pacto de paz brindado por una de las partes, no será acatado por la otra y de ahí en más estallará por los aires la desgracia de envenenamiento ya conocida.
Una obertura que invita al género dramático y burlesco a la vez, en que se podrá sentir tranquilidad, felicidad y la complacencia de que cada personaje luchó hasta donde quiso.
Puede notarse al gran cantante Santiago Ballerini encarnando al primo hermano de Giulietta, Tebaldo. Vestido de caballero, dispuesto a defender lo “suyo” y a demostrar su amor egoísta una y otra vez. Luciéndose, una proyección realmente audaz en que se luce como tenor y expone su grandeza como artista, dibujando en el éter las melodías de sus cantos. Se siente, se vive, se palpita y el caudal de su voz pareciera no tener fronteras. Por ello es que avanza, pretende conquistar el corazón de su amada y defender su legado.
Mientras tanto, el “error” de Romeo de matar al hermano de Giulietta no será motivo suficiente para separarlos. Detalles que le otorgan al argumento una impronta femenina enorme, pero no por ello menos dramática. El desenlace ya es de público conocimiento y por ello no indagaré en dicha cuestión.
En cuanto a la decisión de vestuario, la misma también se encarga de desdramatizar el contenido de la historia y conseguir profundizar en los hechos en sí. Y, adentrándonos en la cuestión estética, resulta muy conmovedor el ingreso de la protagonista luciendo de novia, suplicando no llegar al altar y poder encontrarse con su verdadero y, por lo visto, imposible amor. Como piezas que debieran encastrar a la perfección, la familia Capuleti es la encargada de empujar, -de manera inconsciente, aunque no por eso menos brutal- a la Giulietta, haciéndola cometer su propio crimen. La sangre no aparece y, al contrario, el dolor parece absorber todo vestigio de sufrimiento pasado. El culpable será juzgado oportunamente aunque ya no a tiempo de evitar ambas muertes.
Un elenco increíble, que se completa con Walter Schwarz (Capellio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo), quienes demuestran también sus destrezas vocales engalanando la noche en este emblemático teatro de Buenos Aires.
Cuando una pieza artística está bien llevada a cabo hay que decirlo en mayúsculas y este es el caso.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Ladrando para ser libres

Bacanes1

Ficha BacanesBacanes, un musical perruno (escrito por Nicolás Blampied y Matías Dinardo, dirigido por éste último) es una de las propuestas más innovadoras y entretenidas en cuanto al género. Resulta encantador el argumento, demostrando que la ternura no pasó de moda -al menos para el reino animal-.

Como dos mundo paralelos y, a veces irreconciliables, los humanos consumen manjares exóticos mientras los despreciados perros se consuelan uno a otro intentando no perder la esperanza de que, en algún momento, las cosas cambien a su favor.

Un elenco actoral realmente suspicaz, muy talentoso y que estamos acostumbrados a ver en escena en el teatro u otro espacio artístico. Por eso es que se produce un climax inmediato desde la introducción de Baco (el perro y dueño de la mansión en que se desarrolla toda la historia) con su guitarra, desde la que aflora su pesar en esta vida.

En segundo lugar, quienes contamos con más de veinte años podremos sentir una fuerte identificación con la década del 90´ en que se apoya y sustenta cada uno de los relatos y canciones de Bacanes. Desde las blusas, los colores, la moda que hoy en día nos puede parecer ridícula, hasta el más mínimo detalle, permiten que nos ambientemos en la época, en el estilo de sus melodías e incluso en los ritmos que bien podían escucharse tanto en teatro como en televisión. Y hago hincapié en esto último porque no siempre es sencillo narrar una era con canciones sin tener que recurrir a la palabra hablada. En esta oportunidad, la música cumple con el rol de protagonista -como debe suceder en una comedia musical-.

Matías Dinardo no solo escribe y dirige sino que también interpreta a un personaje emblemático de la historia, al igual que ocurre con los otros tres humanos (muy bien caracterizados y distinguidos entre sí). De este modo el ser bacán se convierte en una raza de mayor estirpe que la animal, hasta que ésta hace su merecido reclamo pretendiendo ser oída.

¿Quién dijo que un can no puede ser dueño de su casa?

Siempre los hombres se apropian de lo que su deseo ferviente de especismo les otorga. Quizás sea momento de que estas dos parejas se replanteen las decisiones que toman, quiénes son y por qué sienten aires de grandeza que nadie les da.

Sin lugar a dudas que los dos actores que encarnan a Baco y Vera (los perritos de la obra) se llevan toda la atención del público por su dulzura y ocurrencias. Movienzo la cola, saltando sin parar y moviéndose al igual que uno real. Así es encantador que un apocalipsis irrumpa, para que lo escondido u ocultado pueda salir a la luz y hacerse oír de una vez por todas.

El maltrato en todas sus varientes no debería existir, pero existe. Y en lo que respecta al maltrato animal menos tendría que tener lugar en el universo ya que son seres más indefensos en un punto. Imaginen por un instante a un perro morder a su amo. Sería condenado, probablemente con una sentencia de muerte, pero si se tratara de un hombre dañándolo no valdría ni un segundo de parpadeo.

Existen las injusticias morales y Bacanes es un plato fuerte para pensar, profundamente, en ellas. Para tomarse las cosas con el peso que se merecen y darle a una “mascota” el amor que se merece o la libertad para que pueda ser feliz.

¿Por qué unos deben permanecer en prisión para que otros sean “libres? ¿O será que la libertad tiene más que ver con las ataduras mentales y para demostrarle al mundo cuán vivos son deban tomar decisiones erróneas?

Una mesa de estilo, larga y maciza hospedará a estos humanos que encontraron un espacio para hacer rodear su malicia, sus caprichos y la posibilidad de mandar para sentirse alguien.

El manifiesto en este caso es a favor de los cuadrúpedos que ladran de diferentes formas y consiguen cantar sus sueños. Probablemente sea demasiado tarde para cumplir algunos, aunque no para darse cuenta al lado de quiénes no está bueno permanecer.

En definitiva, todos nos cruzamos por algo y para algo.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Un virtuoso de la actuación

Jorobado7

Ficha JorobadoJorobado, el encierro de un cornudo (versión libre del cuento El Jorobadito, de Roberto Arlt) es un unipersonal (creado e interpretado por Claudio Pazos) que toma el argumento del texto original pero desde una arista diferente. En esta ocasión, el hombre desdichado -y no me refiero a Rigoletto- se encuentra encerrado, sin poder huir de donde está y con varios interrogantes por resolver. Su ira es uno de ellos y es que aún siente la imperiosa necesidad de mostrarse resentido, dolido y un tanto precipitado.

La proyección que realiza el hombre en el jorobado es de tal dimensión que no consigue terminar con el asunto que lo está afligiendo: el amor o desamor hacia su novia.

Es tal la locura que se apodera de estos seres que pueden sentir la agarofobia desde lo más profundo.

Todos deben recordar el primer y casual acercamiento entre el jorobadito y este hombre, en un bar. De ahí en adelante, el favor tan extraño y tenaz que éste último le pide al primero y que no se cansa de reiterarla.

El genio y talentoso Claudio Pazos consigue acercarnos a cada uno de los personajes del libro de Arlt, pero algo cambiados. Su imaginación ha tomado lo más relevante y les ha otorgado la gracia necesaria para que nosostros como espectadores podamos ingresar en el universo del autor desde un comienzo. Es tan así el efecto que produce Pazos que la sala más preciosa y original del Teatro La Comedia, se convierte en un lugar distinto, con una atmósfera increíble y muy bien lograda.

Es posible que odiemos al jorobado o no, de acuerdo a los atributos que se detallan sobre su persona, pero lo que resulta ineludible es el carácter violento de su nuevo «amigo», quien se cree con total impunidad de maltratar a otra persona por el simple antojo de considerarlo indigno de respeto.

Entonces es posible sentir la asfixia -conseguida por diferentes objetos de la puesta en escena-, verlo suplicar, notar la aparición del corcovado, sus dolencias y aflicciones, la sorna con que ambos personajes se manifiestan, unos tacones rojos para vestirse de pura y la ilusión de una boda que no es posible que ocurra.

Una marcha, no nupcial, que permite oír las voces de estos hombres, sus justificaciones y el placer de terminar con otra vida cuando no se puede con la propia.

Este cornudo sabemos que no es tan y que manipula la realidad a su gusto para esconder su cobardía. Quizás su mayor disgusto sea toparse con un extraño y saber que sus intereses no son los suyos y que su imperfección física no lo tortura como al otro.

Mariela Verónica Gagliardi