*** Septiembre 2017 ***

I Capuleti e I Montecchi7

Ficha I Capuleti e I MontescchiLas historias románticas tienen su encanto y atractivo. Pero, si a éstas les sumamos el contenido dramático y bélico, la sensación de tensión produce aún más motivación en el público espectador. Qué mejor que aguardar la llegada de ese momento en que los amantes se reunirán en un beso eterno.
En esta versión, con reminiscencias de la tradicional Romeo y Julieta, el libretista Felice Romani escribe un argumento que se basa en historias de diversos autores y, principalmente, en la leyenda inglesa titulada La trágica historia de Romeo y Julieta. Dicha versión se estrenó, por primera vez, en Verona en el año 1830.
La acción se sitúa y desarrolla en el Siglo XIII, en Verona (Italia) y tanto la estética como puesta en escena permiten que lo que más resalte sea la vocalización y música presentes. Y este es uno de los principales puntos a destacar: el bel canto que imperó en esta época y continuó hasta el Siglo XVIII en el país mediterráneo.
Resulta, probablemente, imposible no hacer comparaciones con la versión de Shakespeare -que tan arraigada está en nuestra cultura- y es entonces cuando el raciocinio falla por completo.
Para contemplar y disfrutar al máximo la presente ópera I Capuleti e I Montecchi (con libro de Felice Romani y música de Vincenzo Bellini) es necesario despojarse de toda crítica no constructiva y del machismo en que se tendría que considerar a Romeo encarnado por un hombre. Nada de eso ocurre ya que la talentosísima Cecilia Pastawski es quien interpreta al enamorado en lucha, constante, de su Giulietta (Rocío Giordano), la víctima, en sí, de toda la trama que logra conmover desde un extremo al otro del cuerpo de todo ser humano presente en la sala. Este es uno de los puntos más incisivos que pueden notarse a lo largo de la función lírica y que podrá dividir al público considerablemente. Incluso, fue el propio autor quien dictaminó que el papel de Romeo sea ejecutado por un mezzosoprano y he aquí la elección (que se llevó a cabo en las diversas interpretaciones por diferentes países) de que sea una voz femenina la que cante los pesares, los mayores logros y el deseo por dar todo hasta las últimas consecuencias.
Esta ópera consta de dos actos y la totalidad de la misma es de aproximadamente 3 horas. Durante este tiempo puede sentirse cómo las partituras cobran vida bajo la dirección de Jorge Parodi quien le otorga a las melodías un vuelo enorme, permitiendo que cada uno de los presentes podamos inmiscuirnos en la obra musical desde el preludio.
Nada más gratificante para oír que una orquesta demostrando su excelencia, en cada uno de los conciertos brindados en el Teatro Avenida, otorgándole la precisión, la firmeza y la pasión con que puede tocarse un instrumento para recrear una era tan pasada, un momento en que dos familias se enfrentarán y en que la culpa será de quien menos se lo espere.
El libreto de Romani se basa más en la batalla desatada entre ambos clanes y no tanto en el romance. Es entonces cuando se notará cómo un pacto de paz brindado por una de las partes, no será acatado por la otra y de ahí en más estallará por los aires la desgracia de envenenamiento ya conocida.
Una obertura que invita al género dramático y burlesco a la vez, en que se podrá sentir tranquilidad, felicidad y la complacencia de que cada personaje luchó hasta donde quiso.
Puede notarse al gran cantante Santiago Ballerini encarnando al primo hermano de Giulietta, Tebaldo. Vestido de caballero, dispuesto a defender lo “suyo” y a demostrar su amor egoísta una y otra vez. Luciéndose, una proyección realmente audaz en que se luce como tenor y expone su grandeza como artista, dibujando en el éter las melodías de sus cantos. Se siente, se vive, se palpita y el caudal de su voz pareciera no tener fronteras. Por ello es que avanza, pretende conquistar el corazón de su amada y defender su legado.
Mientras tanto, el “error” de Romeo de matar al hermano de Giulietta no será motivo suficiente para separarlos. Detalles que le otorgan al argumento una impronta femenina enorme, pero no por ello menos dramática. El desenlace ya es de público conocimiento y por ello no indagaré en dicha cuestión.
En cuanto a la decisión de vestuario, la misma también se encarga de desdramatizar el contenido de la historia y conseguir profundizar en los hechos en sí. Y, adentrándonos en la cuestión estética, resulta muy conmovedor el ingreso de la protagonista luciendo de novia, suplicando no llegar al altar y poder encontrarse con su verdadero y, por lo visto, imposible amor. Como piezas que debieran encastrar a la perfección, la familia Capuleti es la encargada de empujar, -de manera inconsciente, aunque no por eso menos brutal- a la Giulietta, haciéndola cometer su propio crimen. La sangre no aparece y, al contrario, el dolor parece absorber todo vestigio de sufrimiento pasado. El culpable será juzgado oportunamente aunque ya no a tiempo de evitar ambas muertes.
Un elenco increíble, que se completa con Walter Schwarz (Capellio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo), quienes demuestran también sus destrezas vocales engalanando la noche en este emblemático teatro de Buenos Aires.
Cuando una pieza artística está bien llevada a cabo hay que decirlo en mayúsculas y este es el caso.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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