*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Sobre cómo convertir la oscuridad en luz

Negras inquietudes

“Negras inquietudes” (de la Compañía Negras inquietudes y dirigida por Marta Lantermo) es una obra de títeres y sombras que reúne a varios géneros y estilos. Por segunda vez me lanzo a la aventura de viajar por la ciencia ficción, el suspenso e inclusive por momentos de terror.

Sin tratarse del terror tradicional, lo psicológico juega un papel fundamental en la historia, una historia que tiene múltiples lecturas. Por un lado, se puede apreciar el arte creado por los intérpretes y su directora, sin analizar nada, simplemente captando sensaciones. Por otro lado, el conocimiento de cada espectador será el que oficie de hilo conductor entre la dramaturgia y el observador.

Teniendo en cuenta esta información, la dimensión que cobra “Negras inquietudes” es difícil de transmitir con palabras. Por suerte, éstas no son necesarias -por la cantidad de herramientas con las que se cuenta a la hora de narrar las diferentes secuencias de lo que, al menos para mí, es una película en vivo-.

Como decía anteriormente, es mi segunda experiencia delante de esta obra y las conclusiones a las que llego son diferentes en algunos puntos. Por ejemplo, la vez anterior pude estar inmersa en la historia ya que la llevaron a cabo como performance en una sala que permitía el desplazamiento del público. En cambio, en esta ocasión, el estilo romano fue el escogido por la disposición de la sala del Celcit.

Seguramente habrá gustos para una u otra opción aunque, lo bello, es que ambas dejan impregnadas sensaciones agradables en el corazón. Hoy se presentó dentro del marco del Festival de títeres para adultos y, por los comentarios que se escuchaban al finalizar la función, la aceptación fue globalizada, al igual que la gran convocatoria reflejada en las butacas totalmente ocupadas.

Una inquietud, un interrogante, un pensamiento esbozado en voz alta es lo que permite llevar adelante una puesta en escena tan completa, compleja y estética. Todo parte de una muñeca, que simboliza a su dueña y, a partir de allí, el mundo fantástico se apodera de nosotros. Dos historias complementarias se unen: la del mundo real y la del mundo ficticio. En una se podrá apreciar a la muñeca, títeres e historietas cobrando vida para contar cada acontecimiento, formando parte del mismo. Pero, en la otra, los humanos son los que continúan la trama de la historia. De esta manera, cada quien escogerá si unir ambos desarrollos o no.

Gracias a la falta de escenario tradicional, se podían ver los trucos, armado y desplazamientos de estos talentosos artistas que sorprenden de una manera tan grata, hasta brotar lágrimas de agradecimiento por tanto.

Son tantas las obras y espectáculos que existen en la cartelera de Buenos Aires que, difícilmente, se pueda decir qué es lo mejor. En esta oportunidad, la experiencia es imperdible.

Negras inquietudes1

Por tratarse de un espacio escénico más pequeño que el anterior, el suspenso fue más estremecedor y el montaje de cada secuencia pude sentirlo más fugaz.

La belleza de la muñeca transformada en mujer, las sombras que no muestran solo oscuridad sino complementos de la luz, los pasos que marcan el tiempo, la nostalgia representada en los ojos de Gabriela, el miedo que se intenta apoderar del más desprotegido que pretende provocar terror por las persecuciones, por los sonidos por todo lo que surge y desaparece -como si se tratara de lo blanco fundido en lo negro-.

La magia de este elenco es lo que le hace falta a esta vida que oscila entre la rutina y la desesperanza. Lo novedoso transitando cada espacio vacío, impregnando arte donde solo existe un huequito, utilizando la inteligencia y el cómo para transmitir, para dar la oportunidad de volar, de mirar, de apreciar lo artesanal de este trabajo que proyecta sombras en un vestido de papel y en telas blancas; demostrando que lo negro no es malo sino necesario para resaltar lo claro.

Negras inquietudes es un tesoro para archivar en el alma, no en un baúl de recuerdos. Negras inquietudes permite deleitarnos con Tim Burton, quizás sin que se lo hayan propuesto en el guión. Negras inquietudes es un proceso llevado a cabo por titiriteros que tienen muy en claro sus objetivos. Como espectadora aplaudo, lloro y mantengo una sonrisa de dicha. Mientras haya interrogantes habrá evolución así que celebro la valentía de este gran desafío hecho realidad.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Un mismo cielo para compartir

In tenebris lumen

“In tenebris lumen” -traducida como «Una luz en las tinieblas»-, es una obra de teatro, unipersonal, escrita e interpretada por Adrien Vanneuville y dirigida por Ricardo Di Giovanni.

Esta pieza artística utiliza herramientas del género clownesco y un objeto convertido en niño. De esta manera, ambos, irán transitando un escenario en que la risa salvará y sanará cualquier herida bélica.

La escenografía es simplemente una placa -repleta de noticias de guerras- que Adrien irá rotando y moviendo de acuerdo a la acción que acontezca. A su vez, la iluminación cumple un rol primordial ya que hará énfasis en una escena u otra, en un momento u otro.

Al mejor estilo Roberto Benigni (en su creación de La vitta é bella), se utilizará a la risa para apaciguar cualquier tormenta, bombardeo y persecusión. Sin centrarse en un país o continente determinado, la dramaturgia pretende crear conciencia, uniéndonos como semejantes para solidarizarnos con quien más padece.

Cuando todo está en penumbras, se escuchan los peores ruidos, esos que te estremecen la piel -erizándotela por completo- y, la presencia de la dictadura o de cualquier guerra, hace su aparición.

En un momento, este hombre abre su maleta y encuentra a su futuro amigo. Él puede ser perfectamente su amigo o hijo o niño abandonado. Lo certero es que está en su valija como pertenencia. Muy lindos momentos pasarán juntos, evadiendo la triste realidad y pretendiendo crear una atmósfera más feliz. Entre ellos lograrán un lazo muy estrecho pero ni siquiera sus narices rojas evitarán el dolor y la sangre derramada por los destructores de la paz.

A diferencia de Benigni, Adrien no solo entretendrá a su pequeño sino que encarnará un personaje que le dará alegría a sí mismo.

El llanto no aparecerá en la historia ya que estará ocupado por cosas más importantes que el lamentarse precipitadamente. Y, con respecto, al lenguaje utilizado para narrar, el artista dialogará con uno inventado donde no se podrá comprender su significado sino la intencionalidad del mismo. Esta elección le otorgará a “In tenebris lumen” una atmósfera más dramática y conmovedora.

Si hubiera escogido hablar, como tantas veces se hace, no habría una instancia de interrogantes sino información y más información para asimilar y guardar.

Lo destacable es lo poco que precisa Vanneuville para lucirse en escena, para enternecernos y para dejar su semilla que, seguramente, abrió más de un corazón dormido.

Sin ir al extremo de lo que es una guerra, se puede pensar en cualquier situación cotidiana donde no haya armonía, donde los niños sean víctimas y tengan que crecer rodeados de violencia y maldad. A veces, observando lo que pasa afuera o en un conflicto internacional, nos olvidamos de mirar lo que sucede al lado. La proximidad es lo que dificulta la evolución humana ya que siempre encontraremos algo peor a lo que vivimos.

In tenebris lumen3Este llamado a la reflexión por parte de actor y director, crean un espacio para pensar y hacer. Lo que ocurre, muy a menudo en estos tiempos, es que la oratoria se convierte en la mejor amiga de los cobardes, de aquellos que eligen hablar en vez de accionar, que prefieren quejarse y criticar en lugar de dar el ejemplo.

Cuando todo parece perdido, esa luz que tanto anhelaba, se enciende; permitiendo que ocurra un milagro no sin antes hacernos sufrir y elucubrar teorías al respecto.

El suspenso estará presente en momentos específicos de la obra, siendo la comedia lo más sobresaliente. Cada mirada entre estos personajes nos elevarán, nos darán esperanzas, amor y un vínculo estrecho con quienes amamos.

Mientras los efectos sonoros ambientan determinadas escenas, el actor se luce con sonidos propios que recrean cada juego y situación.

¿Qué sentirá un hombre al perder a su hijo? ¿Los padres cuidan a sus hijos como se lo merecen? ¿Cuál es la responsabilidad que deben tener unos sobre otros? ¿Cualquiera puede ser padre?

Niños muertos, abandonados, desnutridos, desahuciados, tristes, tirados, olvidados…

Los pequeños merecen amor y adultos responsables. Los pequeños merecen.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Si no puedes con tu enemigo

Manifonías

Mariano Cossa interpreta a un músico concertista que intentará tocar unas piezas clásicas, las cuales serán, recurrentemente, interrumpidas por unos simpáticos títeres de varilla.

Este espectáculo infantil se presentó dentro del Festival de títeres para adultos y, el público, se apasionó con las melodías en tempo di allegro.

Mientras los pelos revoltosos del músico se despeinaban, más de la cuenta, por el momento tenso que atravesaba, sus nuevos amiguitos lo invitaban a formar parte de una entretenida misión.

Realmente, es interesante “Manifonías” (de la Compañía Buenos Aires Títeres, dirigida por Néstor Caniglia) para melómanos y para personas que no tienen demasiado vínculo con la música clásica, convirtiéndose durante una hora en fieles conocedores de la temática.

Si bien ya había visto la obra en el verano, noté algunas diferencias entre ambas funciones. Notablemente, la primera vez los niños eran mayoría y, en esta ocasión, los adultos invadieron -lógicamente- la sala del Celcit.

Con respecto al intérprete humano, es muy gracioso, motivador y empático su personaje; logrando interesar a los espectadores y elaborando diferentes expresiones en su rostro y cuerpo que provocaban risas constantes.

Por el lado de los títeres, tanto Sandra Antman como Mario Luis Marino, desarrollaron una estupenda performance con dichos objetos que se paseaban por delante y detrás del pobre músico.

Una vez que lograron enloquecerlo y sacarlo de las casillas, se unieron y lanzaron a la aventura. De ahí en más, ambas partes se necesitaron para resolver la misión que no tendría sentido develar.

Manifonías1

El escenario -recreado bien al estilo de teatro tradicional con telones- tendrá al artista que, entre partitura y partitura, le irán ocurriendo diferentes peripecias -como ver convertidas éstas en un barco de papel-. Todos las secuencias tendrán su encanto e intervención por parte de los adorables títeres, los que simbolizarán a las almas infantes.

Un muñequito amarillo se desplazará, en primera instancia, por lo bajo, intentando pasar algo desapercibido, para luego irrumpir durante el concierto.

Llevará consigo una pequeña escalera. Aparecerá y desaparecerá tantas veces que nos descostillará de la risa por cada movimiento.

Algo a tener en cuenta y resaltar es que la obra no se vale de la palabra, utilizando gestos, sonidos y la música en vivo tocada con una guitarra acústica.

Nunca fue tan divertido pescar ya que no se trataba de peces sino de objetos impensados por el público, un público que por una noche se dio el gusto de reír como criatura y disfrutar.

Esta obra demuestra cómo es mucho más lindo nutrirse del “otro” antes que dejarlo de lado o pelear por destruirlo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Una fiesta titiritera

logo2014

Después de una tarde agobiante de calor en que cuesta caminar de la pesadez y de la típica humedad que caracteriza a nuestra hermosa Buenos Aires, fui a hacer la fila para ingresar a la apertura del noveno Festival de títeres para adultos. La cita fue en Pan y Arte, un lugar muy cálido y acogedor, ideal para un evento de este estilo.

Luego de aguardar un ratito en la calle, ingresamos a la sala más grande del lugar y se pudo disfrutar de breves fragmentos sobre algunas obras ya conocidas por todos. Ellas fueron: Efímero cine (de la compañía La poderosa máquina), Música maestro (del Grupo Kukla) y Síndrome de Eureka. Cabe aclarar que entre una y otra puesta en escena, Ana Carolina realizó unas intervenciones de stand up para amenizar la espera.

Con respecto a las tres exposiciones, la más extensa fue la de Efímero cine así que me centraré en ella para contarles algunos detalles que hacen a la cuestión. Estas talentosas artistas utilizaron un juego de parque jurásico con todos los dinosaurios, cámaras digitales, diferentes elementos como agua y fuego, y una pantalla para proyectar -al mejor estilo cinematográfico- cada escena en que transcurría la historia de amor oriental. Si bien en tan pocos minutos no es posibles conocer la total dimensión de la puesta en escena, me pareció muy interesante la síntesis que hicieron para transmitir una obra extensa en pocos minutos.

Mientras una de las intérpretes sostenía a su bebé en un fular rojo, otra narraba el contexto de la dramaturgia y, la tercera, ponía manos a la obra para expresar con distintos recursos el amor de esta pareja que convierte su romance en una futura familia.

Cada detalle da una precisión tan exacta como real sobre lo que se siente al amar tanto a otro. Una carta que se prende fuego, que se consume de a poco, una lluvia incesante con pequeñas gotas que se impregnan en el papel y la música que acompaña cada acercamiento y alejamiento tan normal entre dos personas.

Para el cierre, tuvimos el agrado de escuchar al músico y cantautor uruguayo, Martín Buscaglia, quien no solo interpretó varias canciones sino que ofició de relator de su propia vida, contó anécdotas y convirtió al acto inaugural en una verdadera fiesta en que muchas de las chicas no paraban de deleitarse y tomarle fotografías, a la vez que cantar junto a él cada una de sus letras.

Su proximidad y buena onda convirtieron la noche en una comunión donde la guitarra fue su fiel compañera. Siempre habrá letras más pegadizas que otras o que nos conecten con algún recuerdo o vivencia. En este caso, tres canciones me impactaron por su filosofía y profundidad: Hay tanta música, toda una vida para aprender (Mil cosas), Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni hacia dónde voy (Vagabundo), Es que todos somos raros. Todos somos todos, todo por un rato (Todos somos raros).

Resultó ser una experiencia totalmente renovadora y el calor se convirtió en un frescor, el sudor caliente en frío y nos convertimos en su coro cuando Buscaglia lo precisó.

Altas horas, El sol, fragmentos de canciones de bossanova y Kamasutra; fueron otras de las interpretadas por este músico que con sus ojos color cielo nos demostró que la vida es nuestra, que debemos hacerla de goma y a nuestro antojo.

Para “El candombe de Marte”, dejó su instrumento de lado y tomó su botellita de plástico de agua. Con ella, como percusión, continuó las estrofas que decían: sé que voy a amarte, amarte tanto que voy a marte, que si te vas lejos yo voy a encontrarte.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una luz en el camino

Silvina Moreno Real10

Cuando algo nos gusta, hacemos hasta lo imposible para que no termine, para que permanezca con nosotros, para que el tiempo se diluya y no tenga un parámetro, que no haya ni exista nada que nos detenga.

Esta artista, desde tan joven, viene estudiando, formándose, haciendo carrera y gastando los escenarios de una manera muy profesional. Como invitada, como cantante de su propio show y como compositora de sus propios temas, Silvina Moreno va haciendo su camino y trayectoria. Sin embargo, la humildad que la caracteriza, le hace repetir su nombre y apellido para que su fiel público la identifique. Atravesando el pop y pop canción de una manera tan delicada y con garra, no tiene de qué preocuparse. Sus recitales son shows llenos de una mágica energía que se escabulle entre los dedos para enseñarnos cada letra nueva. De hecho, esto se puede observar en cada boca que expresa a viva voz un verso, un estribillo y el apoyo, constante, que tiene desde que decidió este camino musical.

Sin pensarlo demasiado, un día del año pasado recibí la invitación para verla en Boris, donde nuevamente hoy adelante Real -su nuevo material discográfico- y si bien la palabra fanatismo suena un tanto exagerada, no pude parar de escuchar sus canciones. Es su historia, su pasado y presente, cada detalle de lo que vivió y atravesó, sin hipocresías, solo mostrando su alma.

Del disco Mañana sonaron: Puede ser, No sé, Feeling sorry y Faro. Para ésta última, subió al escenario como guitarrista: Rodrigo Guirao Díaz, quien con sus ojos azules alumbró las melodías y esa canción que tanto ama la artista.

Por el lado de lo nuevo tuvimos el placer de escuchar: Who, Miedos, Healing song, Caja flotante, Feliz, Real, Ya lo entendí, Ahí, Clash y De donde vengo. Entre anécdotas, invitados, y la intimidad que caracteriza a los encuentros musicales de Silvina, llegó el momento de despedirse.

Pero el público, instente, no gusta de los desenlaces y como palmas y avivando, sonó el blues Favorite Perfume, una canción que no está incluida en ninguno de los dos álbumes, compuesta por la artista e interpretada por Federico -bajista de la agrupación-.

Qué decir de Silvina cuando comparo ambos recitales. Cambió su look, su color de pelo, su corte, pero sigue siendo esa joven que al terminar de tocar saluda a quien se le acerca, le dedica un ratito de su tiempo, sonríe y agradece. Esto es una artista de verdad que tiene asegurado el éxito porque canta como los dioses, toca una infinidad de instrumentos, tiene actitud escénica y es feliz con lo que hace.

Esta noche la sentí como un segundo capítulo de la del año anterior. La primera fue una introducción, un viaje al proceso de edición de cada letra, su desarraigo al dejar el país para estudiar en Estados Unidos y cómo priorizó su futuro en pos de extrañar y anhelar, tambíen, estar con su gente.

En esta oportunidad, Silvina no se detuvo a narrar cada vicisitud pasada sino el presente, tocando aquellos puntos claves del material anterior. Ese disco será siempre abrazado por todos porque todo lo incial tiene ese dejo de melancolía y pasión, de esfuerzo y dedicación. Ahora, se prepara para otra vuelta de página en que las melodías se tornan más alegres y no tan desgarradoras.

Y sí, ya no tiene la necesidad de esbozar su tristeza porque está con su entorno. Los momentos cambian, pero ella se mantiene fiel a sus ideales, con un grupo de músicos que la acompaña y deja una huella.

Podría decir que la noche se fue volando. Se lo comenté y me contestó que ahora tocan más temas que antes. Así fue. Pero como dice una frase: lo bello siempre dura poco.

Silvina Moreno ficha

 

Mariela Verónica Gagliardi

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La existencia es agobiante

Un gesto común8

No existe persona en este mundo que sea totalmente diferente a las demás ni que pueda distinguirse en algo por sobre el resto, de manera objetiva. Salvo que tenga la oportunidad de expresar su conocimiento o sabiduría para dotar a los demás de algo único. Inclusive, quien habla con tanta tenacidad de algo es porque, indefectiblemente, se siente parte del tema.

«Un gesto común» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Maruja Bustamante), se sitúa en un lugar desde el cual provoca incomodidad. ¿Quién podría estar tranquilo al tener enfrente a un criminal (Diego Martín Benedetto) que ni siquiera muestra arrepentimiento?

Si la noticia saliera por los medios de comunicación cada uno podría sentirse libre de juzgar, de señalar, de decir lo que hubiera hecho en el lugar de este joven desesperanzado y solitario…

Pero, Loza, sabe cómo implantar una temática de esta estirpe para conseguir un efecto en los espectadores. De hecho, durante la función, hice unos imperceptibles paneos con mi mirada y me sorprendí al notar las expresiones de cada uno. Estaban paralizados, sin llorar, sin sonreír. Inclusive, sentí una cierta pesadez por parte del público como si quisiera que terminara de una vez la historia.

Y es que no es sencillo escucharlo decir cómo llegó a asesinar, a sangre fría, a una señora que lo acosaba. Aunque, muy probablemente, este dato haya sido pasado por alto por la mayoría.

Estamos acostumbrados a oír casos sobre mujeres golpeadas, maltratadas y víctimas de todo tipo de violencia como para que un hombre pretenda llamar la atención. Este hombre me produjo escalofríos y no por haber matado sino por la desprotección que demostró haber tenido durante toda su vida. Incluso hasta su cuerpo parece ser peso para él. No sabe amar, abrazar, besar y lo que le pudiese dar algo de felicidad lo desprecia por no saber cómo manejarse.

Esta sensación no me abandonó hasta que la luz se apagó en la sala -del Abasto Social Club-, una sala recreada como lugar húmedo, desesperanzador, un sótano abandonado con lo necesario para subsistir. Una cama similar a la que vemos en una cárcel, una canilla y un caballete pequeño. En esos escasos metros, él respira sin poder sentir libertad y come aunque sus tripas no se lo permitan del todo.

La iluminación, también, es importante en esta pieza teatral en que los tubos de luces fluorescentes titilan, el foquito intenta encenderse y la penumbra está sujeta al hilo conductor de la historia.

Por otro lado se encuentran: su amigo (José Escobar) y su amiga (Iride Mockert). Ambos tienen en común a él. Ambos están enamorados de él y parece hasta ridículo que puedan sentir lo que sienten por alguien que tiene estar características tan frías y rígidas. Podría hasta afirmar que la distancia que pone, causa todo el rechazo posible.

Tres relatos que se van enfrentando, entrelazando y provocando algo en la otra persona. Como si se tratara de monólogos, éstos son dichos libremente hasta que se escuchan a sí mismos como voz reveladora. Podría decirse que es Dios, intentando iluminarlos o, simplemente, el interior de cada personaje que los sacude un poco para hacerlos reaccionar y vivir.

Durante un invierno, la palabra sangre los recorrerá en reiteradas ocasiones pero ninguno de los tres sentirá miedo o sorpresa. Ellos están en el lugar que están, son diferentes pero similares y no tienen intención de cambiar o abrirse.

Los cantos con acompañamiento de guitarra -por parte de Iride- representan la ironía y lo burdo que todo, inclusive hasta lo más escalofriante, puede resultar.

Un gesto común puede ser la debilidad que tienen por enfrentar aquello que los marcó tanto, en su pasado, como para convertirlos en seres desposeídos de bondad -que solo actúan de acuerdo al motor del egoísmo y de aquello que les hace bien- dejando de lado quién es la otra persona.

Los diálogos son cortados, fragmentados y solo se fusionan casi en el desenlace de la dramaturgia; uniéndolos artificialmente sin espontaneidad y desprovistos de alma.

Nuevamente Santiago Loza esboza en su guión lo reveladora que puede resultar la religión y cómo suele apoderarse de las personas que no tienen un camino por seguir, una meta por alcanzar y un deseo por el cual luchar.

Un gesto común fichaMariela Verónica Gagliardi

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La mirada del espectador

Calabazín32

El espíritu de esta obra es que no tenga diálogos para que pueda ser compartida por personas que no estén al alcance de la palabra.

Calabazín (escrita y protagonizada por Ivo Siffredi) es una obra de teatro de objetos encantadora. No solo por la ternura con que el artista manipula a sus más de 42 títeres, sino por las historias encadenadas a lo largo de la puesta en escena.

Además de ser una pieza artística para toda la familia, permite que los bebés, niños, jóvenes y adultos puedan absorber y analizar la dramaturgia desde una óptica diferente -llegando a conclusiones similares, diferentes o inclusive opuestas-. Así, la magia se apodera de los espectadores, brindándole al público la varita para convertir cada calabaza en el personaje que más le guste.

En esta oportunidad, Calabazín, se presentó en la sala de La Usina Cultura Chascomús y si bien la tarde fue muy calurosa, ese motivo no impidió que las sonrisas se unieran al unísono.

No son muchas las obras de este género que permiten situarse como espectadores al estilo de escenario a la romana o detrás de bambalinas. Esta es una de ellas en que uno puede optar por ver lo que el titiritero muestra o aquello que está por detrás, esos trucos y todo lo oculto que tanto intriga a los más curiosos.

Durante esta función se dio una situación bastante frecuente: los niños se pasearon de un lugar a otro, mientras que los adultos fueron los que menos se animaron a trasladarse por miedo a perderse cosas -según dijeron al terminar la obra-.

Es increíble cómo la sociedad está acostumbrada a obedecer los mandatos más rígidos, perdiendo de a poco esa libertad tan linda de la niñez.

En cuanto al guión, Ivo mencionó que éste fue variando con el correr de los años hasta convertirse en el actual. Lo mismo ocurrió con los títeres. El espectáculo se trabajó durante más de seis años, buscando las acciones más contundentes, para buscar las escenas de cada acto (nos cuenta Ivo Siffredi). En un comienzo eran los tradicionales de manga con vestuarios determinados, hasta llegar a la elección de estas calabazas, como símbolo natural, terrestre y simple.

Resulta muy interesante el poder ser partícipe de las escenas creadas especialmente para plasmar etapas de la vida tan diferentes como son: los bebés dejando el chupete, los animales jugando entre ellos, los adultos magnificando hasta lo más irrelevante, entre algunas de las más representativas.

Cabe aclarar que cada escena está acompañada por música salida de consola, además de ser el propio artista quien expresa los propios sonidos para cada personaje de las narraciones.

La poesía visual -tal como la denomina el actor- se apodera de todo, haciéndose valer de la expresión y el drama, para demostrar que la palabra no es fundamental. Cada cual puede recortar, construir, armar el relato que le gusta.

Decido involucrarme como niña y como adulta, intentando conseguir dos resultados posibles al análisis.

Como niña, sin lugar a dudas, me hubieran llamado mucho la atención los perros calabaza, tan juguetones, traviesos y simpáticos. Aunque, como adulta, supera cualquier rito imaginativo, el matar moscas. Esa secuencia que se repite y remata al final, es una metáfora al daño, constante y progresivo, por el que la humanidad transita.

Todo lo molesto es quitado del camino, sin evaluar su importancia sino tan solo el egoísmo personal.

El poder en esta obra lo tiene cada espectador que se hace responsable de la lectura e interpretación que realice, lo que dará la pauta sobre quién es.

 Mariela Verónica Gagliardi

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La evocación permanente

Alma

Continuada a “La mujer puerca”, esperamos un ratito e ingresamos, nuevamente, a la sala de La Criba -una sala de casa antigua, con techos altos y puertas delgadas de madera-, para presenciar “Alma teatral” (escrita y protagonizada por Gabriela Izcovich).

Lía es la intérprete de este gran drama en que es posible replantearse la vida.

Dentro de una casa, decorada hasta con el más mínimo detalle, ella sonríe, se entristece y llora.

Sus relatos datan de veintiséis años atrás y, cada uno de sus recuerdos, la hacen transitar por diferentes aromas y texturas de una época inolvidable como mujer y persona. Nada menos que a su gran amor conoció. Su médico, Oscar Alma, el cual tiene un apellido que, a ella, le llamó siempre la atención. Este hombre le aconsejó que para curarse debería visitar el balneario Sofía, un lugar con tan solo quince habitantes. Lo curioso es que Sofía -la dueña del sitio-, le dijo en cierta ocasión que: “es muy buen augurio que un hombre tenga de apellido Alma”.

Mientras Lía narra su pasado, convirtiendo cada relato en un paisaje diferente; cocina una tarta de manzanas. Ella dice que le encanta cocinar y, al verla, uno puede darse cuenta de es su manera de canalizar sus angustias y penas. De mantenerse a salvo entre tanta melancolía y dolor, por lo mucho que extraña al padre de sus hijos.

La pobre mujer está practicamente sola y no parece interesarle hacer amistades o crear lazos nuevos, para no sufrir más. “Una relación, por una cosa u otra, trae dolor”.

Después de conocer su pasado y presente, Lía nos cuenta sobre su vinculación con el teatro. Afirma que no soportó ciertas cosas del ambiente, como la opinión de los críticos que son capaces de hundir a una obra cuando recién está asomándose a la superficie.
Este paralelismo entre ficción y realidad, también pudimos notarlo como un rasgo interesante en la obra Un tren llamado deseo que presentó junto a sus alumnos. Gabriela Izcovich es actriz y Lía lo fue. Quizás, Lía es parte de Gabriela, ese lado temeroso que flagela ante un intento. Pero, Gabriela supera las debilidades de la otra.

“Al abandonar el teatro, abandonó gran parte de su vida” – solía referirse Alma a su amada.

Armonía, respeto y silencio; son las tres palabras que más se repite para sí misma. Nos las repite a nosotros. Intenta convencernos sobre el significa que tienen. Ella parece mantener la calma y es que, otra alternativa no le queda. A su vez, dice que sus hijos la aceptan como es y ella a éstos. Y el silencio no parece aún llevarlo a la práctica. Tiene la necesidad, imperiosa, de hablar, de sentirse acompañada. Es un silencio obligado, en cierta forma, el que practica a diario.

El público es su lazo más estrecho, durante una hora, hasta que se disuelve; trayéndola al presente real en que está con ella misma.

Luego de revivir lo que sintió en su momento de enfermedad, en el instante en que se enamoró y cuando más sufrió; llega a la conclusión de que no precisa volver a las tablas y actuar de otra, ni disfrazarse. La verdadera obra de su vida es “la evocación permanente”. El poder traer al presente un recuerdo, un aroma, una sensación… y compartirla con extraños que son incapaces de meterle el dedo en la llaga, que son incapaces de juzgarla o de condenarla.

Lía es así, una mujer noble, apasionada por el arte culinario y la suma delicadeza que tiene hasta al pelar una manzana. Todo su dolor se convierte en una comida sabrosa que comparte, en esta oportunidad con los espectadores que, gustosos, deleitan y continúan oyendo cada palabra.

Como si fuera poco, canta sobre unas melodías que, según ella, merecían tener letras.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Viviendo a través de la danza

Danza UNSAM60

El Grupo de Danza UNSAM, presentó varias puestas escénicas, durante las cuales fuimos espectadores de cuatro coregrafías con una impronta y estilo increíbles, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Pudimos ver: Pulsos (Música: John Adams, Coreografía: los intérpretes con la coordinación de Oscar Araiz), Tango (Coreografía: Ana Itelman, Música: ástor Piazzolla), Adagietto (Música: Gustav Mahler, Coreografía: Oscar Araiz) y Noche de ronda (Música: boleros tradicionales interpretados por Elvira Ríos, Coreografía: Oscar Araiz).

Cabe resaltar el alto nivel profesional y artístico por parte de los bailarines, quienes no solo danzaron sino que actuaron cada situación y escena, planteada por los coreógrafos del ballet, quienes propusieron una fusión entre el baile, el teatro y el cine; pocas veces visto.

No alcanzan las palabras para definir la enorme cantidad de sensaciones que produce vivenciar estos cuadros artísticos ni la increíble emoción que da saber que son argentinos.

Sentada en el primer palco, tuve la oportunidad de observar cada movimiento, cada desplazamiento, secuencia coreográfica, los códigos establecidos por los bailarines, el modo en que se unían y separaban y, la manera en que se coordinaban para reproducir cuatro historias diferentes.

Sabemos, con certeza, que el ballet clásico tiene a un público erudito -por lo general- como seguidor fiel. En cambio, Oscar Araiz, plantea una fusión de ritmos, estilos y artes; que permiten la inclusión, inclusive, hasta de los no amantes del ballet.

Ser espectador de tremenda exposición, ya de por sí da satisfacción.

Durante la primera puesta, se pudo observar a la danza contemporánea en todo su esplendor, mezclada con folklore, donde los pasos criollos se esbozaban y entrelazaban con movimientos corporales tan naturales como reales. Esos cuerpos de plastilina, despertaron la aprobación de toda la sala del Teatro Español.

Luego, un bailarín, representó un tango, tambíen, fusionando esta danza de la ribera con la contemporánea. Su sombrero le tapaba el rostro, a la vez que sus pies se movían, marcando ochos y mostrando una verdadera danza tradicional.

Tuvimos un pequeño intervalo, hasta que continuaron las otras dos coreografías, las cuales marcaron un antes y un después en la propuesta.

Una pareja, vestida en tonos celestes, enamorada, buscaba un camino a seguir. Estos intérpretes románticos, dejaron una huella de amor que fue muy aplaudida por el público. Y es que, evidentemente, el ballet brinda esa sonrisa cálida. Un bailarín, se lucía, mientras le daba la posibilidad a su compañera de lucirse también. Realizaron diferentes figuras en el aire, en el piso y uniéndose hasta conformar un solo cuerpo.

Por último, Noche de ronda, demostró la grandeza de Araiz para montar una escenografía súper original -sin desmerecer a las anteriores- sintiéndonos inmersos en una película en blanco y negro, antigua, de los años 30’, y con un aire de glamour. Durante las escenas, pudimos ver distintos tipos de rondas, incluyendo a la ironía como un condimento esencial para demostrar cómo sufrir por amor es bastante masoquista. Utilizando ciertos movimientos para hacer notar este mensaje, uno podrá reír y emocionarse según su conexión establecida con el argumento.

Todas las coreografías son tienen este tinte que las distingue de otras propuestas coreográficas. Sin tratarse de un teatro musical, estrictamente hablando, mantienen sus danzas con grandes interpretaciones.

Es imposible escapar de esta vorágine artística en que podemos, como espectadores, viajar por diferentes aromas, culturas étnicas, perfiles artísticos y un compromiso abrasador del grupo.

Ellos ahí, parados, acostados, haciendo movimientos precisos, iguales al resto, diferentes al resto, destacándose, amalgamándose, siendo un equipo y también bailarines individuales.

Protagonistas o grupo de baile. Ellos son lo que el coreógrafo establece, determina y define. Cuerpos esbeltos que, con sutileza, narran historias cotidianas, dentro de las que podemos sentirnos identificados.

Hay dos posibilidades de vivenciar a estos artistas: contemplándolos y admirándolos, o, permitiéndonos ser libres, recorriendo -junto a ellos- cada paisaje y universo descripto y desarrollado, a lo largo del baile, por estos danzadores de realidades ficcionadas.

Sin lugar a dudas, este espectáculo, fue uno de los más homenajeados durante el Festival y, seguramente, será recordado por todos cada vez que surja el tema danza o veamos otra puesta en escena relacionada con el baile.

Mariela Verónica Gagliardi

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El pez por la boca muere

Sancho en la ínsula19

La adaptación de Alejandro Casona sobre el Don Quijote (escrito por Miguel de Cervantes Saavedra) resulta exquisita. Su título es Sancho Panza en la ínsula.
Dentro del marco del Festival Cervantino de Azul, tuvo lugar esta versión (del Grupo de Teatro Boliburg) nombrada como Sancho en la ínsula.

Don Quijote le había prometido a su escudero, Sancho Panza, el puesto de Gobernador. El primero sentía que su gran amigo, merecía al igual que él, tener el poder.

Durante la dramaturgia se pueden concebir diferentes situaciones en las que la manipulación está presente, pretendiendo burlarse de la ingenuidad de Sancho. De esto, el humilde hombre jamás se da cuenta, haciendo primar en todo momento el bien, despojado de todo sentimiento relacionado al rencor u odio.

De hecho, este nuevo «gobernador» le dice a su pueblo de la ínsula Barataria: «mientras dormimos, todos somos iguales: los ricos y los pobres, los mayores y los menores. Y después de muertos, el labrador y el obispo caben en un palmo de tierra».

La sensibilidad de Sancho, idealmente, hace cambiar de opinión a varios de los que quisieron tenderle la trampa para sentirse más poderosos. Y es que todo girará en torno a lo que uno puede lograr con ayuda de su séquito. Milagrosamente, el Gobernador, no precisa de coartadas para combatir el mal, ya que sus principios inculcados por su familia, le permiten mostrarse como es -utilizando un refrán diferente para cada ocasión-, sin tener que fingir ser alguien que no es para aparentar más sabiduría o liderazgo.

Son reiterados los momentos de risas que provocan los actores ante el carismático Sancho Panza con cada una de sus ocurrencias benévolas, como la de querer comer abundante.

Todo se va desarrollando según el plan establecido, hasta que un cronista dice: «Por burla se le ha nombrado; pero bien pudiera ser que, si sigue como hasta aquí, las bromas se vuelvan veras y salgan burlados los burladores».

Así es como dentro de las escenas más graciosas se encuentran las establecidas entre Sancho y el Mayordomo.

Una obra interpretada muy deleitosamente por sus actores, a sala llena, y permitiendo que el gran Cervantes se luzca, una vez más.

La iluminación blanca y el vestuario bien épico, permiten que esta pieza teatral se destaque de principio a fin.

Qué más quisiera un hombre como él que haber ocupado un trono que anheló, asumiendo que lejos está de sus valores como persona. Que prefiere hacer el bien sin tener que ser culpado por cosas que no cometió o, privado, inclusive, del derecho de comer cuando sus tripas no dan más.

No quiso sentenciar a ningún hombre cuando así no lo consideraba y esta confabulación preparada por este grupo de sirvientes, termina a favor de Sancho Panza, quien no devela el misterio por no saber que se trata del mismo, pero sí regresa a su lugar, con su gente y cada convicción reinante en su corazón.

Cuando llega al Mayordomo la carta en la que se lo amenaza a Sancho para que abandone su puesto, él afirma: «Digo, señores, que si así es el oficio de gobernar, no es el hijo de mi madre el que nació para esto. (Comienza a despojarse de sus insignias.) Si he de mandar ejércitos y velar sobre las armas, y sentenciar pleitos a todas horas para que la una parte se vaya contenta y la otra me saque el pellejo, y vivir con el temor de que me maten enemigos a los que nunca ofendí, y no comer ni beber vino como manda ese médico verdugo…. si todo eso es gobernar, quédense aquí mis llaves y mis galas, y tómelas el que quiera. A mi trabajo y a mi tierra me vuelvo; que más quiero vivir entre mantas que no morir entre holandas. Devuélvanme mi pollino, mi único amigo fiel,  del que no pienso volver a separarme más. Y si algo merezco por lo que hice, sólo pido a vuestras mercedes que me den medio pan y medio queso, que yo comeré de camino a la sombra de una encina mejor que comí en palacio entre manteles brocados. (Al público.) Y a vosotros, ciudadanos de esta ínsula Barataria, adiós. Si no os hice mucho bien, tampoco quise haceros mal. Nadie murmure de mí, que fui gobernador y salgo con las manos limpias. Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Adiós, señores».

Mariela Verónica Gagliardi

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