*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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San Martín y Miguel Cervantes

Pigna y Rep Quijote1

Así como Miguel de Cervantes Saavedra tuvo a su amigo imaginario en Don Quijote de Avellaneda, José de San Martín también ideaba al suyo.

El historiador Felipe Pigna brindó una charla acerca del Don Quijote, junto al dibujante Miguel Rep –quien, en tiempo real, fue graficando todos los sucesos descriptos por Pigna-.

Esta interesante mirada nos ofreció un recorrido muy interesante y digno de ser transitado, a la vez que acercó de manera más palpable, este clásico de la literatura española.

“En ese Gobierno de Cuyo, que fue un Gobierno realmente ejemplar, San Martín hace cosas extraordinarias. La preocupación, permanente, por la educación, por la salud popular, es el que organiza la primera campaña de vacunación masiva en nuestro país (…) el que establece la primera ley de protección de un producto argentino: el vino (…) Se ocupa de los niños, de las mujeres, del sistema carcelario. Es un modelo interesantísimo de un gobierno popular que usa, humildemente, el calificativo de ínsula –homenajeando a Sancho Panza-”.

Las ilustraciones de Rep acompañan el relato de Pigna y resulta posible observar cada trazo del dibujante medianta una pantalla grande a la vez que oír y mirar al historiador. Una sala completamente llena, del Teatro Español, de un público feliz de tener tanto talento junto, tantas anécdotas cervantinas con el prócer más grande de todos los tiempos, uno de los pocos que podría ser objetado ni culpado de masacres sino enaltecido por sus buenas acciones a lo largo de su vida.

“Estuvo en diferentes ejércitos, recorriendo la Península, con una situación de cierta rancia. Estuvo en la Mancha, por supuesto, por esa cuestión de andar por esos caminos, de vivirlos (…) San Martín ingresa al Ejército a los 11 años y ya a los 13 está combatiendo en el Norte de África contra los Moros –en batallas realmente complicadas donde él se ofrece como voluntario en el cuerpo de granaderos-”.

Luego continúa mencionando los paisajes descriptos por San Martín, su conocimiento real sobre el territorio, el gusto por la escritura y cómo fueron sus primeros reconocimientos. En Argel (Orán) San Martín es ascendido a su corta edad y es un hito realmente.

También se suma una anécdota muy importante e íntima relacionada con la posible madre del héroe. Resulta ser que su niñera, Rosa Gaurú, podría haber sido su progenitora ya que él hablaba guaraní como ella y su padre verdadero, el español Diego de Alvear. De hecho, la nieta de Alvear había escrito en algunas oportunidades sobre San Martín, mencionándolo como su tío. No existen demasiadas certezas pero sí algunos documentos históricos que lo justificarían.

“Volviendo al Quijote, en idioma guaraní, las lenguas originarias no son –como se dice habitualmente-dialectos sino que son idiomas y no existe ni el tuyo ni el mío, no existe el concepto de propiedad (…) En el discurso de Quijote, de añorar el pasado pero, también, hay una referencia simbólica a América donde habla de la naturaleza, donde el hombre se valía por sí mismo, donde no tenía que hacer más esfuerzo que estirar la mano para obtener un fruto (…) El idioma es lo que genera y forma una cultura y llamarlo idioma como tiene que ser (…) en nuestros manuales de texto seguimos asistiendo a una desvalorización de lo que son las culturas originarias, donde el arte es artesanía, las lenguas son dialectos, las religiones son creencias y así podríamos continuar”.

Ambos, San Martín y Cervantes, tenían una fuerte convicción respecto del sentido de la justicia y lo que debía ser, con valores muy arraigados. También se unen aquellas decisiones que tomó Cervantes como cuando menciona la quema de libros durante la Inquisición, situación a la que se suma San Martín –quien estaba totalmente en desacuerdo con ese período-. De hecho, San Martín funda tres bibliotecas en diferentes ciudades, con sus propios libros, y consideraba que las inauguraciones eran “momentos felices para quienes las fundan y tristes para los tiranos”.

Por otro lado, el papel de la mujer siempre fue valorizado por San Martín pero consideraba que no se podían sumar a las milicias ya que el cruce de los Andes sería una tarea muy ardua, pero sí creía que podían dedicarse al espionaje donde había “una gran cantidad de mujeres”.

María Remedios del Valle (de raza negra) fue considerada la madre de la Patria ya que se incorporó al “ejército, junto con sus hijos y su marido”. Ella era enfermera, espía y termina pidiendo limosna después de un tiempo. Originaria de África, fue distinguida como la Madre aunque “cuando el General Mitre comienza a escribir la historia argentina a fin del Siglo XIX pensando en la inmigración blanca, la hacen desaparecer a María Remedios del Valle. Nos quedamos sin Madre de la Patria por su condición de afro-argentina”.

Puntualmente, en referencia al Quijote, Cervantes realiza una segunda parte del mismo totalmente apócrifa llamada Quijote de Avellaneda; y, San Martín también tuvo su versión falsa titulada Carlos María de Alvear (el cual era como su amigo imaginario).

Una charla interesantísima, dinámica y en la que se logró tener más detalles de estos dos íconos de la historia.

Mariela Verónica Gagliardi

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La sangre no se compra

Títeres donación de sangre3

Sabemos que donar sangre es imprescindible y, sin embargo, no hay demasiada conciencia al respecto.

A veces con la palabra convencional no se puede lograr que las personas entiendan y asuman la importancia de ciertos temas. Quien no está enfermo o quien no tiene a familiares o amigos con necesidades, no siempre comprenden lo importante que es donar sangre. Si bien es cierto que la ciencia cada vez consigue más avances, hasta el momento la sangre es un recurso que no se puede conseguir más que del cuerpo de un humano.

Por eso, el 9° Festival Cervantino tuvo la suerte de contar con una obra de títeres (de varilla) a cargo del grupo “No me olvides” de PAMI (desarrollada en el Centro de Investigación y Posgrado de la Facultad de Derecho UNICEN), montó una puesta en escena para empezar a educar a los niños que son, sin lugar a dudas, el futuro.

Así, entre atractivos personajes de cuentos como el famoso lobo feroz, se consigue desmitificar a quien es considerado el malo la historia como para que se revierta el concepto y demuestre que puede ayudar cuando se precisa de él.

Pero la obrita no fue solo una dramaturgia sino que la función tuvo una segunda parte en que las preguntas requirieron la participación de los entusiastas pequeños de colegios. Regalando libros referidos al tema de donaciones, los ganadores del juego sonrieron felices.

No faltaron las acotaciones singulares de los niños que despertaron en nosotros, los adultos, una alegría y satisfacción al respecto. “¿Y si no tengo sangre”, preguntó una niña. Es que, claro, no todo lo que no se ve puede asumirse tan a la ligera.

Desprovistos de intereses y de maldad, estos estudiantes podrán instruir a los mayores que no siempre asumen la relevancia de donar sangre y, posiblemente, al llegar a sus hogares en el día de hoy podrán hacerles sentir cierta incomodidad en caso de que no participen en esta causa tan noble e importante.

Nadie quiere enfermar pero está al alcance de la mayoría el poder ayudar y colaborar con un poco de sangre, sin mortificar a quien la brinde.

La sangre no se compra, la salud tampoco pero la sanación es una luz que todo padeciente quiere alcanzar lo más pronto posible.

Mariela Verónica Gagliardi

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Es posible convertir una ilusión en dramaturgia

Lo que no fue

¿Cómo describir una obra de teatro cuando es más lo que se ve y siente de lo que se podría describir con simples palabras?

Si existiera un infinito la presente crítica tendría sentido de ser y, quizás, exista. En algún lado, en otra dimensión aún no descubierta por el hombre o en el interior de cada soñador que anhele convertir un instante en ficción pura.

Lo que no fue surge como resultado de un seminario dirigido por la artista, en mayúsculas, Gabriela Izcovich -quien el año pasado sorprendió gratamente con una puesta en escena creada colectivamente-.

Ocurre que quienes a menudo asistimos al teatro, no encontramos en cada obra un mundo nuevo o algo que llevarnos en el corazón. Y si bien la presente historia fue concebida de forma grupal, Gabriela tiene un don inigualable para poner en escena a personas sin experiencia integrándolas con quienes tienen quizás más trayectoria. Así son sus seminarios: espacios de exploración, de conexión personal e íntima. Y me atrevo a hacer este tipo de afirmaciones sin jamás haber asistido a sus clases porque se percibe desde la butaca. Se notan esas caritas ilusionadas con pisar un escenario tal vez por primera vez, tal vez no. Esos rostros que se unen para innovar, para dar a conocer una partecita de sí mismos y compartirlo.

¿Qué podría ser más valioso que el trabajar en equipo?

Existen obras de teatro que pueden analizarse, explicarse, justificarse y compararse con otras. En esta oportunidad si lo hiciera, perdería completamente la magia que la caracteriza y el factor sorpresa que no es una nimiedad.

La fusión de material fílmico, del recurso de radioteatro y de las actuaciones en vivo fue una manera cautivante de decir cuál es el camino que siempre se debe tomar.

Desde noviembre del pasado año estuve esperando con ansias la llegada del 9° Festival Cervantino para saber qué harían. Porque los espectáculos conocidos y famosos dan alegría y placer, pero estas experiencias comunitarias imparten una emoción, tanto para los integrantes como para los que somos espectadores, que se traduce en lágrimas, en risas y en tantas sensaciones…

Al finalizar Lo que no fue, quedé enmudecida y perpleja. Mi corazón latía de felicidad pero una felicidad inagotable. Sentí cómo la perplejidad de varias historias podían ser una emoción restringida.

Llorando mientras escribo estas líneas considero que este festival debe y tiene que seguir existiendo por siempre, que no puede haber políticas en contra de estas acciones culturales y que cada quien tendrá que dar lo suyo para que este engranaje pueda seguir rodando como una bola de fuego que quema por su pasión.

La cultura de una ciudad es parte de su identidad y Azul tiene mucho de eso. Una ciudad pequeña (y lo digo desde el lado positivo) en que todos se conocen, se saludan y que quien no es de aquí no es observado como extraño.

Mientras los actores y su profesora-directora, eligen en qué año centrar la dramaturgia, si un siglo es mejor que otro, sin mencionar a un intendente de antaño o dispersarse por otros asuntos… la obra sigue. Como un tren con miles de vagones y dentro de cada uno una ventana a un mundo diferente (que se retroalimenta con los demás). Una maravilla que no debe ser esperada como tradición sino como un recorrido hacia distintos universos.

¿Qué ocurre cuando los actores interpretan desde la naturalidad, desde sus propias vivencias, desde un principio para un fin, desde cada punto que les interese inspeccionar y trabajar?

Una pieza artística de esta categoría es el resultado, una historia pequeña que sirve de disparador para otras tantas que se conjugan en tiempos y espacios iguales, sin necesidad de aprender libretos dificilísimos para demostrar de qué se trata, sino de buscar en lo que cada uno es mejor y brindarlo.

Como esos frasquitos de vidrio que incluyen paisajes norteños con tizas de colores: a eso me hizo acordar Lo que no fue. A una foto panorámica que no deja a nadie afuera, que incluye a todo aquel que desee sumarse y dar lo mejor de sí.

Autores y Actores: Natalia Schonaker, Agustina Guzman, Pablo Vilela, Ismael José Andrada, Mayra Grezch, Virginia Couat, Josefina Andres, Martín Canalicchio, Mingo Sarno, Marcos Galipo, Mirta Acosta, Beatriz Cerritelli, Claudia Rodriguez, Adriana Hernández, Hilda Esther Jaureguiberri, Mora García de la Vega, Vanina Félix,Majo Ferreyra,Mirta Alonso, Pedro Bigalli. Dirección: Gabriela Izcovich. Teatro Español.

Mariela Verónica Gagliardi

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Presentación de “Como tu vida, como la mía”

Previa a la noche que tanto esperaban los actores que participan del seminario brindado por Gabriela Izcovich, durante una tarde preciosa se presentó en el Salón Cultural (sito al lado del Teatro Español) el libro que recopila historias escritas por los propios artistas.

De esta manera, Como tu vida como la mía, pretende ser la unión de narraciones verídicas o ficticias que cada actor volcó en palabras para transformar una realidad en arte. Así, los alumnos principiantes tuvieron la posibilidad de interpretar, en vivo, lo escrito mientras los avanzados prefirieron guardar el secreto para la función de la noche.

Las propuestas brindadas por Gabriela durante sus clases fueron transmitidas al público como consignas y, notablemente, se pudo percibir cómo cada alumno ideó un personaje e historia distinta.

Entre poemas, relatos breves, otros más profundos y conmovedores, pude observar a una actriz que construía su personaje desde lo corporal hasta la palabra de una manera excelente. Sin desmerecer al resto de los participantes, ella consiguió transmitir no solamente una historia en la que fue posible conectarse con su mirada entristecida, su dolor de música y la enfermedad que no menguaba:

(…) “Te preguntarás por qué te escribo. Volver no fue fácil. Mi enfermedad ha avanzado y ya no quiero seguir con los tratamientos. Sólo tengo un gran deseo: poder volver a tocar con vos. Si mis manos me lo permiten, aunque sea por última vez, desearía interpretar juntas esa música del alma que dio luz y sentido a mi vida. Tu eterna alumna. Verona”.

Carolina Fittipaldi es la autora de esta carta que conmueve de principio a fin, que hace sentir cómo un corazón se desgarra a cada momento y la tristeza que puede sentir una pianista al no contar con su propio instrumento para ejecutar el otro.

Testimonios sobre violencia de género, violación, traumas de la niñez, deseos de superación personal y recuerdos que hilan aquellos recuerdos con el presente para que todo actor observe quién es y hacia dónde va.

Mariela Verónica Gagliardi

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Al compás del tamboril y la chacarera

Candombe48

Una tarde de sonidos africanos, traídos a Azul, con músicos de diferentes lugares que fueron expandiendo su música y baile a lo largo de varias calles del centro. Esta actividad cargada de entusiasmo y amor estuvo organizada por Orún Aiye -una comparsa compuesta exclusivamente por mujeres de Azul-.

Acompañaron a estas talentosas los grupos: Kilumbo-aña (Tandil), Tambores del Callvú (Azul), Ashanti (Olavarría), Cuna de tamborileros (Bahía Blanca) y Umira Candombe (Bahía Blanca).

Si bien los días de primavera se hicieron desear, finalmente, aquí están. Rodeándonos de arte, de magia, de colores que caracterizan a una u otra comparsa, a banderas que flamean por la libertad y la inclusión, de niños y adultos que pisan fuerte en el asfalto y sonríen entre ellos miradas complacientes. Miradas que luego se esparcen hacia el público donde estamos absortos solo disfrutando de una maravillosa tarde de sol.

Caminamos todos como una procesión pero de fanatismo cultural, de percusión, de sonidos cargados de templanza, de precisión, de manos que se combinan para lograr melodías tradicionales y otras inventadas. De tacos femeninos que desfilan como si estuvieran en un verano deseado, de hombres que admiran, dirigen y se pasan la batuta con mujeres. De un sentimiento compartido que se renueva en cada número y continúa hacia la costanera.

Una vez que todo termina, los gritos de felicidad se escuchan, nuestros aplausos acompañan y el sol se mantiene brillante en el cielo.

Peteco y Anabella

Cuando pasan unas pocas horas, el show de Peteco Carabajal y Anabella Zoch comienza. Se hace esperar y desear, hasta que el telón de terciopelo bordó se despliega para dar pie a un recital bien nuestro, con tanta historia que viene bien de abajo, de unas raíces que cada vez se vuelven más profundas para recorrernos de principio a fin.

Estos dos músicos fueron acompañados por: Jorge Giuliano, Lucas Omer, Homero Carabajal, Silvana Albano, Martina Ulrich Cárpena Carabajal y una invitada especial que llegó al terminar la noche.

Como homenaje a Carabajal y a su música tan profunda y conmovedora opté por realizar un recorrido literario que conforme un mural integrado por pequeñas piezas (fragmentos de canciones). Todos ya conocen sus nombres, sus melodías, sus chacareras, escondidos, zambas y demás estilos.

Es así como su arte unido a una pluma conforman lo siguiente:

Qué sucederá en la hora crucial, que me hace sentir. Como Un tren que dice adiós.

Todo puede cambiar. Caminando hacia el sol, con los rostros en paz.

Los viajeros de la vida como estrellas fugaces. Como sueño de mi vida. Así es la luz de mirar.

Arde la vida a cada ser viviente una utopía.

Pareciera conformarse por sí solo un poema, escogiéndose algunos versos que impresionen más que otros, por gustos meramente personales. Como una elección caprichosa de mi parte para esbozar un parecer brillante como lo fue realmente en el Teatro Español.

Homero Carabajal, su hijo, ilustró con la percusión y su voz al igual que el resto de los artistas en escena.

Se trató de un recital que tuvo el motivo de presentar el disco de Anabella Zoch en homenaje a Carabajal y su trayectoria. De paso, nosotros disfrutamos de sus cantares, provistos de un recorrido único y audaz.

Peteco es un músico brillante, lleno de belleza, de amor por el arte, de sensibilidad a flor de piel, de humildad, de conexión al instante con el público, de placer por la palabra y amor a la vida. Él desde que ingresa al escenario en compañía de sus músicos, hasta cuando queda solo con su guitarra, violín y demás instrumentos, es él. Un ser impresionante que da fe y esperanza, que tiene una mirada de quietud que transmite calma, que otorga esas ganas por incursionar en la música sin siquiera saber lo que es una escala o un pentagrama.

No es ninguna novedad lo que describo pero sí la precisión de un show que quisimos que dure mil horas para seguir disfrutando cada vez más.

Entre anécdotas y frases, tanto Peteco como Anabella diagramaron una velada digna de ser destacada. A su vez, ella como una luz que brilla, con una sonrisa pintada y la felicidad que irradia, contagió su pasión también por el folklore argentino.

Horno de barro, pan de esperanza…

Crepúsculo de domingo. Rayito de luna..

Nadie se animó a danzar pero todos, absolutamente todos nos movimos en nuestras butacas con ganas de que alguien sea el precursor. Por timidez, seguramente, ninguno rompió el hielo. Una verdadera peña se podría haber armado y los asientos volar por los aires en busca de más espacio. Como la casa de los padres de Peteco, allá en Santiago del Estero que es tan grande que él mismo la considera un sitio para danzar chacareras y demás bailes.

Otro de los lujos que tuvo la noche fue el estreno de la canción Alas del sol, un tema dedicado a una mujer de La Boca que hace gorritos con los colores del cuadro de fútbol y los vende. Esta zamba fue realmente conmovedora y también un llamado al amor y al recorrido elegido en la canción de Espejo de amor (título que da nombre al álbum).

Tengo un espejo que me desnuda la soledad (con autoría de Homero Carabajal) y no quiero partir sin felicidad, al despertar (Mercedes Sosa).

Dónde estará la estrella, ya no podré con mi dolor. No quiero que el dolor se adueñe de tu mirada. Yo te ahuyentaré el dolor cantando la chacarera.

Voy de a poco por la vida sintiendo el amor. No quisiera despertarme de este sueño enamorado.

Conciencia de luz, cuerpo de vino y pan, es la canción que apela a una conexión con el ser y religión como un camino hacia la paz y unión.

Una lágrima he guardado, una gota de esperanza y esta es la frase que resume la sintonía del recital, esa necesidad que cada vez sentimos más los humanos por querer frenar la violencia, por conectarnos más entre nosotros y seguir andando entre paisajes bellísimos en los que anclar cuando lo precisemos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Recordar con el corazón

El Sr. Kaplan

El noveno Festival Cervantino de la Ciudad de Azul (Buenos Aires) es uno de los certámenes de arte más importantes del país y con más variedad en sus disciplinas. Este año, una vez más, con el apoyo de cada uno de sus organizadores y voluntarios pudo llevarse a cabo. La fuerza de esta movida cultural es contagiosa y se vuelve adictiva, con ganas de que no termine ninguna jornada, ansiando que cada espectáculo se convierta en una huella inolvidable para Azul y para cada uno de los que acudimos como espectadores.

La Criba ofrece una velada única con un unipersonal de Buenos Aires que no es una mera obra con un protagonista sino una clase magistral sobre narrativa, estilos literarios, discursivos, una fusión muy interesante con soportes tecnológicos (grabados y en vivo) y la actuación de un artista talentosísimo, dirigido por un talentoso.

En un mundo en el que solo él y sus recuerdos forman parte, convive su pasado con su triste realidad. O, al menos, la realidad que de alguna manera fue eligiendo a lo largo de la vida.

Sentado en una silla, en penumbras, con una bata y los pelos revueltos, como si ya nada le importara. Rodeado de equipos de música, televisores y una colección de videos que él mismo grabó en su hogar para que su memoria no le juegue una mala señal. Todo ordenado por fecha y número como para que cualquiera que deseara hacerse del material no tuviera inconveniente de encontrarlo.

Así es el Sr. Kaplan (Abian Vainstein y dirigida por Agustín León Pruzzo), un hombre mayor, de origen judío que desea compartir algunos momentos con nosotros muy peculiarmente.

No tiene familiares vivos ni amigos que vea, ni mujeres con quien desee pasar el rato. Sus recuerdos lo sumergieron en una soledad absoluta, angustiante, trágica pero, gracias a sus olvidos, con ciertos ingredientes de humor que le hacen sobrellevar tantas penas.

Existen varios aspectos a resaltar, sobre los que se apoya el relato de Kaplan: el recurso de la anécdota, del soporte fílmico y del monólogo que no se expone como tal ya que no se comunica de manera directa con el público sino que se combinan sus diálogos con Kaplan del pasado. De este modo, por momentos, parecieran ser dos hombres completamente diferentes (opuestos inclusive), aunque conservando todas las mañas y obsesiones que lo pintan como individuo.

La historia de Kaplan atrapa de principio a fin, emociona, recorre cualquier cuerpo humano con escalofríos por la pasión con que interpreta a sus personajes y el modo de transmitir su vida tan desgarradoramente, tan real y tan precisa.

Una vez finalizada la función, Gabriela Izcovich (curadora de artes escénicas en el Festival) tuvo la interesante idea de abrir los micrófonos para que sepamos detalles de la construcción de El Sr. Kaplan y todo su proceso de creación a lo largo de los meses.

Agustín León Pruzzo se refirió, en primera instancia, a los desafíos de esta dramaturgia diciendo que: El primer desafío, a nivel montaje, era que el mismo actor iba a tener que hacer dos personajes, con treinta años de diferencia y también estaba el desafío para trabajar para dos soportes distintos (…). Fue un proceso como de ida y vuelta en el trabajo audiovisual y debajo del escenario.

Hasta que tuvieron el video definitivo, fuimos haciendo nuestros propios videos, caseros (…) para fusionarlos con el personaje en vivo.

Otro punto a favor en el que observa una real solidez de la pieza artística, es la referida al modo que tuvieron actor y director en realizarla: la escribimos juntos (…) Nos fuimos convirtiendo en un motor de búsqueda con distintos referentes literarios que nos interesaban, agarramos por ejemplo la Carta al padre (de Kafka), como para alguien que recupera eso y, de ahí, evolucionó el vínculo de este personaje con su padre, aparecieron también referencias a una obra de Samuel Beckett con La última cinta de Krapp -un hombre que escucha su voz muchos años atrás-. En la obra no se metió tanto con lo anecdótico pero sí con el organismo de uno y cómo se escucha en la voz. También trabajamos con Paul Auster (que gracias a Gabriela yo pude hablar con él), que su invención de la soledad es como su versión de la Carta al Padre; y también poniéndonos con nuestras propias impresiones y algunas referencias autobiográficas (…).

Y, luego, Abian Vainstein, se explaya sobre otros detalles de la construcción de sus memorias (las cuales no imprescindiblemente fueron reales sino prestadas) y un sinfín de ideas creativas que le permitieron hacer de la soledad un ámbito realmente desolador en el cual ni siquiera es acompañado por un perro o gato sino por un simple pececito rojo. Claro que no es una elección azaharosa sino inteligente: un pez recuerda con la memoria del corazón – menciona Kaplan en cierto momento de la obra. En cambio, una persona lo hace con el cerebro. ¡Qué disputa ambivalente puede surgir de un debate semejante!

Un padre que murió hace décadas, del que se recuerdan cosas que posiblemente nunca ocurrieron pero que por necesidad se desea que así permanezcan en su interior; otorgándole esa caricia a su alma que solo él puede darse actualmente.

Aparte de crearse a partir de literatura universal, se empezó a entremezclar con situaciones personales, modificadas, para que sirvieran a la causa de armar (Abian).

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Selección natural? Pura acción en el country

Nadie quiere ser nadie1

(…) trata de hacer la prueba de parar las maquinitas, 
las maqinitas que llevas dentro de tí
y fijate qué es lo que pasa
cuando te agarra la soledad y te agarra el hastío (…) 

Mariela Asensio tiene la particularidad de escribir acerca de temáticas sociales que interesan muchísimo. En esta oportunidad su dramaturgia titulada como Nadie quiere ser nadie (Historias de la clase media) es un acierto para llevar al teatro y exponer, teniendo en cuenta el espacio del Celcit que resulta ideal para dicho montaje que cuenta con dos posibles ángulos para apreciar como espectadores.

Una familia acomodada se siente más que su empleada de limpieza a quien ni siquiera deja comer unas empanadas. Estos integrantes tendrán su momento, al igual que todos, de decir lo que sienten, lo que les pasa, lo que pretenden; dejando en evidencia quiénes son y que sus palabras los condenarán por completo.

La obra comienza con el dueño de casa (un hombre de clase media alta) hablando sobre política, sobre la motivación y el progresismo. Tanto él como su esposa no tratan de buena manera a Maricruz -la empleada doméstica que tienen de toda la vida-. Este particular hombre dirá frases un tanto crudas y sin filtro como la siguiente: “Sacale jugo al hipotálamo”.

Si bien la puesta en escena está llena de momentos entretenidos y que despiertan la risa en el público, lo cierto es que se trata de una clase baja oprimida por una alta, de los derechos invalidados por otros, de los sueños que unos deben postergar para no sentirse menos económicamente y del amor que es casi nulo en estos personajes.

Un venezolano que vino a Argentina para estudiar actuación y que sueña con poder ser reconocido pero que, mientras tanto, trabaja en un bar. Una hija que sufre por padecer a sus padres y las locuras de su progenitora. Otra soñadora que pretende también ser actriz. Una psicóloga que está saturada de tantos problemas ajenas y los suyos sin ser canalizados y resueltos. Un guardia de seguridad que se lleva uno de los trabajos más inmundos de revisar las pertenencias ajenas y desconfiar siempre.

Una balanza que pesa a la joven que adelgaza por orden de su madre y que se confiesa con su terapeuta diciéndole cuánto la odia.

Mientras tanto, el country -como lugar supuestamente seguro- es ocupado por quienes temen perder sus comodidades o ser estafados por la clase baja. La discriminación está presente en todo momento y Maricruz es una de las que más sufre, quien se lleva a veces unas empanadas en un tupper para su hijo (las empanadas que eran para ella misma) y es demorada por el personal de seguridad por llevarse dicho envase sin pedir permiso anteriormente. La misma empleada que es echada y tratada como delincuente por parte de estos detractores del poder.

Nadie quiere ser nadie2Dicho poder es esbozado por cada uno de los personajes, por los que tienen dinero y los que no.

Las uniones se van dando por afinidad y espontáneamente hasta que quien se creía superior menciona: “La empleada doméstica la pasa mejor que yo”. Este giro rotundo le demuestra que enriquecerse no siempre es sinónimo de soñar con los ojos abiertos.

También se marcan las distancias entre los trabajadores y los dueños de casa con la música. Así es como la cumbia aparecerá de fondo cuando Maricruz ingrese o salga del country y tenga alguna conversación o acercamiento al hombre de seguridad.

“Todos controlamos a todos”, menciona él y luego vendrá una canción a dúo interpretada por ambos empleados que estará relacionada con un mundo claramente no real pero que bien podría existir en su imaginación como mecanismo de supervivencia.

Realmente Nadie quiere ser nadie es una obra de teatro muy ágil, dinámica, entretenida y con mensajes muy claros a transmitir; con un elenco bien consolidado entre los que se destacan algunos más que otros. Tal es el caso de Salomé Boustani, de Natalia Olabe, de Guillermo Jáuregui y de Analía Gadda (quien además de actuar, canta y toca su guitarra). Como es costumbre en ella, le otorga ese plus mágico a su interpretación. Sus melodías invocan la canción de Moris De nada sirve, que calza perfecta para la presente historia: de nada sirve escaparse de uno mismo…

Tras las rejas también se habla de inseguridad, parece ser un monstruo temido, evocado, ocultado y hasta un resabio de sus propias fantasías conformadas por el odio a quien es diferente a sí mismo. Cuando la ironía está presente, la peor realidad es posible de digerir, al menos por un rato.

 

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

 

 

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¡Con los niños no!

Y como no se pudrió... Blancanieves1

Lo más importante de una obra de teatro no es lo que dure en cuanto a minutos sino lo que transmita. En esta ocasión, 40 minutos son más que suficientes para desarrollar una realidad que preocupa en el mundo y compararla con la vida de una niña que sale de su cuento de hadas para hablar y decir aquello que siente. Como Alicia en el país de las maravillas, que se adentra en un paraíso soñado y, cuando despierta, vuelve a su rutina común y corriente. De hecho, no es casual que la autora de esta dramaturgia, Angélica Gonzáles (conocida como Angélica Liddell), parta de acontecimientos del cuento de Lewis Carroll y de su propia intimidad.

Y como no se pudrió… Blancanieves (dirigida por Paula Cancela) deja en evidencia la soledad que padece toda hija única cuando es pequeña, sobre todo, la necesidad de Angélica por tener una identidad más utópica como la de la historia de 1865 y cómo transcurrían sus días al lado de su padre militar (tal como puede vislumbrarse en la presente obra de teatro).

La escritora menciona que Las guerras son como las madrastras perversas. Todas quieren ser las más bellas. Todas se miran en el espejo de otra guerra. Y si reconocen a una víctima más bella que la propia guerra se encargan de perseguirla hasta aniquilarla. Desde aquí se parte y desde aquí se empieza a sufrir, para que nos hagamos cargo todos de que matar niños jamás está bien. Con los niños no se juega a matar, ni se les enseña a tomar un arma para que lo hagan.

Sin embargo, el retrato de Blancanieves en esta oportunidad transmite sadismo, mientras se pregunta a dónde fue a parar su inocencia. Si desde los doce años tuvo que defenderse como sea para sobrevivir, si esta vez la manzana no estaba envenenada sino la gente adulta y esos siete enanos que se transforman en seres perversos capaces de cometer las peores atrocidades.

Niños palestinos y de otros lugares del mundo peleando por no morir, participando de una guerra que no inventaron pero que están dispuestos a formar parte porque eso es lo que se les transmite. Niños armados, niños que dañan, niños mutilados y, a veces, sin poder ser enterrados.

Blancanieves (Manuela Fernández Vivian) renace como una joven combatiente que está junto a un soldado (Nicolás Barsoff) -quien le narra cuentos pero bastante diferentes a lo que eran los de siglos pasados-.

Piel de gallina, angustia, dolor irremediable, incertidumbre, lágrimas; un sinfín de sensaciones que se inmiscuyen en mi organismo por completo, gracias al talento irremediable de los actores, la banda sonora tan finamente creada y las escenas que se representan como si se tratara de un tema que no tiene un final feliz nunca.

Un balde de agua fría que tantas veces es necesario de sentir en el cuerpo de los espectadores, de la gente misma, de no sentir lo ajeno como ajeno sino como propio. Las fronteras existen pero no son parte de la realidad real, son límites puestos por quienes desconocen el amor y la paz.

Hagan lo que hagan, serán fusilados y ni bien cierren los ojos podrían convertirse en muertos. Las niñas, abusadas, violadas, torturadas, deseando no haber sido mujeres.

Como bestias salvajes, sin rumbo, deambulando como sus cansados y desnutridos cuerpos se lo permitan… sintiendo odio cuando solo deberían conocer la felicidad.

Esta vez el espejo reflejará todos los olores y vacíos que deja una guerra constante que jamás finaliza, que no tiene sentido verdadero sino el poder por poder. Esta vez Blancanieves se convierte en fea para ser ignorada por sus torturadores.

Manzanas esparcidas por el suelo, formando diferentes figuras, que guiarán solo al enemigo a encontrar más presas que aniquilar.

He calentado mi cuchillo con la sangre de otros niños. Y me ha gustado, ¡cabrones! ¡Me ha gustado! ¿Qué habéis hecho con mi bondad? – termina diciendo esta Blancanieves.

Dramaturgia: Angélica Liddell. Elenco: Manuela Fernández Vivian y Nicolás Barsoff. Música original: Tomás Gallego. Dirección general: Paula Cancela. Funciones: viernes 23 hs. Teatro El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Recordar taconeando

flamenco

Noches de flamenco (espectáculo creado y dirigido por Jorge Mazzini) pretenden ser veladas para que la historia de España sea profundizada, sentida e interpretada por un ballet, cantores y músicos quienes se encargarán de hacer un recuerdo en vivo y en directo. El homenajeado es el cantaor gitano José Monte (llamado originalmente José Jiménez Navarro), quien nació en 1893 y murió en 1966. Su pasión desgarradora podrá vislumbrarse en cada una de las escenas montadas a lo largo del espectáculo.

Durante alrededor de una hora y media, pudimos disfrutar del estilo sevillano y de diferentes bailarines que desfilaron por las tablas en el Teatro Astral. Cada espectador podrá tener a su preferido/a y me atrevo a afirmar que Gastón Stazzone deslumbró en cada una de sus apariciones -tanto individual como grupalmente-, teniendo una destreza única, comunicándose con su mirada, pisando fuerte, preciso y permitiendo que su cuerpo hable por él.

Baldomero Cádiz como voz principal del show, fue el encargado de ir hilando cada una de las piezas flamencas al igual que una presentadora que describía escena tras escena lo acontecido. Ambos relatos ilustraron y detallaron las batallas, amores, guerras, desesperanzas, uniones y la gran pasión que caracteriza a este pueblo español.

Los bailarines: Jorgelina Amendolara, Cecilia Crespo y Yamil Rabaj brillaron en escena y dejaron todo de sí por esta danza, admirando cada sensación y profundizándola corporalmente.

El tango Volver fue interpretado por Eugenio Romero y se convirtió en uno de los lazos más fuertes entre el país europeo y Argentina, uno de los tantos que unen ritmos diferentes y que por algún motivo, razón o deseo terminan confluyéndose.

Con respecto a las canciones que sonaron a lo largo de la noche se pueden mencionar: Cantiñas, Desde lo profundo, Mi guitarra y yo, Campanas del olvido, Buenos Aires Flamenco, Espejos, Celos, Potro de rabia y miel, Fiesta de tangos, Me gusta reñir contigo y Bulerías, bulerías, bulerías.

Un público espectador muy conectado con este ritmo musical que aplaudía cada uno de los números. Un público dentro del que no todo sería, seguramente, entendedor del baile y dichos estilos melódicos. Por tal motivo, considero necesaria la aclaración de ciertos términos relacionados con el flamenco.

Cuando se menciona la Jota de Cádiz, la referencia es a un baile de varios lugares de España dentro de los que se baila de manera similar y muchas veces con castañuelas. Es un baile y canto tradicional -como en Argentina podría serlo el tango y folklore-. De hecho pueden observarse ciertas similitudes entre algunos desplazamientos de nuestra chacarera y zamba, con la jota y otros ritmos españoles.

Otro de los aspectos que llaman la atención es el aplauso que se utiliza para llevar el compás del baile gitano. Dicho compás suena a castañuela, como si una palma de la mano se juntara a la otra dejando un hueco entre ambas, sonando más grave que en una chacarera donde las manos se colocan de otro modo.

A la vez que otro bailaor gitano danza una seguiriya en la que se puede sentir su dolor, la persecución de esta gran franja de la sociedad, los celos por un amor y la muerte. Se percibe la presencia de una seguiriya cuando el cantaor cambia la altura de una sílaba musical mientras entona (lo que comúnmente se conoce como melisma), al tiempo que se escuchan quejíos y “ayes” (plural de la palabra ay, que utilizan como forma descripción sonora del dolor).

Cada una de las escenas se convierte entonces en un retazo de historia y es posible determinar un principio y fin -sin que resulte necesario unir una con otra-.

En cuanto al cuerpo de baile es realmente perfecto y coordinado en cada uno de sus movimientos. El ballet mira hacia adelante, se comunica entre el mismo y suena el “llanto de la guitarra”. Luego aparecerá una novia con su rama y sufrirá el abandono de su amado, no sin expresar su dolor y lanzando todas sus joyas por los aires.

La pasión de quien interpreta esta danza resulta fundamental. No se trata solo de aprender figuras y pasos, tampoco de tener solo gracia, sino de un conjunto que convierte al bailarín en un transmisor de historias sentidas, exageradas pero creíbles.

Algunos ritmos como granaínas (proveniente de Granada y denominada como un fandango) y guajiras (se originan en Cuba ya que se trata de un ritmo musical de la isla, pero se le agrega el flamenco) estuvieron durante estas Noches flamencas en que todos nos comprometimos con el espectáculo y sufrimos el pasado como si fuera nuestro, que de alguna manera también lo es.

 

ficha Noches de flamenco

Fotografía: VCorta Producciones.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Manteniendo viva su ilusión

Ni con perros, ni con chicos

Las propuestas de musicales en Buenos Aires cada vez son más valoradas por el público, sea éste concurrente o no.

Lo cierto es que son pocas las comedias musicales que cumplen con la función de su nombre. Por lo general, los artistas que cantan excelente no transmiten demasiado desde lo corporal y, los que sí saben de danzas no tienen demasiados dotes vocales.

Ni bien supe que Ni con perros, ni con chicos… se estrenaría en el Teatro Cervantes, reservé mi
Ni con perros, ni con chicos3localidad. Cómo perderse una obra musical con cuatro talentosísimos actores del género (Omar Calicchio, Dennis Smith, Julieta Nair Calvo y Laura Oliva), con una dramaturgia impecable y atrapante (a cargo de Fernando Albinarrate) y la dirección del increíble Javier Daulte. Con un elenco de esta magnitud, ya se sabe que todo será goce y placer por parte de nosotros los espectadores.

Con un listado de dieciocho canciones que se representan como cuadros musicales, me atrevo a decir que se trata de una comedia musical dramática y no solo de un mero musical -ya que el recorrido que se realiza tiene un fuerte argumento y una gran investigación sobre el artista principal sobre el cual gira la trama: Charles Laughton-.

El actor inglés (1899-1962), nacionalizado americano años más tarde; tenía carácter. Y cuando digo carácter es que hacía lo que quería, conseguía cosas que otros no, tenía un lugar privilegiado y el amor incondicional de su esposa Elsa Lanchester (1902-1986).

Esta puesta en escena que aprovecha la estructura de la ex confitería del Cervantes, ubicando a los cuatro músicos excepcionales en el balcón (Marcos Vives, Pablo Citarella, Alejandro Bidegain, Roberto Gutiérrez) y utilizando la escalera y el espacio como precisen; debe ser visto no solo por amantes del género musical sino por todo artista que merezca ser llamado actor, así como también por profesionales vinculados a las artes escénicas.

Quizás pueda parecer una orden muy imperativa de mi parte pero cómo no estar presente en esta invitación a la vida de Laughter que es reconstruida por retazos, jugando con los tiempos pasados y presentes, interpretando diversos personajes, cantando como los dioses y reconociendo la trayectoria del inglés.

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¿Qué es teatro?

Y Charles menciona: el que escribe, el que lee, el que llora y el que ríe. Y circunscribiéndose a esta definición, la historia se vuelve magia, como esos papelitos plateados que vuelan por los aires haciéndonos sentir en otra galaxia.

¿Quién es actor, quién no lo es, cómo es este universo ficticio que se entremezcla con la realidad?

Uno de los hilos conductores lo marca el personaje de Greg (interpretado por Dennis Smith), un documentalista que está indagando sobre la vida de Laughter y tiene la brillante y escandalosa idea de conocer a Elsa -la viuda del actor, también actriz-. Narrada como película cinematográfica, todo parece ser escogido hasta con el mínimo detalle de diálogos, texturas y estética de aquella época gloriosa.

Otro de los factores que hacen relucir aún más el argumento se relaciona con el tiempo real surgido por momentos. Con esto me refiero a la reconstrucción de los hechos y a las intervenciones del difunto que cuando no está de acuerdo con algo, aparece para opinar o reclamar u ordenar hacerlo de otra manera.

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El luz, cámara y acción están inmiscuidos en su cabeza y aún muerto sigue maltratando a su mujer, la que se desvivió por él, la que anhelaba actuar a su lado algún día y esto se le dio recién con Peter Pan en 1935.

Pero ese amor-odio que sentían uno por el otro los hacía describirse como agua y aceite: éstos se mezclan bien con el amor.

Con respecto a un film sobre el que se hace hincapié es La noche del cazador, ya que fue el único que dirigió él.

Y como mencionaba Alfred Hitchcock, no hay que actuar ni con perros, ni con chicos… Como si se tratara del mismo asunto, de la misma cosa, de algo que, al menos desde afuera, se vislumbra un tanto discriminativo. Pero, fue su parecer. Así como sin Charles Laughton (ni con un gordito).

Las pausas para volver atrás permiten fijar datos, fechas, imágenes y disfrutar de una velada única. De un recorrido que dan ganas de vivirlo a diario. Entre coreografías muy atractivas, espejos utilizados por vanidad y también para reflejarnos en ellos, para desplazarlos por doquier, para quitarlos del camino como a todo lo que sobra y estorba.

Él será recordado por Motín a bordo, Rembrandt, El jorobado de Notre Dame y Testigo de cargo. Pero, ella también será rememorada, sobre todo, por La novia de Frankestein.

Dramaturgia: Fernando Albinarrate. Elenco: Omar Calicchio, Dennis Smith, Julieta Nair Calvo, Laura Oliva. Músicos: Marcos Vives (cello), Pablo Citarella (piano), Alejandro Bidegain (saxo tenor), Roberto Gutiérrez (clarinete). Dirección: Javier Daulte. Funciones: jueves 21:30 hs. Teatro Nacional Cervantes.

Mariela Verónica Gagliardi