*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Mar del Plata’

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El sentarse es perjudicial para la salud

La condición es no sentarse. Un enfermero/guía, se encargará de que el público vaya acomodándose uno al lado del otro, paraditos y en fila. Comienza la función. Recuerden, nadie debe amagar a acercarse al piso, flexionar las piernas o apoyar la cola, hasta el fin de la obra.

Los pacientes son Los que están sentados, la visita, la visita no. A la izquierda de la sala de recepción, podemos observar a dos pacientes, sentados, por supuesto. Un vendedor de seguros y una adicta a los barbitúricos. A la derecha, una ventanilla donde tres enfermeras se debaten, a modo de reboleo y caos, las historias clínicas y las pastillas de los pacientes. De fondo, la doctora, que no es cualquier doctora, es la suya, la mía, la doctora de todos. Una doctora sin ojos.

Este enfermero/guía irá llevando al público (a la visita) por los diferentes estadíos del tratamiento, siguiendo su luz. Todos nos movemos al unísono para que una de las enfermeras nos cuente un poco más sobre la concepción de algunos medicamentos. Después, continuamos caminando y nos encontramos con la paciente adicta, tirada en el suelo, llena de pastillas, contando tristes episodios de su vida.

 

De repente suena un celular entre el público, un hombre atiende, sale de entre la gente y conversa con un policía. Parece que él también es policía o detective. El diálogo entre los actores y el público, es constante y natural, se da una suerte de teatro descontracturado, lejos del escenario tradicional. Esta obra se presenta en las diferentes salas de la casa, dinamizando la puesta en escena y otorgándole un carácter real a este hospital/manicomio.

Más allá del delirio y de lo cómica que puede resultar esta función, porque los personajes son bizarros y delirantes, los diálogos, con partes tomadas de Dante, Sartre y David Lynch, le dan un carácter serio y filosófico. Se puede leer entre líneas un sentido social, eminentemente humano, los personajes se preguntan por el sentido de la nada, por el dolor. Vuelven al pasado, cuentan momentos, se asustan, quieren escapar. Y es que la vida comienza antes de que uno se dé cuenta. Y tal vez después, sea demasiado tarde.

Una obra dirigida por Guillermo Yanícola y protagonizada por Milena Bracciale, Leandro Llabrés, Fabián Luna, Cecilia Mesías, Julio Palay, Daniela Parrinello, Clara Morlans y Susana Santoro. Sobre textos de Dante, Sartre y David Lynch.

Melisa Morini

 

 

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“Ahí vienen, vienen las Lombrices”

Martirio y Consuelo son dos ancianas que, como prototipo de toda vieja, no hacen más que conversar sobre la vida de los demás y los avatares del mundo moderno.

Cada una con sus características: Martirio con su mal de parkinson y  sus pocas ganas de continuar en este mundo, donde el noticiero de Santo Biasati la convence de la hecatombe que está por venir, de que todo está cada vez peor y sólo queda el recuerdo de un ayer, de un pasado que fue mejor. Consuelo, en cambio, lleva una valijita, con sus tejidos, sus bizcochitos, sus revistas existenciales y le gusta conversar, sobre todo de lo que le cuenta la vecina del “5d” o la portera, por supuesto. No puede faltar.

Ambas debaten sobre la vida de hoy, sentadas en sus sillas mecedoras, recluídas en el departamento de una de las dos. No escasean la política, la homosexualidad, los hijos y un secreto de amor prohibido – que confesado -, se vuelve tema de discusión y conexiones con el mas allá y los espíritus de los muertos. Estas dos mujeres viven dentro de un juego macabro donde la edad llama a la muerte que pronto tocará la puerta.

Una tragicomedia escrita por Pablo Albarello, dirigida por Daniel Lambertini que le dio el toque dramático y quien fue ganador del Premio Estrella de Mar 2011 como Mejor Director Marplatense. Los actores son Marcelo Cañete y Marcelo Marastoni. Este último nominado como Mejor Actor Marplatense en los Premios Estrella de Mar  2012.

La gente del Grupo Búsquedas, presentó anoche Lombrices, en el Centro Cultural El Séptimo Fuego en una función especial a la gorra a beneficio de La Alameda (asociación que lucha contra la trata de mujeres y la explotación infantil en Mar del Plata).

Melisa Morini

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Crónica de una noche tanguera

Pese a la lluvia, que parecía haber llegado para instalarse, me dirigí como muchos otros seguidores de la banda, hacia la puerta del bar que esta noche alojaría a los tres músicos que conforman Los Gardelitos. Alrededor de las nueve de la noche, de ese neblinoso viernes portuario, nos encontrábamos reunidos en la puerta de Abbey Road  y hasta las dos esquinas, un monton de jóvenes, algunos  embanderados en trapos rockeros con las insignias de la banda.

Todos llevaban bajo el brazo una bolsita de nylon. Se podía percibir que se trataba de un alimento no perecedero, condición junto a la entrada, para ingresar al show. De forma ordenada y tranquila, se fue llenando el boliche, muchos pasaron a sentarse en el piso frente al escenario, otros en mesas, muchos parados.  Cerca de las diez de la noche se apagaron las luces y cortó la música, el telón rojo corrió sus telas y las guitarras nos dijeron  que comenzaría la función. Sobre el escenario, cuatro pibes reunidos por la música bajo el nombre de Sucios y Descarrilados, hicieron de teloneros durante una hora, dejando al público con calor y energía , para lo que se vendría.

Después de los agradecimientos y los aplausos, se hizo un corte para dar paso a esta nueva y ansiada apertura de telones. Se escuchó el tanguito religioso y la banda abrió la noche con “Puño y letra”, uno de los dos inéditos que se presentarán hoy.  Eli Suárez, en voz y guitarra, Diego Rodríguez, en bajo y voz y Paulo Bellagamba en batería; pasearon al público por toda su discografía. Sonaron “Gardeliando”, “Cobarde para amar”, “Amando a mi guitarra”, “Dueños del poder”, “No puedo parar mi moto”, entre otros; mientras el público cantaba y agitaba transformando en conversación el recital.

Cada unos cuantos temas, la banda hacía un pequeño corte para tomar agua y charlar con el público, agradecer el momento y la alegría compartida entre todos esa noche. Los chicos de Flores se sacaron los sombreros tangueros y continuaron rockeando sobre el escenario que portaba una escenografía de nuestro Buenos Aires querido, con sus faroles y sus adoquines.

“Korneta no se murió está tocando con Pappo para los pibes de Cromañón”, fue uno de los versos preferidos de la audiencia en los silencios de la banda. Eli Suárez, recordó otros recitales en la ciudad, cuando su viejo lideraba el conjunto. Una de las pocas y privilegiadas ciudades que lo vio tocar al fallecido artista.

La banda tocó 25 temas durante la función. Ya para ir cerrando, lo hicieron con “América del Sur”, “Anabel”, “Mezclas Raras”, “Todavía quieren más”, “Nadie cree en mi canción”, y “Un taxi”. Este último, es el segundo de los inéditos que la banda anunció que presentaría a lo largo de la noche. Después de que la gente se cansara de bailar y cantar, Eli agradeció la actitud de todos en conseguir 500 kilos de alimentos para el comedor Virgencita Gaucha del barrio Las Heras, y a la ciudad que les dio un caluroso abrazo de bienvenida.

Melisa Morini

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TEATRO INTERNACIONAL EN MAR DEL PLATA

Hoy se presentó, en El Galpón de las Artes (Jujuy 2755 – Mar del Plata), la obra teatral «La soledad de las luciérnagas», de Ecuador y con dirección de Arístides Vargas. Dicha obra estaba anunciada para el viernes 10 y, por demanda del público presente, se agregó la función del 12 de agosto – que el boca en boca y las redes sociales, se encargaron de difundir.

En escena

Tres rectángulos en el piso son toda la escenografía. Se prende la luz y dos actores comienzan a preguntarse filosóficas retóricas en torno a la vida y al sentido, que la ciencia, todavía no le encontró a la misma.

“La Soledad de las Luciérnagas” narra la historia de una pareja de educadores que trata de aportar nuevos métodos de enseñanza a esos niños y niñas, pequeñitos seres de luz, a través de la educación convencional pero enseñando no como a ellos les han enseñado.

Estas metodologías que ellos crean y recrean, no son aceptadas por la institución que los alberga y, entonces, los profesores, son echados de la escuela.

Al mismo tiempo, cuenta cómo ha nacido y crecido el amor entre ellos, bajo una calidad narrativa, poética, admirable. Todo el texto, a lo largo de la historia, es de gran profundidad literaria. Los personajes se interrogan en escena sobre el paso del tiempo, sobre el amor, sobre todos estos conceptos que están tan arraigados en nosotros y en realidad, son poco transmisibles, porque si bien se pueden probar distintas maneras de enseñar, hay cosas que sólo nos enseña la propia experiencia, las vivencias cotidianas y afectivas.

Los actores manejan el paso de un estado a otro: de la alegría o el divertir al público, a un estado de reflexión que atraviesa a los espectadores, emocionalmente. Logran bajar la tensión y capturar al público en esos momentos donde uno de los actores cobra protagonismo con la voz y el otro lo hace con el cuerpo, dejando al espectador, decodificar el mensaje del subtexto.
Sorprende la forma en que estos personajes logran que el público los siga, durante toda la función, sin perderles la atención y consiguiendo dejar un mensaje para pensar en la educación actual, en la forma en que los procesos educativos son transmitidos social y culturalmente, donde se nos inculcan reglas, valores, normas, aquello que está bien y lo que está mal, qué puede gustarnos y qué no.

Desde la comicidad, la complicidad y hasta la tristeza, Antonio y Clara, consiguen que nos preguntemos acerca de lo que, verdaderamente creamos, aquello que es nuestro, que nos pertenece y lo que nos viene heredado y no nos damos cuenta.

Detrás de escena

La obra está representada por el argentino Víctor Stivelman (Antonio) y la colombiana Alegría Cáceres Benavides (Clara), radicados en Ecuador hace unos años. Ellos son parte del grupo teatral Puentes Invisibles. Está dirigida por Arístides Vargas, dramaturgo  fundador de uno de los grupos más prestigiosos de América Latina: el grupo Malayerba de Ecuador, que dirige en la actualidad. Los textos son de los mismos actores y la cocina de esta obra, de 60 minutos de duración, fue de un intensivo año de trabajo.
La obra fue estrenada el 2 de marzo del corriente año, en (Quito – Ecuador) y ahora se encuentran de gira por Argentina y Uruguay. Después de esta visita por Mar del Plata, parten hacia Formosa, Córdoba y Montevideo. Esos son los recorridos, seguros, que estos dos artistas seguirán los próximos días.

Melisa Morini