La oscuridad no es tiniebla

Empezando por el principio cabe resaltar que Oliver Sacks fue el neurofisiólogo que creó la verdadera historia, por tratarse de la suya en verdad. Sus problemas de salud lo hicieron estudiar incansablemente. No solo para salvarse sino para sanar a cuanta persona pasara por diversos problemas de salud.
Cuando pienso en el mundo de los ciegos me angustio de inmediato. Mi corazón late, precipitadamente, deseando nunca perder la vista. Ni siquiera por unos segundos. Ni siquiera para vivir una experiencia nueva. Nunca, jamás.
Creo que este miedo lo comparto con miles o millones de personas en el universo, pero es un miedo -como casi todos- infundado.
La vista a través de los ojos ve cosas que quienes están “privados” de la misma, no pueden.
Suena tan inverosímil este juego de palabras que cuando releo lo que escribo dejo de comprender absolutamente todo. Este papel debería estar escrito con palabras sin tinta, solo con imaginación.
De aquí en adelante solo analizaré lo que vi con el alma, con el corazón y con cada uno de mis sentidos. La vista la dejo para lo último porque no es indispensable para este magnífica obra de teatro que consigue trasladarnos a un campo colmado de incertidumbres, aquellas que al humano -por lo general- no le agradan.
“Ver y no ver” (cuyo título original es “Molly Sweeny”, escrita por Brian Friel y dirigida por Hugo Urquijo) es una invitación hacia lo desconocido por la mayoría de los mortales.
Si pudiéramos quitarnos los ojos, lo más probable es que no sabríamos qué hacer con nuestras vidas.
Sin embargo, Any Sweeny (Graciela Dufau) se desplaza por el escenario viviendo. Sintiendo. Aprehendiendo. Oliendo fragancias a flores exquisitas. Sabiendo qué hacer a cada instante, menos cuando su entorno está tan ansioso por una operación que podría devolverle lo que en un principio tuvo.
Ella no parece necesitar cirugías, ni cambios drásticos. Tiene lo que quiere. Lo que necesita. Lo que su corazón palpita.
Es encantador escuchar las diversas melodías que acompañan los relatos de los tres actores, que tienen su momento para expresarse en solitario, de manera privada, sin ser cuestionados o juzgados; a la vez que se fusionan espléndidamente. ¿Hace falta verlos con los ojos? Realmente no. Con la vista podemos aprecer ciertos detalles escénicos como la puesta minimalista con proyecciones cálidas y un mobiliario simple. Sin la vista se pueden sentir aquellas cuestiones inexplicables, sinceramente, con palabras. Con esto quiero decir que lo que pueda comentarles en esta nota es un mínimo porcentaje de lo que puede apreciarse a lo largo de toda la función que nos mantiene en vilo a los espectadores.
Emoción, escalofríos, llanto y cuántas cosas más logran cautivar a nuestros cuerpos. ¿Humor? Claro que sí, porque si bien es drama, el director consigue matizar y descontracturar llevándonos al inicio de la historia de amor de esta pareja encantadora: la de Any con su marido Martin (Arturo Bonín). Un dato particular y llamativo es que él la conoció al igual que en la actualidad, pero ahora, por algún motivo anhela que ella pueda verlo, quizás. Quienes vemos con los ojos estamos convencidos que quienes no se están perdiendo de mucho. ¡Qué egoístas y caprichosos que somos!
Sumergirse en la vida de esta gran mujer es sacarse muchos prejuicios, la venda llena de polvo y, realmente, empezar a vivir como seres vivos.
Tenemos un cuerpo que, tantas veces, no usamos por completo. Caminamos sin plantearnos que lo conseguimos gracias a las piernas. Besamos, sin pensar en que podemos gracias a nuestros labios. Y, así, podría enumerar muchos ejemplos que no harían más que aburrirlos.
“Ver y no ver” es una lógica racional versus una sentimental.
Queremos que la minoría sea como la mayoría sin evaluar, por un momento, que tal vez, que los más pueden ser menos.
Nelson Rueda, encarnando al Dr. Wasserman, el médico que experimentaría la “cura” de la “ceguera” de quien no parece tener demasiado entusiasmo en abandonar su universo paralelo.
A veces se puede elegir, y otras no.
Cuando sus ojos descubran, quizás sea demasiado tarde o, tal vez, la experiencia de su vida la haga entender qué le conviene.
Un devenir de situaciones harán que esta dramaturgia nos engalane desde el comienzo y no sufra ningún altibajo. Impecable, excepcional, perfecta e interpretada por tres grandes actores argentinos que no hacen más que convencernos de sus posturas.
Y vos, si tuvieras la oportunidad de escoger ¿qué harías?
Elenco: Graciela Dufau, Arturo Bonín, Nelson Rueda. Dramaturgia: Brian Friel. Dirección: Hugo Urquijo. Funciones: Miércoles 21 hs, Sábados y domingos 18 hs. Teatro La Comedia.



Y, como si el destino lo quisiera pero el clima no, una noche de tormenta ingresé al Teatro Polonia para presenciar una obra que me recordó a las películas de Tarantino. Respiré hondo de felicidad y agotamiento a la vez, por esquivar los baches de las veredas y, al mismo tiempo, encontrar una propuesta increíblemente atrapante que me cautivó en todo momento. Quise que durara más, no porque la trama lo requiriese sino por el afán de pretender una segunda parte, como si siguiera inmersa en un film norteamericano.

El dramaturgo y actor Rolo Sosiuk decide llevar al teatro la vida de Auguste Rodin pero desde la mirada de su amante Camille Claudel. Es entonces cuando tendremos la oportunidad de ingresar en la intimidad de este escultor que no siempre fue reconocido por sus creaciones. El hombre de la nariz rota (dirigida por )es uno de dichos ejemplos en que el arte (y no su perfección) son dejados a un lado por parte de la sociedad.
En 1884 se Enrik Ibsen estrena la obra Vildanden (traducida como El pato salvaje ó silvestre). El dramaturgo, de origen noruego, es considerado uno de los creadores del teatro moderno con una impronta que entremezcla el drama, los conflictos psicológicos en el ser humano y su tinte realista circundándolos. Así, es como resulta cautivante poder presenciar obras de Ibsen, leer sus libros y conmoverse, al mismo tiempo que conseguir identificarse con las temáticas y situaciones por las que van transitando los personajes de sus historias.

Sin lugar a dudas que ver una obra con un texto semejante nos hace replantear, como público, muchísimas cosas. En primer lugar por la temática que hace referencia al duelo y, en segundo, lugar por necesitar decir de diferentes formas que ellas no están solas.


Escrito
en abril 18, 2018