*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Una melodía que se extingue junto al amor

A y M romanticos

PH: Mariana Lozano

Podría hablarse de sus profesiones, de cada una de sus pasiones y trayectorias. Sin embargo, sorprende que se deje a un lado la magnífica carrera de Marguerite Duras (interpretada por Débora Longobardi) y se mencione su intimidad amorosa, al igual que la de su marido.

Es entonces cuando un desenlace se avecina en lo que fue una historia de amor. Por un lado, un piano de cola. Por otro, un sofá de estilo inglés. Nada más les hace falta a estos dos actores que tomaron la responsabilidad de encarnarse en esta deleitosa dramaturgia de Duras, una de las piezas artísticas más conocidas de la autora. Fue en el año 1964, que se estrena en el Studio des Champs Elysées (París) y al siguiente año, junto a Paul Seban, la convierte en séptimo arte.

Si bien no es mucho lo que se conoce en nuestro país de esta escritora, realmente cautivan sus textos, sus diálogos, la manera de plasmar su biografía en ficción y, de algún modo, vivir a través de las letras.

Recorriendo su material e historia me topé frente a citas textuales en las que mencionaba su desagrado hacia las autobiografías. Evidentemente, solo quería que su pluma describiera cada uno de sus sentimientos. No se la puede juzgar a raíz de esto sino agradecerle el recorrido que hizo desde temprana edad hasta sus últimos días.

¿Qué es lo que puede verse durante esta breve pero profunda historia?

Lo que calló durante tanto tiempo un matrimonio, la desnudez de cada uno de sus tabúes, aquellas verdades que no siempre conviene decir -pero que, en esta oportunidad, se decide gritarlas-, la crueldad, la necesidad de herir con las más finas y selectivas palabras. Entonces, una despedida es el inicio de una nueva etapa para este hombre y esta mujer que parecen ser tan vulnerables como cada uno de nosotros. Que están ahí parados, meditabundos, con un tiempo a contrarreloj, que jamás se detendrá para mostrar algún arrepentimiento que valga.

Por momentos quisiéramos que ingrese alguien más a escena para diluir tanto dolor, aunque sabemos que eso no ocurrirá. Un amante aguardará su turno para tener entre sus brazos a quien ahora “le pertenece”. Mientras tanto, el hombre que vemos dirá todo para convencer a su esposa y de rogarle por momentos con el rostro cuánto la necesita.

Resulta desgarrador presenciar esta cita interminable, notar las lágrimas que rozan las mejillas, conocer los detalles y motivos de lo que podría haber sido y ya no será.

Su marido en la vida real, Robert Antelme, parece reencarnarse en Ulises Puiggrós y atravesar cada una de sus venas y arterias hasta hacerlo evocar aquellos tiempos pasados que, hoy, son solo ruinas.

Realmente es un trabajo extraordinario el de este elenco, un trabajo en el que es posible emocionarse, angustiarse y tener la esperanza de encontrar al verdadero amor, o al menos a aquél que nos haga vibrar.

El espacio escénico es el indicado y, gracias a éste, podemos palpar más esta ficción-realidad sin hacer el más mínimo esfuerzo por ingresar en un código dramático. La verdad se presenta ante nosotros, se esparce, camina, suena con agradables melodías y se apaga por completo.

La música es de esas obras de teatro que dan gusto conocer bien de cerquita, para sentirnos parte, para ser testigos pasivos y no poder participar más que viendo el tiempo caer.

Como un reloj de arena que que no es eterno en su medición y que nos permite, sin embargo, reconciliarnos con lo triste y ameno de la vida.

Graciela Pereyra es quien tiene la agudeza de recrear esta historia vertiginosa que nos hace sentir tanto como quisiéramos. Es gracias a la intimidad que todo fluye apresuradamente, con firmeza, ya sin dubitaciones y con la claridad que se tiene cuando ya todo se dijo.

Funciones: viernes 21.15 hs.

Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando la corrupción está de moda

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Una historia intricada, dura, con todos los ingredientes necesarios para que todo lo que tenga que explotar explote por los aires cual volcán en erupción. Esa es la síntesis de la obra de teatro Dignidad (de Ignasi Vidal, con versión de Elio Marchi y dirección de Corina Fiorillo).

Es tan real, absolutamente real y contemporánea la temática que cualquier similitud podría producir picazón constante en la piel de aquellas almas susceptibles de verdades.

Un despacho de oficina tradicional con un escritorio y silla giratoria, a otro extremo una mesa ratona y dos sillones y algunas bebidas alcohólicas para intentar salir de tantas malas decisiones. En verdad la corrupción es un mal camino para los decentes y honrados pero en este thriller dos amigos demuestran que sin ella no siempre es posible seguir en pie.

Como una medicina que al no ser bebida puede provocar graves consecuencias, los diálogos de estos hombres indagan por la absoluta realidad del poder, la política, la candidatura, la salud, la familia y todos los actores presentes y protagonistas de forma omnisciente.

Por momentos sentí esa sed irremediable de querer ver a quienes estaban ausentes físicamente y conocer sus opiniones al respecto. Y es que desespera saber que solo uno tendrá en sus manos la conducción del país, siendo lo que es y pretendiendo lo que pretende. No se podrá poner las manos en el fuego por ninguno de los dos y solo en el desenlace podremos sacar nuestras conclusiones que podrían ser unas u otras sin tener la completa verdad.

Mientras Francisco (Roberto Vallejos) se prepara para tomar el mando, muy pronto, del sillón presidencial, quiere que su amigo de toda la vida, Alejandro (Gustavo Pardi), lo secunde. Hasta aquí todo podría constituirse como una amistad que atraviesa incluso el poder y lo reparte, pero nada de eso será así. Durante una hora sentiremos adrenalina, nervios y odio hacia la política. Desde ya que no hacia la política en su sentido genérico sino en lo que respecta a quienes la ejecutan. Uno y otro serán detestados y aborrecidos por el público. Uno podrá temerle a uno y mientras compadecerse del otro, pero lo cierto es que los dos son la misma cara de una moneda y quien sea más ágil podrá correr con mayor suerte. No una suerte azarosa sino completamente premeditada y planificada.

Según la Real Academia Española: Excelencia y realce son acepciones de dignidad.

Pareciera ser absurdo el camino que toma Francisco quien “olvida” todas las cabezas que tendrá que pisar para conseguir su objetivo. O el rumbo de Alejandro que por callar en su momento va elaborando su plan paralelo y macabro.

Sin embargo, poder significa: tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

Palabras, términos y definiciones que se retroalimentan al igual que la telaraña que se va tejiendo en esa oficina.

Alguien digno es quien merece algo. Pero, ¿quién lo decide y quién lo define? Una vara se inclina a favor de un candidato u otro respecto de su amabilidad, de su simpatía, de su dinero, de sus transacciones o,  simplemente, de su don para ocultar lo que jamás debería salir a la luz?

Corina Fiorillo, una vez más, demuestra su inteligencia y perfección para profundizar en una temática, haciéndose cargo y escogiendo a dos artistas muy talentosos para los roles que deben interpretar.

¡Es digno quien decide morir en silencio y retirarse a tiempo y quien decide jugar por detrás no lo es?

Son muchos los interrogantes que se tienen durante la función en que es posible olvidar que nos encontramos en un teatro y creeremos presenciar un acto político privado.

En cuanto las luces se funden con la oscuridad, el vacío se apodera de la sala y el final nos deja helados en una cálida noche de verano.

Funciones: de miércoles a domingos, 21 hs. Teatro: Maipo Kabaret.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

 

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Mentime que me gusta

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ficha-las-esposasExisten obras de teatro que una tiene la intuición y cuasi certeza de que serán gigantes. “Las esposas” (escrita por Daniel Santos y dirigida por Jorge Vieytes) es una de ellas. Pretendiendo estar neutra, cautivé miles de sensaciones a lo largo de la función que tuvo lugar en el teatro Metropolitan.

Realmente considero que desde la dramaturgia, hasta las interpretaciones, ornamentaciones, iluminación, vestuarios y dirección; resulta todo impecable y maravilloso. Es una pieza artística que dura una hora como mucho y que, sin embargo, consigue plasmar un universo literario y actoral increíble. No porque no podamos saber que estos tres artistas lo conseguirían sino porque quisiéramos que siempre las obras de teatro profundicen en las formas, en las búsquedas y en cada uno de sus rincones en que aparece aquella información que servirá para develar el misterio.

Las esposas es un thriller con mucho suspenso en el que por más que nos esforcemos por saber el final, no lo conseguiremos. Lo mejor es disfrutar con nuestros sentidos todo lo que va sucediendo en escena y podremos abstraernos del teatro para inmiscuirnos en este hotel en el que ocurre realmente de todo.

Pero, ustedes, se preguntarán a qué debe su título.

Sebastián Richard se ve en la encrucijada de representar a un personaje muy complicado y difícil. Él deberá no solo engañar a estas dos mujeres sino a nosotros (los espectadores). Dichas tareas serán muy gratas de observar aunque, posiblemente, si somos un tanto ansiosos, tendremos esa adrenalina que nos empalidecerá y sonrojará de un instante a otro.

Milagros Almeida y María Roji serán sus esposas? Claro que sí y claro que no. Aclarar esto sería dar detalles que conllevarían a que la obra pierda su gracia anticipadamente, así que para ello tendrá que comprar su ticket.

La “coherencia” y “sensatez” de su verdadera esposa nos hace dudar a cada rato. No se puede comprender cómo un hombre que está casado no reconoce a su mujer o cómo esta mujer podría llegar a embaucarlo. El hilo del relato nos invita a transitar un camino sinuoso, como de arenas movedizas. Una puerta que se abre, otra que se cierra. Una mujer que ingresa para quedarse, la otra que se va, una tormenta que invade las calles del pueblo, un viaje postergado (quizás), un signo de pregunta que no logra responderse como se pretende, la duda de este hombre que parece desconcertado, un tanto loco, psicótico, lleno de ira o amnésico. O tal vez todo junto.

Una habitación que pareciera estar en terremoto constantemente, que su cama pareciera pretender ser ocupada por un matrimonio clásico y no tan tremendo.

¿Qué resulta más atrapante de la historia?

Los recursos utilizados para narrarla. Sin tener en cuenta este punto fundamental, todo podría desvanecerse en cuestión de segundos. Mantenernos en vilo, sumergidos en la catástrofe de la que seremos testigos no es algo común de ver, al igual que este género tampoco lamentablemente.

No se trata de una obra típica en la que hay que atrapar a un culpable sino en la claridad del director para escoger a los tres actores ideales para que lleven adelante el suspenso, para que nos asfixien de tanto temor o de darnos unos instantes de sonrisas para tenernos de aliados.

Nada de jugar a ser detectives sino a descubrir una encrucijada que tiene tan mal a estas mujeres, de las que no podré brindarles detalles por obvias razones.

Milagros Almeida no deja de sorprender, de llevar bien a la cima su profesión, de ser una actriz talentosísima y de poder compartir su arte. Es ella, sin lugar a dudas, quien parece tener un personaje secundario en sus manos pero que será la frutilla que galardonará a este completo éxito.

El miedo a morir no es tan temido y se arriesgará todo con tal de obtener lo que más se desea: que caiga el/la verdadero/a culpable.

Quien transgreda será quien apriete el gatillo final.

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La osadía femenina

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Ser mujer no es fácil. Sin embargo, resulta maravilloso el desafío diario, la pasión y el amor que debemos dar, las luchas a veces sinsentido pero que, a la larga, son maravillosa. Porque pareciera ser que por haber nacido mujer se esperan de nosotras miles de cosas, dadas por supuestas (claro está) y, de esa forma, se nos quita la libertad que precisamos para movernos y ser como realmente deseamos. Al igual que un hombre…

Mujeres perfectas es la nueva comedia musical de Manuel González Gil y Alberto Alejandro (dirigida por el primero), que destaca a cinco actrices exitosas y las hace lucir como quieren. Con Julia Zenko como fiel exponente por su larga trayectoria y el resto del elenco (Natalia Cociuffo, Lucila Gandolfo, Victoria Onetto y Candela Vetrano) que deleitarán en todo momento, con chistes, bromas, despertando la risa y carcajadas a cada instante. Sí, porque ellas demostrarán, en escena, que es posible reír aún cuando surja el engaño y que la unión hace la fuerza. Al ver esta historia recordé La vagina enlutada, solo que los rumbos son algo diferentes pero la idea semejante. En esta oportunidad no están de luto estas amigas sino que no tienen una pasión que se apodere de ellas. Una más estructurada que otra, otra más suelta, otra más rebelde. Las personalidades y sus carismas, chocan y se acarician al mismo tiempo durante una fiesta un tanto atípica. Celebrar un divorcio nunca ha sido tan novedoso ni entretenido, sobre todo porque juntas descubrirán que tienen más en común de lo que sospechaban.

Lo más curioso es que el champagne les deshinibirá hasta que el “culpable” sea descubierto de la peor manera. El alcohol, en esta ocasión, no las hará más borrachas sino más fuertes y valientes; demostrándoles que tendrán una nueva misión para ganar dinero y ser felices. Si es que las carmelitas descalzas no existen en el grupo y quien pretenda tener algunas de sus características perecerá.

Mujeres perfectas es un musical para disfrutar durante un poco más de una hora y media, con una puesta en escena espectacular, pudiendo contemplar tonalidades azules y de otras gamas que harán contraste con el vestuario en blanco y negro. Sí, porque ellas se desplazarán por la fiesta con estos “colores” que son de por sí neutros, como si estuvieran hace tiempo esperando el color para lucir, aquél que les surja desde el corazón con una sonrisa eterna.

Diálogos que van y vienen, algunos banales, otros profundos y frases que quedarán resonando en el aire hasta que le encuentren el sentido. El sentido que les devuelva la esperanza de vivir de verdad, sin considerarse entes que cumple y tienen obligaciones pero no placeres.

Con un recorrido por canciones de diversos ritmos (todas traducidas al castellano y adaptadas al argumento de la dramaturgia) es que las actrices traspasan las tablas, se comunican con los espectadores y brillan cada vez que les toca el momento de entonar las más preciosas melodías: Bailando en las veredas (Raúl Porchetto), La marcha de la bronca (Pedro y Pablo), Crimen (Gustavo Cerati), Una canción diferente (Celeste Carballo), Las cosas tienen movimiento (Luis Alberto Spinetta), Soy lo que soy (Sandra Mihanovich), Somebody to love (Queen), Avanti morocha (Caballeros de la Quema); son algunas de las canciones que desfilarán y nos permitirán cantar junto a ellas (al menos con nuestro interior).

Imposible no aplaudir de pie esta propuesta, este gran acierto para llevar al Teatro Apolo y los detalles que se tienen en cuenta por doquier.

Se dice que las mujeres nos criticamos y envidiamos siempre. Bueno, hombres, esta es la prueba de que eso no es así como dicen. Ellas se unen, se compadecen, se alientan y claro que antes se sacan el cuero como es debido. Porque son muy sinceras, demasiado. Y eso es realmente bueno para que, después, construyan su aventura que nos dejará boquiabiertos.

Mucho rock, mucho entusiasmo, mucho power y una velada más que increíble. Si creíste haber visto todo sobre el universo femenino, ¡Mujeres perfectas te demuestra que aún hay más!

Mariela Verónica Gagliardi

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Una transformación radical

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ficha-lord«Le pedí a Dios que me dejara estrenar esta obra». Esas fueron las palabras que dijo al final de la función el creador del musical Lord: Pepe Cibrián Campoy.

Si así hubiera comenzado, nuestros ojos se habrían empañado de lágrimas sin dejaron ver la magnitud de la historia.

Dejando de lado la enfermedad que tiene Pepe, en primera instancia hay que aplaudir y celebrar junto a él la vida. Porque hay que tener pasión por lo que se hace para subirse al escenario, cantar y actuar; desplazándose de un escenario a otro, de un ambiente a otro, de una época a otra.

Celebrando navidades de antaño, con vivos y con muertos. Sin temerle a Lady Parca, acercándose a ella, siendo asesorado por ella, creyendo que siempre se está a tiempo para cambiar, para decidir ser una mejor persona, un humano que no solo es avaro sino padeciente. Porque tantas veces a los mortales nos cuesta asumir el dolor y el sufrimiento; creyendo que lo mejor es simular una sonrisa por más que el corazón se encuentre roto en pedazos.

¡¿Qué decir de la puesta en escena?!

Maravillosa, con unos relojes de diferentes tamaños (de los que se observa su correspondiente engranaje), con los luces alrededor de diferentes tonalidades, con unas sillas de estilo, con unos vestuarios asombrosos que recrean momentos especiales del musical y su historia.

Lord es una comedia musical para sensibilizarse, para amigarse con el pasado, para llorar si es necesario y, por sobre todas las cosas, para perdonarse.

Él es avaro. Sí, es muy materialista y pareciera ser que su vida gira en torno al oro, al maltrato para con sus sirvientes y al deshonor que tiene hacia el prójimo. Cabe aclarar que nada de eso es real. A veces es más simple no tener vínculos cercanos e íntimos para evitar desilusiones futuras; sin tener en cuenta que el no tenerlos nos puede hacer aún más desdichados.

Porque las lágrimas de Lord son de congoja, de ocultarse tras la fortuna económica, de negar el paso del tiempo y a su familia, de recordar que su mujer e hija ya no están en este mundo y, sin embargo, continuar con el maltrato hacia todo el que se le cruza en el camino. Pero, un buen día, la muerte se le presenta delante y ahí no le queda más alternativa que amigarse con ella para tener una agradable partida.

La orquesta a cargo de Santiago Rosso compone la atmósfera necesaria para convertir la muerte en la poción más atractiva, seductora y cautivante; permitiéndonos disfrutar de distintos ritmos. Así, de la mano de la directora Valeria Ambrosio es que todo resulta perfecto, impensado y muy sensible.

Quisiera poder transmitir la atmósfera de sensaciones vividas en el Teatro Astral y se me hace imposible. A veces quisiera tener un recipiente en el que juntarlas para poder volcarlas en papel. Como los aromas aún sin fragancia y todo síntoma de buen o mal augurio.

Lord es un hombre que tiene todo y más para ser feliz pero que no supo aprovecharlo. Entonces, lo único que le queda por delante es preparse para tener una mejor muerte. Porque algo pareciera existir del otro lado de la frontera. Algo que le ponga el hombro en el cual descansar, por más que no pueda llevar consigo todo el dinero acumulado. Un tiempo que transcurre, que gira, que ya no vuelve y con el que ya nada se puede hacer. Un humano que sufre pero que logra revertir las agujas del reloj para ser feliz y seguir de pie dándonos la calidez de sus espectáculos musicales.

Con respecto a las interpretaciones, es posible deleitarse con cada una de ellas. Sin embargo, Diego Bros hace un trabajo tan brillante como cada uno de los personajes que compone, demostrando su destreza física que logra transformarlo en lo que quiera y como quiera. ¡Su cuerpo y su voz están a su merced! Belén Pasqualini convierte su voz en evocación y mantiene un cuadro junto a su padre que también induce a la transformación. Damián Iglesias conmueve como siempre con su encanto, Jimena González le devuelve la ternura y compasión a su abuelo y así cada uno de los actores consigue lucirse en algún momento de la obra; conformando un conjunto de retazos que, cuando están listos, podrán ser soltados al aire para que el más afortunado los tome y construya su propio destino.

Sin Georgina Barbarossa el aire renovador, fresco y chispeante no podría conseguirse. Es el alma de la muerte pero renovada. Una muerte a la que no es posible temerle sino que invita a la reflexión y al disfrute.

Claro que el resto del elenco brilla también, tiene su momento de esplendor, de demostrar su canal vocal de, en conjunto, danzar unas coreografías muy atractivas y de plasmar la magia de la Navidad en todo momento.

Porque una de las preguntas que surgen cuando se acerca dicha fiesta es qué cocinará cada uno. Y la presencia del pavo pareciera no poder eludirse. Pero, un brindis -aquel que nunca tuvo- consigue recrearse. Entonces, este hombre que simulaba frialdad no es más que un niño en busca de alegrías, de crear lazos por doquier y de mirar hacia adelante.

Solo así, la muerte no lo sorprenderá sino que lo invitará a un nuevo amanecer.

Mariela Verónica Gagliardi

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La barbarie militar

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ficha-lapicesAño 1976, la dictadura más sanguinaria, turbia, violenta, que se llevó a miles de jóvenes -a los que incluso se privó de un nombre y apellido-. Esta es la historia que con música de rock nacional nos trasladará a La noche de los lápices, uno de los sucesos más conocidos durante dicha etapa y en la cual simplemente se pretendía (pretendían) velar por los derechos de los estudiantes.

Lápices, un musical con memoria es un proyecto llevado adelante por un grupo de talentosos, a raíz de su proyecto de graduación de la carrera de coregrafía de la UNA (Universidad Nacional de las Artes). El libro, dirección y coreografías están a cargo de: Sol Cardozo y Paula Grosse, quienes demuestran su perfeccionismo y sensibilidad en cada detalle.

No quisiera dejar de lado a la atmósfera de sensaciones recurrentes que se pudieron lograr desde el escenario y hacia la platea durante el musical. Es cierto que la temática contribuye a conseguirlo pero también es real que las canciones

Un Centro de Estudiantes que lucha, hasta el cansancio, por una sociedad más justa, igualitaria y en la cual los tengan en cuenta a los jóvenes. Al mismo tiempo que ciertos adultos, padres, intentan y pretenden acallar toda protesta estudiantil, con mucho temor por lo que podría ocurrir, por la cobardía de quienes jamás se involucran en algo o, simplemente, por considerar todo como tabú y revolucionario.

Muchas veces lo más valioso es ultrajado y despojado de toda razón y sentimiento. Esto pasó, pasa y, posiblemente (si no se modifican ciertas cuestiones fundamentales) seguirá ocurriendo por el tiempo de los tiempos. Como si todo lo conseguido se esfumara de un soplido y los rostros de los luchadores en yeso, en cristal, en algo que puede derrumbarse y ultrajarse por despecho, por inseguridad, por pretender controlar hasta la respiración de una embarazada y robarle a su criatura a momentos de nacer. Esto es lo que se respira, así como el amor que todo lo puede, por el que a fin de cuentas siempre se persiste en pie y vivo aún cuando el cuerpo indique lo contrario.

Entonces, con la danza de Sol Grassi puede vibrarse toda una sintonía en que los valores siguen latentes, buscando por diquier a su amado, sumiéndose en un mar de lágrimas pero jamás abandonando su propósito. Sumado a ella, la presencia de Ignacio Bernárdez (quien encarna al rol de su novio), con una cadencia de movimientos y voz que se proyectan hasta lo más profundo. Claramente que son ambos acompañados por un cuerpo artístico y técnico que permiten hacer de este musical un producto de altísima calidad.

Lápices que se caen de los pupitres, unos pupitres que -de a poco- quedan vacíos, sin explicaciones ni refugios, sin olvidos pero con un nudo en el pecho por el que resulta casi traumático respirar sin asfixiarse.

Este musical, sin lugar a dudas, que debe continuar desfilando por los teatros, mostrando su gran creatividad y resaltando por las coreografías en que los cuerpos esbozan todo lo que la voz no alcanza a sufrir.

Cabe resaltar que los protagonistas de esta historia están muy comprometidos con el argumento y esto se puede observar en cada canción y tema interpretado, fusionando su expresividad y no dejando que solo unas notas sueltas sean aplaudidas. No siempre la comedia musical puede cumplir con este aspecto y menos aún cuando es menester involucrar el sufrimiento en la voz, permitiéndole que se quiebre cuando corresponda y que renazca al instante en un siguiente acto.

Una puesta en escena, a pulmón, demuestra cómo se puede cuando se quiere, haciendo prevalecer el talento de este elenco y otorgándole una dirección increíble a cada momento, involucrándose y logrando que todo fluya.

A su vez, un gran repertorio del rock nacional, en el que puede escucharse temas de Fito Páez, Mercedes Sosa, Sui Géneris, entre otros; es el que le da el vuelo necesario a esta cruel y sanguinaria etapa de la historia argentina y que, todos los presentes, podamos unirnos como es necesario para que no se repita en ninguno de sus aspectos. Porque hay quienes siguen afirmando que la “mano dura” es necesaria, que “en la época de los militares se podía estar más seguro”, y si bien son una minoría, quizás esa minoría se encuentre en ascenso y por ello el presente que nos toca atravesar.

Seamos conscientes, respetemos pero no creamos cualquier discurso propagandístico, ni avalemos la tortura -en ninguna de sus formas-. Sobre todo para que la lucha y “rebelión” defendida y llevada adelante por los más valientes, no sea olvidada como los 30 mil desaparecidos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Tan superficial como el maquillaje

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ficha-la-vida-felizLa imagen principal de la obra es una pareja de futuros esposos. Como la tradicional que solemos llamar “muñecos de torta”, por su perfección innata. Claro que al conocer los pormenores, sabremos detalles tan profundos como el amor y el desengaño.

Resulta increíble aceptar que la alegría de uno puede resultar la envidia del otro, que el sueño más grande de uno podría opacar el anhelo del otro y que, en definitiva, los humanos somos tan extraños y complejos que pareciera imposible tomarse una fotografía que transmita el sentir más angustiante.

¿Qué es lo más trascendente de La vida feliz ()? Absolutamente todo. Y por más exagerado que parezca, les aseguro que no lo es. Se parte de una premisa: el síndrome de Estocolmo, pero se utiliza, hábilmente, el engaño, la manipulación, la esquizofrenia, la paranoia, la inseguridad y todo mecanismo que se cruce por sus mentes para transformar el caos en quietud. Para que todo lo establecido por alguien externo, pueda delinear un film perfecto, una foto bien tomada y la felicidad no conseguida.

Es entonces cuando como público nos disponemos a observar a una pareja que está a punto de celebrar su matrimonio con una gran fiesta en medio del campo. Pero, antes de que la misma pueda llevarse a cabo, los dos jóvenes tendrán algunos encuentros y desencuentros dentro de una única habitación: el baño. Allí dentro estarán cerrados y agobiados, sintiendo la insatisfacción que les produciría hacer lo que en verdad no desean. Todo lo que algunos tildan de ridículo e hipócrita (acerca del matrimonio), estará representado al máximo en esta puesta en escena.

Verdaderamente una dramaturgia bien interpretada, que nos lleva hacia los años cincuenta, o al menos así lo percibo por las tonalidades en blanco y negro que se utilizan, con una iluminación blanca que los enfoca en todo momento, de la que no podrán escapar al igual que de esas miradas por parte de las familias y amigos (que no vemos) pero que podemos vibrar por la congoja que ambos sienten.

Existen muchísimos simbolismos y metáforas que surgen desde los primeros instantes en que se inicia la historia. Una historia que no se puede decir que es trágica, sino dramática. Que incluye al amor en todas sus formas y que si juzgáramos sus agresiones nos convertiríamos en seres desconocidos para nosotros mismos.

No existen parejas perfectas como el diseño del flyer, no existe la paz absoluta más que en la muerte, no existe la elección personal cuando se toma la ajena, no existe el poder llenar un vacío de amor con celebridades y lujos. Todo se construye de a dos, y cuando esto no ocurre aparecen los famosos reproches, las culpas, la discordia, el olor a podrido y todo lo que podría inspirarse en un toilette. Quizás por eso el cuarto escogido para la representación sea un baño: porque una relación que no tiene futuro y no piensa ser deshecha caerá en el mismo tacho en que caen los papeles higiénicos y la misma pileta que gotearán las lágrimas de bronca y dolor.

La vida feliz plantea lo que significa estar encerrado en sí mismo, en una pareja que enferma más de lo que reconforta, en la locura por calmar la desesperación y en el olvido de que es posible sentir alegría en vez de compasión por uno mismo.

Todas las miserias quedarán en la bañera en que se suceden algunas de las acciones, en el agua que corre sin sentido, en los mosaicos que escuchan los golpes y en la voz femenina que va contribuyendo en la extinción de lo poco bueno que podía quedar.

¿Salir de la mano o quedarse a perecer?

Quizás sea parte de lo mismo, de una “aventura” que podría conducir al suicidio en vida y al odio tan recalcitrante como el secuestro de la nada misma y del todo buscado en lo más hondo de un inodoro.

Mariela Verónica Gagliardi

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El significado de la vida

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ficha-el-diccionarioEscuché hablar sobre esta obra a una señora mayor, muy entusiasmada. Me la recomendó. No me agrada demasiado decir «soy periodista», «soy crítica» ni mostrar una credencial; sino estar abierta a escuchar a la gente, al público, que es quien tiene la real certeza y convicción de que una obra sea o no exitosa.

Pasaron unos meses y finalmente me tocó el día de ver esta maravillosa pieza artística llamada El diccionario (de Manuel Calzada Pérez). No había leído material alguno con antelación ni opiniones acerca de la dramaturgia. Así fue como salí cautiva por el texto, las actuaciones, la dirección y cada uno de los detalles que se tienen en cuenta a lo largo de la función.

Marta Lubos interpreta a una ex bibliotecaria (casada con un hombre, encarnado por Roberto Mosca) que tiene el afán de hacer su propio diccionario. Embarcándose en esta gran aventura profesional, irá atravesando momentos de juego, otros de tensión y sin darse cuenta habrán pasado varias décadas. Durante tantos años ella cambió, envejeció, maduró y tuvo la pasión infinita de ser a través de su profesión. No todos los humanos tienen la oportunidad de entregarle su vida a un proyecto, y más aún cuando se encuentran solos para llevarlo adelante.

Unas palabras y definiciones precisas que cobran sentido solo en su boca, en sus movimientos y expresiones; que le otorgan nuevos significados al enfermar pero jamás le indican que renuncie a su sueño -el único que la mantiene viva en mayúsculas-.

A través de los diálogos es posible analizar tantas cosas, aunque algunas quedarán más grabadas que otras según quien observe.

Por un lado estará Daniel Miglioranza desempeñando a un médico súper científico que se verá en la encrucijada de estudiar el caso de su paciente según la medicina o quitarse un poco del camino y conocer bien sus propósitos.

Recuerdo cuando era chica que suponía que solo los ancianos morirían y no imaginaba tragedias de sus desenlaces. Acá entonces se suceden situaciones que angustian muchísimo que nos permiten acercar a la muerte y nos dan la mano para que conozcamos ciertas enfermedades degenerativas que palidecen a quienes brillaron en cierto momento.

El diccionario es una obra de teatro dramática para sentir con el corazón y secar las lágrimas con un pañuelo de tela bordado. Porque un matrimonio tendrá que salir adelante como sea, porque está solo y sin la ayuda de otros, porque el rol del médico no será un mero rol sino la conexión entre el sentido y la realidad de su paciente.

Porque el olvido podrá ser del cerebro pero nada más. Y aunque la memoria falle y todo parezca oscurecerse, el deseo es aquello que salva en la adversidad.

Morir en soledad o en compañía no es lo mismo, aunque tantas veces el que queda sí debe asumir su propio fallecimiento. Una muerte sin dolor o con éste, sentida o extinguida.

Un diccionario que pareciera haberse convertido en enciclopedia después de tanto tiempo de búsquedas, análisis y dedicación. De dejar asuntos importantes de lado y focalizarse en lo que más le importaba. ¿Porque quiénes somos para juzgar lo que una persona debe hacer?

Cabe resaltar la delicadeza y profesionalismo de Lubos para interpretar la esencia de esta mujer que va sufriendo muchísimas mutaciones a lo largo de los años y que consigue plasmar en cuestión de minutos.

Cada vez que recuerdo esta historia se me nubla la vista, recuerdo el verdadero significado del amor y el gran deleite que tuve al presenciar el arte en escena. Porque eso es El diccionario: arte en toda su dimensión, con tres actores que marcan excelencia, que emocionan y se convierten en las piezas fundamentales para que esta dramaturgia tenga el verdadero sentido de la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Profundas confesiones que sanan el alma

la-vagina-enlutada

ficha-la-vagina-enlutadaEstoy convencida de que un título es el que produce acercamiento o alejamiento. También considero que esto es un arma de doble filo ya que entraría en juego el prejuzgar sin conocer de qué se trata la propuesta.

Me acerqué a la última función de La vagina enlutada (en el Teatro El Tinglado) sin ser atraída por su título. Tuve en cuenta a ciertas actrices del elenco para saber que dicho encabezamiento no tendría que ver con su contenido verdaderamente. De hecho, antes de ingresar a la función estuve intercambiando unas palabras con alguien del público y ambos coincidimos en que si nos dejábamos llevar por dicho título, podríamos imaginarnos al instante un producto de la Av. Corrientes.

¿Qué decir de las cinco breves historias femeninas que componen e integran a un grupo de amigas?

Ellas muestran cómo, cada una, sufre a su modo, conserva el dolor y lo suelta cuando está preparada. Como si se tratara de un momento preciso para decir adiós o perdón o piedad.

De ninguna manera esta obra es sobre feminismo sino sobre el costado más tierno, vulnerable, gracioso, doloroso y angustiante que puede tener cada mujer. Que podemos trasladar nosotras a lo largo de nuestras vidas porque, tantas veces, queremos demostrar que somos el sexo fuerte y eso es algo que a estas alturas se sabe.

Un libro escrito por Walter Ghedin y adaptado para el teatro, para cinco actrices se distinguen por sus interpretaciones, que vuelan con sus historias, que las sueltan al aire para que nos las apropiemos y sintamos que no estamos solas. Pero, como decía anteriormente, no es una obra feminista sino sobre mujeres. Así que los hombres presentes podrán conocer un poco más sobre nuestro universo y no sentir bronca cuando en verdad precisamos una caricia o un abrazo o un beso.

Ahora bien, el argumento se centra en el velorio de uno de los maridos. A partir de dicha despedida, saldrá a la luz un secreto muy bien guardado. Y, a partir del mismo, podrá descubrirse que quien simulaba ser la más notable tiene una sensibilidad para compartir y compadecerse del dolor ajeno. Porque no siempre se hace lo que se quiere sino lo que se puede, y en La vagina enlutada esto es una gran verdad. Porque nunca es tarde para remendar un error y no siempre es necesario contar todo para sanar. Quizás estar en el momento indicado es un gran aliciente y una valentía que demuestra el valor brillante.

Si la dramaturgia fuera sobre el mundo de los hombres, quizás algunas matices diferentes podríamos encontrar. Claro que no puedo hablar de hipótesis ni supuestos sobre algo que no es. Solo confesarles que el próximo año cuando vuelva esta obra a la cartelera porteña, vayan sin dudarlo. Y no porque sea una orden imperativa de mi parte sino porque es un refugio en el que todos podemos sentirnos reflejados, ya que los sentires y sentimientos surfean sin aguas y caen por su propio peso en una estación de tren, en la espera que se hace eterna y la angustia que se convierte en motivo de explayarse hacia el pasado, hacia mentiras que posiblemente no hayan sido por maldad sino por la necesidad de hacer algo por impulso, por el deseo de sentirse únicas.

¿Qué mujer no quisiera tener el lugar que desea o se merece?

Sin llevar una bandera que diga cuáles son nuestros derechos, éstos se dan por sentado. Porque vivimos en un mundo ¿civilizado?

En un mundo donde, al menos en esta oportunidad, los hombres no se ven en materia física, ni se escuchan más que por los retazos de recuerdos que ellas esbozan. Es posible entrecerrar los ojos y sentir más cercanamente. Vincularse con los diálogos y monólogos, pedirles permiso para escuchar y emocionarnos durante la estadía en el pueblo del interior donde transcurre el acontecimiento. Imaginar cada paisaje, cada cuarto, cada escena y colocar, entonces, los objetos necesarios en nuestra mente caprichosa.

La vagina enlutada es la reconstrucción que merecemos las mujeres, las heterosexuales y las homosexuales, las que nazcan y las que escojan. Con una dirección impecable (a cargo de Gastón Marioni) y la oportunidad de ver a actrices con una gran trayectoria y talento, allí, quietas y latentes, movedizas e inquietas. Así son y así tendrán que ser para todo aquel que las observe recuerde que un silencio no es vacío sino una necesidad.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Orgullosa de Evita

fanny-y-el-almirante1

ficha-fanny-y-el-almiranteCon una escenografía que nos ambienta inmediatamente en los años 50´, es que comienza esta historia. Una historia que fue real, pero será narrada brutalmente cómica por momentos para que podamos digerirla sin oponernos. Como saboreando un helado de chocolate al que no podríamos jamás decir que no.

La Revolución Libertadora le abre las puertas a un grotesco sin igual, muy bien interpretado por los cuatro artistas en escena, con un libro punzante como debe ser y con la fina pluma de una gran directora que los sabe llevar por cada uno de los recovecos de esta era.

Así es como “Fanny y el almirante” (dramaturgia de Luis Longhi y dirección de Tatiana Santana) nos invita ser espectadores de un íntimo y desagradable encuentro entre este personaje funesto de la historia argentina y la delicada actriz-amiga de Evita.

La iluminación cumple un rol central en la obra porque, gracias a ella, seguimos (al igual que en una película) lo que se quiere perseguir. Los relatos tienen mucho del séptimo arte y también de lenguaje teatral, una combinación perfecta para lograr la inmediatez y efectividad en cada una de las escenas desarrolladas.

En menos de una hora de reloj se puede conocer la síntesis y fragancia de lo que fue ese año 1955 en el país, de lo que había que callar y omitir para subsistir y de lo que había que aferrarse cuando se trataba de defender ideales hasta el hartazgo.

Nacida en 1920, Fanny Navarro (Rosario Albornoz) tuvo la suerte y desdicha de haber sido muy afín a la gran Evita. ¿Por qué digo esto? Porque podría haber dejado de existir en cuestión de segundos si el almirante (Luis Longhi) lo hubiera así ordenado. Porque con tan solo observar su dedo, habría visto relucir un anillo que su amiga le regaló en cierta ocasión y que no quiso quitarse jamás. Porque bastó que el autoritarismo se le plantara con graciosa voz, para que ella estuviera más segura que nunca de permanecer fiel a su sentimiento -sabiendo que no estaba cometiendo ningún crimen-.

Un cierto día, ella es llamada para una reunión (recibida por el secretario y Marino, interpretado por Lalo Moro). Su madre (Karina Antonelli) la acompaña totalmente temerosa y es así como se desarrollan unos diálogos deleitosos. A través de éstos, podremos reír a carcajadas burlándonos irónicamente del submundo recreado por estos uniformados, para ingresar en el código del grotesco y terminar lagrimeando -prácticamente en shock-.

Gracias Tatiana por dejarnos pasar una noche tan realista, tan cargada de todo lo que hace falta para no titubear entre lo que fue y será. Porque la excelencia de esta directora en todo lo que hace, permite que la política se escabulla sin que (quienes no son amantes de ésta) la sintamos. Si no se supiera de lo que se está hablando, bien podría tratarse de una reunión durante la cual un hombre intenta y pretende seducir a su presa. Una presa ingenua que reposará hasta dar el primer paso. Ahora, adentrándonos en el plano político, Fanny pudo haber tenido una mejor carrera en la que brillar pero escogió la que su corazón le dictó. ¿Existe acaso mejor elección?

¿Se puede borrar una amistad, un orgullo, una creencia, solo por temor a?

Como si fuera poco, tuvo una relación estrecha con Juan Duarte (hermano de Eva), la cual desencadenó en una casi tragedia desde el momento que apareció muerto.

Y en lo que respecta a los inicios de la vida política de Fanny, en 1949 se afilió al Partido Peronista, logrando militar a diario. Lo más curioso fue que cuando se enteró Evita, le otorgó un puesto: «La felicito. Desde hoy es la presidenta del Ateneo Cultural». Desde este lugar, claro que ella conseguía transmitir el mensaje del partido pero de una manera más “elegante”.

De ahí en más, los días de Navarro fueron potencialmente cargados de pasión, adrenalina, amor y tristeza al ser descubierta. Como si se tratara de una rata que apesta. Así fue juzgada por Próspero Fernández Alvariño, este hombre que como todos los de su clase creían que podían hacer titubear a cualquiera que no los obedeciera a estos ladrones de patria.

Pobre, devastada, sin trabajo, viviendo con su madre, sin el amor de su Juan y sin Evita; Fanny acudió a esa charla ingrata. Claro que el golpe bajo tuvo que ser dado y el remate de la obra se da de tal modo que nos deja atónitos.

Para quien conozca la cronología de los hechos podrá saber de qué trata, aunque lo mejor es presenciar la puesta en escena despojados de tanta información. Sumergiéndonos en el lenguaje que se plantea, absorbiendo aquellos momentos de escalofríos -pudiendo sonreír al comienzo de la dramaturgia, para luego quedar en el letargo-.

Mariela Verónica Gagliardi