*** Octubre 2017 ***

lord1

ficha-lord“Le pedí a Dios que me dejara estrenar esta obra”. Esas fueron las palabras que dijo al final de la función el creador del musical Lord: Pepe Cibrián Campoy.

Si así hubiera comenzado, nuestros ojos se habrían empañado de lágrimas sin dejaron ver la magnitud de la historia.

Dejando de lado la enfermedad que tiene Pepe, en primera instancia hay que aplaudir y celebrar junto a él la vida. Porque hay que tener pasión por lo que se hace para subirse al escenario, cantar y actuar; desplazándose de un escenario a otro, de un ambiente a otro, de una época a otra.

Celebrando navidades de antaño, con vivos y con muertos. Sin temerle a Lady Parca, acercándose a ella, siendo asesorado por ella, creyendo que siempre se está a tiempo para cambiar, para decidir ser una mejor persona, un humano que no solo es avaro sino padeciente. Porque tantas veces a los mortales nos cuesta asumir el dolor y el sufrimiento; creyendo que lo mejor es simular una sonrisa por más que el corazón se encuentre roto en pedazos.

¡¿Qué decir de la puesta en escena?!

Maravillosa, con unos relojes de diferentes tamaños (de los que se observa su correspondiente engranaje), con los luces alrededor de diferentes tonalidades, con unas sillas de estilo, con unos vestuarios asombrosos que recrean momentos especiales del musical y su historia.

Lord es una comedia musical para sensibilizarse, para amigarse con el pasado, para llorar si es necesario y, por sobre todas las cosas, para perdonarse.

Él es avaro. Sí, es muy materialista y pareciera ser que su vida gira en torno al oro, al maltrato para con sus sirvientes y al deshonor que tiene hacia el prójimo. Cabe aclarar que nada de eso es real. A veces es más simple no tener vínculos cercanos e íntimos para evitar desilusiones futuras; sin tener en cuenta que el no tenerlos nos puede hacer aún más desdichados.

Porque las lágrimas de Lord son de congoja, de ocultarse tras la fortuna económica, de negar el paso del tiempo y a su familia, de recordar que su mujer e hija ya no están en este mundo y, sin embargo, continuar con el maltrato hacia todo el que se le cruza en el camino. Pero, un buen día, la muerte se le presenta delante y ahí no le queda más alternativa que amigarse con ella para tener una agradable partida.

La orquesta a cargo de Santiago Rosso compone la atmósfera necesaria para convertir la muerte en la poción más atractiva, seductora y cautivante; permitiéndonos disfrutar de distintos ritmos. Así, de la mano de la directora Valeria Ambrosio es que todo resulta perfecto, impensado y muy sensible.

Quisiera poder transmitir la atmósfera de sensaciones vividas en el Teatro Astral y se me hace imposible. A veces quisiera tener un recipiente en el que juntarlas para poder volcarlas en papel. Como los aromas aún sin fragancia y todo síntoma de buen o mal augurio.

Lord es un hombre que tiene todo y más para ser feliz pero que no supo aprovecharlo. Entonces, lo único que le queda por delante es preparse para tener una mejor muerte. Porque algo pareciera existir del otro lado de la frontera. Algo que le ponga el hombro en el cual descansar, por más que no pueda llevar consigo todo el dinero acumulado. Un tiempo que transcurre, que gira, que ya no vuelve y con el que ya nada se puede hacer. Un humano que sufre pero que logra revertir las agujas del reloj para ser feliz y seguir de pie dándonos la calidez de sus espectáculos musicales.

Con respecto a las interpretaciones, es posible deleitarse con cada una de ellas. Sin embargo, Diego Bros hace un trabajo tan brillante como cada uno de los personajes que compone, demostrando su destreza física que logra transformarlo en lo que quiera y como quiera. ¡Su cuerpo y su voz están a su merced! Belén Pasqualini convierte su voz en evocación y mantiene un cuadro junto a su padre que también induce a la transformación. Damián Iglesias conmueve como siempre con su encanto, Jimena González le devuelve la ternura y compasión a su abuelo y así cada uno de los actores consigue lucirse en algún momento de la obra; conformando un conjunto de retazos que, cuando están listos, podrán ser soltados al aire para que el más afortunado los tome y construya su propio destino.

Sin Georgina Barbarossa el aire renovador, fresco y chispeante no podría conseguirse. Es el alma de la muerte pero renovada. Una muerte a la que no es posible temerle sino que invita a la reflexión y al disfrute.

Claro que el resto del elenco brilla también, tiene su momento de esplendor, de demostrar su canal vocal de, en conjunto, danzar unas coreografías muy atractivas y de plasmar la magia de la Navidad en todo momento.

Porque una de las preguntas que surgen cuando se acerca dicha fiesta es qué cocinará cada uno. Y la presencia del pavo pareciera no poder eludirse. Pero, un brindis -aquel que nunca tuvo- consigue recrearse. Entonces, este hombre que simulaba frialdad no es más que un niño en busca de alegrías, de crear lazos por doquier y de mirar hacia adelante.

Solo así, la muerte no lo sorprenderá sino que lo invitará a un nuevo amanecer.

Mariela Verónica Gagliardi

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