*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Yo me bajo del barco antes que se hunda

Almas ardientes2

Santiago Loza convoca a nueve actrices para las cuales escribe, especialmente, sus relatos. Cada una de ellas se diferencia de la otra con respecto a la personalidad pero, las une, la soberbia, el glamour y la misma clase social.

Este dramaturgo no necesita demostrar que sus guiones son interesantes y atrapantes ya que cada historia narrada por él, se convierte en éxito. Estoy convencida de que su humildad como persona e inteligencia lo dotan de esa sensibilidad tan profunda como para que capte hasta el más mínimo detalle de un dedo lastimado, sangrando.

Sus relatos son sonoros, sin escuchar voces o palabras. Cautivan, estremecen y enloquecen a cualquier persona. Y no me refiero a la locura extremista que permite desvariar sino a la creatividad que nace de la mente y el corazón, logrando un paraíso en el que convergen sensaciones tan distintas unas de otras.

Los primeros datos de “Almas ardientes” son físicos. Se recurre al dolor, entendido y vinculado a lo que se siente según lo que se ve, a lo científico y pragmático. Luego, una vez que se entiende el concepto y metáfora, se transpola a lo que no se puede comprobar de ninguna manera. Un corazón llora sin lagrimas liquidas, aunque su mal funcionamiento es producto de malos estragos.

“Almas ardientes” es el resultado de dos talentosos como Loza y Alejandro Tantanian que deciden contar -a través de distintos recursos como: videos, música en vivo y teatro tradicional- la crisis del 2001 en Argentina. Habrá opiniones encontradas, diversas, similares, iguales y durante la historia podremos observar monólogos, diálogos cotidianos entre estas nueve amigas, conocer sus vidas superficiales y banales; hasta descubrir que todo lo que hacen y dicen es para no sufrir ni tener conciencia de la realidad.

A través del alma se puede ver quien es quien, conocer sus pasiones, tristezas y demás emociones. Cada personaje estará muy bien caracterizado y al tratarse de artistas conocidas, cada espectador tendrá la posibilidad de sentirse reflejado o encontrar alguna coincidencia con al menos una frase que emitan.

Pensar que el 2001 quedo tan atrás y tan cerca a la vez. Al recordar los sucesos puedo notar cómo se ven plasmados en esta obra, de una manera respetuosa y punzante a la vez. Me parece formidable el manejo de los tiempos, que de a poco, suman detalles, días, años de esa época pasada, que continua pisando el presente.

Al igual que en «Mau mau», la clase alta observa -por encima del hombro de los más pobres-, los acontecimientos, enfrentamientos, conflictos y tragos amargos. Es esta aristocracia berreta la que en los peores momentos sale a nadar, se anota en un curso de literatura para escribir su mirada “tan revolucionaria”, maneja la opinión pública y lleva el control de todo. Hasta que sucede el famoso corralito que tira por la borda cualquier pensamiento rígido y tradicional, permitiendo que la clase media común tome las riendas del descontrol.

Es posible dividir a la obra en dos: una primera parte en la que la comedia toma protagonismo, se torna todo cómico y risueño, disfrutando de la ficción; para luego ingresar de lleno en la segunda parte en la que el drama toma preponderancia.

Aun escucho los cacerolazos de diciembre, aunque durante esta historia no se le presta demasiada atención a las quejas sino a lo que significa la misma, ya que estas mujeres sienten incomodidad día tras día y les molesta esa sensación en el cuerpo. Las asfixia diría. No están acostumbradas a pasarla mal sino a tener problemas íntimos que saben contemplar de alguna forma. Esta dosis de realidad vino concentrada y el taller literario, liderado por una de ellas a la fuerza, no les serviría para distraerse sino todo lo contrario.

La Argentina, su país, su sociedad, todo lo que significa un Estado; les dará un mensaje que tendrán que comprender. Vulgarmente diría: nadie tiene la vaca atada. Dentro del contexto y la debacle no puedo pronunciar frases eruditas porque brota en mi la bronca y la desidia. ¿Cómo imaginar un futuro cuando todo se iba disgregando rápidamente? ¿Cómo pensar en siquiera un mañana, si nos estábamos hundiendo?

Hay que hablar en plural, sentirse parte -por más diferencias que existan entre una persona y otra-, entre una clase y otra.

Qué decir de Eugenia Alonso interpretando a una mina careta, incrédula y hasta de plástico. Ella corre, toma sol, seduce, ignora, actúa como sabe y convence con sus discursos a cualquier humano. Podría llegar a decir la ridiculez más grande que se la creeríamos. Y de Gaby Ferrero, intentando huir de sus angustias y citando al Asia como pedido de calma -a la vez que la música evoca esos sonidos tan tenues orientales-.

Y ya que menciono lo superficial, también debo remitirme a los pobres que casi siempre pagan las consecuencias de las malas decisiones tomadas por un gobierno. Para esto, Paula Kohan, canta en dos oportunidades de la dramaturgia: primero mencionando la cantidad de cosas que se podían adquirir, materialmente, en un negocio antes de la caída de De La Rúa y, luego, un paisaje descripto por los matices de su voz, provocando tanta melancolía como angustia. Una cumbia que refleja a la clase más baja y, después, un canto lírico que se corresponde con los más ricos.

Si bien, de a poco, cada una de ellas, retrata su vida y lo que rescatan de la misma; es María Onetto la que produce el quiebre del relato cuando rompe en llanto, sus lágrimas le recorren la cara y ya no existe un retorno a la risa. Ella que desde hacía rato venía pronunciando su descontento con el taller literario, con que no tenía sentido que formen parte del mismo y se negaba a continuar yendo a los encuentros.

Como símbolo de belleza, Santiago Gamardo, se luce como ángel, como masajista y en ningún momento esboza palabra alguna. No es alguien sino un objeto que da placer. Él es el primero en aparecer en escena, desplazar los fondos decorados y pinturas, ocupando el lugar que las damas pretenden. Lo irónico es que no saben su manera de pensar. Quizás si la supieran, perdería el lugar “privilegiado” que ocupa en la vida de cada una de ellas.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Uruguay y Argentina, juntos para crear

Alejandro Balbis40

La música uruguaya tiene un ingrediente de alegría, que le permite a todo nuestro cuerpo sentir adrenalina. Específicamente, la murga, le da la posibilidad a los cantores de transmitir con palabras aquellos versos que, por más que no rimen, son agradables de escuchar.

El objetivo no es una rítmica perfecta ni colocar la voz de una determinada manera, sino desahogarse. Seria algo así como que digan lo que les pasa, el momento en el que están y lo que pretenden, cantándolo.

Resulta imposible no tener ganas de bailar, de saltar y de mover el esqueleto. Pero, cuando Alejandro Balbis, junto a su banda, aparecen, el tiempo se detiene y todas las cámaras fotográficas se desesperan por captarlo. En no es un cantante egocéntrico ni fanfarrón. Balbis es un alma inspirada que ayuda y sana.

La Sala Siranush le abre las puertas para que presente su nueva discografía titulada «Sin remitente», junto al grupo Los caballeros de peluca; sin olvidarse de cómo surgió, de dónde vino y sonando -en todo momento- a murga. Balbis dirigió Acontramano y Falta y resto, participó en discos y recitales de las bandas: Vela Puerca y Bersuit Vergarabat, entre algunas de las más conocidas.

En cuanto a las canciones, tocaron varias del disco anterior (El gran pez, 2009) como: La correntada, Lo que espero de ti, El lugar, Quién, Fiera enjaulada, Gran pez y Nebulosamente. En cuanto al nuevo material (Sin remitente, 2013) sonaron: Por la ventana, Domingo, Boedo en mí, Claroscuro, Madrugué, Cantores callejeros, Sin remitente, entre otras. Existieron los bises, junto a las palmas y alegría contagiada entre todos.

Al finalizar el recital, una chica me comento que una vez fue a uno de sus shows y se sentía mal. ¿Saben que hizo él? Le acaricio el pelo un largo rato. Y no estoy mencionando que el músico haya estado de levante. Alejandro es humano en su integridad y nos valora como publico, nos da una terapia curativa donde los valores resultan ser los protagonistas.

Todos los discos nuevos se agotaron en el stand del hall central. Así, la felicidad del equipo se traducía en una sonrisa inmensa, colmada de agradecimiento. Su humildad no podía imaginar que a principio de mes la gente destinara su poco dinero en un disco. Pero, cuando hay amor hacia un artista, los ahorros existen y, también, la posibilidad de elegir tener canciones que curen a este mundo tan deteriorado en vez de gastarlo en objetos que perecerán en instantes.

Este concierto forma parte del Ciclo Agadu 2014 – Autores del Uruguay en Buenos Aires, el cual realiza un recorrido por los diferentes músicos de tal país y finaliza en el mes de octubre.

Hubiera querido que el escenario dejara de existir para darle lugar a la murga de la gente, que no paraba de danzar. Por los comentarios y efusividad, el público no era improvisado sino fiel conocedor del artista y cada una de sus canciones.

Argentina y Uruguay, unidos por la música y por ese amor mutuo.

La profundidad de las letras te hace viajar por distintos paisajes a los que no se puede llegar caminando ni en un medio de transporte, sino viviendo.

Las experiencias de Balbis están descriptas en cada pentagrama, siendo posibles gracias a los músicos que acompañan y demuestran su talento y vocación en la ejecución de sus instrumentos. Vamos a bailar – se escuchaba en la sala.

Hay que replantearse la existencia para salir conmovido y lleno de amor. Las letras nos ayudan, nos dan ese empujoncito para que nos animemos.

El ahí arriba, caminando de un extremo al otro, aliándose con sus compañeros de ruta y colmándonos de enseñanzas.

Sin remitente apunta a los mensajes anónimos, a los decires compartidos con todos. A esos coros de la ribera, que se escuchan al unísono, que tienen distintas voces pero se conforman como unidad, como propósito.

«Ahora puedo llorar, ahora puedo reír y aprender de la vida que uno marchita antes de morir» – se escucha como estribillo de una de las canciones y lo guardo en mi corazón para aplicarlo cada vez que sea necesario.

Alegría, satisfacción y pasión por la murga; demostrando que es posible hacer sin tener que demostrar. Eso es Alejandro Balbis y su grupo, conformado por músicos uruguayos y argentinos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cada arista define una realidad

La mirada oculta flyer

Cada vez que uno ingresa a la galería de arte Rolf Art, aparece un mundo de imágenes que hablan por sí solas, dando la cantidad de mensajes que estemos preparados para captar.

En esta oportunidad, una muestra titulada como La mirada oculta (con la curaduría de María Carolina Baulo), invita al espectador a descubrir dónde está puesta la observación y, a partir de allí, transitar un camino creativo.

Seis artistas tuvieron su lugar en la exposición que marcó diferencias entre uno y otro, repartiendo las miradas entre una u otra pantalla.

Seis cortos, con distinta duración, pretendieron imponer una ideología bien marcada, sin lugar para el vuelo o delirio. Baulo agrupó dicho material en dos sectores: en uno estaban los tres relacionados con lo sentimental, puramente y, del otro lado, el resto de los cortos más relacionados con el cine.

Narcisa Hirsch, proyectó El aleph, un video centrado en el tiempo, utilizando un reloj de agujas para marcarlo. Imágenes de cuerpos desnudos, una niña, un bebé con su mamá y, el aleph, como centro de su discurso. Frases y palabras rodean este universo, el inconcebible universo.

Marcelo Brodsky, por su lado, con Río, usó como protagonista a las aguas que llevan y traen -constantemente-. Esos sonidos y efectos relacionados, marcan continuidad, repetición.

Gabriel Valansi, partió de una ópera -interpretada por una cantante lírica- que dura unos instantes hasta que se repite la secuencia. Por otro lado, unos ojos son enfocados hasta que el lente los desenfoca. También, realiza el mismo juego con una ecografía, que empieza a notarse como tal, comenzando por unos pixeles. Todas las escenas se centran en el origen y desarrollo basta llegar al objetivo. Por último, otro de los momentos para resaltar es en el que puede observarse un videojuego que cumple la función de localizar una persona.

Silvia Rivas, expuso lo estático (ejemplificado por fotos) como opuesto al movimiento (mar). Las fotos, provenientes de diferentes sectores sociales, lugares, espacios; y el agua como factor purificador, renovador.

Javier Olivera, llevó a cabo un material, realmente, hermoso. Durante una clase de danza, en una sale de ensayo, un grupo de chicas adolescentes gira y realiza movimientos precisos. Mientras tanto, alguien, observa a través de una ventana, a lo lejos. Existe una interesante fusión de imágenes, acompañadas de música chill out. Las miradas de las bailarinas se centran en un punto y gira, a la vez que un ser, desde afuera, fija la suya para no moverla de allí.

Alejandro Thornton, por último, puso el acento y énfasis en lo que ve una niña en medio de la naturaleza. A su vez, ella es observada por alguien que no tenemos la oportunidad de ver y, a partir de ahí, su ojo es enfocado cada vez más de cerca. Es increíble el detalle de un órgano tan delicado. Una vez que observa y es observada, mantiene un diálogo con ella misma. Nunca sabremos qué piensa o pretende. Es tan sólo una nena, inmersa en el campo; intentando equilibrarse entre la tecnología y la naturaleza. Mientras los sonidos de ambas ambientan las escenas, el tiempo transcurre.

La muestra vale la pena recorrerla detenidamente. Hay parámetros en común y diferentes aristas para hablar de una misma temática. Ninguno de los artistas tiene la razón ni la verdad, solo el público podrá sentir más afinidad por uno u otro, al mismo tiempo que identificar su vida o sentir que la mejor opción es dejarse invadir por sensaciones completamente diferentes.

El reloj marca movimiento que jamás podrá ser detenido para pensar. La vorágine actual nos hará formar parte, aún sin quererlo, de la frivolidad más gigante con tal de pertenecer.

La muestra puede visitarse desde el 4 de septiembre hasta el 30 de octubre.

Rolf Art (Dr. Gervasio Posadas 1583 PB A – C.A.B.A.).

Abierto de lunes a viernes de 11 a 20 hs.

Entrada libre y gratuita.

Mariela Verónica Gagliardi

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Poder decir adiós, es crecer

La realidad3

¿Cómo se puede hacer para sentir y pensar como otra persona, simulando ser ella pero continuando siendo, al mismo tiempo, quien se es?

¿Existe manera de parar el tiempo o de retroceder o de considerar que la oscuridad es luz detenida?

De repente se escucha una música -que se repite durante unos minutos- de la India, la cual le permite a Andrómeda meditar. En una escalera caracol, ella espera el comienzo de la función de “La realidad” (escrita y dirigida por Denise Despeyroux), una obra muy profunda que llega hasta el alma.

Cuando se habla de realidad, se toma contacto con la tierra, con lo verdadero, con lo que es, y no con lo que debería ser.

Dos hermanas gemelas (Andrómeda y Luz) son totalmente opuestas en sus formas de ser, en sus estilos de vida y en la concepción de la misma. La primera en la Argentina y la segunda en la India, se comunican por internet, se ven por cámara y llegan a lo más inverosímil como puede ser que una suplante a la otra para siempre. Un día Luz le cuenta a su hermana que esta por morir y esa declaración produce que el tiempo deje de correr, que se detenga y todo se vuelva triste y tenebroso. Sin embargo, Andrómeda no puede entender como morirá si se ve y escucha tan bien.

Este tema se vuelve central para ambas y es realmente conmovedor y noble como una le muestra a la otra su parecer, su manera de pensar y analizan, juntas, cada frase, autor y singularidad que se les ocurra por sus mentes inteligentes.

Sucede que Luz siempre fue la más mimada por sus padres y se supone la preferida de ellos, entonces no quisiera provocarle un sufrimiento a su mama cuando ya no esté presente. Este planteo y proposición a su hermana se convierten en una propuesta difícil de desarrollar ya que Andrómeda no quiere ni puede concebir la muerte de su otra parte.

La mentalidad occidental se opone y enfrenta a la oriental y, juntas, convierten lo imposible en real.

A través de una pantalla gigante vemos a Luz, con una templanza pocas veces vista, serena, conforme y relatando su camino cotidiano, de ayuda al prójimo y el rito en el que tuvo que participar para descubrir su enfermedad. Aquí es donde nosotros, como espectadores, nos paralizamos al igual que Andrómeda, sin poder hallar una respuesta científica al tema.

Resultan muy interesantes los intercambios entre una psicóloga y su hermana, desafiándose, intentando encontrar respuestas en el planteo de la otra; hasta que logran comprender que cada persona tiene su manera de ser, de vivir y de sentirse plena.

Una le escribe cartas a los muertos mientras la otra se va despidiendo, de a poco, de la vida. Un pasado infantil es recordado a la vez que el presente les recuerda que es momento de decir adiós y respetar la decisión tomada.

Andrómeda es el nombre de una constelación, entonces, ¿cómo no pudo sentirse amada por su familia?

Luz es el todo, lo brillante, la palabra justa y precisa.

Ellas no compiten, solo rememoran, se enseñan e intentan ver con los ojos de la otra, sintiendo con el corazón de la otra. Como un juego, se conectan por el ciberespacio y toda la nostalgia junta las invadirá por completo, convirtiéndolas en personas firmes, decididas e idealistas.

¿Se está preparado para decir adiós? ¿No existe alguna oportunidad para revertir el presente y cambiarlo por lo que se quiera?

La más conformista seguirá en este mundo mientras la otra partirá, abandonando la tierra que tanto le enseñó. Quizás, por eso, ya sea momento de volar hacia otra realidad paralela.

Andrómeda querrá escapar y encontrar la salida a una situación que la angustia; pero la distancia geográfica e ideológica se lo impedirá.

Fernanda Orazi se desenvuelve tan plenamente en el escenario que logra convencernos de cada uno de sus relatos y diálogos. Es ella misma quien interpreta a dos personajes y sincroniza los tiempos entre uno y otro. Sabemos que es una, pero desdoblada en dos, con vestimenta distinta, con voz diferente y hasta un modo de hablar particular.

Salgo invadida de muchas sensaciones, de enseñanzas pocas veces vistas en el teatro y con un nudo en la garganta que me impide respirar bien. Estoy constelando quizás. ¿Quién dijo que la realidad ficcionada no sea realidad al fin?

La realidad ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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El vacío pos soledad

Soledad para cuatro11

Corría el año 1971 y los gobiernos de facto se sucedían unos a otros. Lanusse, en esta ocasión, con su uniforme, intentaba representar poder y abolición de ideales y sueños. Los movimientos sociales querían salir a la luz, mientras la economía se hundía cada vez más. Dentro de este panorama, Ricardo Halac, escribe su primera obra de teatro llamada “Soledad para cuatro”.

En esta oportunidad el dramaturgo eligió a Patricio López para que dirija esta nueva puesta en escena.

Pasaron cuarenta y tres años desde aquel entonces en que la pluma de Halac narraba circunstancias y vicisitudes de la adolescencia, teniendo en cuenta la política existente y la destrucción de valores humanos.

Pero, ¿por qué soledad y no vacío?

Cuatro jóvenes -dos chicas y dos chicos- se encuentran en la casa de uno de ellos para hacer la típica cita de parejas. Ellos no se conocen entre sí y es una especie de cita a ciegas que les permite sacar a la luz sus heridas y descontentos.

Durante el encuentro ocurrirán diferentes situaciones que demostrarán la tristeza de cada personaje, tanto de los adolescentes como de la pareja de adultos. Ninguno de ellos es feliz ni lleva la vida que quiere. Solo existen, sobreviven simulando vivir. Por eso, en cuanto se reúnen, el dolor es mostrado agresivamente, el amor fugazmente y el poco compromiso tenazmente. No es casual que la situación vigente del país los hiciera actuar y ser así. En pleno crecimiento, reciben censura, no conocen lo que es la democracia y, de ese modo, suponen sin decirlo, que la manera es imponer.

Imponer sexo, imponer ideologías, imponer una forma de vida, juzgar el comportamiento de otro y creerse iluminado por actuar a lo “macho”.

Casualmente, aunque no creo en las casualidades, hoy que se estrena esta pieza teatral, la situación de Argentina no es la óptima. En los setenta se impedía el retorno del peronismo y, ahora, se intenta por todos los medios de obstaculizar el buen funcionamiento del gobierno nacional. Hoy, que se estrena la puesta llevada a cabo por Patricio López, diferentes gremios, están de paro -entre ellos varios medios de transporte, por más que no lo aclaren eficazmente-. Pero, el paro contra este Estado no nos impidió llegar al Teatro, apoyar al elenco y demostrar que el arte es el único cable a tierra que en momentos de desesperanzas, nos une como pueblo.

En cuanto a la escenografía, no pude parar de observar la radio capilla ubicada a la izquierda y, en el otro extremo, un tocadiscos que reproducía la música de fines de los sesenta -con variantes lentas y otras más movidas-. Decoraban el living de la casa unas sillas grandes negras y un mueble que sostenía un teléfono y diferentes bebidas alcohólicas.

Me llamó la atención el estilo de sillas ya que en esa época se usaban de otro estilo, por ejemplo de madera, generalmente. Adentrada la historia comprendí que la violencia les permitiría descargarse con ellas y cada objeto rodar por doquier.

La soledad no es física solamente sino interna. Esa desazón, penuria, sabor amargo y preocupación por todo los invade a cada uno de estos jóvenes, a la vez que la madre del protagonista se refugia en el alcohol para, también, seguir rodando por inercia en este mundo.

Todos los sentimientos desatados durante la obra son extremistas y en cuestión de minutos pasan de uno a otro sin piedad. El egoísmo, el recrudecimiento de la realidad, las penas, la desvalorización personal y el desencanto por la vida; los muestran como reflejo de la sociedad de aquel entonces.

¿La soledad no permite que se sumen más integrantes?

Es la bebida que puede compartirse con cualquier partenaire de baile, uniéndolos en una ronda desprovista de piedad, lágrimas y fuga de razonamiento.

Resulta curioso cómo las mujeres de esta historia son más fuertes que los hombres, a pesar de las descripciones que las muestran frágiles. A la vez que los segundos necesitarían una brújula para reencontrarse consigo mismos. Éstos actúan de la manera opuesta a como son, buscando amor en los brazos equivocados, mientras las mujeres hacen su camino, llano pero camino al fin.

Una invitación a la reflexión, a quiénes son en verdad, qué buscan, qué pretenden y cómo conseguirlo. El maltrato reina, supervisa, se lleva a cabo, destroza corazones y todo continúa. Cada estereotipo refleja un propósito que avanza sin culpas, sin remordimientos.

¿Cómo apartarse y pensar libremente si su entorno social solo quiere sangre?

¿Existe modo de combatir la violencia física y verbal?

Actualmente, sufrimos una invasión de información que desborda y confunde hasta al más erudito. Entonces, ¿cuántos años más tendrán que pasar hasta que nos demos cuenta que sobre la queja no es posible construir sino destruir, que la violencia genera más violencia y que, ahora, que estamos en democracia no tenemos que permitir que nadie nos silencie?

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Mariela Verónica Gagliardi

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Que primen los ideales

Conquistadoras

Las obras escritas por Susana Hornos son deliciosamente inteligentes, colmadas de diversos sentimientos y totalmente desgarradoras. Esta nueva propuesta, llamada “Conquistadoras” (dirigida por Julia Calvo), le permite a Susana indagar en un género que, hasta el momento, no había tenido posibilidad de traer a un escenario pero sí explorar para su profesión: el humor.

En “Conquistadoras” puede verse a dos mujeres enfrentadas, a dos países tan parecidos pero opuestos a la vez, a una argentina viviendo en España y a una española residiendo en Argentina. A la guionista y su amiga Carolina Calema, una gran actriz e intérprete.

Dos mujeres fuertes pero sensibles a la vez, con ganas de luchar por un país mejor pero dándose cuenta -de a poco- que lo único importante es la causa y no el lugar que se habita, que las diferencias históricas no tienen por qué ser el paramente de construcción vigente y que repetir tradiciones no siempre conduce a buen puerto.

Desde la llegada de Cristóbal Colón a América, descubriendo lo ya descubierto por los Vikingos, hasta las políticas migratorias de Europa fueron provocando un gran descontento y discriminación en Argentina, antes y ahora. El boca en boca ha sido fuente de desconocimiento o información errónea. Respecto a España, seguramente sus habitantes se sintieron del mismo modo al intentar vivir aquí, sin quizás tener un trabajo asegurado. Las políticas son diferentes pero a veces otros factores anímicos son iguales sin importar la raza, la religión o el color de piel. La desolación, la angustia y la incertidumbre son sentimientos que debe atravesar cualquier inmigrante.

Al ver a las dos actrices en escena, se trasluce eso, justamente. Dos amigas enfrentadas por el pasado geográfico, sin darse una tregua. Un ring las pone a prueba y, juntas, deberán ir encontrando la manera de perdonar o de derribar a la otra. Si eligen lo primero, estarían escogiendo el camino de la evolución y aprendizaje. Si, en cambio, optan por lo segundo, repetirían la historia escrita por Colón y sucesivos hombres que solo buscaban ganar poder y tierras.

Mucho no ha cambiado el panorama en cuanto a los conflictos mundiales. Están los que ante una crisis abandonan su país de procedencia para probar suerte en otro o los que se aferran a su tierra natal y pelean día tras día. Es tan personal la decisión que nadie podría criticarla.

Lo que ahora importa es que España y Argentina están más cerca que nunca. Sus experiencias se van cruzando como si se tratara de una embarcación que navega en busca de propósitos. Argentina sufrió una desgarradora crisis en el 2001 y cuando todo parecía estar perdido, años más tarde se superó. España, parecía ser intocable y ejemplo de colonia, cuando hace rato que está atravesando una dura batalla que seguramente supere en algún momento.

Como dos espejos, cada una se mira en el suyo y se los intercambian para mirarse en el de la otra. La dura pelea que debe tener a diario cada inmigrante para habitar un suelo que no le pertenece. El propio tampoco le pertenece pero lleva un tiempo descubrirlo y asimilarlo. Todos nacemos en un sitio que no escogimos jamás. Solo con el correr de la vida podemos elegir el nuestro, aquel que nuestro corazón mira, observa y ama.

Existen muchos momentos interesantes y desafiantes durante la obra. Como si fueran pequeños sketchs, ambas actrices representan momentos importantes y trascendentes de la historia de los dos países que luego se entrelazan con las escenas sobre el ring. En cuestión de segundos, logran interpretar a dos amigas para luego mostrar sus lados oscuros.

Vestidas como luchadoras, con zapatillas de boxeadoras y unas chalinas hermosas; demuestran que se puede tener estilo para enfrentarse. Sus ojos estarán vendados hasta que tengan que verse las caras y recordar sus pasados.

La dirección de Julia Calvo es impecable y las tres artistas logran lucirse. Se trata de su primera función, lo que las dota de adrenalina y esas sensaciones inexplicables para ellas y nosotros como público. Y sí, somos fervientes televidentes frente a un programa en que se debatirá sobre el bien y el mal, sobre lo que corresponde y lo que no, sobre el deber ser y sobre el amor.

La voz en off masculina, da la posibilidad de transitar esos fragmentos del programa y la votación se definirá en momentos.

¿España o Argentina?

¿Conquistar un país o tus propios sueños?

Miércoles y sábados 20 hs. Auditorio Losada (Av. Corrientes 1551 – C.A.B.A.). Hasta el 11 de octubre.

Mariela Verónica Gagliardi

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Registrar cada minuto de tu vida

Fotogramas27

La vida es como una película donde cada día muestra una fotografía diferente. Fotogramas (de Sofia Schverdfinger y Judith Cabral) muestra cómo la popularidad y la fama se pueden convertir en los peores enemigos de una persona.

Dos mejores amigas (las autoras de la obra) se ven enfrentadas por el camino que eligen y, durante toda la dramaturgia, podremos disfrutar de las canciones que representarán las artistas, las cuales irán conformado un interesante entramado.

Siguiendo la trama de la historia, impacta el modo de utilizar diferentes recursos para narrar. Imágenes filmadas se entrelazaran con la teatralizacion y, un grupo de música, irá intervienendo, también con Fotogramas.

La fortaleza de la obra se encuentra en el video y en la voz de Judith Cabral, como potencial. Ella cumplirá su sueño de actuar y ganar fama, olvidándose de su amiga -a quien desvalorizará en reiteradas oportunidades-.

De esta manera, los valores, la amistad y el amor; alcanzan la cima -dejando en el camino lo más banal y frío-. Cuando se prioriza el olvido, todo se disuelve, se segrega dentro de un abrigo de piel con joyas y pendientes de oro.

En cuanto a la escenografía, está compuesta por diferentes decoraciones que se modifican y cambian de acuerdo al momento de la historia y al cuadro desarrollado.

«Fotogramas», es una comedia musical con momentos muy buenos, conseguidos gracias a la combinación de diferentes recursos narrativos. El elenco es heterogéneo, permitiendo observar en un extremo, un nivel excelente -como el de Judith- y, por otro lado, a artistas que comienzan a mostrar su sueño escénico. Considero que la obra decidió conformarse de esta forma para darle la posibilidad a diferentes artistas de subir al escenario y que evoquen un mensaje, el cual quedará impreso entre los espectadores.

Podría lograrse un producto superior, escogiendo a artistas más a la par de Judith pero, evidentemente, para que la historia sea coherente, han seleccionado a un grupo heterogéneo -montándole coreografías simples y pasos sencillos- demostrando que no es imprescindible actuar y bailar de forma excelente para integrar escenas de la vida. El contraste obtenido permite que se le preste atención, también, al contenido como eje central, que predomina a lo largo de la dramaturgia.

Así se logran dos caminos: uno estético y fugaz y, el otro, común y permanente. El guión hace hincapié, constantemente, en diferenciar ambos rumbos, sin dejar que interactúen entre sí. ¿Por qué una actriz famosa de cine no puede ser sana, tener un círculo íntimo de amigos y familia y ganar dinero con lo que ama?

Aún veo en mi cabeza esas imágenes del film, tan bien interpretadas y editadas, durante las cuales disfrutamos del cine y teatro al mismo tiempo. Cada personaje podrá decir su parecer en cuanto a la vida, rodeándonos de fe y calidez en cuanto a la toma de decisiones.

Los encuentros y desencuentros estarán presentes así como la nostalgia y tristeza. También, las situaciones límite se esbozarán sin llegar a su extremo, demostrando que siempre es posible arrepentirse y tomar otro rumbo.

Dibujar cada momento como se quiera y de la forma adecuada, intentando no perjudicar a los momentos y, tomando conciencia de lo fundamental que resulta el trazo en el papel.

De repente me vi invadida de distintas situaciones que me mostraron dos mundos posibles: el soñado y el real. Centrándome en el primero, este se ve reflejado durante la primera parte de la historia mientras, el segundo, se plasma casi llegado el desenlace -demostrando que los personajes no tienen la convicción como para lograr sus metas-. Son débiles y podrían no serlo, intentando equilibrar sus elecciones.

Ellos determinan que lo básico los reconforte, los reúna y estabilice. Como una gran foto panorámica, cada secuencia y gesto quedarán impresos.

fotogramas ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Conflictos ocultos tras un gran talento

Los fabulosos singer11

“Los fabulosos Singer” es un espectáculo que puede catalogarse como del género clownesco así como de comedia. Una familia compuesta por un padre, su hija casi adolescente y el tío de esta; forman parte de un circo sin animales. Cada uno de los integrantes disfruta y vive a su manera, narrando cada sensación presente e intercalándola con segmentos del show que se supone en vivo.

Me llamó la atención el apellido de esta familia y no pude dejar de vincularlo con las máquinas de coser. Esas máquinas presentes en tantas casas de abuelas, que muchas veces se usan para otra cosa que no sea zurcir una tela. También, lo asocié al canto, aunque no pude de antemano sacar una conclusión. Más adentrada la obra supe que no se trataba de rotular ni definir algo concisamente sino de presenciar.

Dentro de la escenografía pude ver el camarín súper original de cada artista que se conformaba por un cochecito de bebé, convertido y reciclado -en el caso de la niña- y de unas mesas de madera. Los tres con espejos y sus pertenencias personales. Si bien parecían muy estrambóticos y difíciles de transportar, pudimos notar que les era súper fácil cerrar cada camarín e ir en busca de otro rumbo.

Los fabulosos no son fabulosos por desarrollar pruebas vertiginosas, al borde del límite, ni por hacer trucos de magia: ellos tienen la particularidad de crear números sutiles. Ese detalle provoca nostalgia. Claro que la música tocada en vivo por los propios artistas le da un status más alto a la puesta en escena. De repente, me encontré mirando y esperando que me sorprendan y, al cabo de un rato, supe que se tomarían el tiempo necesario para demostrar que con objetos comunes pueden esbozarnos una sonrisa mágica.

Taparse la cara con un diario y, al mismo tiempo, ir creando mascaras graciosas, utilizar un ventilador para que un rollo de papel tome vuelo y figuras asombrosas, ingresar y salir por una puerta que solo tiene picaporte y otros tipos de genialidades simples que logran entretener y formar un buen espectáculo.

Durante este show, no podrá verse una función clásica de circo sino el detrás de bambalinas. Todos somos chusmas -en mayor o menor medida- pero, esta obra musical no ofrece información de pasillo vulgar sino la vida íntima de la familia presente, con todo lo que eso implica. Cuando cada número finalice, tendrán el espacio para desahogarse entre ellos, hablarán de aquello que más les duele y, también, estarán presentes las típicas discusiones cotidianas entre todo padre e hija.

Entre las luces tenues, se podrá sentir el sufrimiento que tienen en sus corazones, demostrando que actúan y hacen música para encontrarle un sentido a la vida. Ese estilo itinerante que adoptaron como rutina, de a poco, los envejece y tortura. Todo nómade precisa afincarse en algún lugar, aunque sea por un tiempo, echar raíces, crear lazos.

Mientras la escenografía parece cobrar movimiento, los instrumentos suenan de una forma encantadora y con su sello particular, como el de la niña dentro del piano. Si pudieran mimetizarse al punto de cobrar forma de piano, guitarra o cualquier otro, lo harían. La fusión de música no es la única protagonista sino que los tres artistas necesitan conectarse del todo con lo que hacen. Otra cosa que llama la atención es la cantidad de gesticulaciones que adoptan, permitiendo que cada fotografía parezca una pose especial del elenco.

En cuanto a las luces se centren en los camarines, podrán verse sus verdaderas caras y, ellos mismos, pueden observarse naturalmente sin artificios de un show. Ese es el instante en que el tiempo se detiene y cada alma le habla a su ser, pidiéndole paz y amor.

Los Fabulosos Singer es una pieza artística que logra estallar en el aire para que cada espectador agarre una enseñanza y la utilice como prefiera.

Los fabulosos singer ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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No todo está perdido

Que parezca fiesta10

Increíble pero real. Luego de presenciar la obra Para mí sos hermosa (escrita y protagonizada por Paula Ransenberg), ingresé a “Que parezca fiesta” (dirigida también por Ransenberg) y las copas de champagne abrieron la primera escena.

Cuántas veces escuchamos la frase: Hagamos de cuenta que no pasó nada. Este dicho sintetiza lo principal de la presente dramaturgia. Una fiesta, luces de colores, música fuerte y personas que sufren detrás de una pantalla transparente.

Por qué no está permitido sufrir y llorar, además de sonreír incansablemente? Cuál es el motivo que impide que cada persona se muestre como es?

Paula Ransenberg logra estructurar diversos momentos que todos hemos transitado, en algún momento, para describir sensaciones típicas y conseguir, de ese modo, una identificación en el público.

Un casamiento es una de las descriptas. En ella podemos notar la alegría pero también la tristeza. Siempre, en todo momento, se enfrentarán ambos sentimientos porque no existe manera de transitar un camino sin recordar con melancolía el pasado. Cada cual a su modo lo internalizará pero, lo impactante, es que tanto novios como invitados sentirán.

Estamos programados para reír en un contexto que se supone hay que hacerlo, para llorar en un contexto que se supone hay que hacerlo. ¡Hay que parar y decir basta!, cuando aprendemos que no hay que, sino que somos diferentes unos a otros.

Un baile judío abre espacio en la pista y todas las tradiciones de la colectividad se desatan armoniosamente. Ser judío es buscar, constantemente, a otros judíos, enlazarnos, conocerse y vincularse.

Dentro de cada familia existen secretos que deben ser ocultados, penas que no pueden ser expresadas y remordimientos que impiden avanzar. Qué livianos podrían sentirse al despojarse de cada valor impuesto, adquiriendo los propios.

¿Por qué vivir una vida de otro en vez de la propia aventura?

Los acontecimientos transcurren y nos hacen sentir ahí. Quizás menos exageradamente o más.

Una escena no empieza y termina sino que da lugar a otra, abruptamente, para luego regresar y continuar el relato. Todos los personajes cobran vida en uno u otro cuadro dramático, demostrando que la oportunidad de ser es de cada uno.

“Que parezca fiesta”, algo que no es, demostrar. Me quedo con esta última palabra tan importante para nuestra sociedad de plástico. Y una de las actrices, vestida de Mary Kay, simula ser una cuasi Barbie, imponiendo sus productos de cosmética para convertir a las mujeres en objetos atractivos. Pero, para que esto exista, tiene que haber hombres que desvaloricen a las reales…

Anorexia, bulimia, cirugías estéticas, botox, lipoaspiraciones, dietas para adelgazar, y podría seguir enumerando. Casi todas hemos padecido del síndrome de idiotas precoces pero el consumismo no tiene por qué apabullarnos sino que debería permitirnos alertar a aquellas mujeres -jóvenes sobre todo- que se ven seducidas por ser como alguna modelo que casi roza con un esqueleto ambulante.

“Para mí sos hermosa”, permite descubrirse y “Que parezca fiesta”, valorarse. Si bien las dos obras son diferentes, están llenas de mensajes preciosos y profundos que nos permiten, sobre todo a las mujeres, colmarnos de valor para enfrentar una situación difícil.

Somos grandes simuladores con necesidad de encajar en un mundo capitalista destructivo. No existe razón para demostrarle a otra persona algo determinado. Cada quien se llevará el mensaje que quiera.

Cuando sean las doce tendrán que secar sus lágrimas y brindar por un nuevo año, como si ese evento cambiara las cosas. Quizás se trate de “no defraudar” a la familia. Qué trágico que suena y cómo se escucha repetir incansablemente.

Ellos son capaces de hacer lo que sea para demostrar que son felices, por más que la tristeza los invada. Mientras un travesti se enamora, la felicidad se cuestiona.

“Que parezca fiesta”, mientras pueda. Por ser superficial, una hija perdió a su padre sin darse cuenta. Hay que mirar todo por arriba, eludiéndolo, no asumirlo y correr a bailar, hasta que las horas los enfrenten a ellos mismos.

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Mariela Verónica Gagliardi

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