*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La puta no tiene casa

Ph: Pablo Tesoriere

Una gran obra puede ser inmensa aún repitiendo fórmulas, temas y sentidos. En definitiva, de lo que se trata es de transmitir, de llegar a un público específico y analizar momentos.

Este es el caso de la comedia dramática Lo único que hice fue jugar (escrita y dirigida por Sebastián Irigo). Una obra realmente conmovedora en la que podemos transitar diferentes clímax -recreados musical y coreográficamente-, en los que las actuaciones comprometidas logran plasmar temas controversiales en nuestra sociedad: el de ser mujer, madre, esposa, ama de casa, trabajadora y mucho más. El de ser niño e hijo. El de ser menor y tener que absorber los problemas de adultos. Patinar, correr, danzar, cantar o entregarse al dolor.

De repente apareció Gerardo Chendo, intepretando a Manuel (un niño de ocho años), a un adulto de 40 y narrando su versión de los hechos. Entonces, todas las décadas que transcurrieron se encargaron de convertirlo en quien es hoy, en lo que es.

Quien crece, sufre. Quien juega se abstrae.

Mientras todo sucumbía en el hogar, él se ponía a jugar. Mientras sus padres discutían problemas graves, él se convertía en un súperhéroe. Mientras Adriana (Josefina Scaglione), su hermana mayor, salía sin dar demasiadas explicaciones, repetía modelos impensadamente y su otro hermano, Ignacio (Sebastián Politino) seguía acumulando obsesiones; él pretendía disfrutar de su niñez. Como si cada momento hubiera podido transformarse en un pentagrama gigante sobre el que conviene cabalgar cada tarde y noche.

Al tiempo que todo lo modificaba y, sin embargo, a este ser tan encantador se encargaba de conservar como en una cajita de cristal.

¿Qué ocurre con los hijos cuando un matrimonio llega a su fin?

¿Los padres se divorcian de sus hijos?

¿Por qué el caos del amor se traslada a los hijos?

¿Por qué?

Una ambientación de los años 80´ junto a un vestuario exquisito y muy bien logrado nos adentra en la casa de una familia de clase media. Una familia muy convencional, con costumbres tradicionales, vacaciones a la costa, fiestas de cumpleaños, silencios otorgados y conflictos no superados.

Existe un trabajo muy interesante en cuanto a la iluminación y la música: cuando las luces bajan, los hermanos comienzan a jugar, a utilizar todo el espacio escénico y a convertirse en los verdaderos dueños de la ficción. De hecho, es esta atmósfera que Manuel recrea, constántemente, la que le permite trepar, luchar como soldado, pilotear un helicóptero y ser un niño dentro de todo feliz. Una capa que lo cuida de todos los peligros inminentes, que lo protege de los posibles daños reales, de las malas decisiones de sus padres y de todo aquello que él, aún, no puede decidir.

La dramaturgia permite distintos tipos de análisis y eso es lo que cautiva del relato: las diversas aristas e interpretaciones que se puedan tener.

Un padre jugador (Federico Buso), un padre que todo lo arriesga sin medir las consecuencias. Que se ahoga en el alcohol a costa de todo y de nada. Un padre que se siente solo y que no hace nada para modificarlo. Pero nadie dice qué se espera de él, qué se pretende. Gritos de un lado y de otro. Estallidos que producen quiebres irremontables. Regalos que se acumulan más que el amor que no se prolonga. La «traición».

Marcela, su esposa (Laura Oliva) muy sobreprotectora con sus hijos pero no con su marido. Esta relación es la que más importa desde el comienzo, porque todo lo que suceda luego dependerá de esos primeros instantes.

Como una margarita que se va deshojando: me quiere, no me quiere. Entonces, cada pétalo tirado, abandonado, sufrido o apestado. Ocurre de todo y el sufrimiento se ve en sus rostros. Unos rostros que están cansados de lo que les toca. Porque es lo que se trasluce: una sensación de que todo lo que viven no lo eligen sino que les cae de algún lado. Como si ellos no tuvieran responsabilidades.

La selección musical es excelente y permite rememorar hits de los años 80 y 90, esas canciones que al oír los primeros acordes ya asociamos con películas de aquel entonces. Esto es un valor agregado para la dramaturgia que se va construyendo artesanalmente, con relatos en forma de retazos, con el adiós precipitado, con una separación incoherente, con un límite que nada tiene que ver con el amor y unas lágrimas que prefieren esconderse tras el rostro del horror.

La puta no tiene casa, se escucha en un momento de la historia. Y aquí quedo helada. La mujer que quiere separarse (porque el divorcio aún no existía) tratada de la peor manera, tildada de tantas otras y en ningún momento abrazada. La mujer que no ama es despreciada, dejada a un lado, sin techo. Esa mujer que era todo, de un momento a otro estorba y es mencionada como la lepra.

Lo único que hice fue jugar permite un acercamiento con el sentido de la vida, con los valores, el respeto, el amor, la ira, el temor y tantas otras cuestiones que conviene palpitar.

El que esté libre de pecado puede rezar un Padre Nuestro.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Alguien en el mundo piensa en mí

Todagentenueva9

Ficha Toda gente nuevaDe vez en cuando la vida nos premia con obras e interpretaciones como esta. Y nos permite agradecer al arte que exista.

Toda gente nueva (All new people), del dramaturgo Zach Braff, nos permite reír reflexionando a la vez. No existe ni una sola línea de diálogo en que la carcajada quede congelada como tal. De esta manera, los cuatro actores irán atravesando diversas temáticas actuales como: la discriminación, el suicidio, la felicidad, la soledad, el amor, las diferentes formas de sentir placer, la pasión y más sentires que podremos identificar, de inmediato, con nuestro ser.

All new people se estrenó por primera vez en 2011 en Londres y, seis años después, Alejandro Germaná la lleva a escena, encarnando el rol principal de Charlie.

Y no es fácil hacer la traducción, componer un personaje semejante y, encima, llenar una sala donde no cabía siquiera un alfiler. Lleno completamente, con un público súper cálido que celebraba cada uno de los aciertos del elenco.

A Alejandro Germaná, Marina Lamarca, Gilda Arteta y Germán Polonsky se suma la perfecta dirección de Emiliano Delucchi que logra explotar al máximo el talento de los cuatro actores, a lo largo de la historia que nos acontece.

Pero, quizás, se pregunten qué es lo que diferencia a esta comedia de otras. En primer lugar, los estereotipos están logrados de manera excelente. Entonces, desde allí, cada personaje consigue dar un mensaje determinado para invitarnos a pensar. Y, realmente, no tenemos demasiadas semejanzas con Londres, por eso es que Alejandro se encargó de adaptar la versión a una un tanto más cercana.

Nada de ciudades que probablemente no conozcamos ni de gags que solo entenderían quienes consumen productos ingleses. Lo único en inglés son los nombres de los personajes que bien podrían ser otros sin ningún problema.

La acción se sitúa en Cariló, durante un invierno muy crudo y la sucesión de hechos conseguirá demostrar que las casualidades no existen. Cada uno está en el lugar y momento que debe. Porque, creamos o no en el destino, Charlie está a punto de suicidarse y gracias a la aparición de una mujer, esto no consigue llevarlo a cabo. De ahí en más, los desconocidos se irán sumando hasta celebrar la vida y lo que hay como sea.

Cada personaje tiene un instante en que va componiendo hasta llegar a ese lugar en que exprime su potencia. Como cuando se está corriendo una carrera sobre la que faltan metros para alcanzar la llegada. Estos artistas comienzan naturalmente a actuar hasta que pasados segundos, están allí para disparar verdades y certezas.

Con respecto a la escenografía, es en tonalidades claras lo cual permite no resaltar por encima de los actores sino serle útil a ellos para las acciones que deban llevar a cabo.

De un momento para otro, lo que es banal se termina, dando paso a la cruda realidad. O mejor dicho, a la oscuridad que cada uno lleva dentro y que no suele contarle al mundo. Esa realidad que avergüenza o que da miedo narrar por el qué dirán.

El temor a ser juzgado considero que es uno de los motivos por los cuales Charlie sufre. Pero él tiene un motivo poderoso, algo que jamás ha revelado y que siente es el momento de hacerlo. ¿Total? ¿Qué podría perder?

Marina Lamarca (Kim) exponiéndose como una bomba sexy, llena de glamour y con una personalidad que dejará en evidencia cómo conviene encarar los días. Ella es el símbolo de una mujer que no se cosifica sino que se cree útil para un fin y nada más. No es objeto de otro sino un propósito para desplegar sus alas y volar hacia su verdadera pasión.

Ella junto a Germaná representarán exactamente lo opuesto, al igual que los otros dos personajes. Y esto también resulta interesante: el descubrir que de alguien diferente se puede aprender y sanar aquellas heridas tan profundas de antaño.

Amigos nuevos, humanos que no tienen un pasado en común con él y la posibilidad de construir un mañana ya mismo.

El sentirse solo es algo bastante común en algunos humanos. El sentir que, por más acompañado que se esté, hay un «algo» que falta. Pero, en esta oportunidad, un hombre está completamente solo por decisión propia, por no haber podido asumir que es imperfecto como todos y que por más condena que se ponga sobre su espalda, nada borrará lo ocurrido.

Mientras tanto, Emma (la mujer verborrágica) se encargará de llenar todo aquel espacio suelto con palabras y palabras y más palabras. Como si quisiera apoderarse del tiempo y espacio a su antojo y manejar con hilos a la gente. También habrá un bombero (Myron) que, en esta oportunidad, no se hará presente para apagar un incendio aunque sí una catástrofe de personalidades que chocan y explotan en cualquier momento.

Uno contiene al otro, y el otro al siguiente. Y, así, sucesivamente. Por más que no sirva para nada. Porque lo que más los aqueja es no aceptarse. Para esto, Kim, tendrá mucho que enseñarles y, de ahí en más, tal vez aprendan que el disfrute es hoy y que la culpa es la enemiga más íntima que se pueda tener.

Mariela Verónica Gagliardi

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La infamia tiene cara de mujer

Juegos de amor y de guerra1

Ficha Juegos de amor y de guerraGonzalo Demaría es uno de los mejores dramaturgos que existen. Lo afirmo y confirmo sin soberbia sino con total honestidad. Él es capaz de contar un hecho, un acontecimiento o su propia versión de un escritor y darle una impronta como para convertirla en historia.

En esta oportunidad, Juegos de amor y de guerra, nos narra una época recordada como Infame por el Golpe de Estado del 43 en que se pone fin a la presidencia de Ramón S Castillo (1940-1942). La acción se ubica en 1942.

Pero lo más interesante de la obra de teatro no se basa en los detalles políticos y militares, sino en una historia de amor en la que queda inmersa una familia entera. Una familia que dará qué hablar de principio a fin.

Por eso, el elenco con Luisa Kuliok y Diego Mariani a la cabeza podrán ir sacando los trapitos al sol de los personajes que caracterizan y contando las miserias que tienen bien adentro. Porque esta mujer y este hombre representan clases sociales opuestas que lucharán, incansablemente, arriesgándolo todo. ¿Por amor?

Militares, ideas demasiado conservadoras, tiranía, persecusión por ser «diferente», más dolor y más uniformes por doquier pretendiendo ocupar los cuerpos inocentes en pos de la homogeneidad.

Asco y más asco a esa sociedad que a veces quisiera replicarse sin que «nadie» se de cuenta. Ideas que solo producen rupturas inexplicables y que pretenden demostrar quién tiene el poder.

Una mujer que quiere casar a su hija con un Teniente, dejando de lado los escrúpulos y dejando en evidencia quién es en verdad. A ella parece no importarle demasiado si avanza hacia una u otra dirección porque lo que la mantiene en pie es su condición de millonaria, de señora de clase. Y nada más.

Sus tapados y ropa fina le permiten seducir a quien desee, aunque no convencer como quisiera con sus pobres argumentos.

Una hija (que no está en escena), un hijo manipulado a gusto y piacere de quienes manejan sus hilos, un artista francés que por lucir no tan masculino es perseguido y maltratado. Sangre, muertes y un modelo empecinado en convertir las desigualdades en un molde único.

Espanto y más espanto para quienes se creen con derecho a invertir su tiempo, energía y dinero en utilizar el poder en algo tan mafioso y perverso.

No puedo dejar de pensar en el gran personaje que encarna Sebastián Holtz, en su forma de desplazarse en escena, en su interpretación y canto. Es único, es perfecto. Realmente un rol exquisito para degustar cada vez que interviene.

En cuanto a Luisa Kuliok resulta encantador tener a la diosa de las telenovelas actuando frente a nosotros porque sigue demostrando que una simple mirada, un tenue movimiento o un grito inesperado significan un antes y un después. Ella se luce deleitosamente bien sola o acompañada. Apasionada o ultrajada.

Es atrapante la dramaturgia y la forma en que Oscar Barney Finn la dirige, otorgándole un ritmo muy a su estilo y las pausas en los momentos oportunos. Así se puede disfrutar de Juegos de amor y de guerra sin perder detalle alguno. Contemplando cada diálogo, cada instante… como haciendo que todas las escenas perpetúen en el tiempo.

El resto del elenco acompaña realmente bien y, entre todos, conforman una novela dramática. Con respecto a la escenografía (a cargo del talentoso Alejandro Mateo), es sutil y minimalista, permitiendo fusionar las actuaciones con la misma y no dejándola como parte de un decorado. A esto se suma un vestuario divino que ubica en tiempo y espacio al espectador, junto a la iluminación impecable que recorre el pasado y presente sin inconvenientes.

La sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación le calza justo a esta obra y se observa a cada uno de los actores desde el lugar que se esté. Una historia para reflexionar, para sentir que el tiempo venidero no tiene por qué repetir el pasado. Porque todo lo pasado no siempre fue mejor y el futuro puede construirse con otros ladrillos más imperfectos, únicos, y elegidos por seres que aman la vida; no que quieren destruirla.

¿Alguien que se ama puede aniquilar?

¿Alguien que se respeta puede faltar el respeto?

¿Alguien que tiene una familia puede decidir por ella?

Años después llegaría la Guerra, El Golpe de Estado, la sucesión de gobiernos de facto y una ideología que junta más polillas que sabiduría. Una ideología que mató, mata y matará mientras se la siga repitiendo como verdad.

Mariela Verónica Gagliardi

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La pasión hundida en la razón

Así de simple1

Ficha Así de simpleHay obras que guardo en mi corazón por muchísimos motivos. Esas historias que no se esfuerzan por ser increíbles sino por tomar un conflicto de la vida cotidiana y transformarlo en novela.

Esta dramaturgia titulada Así de simple es una comedia romántica que me pareció increíblemente preciosa. Los motivos, sobran para que afirme esto. Y es que se trata de una creación llevada adelante por Ignacio Bresso y Sofía González Gil (dirigida por ella) con un estilo muy particular. Esta pieza artística se estrenó hace aproximadamente dos años.

Una pareja será el foco de la obra pero no veremos situaciones hipócritas sino realidades reales a flor de piel. Entonces, la psicología de estos personajes cobrarán valor para protagonizar sus ilusiones sin que tengan que esconderse bajo el velo de lo que “debería ser”.

El Yo, el Superyó y el Ello; discutirán constántemente, se enfrentarán, formarán bandos y, finalmente, descansarán cuando cada uno haya cumplido su propio propósito de ser.

No es nada fácil llevar adelante una propuesta de esta dimensión sin confundirse ni confundir al público. Pero, los artistas tuvieron en cuenta hasta el más mínimo detalle como por ejemplo: el vestuario idéntico. De hecho, existen muchos cambios de ropa a lo largo de la historia y una sincronización perfecta para que cada escena se luzca como merecen. Sucede algo también muy vistoso y es que los tiempos no son cronológicos, motivo por el cual habrá que seguir el hilo conductor para recorrer la intimidad de estos carismáticos novios que, evidentemente, no se han dado el tiempo necesario para asimilar su separación.

Entonces, resulta imposible que no nos atrapen sus anécdotas, los vaivenes, su primer beso, el vacío, la pasión, la frialdad; y todas aquellas cuestiones que absolutamente todos los humanos atravesamos cuando amamos y, luego, dejamos de hacerlo.

¿Alcanza sólo el amor para construir?

Al menos en Así de simple queda demostrado que no. Que cuando se apaga esa llamita que tanto sedujo en un principio, podría extinguirse el entusiasmo. O será que el estar enamorado es solo por un tiempo y una especie de prueba para saber si se está preparado para Amar.

Me sedujo la propuesta, me cautivaron las seis actuaciones, me pareció muy acertada la música elegida y la escenografía que alberga cada momento transitado.

También pude sentir la piel de gallina cuando uno de los sentires se manifestaba en su máximo nivel y parecía no haber solución posible. Porque las voces que tenemos en nuestro interior son nuestras y sólo debemos aceptar que están para guiarnos, para que las escuchemos y analicemos a cuál debemos darle prioridad en un determinado momento.

Podremos reír a carcajadas ante una de las propuestas más seductoras de la obra o angustiarnos cuando todo se vaya diluyendo por completo. Cada quien atravesará su propia experiencia y, estoy convencida, de que les ocurrirá lo mismo que a mí: sentirán que esta historia es para guardar en el corazón por siempre.

Quisiera destacar a una de las actrices que me llegó al alma: Julia Dorto. Ella encarnaba a la voz más atrevida, a la pasional, a la que se juega por lo que siente sin especular algo. Su excelencia a lo largo de la función hizo que me atrapara aún más cada escena y es lógico que esto ocurra. ¿Quién no quisiera hacerle caso siempre al Ello?

Lo que llamamos vulgarmente voces internas, en realidad se refieren a la teoría de Sigmund Freud relacionada con tres instancias psíquicas. Y es aquí donde intervienen: Yo (se basa en el placer inmediato), Superyó (se enfrenta a las otras dos para que predomine lo que “corresponde” según parámetros culturales) y Ello (se enfrenta mucho al Ello ya que intenta frenar sus deseos mediante mecanismos de defensa).

Sumados estos últimos datos me atrevo también a enfatizar que es un desafío lo que estos jóvenes llevan a cabo ya que puede servir a estudiantes de psicología e investigadores para poder analizar estos parámetros y demás cuestiones vinculadas al psicoanálisis.

Por un lado, se siente y, por otro, se piensa.

El protagonista masculino, de hecho, no escogerá a una de las tres mujeres porque él no las ve. Lo mismo ocurre a la inversa. Tres sentires enfrentados con otros tres y un equilibrio que no siempre podrá sostenerse. Una balanza que se inclinará hacia el deseo y, más tarde, hacia lo que correspondería. Así es la vida, al menos la que toca en esta sociedad.

No sé quien sos pero te sigo buscando es el epígrafe de la obra y el sentido de la misma. No aferrarse a alguien por capricho y tomar otro destino cuando así se lo sienta.

¿Habrá algo más importante en la vida que desear ser feliz?

Mariela Verónica Gagliardi

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Pintando un guau gigante

Quienes amamos a los animales tenemos una sensibilidad superior. Por eso, nuestro universo es muchísimo más grande y precioso. El amor hacia otro ser vivo que no sea humano, sin considerarlo inferior, es algo que se siente y es imposible de explicar con demasiadas palabras.

De repente me encuentro saludando a cuanto can veo por la calle, hablando con sus amos, preguntándoles el nombre, edad, observando si sonríe o esta triste. No se trata de una obsesión sino del amor hacia estos animalitos que nos acompañan en lo cotidiano, que son fieles (de verdad), que no reprochan, que están ahí siempre. Algunos podrán decir que no les queda otra porque, a cambio, piden techo y comida. Pero, no estoy de acuerdo. Cuando un perro no está a gusto lo hace notar y se “porta mal” a su modo para que esto se modifique. Ellos con su lenguaje y nosotros con el nuestro, podemos entendernos completamente.

Qué felicidad tuve al acudir a la función de Mi perro López (Libro y letras: Gastón Cerana; Dirección: Gastón Cerana y Omar Calicchio) porque además de contar con un elenco extraordinario, unas canciones que reflejan el mundo canino y una dirección impecable; resulta emocionante notar cómo Gustavo Cerana pudo captar esa esencia de los perros. Desde la elección de su protagonista (Omar Calicchio) hasta la de su amo (Gustavo Monje) y el resto de los artistas que conforman esta puesta en escena tan maravillosa, así como el piano y efectos sonoros en vivo a cargo de Juan Ignacio López. Cabe resaltar el vestuario, confeccionado con tonalidades muy llamativas al igual que toda la escenografía -que cambia de acuerdo al cuadro musical-.

Este perrito es de la calle, un típico mestizo que un día consigue familia humana. De ahí en más, una sucesión de hechos irán ocurriendo hasta transformar las conductas de las personas y el arte en sí. Porque esta comedia musical entrelaza la ternura con la toma de conciencia, al adoptar una mascota y el amor que siempre habrá que darle a ésta.

A puro color y pasión, los mensajes para los más pequeños no tardarán en llegar y, también, para los adultos que siguen creyendo que un animal es un objeto con el que se puede ganar dinero.

Nada de domar, nada de lucrar. Un perro es solamente para amar y, juntos, ser felices.

Canciones que enseñan y acompañan para la construcción de un mundo mejor, uno en el que todas las especies podamos habitar sin exterminarnos sino cuidarnos.

Hay quienes adoptan o compran un perro para tener seguridad en su casa. Quienes lo mandan a adiestrar para que proteja y, luego, dicha “protección” se vuelve en contra. Porque cada vez que el humano interviene la naturaleza, algo negativo ocurre. Con esto no quiero decir que una castración esté mal. Todo dependerá del caso y de lo que aconseje su veterinario. Para los callejeros, sobre todo perritas, es recomendable hacerlo para que no haya más cachorros abandonados y sin hogar que los repare. Esto también puede verse durante el musical, un musical colmado de enseñanzas, para toda la familia y de un nivel artístico supremo.

El enamoramiento entre ellos, la simpatía de estos actores-perros que, a través, de melodías y coreografías irán recorriendo el escenario llenándolo de alegría, tristeza, melancolía y sabiduría. Porque ellos tienen mucho para mostrarnos, para que cambiemos. Porque un perro no discrimina, no se cree superior por su raza sino que socializa con sus pares corriendo de un lado a otro, ladrando, ¡celebrando la vida!

Y, ¿quién no quisiera tener la libertad de hacer eso mismo?

Es posible transformar una sociedad con pequeños gestos, con sentirnos iguales entre nosotros y con seguir enalteciendo a Mi perro López que, con su cola en movimiento, su ternura y paciencia; dará lengüetazos de amor y compañía durante todos sus días en esta Tierra.

Guau, guau guau. Cada uno sonará distinto según la necesidad y mensaje que López quiera dar. Él no tendrá ningún problema en jugarse por lo que siente, en perseguir al amor de su vida y en aguardar a su amo una y otra vez. También gozará de reuniones con sus amigos, deliciosas comidas en la plaza y un sinfín de aventuras antes de partir al más allá.

Recomiendo esta historia a todos los amantes de los cuadrúpedos, a quienes son pequeños, medianos y grandes. A todo aquel que adore una pieza artística musical y tenga la intriga de saber cómo puede concretarse un sueño aún cuando se lo crea inalcanzable.

Mi perro López necesita un nombre y no tardará en conseguirlo. Lo que no se atreverá es a sumergirse en el mar… Al fin y al cabo, ninguno de ellos simpatiza mucho con el agua.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Ponerse en los zapatos del otro?

Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado (escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona) es una canción a la vida. Pero a la vida del planeta de los vivos, que estamos con los ojos abiertos deseosos de palpar con las manos la naturaleza, de respirar fragancias y de descansar sin justificaciones. De indagar por doquier y abrazar lo que sintamos como propio e imprescindible.

Esta dramaturgia es pura melodía a pesar de no convertirse en musical. Porque las palabras son dichas pero los cuerpos generan movimientos, como las notas y su ritmo. Porque pareciera ser un long play con varios tracks que se continúan, teniendo reminiscencias del amor, pero también del abuso, del trauma, de la soledad, de la angustia, del deseo y de tantas cuestiones que se nos pegan a los mortales sin saber cómo quitarlas de encima.

Esta obra de teatro es un placer. Como esas pociones mágicas que pretendemos beber para convertirnos en otros capaces de afrontar lo que no nos animamos.

Lo lindo de calzarse… brinda códigos para que los espectadores juguemos a ser parte de los diferentes microrrelatos. Porque esa es una de las principales aventuras en la que se embarcan los tres actores: en la de ser ellos mismos pero, también, otros. Al ponerse en los pies de “otro”, pueden intentar sentir como tal o distanciarse finalmente. El juego de roles que uno investiga (inconscientemente) cuando es chico y que, se “olvida”, en la valija de la niñez creyendo que es lo que corresponde hacer.

Cuando el río sube, la pasión los enamora pero, cuando baja, todo parece convertirse en un paisaje turbio y lleno de sensaciones tensas e imposibles de digerir.

La escenografía de cartones corrugados es un acierto gigante, que acompaña cada uno de los diálogos, el avance y retroceso, la posibilidad de ubicarnos en tiempo y espacio, de derribar obstáculos o de, simplemente, colocarlos en el lugar que correspondan.

Adoré la puesta en escena por ser tan sencilla y eficaz. Por permitirle a los artistas desplazarse libremente y sin tener que trasladar mobiliarios. La liviandad de los cartones les permite seguir danzando por donde sus cuerpos les pidan, por correr o avanzar en la dirección y a la velocidad que se sientan impulsados a hacerlo.

En cuanto a las interpretaciones, no puedo más que felicitar a todo el elenco, junto su autor/director que supieron otorgarle brillo a esta aventura por el Delta. Una aventura que comienza desde el principio de un viaje que no tiene fin, que se basa en contemplar el afuera y el adentro, en disfrutar de unos versos y del silencio mismo.

La cadencia de cada escena demuestra que cuando se tiene talento se pueden convertir las palabras en actos, las miradas en caricias y la música en poema.

Esta obra es gigante porque invita a la reflexión y al autoconocimiento (sin el cual es imposible de hallar la identificación). Los paisajes se construyen sonoramente y todo lo visual correrá por cuenta de cada imaginación. De hecho, me sorprendí gratamente. Por momentos observaba el agua moverse y unas olas que rompían contra el muelle.

Como pequeños cuentos que se entrelazan entre sí, en un punto de encuentro real o soñado. Como cuando uno cierra los ojos para recostarse sobre su pareja e imaginar el mundo o transformar la realidad.

Disfrutable de principio a fin, para sentir, relajarse, tensionarse y angustiarse. Porque estos sentires y otros estarán presentes como un abanico que se abre -a cada momento- para compartir una bocanada de aire fresco o brumoso.

Lo lindo de calzarse es estar dispuesto a atravesar diversos tipos de terrenos y quedar en pie, sin hundirse por completo. Nadando, reflotando y encontrar la manera de llegar a la superficie. Porque el amor es el único capaz de transformar una realidad en otra por más temporal que pueda desatarse.

Mariela Verónica Gagliardi

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El amor no tiene sexo

Contraseña10

Una historia situada años antes de la vuelta a la Democracia en Argentina, nos permite ver más de cerca el amor prohibido por la sociedad de entonces. Pero pasaron más de 30 años y todavía hay quienes se dan el “lujo” de sentenciar el amor ajeno, como si se pudiera elegir de quién enamorarse.

Contraseña, el musical” (con libro de José Tramontini y Sergio Trevisonno, dirigido por Maximiliano Lovrincevich) es una comedia que por momentos se torna trágica y dramática pero, siempre, conserva esa magia para entretener. Y esto no es casual. Porque durante la Dictadura militar se pretendía distraer la mirada y que las plumas obnubilen a todo transeúnte confundido.

La presente dramaturgia contiene un relato central y varios que se desglosan del mismo. Entonces nos encontramos con un joven que decide irse de su casa para vivir a pleno su sexualidad sin tener que soportar las presiones de sus padres o las conjeturas que estos pudieran transmitirle. Él se marcha y mira hacia adelante, buscando trabajo, vivienda y, cuando menos lo espera, el amor llama a su puerta. Exactamente como en los cuentos, solo que acá el príncipe le ayuda a encontrar su camino y no a darle todo servido en bandeja. Es amor y no caridad.

Fiestas privadas a las que se puede acceder con la clave correcta, una pensión que hospeda a todos los que no tienen casa propia, la cooperación de seres diferentes que se unen para que la vida les sea un poco más fácil y la presencia de las fuerzas represoras que disfrutan haciendo requisas, golpeando al más débil y asustando por el mero hecho de demostrar que es más fuerte quien posee las armas.

A su vez, se suman a estas problemáticas y situaciones, el deseo de una mujer que quiere triunfar como actriz y vedette, pero que comienza con el pie izquierdo. Justamente, por culpa de su “egoísmo” es que se desatarán bastantes conflictos que jamás imaginó.

Un musical para pensar y replantearse el hoy. Para poder empezar a hacerse cargo de las decisiones que se toman y no lavarse las manos ignorantemente. De hecho, es la oportunidad para que todos nos demos cuenta y asumamos que una acción está unida a otra y, así, sucesivamente.

Con respecto a la puesta en escena, están muy bien logrados los momentos y sensaciones, al igual que las caracterizaciones de los personajes, el vestuario y las letras de las canciones -las cuales permiten que nos ubiquemos en tiempo y espacio-.

En cuanto a la pareja encarnada por Emiliano de la Cuétara y Hernán L Cuevas; consiguen crear un clímax muy romántico, dejando en evidencia que para amar solo es necesario sentir y jugarse por lo que dicta el corazón. Cada vez que se produce un acercamiento entre ambos, tanto los nervios como la incertidumbre salen a la luz para demostrarles que solo es cuestión de arriesgarse.

Debo destacar a Romina Groppo por ser quien lleva adelante esta fascinante historia de amor, hilvanando situaciones de encuentros, de represión, de odio, de calidez y, por sobre todas las cosas, otorgando la oportunidad de ver más allá de cada uno. Es ella quien interpreta a la dueña de la pensión donde se suceden casi todas las escenas y diálogos. Es ella quien vocifera sus pasiones y pesares, su dolor y angustia, su soledad y compañía. Su caudal vocal es exquisito, sobrepasa fronteras y produce una satisfacción tan grande que permite olvidar por unos instantes la tormenta desatada por aquella trágica época. También brilla Yasmín Corti, quien protagoniza a una mujer con ansias por triunfar y conseguir su objetivo por encima y a pesar de todo.

Con el tango y otros ritmos sonando, las letras de cada canción irán revelando la sinuosidad del camino, la oscuridad imperante y la brillantez que se sucede luego de tanta batalla.

Ni los uniformados ni los represores ni nadie podrán quitarle a la humanidad su palpitación hacia el amor. El sentimiento más noble, seguramente, que todo mortal podrá sentir en su paso por este mundo (que aunque a veces parezca caerse a pedazos, siempre podrá reconstruirse).

Ficha Contraseña, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

 

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¿Amar a pesar de todo? O la corrupción de los medios

Sombras de libertad1.jpg

Este año, causalmente, se están presentando muchos musicales con tinte político. No es casualidad sino una necesidad, imperiosa, por demostrar que no todo está perdido. La juventud es la encargada de impulsar cambios, de dar esperanza. Somos responsables todos, igualmente.

“Sombras de libertad” (con libro de Pablo E. Silva, música de Inbal Comedi y dirección de Wilfredo Parra) es una propuesta excelente, cautivante, apasionada, en la que las texturas musicales de pop, rock, murga y folclore se entremezclan conformando un mosaico cultural. No existe un argumento novedoso, no hace falta. Ya no hay inventos sino distintas maneras de mostrar, de convencer y de tener la motivación necesaria para no caer en la mediocridad ni brutalidad.

Adoré la función de esta obra. La volvería a ver una y mil veces más. Desde que empezó hasta que terminó estuve fascinada. Hablé toda la semana de ella. La recomendé, recordé detalles, impresiones, ideas, formatos, coreografías, voces, vestuarios y luces.

Es imposible no quedar absorto y feliz, sintiendo que estando del lado correcto, el universo conspirará a nuestro favor.

En este caso una campaña electoral podría llevar al Senador Antonio Robles como candidato a la presidencia. De hecho, es al único que conoceremos a lo largo de la historia. Porque no se trata de una trama donde exista una rivalidad entre políticos sino entre el cuarto poder y la política. Esto ya es materia conocida por todos, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es poco meritorio refrescar memorias.

Por ello es que Sombras de libertad es una conjunción de sentimientos a flor de piel que desbordan de un momento a otro. Porque la pasión es así. Porque el amor es así. Porque el poder obnubila y hace perder de foco a lo verdaderamente necesario para ser feliz.

Quizás un sillón presidencial sea el deseo de este candidato pero, el amor, no debería ser dejado a un lado. Pueden subsistir ambas cosas, al menos podrían. Pero Robles no consigue equilibrar ambas cosas y, de ahí en más, una sucesión de acontecimientos ingratos surgirán para quedarse.

La traición aparecerá de la mano de la persona menos pensada y su venganza será “entendida” aunque no aceptada por este devastado ser humano que tenía la fórmula perfecta para sacar a su país adelante.

Este musical es el claro ejemplo de que todos las personas necesitamos ser y no agachar la cabeza en pos del ideal ajeno. Se puede ser solidario pero no presidiario. Esta es justamente la confrontación que se puede vislumbrar desde el comienzo y por no ser oída, todo el panorama político prometedor se verá en picada.

Como una ilustración fotográfica perfecta, esta familia se hará ecos por distintos lugares públicos y privados, hasta que los bandos confronten y el más “vivo” se salga con la suya. Siempre existirá aquel que se lleve su tajada sin tener valores ni culpa. Lavándose las manos y formando parte de algo que ni siquiera podría comprender de verdad.

Mientras una familia se desmorona, una campaña en puja tendrá demasiados vaivenes y solamente subsistirá el más fuerte.

Cabe preguntar cómo un político podría sacar un país adelante durante años si no es capaz de escuchar siquiera a su esposa e hijo. Suena muy conocido este cuestionamiento. Es conocido, famoso diría. No solo se ve en la realidad real sino en miles de series y películas de todo el mundo.

Un sillón que queda holgado, que no es capaz de sostener a un idealista ni a un tirano.

El enemigo está más cerca de lo que se pueda creer, solo es cuestión de esperar y la catástrofe irrumpirá desde los noticieros hasta el programa más cholulo de la televisión.

“Justicia para todos, paz se respirará, hambre nunca más”… son algunas de las promesas del futuro presidente. ¿Quién no quisiera a un líder así? Que además es carismático, seguro y sonriente.

Mientras sus discursos y canciones nos van convenciendo para votarlo, la danza contemporánea arrastra sus pasos terrenalmente, por los aires, con convicción y fugacidad. Realmente, un ensamble muy comprometido con la temática, que se fusiona con el canto y la palabra. Que es parte de los discursos y narra sobre el escenario y a lo largo de la sala. Que se estira y encoge, que se despliega como arte hasta estallar en ira.

“No me ves”, le dicen acongojados y tristes su esposa e hijo al candidato, mientras éste continúa sumergido en las hojas que determinarán su futuro…

Los tres protagonistas (Pablo E. Silva, Inbal Comedi y Lautaro Aguilar) son un destello de luz, con voces distintas y que se proyectan al más allá, que se encarnan en los personajes que interpretan y no sobreactúan absolutamente nada. A este elenco se suma la secretaria de campaña del presidente (Lucía Krusemann) que deleita cada vez que entona sus melodías con una voz sensible y potente.

Amores y desamores, logros y fracasos, violencia y tensiones que cegan la verdadera esencia del ser humano.

“Nublado es el camino si en él no estás”, se escucha por ahí y lo oculto sale a la luz junto a la confianza eterna.

Ficha Sombras de libertad

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Juicio y castigo para los verdaderos culpables

Candy crush15

Cuando se terminan las vidas, hay que pedirle ayuda a amigos de las redes sociales. Caso contrario, habrá que esperar a que se renueven solas después de un determinado tiempo.

Caramelos y muchos colores, asociaciones de una formas con otras para explotar y niveles cada vez más complicados que consiguen cada vez más combinaciones para exterminar todas las golosinas.

El juego Candy Crush consiguió, desde hace años, crear una especie de fanatismo; el cual abarcó a distintas generaciones que se apoderaron de la pantalla durante horas, hasta conseguir pasar de nivel.

Debo asumir que al asistir a la función de “Candy Crush, la saga” (escrita por Florencia Aroldi y dirigida por Claudia Vargas) esperaba una historia ligada al videojuego intrínsecamente hablando. Pero, me sorprendió la creatividad para que los caramelos sean los protagonistas de un policial grotesco. Porque veremos actores en escena, representados por un color diferente. Ellos no saltarán ni se irán eliminando, sino que serán eliminados y por quienes menos pensaríamos (en este tipo de contexto humorístico).

Acusaciones dentro de una misma familia para descubrir al culpable que se atrevió a vaciar el tipo de caramelo más irresistible del mercado. Un caramelo con nombre en inglés que va y viene según las reglas del comercio. Un caramelo que es mucho más que eso. Que se convierte en el anzuelo perfecto para que quienes habitamos el tercer mundo, queramos tenerlo a costa de ponernos la venda que nos impide conocer el Imperialismo.

Una obra que mezcla comedia, policial y humor; para llevarnos de las narices hacia el territorio político-social del que, realmente, tenemos que hacernos cargo como pueblo.

Sí, podrá sonar exagerado lo que digo porque, quizás, los espectadores esperan golosinas con un packaging impecable. Pero, si buscan una banalidad vayan a buscarlo a otro lado. Este elenco trae consigo un juicio irrisorio, incoherente, inadmisible, del que no se sabrá quién es el culpable hasta que avance la dramaturgia. Porque las entre líneas están a merced de quien decida escuchar y capturarlas en el aire. Porque ningún diálogo será superfluo y todo tendrá una connotación política. Nada de dividir en bandos ni resaltar fanatismos. Lo realmente importante es quitarse el color que se lleve puesto y reconocer al veradero traidor, que lejos está de lo que pueda sospecharse en un comienzo.

Un juez, entonces, irá desplegando un artilugio de palabras y frases capciosas para que caiga quien tenga que caer.

¿Personas enfrentadas con personas?

¿Hasta cuándo el pueblo va a odiar al pueblo?

El aparato represor estará aunque no lo veamos. Sus estruendos sonarán por derredor y cada explosión será, finalmente, un “caramelo” menos.

¿A dónde irá a parar el juego?

¿Es realmente un juego eliminar color iguales?

Idénticos y opuestos caerán. Porque de eso se trata. Eso es lo que les sirva.

Mientras tanto, en el despacho seguirán las tratativas para descubrir quién robó un dulce para ver una película o quien deseaba tanto algo rico por el simple hecho de desearlo.

Grotesca nuestra realidad, lo que se está viviendo, lo que jamás pensamos volver a atravesar… pero, siempre, lo estético y superficial ganarán la batalla: la que los haga triunfar económicamente sin importar nada más.

En definitiva, ¿somos algo para ellos?

Mi respuesta es afirmativa porque no puede haber combate o guerra sin un sector a quien aniquilar. Entonces, la empresa King (de Inglaterra) pensó en todos nosotros para salir a flote, ganar acciones en la bolsa y volverse aún más millonaria que antes. Mientras tanto, sigo cuestionando si somos algo de verdad o meras piezas para su juego de batalla.

¿A quién le vamos a pedir vidas cuando terminen con las nuestras?

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Convertido en su dolor

Un clásico de Kafka como la Metamorfosis, permite tener fanáticos de su literatura, leer una y otra vez el libro a lo largo del tiempo, releer citas, recordar situaciones, diálogos y, conseguir, proyectarnos a través de las páginas. Por eso, el desafío que emprendió Mariano Taccagni en el año 2007 (lamentablemente no vi la versión de aquel entonces), fue un hito para el teatro musical. Podía triunfar o fracasar. Evidentemente, ya tenía el aura que sigue manteniendo, incluyendo en sus elencos a los artistas idóneos para cada uno de los personajes.

Esta vez, diez años más tarde, sí tuve el placer de estar allí. En primera fila. Y quiero decir, que fue una experiencia única, inigualable. Porque Kafka forma parte de mi vida, porque sigo a Mariano en cada uno de sus trabajos artísticos y porque ver su emoción a lo largo del musical, ya de por sí me satisface por completo.

Pero, La metamorfosis convertida en música y en canciones, no es para cualquiera. Él supo conseguir ese equilibrio perfecto para no angustiar del todo ni que nos ahoguemos en pena a cada rato. En cuanto al slogan ¿quién serás al despertar?, éste nos invita a la reflexión, a tomar conciencia sobre los tiempos que corren, a asumir que cada uno es responsable de las decisiones y rumbos que tome para su vida y, por sobre todas las cosas, a no ser sumiso -porque eso trae aparejadas demasiadas consecuencias negativas-. Mientras uno le sirve a otros, esos otros se nutren de su vida, de su sangre, de sus tripas. Absolutamente de todo. Es, por cierto, su desvalorización lo que lo lleva a ser preso, a ponerse los barrotes y hacer que sus días estén en cuenta regresiva.

¿Su familia es culpable? ¿Su rutina laboral lo es también?

Posiblemente. Pero me atrevo a afirmar que él no supo aceptarse, conocerse y hacer su vida lejos de quienes lo estaban asfixiando y condenando a la muerte.

Una versión exquisita para acercarse a la literatura kafkiana y tomarle el gustito de a poco.

Me resulta imposible no sumergirme en una obra y escribir desde allí por más que haya quienes determinen que eso se llama fanatismo. Considero que ser fan es un tanto diferente a ser periodista pero si la pasión debe ser subrayada como fanatismo, bienvenida sea.

Una familia tipo que un día empieza a vivir diferente. A colorear el univereso de oscuridad, a conocer a un nuevo Gregorio Samsa, a impedir que el tiempo transcurra de ese modo y fracasando de golpe.

Un hombre que llego al hastío de su rutina, que se convierte en un insecto, en algo espantoso para sí mismo. Que no se tolera más y solo consigue tener voz a través del canto. Que desea ser otro pero no sabe cómo. Que todo muere a su alrededor, metafórica y humanamente hablando. Que no logra impedir la tortura que le ocasiona estar vivo, a pesar de que está seguro que el amor es su único aliado.

La perversión, el deseo, la pasión, la rigidez de su padre, las normas que no puede respetar más porque su cuerpo no le responde, unas extremidades que se quedan tiesas, perpetuas por siempre, que se mueven de a poco o nada, que vuelven a colocar su cuerpo en posición fetal. Y acá la angustia como espectadora me consume por completo. Sufro por su incapacidad de modificar-se.

Se ha quedado encerrado en una cárcel que construyó de a poco, que lo tortura pero que no consigue aniquilar. Sin embargo, este Samsa es más positivo que el del libro. Es más audaz, más humano y sensible. De hecho, es como si las hojas del libro cobraran un vuelo oportuno y consiguieran resaltar lo mejor de cada personaje. La relación con su hermana está lograda deleitosamente al igual que la de su padre.

Brillo en la oscuridad, templanza ante la tragedia y un equipo de actores que va unido de principio a fin. A esto se suma la música de Damián Mahler (que a sus diecisiete años ya tenía el don consigo), una dirección precisa a cargo de Ricardo Bangueses, la iluminación impecable, efectos, vestuario, producción y demás roles que se encargan de que este musical trascienda fronteras, concientice sobre el valor de la vida, nuestra vida, la única que nos toca al menos por ahora.

Ficha La metamorfosis

Mariela Verónica Gagliardi

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