*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Detalles de grandeza

El procedimiento3

Transmitir y llegar al corazón de una persona no es sencillo. Conmover, de una u otra manera, es lo que todo artista busca y pretende; pero lograr que unos muñequitos de pocos centímetros, puedan crear ilusionismo es mágico.

En lo que va del Festival de títeres para adultos, pudimos disfrutar de un gran abanico de estilos, para todos los gustos. Desde títeres convencionales, de mesa, de guante, con sombras, entre algunos de los más utilizados por los artistas.

Utilizando como técnica al teatro de objetos, El teatro de ilusiones animadas (dirigido por Carlos Piñero), procedente de la Ciudad de Córdoba; trajo a dos actores-titiriteros (Sofía Piñero y Santiago San Paulo) sorprendentes.

Esta noche, la literatura hizo su aparición en la sala del Celcit para unir a dos escritores famosos: Kafka y Cortázar, los cuales formaron parte de “El procedimiento. Microanimación de relatos literarios”. Esta combinación, entre títeres y proyecciones en una pantalla gigante, permitió que veamos los detalles del minimalismo presentado en el espacio escénico. Quien prefirieron sentarse adelante pudieron apreciar ambos recursos, aunque quienes optaron por las últimas filas, seguramente han tenido una realidad diferente para contemplar.

El primero en salir a la luz fue un relato que supo entrelazar dos libros: El Proceso y La Metamorfosis. Si bien tienen bastantes temas en común, es muy buena la unión lograda entre ambos, sin que se note el salto de uno a otro. Parecen formar parte de lo mismo y darnos, como público, esa realidad tan concreta y cruda.

Un mueble con pequeños cajones le permitirá al intérprete poder ir moviéndose con soltura entre una escena y otra. Presentando a un Guido Samsa que despierta el día de su cumpleaños con cambios en su cuerpo, tan difíciles de asimilar como la rutina misma. Verlo allí, recostado en una cama, tapado con una manta; hasta que dicho mueble se convierte en puerta para recrear momentos de opresión, de violencia física y psicológica en la intimidad de Josef K. Dentro de lo que sería un relato íntimo, estos personajes se irán convirtiendo en uno solo, como si se tratara de dos versiones que confluyen en un mismo fin.

Dos hombres inocentes que al despertar deben pasar por situaciones totalmente escalofriantes a lo que eran sus vidas pasadas. Dos vidas comunes que, a partir de entonces, se ven invadidas de interrogantes, de auto-cuestionamientos y de que la única certeza es estar convencido de quien se es. No existirá entonces modo de ser atrapado por fantasmas que pretenden hacer ver una realidad inexistente. No correrán esta suerte ninguno de los personajes representados ya que tendrán que aprender y meditar sobre sus personalidades.

Después de esta gran puesta en escena, siguió Casa tomada, de Julio Cortázar, con locuciones en off -las cuales le dieron un tinte más estremecedor y, la oportunidad, de que observemos solamente lo acontecido en ese lugar recreado con todas sus habitaciones e inclusive el matrimonio en miniatura-.

Considero que el tema de la última dictadura militar será imposible de olvidar y que, siempre, existirá algún relato, obra, texto o expresión artística que lo traiga al presente para seguir creando conciencia de una época tan trágica y desgarradora.

Como les decía anteriormente, la voz del narrador y cada desplazamiento en la casa fue empapándonos de una realidad sobre la que ya sabíamos su desenlace. Sin embargo, esperamos con cautela lo siguiente: la toma por parte de los militares. Un matrimonio que vivía tranquilamente en su hogar, realizando tareas normales hasta que, de repente, se vio invadida de fuerzas extrañas y opresoras. Cómo olvidarían estos días, estos momentos tan impregnados en el aire con una energía oscura y asfixiante.

Esta pequeña obra es una pieza radiofónica, con efectos sonoros muy bien seleccionados, excelentemente compuesta y que coordina los movimientos de la intérprete con cada fragmento musical y narrativo. Es una historia que, perfectamente, se puede apreciar con los ojos cerrados y, también, abrirlos cuando se quiera para disfrutar de las miniaturas en escena. Cuando la tela blanca acapara toda la casa, es momento de finalizar.

Como si no hubiéramos tenido suficiente, Sofía y Santiago se unen para atravesar el último relato: Lejana. Durante esta exposición literaria, las palabras, el diario de Alina Reyes, su doble personalidad -quien es y quien desea ser- nos van envolviendo, a la vez que el cuerpo de Sofía logra introducirse en una caja rosa convertirse en la otra, utilizando diferentes texturas como collares de perlas, nieve de fantasía y ropa de invierno que datan de su estadía ansiada en Budapest. Mientras su marido brinda con ella, el sueño de ser felices se desvanece, aunque en nosotros quedará una aventura hilvanada en versos, diálogos y conversas que seguirán conmoviendo a futuros espectadores.

EL procedimiento fichaMariela Verónica Gagliardi

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Todo el universo empieza a ver

La torre32

“La torre” (de y dirigida por Lucho Cejas) es una obra de danza contemporánea muy bien construida , en la que se conjugan música, drama , acrobacias y, por supuesto, baile en su máxima expresión.

Este director ya nos tiene acostumbrados a su gran estilo artístico que funciona como canal para comunicar mensajes importantes para todos. No existe posibilidad de sentirse excluido de sus propuestas, las cuales, con el correr del tiempo se perfeccionan, al igual que su elenco.

Una torre que divide a la sociedad entre ricos y pobres, entre los
La torre14que sufren por desamor y los que lloran por la falta de comida. Los intereses son los que dividen, fragmentan y quiebran a quienes sienten diferente, a quienes sufren por cosas tan opuestas. Para unirlos, el amor será el único camino posible, desprovisto de maldad e intereses particulares.

Al comenzar la función en el Teatro El Cubo, me llamó la atención una escena que se repetía, que sumaba a más artistas, volvía a separarlos y -a modo de secuencia- utilizaban la simbología de ovejas para empezar a narrar la dramaturgia. Unas simpáticas ovejas que, encuadradas, intentaban representar algo. Pero, recién al llegar el desenlace podemos comprender la unidad íntegra de esta pieza artística: actuar según nuestra voluntad, según nuestra razón y no obedecer como imposición a un superior.

Que no se entienda como acto de rebeldía el no obedecer. Sabemos que existen reglas y normas para la buena convivencia, aunque también sabemos que la censura se esconde tras discursos -con palabras y tonos que pretenden convencer a los más débiles, los mismos que son cooptados y favorecidos-.

Un rebaño como fiel reflejo de una sociedad dormida, que pretende despertar, amar, no discriminarse más, y luchar para que ganen los buenos sentimientos.

Mientras en una torre, segmentada, sus miembros se conocen, rechazan y atraen; en las afueras se encuentran los más desposeídos -aquellos que toman agua de precarios recipientes-, con sus ropas harapientas y, ansiando, que esa realidad cambie.

La torre35

Sus cuerpos son cuerpos en movimiento, mostrándose como humanos, pero podrían ser otras especies. Lo atractiva de esta propuesta es que no recurren siempre a la palabra sino que se valen y apoyan en canciones como, por ejemplo, las de Bersuit Verbarabat. La selección de cada tema van conformando la historia, dentro de la que ocurren diferentes situaciones. También, los artistas tienen la oportunidad de tener sus momentos protagónicos en que dicen lo que están transitando, a la vez que nos dan la posibilidad de estar presentes para vivenciarlo.

Los movimientos constantes dan placer, agobio, asfixia y felicidad. Esos aires de libertad para los que tantas veces es “conveniente” callarlos (callarnos).

La danza está para ser vista y admirada, como forma de expresión y La torre29de talento. Como un modo de unirnos para ser parte, desde donde queramos y podamos, de la conformación del universo. Un cuerpo esbelto, otro no tanto, diferentes estilos y modos de conmover desde lo más profundo. Es impensada la repercusión que pueda tener esta obra porque es tanta la división ideológica en esta sociedad que habrá quienes estén de acuerdo con su mensaje y quiénes sientan cierta molestia -similar a la bronca-. Ojalá exista más de lo primero aunque también es importante lo segundo como contrapropuesta a lo forjado por quienes tienen el poder y todas las herramientas girando en torno de sus caprichos más audaces.

Por suerte, cada vez son más las exposiciones artísticas que hacen frente, justificando cada pensar y cada sentir; demostrando que la violencia se combate con amor y unión.

La torre47

La torre ficha

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Un mundo de sensaciones

Varieté1

Al ir a una varieté, sabemos que será imposible pasarla mal y aburrirnos. El abanico de estilos artísticos estará frente a nosotros y la decepción, en general, no tendrá lugar.

El 9no Festival de títeres para adultos, continúa con su programación y, después de haber visto todas las propuestas de días anteriores, mi corazón late ante esta Varieté titiritera -la cual será a la gorra y permitirá el ingreso de todos los fanáticos, seguidores y personas que no tienen la posibilidad de pagar una entrada con precio fijo-.

A las 21 horas, la cola comenzaba a formarse, los artistas a llegar, los vecinos a preguntar por el espectáculo y, las puertas de Pan y Arte a abrirse de a poco. Una noche maravillosa y fresquita, nos tocó esta vez como contexto. Quisiera decirles, para los que no pudieron venir, que la sala estuvo invadida de sonrisas tanto de adultos -en su mayoría- como de niños. Nuevamente parecía ser la apertura de aquel miércoles 19 de noviembre en que no cabía ni un alfiler más como espectador.

Con breves presentaciones pero más extensas que las de la presentación (además de contar con sketchs protagonizados por la carismática Carolina Erlich, donde la carcajada fue incesante por su desquiciado personaje), pudimos disfrutar de cuatro elencos muy diferentes. En primera instancia pudimos ver “Así es Mimí” (escrita, interpretada y dirigida por Vanina Gomez Zequeira), un performance en que la artista lució a su estética dama -la cual se debatía entre un sombrero u otro, escogiendo el adecuado ante una cita con su amado-. La voz depositada en el títere le dio una impronta súper femenina, estereotipando las típicas acciones que tenemos casi todas las mujeres ante el llamado de quien nos gusta y, todo lo sucesivo hasta la hora en que se producirá el acontecimiento. El vestido antiguo, con mucha cola, le permitió danzar diferentes canciones de acuerdo al sombrero que se iba probando -el cual estaba relacionado con la melodía reproducida-. Desde ya que la dulzura se impregnó en esa pequeña casa de muñeca con tocador, baúl e inclusive espejo.

Después de esta muestra continuó la noche con “Historia de amor en Humahuaca” (de Pandilla Varilla, interpretada por: Alfonso Álvarez y Magdalena Gamboa, dirigida por ésta última), una dramaturgia que combinó títeres con sombras. Diferentes filminas que daban cuenta de la ubicación geográfica e información de la obra, nos fueron contando detalles de un romance en el norte argentino. Como objetos se utilizaron globos, demostrando que no siempre hay que contar con demasiados recursos para poner manos a la obra. Los simpáticos personajes se fueron desarrollando, utilizando lenguaje adulto, ciertos códigos íntimos y, las sombras, para llevar adelante cada acontecimiento surgido.

Pero, cuando llegó el tercer número, las palmas parecieron sonar más y el ánimo festivo, contagiare por completo. Era el turno de Aquinomas (Uruguay), una puesta novedosa que tuvo como intérpretes a Tamara Couto y Rodrigo Abelenda (dirigidos por Rodrigo Abelenda y Adrián Giovinatti). Este dúo sorprendió y deleitó a todos. Se trató de dos objetos naranja fluorescentes (brillando en la oscuridad) que se fueron amalgamando, separando, uniendo y combinando -sincronizadamente- al compás de la música que sonaba. De repente se pudo notar la semejanza con el tradicional videojuego   , un niño recreado a la perfección que bailaba YMCA, un cuerpo amorfo montado sobre otro y todo tipo de transformación mostrada por estos titiriteros que nos dejó boquiabiertos y repletos de felicidad.

Por último, Guillermo Aguilar presentó su teatro de sombras llamado “Nada más asombroso”, utilizando sus manos y una cámara para reflejar diferentes formas, cantantes, animales y aves que se fueron desplazando por una tela blanca convertida en escenario. La unión de canciones le permitió al intérprete poder tener el timing de cada secuencia e hilar cada fragmento con el siguiente.

En cuanto a historias podría decirse que las dos primeras cumplieron con un hilo conductor, sin por esto desmerecer a las otras. Como sucedió en la apertura del festival, en este caso la conducción del espectáculo estuvo a cargo de Eli Valdez y, la programación a cargo de Carmen Kohan -quien días atrás nos impresionó con Secuencias de un anonimato-.

Fue una velada en que todos celebramos, aplaudimos y repetimos canciones infantiles como niños adultos.

Quién dijo que los grandes no tenemos lugar en el mundo de los títeres?

Por suerte, en esta edición del festival se está demostrando cómo se revierte la teoría y cómo, de a poco, quienes nunca incursionaron en este ambiente, ahora se están animando a hacerlo.

Sensaciones y más sensaciones nos invaden el corazón y cada día es una nueva aventura para vivenciar.

Varieté titiritera fichaMariela Verónica Gagliardi

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Sobre cómo convertir la oscuridad en luz

Negras inquietudes

“Negras inquietudes” (de la Compañía Negras inquietudes y dirigida por Marta Lantermo) es una obra de títeres y sombras que reúne a varios géneros y estilos. Por segunda vez me lanzo a la aventura de viajar por la ciencia ficción, el suspenso e inclusive por momentos de terror.

Sin tratarse del terror tradicional, lo psicológico juega un papel fundamental en la historia, una historia que tiene múltiples lecturas. Por un lado, se puede apreciar el arte creado por los intérpretes y su directora, sin analizar nada, simplemente captando sensaciones. Por otro lado, el conocimiento de cada espectador será el que oficie de hilo conductor entre la dramaturgia y el observador.

Teniendo en cuenta esta información, la dimensión que cobra “Negras inquietudes” es difícil de transmitir con palabras. Por suerte, éstas no son necesarias -por la cantidad de herramientas con las que se cuenta a la hora de narrar las diferentes secuencias de lo que, al menos para mí, es una película en vivo-.

Como decía anteriormente, es mi segunda experiencia delante de esta obra y las conclusiones a las que llego son diferentes en algunos puntos. Por ejemplo, la vez anterior pude estar inmersa en la historia ya que la llevaron a cabo como performance en una sala que permitía el desplazamiento del público. En cambio, en esta ocasión, el estilo romano fue el escogido por la disposición de la sala del Celcit.

Seguramente habrá gustos para una u otra opción aunque, lo bello, es que ambas dejan impregnadas sensaciones agradables en el corazón. Hoy se presentó dentro del marco del Festival de títeres para adultos y, por los comentarios que se escuchaban al finalizar la función, la aceptación fue globalizada, al igual que la gran convocatoria reflejada en las butacas totalmente ocupadas.

Una inquietud, un interrogante, un pensamiento esbozado en voz alta es lo que permite llevar adelante una puesta en escena tan completa, compleja y estética. Todo parte de una muñeca, que simboliza a su dueña y, a partir de allí, el mundo fantástico se apodera de nosotros. Dos historias complementarias se unen: la del mundo real y la del mundo ficticio. En una se podrá apreciar a la muñeca, títeres e historietas cobrando vida para contar cada acontecimiento, formando parte del mismo. Pero, en la otra, los humanos son los que continúan la trama de la historia. De esta manera, cada quien escogerá si unir ambos desarrollos o no.

Gracias a la falta de escenario tradicional, se podían ver los trucos, armado y desplazamientos de estos talentosos artistas que sorprenden de una manera tan grata, hasta brotar lágrimas de agradecimiento por tanto.

Son tantas las obras y espectáculos que existen en la cartelera de Buenos Aires que, difícilmente, se pueda decir qué es lo mejor. En esta oportunidad, la experiencia es imperdible.

Negras inquietudes1

Por tratarse de un espacio escénico más pequeño que el anterior, el suspenso fue más estremecedor y el montaje de cada secuencia pude sentirlo más fugaz.

La belleza de la muñeca transformada en mujer, las sombras que no muestran solo oscuridad sino complementos de la luz, los pasos que marcan el tiempo, la nostalgia representada en los ojos de Gabriela, el miedo que se intenta apoderar del más desprotegido que pretende provocar terror por las persecuciones, por los sonidos por todo lo que surge y desaparece -como si se tratara de lo blanco fundido en lo negro-.

La magia de este elenco es lo que le hace falta a esta vida que oscila entre la rutina y la desesperanza. Lo novedoso transitando cada espacio vacío, impregnando arte donde solo existe un huequito, utilizando la inteligencia y el cómo para transmitir, para dar la oportunidad de volar, de mirar, de apreciar lo artesanal de este trabajo que proyecta sombras en un vestido de papel y en telas blancas; demostrando que lo negro no es malo sino necesario para resaltar lo claro.

Negras inquietudes es un tesoro para archivar en el alma, no en un baúl de recuerdos. Negras inquietudes permite deleitarnos con Tim Burton, quizás sin que se lo hayan propuesto en el guión. Negras inquietudes es un proceso llevado a cabo por titiriteros que tienen muy en claro sus objetivos. Como espectadora aplaudo, lloro y mantengo una sonrisa de dicha. Mientras haya interrogantes habrá evolución así que celebro la valentía de este gran desafío hecho realidad.

Negras inquietudes ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Un mismo cielo para compartir

In tenebris lumen

“In tenebris lumen” -traducida como «Una luz en las tinieblas»-, es una obra de teatro, unipersonal, escrita e interpretada por Adrien Vanneuville y dirigida por Ricardo Di Giovanni.

Esta pieza artística utiliza herramientas del género clownesco y un objeto convertido en niño. De esta manera, ambos, irán transitando un escenario en que la risa salvará y sanará cualquier herida bélica.

La escenografía es simplemente una placa -repleta de noticias de guerras- que Adrien irá rotando y moviendo de acuerdo a la acción que acontezca. A su vez, la iluminación cumple un rol primordial ya que hará énfasis en una escena u otra, en un momento u otro.

Al mejor estilo Roberto Benigni (en su creación de La vitta é bella), se utilizará a la risa para apaciguar cualquier tormenta, bombardeo y persecusión. Sin centrarse en un país o continente determinado, la dramaturgia pretende crear conciencia, uniéndonos como semejantes para solidarizarnos con quien más padece.

Cuando todo está en penumbras, se escuchan los peores ruidos, esos que te estremecen la piel -erizándotela por completo- y, la presencia de la dictadura o de cualquier guerra, hace su aparición.

En un momento, este hombre abre su maleta y encuentra a su futuro amigo. Él puede ser perfectamente su amigo o hijo o niño abandonado. Lo certero es que está en su valija como pertenencia. Muy lindos momentos pasarán juntos, evadiendo la triste realidad y pretendiendo crear una atmósfera más feliz. Entre ellos lograrán un lazo muy estrecho pero ni siquiera sus narices rojas evitarán el dolor y la sangre derramada por los destructores de la paz.

A diferencia de Benigni, Adrien no solo entretendrá a su pequeño sino que encarnará un personaje que le dará alegría a sí mismo.

El llanto no aparecerá en la historia ya que estará ocupado por cosas más importantes que el lamentarse precipitadamente. Y, con respecto, al lenguaje utilizado para narrar, el artista dialogará con uno inventado donde no se podrá comprender su significado sino la intencionalidad del mismo. Esta elección le otorgará a “In tenebris lumen” una atmósfera más dramática y conmovedora.

Si hubiera escogido hablar, como tantas veces se hace, no habría una instancia de interrogantes sino información y más información para asimilar y guardar.

Lo destacable es lo poco que precisa Vanneuville para lucirse en escena, para enternecernos y para dejar su semilla que, seguramente, abrió más de un corazón dormido.

Sin ir al extremo de lo que es una guerra, se puede pensar en cualquier situación cotidiana donde no haya armonía, donde los niños sean víctimas y tengan que crecer rodeados de violencia y maldad. A veces, observando lo que pasa afuera o en un conflicto internacional, nos olvidamos de mirar lo que sucede al lado. La proximidad es lo que dificulta la evolución humana ya que siempre encontraremos algo peor a lo que vivimos.

In tenebris lumen3Este llamado a la reflexión por parte de actor y director, crean un espacio para pensar y hacer. Lo que ocurre, muy a menudo en estos tiempos, es que la oratoria se convierte en la mejor amiga de los cobardes, de aquellos que eligen hablar en vez de accionar, que prefieren quejarse y criticar en lugar de dar el ejemplo.

Cuando todo parece perdido, esa luz que tanto anhelaba, se enciende; permitiendo que ocurra un milagro no sin antes hacernos sufrir y elucubrar teorías al respecto.

El suspenso estará presente en momentos específicos de la obra, siendo la comedia lo más sobresaliente. Cada mirada entre estos personajes nos elevarán, nos darán esperanzas, amor y un vínculo estrecho con quienes amamos.

Mientras los efectos sonoros ambientan determinadas escenas, el actor se luce con sonidos propios que recrean cada juego y situación.

¿Qué sentirá un hombre al perder a su hijo? ¿Los padres cuidan a sus hijos como se lo merecen? ¿Cuál es la responsabilidad que deben tener unos sobre otros? ¿Cualquiera puede ser padre?

Niños muertos, abandonados, desnutridos, desahuciados, tristes, tirados, olvidados…

Los pequeños merecen amor y adultos responsables. Los pequeños merecen.

In tenebris lumen ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Si no puedes con tu enemigo

Manifonías

Mariano Cossa interpreta a un músico concertista que intentará tocar unas piezas clásicas, las cuales serán, recurrentemente, interrumpidas por unos simpáticos títeres de varilla.

Este espectáculo infantil se presentó dentro del Festival de títeres para adultos y, el público, se apasionó con las melodías en tempo di allegro.

Mientras los pelos revoltosos del músico se despeinaban, más de la cuenta, por el momento tenso que atravesaba, sus nuevos amiguitos lo invitaban a formar parte de una entretenida misión.

Realmente, es interesante “Manifonías” (de la Compañía Buenos Aires Títeres, dirigida por Néstor Caniglia) para melómanos y para personas que no tienen demasiado vínculo con la música clásica, convirtiéndose durante una hora en fieles conocedores de la temática.

Si bien ya había visto la obra en el verano, noté algunas diferencias entre ambas funciones. Notablemente, la primera vez los niños eran mayoría y, en esta ocasión, los adultos invadieron -lógicamente- la sala del Celcit.

Con respecto al intérprete humano, es muy gracioso, motivador y empático su personaje; logrando interesar a los espectadores y elaborando diferentes expresiones en su rostro y cuerpo que provocaban risas constantes.

Por el lado de los títeres, tanto Sandra Antman como Mario Luis Marino, desarrollaron una estupenda performance con dichos objetos que se paseaban por delante y detrás del pobre músico.

Una vez que lograron enloquecerlo y sacarlo de las casillas, se unieron y lanzaron a la aventura. De ahí en más, ambas partes se necesitaron para resolver la misión que no tendría sentido develar.

Manifonías1

El escenario -recreado bien al estilo de teatro tradicional con telones- tendrá al artista que, entre partitura y partitura, le irán ocurriendo diferentes peripecias -como ver convertidas éstas en un barco de papel-. Todos las secuencias tendrán su encanto e intervención por parte de los adorables títeres, los que simbolizarán a las almas infantes.

Un muñequito amarillo se desplazará, en primera instancia, por lo bajo, intentando pasar algo desapercibido, para luego irrumpir durante el concierto.

Llevará consigo una pequeña escalera. Aparecerá y desaparecerá tantas veces que nos descostillará de la risa por cada movimiento.

Algo a tener en cuenta y resaltar es que la obra no se vale de la palabra, utilizando gestos, sonidos y la música en vivo tocada con una guitarra acústica.

Nunca fue tan divertido pescar ya que no se trataba de peces sino de objetos impensados por el público, un público que por una noche se dio el gusto de reír como criatura y disfrutar.

Esta obra demuestra cómo es mucho más lindo nutrirse del “otro” antes que dejarlo de lado o pelear por destruirlo.

Manifonías ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La verdad tras el velo

Secuencias de un anonimato

“Secuencias de un anonimato” (de y dirigida por Carmen Kohan) fue la obra elegida para abrir el Festival de títeres para adultos, el cual se presenta por noveno año consecutivo. Esta pieza teatral de máscaras y objetos se representó en la sala del Teatro Celcit.

El título, ya de por sí muy llamativo, nos remite a temas profundos -imposibles de no vincular con política e ideología-.

La identidad es tan importante como la existencia misma. Saber quiénes somos y vincularnos con los demás como tales, sin que nos inventen un personaje a seguir según el antojo del creador.

De esto se trata esta pieza teatral que, sutilmente, nos va llevando por sitios no convencionales, a modo de escenas, transmitiendo dolor, angustia y pesar. No existe demasiado lugar para reírse ya que no se trata de humor sino de replantearse la propia esencia, buscando y buscando hasta llegar a la raíz.

Llama la atención el escenario, del que cuelgan muchas telas coloridas. Pero, esos colores son la antítesis de los diálogos que vendrán a continuación. Dos mujeres son privadas de su libertad y llevadas a la esclavitud. Ellas no pueden mostrar su rostro y deben utilizar unas máscaras blancas sin expresiones. La rigidez representada en el plástico no es lo sienten sus corazones, los cuales lloran sin mostrar lágrimas.

Cada secuencia va increscendo, alcanzando el sentimiento más desgarrador y teniendo esa delicadeza al afrontar ciertas temáticas como para no incomodar a nadie.

Como si se tratara de seres totalmente reemplazables, van cumpliendo una rutina que siempre es la misma. Basada en sembrar en determinado tiempo unas semillas para luego darle de comer a su jefa. Esta persona no solo no tiene bondad sino que su inescrupulosidad la lleva a cometer cualquier tipo de delito o acción con tal de lograr su objetivo.

Las prisioneras, llamadas por letras del alfabeto griego, están ahí, sentadas, paradas o acostadas -según se les ordene-. Ellas no tienen poder de decisión al parecer y cualquier tipo de revelación tendrá sus tristes consecuencias.

Durante la historia se podrá disfrutar de una función artesanal, con proyecciones de guías positivas que fusionan texturas diversas con las representaciones en el escenario. Así se va conformando una especie de film en vivo en el que, inclusive, se plasman sombras de los espectadores. La música, las interpretaciones de estas maravillosas actrices, el canto de una de ellas y el tic tac, constante; permiten que el mensaje de esta dramaturgia sea una mezcla entre ferozmente real.

Entre los agujeritos de las máscaras se podía llegar a vislumbrar la tristeza de sus ojos, las lágrimas secadas con paños festivos, los objetos represores con extremidades cada vez más largas que abrazaban hasta ahorcar a sus víctimas. Una habitación en penumbras que las alojaba. Ese lugar que lejos de darles descanso, las asfixiaba.

Torturadoras y torturadas, poder sobre debilidad, autoridad por sobre necesidad.

Secuencias de un anonimato1

“Secuencias de un anonimato” demuestra cómo la rigidez no tiene sentido y cómo la pobreza convive con la humanidad, reuniéndose hasta en la muerte, compartiendo rituales, amor y todo tipo de sentimiento agradable para sobrevivir hasta en la próxima vida.

Las sin identidad, la tienen. Las sin nombre real, lo tienen. Las enmascaradas tienen rostros de mujeres aunque deben ser desprovistas de éstos para que la manipulación de las otras sea más sencilla y eficaz.

Luego de saciar su apetito, de comerse hasta la identidad de sus “sirvientas”, sienten poder. Pero es un poder vacío, irreal, desprovisto de virtud.

Por detrás de una tela color piel, transcurre toda la locura y voracidad de estas fieras que desean deglutir todo. Una vez conseguido esto, no tendrá más sentido nada.

Obedecer o castigar. Decir basta y pagar las consecuencias. Obedecer y permanecer, sin saber por qué ni para qué. Respirar y seguir. Escapar y arriesgar-se.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Vulgarmente rica

Lady Dómina13

Leo Veterale, «La Barby» interpreta a una marquesa del siglo XVIII que se encuentra en la ruina -sin siquiera saberlo o sospecharlo-. Su mayordomo, Sigfrido (Juan Palacios) intentará fingir que el pasado millonario sigue existiendo en la mansión épica.

Lo entretenido y cautivante de Lady Dómina (de y dirigida por Paul Caballero) es la manera de entrelazar relatos antiguos con contemporáneos. De utilizar recursos televisivos y códigos conocidos por todos para contar una historia tradicional de familia adinerada, mezclada con tintes de humor y sátira que logran divertir a los espectadores durante toda la obra.

Podrán preguntarse qué distingue a esta dramaturgia de otras y es que no existe un factor dominante sino el poder conjugar estilos que permiten burlarse de una sociedad estancada en el tiempo, cegada y ausente de los problemas cotidianos externos.

Es tanto lo que Dómina pretende que ni siquiera se da cuenta de la mala alimentación que tiene a diario. Ella, simplemente, luce esos vestidos de raso y puntillas, llegando a ser el ejemplo de esplendor de lo que fue y nunca más será.

Los cuatro personajes en escena son muy diferentes entre sí lo que permite que cada quien logre una identificación o empatía con alguno de ellos. Para cortar cada uno de los relatos que se suponen profundos y trágicos, se le pedirá al violinista (Hernán Felipe) que toque unas breves melodías. Esto logrará crear un clímax muy agradable, rompiendo con los diálogos existentes.

Quizás, al ser Leo Veterale el famoso, la mayoría del público acuda a verlo a él pero -al llegar al Teatro Porteño- se dará cuenta de un talentoso actor e intérprete: Juan Palacios. A veces los personajes secundarios se recuestan sobre los protagonistas y, otras tantas, ocurre al revés. Sigfrido, tan bien caracterizado y lookeado produce una enorme cantidad de sensaciones: desde asco hasta ternura y compasión. Él tuvo que permanecer al lado de esta tirana mujer, en las buenas y en las malas; siendo objeto de burla, rechazo y descalificación.

Llama la atención el nombre Lady Dómina, el cual es una paradoja: Señorita señora. Ella es las dos cosas, dos personalidades que chocan en su interior. Una mujer con deseos carnales y una perversa que usa la riqueza para corromper almas inocentes.

Tener un nombre que refleje lo que es, su modo de proceder, de mostrarse ante los más pobres y conseguir ser el centro de atención a cambio de dinero. Aunque, una vez que el secreto de su pobreza sale a la luz, su vida toma otro camino. Tiene que rebajarse, volver a recordar un amor pasado y convencer al hijo de éste, Francis III (José María Bourdillón), de llevar a cabo un entrenamiento que dará que hablar. Una vez que se plantea un nuevo escenario, el fracaso no se aproxima y el desenlace llena de alegría cada retazo de esta pieza teatral (que se está llevando a cabo en el Teatro Porteño).

Paul Caballero juega un juego difícil que solo es posible llevar adelante contando con artistas que dejen todo en el escenario. Lo grandioso de la historia es que no solo existe un guión al que están sujetos, sino la improvisación que brota de sus venas, dotando a Lady Dómina de realismo, de sensaciones y de una adrenalina arrasadora.

El grotesco une lo vulgar, lo delicado y refinado, lo bruto y desaliñado; con un eje central que está vinculado a la irrealidad de la alta sociedad. Al egoísmo de ésta y a lo escalofriante que puede resultar el manipular a alguien que, realmente, necesita ayuda económica.

Reír y tomar conciencia se unen como fórmula química, como un proceso sensible y posible, entrelazando esta vez a seres diferentes, opuestos y semejantes ya por su sola condición de humanos.

Lady Dómina ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Una fiesta titiritera

logo2014

Después de una tarde agobiante de calor en que cuesta caminar de la pesadez y de la típica humedad que caracteriza a nuestra hermosa Buenos Aires, fui a hacer la fila para ingresar a la apertura del noveno Festival de títeres para adultos. La cita fue en Pan y Arte, un lugar muy cálido y acogedor, ideal para un evento de este estilo.

Luego de aguardar un ratito en la calle, ingresamos a la sala más grande del lugar y se pudo disfrutar de breves fragmentos sobre algunas obras ya conocidas por todos. Ellas fueron: Efímero cine (de la compañía La poderosa máquina), Música maestro (del Grupo Kukla) y Síndrome de Eureka. Cabe aclarar que entre una y otra puesta en escena, Ana Carolina realizó unas intervenciones de stand up para amenizar la espera.

Con respecto a las tres exposiciones, la más extensa fue la de Efímero cine así que me centraré en ella para contarles algunos detalles que hacen a la cuestión. Estas talentosas artistas utilizaron un juego de parque jurásico con todos los dinosaurios, cámaras digitales, diferentes elementos como agua y fuego, y una pantalla para proyectar -al mejor estilo cinematográfico- cada escena en que transcurría la historia de amor oriental. Si bien en tan pocos minutos no es posibles conocer la total dimensión de la puesta en escena, me pareció muy interesante la síntesis que hicieron para transmitir una obra extensa en pocos minutos.

Mientras una de las intérpretes sostenía a su bebé en un fular rojo, otra narraba el contexto de la dramaturgia y, la tercera, ponía manos a la obra para expresar con distintos recursos el amor de esta pareja que convierte su romance en una futura familia.

Cada detalle da una precisión tan exacta como real sobre lo que se siente al amar tanto a otro. Una carta que se prende fuego, que se consume de a poco, una lluvia incesante con pequeñas gotas que se impregnan en el papel y la música que acompaña cada acercamiento y alejamiento tan normal entre dos personas.

Para el cierre, tuvimos el agrado de escuchar al músico y cantautor uruguayo, Martín Buscaglia, quien no solo interpretó varias canciones sino que ofició de relator de su propia vida, contó anécdotas y convirtió al acto inaugural en una verdadera fiesta en que muchas de las chicas no paraban de deleitarse y tomarle fotografías, a la vez que cantar junto a él cada una de sus letras.

Su proximidad y buena onda convirtieron la noche en una comunión donde la guitarra fue su fiel compañera. Siempre habrá letras más pegadizas que otras o que nos conecten con algún recuerdo o vivencia. En este caso, tres canciones me impactaron por su filosofía y profundidad: Hay tanta música, toda una vida para aprender (Mil cosas), Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni hacia dónde voy (Vagabundo), Es que todos somos raros. Todos somos todos, todo por un rato (Todos somos raros).

Resultó ser una experiencia totalmente renovadora y el calor se convirtió en un frescor, el sudor caliente en frío y nos convertimos en su coro cuando Buscaglia lo precisó.

Altas horas, El sol, fragmentos de canciones de bossanova y Kamasutra; fueron otras de las interpretadas por este músico que con sus ojos color cielo nos demostró que la vida es nuestra, que debemos hacerla de goma y a nuestro antojo.

Para “El candombe de Marte”, dejó su instrumento de lado y tomó su botellita de plástico de agua. Con ella, como percusión, continuó las estrofas que decían: sé que voy a amarte, amarte tanto que voy a marte, que si te vas lejos yo voy a encontrarte.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una luz en el camino

Silvina Moreno Real10

Cuando algo nos gusta, hacemos hasta lo imposible para que no termine, para que permanezca con nosotros, para que el tiempo se diluya y no tenga un parámetro, que no haya ni exista nada que nos detenga.

Esta artista, desde tan joven, viene estudiando, formándose, haciendo carrera y gastando los escenarios de una manera muy profesional. Como invitada, como cantante de su propio show y como compositora de sus propios temas, Silvina Moreno va haciendo su camino y trayectoria. Sin embargo, la humildad que la caracteriza, le hace repetir su nombre y apellido para que su fiel público la identifique. Atravesando el pop y pop canción de una manera tan delicada y con garra, no tiene de qué preocuparse. Sus recitales son shows llenos de una mágica energía que se escabulle entre los dedos para enseñarnos cada letra nueva. De hecho, esto se puede observar en cada boca que expresa a viva voz un verso, un estribillo y el apoyo, constante, que tiene desde que decidió este camino musical.

Sin pensarlo demasiado, un día del año pasado recibí la invitación para verla en Boris, donde nuevamente hoy adelante Real -su nuevo material discográfico- y si bien la palabra fanatismo suena un tanto exagerada, no pude parar de escuchar sus canciones. Es su historia, su pasado y presente, cada detalle de lo que vivió y atravesó, sin hipocresías, solo mostrando su alma.

Del disco Mañana sonaron: Puede ser, No sé, Feeling sorry y Faro. Para ésta última, subió al escenario como guitarrista: Rodrigo Guirao Díaz, quien con sus ojos azules alumbró las melodías y esa canción que tanto ama la artista.

Por el lado de lo nuevo tuvimos el placer de escuchar: Who, Miedos, Healing song, Caja flotante, Feliz, Real, Ya lo entendí, Ahí, Clash y De donde vengo. Entre anécdotas, invitados, y la intimidad que caracteriza a los encuentros musicales de Silvina, llegó el momento de despedirse.

Pero el público, instente, no gusta de los desenlaces y como palmas y avivando, sonó el blues Favorite Perfume, una canción que no está incluida en ninguno de los dos álbumes, compuesta por la artista e interpretada por Federico -bajista de la agrupación-.

Qué decir de Silvina cuando comparo ambos recitales. Cambió su look, su color de pelo, su corte, pero sigue siendo esa joven que al terminar de tocar saluda a quien se le acerca, le dedica un ratito de su tiempo, sonríe y agradece. Esto es una artista de verdad que tiene asegurado el éxito porque canta como los dioses, toca una infinidad de instrumentos, tiene actitud escénica y es feliz con lo que hace.

Esta noche la sentí como un segundo capítulo de la del año anterior. La primera fue una introducción, un viaje al proceso de edición de cada letra, su desarraigo al dejar el país para estudiar en Estados Unidos y cómo priorizó su futuro en pos de extrañar y anhelar, tambíen, estar con su gente.

En esta oportunidad, Silvina no se detuvo a narrar cada vicisitud pasada sino el presente, tocando aquellos puntos claves del material anterior. Ese disco será siempre abrazado por todos porque todo lo incial tiene ese dejo de melancolía y pasión, de esfuerzo y dedicación. Ahora, se prepara para otra vuelta de página en que las melodías se tornan más alegres y no tan desgarradoras.

Y sí, ya no tiene la necesidad de esbozar su tristeza porque está con su entorno. Los momentos cambian, pero ella se mantiene fiel a sus ideales, con un grupo de músicos que la acompaña y deja una huella.

Podría decir que la noche se fue volando. Se lo comenté y me contestó que ahora tocan más temas que antes. Así fue. Pero como dice una frase: lo bello siempre dura poco.

Silvina Moreno ficha

 

Mariela Verónica Gagliardi

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