*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Otras maneras de vincularse

Independencia

PH: Fuentes2fernández

En el país del nunca jamás esta familia podría ser ubicada, colgada como un cuadro en sepia y desvinculada de todo contacto con el exterior. Así es como ocurre todo y toda “rebeldía” podría ser combatida con el peor odio imaginado. El terror podría avecinarse de un momento a otro, solo hay que saber esperar la oportunidad para vislumbrarlo si es que eso se desea.

No siempre una familia convive y se relaciona de una manera saludable y normal. A veces, y tantas realmente, lo que trata un clan es de moverse de forma funcional sin prestar real atención a su felicidad.

Este es el caso de la historia Independencia escrita por el dramaturgo contemporáneo norteamericano, Lee Blessing (traducida por Cecilia Chiarandini y dirección de Jorge Azurmendi) que invoca aquellas reminiscencias llenas de polvo. Un polvo de antaño, que huele a podredumbre y enviciamiento cuajado.

El lugar en que se desarrolla dicha trama es en un pueblo de Iowa (Estados Unidos), donde casualmente estudió Blessing la carrera de dramaturgia.

Tres hijas, de edades muy diferentes, se reúnen junto a su madre para rememorar ciertas cuestiones no resueltas. En verdad, más que reunión es una preocupación por la jefa de esta casa que utiliza determinados artilugios para manipular las vidas ajenas -por no haber logrado, quizás, tener una propia-. Y considero el “quizás” porque cada quien elige cómo vivir e incluso el que transita por este mundo sin tomar supuestas decisiones, aún está eligiendo desde el silencio.

Independencia, entonces, no se basa solamente en una lucha llevada adelante por cuatros familares íntimos, sino en el descubrimiento bien profundo acerca del rumbo que desean trazar en el futuro cercano, cuasi inmediato.

Las tres hijas necesitan liberarse de su pasado y presente. Es tal el agobio que sienten que piensan en escaparse de esas cuatro paredes. Claro que no viven juntas, pero la culpa las engaña y envuelve de tal modo que logra confundirlas y regresar a aquel momento en que sí lo hacían.

Esta dramaturgia, activa mecanismos de pulsión constantes, no dejando un instante para reflexionar en el momento. Los silencios no existen, los espacios vacíos tampoco. Es tal el control que quieren tener estos personajes -sobre sí mismos y sobre los demás- que Azurmendi consigue plasmar dichas esencias en cada acción y reacción. Es entonces cuando los engranajes funcionan a la perfección, dotando a la pieza artística de completa ira, pasión, deseo, odio, amor y demás sentimientos que surgirán durante toda la disputa familiar.

Con respecto a las interpretaciones, quisiera resaltar a Cristina Dramisino y a Anahí Gadda -las cuales consiguen una unión no solo como madre e hija ni por sus textos en escena, sino por la fusión que se precisa como para que una obra dirigida por Jorge Azurmendi cobre el vuelo necesario y se tiña de luz-. Es este dúo el que debe seguirse a lo largo de las líneas de la historia y diálogos para saber el dolor tan profundo que aún no cicatriza, el aroma a niñez que no madura y las caricias no siempre presentes que todo lo perdonan.

Por el lado de la escenografía, el espacio físico les permite jugar con cada lugarcito del teatro, utilizando absolutamente todo como para recrear sensaciones y sonidos lo más reales posibles.

Tal vez lo que produzca un alejamiento entre el escenario y el espectador sea el haber conservado los nombres en inglés de sus personajes y lugares. Si esto se modificara, sin lugar a dudas, la identificación sería excelente y no habría que imaginar dónde está situada, geográficamente, cada ciudad.

Independencia es una obra de teatro fresca, ágil y con mucho por analizar en el plano psicológico, social y dramático. Cada persona podrá hacer su propio viaje e ir quitándose aquellas mochilas tan pesadas que se creía cargarían para siempre.

Mariela Verónica Gagliardi

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Amor: antes y ahora

Cosas de la lluvia1

Ficha Cosas de la lluviaUna historia romántica es lo que mantiene en vilo a los espectadores que conocen a estos encantadores personajes de Cosas de la lluvia (escrita y dirigida por Julián Bertero, con música de Joaquín Bertero).

Así es como dos desconocidos, se encuentran abrigados por un acogedor paraguas que les permite una mágica unión. Como en las novelas, pero en su realidad y bajo sus reglas.

Esta comedia musical brinda la posibilidad de viajar a través de diferentes melodías, dentro de las que se van describiendo ella y él para, luego, conformar un ellos.

Canciones que otorgan detalles de la historia y que le dan mayor dinamismo a la trama, bajo la que es posible soñar, anhelar y lagrimear junto a los desencuentros ocurridos en algunas de sus escenas.

Son varias las temáticas que se abordan en Cosas de la lluvia y, sin lugar a dudas que una de ellas es la felicidad. Dante la menciona con el adjetivo sincero de: embole. Quizás por ello se permita sufrir más de la cuenta o no defender un poco más su romance con Mariana.

Lo interesante de la dramaturgia es que no sigue un orden cronológico y, así, es posible sentir un poco más de adrenalina y suspenso. Un actor que tiene la necesidad de contarle al público cómo fue su ruptura de pareja y cada uno de los pormenores que rodearon esos momentos. Él junto a su novia, actriz también, que es sin ocultar, que brinda lo mejor de sí y que está en condiciones de prosperar gracias a su generosa personalidad.

Otro de los atributos de esta pieza artística es que entre los dos actores se van retroalimentando durante los monólogos que interpretan durante la historia de amor. De este modo, la comedia se apodera de la narración y las risas abundarán durante la mayor parte de la función.

Al igual que todo joven y persona, ellos se posicionarán sobre los ejes fundamentales de su pasado, los cuales hicieron de ellos quienes son ahora.

En ensamble de músicos, en vivo, convierte a la lluvia en la escenografía ideal para que los amantes se fundan en un beso de amor eterno -aquel que los salvará del más profundo dolor-.

La convivencia, la incertidumbre, las personalidades opuestas, el deseo, la pasión, una misma vocación, el trabajo y demás temas irán convergiendo como sucede en toda relación íntima. De a poco, cada cosa irá ubicándose en su lugar y lo que se creía finalizado podría continuar.

Nosotros, mientras tanto, podríamos jugar a determinar si ella debería perdonarlo o él ser menos intrigante. Pero, lo verdadero y puro reinará al llegar el final y los ubicará en el sitio que tanto deseaban ocupar. No como trofeo sino como necesidad imperiosa del corazón.

Mientras tanto, cada una de las canciones será representada por una escenografía diferente y sencilla de cambiar -de un momento a otro- para que se vaya ilustrando cada situación.

Cabe resaltar el impecable y gran trabajo de Belén Ucar, quien tiene -como siempre- la facilidad de demostrar su brillo y talento para la actuación y el canto, los cuales permiten que la historia se desenvuelva muchísimo mejor. Utilizando el lenguaje clownesco para ridicular ciertas cuestiones y hacer más llevaderas aquellas más trágicas. Así, su figura muestra presencia y ductilidad que se demuestran en cada uno de los personajes que encarna.

¡Cosas de la lluvia es realmente una obra encantadora que merece ser vista por toda aquella persona que sienta maripositas en la panza!

Mariela Verónica Gagliardi

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Víctima del altar

I Capuleti e I Montecchi7

Ficha I Capuleti e I MontescchiLas historias románticas tienen su encanto y atractivo. Pero, si a éstas les sumamos el contenido dramático y bélico, la sensación de tensión produce aún más motivación en el público espectador. Qué mejor que aguardar la llegada de ese momento en que los amantes se reunirán en un beso eterno.
En esta versión, con reminiscencias de la tradicional Romeo y Julieta, el libretista Felice Romani escribe un argumento que se basa en historias de diversos autores y, principalmente, en la leyenda inglesa titulada La trágica historia de Romeo y Julieta. Dicha versión se estrenó, por primera vez, en Verona en el año 1830.
La acción se sitúa y desarrolla en el Siglo XIII, en Verona (Italia) y tanto la estética como puesta en escena permiten que lo que más resalte sea la vocalización y música presentes. Y este es uno de los principales puntos a destacar: el bel canto que imperó en esta época y continuó hasta el Siglo XVIII en el país mediterráneo.
Resulta, probablemente, imposible no hacer comparaciones con la versión de Shakespeare -que tan arraigada está en nuestra cultura- y es entonces cuando el raciocinio falla por completo.
Para contemplar y disfrutar al máximo la presente ópera I Capuleti e I Montecchi (con libro de Felice Romani y música de Vincenzo Bellini) es necesario despojarse de toda crítica no constructiva y del machismo en que se tendría que considerar a Romeo encarnado por un hombre. Nada de eso ocurre ya que la talentosísima Cecilia Pastawski es quien interpreta al enamorado en lucha, constante, de su Giulietta (Rocío Giordano), la víctima, en sí, de toda la trama que logra conmover desde un extremo al otro del cuerpo de todo ser humano presente en la sala. Este es uno de los puntos más incisivos que pueden notarse a lo largo de la función lírica y que podrá dividir al público considerablemente. Incluso, fue el propio autor quien dictaminó que el papel de Romeo sea ejecutado por un mezzosoprano y he aquí la elección (que se llevó a cabo en las diversas interpretaciones por diferentes países) de que sea una voz femenina la que cante los pesares, los mayores logros y el deseo por dar todo hasta las últimas consecuencias.
Esta ópera consta de dos actos y la totalidad de la misma es de aproximadamente 3 horas. Durante este tiempo puede sentirse cómo las partituras cobran vida bajo la dirección de Jorge Parodi quien le otorga a las melodías un vuelo enorme, permitiendo que cada uno de los presentes podamos inmiscuirnos en la obra musical desde el preludio.
Nada más gratificante para oír que una orquesta demostrando su excelencia, en cada uno de los conciertos brindados en el Teatro Avenida, otorgándole la precisión, la firmeza y la pasión con que puede tocarse un instrumento para recrear una era tan pasada, un momento en que dos familias se enfrentarán y en que la culpa será de quien menos se lo espere.
El libreto de Romani se basa más en la batalla desatada entre ambos clanes y no tanto en el romance. Es entonces cuando se notará cómo un pacto de paz brindado por una de las partes, no será acatado por la otra y de ahí en más estallará por los aires la desgracia de envenenamiento ya conocida.
Una obertura que invita al género dramático y burlesco a la vez, en que se podrá sentir tranquilidad, felicidad y la complacencia de que cada personaje luchó hasta donde quiso.
Puede notarse al gran cantante Santiago Ballerini encarnando al primo hermano de Giulietta, Tebaldo. Vestido de caballero, dispuesto a defender lo “suyo” y a demostrar su amor egoísta una y otra vez. Luciéndose, una proyección realmente audaz en que se luce como tenor y expone su grandeza como artista, dibujando en el éter las melodías de sus cantos. Se siente, se vive, se palpita y el caudal de su voz pareciera no tener fronteras. Por ello es que avanza, pretende conquistar el corazón de su amada y defender su legado.
Mientras tanto, el “error” de Romeo de matar al hermano de Giulietta no será motivo suficiente para separarlos. Detalles que le otorgan al argumento una impronta femenina enorme, pero no por ello menos dramática. El desenlace ya es de público conocimiento y por ello no indagaré en dicha cuestión.
En cuanto a la decisión de vestuario, la misma también se encarga de desdramatizar el contenido de la historia y conseguir profundizar en los hechos en sí. Y, adentrándonos en la cuestión estética, resulta muy conmovedor el ingreso de la protagonista luciendo de novia, suplicando no llegar al altar y poder encontrarse con su verdadero y, por lo visto, imposible amor. Como piezas que debieran encastrar a la perfección, la familia Capuleti es la encargada de empujar, -de manera inconsciente, aunque no por eso menos brutal- a la Giulietta, haciéndola cometer su propio crimen. La sangre no aparece y, al contrario, el dolor parece absorber todo vestigio de sufrimiento pasado. El culpable será juzgado oportunamente aunque ya no a tiempo de evitar ambas muertes.
Un elenco increíble, que se completa con Walter Schwarz (Capellio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo), quienes demuestran también sus destrezas vocales engalanando la noche en este emblemático teatro de Buenos Aires.
Cuando una pieza artística está bien llevada a cabo hay que decirlo en mayúsculas y este es el caso.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Ladrando para ser libres

Bacanes1

Ficha BacanesBacanes, un musical perruno (escrito por Nicolás Blampied y Matías Dinardo, dirigido por éste último) es una de las propuestas más innovadoras y entretenidas en cuanto al género. Resulta encantador el argumento, demostrando que la ternura no pasó de moda -al menos para el reino animal-.

Como dos mundo paralelos y, a veces irreconciliables, los humanos consumen manjares exóticos mientras los despreciados perros se consuelan uno a otro intentando no perder la esperanza de que, en algún momento, las cosas cambien a su favor.

Un elenco actoral realmente suspicaz, muy talentoso y que estamos acostumbrados a ver en escena en el teatro u otro espacio artístico. Por eso es que se produce un climax inmediato desde la introducción de Baco (el perro y dueño de la mansión en que se desarrolla toda la historia) con su guitarra, desde la que aflora su pesar en esta vida.

En segundo lugar, quienes contamos con más de veinte años podremos sentir una fuerte identificación con la década del 90´ en que se apoya y sustenta cada uno de los relatos y canciones de Bacanes. Desde las blusas, los colores, la moda que hoy en día nos puede parecer ridícula, hasta el más mínimo detalle, permiten que nos ambientemos en la época, en el estilo de sus melodías e incluso en los ritmos que bien podían escucharse tanto en teatro como en televisión. Y hago hincapié en esto último porque no siempre es sencillo narrar una era con canciones sin tener que recurrir a la palabra hablada. En esta oportunidad, la música cumple con el rol de protagonista -como debe suceder en una comedia musical-.

Matías Dinardo no solo escribe y dirige sino que también interpreta a un personaje emblemático de la historia, al igual que ocurre con los otros tres humanos (muy bien caracterizados y distinguidos entre sí). De este modo el ser bacán se convierte en una raza de mayor estirpe que la animal, hasta que ésta hace su merecido reclamo pretendiendo ser oída.

¿Quién dijo que un can no puede ser dueño de su casa?

Siempre los hombres se apropian de lo que su deseo ferviente de especismo les otorga. Quizás sea momento de que estas dos parejas se replanteen las decisiones que toman, quiénes son y por qué sienten aires de grandeza que nadie les da.

Sin lugar a dudas que los dos actores que encarnan a Baco y Vera (los perritos de la obra) se llevan toda la atención del público por su dulzura y ocurrencias. Movienzo la cola, saltando sin parar y moviéndose al igual que uno real. Así es encantador que un apocalipsis irrumpa, para que lo escondido u ocultado pueda salir a la luz y hacerse oír de una vez por todas.

El maltrato en todas sus varientes no debería existir, pero existe. Y en lo que respecta al maltrato animal menos tendría que tener lugar en el universo ya que son seres más indefensos en un punto. Imaginen por un instante a un perro morder a su amo. Sería condenado, probablemente con una sentencia de muerte, pero si se tratara de un hombre dañándolo no valdría ni un segundo de parpadeo.

Existen las injusticias morales y Bacanes es un plato fuerte para pensar, profundamente, en ellas. Para tomarse las cosas con el peso que se merecen y darle a una “mascota” el amor que se merece o la libertad para que pueda ser feliz.

¿Por qué unos deben permanecer en prisión para que otros sean “libres? ¿O será que la libertad tiene más que ver con las ataduras mentales y para demostrarle al mundo cuán vivos son deban tomar decisiones erróneas?

Una mesa de estilo, larga y maciza hospedará a estos humanos que encontraron un espacio para hacer rodear su malicia, sus caprichos y la posibilidad de mandar para sentirse alguien.

El manifiesto en este caso es a favor de los cuadrúpedos que ladran de diferentes formas y consiguen cantar sus sueños. Probablemente sea demasiado tarde para cumplir algunos, aunque no para darse cuenta al lado de quiénes no está bueno permanecer.

En definitiva, todos nos cruzamos por algo y para algo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un virtuoso de la actuación

Jorobado7

Ficha JorobadoJorobado, el encierro de un cornudo (versión libre del cuento El Jorobadito, de Roberto Arlt) es un unipersonal (creado e interpretado por Claudio Pazos) que toma el argumento del texto original pero desde una arista diferente. En esta ocasión, el hombre desdichado -y no me refiero a Rigoletto- se encuentra encerrado, sin poder huir de donde está y con varios interrogantes por resolver. Su ira es uno de ellos y es que aún siente la imperiosa necesidad de mostrarse resentido, dolido y un tanto precipitado.

La proyección que realiza el hombre en el jorobado es de tal dimensión que no consigue terminar con el asunto que lo está afligiendo: el amor o desamor hacia su novia.

Es tal la locura que se apodera de estos seres que pueden sentir la agarofobia desde lo más profundo.

Todos deben recordar el primer y casual acercamiento entre el jorobadito y este hombre, en un bar. De ahí en adelante, el favor tan extraño y tenaz que éste último le pide al primero y que no se cansa de reiterarla.

El genio y talentoso Claudio Pazos consigue acercarnos a cada uno de los personajes del libro de Arlt, pero algo cambiados. Su imaginación ha tomado lo más relevante y les ha otorgado la gracia necesaria para que nosostros como espectadores podamos ingresar en el universo del autor desde un comienzo. Es tan así el efecto que produce Pazos que la sala más preciosa y original del Teatro La Comedia, se convierte en un lugar distinto, con una atmósfera increíble y muy bien lograda.

Es posible que odiemos al jorobado o no, de acuerdo a los atributos que se detallan sobre su persona, pero lo que resulta ineludible es el carácter violento de su nuevo «amigo», quien se cree con total impunidad de maltratar a otra persona por el simple antojo de considerarlo indigno de respeto.

Entonces es posible sentir la asfixia -conseguida por diferentes objetos de la puesta en escena-, verlo suplicar, notar la aparición del corcovado, sus dolencias y aflicciones, la sorna con que ambos personajes se manifiestan, unos tacones rojos para vestirse de pura y la ilusión de una boda que no es posible que ocurra.

Una marcha, no nupcial, que permite oír las voces de estos hombres, sus justificaciones y el placer de terminar con otra vida cuando no se puede con la propia.

Este cornudo sabemos que no es tan y que manipula la realidad a su gusto para esconder su cobardía. Quizás su mayor disgusto sea toparse con un extraño y saber que sus intereses no son los suyos y que su imperfección física no lo tortura como al otro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Repensando el sistema educativo

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En ciertas ocasiones, hay tantas verdades por comunicar que, para que suenen más sutiles y lleguen a un mayor caudal de personas se utiliza el canto. Pero el canto como modo de evocar, de buscar, de indagar, de convencer acerca de determinadas cuestiones sumamente importantes para el desarrollo humano. Sin lugar a dudas que la educación es esencial en esta vida.

Aunque, la educación, no tomada como sinónimo de escolarización sino de ensañanzas impartidas de unos a otros o asimiladas de diversas maneras.
Mundo redondo (de Roberto Peloni) no es solo un homenaje a la poética y música del reconocido grupo de rock nacional (Redonditos de Ricota) sino un modo de quitarle polvo a tantos temas supuestamente archivados.

Así es como se puede disfrutar plenamente de un musical -con letras famosas, de Patricio Rey, aggiornadas a las escenas en que se va desarrollando la controversial historia-.

Un grupo de estudiantes se rebela contra el sistema tradicional y todo el orden establecido empieza a ser juzgado una y otra vez… hasta que el rebaño deja de obedecer y empieaz a pensar. Diferentes tipos de manipulación que hacen someter a los más débiles e ignorantes, son mostrados con total crudeza y el musical toma el vuelo necesario para que toda la pasión reinante en la juventud pueda hacerse cargo de lo que le toca: del poder real que tiene para conseguir cambiar lo que no ayuda en absoluto al aprendizaje.

La figura de la maestra-directora que con su puntero señala, determina, ejecuta y aniquila.

Y vas corriendo a la deriva (Ji ji ji), es una de las frases que más resuenan en mi cabeza, como pudiendo imaginar que la ficción y la realidad se fusionan en un punto medio en que ya no se distingue el pesar del asombro, la irremediable de lo inmediato, lo fugaz de lo eterno.

Correr para escapar, pero sin saber a dónde ir, sin comprender para qué sino solo un supuesto por qué.

Mientras los cuerpo simulan su desnudez, desprovistos de ropa que los cubra, éstos se unen, se distancian, danzan, ocupan un pupitre y caen rendidos al suelo: como un rebaño, como un único rebaño.

Talento y más talento, como si se tratara (y efectivamente lo es) de un semillero de artistas que todo lo pueden.

Imposible resaltar a uno por encima de los demás ya que es un trabajo teatral exquisito, perfecto y que dan ganas de ver más de una vez. Como una rueda de ferrocarril que nos va llevando hacia uno u otro lugar, apoyándose en en argumentaciones melódicas que hacen más llevadera la temática vigente. Así, el control, la manipulación, la digitación y el deseo de una minoría «poderosa» puede vislumbrarse en escena; y, su contrapartida se observa en esos cuerpos gastados y cansados de obedecer sin recompensa alguna.

Las voces se hacen eco y los arreglos musicales surten un efecto ideal para que Mundo redondo sea una exploración hacia diversos planos de la vida, del que se van ramificando subtemas, hasta concluir sintiendo la naturaleza, sus fragancias y frescura.

Destreza es lo que sobra y sueños por cumplir es lo que se espera, aunque mínimamente giren en torno al respeto por el «otro», un otro que escucha, que siente, que ve y que, por sobre todas las cosas, existe.

El mundo es de la forma que cada quien pueda imaginarlo, pensarlo y reformularlo. Esto es lo que Los redonditos de ricota hicieron a lo largo de su larga carrera musical y es lo que el gran Peloni logró capturar.

Esa esencia infinita que huele a todo lo que cada humano pueda absorber en su memoria y corazón.

Idea, puesta en escena y dirección general: Roberto Peloni
Elenco: Ana Victoria De Vincentiis, Paula Dopico Díaz, Agustina “Seku” Faillace, Carolina Gómez, Laura Manzini, Ignacio Mintz, Belén Pasqualini, Roberto Peloni, Francisco Ruiz Barlett
Arreglos vocales: Raúl Oliveira
Arreglos musicales y versiones: Javier Arias

Mariela Verónica Gagliardi

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El peligro de ser vendedor

Extraño juguete1

Ficha Extraño jugueteUna historia que comienza no por su inicio es lo que da pie a una ambientación muy sexy en la que una serie de acciones se van desarrollando y teniendo lugar.

Extraño juguete (escrita por Susana Torres Molina) nos plantea un universo lleno de sentidos, permitiendo que nos apropiemos de los que deseemos. Un hombre, en esta ocasión, es el “objeto” y será éste sobre el que recaerán todos los deseos más carnales. Dos mujeres explorarán y se explorarán hasta considerar-se parte de un todo que está abierto a discusión, a la moral, a la ética al todo.

Entre risas, comicidad y drama, este objeto-hombre tendrá la oportunidad de hablar, de expresarse y de demostrar su gran talento actoral en escena.

Como si la ciencia viniera a buscar respuestas no dadas, o verdades no satisfechas. Esto es lo que se siente, todo de lo que se abstrae, lo recurrente y no saciado, lo que inoportuna a quien más lo grita.

¿Se puede pagar para ser complacida?

Nada de eso se podría asegurar. ¿Cómo dar certezas cuando no se las tiene en ningún plano de la vida?

Un espejo en el que sucede lo que se ve y no lo que se siente. Tres cuerpos que entran en acción, conducidos por el fervor, por la lógica, por lo que aparece y se disuelve en cuestión de instantes, de breves segundos.

De esto se trata la dramaturgia (dirigida por Carlos Belloso), de lo que intriga y no se devela siempre, de lo que se huele y no se asimila, de lo que no se comprende y continúa investigando. Ir en busca de resultados, de lo que se entremezcla con diferentes secuencias, de lo que se va quitando de una enorme caja que contiene a este juguete pago.

Por más que se trate de un experimento, la espontaneidad demuestra que es posible construir sobre una base pero sin seguir los rígidos lineamientos de un libreto. No me refiero a la improvisación sino a la sensación de que ésta tiene su importante lugar.

Una ficción que bien podría ser realidad y que al suceder esta mezcla, se fusionan ambos mundos permitiendo disfrutar dejando la argumentación a un lado, al menos por un rato.

Tres cuerpos cansados, extasiados, exhaustos, desprovistos de alma y entregados a la ciencia que explora sin cesar.

Cuando las justificaciones surgen, aparece su contrapartida ilusión de respirar una atmósfera entretenida que oscila entre el mundo del ocio y el laboral. Es constante esta ambivalencia planteada por la autora, quien no solo consigue proyectar vivencias sino otorgarlas en tono de humor negro.

Si lográramos olvidar la investigación imperante, podríamos observar a tres humanos en busca de saciar su apetito sexual, haciendo prevalecer la histeria y protagonismo para sobresalir a cualquier costo.

Por momentos los diálogos parecieran ser entre tres amigas que se intercambian chismes para llenar los silencios. Como una vorágine de palabras interpuestas -con, sin o con doble sentido. Ese es el ilusionismo de esta pieza artística: el lograr hallar modos de vivir sin someter a alguien a los caprichos.

¡Vender nunca fue tan insólito!

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Libres de culpas o absorbidos por una insignificante especie?

La vida probable1

Una tarjeta de presentación de la obra en la que su gráfica muestra un insecto. Como si una hormiga pudiera decir en palabras lo que significa la vida, su transitar y la posibilidad de construir y destruir a su antojo.

¡Cuántas similitudes puede tener un insecto con el hombre!

La vida probable (escrita y dirigida por Pablo Caramelo) es un gran pantallazo a la tragedia y su manera de salir lo más ileso posible. Porque cinco personajes irán narrando quiénes son y qué lugar ocupan en el mundo, no por su importancia sino por lo particular en cada detalle ensamblado. Es así como estos amigos están reunidos en la casa de uno de ellos y, al parecer, las horas apesadumbradas los hacen sostener una magia inexistente y la bruma asfixiante hacerlos estallar en ira y decir cosas de las que, quizás, se arrepentirán.

Con una fuerte ideología peronista, esta historia no pretende hacer política sino hablar de la misma: escogiendo noticias amarillistas, buscando evadir responsabilidades y brindando detalles mínimos para la reconstrucción de temáticas trascendentes.

Entonces La vida probable tiene múltiples posibles lecturas. Un público erudito y conocedor de Perón, podrá salir satisfecho y feliz de la inmensa cantidad de información al respecto. En lo concerniente a quienes no son tan conocedores de la historia peronista, la obra brinda otras aristas posibles: la visual y la discursiva.

Observando la disposición del espacio escénico, del lado izquierdo se emiten las noticias que sirven a modo de disparadores -para luego enlazar un argumento a otro-; y hacia la derecha se produce la acción emotiva de cada artista -que sutil y a corazón abierto se expone para no ser juzgado por los demás-.

Claro que los cinco son amigos, que estuvieron en las buenas y en las malas, pero no dejan de ser personas imperfectas que señalan actitudes ajenas de una manera desgarradora.

El trabajo de cada uno de los actores es impecable y, como siempre, podemos deleitarnos con la presencia de María Viau que enaltece aún más la dramaturgia.

La vida probable nos acerca a ciertas emisiones televisivas, radiales y gráficas que profundizan las desgracias ocurridas en ciertos lugares del interior del país, a la vez que las entremezcla con vivencias grupales como para que sea el público quien juzgue qué noticia podría llegar a ser peor o más trágica – si las cercanas o las lejanas-.

Quizás se trate de realizar un mea culpa y asumir que toda persona tiene un compromiso y obligación tanto a nivel individual como social. Y de aquí es que se desprenden temáticas controversiales como el aborto y el homicidio culposo, definiendo que todas las acciones llevadas a cabo a lo largo del tiempo van delineando quién es quién. Pero, lo más interesante resulta ser que cada argumentación no tiene la intención de vulnerar a un otro sino a exponerlo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Mujeres esclavas de antes y de ahora

Rufianes1

Ficha RufianesCon un título fuerte e impactante, esta nueva comedia musical nos introduce en los años 30´, en una Argentina que recibía, constantemente, una inmigración desesperada que huía de su tierra natal. Buscando entonces en Sudamérica un refugio, una actividad laboral en la cual desempeñarse, aparece como centro, un cabaret. Un espacio tan común para esos tiempos en que el tango rasgaba notas para ilustrar la tristeza de aquellas muchachas desesperanzadas y desarraigadas de sus familias o, quizás, ya sin ellas.

Rufianes (dirigida por Marcos Rauch), es una historia del Siglo pasado, de este y posiblemente de los que vendrán; (protagonizada por Talo Silveyra, Flor Benítez y Juan José Marco). Porque intentando dejar de lado el pesimismo, hasta que no se tome consciencia a nivel social y cada humano sienta por su cuerpo escalofríos y angustia, hasta que el nudo en la garganta los ahorque y motive a hacer algo por las víctimas, la trata de blanca seguirá en pie arruinando a mujeres que desean ser mujeres y no objetos sexuales.

Entonces estos hombres poderosos económica y políticamente se desempeñan como los “ases” de uno de los negocios más prehistóricos del mundo. Unos rufianes que con trajes impecables pretenden pasar por astutos, danzando milongas y obnubilando a los más indefensos o soñadores.

¿Cómo podría sino una mujer sentir que puede ser liberada cuando no se le demuestra en absoluto algún indicio?

Con un elenco gigante en todo sentido, Rufianes se plasma en la cartelera porteña con toda la ferocidad de triunfar, con esa sed de gloria y el trabajo de dos años que dio sus grandes frutos. Porque una cooperativa de esta dimensión tendrá la ganancia máxima que no se mide solo con dinero sino con el amor al arte, al compromiso que se observa en cada escena, en cada canción y en cada melodía que representa la cadencia necesaria para que un cuerpo frágil aún siga fortalecido a simple vista, para que le “sirva” al que apueste la mayor suma y se pueda “jugar” a la compra-venta como mercancías tangibles.

En lo que respecta a los artistas, realmente fue grandioso ver tanto talento, nivel y expresividad. Porque el género musical muchas veces es desvalorizado y, sin embargo, es el que presenta mayores desafíos, conjugando las tres disciplinas. En esta ocasión puede disfrutarse plenamente de cada una de estas y prestar atención a la historia que va hilvanando una situación con otra. Porque es posible sentir cada vibración y un espacio escénico por el que desfilan diálogos, coreografías arrabaleras y provocadoras, como debe ser; para comprender de una vez por todas que los cuerpos son cuerpos y que lo que importa es el alma: aquella que transmitirá una infinidad de sensaciones. Como ocurre con Flor Benítez, con sus ojos cargados de emotividad, de desilusión, de enamoramiento y de una angustia que le hace explotar en ira.

De hecho son los tres protagonistas quienes le dan un ritmo vertiginoso a la trama, permitiendo que el espectador recorra esta casa en la que ocurre tanto.

Rufianes da la posibilidad de contemplar cada detalle, haciendo sentir que la magia existe, que no es una mera ilusión. Entonces desde la escenografía -muy bien ambientada en la época que transcurre la acción- las diferentes tonalidades que componen la iluminación, los vestuarios tan llamativos y bien confeccionados que ilustran dicha década plagada de crisis y de desesperación.

En lo que respecta al ritmo de la historia, es posible inmiscuirse desde el inicio y no dejar de prestar atención en ningún momento. Como una catarata artística, esta propuesta nos refresca y devuelve la pasión que debe tener todo drama, pudiendo dar un respiro de humor en diversas situaciones.

Siempre un ensamble de músicos en vivo aporta muchísimo y esto también es un plus para Rufianes. Disparos, peleas, sangre y golpes que son representados física y musicalmente, otorgando siempre más de lo que se espera. Nada de efectos especiales sino lo concreto, lo simple y aquello que tantas veces se va disolviendo sin más.

El color sepia se mimetiza con los maquillajes llamativos, que resaltan a las singulares trabajadoras de la noche. Pero, cuando el cansancio las venza un sofá las cobijará para devolverles el aliento necesario para continuar y hacerles sentir que para eso existen, que para eso nacieron. Que su misión en la vida es satisfacer otras penosas vidas. Cumplidoras de deseos ajenos a cambio de billetes que se extinguen en manos disfrazadas con guantes blancos. La pureza, abolida. Los sueños, privados. La libertad, confundida.

Rufianes es un musical fantástico, con un recorrido interesante, muchísima acción y la sensibilidad de la juventud que desea por más dolor que reine por doquier.

Glamour, estirpe, belleza, tragos, una barra que apoya la rendición y mesas de despachos que esperan oportunidades. Esto existió y existe, pero no hay por qué conformarse ni naturalizarlo.

En definitiva, el amor es la pulsión necesaria para animarse a cambiar el “orden” establecido.

Mariela Verónica Gagliardi

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El poder del recuerdo

Dadyman

Es el Midachi más recordado, el que siempre siguió en actividad y supo cómo proyectar su gran risa y anécdotas, compartiéndolas con el público. Sin pretender ser admirado, su característica más notable es su empatía, su sensibilidad y verlo en escena resulta algo maravilloso.

Rubén Enrique Brieva (más conocido como Dady) hace cuatro años que lleva a cabo su unipersonal titulado Dadyman y es imposible no sonreír al leer este nombre. Como una especie de superhéroe que con una capa imaginaria nos llevará al mejor estilo de sabelotodo por los tejados, defendiéndonos de todo mal.

Su nobleza es característica de todo superhéroe y su deseo de que no exista un rico sino que el pueblo tenga qué comer, también es uno de los deseos de todo hombre con poderes mágicos.

Bien podría ser la mentalidad de un presidente populista y el corazón de quien sabe de la existencia de seres que tienen más necesidades que otros.

El espectáculo realmente cumplió con mis expectativas. No por subestimarlo sino porque cuando imaginé un unipersonal no supuse más que una hora de Dady contando chistes y su travesía desde niño hasta la actualidad. Sin embargo, el condimento que le otorga el artista a su show es la sensibilidad desmedida con que escoge determinadas festividades, momentos familiares, aparatos tecnológicos de aquel entonces, la diversión con “nada” y todas las proyecciones que se vuelven notables al emitirlas su voz.

Dady es un grande por su grandeza, no solo por su altura. Es conmovedor porque se conmueve interpretando y durante sus casi dos horas de historias -transformadas en sketchs– puede dar infinitamente.

Seguramente a muchos espectadores les pueda interesar la intimidad y vida de este actor, pero me atrevo a afirmar que lo que uno busca al asistir a una de sus funciones no es expresar fanatismo sino sentir algo diferente. En definitiva, quienes tenemos pasión por el teatro queremos que nuestros sentidos se despierten y vuelen sin ser coartados.

Es posible reír de las desgracias y no como burla a las mismas sino como superación, como logro y como necesidad de desdramatizar aquel sufrimiento. Entonces, un público promedio de 45 años en adelante expresa su alegría al encontrar a un famoso que pasó por las mismas peripecias. Que está en las tablas, íntegro, y emitiendo cada uno de sus pesares, de sus no traumas y de darle a la vida lo que la vida la dio y da: movimiento. Esa creación con “nada” del todo. Esa posibilidad de ser feliz sin tener que comprar o adquirir un determinado bien para lograrlo.

La necesidad por volver a las raíces, a sentir que la niñez de antes era mejor que la de ahora, realmente es un hecho. Actualmente los infantes podrán divertirse con todo el avance tecnológico pero ante un corte de luz, su anhelo se verá sumergido en las tinieblas. Y ahí es cuando Dady nos recuerda que 40 años atrás era menester entretenerse con la naturaleza misma, con el deseo de compartir con semejantes y librarse de toda atadura.

Como una canción que dice: tengo, un mundo de sensaciones. Ojalá todo humano y ser viviente pudiera convertir sus días en la mejor historia a contar. La ficción tiene su parte de realismo aunque la semejanza con el pasado de estos espectadores es una identidad conjunta y compartida por los códigos, valores y vivencias que los hacen formar parte de una misma cultura.

Quienes tenemos menos edad que la promedio, también disfrutamos y pudimos enlazar nuestro pasado maravilloso. Y, en verdad, por más sufrimiento que pudiera tener una persona, el abanico de posibilidades que nos otorga Dady es funcional a todo ser. Solo hay que saber mirar con ojos optimistas y no traumarse ante todo.

Dadyman es nuestro salvador, es aquel de los ojos grandes y brillantes que pretende tocarnos con su poder más grande: el de hacernos reír y recordar siempre con una sonrisa.

Mariela Verónica Gagliardi