*** Noviembre 2017 ***

Rufianes1

Ficha RufianesCon un título fuerte e impactante, esta nueva comedia musical nos introduce en los años 30´, en una Argentina que recibía, constantemente, una inmigración desesperada que huía de su tierra natal. Buscando entonces en Sudamérica un refugio, una actividad laboral en la cual desempeñarse, aparece como centro, un cabaret. Un espacio tan común para esos tiempos en que el tango rasgaba notas para ilustrar la tristeza de aquellas muchachas desesperanzadas y desarraigadas de sus familias o, quizás, ya sin ellas.

Rufianes (dirigida por Marcos Rauch), es una historia del Siglo pasado, de este y posiblemente de los que vendrán; (protagonizada por Talo Silveyra, Flor Benítez y Juan José Marco). Porque intentando dejar de lado el pesimismo, hasta que no se tome consciencia a nivel social y cada humano sienta por su cuerpo escalofríos y angustia, hasta que el nudo en la garganta los ahorque y motive a hacer algo por las víctimas, la trata de blanca seguirá en pie arruinando a mujeres que desean ser mujeres y no objetos sexuales.

Entonces estos hombres poderosos económica y políticamente se desempeñan como los “ases” de uno de los negocios más prehistóricos del mundo. Unos rufianes que con trajes impecables pretenden pasar por astutos, danzando milongas y obnubilando a los más indefensos o soñadores.

¿Cómo podría sino una mujer sentir que puede ser liberada cuando no se le demuestra en absoluto algún indicio?

Con un elenco gigante en todo sentido, Rufianes se plasma en la cartelera porteña con toda la ferocidad de triunfar, con esa sed de gloria y el trabajo de dos años que dio sus grandes frutos. Porque una cooperativa de esta dimensión tendrá la ganancia máxima que no se mide solo con dinero sino con el amor al arte, al compromiso que se observa en cada escena, en cada canción y en cada melodía que representa la cadencia necesaria para que un cuerpo frágil aún siga fortalecido a simple vista, para que le “sirva” al que apueste la mayor suma y se pueda “jugar” a la compra-venta como mercancías tangibles.

En lo que respecta a los artistas, realmente fue grandioso ver tanto talento, nivel y expresividad. Porque el género musical muchas veces es desvalorizado y, sin embargo, es el que presenta mayores desafíos, conjugando las tres disciplinas. En esta ocasión puede disfrutarse plenamente de cada una de estas y prestar atención a la historia que va hilvanando una situación con otra. Porque es posible sentir cada vibración y un espacio escénico por el que desfilan diálogos, coreografías arrabaleras y provocadoras, como debe ser; para comprender de una vez por todas que los cuerpos son cuerpos y que lo que importa es el alma: aquella que transmitirá una infinidad de sensaciones. Como ocurre con Flor Benítez, con sus ojos cargados de emotividad, de desilusión, de enamoramiento y de una angustia que le hace explotar en ira.

De hecho son los tres protagonistas quienes le dan un ritmo vertiginoso a la trama, permitiendo que el espectador recorra esta casa en la que ocurre tanto.

Rufianes da la posibilidad de contemplar cada detalle, haciendo sentir que la magia existe, que no es una mera ilusión. Entonces desde la escenografía -muy bien ambientada en la época que transcurre la acción- las diferentes tonalidades que componen la iluminación, los vestuarios tan llamativos y bien confeccionados que ilustran dicha década plagada de crisis y de desesperación.

En lo que respecta al ritmo de la historia, es posible inmiscuirse desde el inicio y no dejar de prestar atención en ningún momento. Como una catarata artística, esta propuesta nos refresca y devuelve la pasión que debe tener todo drama, pudiendo dar un respiro de humor en diversas situaciones.

Siempre un ensamble de músicos en vivo aporta muchísimo y esto también es un plus para Rufianes. Disparos, peleas, sangre y golpes que son representados física y musicalmente, otorgando siempre más de lo que se espera. Nada de efectos especiales sino lo concreto, lo simple y aquello que tantas veces se va disolviendo sin más.

El color sepia se mimetiza con los maquillajes llamativos, que resaltan a las singulares trabajadoras de la noche. Pero, cuando el cansancio las venza un sofá las cobijará para devolverles el aliento necesario para continuar y hacerles sentir que para eso existen, que para eso nacieron. Que su misión en la vida es satisfacer otras penosas vidas. Cumplidoras de deseos ajenos a cambio de billetes que se extinguen en manos disfrazadas con guantes blancos. La pureza, abolida. Los sueños, privados. La libertad, confundida.

Rufianes es un musical fantástico, con un recorrido interesante, muchísima acción y la sensibilidad de la juventud que desea por más dolor que reine por doquier.

Glamour, estirpe, belleza, tragos, una barra que apoya la rendición y mesas de despachos que esperan oportunidades. Esto existió y existe, pero no hay por qué conformarse ni naturalizarlo.

En definitiva, el amor es la pulsión necesaria para animarse a cambiar el “orden” establecido.

Mariela Verónica Gagliardi

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