*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para 2014

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La oportunidad de vivir con la esperanza de morir

Tiernas criaturas16

“Tiernas criaturas” (de Gonzalo Senestrari, dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y Gonzalo Senestrari), es una obra de teatro del género comedia dramática, dentro de la que se pueden vivenciar distintas sensaciones y momentos para reflexionar. Un ex matrimonio convive en la misma casa, en determinado momento los hijos de ambos también y la pareja hombre del padre, también. Lo que parece complicado en estos términos, no lo es.

Ya forma parte de la vida contemporánea, la diversidad en los géneros, en las elecciones y en los gustos. Sucede que los conflictos no se centran en esto sino en el autoconocimiento, en la búsqueda interior y en el camino elegido para recorrer y transitar.

Todos los artistas brindan su potencial característico en escena y logran conmovernos. Por otro lado, el lugar en que se desarrolla toda la historia es una casa como cualquier otra y la única habitación que vemos es un dormitorio. Allí ocurrirá cada momento destacado de la dramaturgia, cada encuentro y desencuentro, cada alegría y tristeza.

Lo más interesante es el modo de narrar, el cual se va construyendo de a poco, sin atosigarnos con emociones. Por un lado, existen las sustancias “prohibidas”, mostradas -no para cancherear sino- para expresarse, alucinar, encontrar un cable a tierra, huir de momentos que no logran atravesar, sea por dolor o cobardía. De esta manera, cada vez que aparezca una escena de esta índole, los cuerpos comenzarán a desplegarse, a sentir, a reconocerse -como flotando en el aire, sin tenerle temor a nada ni nadie-. Un punto a resaltar es el de la música, al compás de los movimientos y viceversa, resultando muy agradable a la vista y audición, tal representación.

Por otro lado, existirán momentos súper agradables, amenos y cómicos; descontracturantes de la tensión que reinará en la morada. Cinco criaturas, adultas y jóvenes, en busca de algo especial que ni siquiera conocen. Ellos se observarán con un dejo de melancolía, sin dejar de lado los problemas familiares que no son, al fin y al cabo, tan graves.

Un abrazo a tiempo, una sonrisa como apoyo y las palabras precisas en el momento justo; conseguirán el milagro de darle una caricia a aquel que lo necesita.

¿Quién dijo que mentir, siempre está mal?

Si es para hacer feliz a alguien que está demasiado golpeado por su pasado, ¿es incorrecto?

No te mates de nuevo, no te mates otra vez – se escuchará durante la obra. Ese mecanismo que utiliza uno de los personajes para desaparecer cuando está en aprietos, llegará a su fin cuando otro muera. Sus dedos se juntarán para conformar un revólver y quedar tirado en la cama. Luego, alguien lo despertará o resucitará. Aunque, cuando se cansen de verlo reproducir siempre la misma secuencia, intervendrán para ayudarlo a sanar.

Claro que al encontrar lo que vino a buscar a la casa de su padre, se encontrará con que eso era una excusa. Al llegar al desenlace se podrá comprender que el amor es lo único importante y lo que los salva de cualquier tragedia, desazón y depresión a lo largo de los días.

Siempre, antes y después, cada uno elegirá su camino que podrá ser solo o acompañado -de acuerdo a la progresión que alcancen-.

Tiernas criaturas te enfrenta con el dolor de la muerte, pero también de la vida. Quien muere, quizás pretendía seguir vivo y quien vive, tal vez, pretendía fallecer. Las contradicciones del ser humano estarán presentes así como la oportunidad, única, de encontrar un motivo para existir.

Tarde o temprano, estos sensibles personajes, se irán; dejándonos solos, con nuestras almas y desprovistos de fórmulas para hallar lo que anhelamos.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Yo me bajo del barco antes que se hunda

Almas ardientes2

Santiago Loza convoca a nueve actrices para las cuales escribe, especialmente, sus relatos. Cada una de ellas se diferencia de la otra con respecto a la personalidad pero, las une, la soberbia, el glamour y la misma clase social.

Este dramaturgo no necesita demostrar que sus guiones son interesantes y atrapantes ya que cada historia narrada por él, se convierte en éxito. Estoy convencida de que su humildad como persona e inteligencia lo dotan de esa sensibilidad tan profunda como para que capte hasta el más mínimo detalle de un dedo lastimado, sangrando.

Sus relatos son sonoros, sin escuchar voces o palabras. Cautivan, estremecen y enloquecen a cualquier persona. Y no me refiero a la locura extremista que permite desvariar sino a la creatividad que nace de la mente y el corazón, logrando un paraíso en el que convergen sensaciones tan distintas unas de otras.

Los primeros datos de “Almas ardientes” son físicos. Se recurre al dolor, entendido y vinculado a lo que se siente según lo que se ve, a lo científico y pragmático. Luego, una vez que se entiende el concepto y metáfora, se transpola a lo que no se puede comprobar de ninguna manera. Un corazón llora sin lagrimas liquidas, aunque su mal funcionamiento es producto de malos estragos.

“Almas ardientes” es el resultado de dos talentosos como Loza y Alejandro Tantanian que deciden contar -a través de distintos recursos como: videos, música en vivo y teatro tradicional- la crisis del 2001 en Argentina. Habrá opiniones encontradas, diversas, similares, iguales y durante la historia podremos observar monólogos, diálogos cotidianos entre estas nueve amigas, conocer sus vidas superficiales y banales; hasta descubrir que todo lo que hacen y dicen es para no sufrir ni tener conciencia de la realidad.

A través del alma se puede ver quien es quien, conocer sus pasiones, tristezas y demás emociones. Cada personaje estará muy bien caracterizado y al tratarse de artistas conocidas, cada espectador tendrá la posibilidad de sentirse reflejado o encontrar alguna coincidencia con al menos una frase que emitan.

Pensar que el 2001 quedo tan atrás y tan cerca a la vez. Al recordar los sucesos puedo notar cómo se ven plasmados en esta obra, de una manera respetuosa y punzante a la vez. Me parece formidable el manejo de los tiempos, que de a poco, suman detalles, días, años de esa época pasada, que continua pisando el presente.

Al igual que en «Mau mau», la clase alta observa -por encima del hombro de los más pobres-, los acontecimientos, enfrentamientos, conflictos y tragos amargos. Es esta aristocracia berreta la que en los peores momentos sale a nadar, se anota en un curso de literatura para escribir su mirada “tan revolucionaria”, maneja la opinión pública y lleva el control de todo. Hasta que sucede el famoso corralito que tira por la borda cualquier pensamiento rígido y tradicional, permitiendo que la clase media común tome las riendas del descontrol.

Es posible dividir a la obra en dos: una primera parte en la que la comedia toma protagonismo, se torna todo cómico y risueño, disfrutando de la ficción; para luego ingresar de lleno en la segunda parte en la que el drama toma preponderancia.

Aun escucho los cacerolazos de diciembre, aunque durante esta historia no se le presta demasiada atención a las quejas sino a lo que significa la misma, ya que estas mujeres sienten incomodidad día tras día y les molesta esa sensación en el cuerpo. Las asfixia diría. No están acostumbradas a pasarla mal sino a tener problemas íntimos que saben contemplar de alguna forma. Esta dosis de realidad vino concentrada y el taller literario, liderado por una de ellas a la fuerza, no les serviría para distraerse sino todo lo contrario.

La Argentina, su país, su sociedad, todo lo que significa un Estado; les dará un mensaje que tendrán que comprender. Vulgarmente diría: nadie tiene la vaca atada. Dentro del contexto y la debacle no puedo pronunciar frases eruditas porque brota en mi la bronca y la desidia. ¿Cómo imaginar un futuro cuando todo se iba disgregando rápidamente? ¿Cómo pensar en siquiera un mañana, si nos estábamos hundiendo?

Hay que hablar en plural, sentirse parte -por más diferencias que existan entre una persona y otra-, entre una clase y otra.

Qué decir de Eugenia Alonso interpretando a una mina careta, incrédula y hasta de plástico. Ella corre, toma sol, seduce, ignora, actúa como sabe y convence con sus discursos a cualquier humano. Podría llegar a decir la ridiculez más grande que se la creeríamos. Y de Gaby Ferrero, intentando huir de sus angustias y citando al Asia como pedido de calma -a la vez que la música evoca esos sonidos tan tenues orientales-.

Y ya que menciono lo superficial, también debo remitirme a los pobres que casi siempre pagan las consecuencias de las malas decisiones tomadas por un gobierno. Para esto, Paula Kohan, canta en dos oportunidades de la dramaturgia: primero mencionando la cantidad de cosas que se podían adquirir, materialmente, en un negocio antes de la caída de De La Rúa y, luego, un paisaje descripto por los matices de su voz, provocando tanta melancolía como angustia. Una cumbia que refleja a la clase más baja y, después, un canto lírico que se corresponde con los más ricos.

Si bien, de a poco, cada una de ellas, retrata su vida y lo que rescatan de la misma; es María Onetto la que produce el quiebre del relato cuando rompe en llanto, sus lágrimas le recorren la cara y ya no existe un retorno a la risa. Ella que desde hacía rato venía pronunciando su descontento con el taller literario, con que no tenía sentido que formen parte del mismo y se negaba a continuar yendo a los encuentros.

Como símbolo de belleza, Santiago Gamardo, se luce como ángel, como masajista y en ningún momento esboza palabra alguna. No es alguien sino un objeto que da placer. Él es el primero en aparecer en escena, desplazar los fondos decorados y pinturas, ocupando el lugar que las damas pretenden. Lo irónico es que no saben su manera de pensar. Quizás si la supieran, perdería el lugar “privilegiado” que ocupa en la vida de cada una de ellas.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Uruguay y Argentina, juntos para crear

Alejandro Balbis40

La música uruguaya tiene un ingrediente de alegría, que le permite a todo nuestro cuerpo sentir adrenalina. Específicamente, la murga, le da la posibilidad a los cantores de transmitir con palabras aquellos versos que, por más que no rimen, son agradables de escuchar.

El objetivo no es una rítmica perfecta ni colocar la voz de una determinada manera, sino desahogarse. Seria algo así como que digan lo que les pasa, el momento en el que están y lo que pretenden, cantándolo.

Resulta imposible no tener ganas de bailar, de saltar y de mover el esqueleto. Pero, cuando Alejandro Balbis, junto a su banda, aparecen, el tiempo se detiene y todas las cámaras fotográficas se desesperan por captarlo. En no es un cantante egocéntrico ni fanfarrón. Balbis es un alma inspirada que ayuda y sana.

La Sala Siranush le abre las puertas para que presente su nueva discografía titulada «Sin remitente», junto al grupo Los caballeros de peluca; sin olvidarse de cómo surgió, de dónde vino y sonando -en todo momento- a murga. Balbis dirigió Acontramano y Falta y resto, participó en discos y recitales de las bandas: Vela Puerca y Bersuit Vergarabat, entre algunas de las más conocidas.

En cuanto a las canciones, tocaron varias del disco anterior (El gran pez, 2009) como: La correntada, Lo que espero de ti, El lugar, Quién, Fiera enjaulada, Gran pez y Nebulosamente. En cuanto al nuevo material (Sin remitente, 2013) sonaron: Por la ventana, Domingo, Boedo en mí, Claroscuro, Madrugué, Cantores callejeros, Sin remitente, entre otras. Existieron los bises, junto a las palmas y alegría contagiada entre todos.

Al finalizar el recital, una chica me comento que una vez fue a uno de sus shows y se sentía mal. ¿Saben que hizo él? Le acaricio el pelo un largo rato. Y no estoy mencionando que el músico haya estado de levante. Alejandro es humano en su integridad y nos valora como publico, nos da una terapia curativa donde los valores resultan ser los protagonistas.

Todos los discos nuevos se agotaron en el stand del hall central. Así, la felicidad del equipo se traducía en una sonrisa inmensa, colmada de agradecimiento. Su humildad no podía imaginar que a principio de mes la gente destinara su poco dinero en un disco. Pero, cuando hay amor hacia un artista, los ahorros existen y, también, la posibilidad de elegir tener canciones que curen a este mundo tan deteriorado en vez de gastarlo en objetos que perecerán en instantes.

Este concierto forma parte del Ciclo Agadu 2014 – Autores del Uruguay en Buenos Aires, el cual realiza un recorrido por los diferentes músicos de tal país y finaliza en el mes de octubre.

Hubiera querido que el escenario dejara de existir para darle lugar a la murga de la gente, que no paraba de danzar. Por los comentarios y efusividad, el público no era improvisado sino fiel conocedor del artista y cada una de sus canciones.

Argentina y Uruguay, unidos por la música y por ese amor mutuo.

La profundidad de las letras te hace viajar por distintos paisajes a los que no se puede llegar caminando ni en un medio de transporte, sino viviendo.

Las experiencias de Balbis están descriptas en cada pentagrama, siendo posibles gracias a los músicos que acompañan y demuestran su talento y vocación en la ejecución de sus instrumentos. Vamos a bailar – se escuchaba en la sala.

Hay que replantearse la existencia para salir conmovido y lleno de amor. Las letras nos ayudan, nos dan ese empujoncito para que nos animemos.

El ahí arriba, caminando de un extremo al otro, aliándose con sus compañeros de ruta y colmándonos de enseñanzas.

Sin remitente apunta a los mensajes anónimos, a los decires compartidos con todos. A esos coros de la ribera, que se escuchan al unísono, que tienen distintas voces pero se conforman como unidad, como propósito.

«Ahora puedo llorar, ahora puedo reír y aprender de la vida que uno marchita antes de morir» – se escucha como estribillo de una de las canciones y lo guardo en mi corazón para aplicarlo cada vez que sea necesario.

Alegría, satisfacción y pasión por la murga; demostrando que es posible hacer sin tener que demostrar. Eso es Alejandro Balbis y su grupo, conformado por músicos uruguayos y argentinos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cada arista define una realidad

La mirada oculta flyer

Cada vez que uno ingresa a la galería de arte Rolf Art, aparece un mundo de imágenes que hablan por sí solas, dando la cantidad de mensajes que estemos preparados para captar.

En esta oportunidad, una muestra titulada como La mirada oculta (con la curaduría de María Carolina Baulo), invita al espectador a descubrir dónde está puesta la observación y, a partir de allí, transitar un camino creativo.

Seis artistas tuvieron su lugar en la exposición que marcó diferencias entre uno y otro, repartiendo las miradas entre una u otra pantalla.

Seis cortos, con distinta duración, pretendieron imponer una ideología bien marcada, sin lugar para el vuelo o delirio. Baulo agrupó dicho material en dos sectores: en uno estaban los tres relacionados con lo sentimental, puramente y, del otro lado, el resto de los cortos más relacionados con el cine.

Narcisa Hirsch, proyectó El aleph, un video centrado en el tiempo, utilizando un reloj de agujas para marcarlo. Imágenes de cuerpos desnudos, una niña, un bebé con su mamá y, el aleph, como centro de su discurso. Frases y palabras rodean este universo, el inconcebible universo.

Marcelo Brodsky, por su lado, con Río, usó como protagonista a las aguas que llevan y traen -constantemente-. Esos sonidos y efectos relacionados, marcan continuidad, repetición.

Gabriel Valansi, partió de una ópera -interpretada por una cantante lírica- que dura unos instantes hasta que se repite la secuencia. Por otro lado, unos ojos son enfocados hasta que el lente los desenfoca. También, realiza el mismo juego con una ecografía, que empieza a notarse como tal, comenzando por unos pixeles. Todas las escenas se centran en el origen y desarrollo basta llegar al objetivo. Por último, otro de los momentos para resaltar es en el que puede observarse un videojuego que cumple la función de localizar una persona.

Silvia Rivas, expuso lo estático (ejemplificado por fotos) como opuesto al movimiento (mar). Las fotos, provenientes de diferentes sectores sociales, lugares, espacios; y el agua como factor purificador, renovador.

Javier Olivera, llevó a cabo un material, realmente, hermoso. Durante una clase de danza, en una sale de ensayo, un grupo de chicas adolescentes gira y realiza movimientos precisos. Mientras tanto, alguien, observa a través de una ventana, a lo lejos. Existe una interesante fusión de imágenes, acompañadas de música chill out. Las miradas de las bailarinas se centran en un punto y gira, a la vez que un ser, desde afuera, fija la suya para no moverla de allí.

Alejandro Thornton, por último, puso el acento y énfasis en lo que ve una niña en medio de la naturaleza. A su vez, ella es observada por alguien que no tenemos la oportunidad de ver y, a partir de ahí, su ojo es enfocado cada vez más de cerca. Es increíble el detalle de un órgano tan delicado. Una vez que observa y es observada, mantiene un diálogo con ella misma. Nunca sabremos qué piensa o pretende. Es tan sólo una nena, inmersa en el campo; intentando equilibrarse entre la tecnología y la naturaleza. Mientras los sonidos de ambas ambientan las escenas, el tiempo transcurre.

La muestra vale la pena recorrerla detenidamente. Hay parámetros en común y diferentes aristas para hablar de una misma temática. Ninguno de los artistas tiene la razón ni la verdad, solo el público podrá sentir más afinidad por uno u otro, al mismo tiempo que identificar su vida o sentir que la mejor opción es dejarse invadir por sensaciones completamente diferentes.

El reloj marca movimiento que jamás podrá ser detenido para pensar. La vorágine actual nos hará formar parte, aún sin quererlo, de la frivolidad más gigante con tal de pertenecer.

La muestra puede visitarse desde el 4 de septiembre hasta el 30 de octubre.

Rolf Art (Dr. Gervasio Posadas 1583 PB A – C.A.B.A.).

Abierto de lunes a viernes de 11 a 20 hs.

Entrada libre y gratuita.

Mariela Verónica Gagliardi

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Poder decir adiós, es crecer

La realidad3

¿Cómo se puede hacer para sentir y pensar como otra persona, simulando ser ella pero continuando siendo, al mismo tiempo, quien se es?

¿Existe manera de parar el tiempo o de retroceder o de considerar que la oscuridad es luz detenida?

De repente se escucha una música -que se repite durante unos minutos- de la India, la cual le permite a Andrómeda meditar. En una escalera caracol, ella espera el comienzo de la función de “La realidad” (escrita y dirigida por Denise Despeyroux), una obra muy profunda que llega hasta el alma.

Cuando se habla de realidad, se toma contacto con la tierra, con lo verdadero, con lo que es, y no con lo que debería ser.

Dos hermanas gemelas (Andrómeda y Luz) son totalmente opuestas en sus formas de ser, en sus estilos de vida y en la concepción de la misma. La primera en la Argentina y la segunda en la India, se comunican por internet, se ven por cámara y llegan a lo más inverosímil como puede ser que una suplante a la otra para siempre. Un día Luz le cuenta a su hermana que esta por morir y esa declaración produce que el tiempo deje de correr, que se detenga y todo se vuelva triste y tenebroso. Sin embargo, Andrómeda no puede entender como morirá si se ve y escucha tan bien.

Este tema se vuelve central para ambas y es realmente conmovedor y noble como una le muestra a la otra su parecer, su manera de pensar y analizan, juntas, cada frase, autor y singularidad que se les ocurra por sus mentes inteligentes.

Sucede que Luz siempre fue la más mimada por sus padres y se supone la preferida de ellos, entonces no quisiera provocarle un sufrimiento a su mama cuando ya no esté presente. Este planteo y proposición a su hermana se convierten en una propuesta difícil de desarrollar ya que Andrómeda no quiere ni puede concebir la muerte de su otra parte.

La mentalidad occidental se opone y enfrenta a la oriental y, juntas, convierten lo imposible en real.

A través de una pantalla gigante vemos a Luz, con una templanza pocas veces vista, serena, conforme y relatando su camino cotidiano, de ayuda al prójimo y el rito en el que tuvo que participar para descubrir su enfermedad. Aquí es donde nosotros, como espectadores, nos paralizamos al igual que Andrómeda, sin poder hallar una respuesta científica al tema.

Resultan muy interesantes los intercambios entre una psicóloga y su hermana, desafiándose, intentando encontrar respuestas en el planteo de la otra; hasta que logran comprender que cada persona tiene su manera de ser, de vivir y de sentirse plena.

Una le escribe cartas a los muertos mientras la otra se va despidiendo, de a poco, de la vida. Un pasado infantil es recordado a la vez que el presente les recuerda que es momento de decir adiós y respetar la decisión tomada.

Andrómeda es el nombre de una constelación, entonces, ¿cómo no pudo sentirse amada por su familia?

Luz es el todo, lo brillante, la palabra justa y precisa.

Ellas no compiten, solo rememoran, se enseñan e intentan ver con los ojos de la otra, sintiendo con el corazón de la otra. Como un juego, se conectan por el ciberespacio y toda la nostalgia junta las invadirá por completo, convirtiéndolas en personas firmes, decididas e idealistas.

¿Se está preparado para decir adiós? ¿No existe alguna oportunidad para revertir el presente y cambiarlo por lo que se quiera?

La más conformista seguirá en este mundo mientras la otra partirá, abandonando la tierra que tanto le enseñó. Quizás, por eso, ya sea momento de volar hacia otra realidad paralela.

Andrómeda querrá escapar y encontrar la salida a una situación que la angustia; pero la distancia geográfica e ideológica se lo impedirá.

Fernanda Orazi se desenvuelve tan plenamente en el escenario que logra convencernos de cada uno de sus relatos y diálogos. Es ella misma quien interpreta a dos personajes y sincroniza los tiempos entre uno y otro. Sabemos que es una, pero desdoblada en dos, con vestimenta distinta, con voz diferente y hasta un modo de hablar particular.

Salgo invadida de muchas sensaciones, de enseñanzas pocas veces vistas en el teatro y con un nudo en la garganta que me impide respirar bien. Estoy constelando quizás. ¿Quién dijo que la realidad ficcionada no sea realidad al fin?

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Mariela Verónica Gagliardi

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Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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El vacío pos soledad

Soledad para cuatro11

Corría el año 1971 y los gobiernos de facto se sucedían unos a otros. Lanusse, en esta ocasión, con su uniforme, intentaba representar poder y abolición de ideales y sueños. Los movimientos sociales querían salir a la luz, mientras la economía se hundía cada vez más. Dentro de este panorama, Ricardo Halac, escribe su primera obra de teatro llamada “Soledad para cuatro”.

En esta oportunidad el dramaturgo eligió a Patricio López para que dirija esta nueva puesta en escena.

Pasaron cuarenta y tres años desde aquel entonces en que la pluma de Halac narraba circunstancias y vicisitudes de la adolescencia, teniendo en cuenta la política existente y la destrucción de valores humanos.

Pero, ¿por qué soledad y no vacío?

Cuatro jóvenes -dos chicas y dos chicos- se encuentran en la casa de uno de ellos para hacer la típica cita de parejas. Ellos no se conocen entre sí y es una especie de cita a ciegas que les permite sacar a la luz sus heridas y descontentos.

Durante el encuentro ocurrirán diferentes situaciones que demostrarán la tristeza de cada personaje, tanto de los adolescentes como de la pareja de adultos. Ninguno de ellos es feliz ni lleva la vida que quiere. Solo existen, sobreviven simulando vivir. Por eso, en cuanto se reúnen, el dolor es mostrado agresivamente, el amor fugazmente y el poco compromiso tenazmente. No es casual que la situación vigente del país los hiciera actuar y ser así. En pleno crecimiento, reciben censura, no conocen lo que es la democracia y, de ese modo, suponen sin decirlo, que la manera es imponer.

Imponer sexo, imponer ideologías, imponer una forma de vida, juzgar el comportamiento de otro y creerse iluminado por actuar a lo “macho”.

Casualmente, aunque no creo en las casualidades, hoy que se estrena esta pieza teatral, la situación de Argentina no es la óptima. En los setenta se impedía el retorno del peronismo y, ahora, se intenta por todos los medios de obstaculizar el buen funcionamiento del gobierno nacional. Hoy, que se estrena la puesta llevada a cabo por Patricio López, diferentes gremios, están de paro -entre ellos varios medios de transporte, por más que no lo aclaren eficazmente-. Pero, el paro contra este Estado no nos impidió llegar al Teatro, apoyar al elenco y demostrar que el arte es el único cable a tierra que en momentos de desesperanzas, nos une como pueblo.

En cuanto a la escenografía, no pude parar de observar la radio capilla ubicada a la izquierda y, en el otro extremo, un tocadiscos que reproducía la música de fines de los sesenta -con variantes lentas y otras más movidas-. Decoraban el living de la casa unas sillas grandes negras y un mueble que sostenía un teléfono y diferentes bebidas alcohólicas.

Me llamó la atención el estilo de sillas ya que en esa época se usaban de otro estilo, por ejemplo de madera, generalmente. Adentrada la historia comprendí que la violencia les permitiría descargarse con ellas y cada objeto rodar por doquier.

La soledad no es física solamente sino interna. Esa desazón, penuria, sabor amargo y preocupación por todo los invade a cada uno de estos jóvenes, a la vez que la madre del protagonista se refugia en el alcohol para, también, seguir rodando por inercia en este mundo.

Todos los sentimientos desatados durante la obra son extremistas y en cuestión de minutos pasan de uno a otro sin piedad. El egoísmo, el recrudecimiento de la realidad, las penas, la desvalorización personal y el desencanto por la vida; los muestran como reflejo de la sociedad de aquel entonces.

¿La soledad no permite que se sumen más integrantes?

Es la bebida que puede compartirse con cualquier partenaire de baile, uniéndolos en una ronda desprovista de piedad, lágrimas y fuga de razonamiento.

Resulta curioso cómo las mujeres de esta historia son más fuertes que los hombres, a pesar de las descripciones que las muestran frágiles. A la vez que los segundos necesitarían una brújula para reencontrarse consigo mismos. Éstos actúan de la manera opuesta a como son, buscando amor en los brazos equivocados, mientras las mujeres hacen su camino, llano pero camino al fin.

Una invitación a la reflexión, a quiénes son en verdad, qué buscan, qué pretenden y cómo conseguirlo. El maltrato reina, supervisa, se lleva a cabo, destroza corazones y todo continúa. Cada estereotipo refleja un propósito que avanza sin culpas, sin remordimientos.

¿Cómo apartarse y pensar libremente si su entorno social solo quiere sangre?

¿Existe modo de combatir la violencia física y verbal?

Actualmente, sufrimos una invasión de información que desborda y confunde hasta al más erudito. Entonces, ¿cuántos años más tendrán que pasar hasta que nos demos cuenta que sobre la queja no es posible construir sino destruir, que la violencia genera más violencia y que, ahora, que estamos en democracia no tenemos que permitir que nadie nos silencie?

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Mariela Verónica Gagliardi

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Que primen los ideales

Conquistadoras

Las obras escritas por Susana Hornos son deliciosamente inteligentes, colmadas de diversos sentimientos y totalmente desgarradoras. Esta nueva propuesta, llamada “Conquistadoras” (dirigida por Julia Calvo), le permite a Susana indagar en un género que, hasta el momento, no había tenido posibilidad de traer a un escenario pero sí explorar para su profesión: el humor.

En “Conquistadoras” puede verse a dos mujeres enfrentadas, a dos países tan parecidos pero opuestos a la vez, a una argentina viviendo en España y a una española residiendo en Argentina. A la guionista y su amiga Carolina Calema, una gran actriz e intérprete.

Dos mujeres fuertes pero sensibles a la vez, con ganas de luchar por un país mejor pero dándose cuenta -de a poco- que lo único importante es la causa y no el lugar que se habita, que las diferencias históricas no tienen por qué ser el paramente de construcción vigente y que repetir tradiciones no siempre conduce a buen puerto.

Desde la llegada de Cristóbal Colón a América, descubriendo lo ya descubierto por los Vikingos, hasta las políticas migratorias de Europa fueron provocando un gran descontento y discriminación en Argentina, antes y ahora. El boca en boca ha sido fuente de desconocimiento o información errónea. Respecto a España, seguramente sus habitantes se sintieron del mismo modo al intentar vivir aquí, sin quizás tener un trabajo asegurado. Las políticas son diferentes pero a veces otros factores anímicos son iguales sin importar la raza, la religión o el color de piel. La desolación, la angustia y la incertidumbre son sentimientos que debe atravesar cualquier inmigrante.

Al ver a las dos actrices en escena, se trasluce eso, justamente. Dos amigas enfrentadas por el pasado geográfico, sin darse una tregua. Un ring las pone a prueba y, juntas, deberán ir encontrando la manera de perdonar o de derribar a la otra. Si eligen lo primero, estarían escogiendo el camino de la evolución y aprendizaje. Si, en cambio, optan por lo segundo, repetirían la historia escrita por Colón y sucesivos hombres que solo buscaban ganar poder y tierras.

Mucho no ha cambiado el panorama en cuanto a los conflictos mundiales. Están los que ante una crisis abandonan su país de procedencia para probar suerte en otro o los que se aferran a su tierra natal y pelean día tras día. Es tan personal la decisión que nadie podría criticarla.

Lo que ahora importa es que España y Argentina están más cerca que nunca. Sus experiencias se van cruzando como si se tratara de una embarcación que navega en busca de propósitos. Argentina sufrió una desgarradora crisis en el 2001 y cuando todo parecía estar perdido, años más tarde se superó. España, parecía ser intocable y ejemplo de colonia, cuando hace rato que está atravesando una dura batalla que seguramente supere en algún momento.

Como dos espejos, cada una se mira en el suyo y se los intercambian para mirarse en el de la otra. La dura pelea que debe tener a diario cada inmigrante para habitar un suelo que no le pertenece. El propio tampoco le pertenece pero lleva un tiempo descubrirlo y asimilarlo. Todos nacemos en un sitio que no escogimos jamás. Solo con el correr de la vida podemos elegir el nuestro, aquel que nuestro corazón mira, observa y ama.

Existen muchos momentos interesantes y desafiantes durante la obra. Como si fueran pequeños sketchs, ambas actrices representan momentos importantes y trascendentes de la historia de los dos países que luego se entrelazan con las escenas sobre el ring. En cuestión de segundos, logran interpretar a dos amigas para luego mostrar sus lados oscuros.

Vestidas como luchadoras, con zapatillas de boxeadoras y unas chalinas hermosas; demuestran que se puede tener estilo para enfrentarse. Sus ojos estarán vendados hasta que tengan que verse las caras y recordar sus pasados.

La dirección de Julia Calvo es impecable y las tres artistas logran lucirse. Se trata de su primera función, lo que las dota de adrenalina y esas sensaciones inexplicables para ellas y nosotros como público. Y sí, somos fervientes televidentes frente a un programa en que se debatirá sobre el bien y el mal, sobre lo que corresponde y lo que no, sobre el deber ser y sobre el amor.

La voz en off masculina, da la posibilidad de transitar esos fragmentos del programa y la votación se definirá en momentos.

¿España o Argentina?

¿Conquistar un país o tus propios sueños?

Miércoles y sábados 20 hs. Auditorio Losada (Av. Corrientes 1551 – C.A.B.A.). Hasta el 11 de octubre.

Mariela Verónica Gagliardi

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7 Cajas, un film de Maneglia-Schembori

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Víctor (Celso Franco) es un adolescente que intenta soñar. Por el año 2005, una feria -con distintos stands y rubros- será el principal escenario para que se desarrolle una historia dramática y policial a la vez. En ella ocurrirán diferentes situaciones y desgracias, llevando dos sentimientos a su máximo punto: la codicia y el egoísmo.

Cuando Víctor ve un celular con cámara, anhela tenerlo. Él es pobre como toda su familia y entorno pero siente que podrá cumplir su sueño de alguna manera.

Su trabajo, arduo, de carretillero le permite relacionarse con muchas personas, que ni siquiera conoce a qué se dedican. Él es joven, entusiasta, desvergonzado, inocente y sin miedo a vivir cualquier experiencia que se le presente.

Los planos americanos lo enfocan a Víctor en la feria, junto a su amiga Liz (Lali González). Este plano es utilizado bastante durante la película al igual que la cámara fija y los paneos (que muestran las peleas desatadas en la vía pública). También, aparece en pocas oportunidades el travelling, describiendo las persecuciones ocurridas durante la dramaturgia.

El detalle de cada toma es tan sutil que se puede disfrutar muchísimo el film, sin existir esos sobresaltos de cámara que ocurren en otras películas. Así es como la prolijidad nos permite prestarle atención a la historia que contiene sub-historias, las cuales -a medida que avanza la trama- se van relacionando entre sí.

Con respecto al argumento, Víctor, es contratado por un Gus -un carnicero que conoce a su hermana- para transportar una mercadería en su carretilla. Este es el puntapié inicial, del que partirán todas las tragedias y conflictos sucesivos. Siete cajas serán ambicionadas por distintas personas, que creerán que contienen dinero o algo de valor específico. Pero, este joven, solo sueña con comprarse un celular. Nada más.

Mientras tanto, Luis y Don Darío, quienes comandan la misión, irán tramando cuándo repartirse entre ellos tres y su cabecilla, el dinero. La ambición los supera y no les importa más que llevarse su parte.

A medida que los acontecimientos suceden, nos enteramos del contenido de las cajas, de una madre que está por dar a luz y que no tiene cómo costearse el hospital, de un bebé enfermo que precisa medicación y sus padres no encuentran el dinero para comprársela y diferentes conflictos angustiantes y severos.

De un mal entendido como fue el código establecido por estos socios para llevar a cabo la operación, es que ocurrirán muchas desgracias innecesarias. La lechuga era la señora y el tomate la plata. Pero, Luis entendió todo al revés y ya es tarde para volver atrás.

Otro de los escenarios en que transcurren las acciones es una carnicería en la que trabaja Luis y Gus -el hombre que hace el trato con Víctor-. Cabe aclarar que todo transcurre en una zona suburbana, pobre, llena de maleantes y delincuentes.

La música conmueve muchísimo y narra cada escena de la película, describiéndola y dando la posibilidad de comprender lo que ocurre sin necesidad de escuchar los diálogos.

En un momento, Víctor, ingresa a un negocio de electrónica y observa cada uno de los televisores expuestos. Esta situación es emocionante ya que se siente su pobreza, su desolación y la necesidad de ser niño. Así, cree haber encontrado una oportunidad de obtener dinero para comprarse el producto elegido.

Él siente que su suerte está echada y por más que los incidentes parecen cruzarle piedras en su camino, la fe que tiene es mayor. Hasta explota una garrafa en la feria y parece haber perdido la mercadería, pero logra recuperarla y continuar con su operación.

Por otro lado, la desesperación de Nelson, un hombre al que se le iba a encomendar la misión pero llegó tarde, lo hará conseguir una coartada para hallar las cajas con el supuesto dinero y, así, comprarle los remedios a su bebé enfermo.

Son muy ricos los diálogos de la historia y crean una atmósfera de suspenso de principio a fin. Uno de los momentos en que se demuestra la miseria humana es el que se establece en una conversación entre Luis y Darío, ambos desesperados:

Por tu culpa ya estoy arriesgando mi pellejo.

¿Por mi culpa o porque los dos somos angurrientos con la plata?

Este pequeño diálogo, también, pone en evidencia el poco valor que le otorgan a las vidas ajenas; sobre todo a la de Víctor, a quien en ningún momento informan sobre la procedencia, contenido y peligro de las cajas.

Todas las personas inocentes se ven envueltas en problemas graves y relacionadas con gente muy peligrosa. La corrupción surge y reina en todos los ámbitos, a la vez que los violines y piano provocan lágrimas. Estas melodías -muy al estilo francés de Yann Tiersen- nos sumergen en un suspenso realmente angustiante, sin escapatoria posible.

La salud de un pequeño, la sed de ganar dinero suciamente y el sueño de un adolescente parecen ser las tres situaciones que se conjugan y entrelazan a lo largo de la película.

¿Qué vale más?

¿Quién decide eso?

Víctor, por fin, es protagonista de su propia historia, apareciendo en aquellos televisores que tanto anheló. Su sonrisa lo demuestra, su ímpetu de ganador. No es consciente de la feroz batalla que tuvo que enfrentar sino de su objetivo.

Al finalizar «7 cajas», la letra de un reggaeton sintetiza el sueño americano de este adolescente paraguayo:

«Él quiere estar en la tv y ver cómo se ve».

7Cajas

 Mariela Verónica Gagliardi

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Violette, un film de Martin Provost

flyer VioletteLos colores fríos trazan el comiendo de una historia que se basa en la vida de la escritora francesa Violette Leduc (Sandrine Kiberlain). Es sumamente interesante la poética, profundidad y desenvolvimiento llevados a cabo a lo largo de la película que lleva su nombre Violette.

Esta gran escritora del siglo XX no fue tan famosa como lo merecía pero, su entorno sí lo era. Tal vez por ese motivo, desde el principio que puede asociarse un libro con su autor, recordar frases de otro y evidenciar la importancia que han tenido los escritores franceses citados por Martin Provost.

Uno de los puntos fundamentales que le dan ritmo a la historia es el modo en que se narra la misma. Como si se tratara de una obra literaria, Provost separa los actos en capítulos, haciéndonos sentir que leemos en vez de observar.

A su vez, cada capítulo lleva como título lo que será luego el desarrollo de éste. Toda la trama es lineal como si fuera un documental. En primera instancia, ingresamos a la vida de la escritora y puede conocerse con quién vive y cómo es su rutina. El capítulo I se llama Maurice. Ya desde el inicio se nota el temperamento de Leduc y la falta de dinero producen la separación de estos grandes amigos. En cuanto a las tomas, a modo de fotografías, se resaltan los distintos espacios de la pieza que habitan. Gracias a Maurice, Violette logra desplegar sus alas y darle rienda suelta a la escritura. Con su timidez y baja autoestima, jamás habría creído que la literatura se convertiría en su oficio y profesión. En ella podía descargar sus penas, angustias y traumas. A modo de diario íntimo, su vida se vio embarcada en páginas que conformaban libros.

En cuanto Maurice la abandona con un pretexto pobre, las escenas grises continúan y la tristeza se agudiza para ella cada vez más. Las calles de barro son atravesadas por sus precarias botas que más tarde encontrarían su camino más liso.

II Simone: esta etapa es muy importante para Violette ya que conoce a la escritora Simone de Beauvoir (Emmanuelle Devos), con quien entabla una amistad y lazo laboral. Beauvoir le da la oportunidad de pasarle los escritos a Albert Camus para ver si se podían publicar. Esto sucede a principios de los años 20, durante la posguerra, en Saint Germain des Pres.

Mientras la escritora intenta progresar cultural, emocional y económicamente; su madre la invade con problemas íntimos como el maltrato que sufre por parte de su pareja. Por suerte, escucha a su hija y logra dejarlo antes de que las cosas empeoren. También se produce otra situación importante que es el asesinato en Alemania de su amigo Maurice. Aquí existen varios primeros planos para mostrar la agudeza y melancolía existente.

III Jean: unos muy lindos paneos se destacan en una biblioteca en que se encuentra Violette. Después se da una conversación interesante entre ella y Simone sobre el matrimonio, el lesbianismo, temas que para esa época se consideraban tabúes.

En una ocasión Simone afirma: El matrimonio es un fraude.

Pero, también, se produce un momento crucial para la vida de Violette y se trata de conocer a Jean Génet y Sartre. Ambos se vuelven fundamentales para toda su carrera, tanto en el plano de la escritura como sentimental.

En cuanto Violette se dirige a un bar, la cámara la toma de abajo hacia arriba, produciendo misterio y sutileza.

Los planos generales tomados de la parte edilicia de la ciudad, las escaleras internas y ventanas, muestran la frialdad en que ella vive, la desolación en medio de París. Las tomas de afuera hacia adentro nos muestran a los actores que personifican a estos grandes escritores, espiándolos como vecinos.

IV Jacques: este capítulo se refiere justamente a Jacques Guérin, quien lee su primer obra y le da el visto bueno. Además, le pide que adquiera Las criadas de Jean Génet.

Beauvoir, le plantea a su amiga lo que cree que es desigual entre el hombre y la mujer. Claro que, como decía antes, no son épocas en que la revolución femenina tenga demasiado espacio para llevarse a cabo.

Las situaciones tirantes y conflictivas se siguen sucediendo para Violette, tocándole hacer un rol de madre para un film. Dicho acontecimiento le trae su pasado como valde de agua fría y recuerda cuando quedó embarazada y quiso abortar. Ese episodio se convierte en el fantasma de toda su vida ya que estaba bastante avanzada para perderlo. Ella no se arrepiente de la decisión que tomó ya que jamás sintió el cariño de su madre, única persona que se encargó de su vida.

Violette es una transgresora e intenta imprimir su vida en unas páginas que darán que hablar. Ella no se lo propone, sino que lo siente, sus días son así, sus preferencias sexuales son así.

Guérin, está presente siempre en su vida, inclusive ofreciéndole pagarle una edición especial de su libro.

V Berthe: Este es el capítulo dedicado a su madre, quien no logra respetarla en su intimidad y elecciones, proyectando en todo momento su depresión. Por otro lado, el futuro libro de la escritora peligra ya que sus nuevos escritos los tiene Simone, quien se va de viaje sin dar demasiados detalles. Dicho ejemplar será la obra más difundida de Violette, titulada La hambrienta.

VI Faucon: es el nombre de un lugar que conoce al emprender viaje, por primera vez en su vida, como mochilera. Por primera vez en toda la película, las escenas retoman colores cálidos, dejando atrás esos tenebrosos grises.

El ruido de la tormenta, junto a unos violines, en tonos medios, marcan suspenso luego de tanta desesperanza. Por otro lado, gana protagonismo su relato sexual, tomado por determinados autores como obsceno. Esto produce que su editor le recorte esos temas a sus relatos, quitándole el alma pura a la artista. Una artista que está extenuada y que sigue culpando a su progenitora de su existencia: Me tuviste pero no me querías, le dice en una oportunidad.

Luego de estar un tiempo internada en un psiquiátrico, su vida empieza a lucir de otra manera y los paisajes acompañan el cambio. Unos violoncelos describen la progresión del camino que se le abre, después de tanta lucha.

VII La Batârde: qué duro que es el término bastarda y cuántos sentimientos engloba el mismo. Aquí, se produce un episodio muy triste en la vida de Simone de Beauvoir que la muestra más sensible y humana. Justamente, el tema de la existencia le preocupa a Violette, quien esboza: Tengo miedo de morir y lástima de estar en este mundo.

Por fin, encuentra su lugar, aquel que le permite sentirse libre y poder exprimir al máximo su escritura, realizando el libro La Bastarda que llega a una gran cantidad de lectores como merecía.

Como una postal, ella se sienta en una pequeña silla, rodeada de verde, y escribe.

Violette

 Mariela Verónica Gagliardi