*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para noviembre, 2014

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Vulgarmente rica

Lady Dómina13

Leo Veterale, «La Barby» interpreta a una marquesa del siglo XVIII que se encuentra en la ruina -sin siquiera saberlo o sospecharlo-. Su mayordomo, Sigfrido (Juan Palacios) intentará fingir que el pasado millonario sigue existiendo en la mansión épica.

Lo entretenido y cautivante de Lady Dómina (de y dirigida por Paul Caballero) es la manera de entrelazar relatos antiguos con contemporáneos. De utilizar recursos televisivos y códigos conocidos por todos para contar una historia tradicional de familia adinerada, mezclada con tintes de humor y sátira que logran divertir a los espectadores durante toda la obra.

Podrán preguntarse qué distingue a esta dramaturgia de otras y es que no existe un factor dominante sino el poder conjugar estilos que permiten burlarse de una sociedad estancada en el tiempo, cegada y ausente de los problemas cotidianos externos.

Es tanto lo que Dómina pretende que ni siquiera se da cuenta de la mala alimentación que tiene a diario. Ella, simplemente, luce esos vestidos de raso y puntillas, llegando a ser el ejemplo de esplendor de lo que fue y nunca más será.

Los cuatro personajes en escena son muy diferentes entre sí lo que permite que cada quien logre una identificación o empatía con alguno de ellos. Para cortar cada uno de los relatos que se suponen profundos y trágicos, se le pedirá al violinista (Hernán Felipe) que toque unas breves melodías. Esto logrará crear un clímax muy agradable, rompiendo con los diálogos existentes.

Quizás, al ser Leo Veterale el famoso, la mayoría del público acuda a verlo a él pero -al llegar al Teatro Porteño- se dará cuenta de un talentoso actor e intérprete: Juan Palacios. A veces los personajes secundarios se recuestan sobre los protagonistas y, otras tantas, ocurre al revés. Sigfrido, tan bien caracterizado y lookeado produce una enorme cantidad de sensaciones: desde asco hasta ternura y compasión. Él tuvo que permanecer al lado de esta tirana mujer, en las buenas y en las malas; siendo objeto de burla, rechazo y descalificación.

Llama la atención el nombre Lady Dómina, el cual es una paradoja: Señorita señora. Ella es las dos cosas, dos personalidades que chocan en su interior. Una mujer con deseos carnales y una perversa que usa la riqueza para corromper almas inocentes.

Tener un nombre que refleje lo que es, su modo de proceder, de mostrarse ante los más pobres y conseguir ser el centro de atención a cambio de dinero. Aunque, una vez que el secreto de su pobreza sale a la luz, su vida toma otro camino. Tiene que rebajarse, volver a recordar un amor pasado y convencer al hijo de éste, Francis III (José María Bourdillón), de llevar a cabo un entrenamiento que dará que hablar. Una vez que se plantea un nuevo escenario, el fracaso no se aproxima y el desenlace llena de alegría cada retazo de esta pieza teatral (que se está llevando a cabo en el Teatro Porteño).

Paul Caballero juega un juego difícil que solo es posible llevar adelante contando con artistas que dejen todo en el escenario. Lo grandioso de la historia es que no solo existe un guión al que están sujetos, sino la improvisación que brota de sus venas, dotando a Lady Dómina de realismo, de sensaciones y de una adrenalina arrasadora.

El grotesco une lo vulgar, lo delicado y refinado, lo bruto y desaliñado; con un eje central que está vinculado a la irrealidad de la alta sociedad. Al egoísmo de ésta y a lo escalofriante que puede resultar el manipular a alguien que, realmente, necesita ayuda económica.

Reír y tomar conciencia se unen como fórmula química, como un proceso sensible y posible, entrelazando esta vez a seres diferentes, opuestos y semejantes ya por su sola condición de humanos.

Lady Dómina ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Una fiesta titiritera

logo2014

Después de una tarde agobiante de calor en que cuesta caminar de la pesadez y de la típica humedad que caracteriza a nuestra hermosa Buenos Aires, fui a hacer la fila para ingresar a la apertura del noveno Festival de títeres para adultos. La cita fue en Pan y Arte, un lugar muy cálido y acogedor, ideal para un evento de este estilo.

Luego de aguardar un ratito en la calle, ingresamos a la sala más grande del lugar y se pudo disfrutar de breves fragmentos sobre algunas obras ya conocidas por todos. Ellas fueron: Efímero cine (de la compañía La poderosa máquina), Música maestro (del Grupo Kukla) y Síndrome de Eureka. Cabe aclarar que entre una y otra puesta en escena, Ana Carolina realizó unas intervenciones de stand up para amenizar la espera.

Con respecto a las tres exposiciones, la más extensa fue la de Efímero cine así que me centraré en ella para contarles algunos detalles que hacen a la cuestión. Estas talentosas artistas utilizaron un juego de parque jurásico con todos los dinosaurios, cámaras digitales, diferentes elementos como agua y fuego, y una pantalla para proyectar -al mejor estilo cinematográfico- cada escena en que transcurría la historia de amor oriental. Si bien en tan pocos minutos no es posibles conocer la total dimensión de la puesta en escena, me pareció muy interesante la síntesis que hicieron para transmitir una obra extensa en pocos minutos.

Mientras una de las intérpretes sostenía a su bebé en un fular rojo, otra narraba el contexto de la dramaturgia y, la tercera, ponía manos a la obra para expresar con distintos recursos el amor de esta pareja que convierte su romance en una futura familia.

Cada detalle da una precisión tan exacta como real sobre lo que se siente al amar tanto a otro. Una carta que se prende fuego, que se consume de a poco, una lluvia incesante con pequeñas gotas que se impregnan en el papel y la música que acompaña cada acercamiento y alejamiento tan normal entre dos personas.

Para el cierre, tuvimos el agrado de escuchar al músico y cantautor uruguayo, Martín Buscaglia, quien no solo interpretó varias canciones sino que ofició de relator de su propia vida, contó anécdotas y convirtió al acto inaugural en una verdadera fiesta en que muchas de las chicas no paraban de deleitarse y tomarle fotografías, a la vez que cantar junto a él cada una de sus letras.

Su proximidad y buena onda convirtieron la noche en una comunión donde la guitarra fue su fiel compañera. Siempre habrá letras más pegadizas que otras o que nos conecten con algún recuerdo o vivencia. En este caso, tres canciones me impactaron por su filosofía y profundidad: Hay tanta música, toda una vida para aprender (Mil cosas), Qué importa saber quién soy ni de dónde vengo ni hacia dónde voy (Vagabundo), Es que todos somos raros. Todos somos todos, todo por un rato (Todos somos raros).

Resultó ser una experiencia totalmente renovadora y el calor se convirtió en un frescor, el sudor caliente en frío y nos convertimos en su coro cuando Buscaglia lo precisó.

Altas horas, El sol, fragmentos de canciones de bossanova y Kamasutra; fueron otras de las interpretadas por este músico que con sus ojos color cielo nos demostró que la vida es nuestra, que debemos hacerla de goma y a nuestro antojo.

Para “El candombe de Marte”, dejó su instrumento de lado y tomó su botellita de plástico de agua. Con ella, como percusión, continuó las estrofas que decían: sé que voy a amarte, amarte tanto que voy a marte, que si te vas lejos yo voy a encontrarte.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una luz en el camino

Silvina Moreno Real10

Cuando algo nos gusta, hacemos hasta lo imposible para que no termine, para que permanezca con nosotros, para que el tiempo se diluya y no tenga un parámetro, que no haya ni exista nada que nos detenga.

Esta artista, desde tan joven, viene estudiando, formándose, haciendo carrera y gastando los escenarios de una manera muy profesional. Como invitada, como cantante de su propio show y como compositora de sus propios temas, Silvina Moreno va haciendo su camino y trayectoria. Sin embargo, la humildad que la caracteriza, le hace repetir su nombre y apellido para que su fiel público la identifique. Atravesando el pop y pop canción de una manera tan delicada y con garra, no tiene de qué preocuparse. Sus recitales son shows llenos de una mágica energía que se escabulle entre los dedos para enseñarnos cada letra nueva. De hecho, esto se puede observar en cada boca que expresa a viva voz un verso, un estribillo y el apoyo, constante, que tiene desde que decidió este camino musical.

Sin pensarlo demasiado, un día del año pasado recibí la invitación para verla en Boris, donde nuevamente hoy adelante Real -su nuevo material discográfico- y si bien la palabra fanatismo suena un tanto exagerada, no pude parar de escuchar sus canciones. Es su historia, su pasado y presente, cada detalle de lo que vivió y atravesó, sin hipocresías, solo mostrando su alma.

Del disco Mañana sonaron: Puede ser, No sé, Feeling sorry y Faro. Para ésta última, subió al escenario como guitarrista: Rodrigo Guirao Díaz, quien con sus ojos azules alumbró las melodías y esa canción que tanto ama la artista.

Por el lado de lo nuevo tuvimos el placer de escuchar: Who, Miedos, Healing song, Caja flotante, Feliz, Real, Ya lo entendí, Ahí, Clash y De donde vengo. Entre anécdotas, invitados, y la intimidad que caracteriza a los encuentros musicales de Silvina, llegó el momento de despedirse.

Pero el público, instente, no gusta de los desenlaces y como palmas y avivando, sonó el blues Favorite Perfume, una canción que no está incluida en ninguno de los dos álbumes, compuesta por la artista e interpretada por Federico -bajista de la agrupación-.

Qué decir de Silvina cuando comparo ambos recitales. Cambió su look, su color de pelo, su corte, pero sigue siendo esa joven que al terminar de tocar saluda a quien se le acerca, le dedica un ratito de su tiempo, sonríe y agradece. Esto es una artista de verdad que tiene asegurado el éxito porque canta como los dioses, toca una infinidad de instrumentos, tiene actitud escénica y es feliz con lo que hace.

Esta noche la sentí como un segundo capítulo de la del año anterior. La primera fue una introducción, un viaje al proceso de edición de cada letra, su desarraigo al dejar el país para estudiar en Estados Unidos y cómo priorizó su futuro en pos de extrañar y anhelar, tambíen, estar con su gente.

En esta oportunidad, Silvina no se detuvo a narrar cada vicisitud pasada sino el presente, tocando aquellos puntos claves del material anterior. Ese disco será siempre abrazado por todos porque todo lo incial tiene ese dejo de melancolía y pasión, de esfuerzo y dedicación. Ahora, se prepara para otra vuelta de página en que las melodías se tornan más alegres y no tan desgarradoras.

Y sí, ya no tiene la necesidad de esbozar su tristeza porque está con su entorno. Los momentos cambian, pero ella se mantiene fiel a sus ideales, con un grupo de músicos que la acompaña y deja una huella.

Podría decir que la noche se fue volando. Se lo comenté y me contestó que ahora tocan más temas que antes. Así fue. Pero como dice una frase: lo bello siempre dura poco.

Silvina Moreno ficha

 

Mariela Verónica Gagliardi

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La existencia es agobiante

Un gesto común8

No existe persona en este mundo que sea totalmente diferente a las demás ni que pueda distinguirse en algo por sobre el resto, de manera objetiva. Salvo que tenga la oportunidad de expresar su conocimiento o sabiduría para dotar a los demás de algo único. Inclusive, quien habla con tanta tenacidad de algo es porque, indefectiblemente, se siente parte del tema.

«Un gesto común» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Maruja Bustamante), se sitúa en un lugar desde el cual provoca incomodidad. ¿Quién podría estar tranquilo al tener enfrente a un criminal (Diego Martín Benedetto) que ni siquiera muestra arrepentimiento?

Si la noticia saliera por los medios de comunicación cada uno podría sentirse libre de juzgar, de señalar, de decir lo que hubiera hecho en el lugar de este joven desesperanzado y solitario…

Pero, Loza, sabe cómo implantar una temática de esta estirpe para conseguir un efecto en los espectadores. De hecho, durante la función, hice unos imperceptibles paneos con mi mirada y me sorprendí al notar las expresiones de cada uno. Estaban paralizados, sin llorar, sin sonreír. Inclusive, sentí una cierta pesadez por parte del público como si quisiera que terminara de una vez la historia.

Y es que no es sencillo escucharlo decir cómo llegó a asesinar, a sangre fría, a una señora que lo acosaba. Aunque, muy probablemente, este dato haya sido pasado por alto por la mayoría.

Estamos acostumbrados a oír casos sobre mujeres golpeadas, maltratadas y víctimas de todo tipo de violencia como para que un hombre pretenda llamar la atención. Este hombre me produjo escalofríos y no por haber matado sino por la desprotección que demostró haber tenido durante toda su vida. Incluso hasta su cuerpo parece ser peso para él. No sabe amar, abrazar, besar y lo que le pudiese dar algo de felicidad lo desprecia por no saber cómo manejarse.

Esta sensación no me abandonó hasta que la luz se apagó en la sala -del Abasto Social Club-, una sala recreada como lugar húmedo, desesperanzador, un sótano abandonado con lo necesario para subsistir. Una cama similar a la que vemos en una cárcel, una canilla y un caballete pequeño. En esos escasos metros, él respira sin poder sentir libertad y come aunque sus tripas no se lo permitan del todo.

La iluminación, también, es importante en esta pieza teatral en que los tubos de luces fluorescentes titilan, el foquito intenta encenderse y la penumbra está sujeta al hilo conductor de la historia.

Por otro lado se encuentran: su amigo (José Escobar) y su amiga (Iride Mockert). Ambos tienen en común a él. Ambos están enamorados de él y parece hasta ridículo que puedan sentir lo que sienten por alguien que tiene estar características tan frías y rígidas. Podría hasta afirmar que la distancia que pone, causa todo el rechazo posible.

Tres relatos que se van enfrentando, entrelazando y provocando algo en la otra persona. Como si se tratara de monólogos, éstos son dichos libremente hasta que se escuchan a sí mismos como voz reveladora. Podría decirse que es Dios, intentando iluminarlos o, simplemente, el interior de cada personaje que los sacude un poco para hacerlos reaccionar y vivir.

Durante un invierno, la palabra sangre los recorrerá en reiteradas ocasiones pero ninguno de los tres sentirá miedo o sorpresa. Ellos están en el lugar que están, son diferentes pero similares y no tienen intención de cambiar o abrirse.

Los cantos con acompañamiento de guitarra -por parte de Iride- representan la ironía y lo burdo que todo, inclusive hasta lo más escalofriante, puede resultar.

Un gesto común puede ser la debilidad que tienen por enfrentar aquello que los marcó tanto, en su pasado, como para convertirlos en seres desposeídos de bondad -que solo actúan de acuerdo al motor del egoísmo y de aquello que les hace bien- dejando de lado quién es la otra persona.

Los diálogos son cortados, fragmentados y solo se fusionan casi en el desenlace de la dramaturgia; uniéndolos artificialmente sin espontaneidad y desprovistos de alma.

Nuevamente Santiago Loza esboza en su guión lo reveladora que puede resultar la religión y cómo suele apoderarse de las personas que no tienen un camino por seguir, una meta por alcanzar y un deseo por el cual luchar.

Un gesto común fichaMariela Verónica Gagliardi

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La mirada del espectador

Calabazín32

El espíritu de esta obra es que no tenga diálogos para que pueda ser compartida por personas que no estén al alcance de la palabra.

Calabazín (escrita y protagonizada por Ivo Siffredi) es una obra de teatro de objetos encantadora. No solo por la ternura con que el artista manipula a sus más de 42 títeres, sino por las historias encadenadas a lo largo de la puesta en escena.

Además de ser una pieza artística para toda la familia, permite que los bebés, niños, jóvenes y adultos puedan absorber y analizar la dramaturgia desde una óptica diferente -llegando a conclusiones similares, diferentes o inclusive opuestas-. Así, la magia se apodera de los espectadores, brindándole al público la varita para convertir cada calabaza en el personaje que más le guste.

En esta oportunidad, Calabazín, se presentó en la sala de La Usina Cultura Chascomús y si bien la tarde fue muy calurosa, ese motivo no impidió que las sonrisas se unieran al unísono.

No son muchas las obras de este género que permiten situarse como espectadores al estilo de escenario a la romana o detrás de bambalinas. Esta es una de ellas en que uno puede optar por ver lo que el titiritero muestra o aquello que está por detrás, esos trucos y todo lo oculto que tanto intriga a los más curiosos.

Durante esta función se dio una situación bastante frecuente: los niños se pasearon de un lugar a otro, mientras que los adultos fueron los que menos se animaron a trasladarse por miedo a perderse cosas -según dijeron al terminar la obra-.

Es increíble cómo la sociedad está acostumbrada a obedecer los mandatos más rígidos, perdiendo de a poco esa libertad tan linda de la niñez.

En cuanto al guión, Ivo mencionó que éste fue variando con el correr de los años hasta convertirse en el actual. Lo mismo ocurrió con los títeres. El espectáculo se trabajó durante más de seis años, buscando las acciones más contundentes, para buscar las escenas de cada acto (nos cuenta Ivo Siffredi). En un comienzo eran los tradicionales de manga con vestuarios determinados, hasta llegar a la elección de estas calabazas, como símbolo natural, terrestre y simple.

Resulta muy interesante el poder ser partícipe de las escenas creadas especialmente para plasmar etapas de la vida tan diferentes como son: los bebés dejando el chupete, los animales jugando entre ellos, los adultos magnificando hasta lo más irrelevante, entre algunas de las más representativas.

Cabe aclarar que cada escena está acompañada por música salida de consola, además de ser el propio artista quien expresa los propios sonidos para cada personaje de las narraciones.

La poesía visual -tal como la denomina el actor- se apodera de todo, haciéndose valer de la expresión y el drama, para demostrar que la palabra no es fundamental. Cada cual puede recortar, construir, armar el relato que le gusta.

Decido involucrarme como niña y como adulta, intentando conseguir dos resultados posibles al análisis.

Como niña, sin lugar a dudas, me hubieran llamado mucho la atención los perros calabaza, tan juguetones, traviesos y simpáticos. Aunque, como adulta, supera cualquier rito imaginativo, el matar moscas. Esa secuencia que se repite y remata al final, es una metáfora al daño, constante y progresivo, por el que la humanidad transita.

Todo lo molesto es quitado del camino, sin evaluar su importancia sino tan solo el egoísmo personal.

El poder en esta obra lo tiene cada espectador que se hace responsable de la lectura e interpretación que realice, lo que dará la pauta sobre quién es.

 Mariela Verónica Gagliardi

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La evocación permanente

Alma

Continuada a “La mujer puerca”, esperamos un ratito e ingresamos, nuevamente, a la sala de La Criba -una sala de casa antigua, con techos altos y puertas delgadas de madera-, para presenciar “Alma teatral” (escrita y protagonizada por Gabriela Izcovich).

Lía es la intérprete de este gran drama en que es posible replantearse la vida.

Dentro de una casa, decorada hasta con el más mínimo detalle, ella sonríe, se entristece y llora.

Sus relatos datan de veintiséis años atrás y, cada uno de sus recuerdos, la hacen transitar por diferentes aromas y texturas de una época inolvidable como mujer y persona. Nada menos que a su gran amor conoció. Su médico, Oscar Alma, el cual tiene un apellido que, a ella, le llamó siempre la atención. Este hombre le aconsejó que para curarse debería visitar el balneario Sofía, un lugar con tan solo quince habitantes. Lo curioso es que Sofía -la dueña del sitio-, le dijo en cierta ocasión que: “es muy buen augurio que un hombre tenga de apellido Alma”.

Mientras Lía narra su pasado, convirtiendo cada relato en un paisaje diferente; cocina una tarta de manzanas. Ella dice que le encanta cocinar y, al verla, uno puede darse cuenta de es su manera de canalizar sus angustias y penas. De mantenerse a salvo entre tanta melancolía y dolor, por lo mucho que extraña al padre de sus hijos.

La pobre mujer está practicamente sola y no parece interesarle hacer amistades o crear lazos nuevos, para no sufrir más. “Una relación, por una cosa u otra, trae dolor”.

Después de conocer su pasado y presente, Lía nos cuenta sobre su vinculación con el teatro. Afirma que no soportó ciertas cosas del ambiente, como la opinión de los críticos que son capaces de hundir a una obra cuando recién está asomándose a la superficie.
Este paralelismo entre ficción y realidad, también pudimos notarlo como un rasgo interesante en la obra Un tren llamado deseo que presentó junto a sus alumnos. Gabriela Izcovich es actriz y Lía lo fue. Quizás, Lía es parte de Gabriela, ese lado temeroso que flagela ante un intento. Pero, Gabriela supera las debilidades de la otra.

“Al abandonar el teatro, abandonó gran parte de su vida” – solía referirse Alma a su amada.

Armonía, respeto y silencio; son las tres palabras que más se repite para sí misma. Nos las repite a nosotros. Intenta convencernos sobre el significa que tienen. Ella parece mantener la calma y es que, otra alternativa no le queda. A su vez, dice que sus hijos la aceptan como es y ella a éstos. Y el silencio no parece aún llevarlo a la práctica. Tiene la necesidad, imperiosa, de hablar, de sentirse acompañada. Es un silencio obligado, en cierta forma, el que practica a diario.

El público es su lazo más estrecho, durante una hora, hasta que se disuelve; trayéndola al presente real en que está con ella misma.

Luego de revivir lo que sintió en su momento de enfermedad, en el instante en que se enamoró y cuando más sufrió; llega a la conclusión de que no precisa volver a las tablas y actuar de otra, ni disfrazarse. La verdadera obra de su vida es “la evocación permanente”. El poder traer al presente un recuerdo, un aroma, una sensación… y compartirla con extraños que son incapaces de meterle el dedo en la llaga, que son incapaces de juzgarla o de condenarla.

Lía es así, una mujer noble, apasionada por el arte culinario y la suma delicadeza que tiene hasta al pelar una manzana. Todo su dolor se convierte en una comida sabrosa que comparte, en esta oportunidad con los espectadores que, gustosos, deleitan y continúan oyendo cada palabra.

Como si fuera poco, canta sobre unas melodías que, según ella, merecían tener letras.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Santificado sea tu nombre

La mujer puerca2

«La mujer puerca» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Lisandro Rodríguez), es una obra de teatro, unipersonal, que protagoniza la destacada actriz Valeria Lois. Esta pieza artística tuvo lugar en el Espacio Cultural Criba, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Como toda dramaturgia de Loza, contiene una primera parte más relajada que la segunda. Durante una extensa introducción a la vida de esta mujer, podremos conocer su intimidad, su pasado y todo lo que sufrió por no tener la fortaleza como para luchar contra un mundo dañino.

Ella cuenta anécdotas de su vida, todas relacionadas -de alguna manera- con la religión católica. Habiendo perdido a su madre al nacer y sin poder encontrar un modelo adulto a seguir, creció con ciertas falencias que la convirtieron en una persona bastante débil y difícil de engañar.

A pesar de haberle rezado siempre a Dios, a los santos y a la virgen; no se siente del todo santa.

Ella es bruta, simple y, sobre todo, de un inmenso corazón. Tiene ese don como para recordar lo bueno dentro de situaciones, realmente, espantosas. No siente rencor por nada, aunque sí siente que alguien importante en su vida la traicionó.

Cada acontecimiento que vivió, sintió que debía relacionarlo con señales que Dios le daba, pero, actualmente supo que no eran más que ilusiones sobre las que se apoyaba para no sufrir tanto.

“Peleo para estar despierta, durmiendo, también” – dice en un momento de la historia, haciendo alusión al tema de lo mucho que le costó, siempre, estar despierta sin esforzarse demasiado.

Como si su peso le pesara más de lo normal y siendo una mujer joven; parece haberse convertido en anciana y no tener más fuerzas para seguir adelante.

Hubiera deseado tener un milagro del Señor, sentirse especial. Pero, esto no pudo pasarle. Parece que Dios elige a quién dañar y a quién abrazar. Resulta sumamente desgarrador el planteo que ella le hace a éste, despojándolo de todo sentimiento noble.

Ya adentrada la obra, el guión toma otro curso y ella cuenta sobre su padecimiento, sobre lo que la hizo y hace sentir sucia. Resulta ser que su tía le puso de sobrenombre puerca, por cómo hablaba y por las cosas que decía. Estando limpia por fuera, igualmente, sentía que su cuerpo no lo estaba, sino todo lo contrario.

Lo irónico es que decide abandonar un poco la religión para conocer el mundo de la prostitución y ver si en ese ambiente logra purificarse, de algún modo. Claro que le sucede lo contrario ya que es denigrada, golpeada y siente que ya no puede estar más así. En cuanto logra escapar, vuelve a caer en la trampa y, su debilidad llega a su máxima expresión. Su vida no vale, su cuerpo es un cuerpo y el alma deambula como desorbitado.

Refiriéndose a la prostitución y relacionándola con una prueba a sortear para convertirse en santa, dice: “para elevarse primero hay que hundirse”.

Existen ciertos rasgos de sátira durante la obra, así como humor y un gran predominio de drama. Entre estos tres aspectos que se van mezclando, no hay posibilidad de distraerse ni sentir cada sensación actualizada por él.

Mantener una charla hipotética con Dios es lo que se representa imaginariamente en su mente. Nosotros somos sus testigos y la contenemos ante cada momento recordado.

En cuanto a la escenografía, está compuesta por una mesa y su silla, muy precarias ambas y, sobre la mesa, algunos eobjetos: una crema hinds, una estatuitlla de Jesús, una jarra de aluminio. Un detalle importante es el techo interno de la habitación, dotado de muchas bombitas de luz, una al lado de la otra.

“A veces uno con los ojos del alma puede ver cualquier cosa” – afirma después de una larga secuencia de desahogo. Con esta frase quiere decir que no es necesario conocer a Dios en cuerpo, como le ha ocurrido a gente de su entorno sino que la mirada interna de cada persona es capaz de imaginar lo que necesite.

La mujer puerca no es puerca, es honesta, transparente, sencilla, sensible, pero sin la fortaleza para imponerse ante el dolor. No puede decir basta. Se siente en falta, se hecha la culpa sobre la muerte de su madre, inventa teorías ilógicas para encontrar justificación a lo injustificable.

¿Por qué se condena más de lo que ya fue condenada?

Mientras se suaviza las manos con esta crema tan conocida por las mujeres, vestida de rosa y con una sonrisa enorme; desea verlo. Y lo desea tanto que, finalmente, se produce el milagro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Viviendo a través de la danza

Danza UNSAM60

El Grupo de Danza UNSAM, presentó varias puestas escénicas, durante las cuales fuimos espectadores de cuatro coregrafías con una impronta y estilo increíbles, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Pudimos ver: Pulsos (Música: John Adams, Coreografía: los intérpretes con la coordinación de Oscar Araiz), Tango (Coreografía: Ana Itelman, Música: ástor Piazzolla), Adagietto (Música: Gustav Mahler, Coreografía: Oscar Araiz) y Noche de ronda (Música: boleros tradicionales interpretados por Elvira Ríos, Coreografía: Oscar Araiz).

Cabe resaltar el alto nivel profesional y artístico por parte de los bailarines, quienes no solo danzaron sino que actuaron cada situación y escena, planteada por los coreógrafos del ballet, quienes propusieron una fusión entre el baile, el teatro y el cine; pocas veces visto.

No alcanzan las palabras para definir la enorme cantidad de sensaciones que produce vivenciar estos cuadros artísticos ni la increíble emoción que da saber que son argentinos.

Sentada en el primer palco, tuve la oportunidad de observar cada movimiento, cada desplazamiento, secuencia coreográfica, los códigos establecidos por los bailarines, el modo en que se unían y separaban y, la manera en que se coordinaban para reproducir cuatro historias diferentes.

Sabemos, con certeza, que el ballet clásico tiene a un público erudito -por lo general- como seguidor fiel. En cambio, Oscar Araiz, plantea una fusión de ritmos, estilos y artes; que permiten la inclusión, inclusive, hasta de los no amantes del ballet.

Ser espectador de tremenda exposición, ya de por sí da satisfacción.

Durante la primera puesta, se pudo observar a la danza contemporánea en todo su esplendor, mezclada con folklore, donde los pasos criollos se esbozaban y entrelazaban con movimientos corporales tan naturales como reales. Esos cuerpos de plastilina, despertaron la aprobación de toda la sala del Teatro Español.

Luego, un bailarín, representó un tango, tambíen, fusionando esta danza de la ribera con la contemporánea. Su sombrero le tapaba el rostro, a la vez que sus pies se movían, marcando ochos y mostrando una verdadera danza tradicional.

Tuvimos un pequeño intervalo, hasta que continuaron las otras dos coreografías, las cuales marcaron un antes y un después en la propuesta.

Una pareja, vestida en tonos celestes, enamorada, buscaba un camino a seguir. Estos intérpretes románticos, dejaron una huella de amor que fue muy aplaudida por el público. Y es que, evidentemente, el ballet brinda esa sonrisa cálida. Un bailarín, se lucía, mientras le daba la posibilidad a su compañera de lucirse también. Realizaron diferentes figuras en el aire, en el piso y uniéndose hasta conformar un solo cuerpo.

Por último, Noche de ronda, demostró la grandeza de Araiz para montar una escenografía súper original -sin desmerecer a las anteriores- sintiéndonos inmersos en una película en blanco y negro, antigua, de los años 30’, y con un aire de glamour. Durante las escenas, pudimos ver distintos tipos de rondas, incluyendo a la ironía como un condimento esencial para demostrar cómo sufrir por amor es bastante masoquista. Utilizando ciertos movimientos para hacer notar este mensaje, uno podrá reír y emocionarse según su conexión establecida con el argumento.

Todas las coreografías son tienen este tinte que las distingue de otras propuestas coreográficas. Sin tratarse de un teatro musical, estrictamente hablando, mantienen sus danzas con grandes interpretaciones.

Es imposible escapar de esta vorágine artística en que podemos, como espectadores, viajar por diferentes aromas, culturas étnicas, perfiles artísticos y un compromiso abrasador del grupo.

Ellos ahí, parados, acostados, haciendo movimientos precisos, iguales al resto, diferentes al resto, destacándose, amalgamándose, siendo un equipo y también bailarines individuales.

Protagonistas o grupo de baile. Ellos son lo que el coreógrafo establece, determina y define. Cuerpos esbeltos que, con sutileza, narran historias cotidianas, dentro de las que podemos sentirnos identificados.

Hay dos posibilidades de vivenciar a estos artistas: contemplándolos y admirándolos, o, permitiéndonos ser libres, recorriendo -junto a ellos- cada paisaje y universo descripto y desarrollado, a lo largo del baile, por estos danzadores de realidades ficcionadas.

Sin lugar a dudas, este espectáculo, fue uno de los más homenajeados durante el Festival y, seguramente, será recordado por todos cada vez que surja el tema danza o veamos otra puesta en escena relacionada con el baile.

Mariela Verónica Gagliardi

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El pez por la boca muere

Sancho en la ínsula19

La adaptación de Alejandro Casona sobre el Don Quijote (escrito por Miguel de Cervantes Saavedra) resulta exquisita. Su título es Sancho Panza en la ínsula.
Dentro del marco del Festival Cervantino de Azul, tuvo lugar esta versión (del Grupo de Teatro Boliburg) nombrada como Sancho en la ínsula.

Don Quijote le había prometido a su escudero, Sancho Panza, el puesto de Gobernador. El primero sentía que su gran amigo, merecía al igual que él, tener el poder.

Durante la dramaturgia se pueden concebir diferentes situaciones en las que la manipulación está presente, pretendiendo burlarse de la ingenuidad de Sancho. De esto, el humilde hombre jamás se da cuenta, haciendo primar en todo momento el bien, despojado de todo sentimiento relacionado al rencor u odio.

De hecho, este nuevo «gobernador» le dice a su pueblo de la ínsula Barataria: «mientras dormimos, todos somos iguales: los ricos y los pobres, los mayores y los menores. Y después de muertos, el labrador y el obispo caben en un palmo de tierra».

La sensibilidad de Sancho, idealmente, hace cambiar de opinión a varios de los que quisieron tenderle la trampa para sentirse más poderosos. Y es que todo girará en torno a lo que uno puede lograr con ayuda de su séquito. Milagrosamente, el Gobernador, no precisa de coartadas para combatir el mal, ya que sus principios inculcados por su familia, le permiten mostrarse como es -utilizando un refrán diferente para cada ocasión-, sin tener que fingir ser alguien que no es para aparentar más sabiduría o liderazgo.

Son reiterados los momentos de risas que provocan los actores ante el carismático Sancho Panza con cada una de sus ocurrencias benévolas, como la de querer comer abundante.

Todo se va desarrollando según el plan establecido, hasta que un cronista dice: «Por burla se le ha nombrado; pero bien pudiera ser que, si sigue como hasta aquí, las bromas se vuelvan veras y salgan burlados los burladores».

Así es como dentro de las escenas más graciosas se encuentran las establecidas entre Sancho y el Mayordomo.

Una obra interpretada muy deleitosamente por sus actores, a sala llena, y permitiendo que el gran Cervantes se luzca, una vez más.

La iluminación blanca y el vestuario bien épico, permiten que esta pieza teatral se destaque de principio a fin.

Qué más quisiera un hombre como él que haber ocupado un trono que anheló, asumiendo que lejos está de sus valores como persona. Que prefiere hacer el bien sin tener que ser culpado por cosas que no cometió o, privado, inclusive, del derecho de comer cuando sus tripas no dan más.

No quiso sentenciar a ningún hombre cuando así no lo consideraba y esta confabulación preparada por este grupo de sirvientes, termina a favor de Sancho Panza, quien no devela el misterio por no saber que se trata del mismo, pero sí regresa a su lugar, con su gente y cada convicción reinante en su corazón.

Cuando llega al Mayordomo la carta en la que se lo amenaza a Sancho para que abandone su puesto, él afirma: «Digo, señores, que si así es el oficio de gobernar, no es el hijo de mi madre el que nació para esto. (Comienza a despojarse de sus insignias.) Si he de mandar ejércitos y velar sobre las armas, y sentenciar pleitos a todas horas para que la una parte se vaya contenta y la otra me saque el pellejo, y vivir con el temor de que me maten enemigos a los que nunca ofendí, y no comer ni beber vino como manda ese médico verdugo…. si todo eso es gobernar, quédense aquí mis llaves y mis galas, y tómelas el que quiera. A mi trabajo y a mi tierra me vuelvo; que más quiero vivir entre mantas que no morir entre holandas. Devuélvanme mi pollino, mi único amigo fiel,  del que no pienso volver a separarme más. Y si algo merezco por lo que hice, sólo pido a vuestras mercedes que me den medio pan y medio queso, que yo comeré de camino a la sombra de una encina mejor que comí en palacio entre manteles brocados. (Al público.) Y a vosotros, ciudadanos de esta ínsula Barataria, adiós. Si no os hice mucho bien, tampoco quise haceros mal. Nadie murmure de mí, que fui gobernador y salgo con las manos limpias. Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Adiós, señores».

Mariela Verónica Gagliardi

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Esencialmente tangueros

La Chicana12

Farandulero, fue el primer tango grabado por el grupo y escrito por el propio director musical del mismo, allá por los noventa.

Dolores Solá y Acho Estol, fundan en el año 95 el grupo La Chicana. Una banda de tango que es diferente a las demás pertenecientes a dicho género. La actual formación está integrada por: guitarra (Acho Estol), violín (Ostriz Rodríguez), bandoneón (Patricio Bonfiglio), percusión (Agustín Barbieri), contrabajo (Patricio Cotella) y voz (Dolores Solá).

La Chicana, con más de diez años de trayectoria, se presentó en el Teatro Español durante el Festival Cervantino de Azul; convirtiendo una noche normal en pura adrenalina y pasión.

Para esos tiempos, incursioné en el mundo arrabalero, transitando por diversas milongas, profesores y estilos de baile. Era una época que aún se mostraba bastante conservadora, sobre todo por parte de los más grandes. Por eso, puedo confirmar que es un hallazgo esta agrupación que rescata la esencia más profunda del ambiente tanguero, esos suburbios en que se escuchaba y danzaba, el contexto más próximo y los mensajes que brindaba cada una de sus letras.

Da orgullo saber que el tango tiene más vuelo que el tradicional, que no solo puede fusionarse con el techno para lograr cautivar públicos, sino que la originalidad de estos artistas permite que vivenciemos y sintamos que no todo está perdido. Que, todavía, existe el amor al arte, el amor hacia otras culturas, la aceptación del diferente, la alegría como motor de búsqueda y la infancia como salvavidas a cualquier frustración.

“Revolución o picnic” fue la canción que abrió este recital tan especial que, además es el título de su último disco. Mi mejor amigo me entregó al enemigo, dice uno de los versos del tema y, nada, más cercano a la realidad. Puede aplicarse esta frase a una persona cercana e inclusive a un gobierno o nación.

La diversidad y tintes que encuentra La Chicana, es realmente increíble. Todo tiene al tango como base, aunque sea sonando por lo bajo, pero le permite sumar cumbia, vals, tango convencional, folklore: Porque estoy vivo como el pobre inmigrante, en un mundo alejado del sol (“Yo, marioneta”, de Acho Estol); Tango mío (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo) es esa canción que termina emocionando más que el resto a Dolores, recordando su niñez, junto a una casa que le daba esa calidez tan necesaria en la vida; Sueño de morocha en conventillo (Acho Estol); Fuegos artificiales (Eduardo Arolas – Roberto Firpo); “Fetiches” (Acho Estol) y Viralata (también compuesta por La Chicana), entre algunas de las que sonaron durante el recital.

Además de un espíritu muy particular, estos tangueros demuestran su sensibilidad y solidaridad al cantar una canción tradicional gitana, llamada Enderlezi, la cual es cantada en su idioma original (nombre derivado de un festival que realizan los romaníes para esperar la primavera). Este es uno de los momentos más lindos durante la velada ya que ingresamos a un mundo de sensaciones diferentes. La cantante nos cuenta una pequeña anécdota referida al mundo gitano. Cuando ella era chica e iba con su madre a hacer las compras, si se portaba mal, ésta la amenazaba diciéndole que la raptarían los gitanos. Si bien le daba miedo, también le intriga lo que podría suceder si eso ocurría de verdad. Pasado el tiempo, nunca le pasó, pero ella quiso transmitir una realidad, que en la actualidad, sigue pasándole a esta comunidad: la discriminación por parte de muchos sectores sociales.

Y, como plantea ella: ¿a quién no le gustaría vivir como nómade?

Todo sigue tan pegadizo como innovador hasta que sus creadores, se juntan como dúo, con una preciosa intimidad en la que interpretaron temas propios: “Una rosa y un farol” y “Puro cuento”.

Los últimos temas tuvieron la misma garra que todos los compartidos durante el recital. Un recital que nunca tuvo altibajos, manteniendo un éxtasis que brota desde nuestras raíces, para convertirlas en producciones musicales distintas, poco habituales y cargadas de un rigor totalmente pasional.

Un grupo de artistas que tiene la sensibilidad, inclusive, de incluir a los perros de la calle, a los viralatas (como se les dice en Brasil); merece seguir teniendo el éxito que consigue a diario.

Mariela Verónica Gagliardi

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